Ahí Viene el Tren

En cuanto comenzó a correr la voz de la muerte de Amy Winehouse, algunos de ustedes me preguntaron si iba a escribir algo al respecto en el tenor del post de La Muerte Famosa que tanto tráfico ha generado en el blog y tanto descontento ha generado en algunos fans recalcitrantes. En el panorama más amplio hubiera descartado la idea, simplemente porque el mentado post abordaba los casos de fallecimientos que movieron tapetes generacionales. Y el caso de Amy, el triste y predecible caso de Amy, no encaja en la descripción.

Sí, cantaba muy fregonamente. Sí, tenía una trágica mística en torno a su persona que nos animaba al ridículo (vamos, Oliver y yo nos burlamos abiertamente de ella en un podcast la víspera de su deceso). Sí, murió a los 27 años como toda una pléyada de famosos artistas. Pero… ¿y luego?

Nos dejó dos discos muy buenos, de acuerdo. Pero dentro de unos años no será más que otra trágica anécdota. Suena horrible hablar así de alguien que fue básicamente una joven talentosa que tardó 3 años en morirse, pero esa realidad es la de los medios actuales. Y es que ya nos acostumbramos a ver el tren avanzando inexorablemente rumbo a la víctima sin que nadie haga algo sustancial para evitar el desenlace.  Sigue leyendo

Cosas en las que no creo

No creo que no sea mantequilla. Ni perjudicial para mi salud…

Bienvenidos a este blog convertido en promotor de podcasts. Y disculpen que les haya dejado colgados con posts de la calidad y frecuencia acostumbrada (casi nula y ocasional, respectivamente), pero estuve ocupado con algunos asuntos de seguridad nacional que no puedo divulgarles. OK, estuve capturando a prominentes líderes del narco, ¿contentos ya? Son ustedes de un insistente que da asco, de verdad…

El otro día platicaba con una amiga que me preguntó si creía en los ángeles. Le di mi respuesta estándar para cuestiones de esa índole: “yo no creo ni en la penicilina”. ¿Tajante y estúpido? Quizá. Pero eso me hizo reflexionar en algunas otras cosas en las que no creo. Anoté cinco, de momento…

EL PELIGROSO CELULAR

Jake Gyllenhaaaallllhall, demostrando que no vuelas en pedazos si usas el cel en la gasolinera. ¡Gracias, amigo!

¿Esos letreros en las gasolineras que dicen que voy a volar en pedazos si se me ocurre encender el Aifoun para checar uno de tantos SMS de Telcel diciéndome que me regalan doble tiempo aire para compensar todas las veces que se caen las llamadas? Patrañas. ¿Los anuncios del piloto y de las aerocriadas diciéndome que apague el telefonito porque si no lo hago el avión se va a transformar en robot a la mitad del vuelo? Pamplinas. ¿Los ocasionales reportes alarmistas de organizaciones de salud que afirman que me van a salir tumores si sigo charlando con las chicas del hotline mi agente de bolsa durante prolongadas horas a través del celular? Pavadas. No creo que el celular sea tan peligroso como constantemente nos lo pintan. Los primeros modelos quizá, pues uno de los que parecían un ladrillo (y pesaban casi lo mismo) me cayó en un pie descalzo y me hizo gritar un “recoño” capaz de despertar a Cerati, pero la tecnología ha avanzado lo suficiente para reducir sus dimensiones y preservar mis juanetes. Siendo perfectamente honestos, los dichosos celulares ya no son peligrosos ni en manos de los Zetas que los usan para extorsionar incautos como ustedes. Sigue leyendo