Media vida por volverte a ver, Django…

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“La vi y me encantó” es lo más que se puede decir de Tarantino a estas alturas. Seamos honestos: sería muy extraño que este director nos volviera a cambiar la vida con una película, como lo logró en Reservoir Dogs o en Pulp Fiction. Pero dejar pasar una peli de QT sin comentarla es como ver a una chica hermosa cruzando la calle sin pensar en un buen piropo semi obsceno para enmarcar el momento. Sería un desperdicio, vamos. Ahí van algunos pensamientos aislados:

  • Creo que la tradición de temas musicales que nombran específicamente al personaje de la película debería recuperarse. ‘Django’, la canción a cargo de Rocky Roberts y Luis Bacalov, es la entrada musical más heroica desde ‘America, F**k Yeah’ en Team America: World Police.
  • Si alguien decide filmar una película llamada Christoph Waltz leyendo nombres al azar en un directorio telefónico, y dicha peli dura dos horas con 45 minutos… yo la vería gustoso. Creo que Tommy Lee Jones le van a dar el Oscar de Actor de Reparto (y uno más al Actor con Menos Sentido del Humor en una Entrega de Globos de Oro), pero el alemán se lo merecería a pulso.

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    Melcocha, te presento a La Calidad.

  • Volviendo al tema de los premios, Tarantino va a ser uno de esos directores épicos a los que un día la Academia de Hollywood les va a tener que dar un Oscar honorario por trayectoria ya que nunca se le hizo justicia en su momento. Voltea a ver la mencionada Pulp Fiction perdiendo frente a Forrest Gump y llora un poco sobre tu caja de chocolates, anda. Más que permitido. Y este año será la misma historia, así que ni hagas corajes. Sigue leyendo

Lo que origina El Origen

¡Lo logré! Pude apartarme de todo el hype, las reseñas apologísticas y los sesudos análisis de los conversos, para ver Inception (El Origen) con la mente libre de influencias, sin juicios preestablecidos ni spoilers de por medio. Tarea nada fácil en esta era donde la información no fluye, sino que nos avasalla como tsunami por todos los frentes posibles. Pero lo logré, eso es lo que importa.

Y valió la pena, es un hecho. La sensación que me produjo la película de Cristopher Nolan es semejante a la que experimenté cuando vi Perros de Reserva por primera vez. Las circunstancias son muy distintas, claro. Mientras que Tarantino se anunció como cineasta pateando la puerta del recinto y escupiendo machismo geek aderezado con referencias obsesivas a la música y el cine que influyeron su desarrollo como autor, Nolan lo ha hecho con timidez, tentativamente y de forma gradual. En ese sentido ha sido la chava modosita de gafas y suéter engañoso que se sienta en un rincón de la clase, pero que gradualmente se muestra como una auténtica babe al irse revelando poco a poco. Y sí, posiblemente la frase anterior será lo más gay que hayas leído en este blog durante los últimos dos meses, al menos. Sigue leyendo

Recuerdos de Reserva

Hace unos minutos, el estimado Twittero @colosseum reveló que estaba viendo Reservoir Dogs (Perros de Reserva) por primera vez. Me dio mucha envidia, claro. No por estar viendo la película en sí, que ha estado a mi alcance en formatos VHS, LaserDisc y DVD en todo momento. Sino por experimentarla por primera vez.

No sé cuál vaya a ser su veredicto, y a lo mejor no es maravilloso, siendo que está viendo la primera película de un Quentin Tarantino que nos ha acostumbrado a experiencias fílmicas superlativas cada vez que se sienta en la silla de director. Tarantino es un salvaje, un geek sin destilar que vierte todos sus traumas fanboyescos y sus fantasías visuales en cada nueva obra. Así que ver su filmografía de adelante hacia atrás podría parecer poco favorecedor.

Y hay que añadir que sus pelis pueden gustarnos en mayor o menor grado, pero nunca nos podemos mostrar indiferentes. Yo disfruté Inglourious Basterds, por ejemplo, pero la verdad esperaba más de ella. Aún así tiene docenas de detalles geniales, de cosas que me hacen erguirme en la butaca del cine y pensar “¡Este guey está cabrón!”. Cuando un director logra estos estándares de calidad y maneja las expectativas de su audiencia en niveles reservados a los de obras clásicas, hay que reconocerle el mérito.

Pero regresar en el tiempo a mi primera experiencia Tarantinesca es maravilloso. Fue en 1994, durante el Mundial de Futbol de EEUU. Sí, la película data de dos años antes, pero estamos hablando de una época pre-Cinemark / Cinemex / Cinépolis, donde las pocas salas de cine disponibles preferían recetarte interminables ciclos Stallone / Schwarzenegger / Van Damme antes que mostrar una pequeña gema de cine independiente gringo que, aparte de todo, no tuvo gran impacto en taquilla dentro de los Estados Unidos.

A mi eso me valía madres. Las revistas que consumía en esa época (especialmente esa joya editorial inglesa llamada Empire) mencionaban que un joven director americano, empleado hasta hacía poco en un video club, había logrado realizar una de las mejores películas de los últimos veinte años, una obra destinada a influenciar al género durante mucho, mucho tiempo. Y yo estaba más que dispuesto a creer el hype.

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ARCHIVO MUERTO: Titanic bajo otra óptica.

N. del T.: Mi cinismo para el cine (¡Por el poder de la aliteración!) no empezó con mis reseñas de Twilight (y secuelas) o Avatar. Creo que el primer escrito sobre el Séptimo Arte que llegué a hacer público es éste, dedicado a Titanic. Lo escribí para una sesión de Planeta Paulina, y luego anduvo circulando (en viles fotocopias) entre cuates y conocidos, al punto de que llegaron a contactarme de la revista Cine Premiere para preguntarme si me interesaba publicarlo. Claro, se me olvidó hablarles oportunamente, y cuando lo hice ya estaban cerrando la dichosa publicación. En fin, viene al caso para recordar cómo era el panorama fílmico antes de Avatar. Terminé el texto un par de días después de que se anunciaron las nominaciones al Oscar en 1998, así que ya llovió. El texto no está actualizado, excepto en lo que respecta al casting masculino de la película de Barbra Streisand, pues el gag dependía de hacer notoria la diferencia de edad con sus coestelares. Y claro, dejé a los muertitos (Brando, Montalbán) dentro del texto, como homenaje pitero. Bueno, es sólo para que vean lo poco que he evolucionado como escritor de idioteces. ¡Disfrútenlo! ¡Es una orden!

25 de febrero de 1998

Seguramente ya vieron Titanic. Si no lo han hecho, espero que la salida del coma no haya sido demasiado traumática. Hoy es considerada la obra maestra del genio de la ciencia ficción, James Cameron, otrora especializado en explosivos filmes inspirados por la figura musculosa de un Arnold Schwarszsgggjennrehghter armado hasta los dientes, sin duda también musculosos. Titanic ha pasado ya de ser “un churro estilo Waterworld” (predicción de la  crítica) a ser “un churro estilo Waterworld que va a romper todos los récords de taquilla del mundo, para siempre”. Si hay mujeres leyendo esto, seguramente ya están averiguando dónde vivo para mandarme una sobre lleno de popó. Aclaro, pues, que lo último es una apreciación personal. La mayoría de los críticos se aprestan ya a declarar a Titanic como la más grande obra cinematográfica de la historia, debido a su inminente avance sobre las cifras establecidas por Star Wars y a un costo de producción de 260 millones de dólares. Es como si el Ciudadano Kane jamás hubiera existido. Pero volvamos a la razón de mi descontento…

Realmente no considero a Titanic como un churro. Creo que tiene méritos indiscutibles e incomparables a la mayoría de las obras que disputarán los premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas. Para empezar, sale Kate Winslet en pelotas, y eso tiene mucho valor artístico. Pero resulta un poco desconsolador el hecho de que la avalancha de nominaciones sean vertidas sobre un filme cuyo guión no va más allá de una simple historia de amor e interés: Rose, la chica bella (Kate Winslet, que sale en pelotas) va a casarse con el hipermillonario desconsiderado Cal (Billy Zane), pero conoce al pobretón aventurero Jack (Leonardo DiCaprio) y decide intercambiar una vida de obscena riqueza al lado del primero por el amor puro y verdadero que le ofrece el segundo. O sea, igual que en la vida de cualquiera de nosotros, sólo que este triángulo se está yendo a pique (literalmente) en las frías aguas del Atlántico Norte. Además de que ninguna de nuestras novias se parece a Kate Winslet.

Kate Winslet en pelotas. Este es un blog naco, pero decente.

Esta trama difícilmente podría considerarse como el motor de la película más grande de la historia. Es un aspecto de debilidad, pensando que Titanic es grandiosidad absoluta: la réplica del barco construída en Rosarito, que mide el 90% del original; La banda sonora que sigue anclada en primer lugar mundial, con millones de copias, pese a que el tema principal es interpretado por Céline Dion (otro producto netamente comercial); La histeria colectiva de millones de impacientes estadounidenses que han llenado órdenes de envío anticipadas para el videocassette, una vez que salga la venta (posiblemente hasta fines del 98, para aprovechar las compras navideñas); En fin, sólo falta que algún emprendedor inteligente inunde las jugueterías con figuras de acción. Imagínense los anuncios de TV durante la barra infantil: “¡Jack, se pone azul y se hunde rápidamente al contacto con el agua! -El estuche con bocetos de mujeres desnudas se vende por separado- ¡Rose, se pone en pelotas! – El carísimo collar de diamante se vende por separado-“. Las posibilidades son infinitas. Sigue leyendo