FINÍSIMAS RESEÑAS: MASTERCHEF MÉXICO – EPISODIO 1

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Una vez que se terminó la saga de Crepúsculo, me encontré preguntándome qué clase de reseñas “a la ligera” podía realizar para seguir alimentando este blog, desde entonces caído en una inanición marca Anahí. El problema es que las películas en oferta no me ofrecían lo que yo estaba buscando: el ingrediente de “amo odiar esto” y la regularidad en las entregas.

Sin embargo este pasado domingo descubrí un perfecto vehículo para verter mis abyectas invectivas (“¡Al BatiDiccionario, Robin!”) con la necesaria frecuencia para ustedes, inexplicables consumidores de mis estultos contenidos: MasterChef México.

En mi casa (que no es la de ustedes, pues ya se habrían bebido todo el alcohol y robado la plata fina para empeñarla) somos asiduos aficionados a los programas televisivos de 2p4kircocina. Sobra decir que si Gordon Ramsay, Anthony Bourdain o Curtis Stone aparecen en la pantalla, lo más seguro es que nos quedemos viéndolos con atención cuasi hipnótica hasta que decreten un ganador o insulten a alguien (en el caso de Ramsay, obvio). Y las diversas ediciones internacionales de MasterChef llevan años figurando entre nuestras favoritas. El hecho de ver que existía una versión mexicana del programa nos entusiasmó sobremanera, en parte por la abundante riqueza gastronómica de nuestra vapuleada nación, pero también por una larga historia personal en eso del sibaritismo y la tragazón diversa.

¡Oh, sorpresa! Tras unos minutos de ver el programa, comencé a encontrarle múltiples peros que me parecieron inadmisibles en algo que, después de todo, se basa en un producto preexistente, con más de 40 versiones alrededor del mundo y que no parecía necesario modificar para el consumo local.

Así pues, comienzan estas reseñas. Sobra decir que están llenas de SPOILERS, así que ni te molestes en leerlas si quieres conservar el suspenso en torno a cada episodio. Peor aún: abundarán en bilis, sarcasmo, humor negro, feos modos, palabrotas, chistes estúpidos, críticas destructivas y enfoques políticamente incorrectos. Pero vamos, hasta de la mala leche se puede hacer un requesón decente, así que si no te espantan esta clase de contenidos y tienes mucho tiempo libre (cuando escribo me voy como hilo de media), podrás aprovechar cada recapitulación como una apreciada catarsis. En fin: vamos culo, a padecer…

EPISODIO 1: LA AMENAZA FANTASM… eh… AZTECA

Lo siento, amigos y ex colegas de la UIC que trabajan o trabajaron en “la televisora del Ajusco” (sobadum phrasae): los valores de producción predicados por esta empresa y su Eléktriko dueño son más bien chafitas. Si Televisa y el Tigre Azcárraga se ufanaban de hacer “televisión para jodidos”, don Ricardo Salinas Priego (próximamente Ricardo Salinas PVEM-ego, en deferencia a su mejor anunciante) parece inspirado en la premisa de que él puede acaparar el mercado de “los jodidos que le ayudan con el quehacer a los jodidos que consumen Televisa”, y ahorrarse muchos más pesos en el proceso.

Lo anterior es algo difícil de describir, pero definitivamente se siente al hacer las odiosas (pero obligadas) comparaciones con otros MasterChef en el mundo. Estábamos a la mitad del primer episodio cuando Bastian (14 años), el hijo de Finísima Esposa que ella acordó arrendarme con opción a compra, entró a la habitación y preguntó, sin dejo de ironía: “¿Es MasterChef? ¿Por qué se ve tan chafa?”. Ojo, está acostumbrado a jugar Minecraft entre partidas de League of Legends en la compu, mientras ve videos de Twitch en el iPad y pelea con dos gatitos, así que cuando algo capta su dispersa atención de esta forma, estamos hablando de una calidad particularmente deslucida.

Esto salta un poco más a la vista porque varias escenas del primer episodio fueron grabadas en Colombia. Sí, los colombianos tuvieron MasterChef antes que nosotros, así que tal parece que nos prestaron sus instalaciones en lo que hacíamos las nuestras en México o algo. Por desgracia no nos prestaron también a la presentadora, Claudia Bahamon…

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Que no es fea, vamos…

Ah, pero acá tenemos a Annette Michel, quien es francamente guapa pero habla como si… estuviera… dictándole una… frase… prolongada a… una clase llena de… niños que padecen TDA/H.

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“Es que… me dictan… todos mis… diálogos… porque pensar es… complicado…”

Ella nos indica que están buscando “al mejor cocinero aficionado de México”. Imagino que el reality para encontrar “al mejor neurocirujano aficionado de México” aún no es viable, pero es cosa de darles tiempo. Los 300 aspirantes preseleccionados en castings por “toda la República Mexicana” (aunque después nos enteraremos que de plano se saltaron todo el norte del país) se reúnen en el Centro Ceremonial Otomí para preparar sus chimoles al rayo del sol.

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Luchando contra el reloj horrible de Chedraui

La concurrencia es de lo más variopinta: hay jóvenes con granos en la cara, abuelitos chapeados, tamaleras, miembros del clero, indígenas, fresas, un aficionado al motociclismo que se hace llamar “Biker” (a quien por fortuna no veremos más, pero aún así le hicieron su inexplicable capsulita), tipos con máscara de luchador, amas de casa y creo que hasta me pareció ver a algún cantantillo frustrado de ‘La Academia’, quizá buscando pegarla en otro rubro de la telerrealidad… (SIGUE LEYENDO)

Anette nos manda un telegrama verbal para recordarnos los premios: un millón de pesos, la publicación de tu propio libro de recetas, ser el primer MasterChef México y ceder tu alma en perpetuidad a TV Azteca. También nos presenta a los jueces:

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Betty Vázquez: Ojalá se llamara Rita, pues sería divertido llamarla “Rita la nayarita”.

Betty Vázquez, una señora nayarita que bordea el medio siglo y que se ve simpaticona y dicharachera, pero que a lo largo del primer programa tiende a decir una y otra vez que a los concursantes “les falta técnica”. No exagero, más de media docena de sus evaluaciones giraron en torno a ello, lo que resulta un poco obvio en un programa donde los concursantes no son profesionales. O se supone que no lo son. Dice que el principal ingrediente de un chef debe ser “humildad y mucho amor por lo que se hace en la cocina”.

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Adrián Herrera: luciendo un sombrero de la colección ‘Douchebag Republic’.

Esto es gracioso porque inmediatamente después nos presentan al chef Adrián Herrera, descrito como “Autodidacta. Artista. Implacable.” Y les faltó “sombrerudo”. Digamos que el chef Herrera no destila humildad, precisamente. Si no me creen, lean el perfil que le hicieron en la página oficial del show: hace falta una buena tanda de ego para autorizar esa descripción de uno mismo. En fin, él dice que busca “a un MasterChef con la capacidad técnica de expresar su sensibilidad”. También usa frases como “melodía interna”, “aventura emocional” y muestras similares de retórica pseudo-poético-motivacional.

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Benito Molina: uno de los acentos chilangos más fresas jamás escuchados en TV.

El mero gallo de esta baraja es Benito Molina, viejo conocido de quienes ven el canal Utilísima. Su restaurante ‘Manzanilla’ es famoso, con toda justicia. También dicen que él es “considerado una estrella de la sociedad mexicana”, algo que no es necesariamente un elogio para quienes conocemos a la sociedad mexicana. Benito dice que “un chef es tan bueno como el último plato que prepara. Si lo hace mal, para mi está fuera”. Tendrá que comerse sus palabras más adelante, acuérdense.

Volvemos al Centro Ceremonial Otomí. El público y los participantes echan innecesarias porras de “Mé-xi-co” y “sí-se-puede”, evidentemente instruidos por la producción para crear ambiente. Sabemos que harán un corte para seleccionar a 50 concursantes más. Cada elegido recibirá un cucharón de madera.

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No sabemos qué demonios hace esta pancarta en un concurso de cocina…

La cámara muestra la variedad de platos en proceso de ensamblaje. Mole poblano artesanal. Chiles en nogada. Una ensaladita, de alguien que evidentemente no sabe ni a qué vino. Vemos a una chica que escribe su nombre como “Esthefany”, así que la comedia involuntaria comienza a rendir frutos.

Mientras una cuadrilla de “veinte expertos gastronómicos” prueba platos y filtra a algunos finalistas, nos presentan a otros concursantes. Está Félix, un bombero veracruzano que llora a la menor provocación. También nos van mostrando el carácter de los jueces a través de su trato con los aspirantes. Herrera le dice a uno: “Es cocina, no antropología”, quizá porque le quisieron servir consomé de diplodoco. A otro le dice que su presentación “está bastante grotesca”. Este güey debe ser de lo más ameno en cenas familiares.

Betty sonríe satisfecha y le dice “me mataste” al probar la carne tártara que le ofrece un concursante. Probablemente no es el mejor elogio, pues yo he conocido gente que sí ha muerto por comer carne tártara (salmonela fulminante, ya saben), pero entendamos que es la emoción del momento. Y quizá la insolación, pues el sol pega como papá borracho que perdió la quincena en el hipódromo.

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“Pero… pero… ¡eso es un Gansito Marinela sobre un espejo de leche Hershey’s, Yáotl!”

De inmediato notamos el curioso fenómeno que bauticé como “la elección de güeritas”. Digamos que hay muchas niñas de cabello rubio (unas naturales, otras no tanto) y ojos claros que comienzan a acaparar cámara, por encima de la morenez reinante. No quiero decir que haya racismo implícito en el proceso de selección, pero… sospechosismo, dejémoslo así.

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“¿Mi habilidad? Puedo contar hasta diez, con todos estos dedos”

Más concursantes con capsulita propia. Marco es un lavaplatos, su señora dice que él “es una persona que se avienta a todo”, y hubiera sido muy gracioso de haber añadido “en la recámara”, tras una pausa dramática. Juan de la Rosa es repartidor, pero no sabemos de qué. ¿Flores? ¿Pizzas? ¿Metanfetamina? Galileo Bedolla no recibe cuchara, y yo me pongo triste porque su nombre es chistosón, tenía todo el potencial para echar carrilla con él a largo plazo.

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¿Saben a quién le entregó Benito la última cuchara? Nada menos que a…

¡No es broma! Se la entregaron a este cochecito de sandía. Esta idiotez hace ver al

¡No es broma! Se la entregaron al autor de este cochecito de sandía. Esta idiotez hace ver al “león come gambas” de MasterChef España como una creación de Ferrán Adriá.

Se terminan de repartir las cucharas de madera, y todos los seleccionados suben al templete enarbolándolas orgullosos, mientras la cámara se regodea mostrando a los humillados y asoleados perdedores. También hubiera sido chistoso ver a los ganadores pegándoles cucharazos a los que se quedaron fuera, pero TV Azteca no tiene mi brillante sensibilidad para esto de los reality shows. Annette desea “muchísimas felicidades… a todos. Ahora les cuento… lo que sigue.”

FUN FACT: El atuendo de Annette incluye colores que no son visibles para el ojo humano.

FUN FACT: El pantalón de Annette puede inducir epilepsia si parpadeas mucho al verlo.

Ya estamos en el estudio. Annette Michel le dice a los cincuenta que tienen “cincuenta minutos en cocina y 10 minutos frente a los jueces”. Ahora el tótem para los ganadores no es una cuchara, sino un mandil. Dos de tres votos de “SÍ” te dan el pase a la siguiente ronda.

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José Herrera es un panadero diabético que también tiene altos los triglicéridos. Prepara un salmón sarandeado, y Benito Molina me lo regaña por usar salmón, un pescado que no se produce en México. El punto es válido, pero se siente un poco fuera de lugar. Herrera pone a José a hurgar entre los trastes de la cocina para que encuentre… ¡un mandil! ¡Son unos loquillos, qué ocurrencias! Los dos chefs se quedan peleando por el uso de ingredientes foráneos en la cocina nacional mientras el concursante se marcha, feliz pero confundido.

Un florista de Oaxaca llega a la cocina y se pone a sacar tuppers con salsas y guisados para armar unas tlayudas. Lo mandan a volar, alegando que quizá alguien más le preparó todo. ¿Será que le explicaron bien las reglas a los participantes? Otro concursante dice que preparó filete de trucha, pero en realidad es mojarra. Nos parece que el pobre tipo se hizo bolas, pero los chefs piensan que les quisieron ver la cara y también lo botan del estudio. Escuchamos críticas varias como “me destanteó completamente la cecina” y “faltó tu interpretación”. Parece que los editores se enfocan demasiado en vendernos a los jueces como rudos e inflexibles sinodales, en lugar de darles más espacio para explicarnos el por qué de sus razonamientos.

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Aparece otro “carne de cañón” llamado Fernando Peña. Dice que se dedica “al modelaje y la edecanía” (bonito palabro). Los jueces se lo chorean poniéndolo a posar, diciéndole que apague el fuego porque se le está quemando todo, pidiéndole que caliente la salsa…

“¡Oooooh, pescado en salsa de vómito! ¿Qué estamos celebrando?”

El chef Herrera se saca el pescado de la boca y lo tira a la basura. Respira agitado como si le estuviera dando la arritmia y dice que el platillo “parece sopa” por el exceso de salsa. El pescado está pasado de cocción. La salsa está pasada de limón. El modelo está pasado de moda. El programa está pasado de comerciales de Chedraui. Todo mal.

Le toca turno a Gina, señora simpática de 60 años que hace un mole verde muy efectivo. El chef Benito, con todo y su pinta de artista callejero parisino, le entra con entusiasmo al guiso haciéndose una popular cucharita de tortilla y pegándole una mordida a un chile. En la lejanía, un águila se posa sobre un nopal mientras canta una canción de Pedro Infante. MÉXICO.

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Conocemos a Alan Rangel, lavaplatos oriundo de Guadalajara. Viene listo para hacer unos medallones de venado, puré de camote, manzanas confitadas y presenta todo con un profesionalismo inusitado. Más aún, dice que “nunca había cocinado venado” en su vida. Suenan en nuestras mentes alarmas de sospecha, pues Alan parece “plantado” por los productores. Lavaplatos mis cananas, qué…

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La original Carmen Miranda, con su saludable sombrero.

Mas críticas de la chef Betty sobre la “falta de técnica” de los concursantes. Sale a cuadro Carmen Miranda, tamalera de profesión. Echa una historia que parece extraída de ‘Como agua para chocolate’, así que de entrada me cae rebién. Eso sí, NADIE hace un chiste de Carmen Miranda hablando de sombreros fabricados con frutas. ¿DÓNDE ESTÁN LAS REFERENCIAS A LA CULTURA POP DE LOS AÑOS CUARENTA? Maldita generación.

Un concursante prepara pasta con pulpo. El chef Herrera le pregunta: “Muñeco, ¿tú crees que aquí hay arte?” En algún lugar, el almirante Ackbar grita “IT’S A TRAP!”. ¿Qué se supone que debe responder este pobre? Por un lado Herrera se la pasa hablando de que él es artista y que la cocina es arte, así que si el interpelado se pone humilde, seguro le dicen que no tiene aspiraciones o vocación. Titubea diciendo que sí hay un poco de arte, así que el chef Benito le da un repasón diciendo que él ha conocido a los mejores chefs del mundo y que son las personas más humildes, que jamás se ponen sus moños, que salvan a las ballenas y rescatan gatitos de los árboles. En fin, no hay forma de ganarles.

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Aparece la simpática cocinera autóctona Juana Amaya, diciendo que “esos gastronómicos” le ponen nombres raros a todo. Es abogada, 59 años, estudió la carrera cuando ya tenía nietos. Me entra un impulso irrefrenable de abrazar mi pantalla y pedirle que me regale una tortilla hecha a mano para probar su tejate con mole verde. Se ve fenomenal, y debe saber igual porque también le dan su mandil.

La pizca de sal en la receta viene del sudor de Abraham…

La pizca de sal en la receta viene del sudor de Abraham…

Aparece un chavillo llamado Abraham. Quiere prepararles macarons con ganache de chocolate con tequila. De por sí es algo bien complicado de hacer, pero sumémosle que Abraham suda como mixiote TODO EL TIEMPO. El platillo le sale mal. Los macarons le quedan como hot cakes rosas, pegados al papel. Se le espesa el caramelo y parece melaza. “Le falta técnica”, dice la chef Betty, que perdería el 92% de sus argumentos evaluatorios si le quitas esa frase. Adiós, Abraham. No le dan mandil, pero al menos debieron darle una toalla para quitarse el sudor. De esas grandes, de playa.

Encuentro un alarmante patrón donde la mayoría de los concursantes morenitos van pa’ fuera. Otra concursante les prepara salmón, pero no me la regañan porque es güerita y le dan el mandil.

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¿No que no se valían profesionales, TV Azteca?

Aparece Ale Maldonado, de León, quien se ostenta como “organizadora de eventos”. Me entero en redes sociales que la dichosa señora hasta ha tenido su propio programa de cocina en una televisora de León, es juez de concursos para encontrar el cocinero del año y tiene una larga trayectoria como profesional. Empiezo a sospechar que TV Azteca ha jugado a su antojo con las reglas para elegir participantes, como es su tradición (ver La Academia y otros productos afines). Por supuesto que su plato está muy bien preparado y presentado, así que le toca mandil.

Pasa a la siguiente ronda otra güerita, Tianne Bahre. Herrera dice que “a las personas que le quitan la piel al salmón… hay que romperles las piernas” porque RUDEZA. Otro concursante llamado Carlos Flores recibe su mandil y llora. La proporción de llanto hombres vs mujeres ya anda como en un 5 a 1, y yo culpo a la subcultura de los princesos. Marco Martínez, el que lava loza y anda a la pizca en la central de abastos para mantener a su familia, es aceptado. Llora.

La hermana Flor: adorable.

La hermana Flor: posiblemente afiliada a alguna religión.

Conocemos a la carta fuerte de este reality, la hermana Flor. Es una monjita pegándole a los 67 años, con todo el colmillo para preparar “comida de confort”. Al verla, la chef Betty dice “y además pertenece a una congregación religiosa, por el hábito”. No se te va una, Betty, eres perspicacia andando. La monja prepara un espiral de carnes que está para chuparse los dedos, pero luce muy preocupada porque tiene que preparar una cena para 900 invitados en unos días y quiere que los chefs le ayuden, al menos a emplatar. Hermana Flor, usted es adorbz. Pasa a la siguiente ronda.

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¿Ha visto usted a esta jovencita? Informen a sus padres, están preocupados…

Nallely es una estudiante de repostería, regiomontana, 21 años. Se avienta una historia eterna de cómo se lanzó en camión desde Monterrey, sin permiso de su apá, cargando con su postre de camote en una loncherita de la suerte. Los chefs adoran el platillo, incluso Benito, quien le dice “Yo soy cero dulcero”. Por cierto, Cero Dulcero sería un buen nombre para un superhéroe que combate la diabetes.

"Por cierto, ¿les comenté que la mamá de Bambi nos acompañará a cenar?"

“Por cierto, ¿les comenté que la mamá de Bambi nos acompañará a cenar?”

También progresa Gonzalo, un abogado de 38 años que, a todas luces, come seguido en restaurantes buenos, pues presenta un venado de cacería encacahuatado al chiltepín. ¿Habrá drama y mame entre los animaleros al revelarse que Gonzalo es un gran aficionado a la cacería? Cuenten con ello.

Diana: logró retacar como 2978 calorías en un solo plato.

Diana: logró retacar como 2978 calorías en un solo plato.

Luego tenemos a otra güerita, Diana. Trabaja como “Health Coach”, pero destantea a los jueces preparando uno de los platillos más grasosos, dulces e indulgentes que hayamos visto. Ella dice que son chimichangas rellenas de cheesecake, pero los de los gráficos ponen que son rellenas de plátano macho. No sabemos a quién creerle. La historia de Diana es que ella era gorda hasta que se cansó y decidió enmendar su salud a través de la alimentación. Seguro no fue comiendo chimichangas. Se le olvida quitar los palillos de las frituras, pero aún así pasa a la siguiente etapa porqueGÜERITAOJOCLARO.

El pseudobombero Félix ha recibido apoyo de lugares insospechados…

El pseudobombero Félix ha recibido apoyo de lugares insospechados…

Otra vez sale Félix, el bombero que chilla. Vemos de repasón que preparó una arrachera caramelizada. En mi opinión la arrachera es uno de los cortes más pedestres, sobrevendidos y poco interesantes de todo lo que puede ofrecer la vaca, pero eso no importa: el chiste es ver gente llorando. Le avisan a Félix que sí pasó, así que mandan llamar a su hijita para que chille con él, pues aparentemente estos programas no funcionan sin sobreexplotar los feels. Por cierto, también hay polémica en las redes pues dicen que Félix (@ChefFelixRomero en Twitter) es un chef profesional, y que lo de bombero solo es para despistar. ¿Será posible? TV Azteca jamás nos mentiría de esa forma tan descarada, ¿o sí? No respondan, es sarcasmo.

En fin, el chef Herrera se esconde el delantal en el sombrero para que la hija de Félix lo encuentre. ¡Justo lo que quería esa niña, un delantal lleno de sudor ajeno!

"¡Este mandil huele a tocino rancio y Axe Body Spray!"

“¡Este mandil huele a tocino rancio y Axe Body Spray!”

Vemos a Oscar, de Sonora. Los jueces se desilusionan un poco pues no trae carne sonorense para cocinar, sino que opta por un platillo con pollo. Es estudiante de gastronomía, llegó a pesar 133 kilos, pero ya bajó a 78. Bien por él, pero esto da pie a la chef Betty para hacer chistes de que ella está gordis, ante la incomodidad de sus colegas. Betty se avienta un choro sobre el bullying, “casualmente” revela que también ha perdido 40 kilos en los últimos cinco años y le entrega delantal a Oscar.

Estamos terminando esta eterna etapa. Memo Cruz tiene solo 18 años, va a cocinar unos medallones con chipilín y otras delicias, pero al chef Herrera casi le da el infarto cuando dice que se las va a servir cocida a tres cuartos “para que esté jugosa”. Herrera lo corrige y pide que la carne venga término medio, la máxima cocción aceptable. El caso es que se ve que el pobre Memo come la carne así porque a su mamá, quien le acompaña en el set, le gusta bien cocida (no es albur). El chef Herrera no me cae de maravilla, pero se gana unos puntos de admiración al pedir respeto para la carne, y le dice a la jefa de Memo que si va a comerse la carne bien cocida, mejor pida milanesas. ¡PWND, mamá de Memo!

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José Luis es un señor de 57 años, a quien en lo sucesivo conoceremos como “Santaclós veracruzano”. Me lo chamaquean con la entrega del delantal, pero a la mera hora resulta elegido. No jueguen con su corazoncito, jueces, no se ve que esté en muy buenas condiciones físicas como para aguantar esa clase de sobresaltos.

Los chefs le estaban explicando algo importante a Marlene, pero de pronto pasó una ardilla y perdieron su atención…

Los chefs le estaban explicando algo importante a Marlene, pero de pronto pasó una ardilla y perdieron su atención…

Por último tenemos a la concursante que amarás odiar: Marlene Trujillo, que parece una especie de Alicia Villarreal de las cazuelas. Una millenial mimada que estudió gastronomía, pero su papá la cambió de escuela porque “daban mucha teoría”. Entonces debe quererse meter a la práctica de inmediato, ¿cierto? No, dice que estar en la cocina “qué flojera”. Ni los jueces creen lo que están escuchando. Dice que si gana, ella va “a ser la jefa” y otros se van a meter la soba en su restaurante. Rechazo inmediato, ¿cierto? NO. Acaba diciendo que sí va a echarle ganas “para que no me estén regañando” Y PASA A LA SIGUIENTE RONDA. Sinceramente espero que esta huevona niñabienizada sea mucho más brillante de lo que aparenta, pues sería trágico que alguien sin talento se mantenga en el grupo solo porque “es buena para el drama”. ¿Pero qué estoy diciendo? Es güerita, así que OBVIO está dentro.

Más huevos que un discurso de 'El Bronco'…

Más huevos que un discurso de ‘El Bronco’…

Llegó la hora de la verdad. Los mandilones restantes tienen que preparar un plato usando el ingrediente sorpresa: UN huevo. Uno solo. Annette nos chuta un comercialote con su dicción de adicta al Prozac sobre las múltiples bondades del huevo marca San Juan, que llevó una montaña de 6000 huevos para que salieran bonitos a cámara. En fin, los chefs dicen que el huevo es maravilloso, que todas las cocinas del mundo lo usan y que tiene más propiedades que Raúl Salinas de Gortari.

"O sea, ¿un pinchi huevo?"

“O sea, ¿un pinchi huevo?”

Algunos concursantes repelan. Diana dice que no se puede hacer nada con un solo huevo. Díselo a Lance Armstrong, niña. “¿Omelette con un huevo? Se necesitan tres”, exclama. No, estás equivocada. Un huevo te da para un omelette pequeñito, pero puede hacerse. No te están diciendo que alimentes a un regimiento con tu platillo: que salgan tres bocados para que lo prueben los tres jueces basta, genio.

La Regla de Cinco Segundos entra en vigencia.

La Regla de Cinco Segundos entra en vigencia.

Vemos a los concursantes laborando afanosamente en sus parrillas eléctricas (¿no podían poner hornillitas de gas, producción?), mientras los jueces se pasean entre ellos para añadir dramatismo al momento y preguntarles qué se traen entre manos. Alfredo, de Tijuana, le está explicando al chef Benito lo que va a preparar cuando de pronto, ¡MADRES! (Perdón, hermana Flor, se me salió) Se le cae la olla al piso. ¡Desastre!

La burra de Annette hace una cuenta regresiva… toda mal, y el relojito de pantalla brinca a destiempo pues ella es INCAPAZ de mantener la cadencia al contar. Acuérdate, Annette: cinco Mississippi, cuatro Mississippi, tres Mississippi…

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“¿Cocinar? HUE-VAAAA… Yo quiero ser famosa y ya.”

Se acabó. Hay que confesar que prácticamente ninguno de los platos se ve apetitoso. Marlene, la princesa huevona, presenta un huevo visiblemente sobrecocido, pero pasa a la ronda de 18. Ariel, a quien habíamos visto fugazmente, es el mejor con su huevo poché. La tamalera también pasa, y dice que ella y Marlene no se llevan “para nada bien”. Marlene dice que ser finalista es “muy wow”. Tengo miedo. Por lo visto los productores están apostando por mucho drama y tensión entre los concursantes, a la Big Brother, en vez de resaltar el aspecto culinario. Espero equivocarme. Pero conociendo a TV Azteca, que dramatiza hasta sus noticiarios, pues…

Susana Posada, publirrelacionista, no pudo preparar un huevo Benedictine pues la salsa holandesa sin yemas nomás no jala, así que intenta una bechamel. “La bechamel no es para MasterChef México”, dice Benito, y la mandan a volar. Qué raro, pues entonces muchos platillos visiblemente mediocres o simplistas sí parecen ser para MasterChef México.

El tijuanense que tiró la olla presenta su plato, colocando al borde el cascarón a manera de adorno. El chef Herrera lo mira como si le hubieran servido un mojón de popó y tira el cascarón a la basura con desdén, añadiendo “no somos puercos”. Aún así pasa a la siguiente ronda.

Vemos a muchos concursantes recibiendo críticas duras por productos mal preparados, pero todos acaban pasando cuando les dicen “tu salsa te salvó”. Al parecer puedes presentar una bazofia terrible, pero si la salseas bien, ya la hiciste. Esto no es MasterChef, es MasterSaucier.

Nos dicen que una chava que iba a presentarnos una sopa de huevo con camarón “sufrió un grave accidente” y al parecer tiró la olla. Curioso, nunca lo vimos a cuadro, como la olla del chavo de Tijuana. Pero ella no tiene tanta suerte. Flor, la monjita, presenta una tortilla de huevo que luce demasiado dorada. “Con su papita”, añade, forzándonos a adorarla. Añade unas rebanadas de aguacate bastante magullado “como decoración”. Herrera pregunta si se come o es adorno. Ella dice que es adorno, “pero si quiere se lo puede comer”. Puro folclor.

Este aguacate no podría estar más magullado si se llamara "Rihanna" y viniera de una cita con su ex novio…

Este aguacate no podría estar más magullado si se llamara “Rihanna” y viniera de una cita con su ex novio…

A ella no le cargan calor con lo de los adornos, así que también pasa, y le confiesa a la cámara que el huevo así se lo prepara al arzobispo, pues “le gusta seco y las tortillas tiesas”. Sugerencia para monjitas: no digan que “al arzobispo le gusta seco”, se malinterpreta horrible. Y ojo con usar términos como “tiesas”, también.

Diana prepara unos huevos con chorizo, pero dice que a lo mejor los jueces no entienden su platillo, pues siendo Health Coach deben pensar en ella como “un alien que no come chorizo”. Por cierto, ‘El alien que no come chorizo’ sería un gran cuento para niños, por si ocupan. Le dicen que la suya es una de las peores presentaciones, pero “hemos llegado a la conclusión de que… ERES GÜERITA Y DEBES SEGUIR ADELANTE”. Parafraseando.

Nallely, la repostera que se fugó en camiones, usa aceite de vainilla con el huevo frito. Todos los que lo prueban hacen pedazos el plato, con plena razón, pues esa combinación no cuadra. Pero aún así pasó, así que ya no entiendo nada.

No te emociones, Oscar, esto NO termina bien para ti.

No te emociones, Oscar, esto NO termina bien para ti.

Oscar, el ex gordo sonorense, hace una tortilla de huevo con espinaca. Le dicen que su presentación es perfecta, y él grita emocionado como si fuera a conocer a Liza Minelli (if you know what I mean). Sigue en el paroxismo celebratorio cuando le dicen que, sin embargo, “tiene un grave problema con la sal”, y lo mandan al caraxo. De lo sublime a lo ridículo, nomás.

'María de día… Tianne de noche', una novela inédita de Corín Tellado.

‘María de día… Tianne de noche’, una novela inédita de Corín Tellado.

Tianne presenta su plato, pero el chef Benito se refiere a ella como… ¿¿¿María???  Le regreso al DVR, pero en efecto, hay algo extraño. En el set le llaman María, en los gráficos es Tianne… y de noche es Zulema, la Reina de los Cabarets. Bueno, no, pero en esas conjeturas cae uno ante tanto desmadre que se traen estos productorcetes de morondanga.

Memo, el chavo de 18 años, presenta otro huevo casi quemado. Pero pasa. El panadero diabético comete el mismo error, pero él no pasa. Otra vez engañan a Santaclós veracruzano haciendo como que me lo botan, pero sí pasa. ¡Paren la crueldad! La seño Gina prepara unos huevos domingueros que se ven muy apetitosos, servidos en la sartén. Está dentro. Alan, el supuesto lavaplatos, presenta un postre excesivamente elaborado, que Herrera describe como una “grata sorpresa”. Insisto: su técnica es demasiado exquisita como para ser alguien sin experiencia.

Alejandra, la CHEF PROFESIONAL DE LEÓN (¿para qué fingir?), presenta un platazo, con gran textura y sabor impecable. Pasa a la siguiente ronda. “¡Qué gran sorpresa!”, exclama nadie, nunca. También pasa Olga, una poblana maestra de pilates, pero mi tocaya Juana, la abuelita abogada, presenta un plato al que le falta sal. Hasta aquí llegó, pero se va feliz. Gonzalo el abogado prepara un huevo perfecto con una salsa magnífica (¡LA SALSA ES LA CLAVE, HE DEVELADO EL ENIGMA!), y es el último. Los jueces tiran un choro motivacional y al fin terminamos con casi tres horas de programa.

Ahora, los puntos finos:

  • LA PUBLICIDAD. Dios de los molcajetes, paren esta locura. El sello de un buen reality show es integrar sutilmente el product placement a la emisión. No, aquí te intentan meter Chedraui y Pan Bimbo hasta por las orejas, con unos anuncios metidos con calzador en el contenido del programa, a menudo ejecutados con una torpeza legendaria. Soportar este alud de marcas a lo pendexo va a ser la cruz que carguemos los espectadores.
Annette Michel, contando las neuronas que le quedan  vivas…

Annette Michel, contando las neuronas que le quedan vivas…

  • LA CONDUCTORA. El vestuario de Annette Michel fue diseñado por Stevie Wonder. Tiene orejas que parecen puertas de un McLaren P1, pero le hacen unos peinados que se las resaltan aún más. Todo eso sería irrelevante si fuera buena conductora, pero es pésima. No es exageración, es tan mala al repetir lo que le dicen los productores por el chícharo como es malo Kanye West al interpretar canciones de Queen.
"¡Un-dos-tres por el logo de Chedraui que está pegado por todos lados!"

“¡Un-dos-tres por el logo de Chedraui que está pegado por todos lados!”

  • LOS JUECES. Quiero pensar que simplemente están mal “coacheados”. Al parecer los encargados del media training sólo quieren a unos chef televisivos inspirados en Gordon Ramsay o Guy Fieri, pues se les nota de lejos que hay una predisposición al mamonismo. Volvamos a las demás ediciones internacionales de MasterChef, y recordemos a los afables y empáticos jueces de Australia, Gran Bretaña, España… vamos, hasta el mismo Ramsay adopta un tono más cálido, que poco o nada recuerda a su histrionismo en Hell’s Kitchen. Hay una justa medida, pero ninguno de los tres chefs de la edición México está en ella. Espero que eso cambie.
Esto fue grabado en Colombia, dicen las malas lenguas…

Esto fue grabado en Colombia, dicen las malas lenguas…

  • LA PRODUCCIÓN. Lamento decir que se ve… barata. No tiene los estándares de otras ediciones. Argumenten lo que quieran de que “México pasa por una crisis y bla bla bla”, pero lo cierto es que en TV hay MUCHO dinero, y debería alcanzar para hacer cosas de buen gusto sin problema alguno. Pero recordemos que TV Azteca jamás ha brillado por invertir en hacer las cosas bien.
Su profesión será útil cuando lo manden a volar…

Su profesión será útil cuando lo manden a volar…

  • LOS CONCURSANTES. El proceso de selección ha sido ampliamente criticado y documentado en las redes. Muchos de los participantes parecen meros cachirules, el terreno no se ve parejo. Demasiados güeritos, demasiados “amateurs” que al parecer no lo son. Me consta, aquí sí, que Azteca y Televisa tienen una larga tradición de engatusar al público con sus “transparentes” castings, llenos de amigos “plantados” por los productores. Dénse una vuelta por algunos links y verán a qué me refiero.
Huevos chamuscados… pero sus autores siguen avanzando en la competencia, como si nada.

Huevos chamuscados… pero sus autores siguen avanzando en la competencia, como si nada.

  • LOS CRITERIOS. Benito Molina dijo al arranque del programa que un chef es juzgado por el último plato que prepara, y que “si lo hace mal, para mi está fuera”. ¿Por qué no quedó fuera la chava que frió huevos con aceite de vainilla? ¿O todas esas tortillas de huevo prácticamente quemadas? Para mi es más grave un huevo que se ha cocinado de más, con su penetrante sabor a plumas chamuscadas y su textura de esponja sintética, que presentar algo que se quedó corto con la sal. Quiero creer que muchas inconsistencias puedan explicarse mediante la pésima edición y los cortes selectivos de lo que vemos en pantalla, pero lo cierto es que hay cosas que no deben dejar lugar a dudas… y los criterios aplicados para juzgar los platillos NO SON CONSISTENTES. Vean el programa de nuevo y descubrirán más de un claro contrasentido.

EN RESUMEN… hay que seguir viendo este programa. Tiene el potencial para ser un tremendo desastre o para levantarse de un atolondrado arranque. Pero a final de cuentas es algo que me va a dar muchas oportunidades de escribir chistes estúpidos, comentarios sarcásticos, observaciones crueles y carrilla desbordada. Ustedes me leen por eso, lo saben, así que acá los espero cada semana. No olviden comentar sus impresiones sobre el programa (los episodios están en línea, por si se los pierden) y pasar la voz en redes sociales, pues mientras más seamos, más reiremos. Ahora los dejo, ya que este primer episodio no se digiere ni con doble ración de Alka-Seltzer.

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39 comentarios en “FINÍSIMAS RESEÑAS: MASTERCHEF MÉXICO – EPISODIO 1

  1. Ah, TV Azteca… cómo me causan flojera. Yo veía el noticiero de la mañana para ver el clima, pero ya mejor lo veo del celular… por tres minutos me tenía que chutar cualquier cantidad de descabezados y de noticias sobre “el pequeño (insert kid’s name)”, que sufre de (inserta conflicto existencial), mientras tocan musiquita de piano triste.
    No sabía que iba a haber MasterChef, pero mejor me espero a que sigas con alguna reseña o comentario, porque francamente no lo voy a ver… Como siempre, maravilloso comentario!

    Ariadna

  2. No puedo decir que estaba emocionado por que iba a haber Masterchef en México, ya que sabía quien produciría. Y hace un buen, buen rato, que TV Azteca viene haciendo las cosas mal. Aún así, quería ver, para criticar y ver lo malo que sería el programa. Y lastimosamente, no me decepcionaron.
    Los chefs con 0 carisma. La producción, “decente”, pero con muchos, muchos detalles (lo de las hornillas eléctricas, no lo había notado), la jodida necesidad de hacer comerciales dentro de la transmisión (podrían ser mucho, mucho más sutiles con esto, pero parece que no ven las otras emisiones mundiales, o este es el “Mexican Way” para hacerlo) y los participantes, pues obvio que se ven preseleccionados.
    A darle otra oportunidad. Un programa más. Ojalá y mejoren, y no quede como otra de esas franquicias televisivas “que no funcionan en México”.

    • La manía de sobrecomercializar EL CONTENIDO es mexicana, sin duda. La red nos permite tener acceso a TV de todo el mundo y cuesta trabajo ver cómo queremos vender TODO, sin respetar la esencia del producto. Uno de mis pleitos recurrentes como editor de revistas era defender mi publicación contra los de ventas, que quería vender publicidad EN LA PORTADA. Y mira los anuncios que integran digitalmente EN PLENA TRANSMISIÓN del terreno de juego cuando hay partido, o en los gráficos del noticiario HECHOS, o en los uniformes de nuestros equipos de futbol. Nos falta mucha ética en ese sentido.

  3. Eres sublime maestro.
    Delicioso como huevo chamuscado sin sal, pero ácido como patraña de güerita preseleccionada para pasar a la siguiente ronda. Concuerdo con Ariadna, seguiré viendo Junior Master Chef Australia para imaginar los platillos que nunca comeré, con carnes de animales que no sabía que existían, aderezados en plantas que suenan a flora de Pandora, envueltos en caritas más sinceras de chavitos que cocinan 40 veces mejor que cualquier festival culinario de Sanborns… creyendo que aquí no existe ese programa, sólo un churrito de TV Azteca al que accedo desde una galaxia lejana a través de tus palabras.
    Pero bien lejana, que no quiero que me brinque ese aceite de vainilla en sartén de Pacotilla Azteca.

  4. Primero los tweetcast de #RadioF1 y ahora los de #MasterChefMX. Sin duda, horas de diversión 😀
    Excelente reseña, me reí a carcajadas en el banco (y valió la pena que el policia me sacara de la sucursal por usar el celular). Retomando un punto: siempre creí estar loco con la idea de que los programas de TV Azteca carecen de producción (yo siempre atribuí a ese “transtorno” que se tiene de que en México todo es chafa y que no aprecio el intento de entretener a las masas). En fin, saludos Sr. Sempere.

    • No estás loco: los valores de producción de Azteca suelen ser muy bajos. Ojo: eso no implica que los de Televisa sean maravillosos, también tienen lo suyo. Sin embargo le invierten un poquito más que los del Ajusco, y suele notarse.

  5. Muchas gracias por la reseña. Como aficionado al programa original, me parece una gran lástima que no se pueda ni siquiera copiar algo que ya ha tenido éxito y la producción piense que tiene que salir con sus “mexinacadas” para sobresalir. Finalmente también es cierto que de TVAzteca ya no es sorprendente el nivel de mediocridad que se tiene.

  6. He reido como loco con la reseña y estaré esperando con paciencia la siguiente. El programa no lo veré eso lo aseguró, cualquier no soportó como meten publicidad a cada rato en sus programas.

  7. mi problema maese con tvapesta es que, si televisa es para los xodidos tvnaczteca es mas bien como notirancho, ya se me hacia raro desde un principio que la edicion mexico castearan a cocineros ‘pseudoaficionados’ y no a chefs o aprendices de chefs hechos y derechos como en cualquiera de las otras ediciones que me digan de cualquier pais en donde se haya realizado masterchef, para como van las cosas hasta la edicion de ecuador con todo lo modesta que se veia era mucho mas pro de lo que ya se ha dejado ver por aca
    lo de usar parrillas electricas para cocinar en lugar de gas es por mera seguridad, si se les caen las cacerolas imaginense los desastres con fuego real, y muchas otras ediciones de masterchef han optado por parrillas electricas
    saludos y como siempre de 10 maese sam perez

    • No, lo mencioné claramente en el doceavo párrafo:

      “Anette nos manda un telegrama verbal para recordarnos los premios: un millón de pesos, la publicación de tu propio libro de recetas, ser el primer MasterChef México y ceder tu alma en perpetuidad a TV Azteca.”

      ¿Algo más?

  8. y si no le late tvnaczteca-masterfail imaginese como sera la edicion de tvapesta mexico got untalent, tambien sera brave enough para aventarse la tropicalizacion de este reality show
    no entiendo por que los de azteca se empeñan en destruir todas las franquicias que si han funcionado a nivel mundial
    sale maese y finisima concurrencia buen finde

  9. Me quedaré mejor a leer sus Reseñas, que están bien chingonas, ya que TV Azteca nomás no, desde hace mucho. Aunque como ¿corolario?, diré que me parecían muy buenos los ‘Hechos de Peluche’ y una programa llamado ‘TKE’ (Te Cae). Pero quizá se debía a mi escasa edad, a que no tenía TV de Paga y mucho menos internet. JAJAJA

  10. La única razón por la que vi MasterChef fue para leer esta reseña. Valió la pena totalmente, no el programa, la reseña! Y si no fuera por Toño Sempere, que ya se comprometió a hacer una reseña por episodio, no me pondría a ver cada episodio que resta de la temporada. Talento hay de sobra en este blog, no así en MasterChef, que no se me estaba haciendo taaaan malo, pero después de leer esto, amé odiarlo.

  11. Hoy lo vi.
    Hoy leí tu reseña.
    Creo que me pareció más entretenida tu reseña que el programa, lo vi completo con mi mamá y mientras mi mamá desbordaba en lágrimas (porque mi mamá es demasiado emocional y tal vez yo demasiado mamona, no sé, no sentí nada) yo me hacía un sinfín de preguntas, las preguntas que tú te hiciste al verlo, creo yo, incluyendo la pregunta de tu hijo.
    Simplemente estuvo mal, todo mal, pero está chido verlo para cagarse de risa e indignarse porque ganaron los güeritos y los morenitos no, además de que la mamonez de Benito (el de la “elite” mexicana en gastronomía y títulos pedorros) está sabrosa para mandarlo a saludar a su madre. No sabía el dato de que había una chef de León que hasta tuvo su show, pero no me sorprendió en absoluto porque TV Azteca.
    Hasta un videoblogger haría un mejor reality con pantalla verde y GoPro, esto parece show del canal El Gourmet (emm, perdón, El Gourmet tiene mejor contenido).

    Pues yo si te seguiré con este pedo. Espero ansiosa el siguiente episodio para tu reseña.

  12. No puedo parar de reír. Mis comentarios:
    1. Se me hace muy curioso lo frecuente que es que el productor mexicano no sea capaz de entender el material fuente.
    2. Odio el racismo voluntario/involuntario/no sé presente en la televisión mexicana. Uno pensaría que México es un país de güeros de clase alta viendo lo que se presenta en televisión nacional. Por otro lado ¿quién ve televisión nacional? (además de los 100 millones de mexicanos que sí la ven).
    3. Esa Claudia Bahamón está bien… bonita.

  13. Jaja, buena critica, ni hablar con la versión pirata, piñatera de este gran formato de programa a los que nos gusta la gastronomía.

    Como defender lo nuestro(gastronomia, valores etc) cuando hacemos una gran mofa de esto, en vdd otras ediciones de master chef, la inglesa y la española ufffff no sólo muestran lo gastrónomico, si no lo que significa una filosofía de vida culinaria ,que la puedes aplicar a cualquier profesión.

    EN fin seguiré tus comentarios . saludos.

  14. Yo aqui nomás leyendo su reseña en lo que sube la segunda!!!

    Fuera de que todo esta bien chido y bla bla bla que dicen mis compañeros comentadores, quiero hacer un comentario al margen: El Santaclós veracruzano parece un Hodor región 4 entrado en carnes (y en años)

  15. Hola importante hemos descubierto que lo mas importante de la comida mexicana es la sal
    Porque usar un huevo como ingrediente principal y después hacer una hamburguesa, que nos espera para la próxima semana como hacer churros

  16. Pingback: FINÍSIMAS RESEÑAS: MASTERCHEF MÉXICO – EPISODIO 2 | Finísima Persona

  17. Mi primer acercamiento con Masterchef fue el mame con el glorioso «León come gamba» en España. Fuera de eso, nunca había entendido el concepto del programa. Cuando comenzó la edición de México, como por inercia, empecé a seguir consistentemente la primera temporada de la versión argentina. Previamente había visto un capítulo a medias y ahí lo dejé sin ningún interés particular por darle continuidad. Lo retomé en el capítulo siete, básicamente porque fue el que me sugirió Youtube, y de ahí finalmente me enganché.

    Dándole seguimiento pude comprender por qué gustan tanto: es una puesta en escena donde personas de los estratos sociales más polares convergen en un espacio en el que pueden cumplir sus sueños. Es gente que ama la gastronomía, que sufre y que disfruta con la comida, por ridículo que suene para alguien que no puede pisar una cocina sin quemar algo. Y, claro, están las críticas súper mala leche, que no nos engañemos, son lo más divertido. Masterchef, más que un programa de cocina es un programa que vende intensidad de emociones, desde los vatos que lloran de alegría cuando elogian sus preparaciones hasta sus caras de compungidos cuando despedazan sus platillos.

    He intentado ver un par de veces la versión de México y es una abominación. Concuerdo mucho con ésta finísima crítica. Quizás solo discrepo con lo de la conductora. Es muy guapa y tal vez sea tonta, pero su participación es mínima, así que no me incomoda ni un poco. A mi juicio, incluso esa lentitud al hablar me parece un recurso típico para darle suspense al desarrollo del programa. El problema es que la producción es muy mala, no tiene ritmo y, para decirlo de la forma más simple y precisa, ESTÁ MUY CHAFA.

    Los jueces son muy suaves. Un hipster, un gordito «rudo» y una señora. En mi suma ignorancia, admito que no sabía quiénes eran. Suponía que tenían sus credenciales en materia gastronómica, pero no transmiten erudición. Digo, mientras que en Argentina los jueces dan consejos de preparación, critican con base en la textura, cocción, presentación y combinación de sabores; acá la crítica es muy, pero muy básica. Del «faltó sal» al adjetivo insultante, pasando por las «creativas» comparaciones del juez gordito. No dudo que sean grandes cocineros, pero como jurado les falta bastante gracia.

    Otro aspecto cuestionable es la realidad de los participantes. Supongo, que en todas las ediciones del mundo hay preseleccionados por sus cualidades televisivas, por aquello que, fuera de sus capacidades en la cocina, pueden aportar en cuestión de personalidad. Pero en Masterchef México parece que nos quieren tomar el pelo. Una madrecita tiernita gordita abrazable, una tamalera sensual, un lavaplatos gourmet… se la maman.

    Y lo que de verdad me parece un martirio es la cantidad de comerciales. De mal gusto, forzados, en exceso. Es una burla al espectador. Una tortura.

    De verdad que lo intenté. No quería rendirme ante mis prejuicios. No quería ceder. No quería caer en el «la televisión abierta mexicana es una basura» y ni siquiera haber visto lo que critico. Pero la diferencia, por lo menos con Argentina que es la edición que conozco, es abismal. Qué poco valora TV Azteca a sus televidentes. No los baja de tontos y de pobres. Hasta los props me cagan: papel picado, vestidos «mexicanos», cactus de decoración. Nada más les falta un mexicano borrachito, huevón, sombrerudo y con sarape.

    Saludos y mucho respeto por aventarte esta cochinada nomás por los lulz.

  18. Con pena vi un par de programas es un asco de chefs que los conocen en su casa y además si comparas el de España. Hecho con chefs de alta escuela y los invitados con estrellas mi chelín.destaca la prepotencia y la gente que concursa es para aprender .Annete parece estatua viviente que cantidad de gente se va a reír si ven esto en otros países que lo vean por curiosidad.
    Es un verdadero insulto para televidentes yo solo vi 2 programas reiteró es un asco

  19. Es extraño que escribas a tanto detalle, pero no hayas notado que la olla que se cayó fue precisamente de la mujer que sacaron por eso, al morenín que entrevistaban no se le cayó nada y sólo coincidió en que era su momento a cuadro. Incluso se puede ver su reacción de no saber que pasaba. Si se te va un detalle así, ¿qué tan confiable pueden ser el resto de tus oraciones?

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