Es día de estar contentos…

La imagen es cortesía del Finísimo Diseñador Armando Márquez, a quien debemos visitar en http://www.behance.net/amadomh

… y de ser agradecidos, cómo no. Ustedes han hecho de este, su blog de confianza, un auténtico éxito en cuanto a visitas, comentarios y hasta como medio de probar nuevas iniciativas creativas, así que esta noche brindaré a sus colectivas saludes con alcohol de mediana a superior calidad, según lo permita el clima económico. Aunque ha sido un año difícil, en muchos sentidos, sepan todos los Finísimos y Finísimas que visitan este espacio, la cuenta de Twitter, los podcasts y que me leen en ese arcaico medio impreso que se llama “revistas” (¡aún existe, créanlo!) que tienen en su servidor a un individuo agradecido dentro de su egocentrismo, conmovido entre su aire cínico y afortunado aún de cara a los eventos gachos que a todos nos pegan, en mayor o menor medida. No importa, aquí seguimos, y eso es lo que importa.

Tengo la inmensa fortuna de seguir trabajando en lo que disfruto, de contar más amigos que los que merezco tener y de abrir todos los días un nuevo regalo personificado en mi hija Natalia, tan dulce que requiere insulina y tan hermosa que sólo la prueba de ADN me confirma que es, en efecto, tan mia como es prodigiosa. Mi familia y amigos constituyen esa roca donde puedo erigir todos los días el templo donde oficiamos riéndonos de la desgracia, comulgamos con tacos de suadero y rezamos por la buena salud de quienes inventaron el Internet, el Jack Daniels y el escote.

Pero también tenemos nuestros momentos de reflexión, de duda y de sentimiento. Y aquí, aunque no lo crean, encuentro remedio a muchos de los malos ratos. Muchas, muchísimas veces hallo un correo, comentario o ‘tuit’ de alguno de ustedes que me devuelve instantáneamente la sonrisa en el rostro lleno de cachete, la esperanza de saber que las cosas malas pasan de largo eventualmente, y la convicción de que somos, en el fondo, mejores personas que lo que nuestros detractores pregonan. Eso no se paga con nada. Pero al menos quiero creer que algunos de ustedes pueden sentir una módica muestra de lo mismo cuando vienen a leer o a escuchar mis interminables diatribas.

Gracias a todos ustedes. Que esta noche, y todas las que le sigan, sean detenidos por el Alcoholímetro de la felicidad y obligados a pagar una condena de apapacho, liviandad, afecto del bueno, rock del malote, bendiciones del Beibi Yisus™ y buena compañía en El Torito del Afecto. Han de saber que se les quiere harto, condenadotes.

¡Felices y Finísimas Fiestas!

Al pan pan, al vino vino…

Una película más y una alfombra roja más para el tres veces H staff de video de Finísimos Filmes, el podcast cinematográfico número uno en México, Bolivia y el resto del mundo. En esta ocasión nos apersonamos en Plaza Loreto para la premiere de Marcelino Pan y Vino, una reimaginación del clásico español del cine que es peli obligada en la tele durante estas fiestas de fin de año. O sea, no confundir con el regente capitalino Marcelito “Pan y Circo” Ebrard…

Además de estar lidiando con una fiebre y una bronquitis que me tenía en un estado más lastimero que el de Tom Hanks en los últimos veinte minutos de Filadelfia, traía encima una peligrosa combinación de NyQuil, Sudafed, Motrin, Advil, TheraFlu, tecito de ocote y Jack Daniels derecho, así que la proeza lograda por Oliver al ligar 9 minutos de frases semi coherentes emanadas de mi boca es digna de alabanzas. No soy religioso, pero podríamos decir que se consumó un milagro en esa fatídica noche.

El gran ausente en la alfombra roja fue Benedicto XVI, claro, pero ya saben cómo es de payaso a la hora de asistir a cosas realmente importantes. No le hace, al menos pudimos saludar a nuestros buenos amigos Agustín y Mikel (guionistas y productores), Felipe (a cargo de la música), Teresa (actriz y Madrina Oficial® de Finísimos Filmes™), el maestrazo Alfonso Arau y muchas otras celebridades que prestaron atención a sus servidores. Y aunque en estos videos mostramos “la pura guasa”, pronto iremos subiendo las entrevistas completas donde nos revelan aspectos realmente interesantes sobre el mundo del cine, así que estén pendientes. Digo, si los medios “serios” no les hacen preguntas decentes a actores, directores, productores y guionistas, tendremos que ser nosotros los asnos quienes les brinden a ustedes contenidos “con carnita”…

En fin, no se hable más. Bajen las luces, enfríen la botella de Padre Kino y pongan su charolita con bimbuñuelos en el centro de mesa, ¡Marcelino Pan y Vino nos espera!

NOTAZA DEL TOÑAZO: Sí, sé que me he ausentado demasiado del blog y de Twitter, y me conmueve su preocupación por mi salud, pero todo quedó en unos días de fiebre muy gandallas. Pero eso no fue lo que me mantuvo alejado de la compu. Mi hija se fue a pasar unos días en casa de su prima y secuestró la laptop, y luego los tarados de Cablevisión me quisieron cobrar tres veces más de lo pactado así que cancelé mi contrato con ellos, por lo que mi acceso a Internet se ha visto drásticamente reducido. Estoy por experimentar con una nueva compañía de banda ancha, en cuanto me instalen les platico qué tal jala. Habrá bastante material nuevo durante las vacaciones de fin de año, ¡así que sigan pendientes!

Hell Phone

Odio los teléfonos. Lo siento. No se hicieron para mi, pese a lo que las insistentes campañas de iPhones, Androids, Windows Phones, Blackberries y demás compañías con fondos publicitarios inagotables  se obstinan en pregonar. Son anti naturales, nunca me he distinguido como el usuario ideal para ellos.

No hablo tan sólo de los teléfonos celulares, claro. No, también el venerable teléfono inventado por Alexander Graham Bell o por los chinos en el siglo IV a.C., según la versión de Wikipedia y Google que decidas consultar, me merece un desprecio similar al que reservo para, digamos, inventos de la categoría del cláxon de coche que toca el tema de El Padrino y los zapatos que “hacen ejercicio por ti y tonifican tu cuerpo mientras caminas”. Pero si bien considero que la telefonía tradicional es engorrosa, principalmente porque odio hablar por teléfono en cualquiera de sus presentaciones, también admito que bastaba para solventar muchas de nuestras necesidades de comunicación, sin necesidad de amarrar nuestras vidas a la desagradable telefonía móvil.

Antes de escuchar sus argumentos a favor de los celulares (que de seguro son muchos pero que me importan poco), la advertencia obvia: no me refiero a la funcionalidad del teléfono como tal. Siendo honestos, el acto de tomar un artefacto del tamaño de una baraja y poder entablar por su conducto una conversación con alguien que se encuentra en el lado opuesto del globo terráqueo debe considerarse un avance innegable del género humano, al menos hasta que descubres que tu interlocutor es una mujer oriunda de Tajikzixkhstiblisizasthán que sólo te llamó en espera de convencerte de que eres el amor de su vida, y que está dispuesta a ser tu esposa y esclava sexual si la sacas de vivir de una nación cuya economía se basa en fabricar minas antipersonales y turrones elaborados con nabos (nota mental: hablar a la RAE para solicitar que acepten el término “enaborados”).

El teléfono, como concepto, tiene enormes ventajas. Nos une, sí. Nos comunica, claro. Nos protege en muchos casos, desde luego. Pero también nos esclaviza, nos distrae de cosas realmente importantes y nos genera un sinnúmero de problemas innecesarios. He aquí mi lista de odios dirigidos hacia la telefonía móvil, con algunos puntos que derraman hacia otras formas de comunicación portátil. Y disculpen el post veleidoso y corajudo, pero se murió uno de mis gatos el fin de semana y mi humor no está precisamente para escribir otro episodio de mi saga médica, que digamos…

  1. No es bueno estar siempre disponible. El teléfono en mi vida es desafortunadamente imprescindible. Tengo una hija que padece diabetes infantil desde los 4 años, así que es forzoso que sus padres y algunos otros contactos de emergencia estén siempre localizables en caso de que padezca alguna anormalidad cotidiana de acuerdo a su condición (algo que por fortuna ocurre en muy raras ocasiones). Esto se entiende perfectamente como una necesidad imperiosa para adquirir un celular, pero tampoco es la panacea. Y la falta de confiabilidad de dicha telefonía celular hace que “estar localizable” sea a menudo tan impráctico como decidir, de buenas a primeras, que la persona más indicada para resolver una emergencia sea un atolondrado padre o tutor. Este mal se extiende a nuestra lógica misma. Desde que tengo uso de razón, siempre que tengo que enlistar un teléfono de emergencia les digo que llamen al 911 o su equivalente local. Digamos que me atropella un trolebús, y un buen samaritano decide tomar el teléfono celular que milagrosamente sobrevivió al impacto para llamar a mi contacto para situaciones graves. La última persona a quien quiero que le llamen es a mi mamá, que todo lo quiere arreglar con tecitos y friegas de alcohol. Llamen a un doctor, por piedad. Así pues, el teléfono de casa debería bastar para localizarnos. Si no estamos en el domicilio o en el trabajo, lo más probable es que sea innecesario el llamarnos cuando estamos metidos en un cine o cantina donde nos metimos precisamente para evadir responsabilidades. Sigue leyendo

No eres, pero pareces…

Uno de mis programas favoritos de la TV gringa es Dateline NBC, una emisión periodística que ha trascendido en el radar de la cultura pop gracias a sus segmentos de To Catch a Predator, conducidos por el épico Chris Hansen. La idea es simple: un grupo de activistas sociales se dedica a fingir que son menores de edad en diversos chats muy populares entre depredadores sexuales, donde concertan citas en un domicilio previamente equipado con cámaras de TV escondidas. Los pedófilos y depravados en cuestión se aparecen en el domicilio, usualmente bien armados con sendas bolsas que contienen bebidas alcohólicas, drogas duras, pornografía surtida, juguetes sexuales y demás artilugios esenciales para “pasar un buen rato” con la supuesta presa. De repente, sin decir agua va, el conductor del programa se aparece y les pide que tomen asiento, procediendo a un interrogatorio de lo más incómodo y ventaneador. Al final de la charla, tras haber presenciado el proverbial fenómeno del “cazador cazado”, el engatusado individuo pretende abandonar la vivienda, pero es inmediatamente sometido por la policía local. Todo es captado por cámaras y micrófonos. Te pone la carne de gallina el triste espectáculo (sobre todo si eres padre de familia)… pero es simplemente genial.

Después de recetarte un par de horas de pervertidos bajo presión, ocurre un fenómeno interesante: comienzas a convertirte en una especie de fisonomista de los ofensores sexuales. Ciertos patrones se repiten en los rostros de estos puercazos. Miradas esquivas, que incomodan tan sólo al posarse sobre otra persona. Gestos y tics faciales delatores. Expresiones verbales que te agrupan, inconscientemente, en ese desagradable grupo de maniacos obsesivos por las formas prohibidas de la sexualidad.

Lo malo es que las apariencias pueden ser engañosas. A lo mejor un individuo perfectamente normal y decente cae bajo sospecha tan solo por una desafortunada coincidencia. ¡Ah, pero la percepción es tan poderosa! ¿Cuántas veces forjamos un juicio erróneo por el simple hecho de armar toda una historia detrás de alguien con base en una primera impresión? Es difícil romper con ese mal hábito. Yo mismo repito esta terrible práctica una y otra vez, y eso que presumo de ser una persona cuya inteligencia está un poco más arriba del promedio. Imagínense ahora lo mucho que pueden equivocarse los que están dentro de dicho promedio.

Así pues, sin mayores explicaciones, he aquí una breve lista de personas que considero tienen TODA la pinta de ofensores sexuales, pero que probablemente están muy lejos de serlo. Si alguno de ellos llega a leer estas letras, les mando una disculpa por anticipado. Pero ustedes tienen la culpa por lucir así, eso ni cómo negarlo…

CLINT HOWARD

¿De dónde lo conozco? De la tele y el cine, donde hizo carrera desde los 4 años, un clásico actor de reparto que encuentra trabajo cada vez que un genio del casting dice “necesitamos a un tipo de lo más creepy que aparte infunda un aire de lástima en el público, si es posible conjuntar ambas cosas”.

¿Qué clase de depravado parece ser? Una mirada basta para imaginarse que aplica cloroformo a ancianitas desvalidas, y que se las lleva a su casa donde las forza a servirle té mientras él se viste de niñita de 7 años y habla con una voz aguda y fingida, abrazado a una muñequita de felpa.

¿Qué clase de persona es en realidad? Es hermano del director, productor, brevemente actor y magnate hollywoodense Ron Howard, quien debe darle gracias a Darwin todos los días porque la mera existencia de Clint al menos le garantiza no ser el guey más feo de su familia. De hecho, Clint es un tipo simpático en entrevistas, y al parecer está plenamente reconciliado con el hecho de que no está en competencia abierta con los George Clooneys y Brad Pitts del mundo a la hora de buscar un rol en cine o tele.

¿Qué tan probable es que sea un depravado real? Un modesto 2 de 10. Cuando logras bromear sobre tu apariencia física y cultivas una imagen de weirdo, se puede asumir que eres bastante normal.

JULIAN ASSANGE

¿De dónde lo conozco? De WikiLeaks. Si realmente no sabes quién es este hombre o qué es WikiLeaks, no tengo inconveniente en asumir que inviertes absolutamente todo tu tiempo web en buscar pornografía y el mundo real te tiene sin cuidado. Eres un(a) imbécil, infórmate un poco.

¿Qué clase de depravado parece ser? Olvida las acusaciones que le han armado por supuesto acoso sexual y violación, suenan más a una emboscada para desviar la atención pública que a otra cosa. Sin embargo, Assange sí tiene una pinta de raro que no le cabe en los servidores. Me imagino que tiene un calabozo en su casa donde viven encadenados varios jovencitos suecos ataviados con hot pants de látex negro, a quienes azota con látigos y obliga a comer de un plato de perro.

¿Qué clase de persona es en realidad? La personalidad mediática y de internet más incómoda desde que dejaste de seguir a Perez Hilton.

¿Qué tan probable es que sea un depravado real? 4 de 10. No creo que sea tan malo como lo quieren hacer ver los gobiernos del mundo, pero alguien que pasa tanto tiempo intentando explotar barreras cibernéticas de seguridad para exponer secretos ajenos no puede ser normal. Ha de ser como un J. Edgar Hoover versión 2.0 (“¡A la BatiWikipedia, Robin!”)

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El Fin de una Era

No tengo ninguna base científica para probar lo que procederé a contarles en el post de hoy, pero como nunca dejo que minucias como “hechos”, “certidumbres” e “investigación responsable” interfieran con mis escritos, ahí les va… estoy 98.7% seguro que fui el último alumno en México que recibió castigo físico por parte de un maestro de escuela.

Yo crecí escuchando historias de terror respecto a maestros que le sacudían el polvo a sus alumnos de manera regular. La abrumadora mayoría de dichas historias provenían de mi propio padre, quien pasó por 14 escuelas distintas (tiene su carácter el viejo desde siempre, créanlo) y en varias de ellas tuvo que soportar santos guantazos de parte del magisterio. Claro, se llegó a desquitar en un par de ocasiones, y por eso no me extraña que lo hayan corrido de tantas instituciones educativas. El caso es que le fomentaron una desconfianza permanente hacia el profesorado, misma que comunicó a sus hijos desde temprana edad.

Mi papá, desde épocas del kinder, nos advertía muy serio que teníamos que avisarle de inmediato si algún maestro, fuera quien fuese y aún con la razón de su lado, osaba ponernos la uña de un dedo encima. Esto lo envalentona a uno, obvio, pero también da a entender que aquellas épocas Pinkfloydescas donde el educador aplicaba reglazos a diestra y siniestra para infundir temor entre los educandos no eran exageración alguna. Existieron, y si lo dudan pregúntenle a sus papás y abuelos.

El caso es que yo, felizmente, pasé por todas las etapas de educación temprana sin reportar ni siquiera un jaloncito de orejas ante mi justiciero padre. Ya les conté que estudié la escuela primaria en el sistema Muppetssori, donde le festejan a uno hasta las siestas diurnas. Y la directora de la escuela, que llegó a ser buena amiga de la familia, contaba frecuentemente la impresión (y hasta la gracia) que le hizo mi papá cuando tuvo la primera junta de padres de familia y dejó entrever, sin rodeo de por medio, que él respetaba la libertad de cátedra siempre y cuando se detuviera al llegar al momento de un castigo físico, pues “sea maestro o maestra quien se atreva a darle el menor coscorrón a uno de mis hijos, lo busco y le parto su madre”. Lo dicho, sobre advertencia no había engaño.

Lo que el gremio escolar intentaba recalcarle a mi papá con cada una de sus advertencias era que el pegarle a los alumnos era una práctica completamente abolida del sistema educativo, hacía mucho tiempo. Pero yo miraba con recelo a mis maestros. Y ¿porqué no decirlo? También probaba sus límites de tolerancia de vez en cuando. Digo, sólo por saber.

Hasta que llegó el día fatídico, claro… Sigue leyendo

Nuestros Chescos

Uno de los múltiples placeres de viajar implica degustar las bebidas locales. Cuando uno llega a la mayoría de la edad, la opción clara (u oscura) es disfrutar de las cervezas típicas del lugar que visitamos. Podemos tener nuestras marcas preferidas, pero el acto de beber “como los locales” nos hace sentirnos más a gusto cuando andamos deambulando por tierras extrañas.

¿Pero qué pasa cuando somos niños? ¿O adolescentes, imposibilitados para comprar (o limitados para apreciar) bebidas alcohólicas? Ah, ahí también hay opciones, puesto que nuestra hermosa República Mexicana goza de una apreciable variedad de refrescos regionales. Y a menudo el primer contacto de nuestro paladar con los mismos nos remite a recuerdos, algunos gratos y otros no tanto, de esas vacaciones o simples escapadas a otros rincones del mundo.

Por eso he aquí mi Top 5 de refrescos regionales. Compartan sus propias marcas, sabores y recuerdos en los comentarios, si son tan amables… Sigue leyendo

Finísimas Recetas: Chili con Carnal

Me siento un poco culpable. Finísima Persona acaba de romper una vez más récord de visitas únicas en el mes, todo gracias a que los Finísimos Miembros son las mejores personas de todo el ciberverso, a reserva de lo que tenga que decir el próximo estreno de Tron: Legacy.

¿Pero qué les estoy dando a cambio? Mal gusto. Humor cuestionable. Fotos de mujeres semi encueradas. Podcasts roñosos. Burlas a nuestros embajadores culturales. No puede ser. Me siento de lo más avergonzado. Es hora de darles algo de contenido serio, con valores de producción… con clase.

No se hable más. Esta será la primera instalación de Finísimas Recetas, una sección que probablemente nadie va a apreciar, pero que me sirve de maravilla para justificar la existencia del blog y para incluir tags que atraigan a incautas señoras en busca de ideas gastronómicas para saciar el apetito a sus familias. Las compadezco.

Manos a la obra. Primero que nada hubo que elegir una receta entre las 3 o 4 que sé preparar. Difícil tarea, pues me pesa mucho divulgar los secretos ancestrales de mi memorable sandwich de mantequilla de cacahuate con mermelada. Pero como avisé el otro día por Twitter que tenía una buena receta de chili con carne y ustedes pidieron que la compartiese, opté por quemar ese cartucho.

¿Chili con carne? Claro que sí. Por alguna extraña razón, muchas personas creen que preparar este clásico de la cocina Tex-Mex es una labor ardua, sólo apropiada para chefs expertos y sibaritas consumados. Nada más lejos de la realidad. El chili puede ser tan sencillo o tan complicado como uno quiera. Y esta versión es más fácil que las mamás de algunos de ustedes después de tres “medias de seda” (mamás zorras y nacas, ellas).  Sigue leyendo