Refranes que no sirven

En Amélie, una de esas películas que te pone bien con la humanidad, el personaje de Nino Quincampoix es interrogado por una de las camareras que trabaja con su potencial novia respecto al número de refranes que conoce. En opinión de la camarera, “nadie que sepa más de diez refranes puede ser mala persona”. Esto suena de maravilla en la teoría de las películas francesas de realismo mágico que son el área de desempeño del director Jean-Pierre Jeunet, pero en la praxis es una aseveración falaz.

Dénle una repasada al refranero popular. Encontrarán más inconsistencias y recovecos que las existentes sobre el cutis de Gaddafi. Me di a la tarea de recopilar algunos refranes y expresiones con el afán de desmentirles:

Cría cuervos y te sacarán los ojos. Pamplinas. Mi amigo Israel solía decir “cría cuervos y tendrás un chingo”, lo que suena perfectamente lógico. Además, si ponen atención a las noticias, encontrarán recurrentemente una noticia sobre una viejita solterona que murió en su casa y fue devorada por todos los gatos que cohabitaban con ella en el domicilio. ¿Cuántos casos similares han escuchado donde los cuervos hayan sido los devoradores de humano? Cero. Mucho menos aún los casos donde los mentados cuervos le extirparon los globos oculares a sus propietarios y criadores. Este refrán debe ser retirado, punto. Sigue leyendo

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Hablar en Público: Ese Asesino Silencioso

Hoy por la mañana, mi hija (Natalia, 7 años) impartió una conferencia magisterial para sus compañeritos de 2o.B. Bueno, si podemos considerar una “conferencia magisterial” al acto de hablar durante 3 minutos y 14 segundos sobre galletas. El tema es lo de menos, pero es perfectamente explicable para alguien que padece diabetes, además de que mi hija eminentemente sabe que los niños de su edad son mucho más receptivos a las variedades de confecciones horneadas que, digamos, a la situación actual de Libia, Egipto o Argelia. Natalia conoce a su audiencia, vamos.

El caso es que lo hizo muy bien. Habló con soltura, planteó preguntas al final para involucrar a la concurrencia y sólo se equivocó al decir que una forma de evitar que las galletas se peguen al hornearse es cubrir la charola o molde con mantequilla o “papel higiénico” (era “papel pergamino” en el original). Básicamente se desenvolvió con la soltura necesaria para comunicar su mensaje, y no pasó al frente hecha un manojito de nervios con trenzas y falda tableada.

Yo, claro está, me sentí de lo más orgulloso. Pero no por la conferencia en sí, que no me dijo nada nuevo sobre las galletas (miren, es mi hija, pero hay que ser objetivos), sino por el hecho de que va por buen camino para vencer ese célebre temor que aqueja a muchos seres humanos: hablar en público.

A mi me sorprende la estadística que reporta al acto de hablar en público como el temor social más común y manifiesto en el género humano. Me asombra aún más enterarme que el 92.7% de la humanidad padece de dicho temor. Y me desconcierta todavía más que ustedes crean que todas las estadísticas que cito en mi blog tienen alguna base científica real, pero no nos desviemos del tópico: la gente tiene miedo de hablar ante el escrutinio de más gente, y nadie hace nada por resolver este terrible azote de nuestra psique. Sigue leyendo

El animal más maldito

"You talkin' to me?"

Mi lista de animales favoritos cambia constantemente. Mientras que a principio del año declaré al mapache como mi predilecto, gracias a su pinta de ladrón enmascarado y a su peculiar talento para abrir botes de basura en busca de comida (cualidades que aprecio), regresé mis favoritismos al reino marino hace un par de semanas, pues tuve oportunidad de ver otra vez a ballenas saltando por la superficie del mar y salpicando todo con un despliegue de poderío tan grande como el de un diputado con fuero.

PERO… soy un ser humano de lo más inconstante y disperso, así que la noble ballena, aún en toda su majestuosidad, no cuadra con mi propia idiosincrasia. Ergo, es hora de cambiar de animal favorito una vez más. Así es, Finísimos y Finísimas, creo que hay un nuevo rey en mis predilecciones zoológicas (repitan ‘zoológicas’, antes de que comiencen con sus estúpidos chistes sobre predilecciones zoofílicas). “Pero Toño”, dirán los más confianzudos entre ustedes, que no respetan mis canas o mi reciente título de licenciado,  “¿Que no era el león quien ostentaba el honor de ser considerado como rey de la selva?”

Claro que no. El rey de la selva es, por puro mérito, el ratel.

¿No les suena? También se le conoce como tejón de la miel, o honey badger entre los angloparlantes. No importa el nombre. Este bicho podría llamarse Justin Bieber y aún así sería la criatura más osada, tenaz, atrevida, devastadora, mala leche y admirable del reino animal. Sigue leyendo

REDUX: Serpiente de Goma

NOTA DEL AUTEUR: Ya les había platicado del terrible incidente con una computadora donde perdí un número considerable de textos sin respaldar. El fin de semana pasado encontré el borrador impreso de algunos de los cuentos que creía perdidos para siempre. Esta es la versión ‘redux’ de uno de ellos. Creo que aproximadamente el 70% del texto es original, y procuré respetar las referencias de la época. Y sí, así escribía yo en 1994. Ténganme paciencia.

SERPIENTE DE GOMA (manuscrito original de 1994, pasado por la corrección actual)

El punto donde Avenida Cuauhtémoc se ha transformado en Avenida México-Coyoacán, poco antes de llegar a Río Churubusco, me recuerda un par de cosas que pueden o no parecer importantes (lo más probable es que no). Primera de ellas, que hay demasiados autos en la Ciudad de México. Por alguna razón este cruce sufre de congestionamiento vehícular crónico, con un letárgico proceder de coches que ruedan lastimeros sobre sus cuatro patas de goma en el afán inútil de llegar a su destino. En esta ocasión, detenido irremediablemente frente a la entrada a la Cineteca Nacional en espera de que el semáforo permitiese avanzar, tuve la oportunidad de analizar a las huestes del sub-empleo en acción.

Entre los vehículos, salidos como un enjambre de realidad nacional, se dejan venir sobre nosotros oleadas de hombres y mujeres en pos de nuestro dinero. No es precisamente la banda de forajidos de Frank y Jesse James atacando una diligencia de la Wells-Fargo, pero la intención va por ahí. Vendedores ambulantes, limpia vidrios y mendicantes profesionales se acercan a las ventanillas en un intento lastimero de generar respuesta de parte de los conductores. Todos tienen un bien o servicio a vender: rompecabezas de la República Mexicana fabricados en espuma multicolor, botellas de agua, lavado de parabrisas con agua puerca y jabonosa, paletas Mimí, revistas y periódicos, volantes que otorgan descuentos del 25% en la reparación de su refrigerador o lavadora, conciencia tranquila (es lo que “venden” los que piden caridad), quesos menonitas, churros fritos en aceite automotriz usado (sospecho), banderas de México, serpientes de goma (muy realistas, la verdad), cacahuates japoneses… todo un bazar desfila al lado nuestro durante ese largo interludio entre luz roja y luz verde.

Lo más divertido son los que limpian parabrisas. Caminan con paso diligente, mirando hacia todos lados pero rara vez  en dirección al auto que quieren marcar con el certero chorrete escapado de sus botellas, mientras detrás del parabrisas un automovilista agita frenéticamente los brazos en ademán negativo, justo antes de ser alcanzados por esa lanza acuífera de la desigualdad social. En realidad es un gracioso espectáculo, si no recordase tanto que vivimos en un clima de crisis laboral permanente. Sigue leyendo

El Teacher y Mi Papá

El “incidente viral” de las últimas 24 horas gira en torno a la entrevista que Joaquín López Dóriga le realizó al galardonado histrión (“¡Al BatiDiccionario, Robin!”) Sir Anthony Hopkins. Y como diría el mismo López Chóriga, vamos a ver un video al respecto:


Obviamente nuestra jocosidad colectiva se puso las pilas de inmediato. Docenas de ociosos subieron el video a YouTube, centenas más lo enlazaron incansablemente a sus blogs y perfiles, y miles más le hicieron eco en redes sociales. De pronto la frase “¿Juay de rito?” se volvió la pifia multimediática más difundida desde que Paulina Rubio confundió “voy a ser mamá” con “voy hacer mamá” en su página de Twitter.

Yo, como es natural, soy tan idiota como el que más, así que me divertí mucho con toda la comedia involuntaria a raíz del bad english expresado por El Teacher (menudo apodo contradictorio). Pero en el fondo me provocó algo de penita ajena. De acuerdo, no tanta penita ajena como para dejar de hacer la ilustración que encabeza este post, pero penita ajena al fin y al cabo.

La bronca es que en mi familia tengo un ejemplo demasiado cercano. Y ese ejemplo es mi Finísimo Padre. Verán, amigos, mi papá es un hombre de múltiples talentos. Es un empresario exitoso, que ha cosechado grandes logros en una sorprendente variedad de ramos mercantiles e industriales. Es un atleta nato, de esos que puede observar unos momentos a alguien practicando un deporte y acaba por emularlo exitosamente. Es un auténtico as del volante, al punto de que fue campeón nacional de automovilismo Off-Road (los que corren la Baja 1000, por si no lo sabían) hasta que un infarto a los 37 años lo retiró tempranamente. Baila rebien. Es un experto paellador. Prácticamente invencible pa’l trompo (es bronco el jefe, la verdad). En fin, bueno para infinidad de cosas.

Pero no puede hablar inglés ni para salvar su vida. Sigue leyendo

Pasitas

He notado una extraña dinámica en casa de mis papás. Justo en la recámara principal, arriba de un mueble donde reposa la cafetera exprés (vicio de mis progenitores), se encuentra un enorme recipiente de pasas cubiertas con chocolate marca Kirkland. Kirkland es, por supuesto, la marca propietaria de la cadena Costco, ese descomunal almacén donde te venden productos a granel (pero siempre a precios bastante competitivos). El frasco de plástico con pasitas es, por lo tanto, muy grande.

La recámara de mis jefes no es precisamente un recinto de paz. Mi mamá entra y sale de ella todo el día en sus labores cotidianas. Es el lugar donde duermen y pasan la mayor parte del día los dos gatos que aún sobreviven la reciente oleada de decesos mascoteriles: Old Man Gatus (15 años) y Kittler (6 años). Y el baño de dicha recámara es el de acceso más conveniente en la planta alta de la casa, así que cuando está la familia “de confianza” presente, es casi seguro que haya tráfico peatonal enfrente del dichoso frasco de pasas.

Y todo el que pasa frente a las pasas opta por despacharse un puñado de las suculentas, dulces y deliciosas golosinas. Es inevitable, como aminorar la velocidad cuando circulas frente a un accidente, o como cuando recibes tu cheque de regalías actorales correspondientes a la popular serie de TV Two and a Half Men y decides gastártelo íntegro en prostitutas y ladrillos de cocaína. Natural y simple como eso. Sigue leyendo

Esto No Es Una Reseña

En serio, esto no es una reseña. Ya saben cómo me gusta escribir de cine, sea bueno o malo. En ambos extremos suele existir material para ejercer algo de crítica, de interpretación, de humor… y claro, mi criterio es que no hay películas enteramente buenas o malas, pues suele existir una amplia gama de aspectos que, funcionen o no en conjunto, pueden servir al menos para justificar la existencia de lo que vimos en la pantalla.

This Is Not A Movie no encaja en esta descripción. Es, sin temor a equivocarme, uno de los peores fracasos a todo nivel que jamás se hayan exhibido en una sala de cine. Sigue leyendo