PAULINAZO RELOADED: Mutaciones Textuales

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N. del T.: Ya les he platicado en otras ocasiones del grupo literario del Planeta Paulina. Hemos decidido revivir la tradición de nuestras reuniones (Paulinazos) y de proponernos nuevos ejercicios para desoxidar la pluma (¿teclado?). Aquí subiré periódicamente los resultados de dichas experiencias.

En esta ocasión, la “tarea” que nos dejamos hacer consistía en iniciar un texto en un género específico y “transformarlo” en otra cosa durante su avance, intentando hacerlo de una forma sutil y ágil sin romper la narrativa.

La idea da para muchas posibilidades: crítica de arte que muta en poesía, cuento corto de terror que se vuelve guión de un sitcom, receta de cocina que acaba en ensayo politico… en fin, es para divertirse un rato y para explorar transiciones. Aquí van dos ejemplos. El primero es el mío, una misiva de aplicación para un trabajo que se vuelve crónica deportiva, con la peculiaridad de que el inepto autor muestra una creciente erudición (llena de clichés, eso sí) al entrar a su “zona de confort”. Y en segundo término leerán a mi admirado Paco López, quien inicia con poesía erótica de altos vuelos y opta por degradarla en un vulgar pitch entre realizadores pretenciosos.

Esperamos sus comentarios. La propina es voluntaria. Comencemos con: Sigue leyendo

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ARCHIVO MUERTO: Hormigas

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Notiux del Editiux: Uno de los pequeños placeres al escribir es tomar una premisa entretenida y vaga, para seguirla durante un desarrollo incierto, sin saber nunca cuándo o en qué terminará. Yo e intentado varias veces este ejercicio, pero el único cuyo resultado final me ha dejado satisfecho es el de este, preparado para las sesiones del Planeta Paulina, basado en una historia de Will Self, uno de mis autores preferidos. A él seguro le quedó más bonita su reflexión sobre la cuestionable condición de los “todopoderosos”, pero creo que yo me divertí más.

20 de junio  de 2000

Hormigas

“El gran éxito de la mayoría de las religiones es

hacernos creer que existe un hombre invisible.”

– George Carlin

Hoy el día ha estado bastante tranquilo. 18’248,590 personas se despertaron por la mañana, pero a propósito hice que 982,227 lo hicieran más tarde que de costumbre, haciéndoles perder minutos valiosos para llegar al metro o tomar el metro, y para checar tarjeta o llegar a la escuela. Curiosamente esa fue la gota que derramó el vaso en algunos de los casos (689 para ser exactos), y fueron despedidos por sus jefes. Creo que el hecho de haber determinado que el 20% de los jefes no durmieran completas sus horas acostumbradas tuvo algo que ver en esto, pero nunca podemos desestimar la volatilidad del ser humano. Y yo menos que nadie.

El hecho de levantarse tarde también generó tráfico inusual en horas avanzadas. De las 8 y media a alrededor de las 10 hubo más trayectos vehiculares que de costumbre, por lo que se generaron 62 toneladas adicionales de desechos tóxicos en forma de partículas suspendidas y emisiones contaminantes. Esto sumó 18,228 casos de enfermedades respiratorias, lo que puso a trabajar horas extra a un grupo de 42 empleados farmacéuticos. En su caso particular, parece que el jefe (quien no había dormido bien la noche anterior) tuvo un error de juicio y destinó un contingente especial de empleados a laborar un turno extra en la distribución adicional de antihistamínicos, antigripales y antibióticos.  Aqui sucederá algo curioso: una madre cuyo recién nacido tardó más en despertarse por la mañana de hoy se asustará mucho,  y acudirá con el niño en brazos a una clínica cercana. El médico de guardia (quien tampocó durmió muy bien, que digamos), asociará el malestar del infante con el exceso de contaminantes presentes en el aire durante el día, y aprovechando el envío suplementario de medicamentos que los laboratorios anticiparon ante la posible demanda, recetará uno de estos antihistamínicos al niño. Ese niño no despertará el día de mañana, ni nunca más. El doctor, en su somnolencia, olvidó preguntarle a la madre sobre posibles antecedentes alérgicos en la familia.

La noche siempre se complica. En cuanto se pone el sol, será otro el que tome las riendas de lo que pasa aquí. A veces manda que un número muy elevado (hasta un 50% en ciertas ocasiones) se vaya a dormir un par de horas más tarde que de costumbre. Eso sucedió precisamente ayer, aunque sólo fue un 10% el total de los que se desvelaron. ¿Cómo iba yo a saber que fueran tantos? Si lo hubiese sabido antes, a lo mejor hubiera hecho que sólo 131,114 se levantaran tarde. Pero las cosas suceden por algo.

Al menos compensé un poco lo sucedido cuando decidí que 11,994 decidieran no comprar el periódico el día de hoy. Cierto, esto provocó que 31 voceadores no alcanzaran sus cuotas de venta mínima diaria, pero sólo 4 de ellos no llevarán dinero suficiente a casa esta noche. Y por otro lado, 1,401 de los que no compraron periódico hoy entablaron conversaciones con perfectos extraños. 204 romances florecieron, y aunque 29 de ellos terminarán con matrimonios establecidos, sólo 9 de dichos matrimonios podían considerarse como “matrimonios felices”. Curiosamente, esos 204 romances producirán 7 niños y 2 niñas dentro de 9 meses. Uno de los niños no sobrevivirá el parto. Tampoco lo hará una de las madres, pero no la de ese niño en particular.

No es fácil llevar la cuenta de todos. No es fácil decidir quiénes van a hacer  algo distinto, y quienes sólo sufrirán las consecuencias de esos actos “aleatorios”. Pero nadie dijo que este trabajo fuera fácil. De hecho, creo que me puedo considerar afortunado de que me haya tocado aquí. Conocí a uno de los que maneja Luzón, y a la que lleva Johannesburgo también. Son capaces, pero creo que no lo suficiente para llevar esas dos ciudades en particular. No sé si haya alguien capacitado para una labor así, de hecho. Quizá Remo, pero no creo que le den otra oportunidad. Nadie le ha dado nunca una otra oportunidad desde lo de San Francisco. ¿Porqué dársela ahora?

Creo que será mejor descansar un rato. No sé que vaya a pasar en especial esta noche, pero mientras no sea una tromba, creo que estaremos bien. Yo, por mi parte, voy a generar un brevísimo apagón, no más de 3 minutos, en punto de las 6:17 A.M., provocando que un 18% de los despertadores eléctricos sin respaldo de batería suficiente no suenen a tiempo. Mis cálculos dicen que se levantarán tarde alrededor de 7,250 y más de la mitad de ellos saldrán de casa sin desayunar. Pero mis cálculos pueden fallar. Todo, de hecho, puede fallar en un momento dado.

ARCHIVO MUERTO: Cuatro Equis y Un Funeral

[Nota Del Ausente: Ante tanta pedrada y tanta amenaza en éste y otros blogs para que me quite de pretextos pendejos, me decidí a urgar en el baúl de los recuerdos para subir algo de material inédito (al menos en la red o en editorial). Me encontré este texto que elaboramos como uno de nuestros acostumbrados ejercicios onanistas de Planeta Paulina: generar una frase al azar (en este caso “Una, y otra, y otra, y otra vez, parecía no cansarse jamás”) e incluirla tres veces en un texto. No recuerdo el propósito del ejercicio, pero sí que, una vez más, acabé escribiendo algo relacionado con la pornografía. Me alarma un poco que una porción tan significativa de mi producción gire en torno a este tema, pero podría ser peor… creo. En fin, en esta ocasión me entretuvo un tema que acostumbro discutir con los cuates “¿Cómo sería el cine clasificación Cuatro Equis?”, aunado con mi pronóstico acerca de que eventualmente el cine de Hollywood entrará en simbiosis irreversible con la industria de San Fernando Valley para que el porno se haga cien por ciento mainstream. Y el futuro, otro tema entretenido. En fin, espero que pasen un rato bien groovy. ¡Ah, saludos al Kieffer, que me recordó la existencia de este texto!]

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30 de marzo de 2021

“Cuatro Equis y Un Funeral”

por Dick Fitzwell, en exclusiva para Daily Variety

De él solía decirse todo, y a menudo era verdad. Cuando tomaba el escenario con su vorágine de entusiasmo y humanidad, uno no podía hacer menos que conmoverse. Su enorme presencia escénica, nunca adulterada por las nuevas tecnologías; su aproximación casual a ese difícil arte que le dio tantos triunfos y, por sobre todas las cosas, el hecho de ser el último representante de una era hoy extinta. “Una y otra, y otra, y otra vez, parecía no cansarse jamás”, asevera el director Andrew Zane, al rememorar la capacidad de este monstruo sagrado de la pantalla para dar lo mejor de sí ante las cámaras, siempre incansable. Esta frase, repetida hasta el cansancio, bien podría servir como epitafio a la leyenda que fue el incansable e irrepetible Stanley Drill.

Hoy, una era llega a su fin. El mundo del cine se viste de luto. Un legendario exponente del séptimo arte ha desaparecido, marcando un hito dentro del género. Drill, decano del cine adulto, falleció el día de ayer en San Fernando, California, víctima de complicaciones derivadas de una infección contraída en una de sus últimas películas. El actor, quien contaba con 45 años al momento de su deceso, deja tras de sí una estela de memorables actuaciones en clásicos como Shaving Ryan’s Privates, Good Will Humping, Wet Dreams Make Cum y la memorabilísima Shakespeare In Lust II: Interracial Teenage Bukkake Sluts From Hell, que le valió un anheladísimo y controvertido premio de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas como mejor actor de reparto hace dos años. Pero su lamentable fallecimiento marca, además, la muerte del último actor porno de la “vieja escuela”. Drill conserva un lugar especial en el corazón de los aficionados al porno pues nunca sucumbió a la tentación de la tecnología, rehusando varias veces las ofertas de los estudios para financiar alargamientos quirúrgicos de pene, prótesis hidráulicas eréctiles e implantes de estimuladores prostáticos, innovaciones que hoy son la norma estándar en el género, junto con los senos con acción de bombeo, las vaginas autolubricantes y el Semeneon™ (“la eyaculación que brilla en la oscuridad”). No, Stanley Drill conservó la pureza de su arte hasta el final, autodenominándose “El Ultimo de los Grandes Románticos del Porno”, y labrando una carrera comprometida con la época de oro del cine XXX.

La historia de Stanley Drill comienza el 3 de marzo de 1974, en Amarillo, Texas. El noveno hijo del matrimonio entre Billy Earl Stanley (granjero) y Billie Sue Hamilton (estilista), fue bautizado como Billy Joe H. Stanley. Su más temprana edad estuvo marcada por la inquietud de perseguir al sexo opuesto, sin descanso. Billie Sue recuerda como su hijo aprendió a gatear con mayor prontitud que el resto de su prole:
“Billy Joe se movía de un lado a otro en un abrir y cerrar de ojos. Era el más inquieto de todos, más aún que Billy Jeff y Billlie May, los gemelos. Ni siquiera cuando nació Billy Bill, un año después, pasamos tanto tiempo vigilándolo como a Billy Joe,” rememora su madre, enjugando una lágrima discretamente. “Yo decía ‘¡Mi Dios! ¡Gatea tras de las piernas de sus hermanas una, y otra, y otra, y otra vez!’ Parecía no cansarse jamás.”
El gusto por las piernas femeninas señaló desde entonces la libido exaltada del pequeño Billy Joe. A raíz de las frecuentes quejas de los maestros de escuela, quienes objetaban el insistente acoso del pequeño a sus compañeritas de clase, el adusto Billy Earl decidió llevar a su vástago a trabajar al campo, para forjarlo en un hombre de bien a la usanza de los Stanley, alejándolo de las niñas de su edad (en las aulas) y de sus hermanas (en la casa). Sin embargo, la pasión que desbordaba el niño se tradujo en su iniciación sexual con gallinas, ovejas, potrancas y otros animales propios de las bucólicas granjas tejanas, a la tierna edad de 9 años. Había nacido una estrella.

Se puede argumentar que el primer espectador de Stanley Drill como astro porno fue su propio padre, quien lo descubrió copulando ferozmente con una gallina en el granero familiar en 1987. El tradicionalista Billy Earl fue, sin embargo, su más duro crítico, propinándole una severa paliza al precoz mozalbete, quien poco después optó por huir de casa, buscando fortuna lejos de la tierra que le vió nacer. Llegamos entonces a un oscuro periodo en la vida de Billy Joe Stanley, quien nunca reveló abiertamente sus actividades durante los años subsecuentes, pero de quien se sospecha mantuvo frecuente contacto con el sexo opuesto, a juzgar por las más de 300 demandas de paternidad pendientes de autentificación en seis estados de la Unión Americana.

Billy Joe emerge nuevamente a la luz pública en San Fernando, California, como asistente de producción en una modesta película del director Harry Pitts, Amateur Blowers Vol. XVII. Corría el año de 1994. Una de las actrices de reparto, la grácil Debbie Lynn, conoció a Billy Joe en una cafetería de Van Nuys, y tras una tórrida relación sentimental le convenció de viajar con ella a la meca del cine adulto. El director Pitts, veterano juez de talento nóbel, descubrió al joven Stanley con otra de las actrices de la producción, la bellísima Felicia Fellatio, al entrar en un baño que creía desocupado. Billy y Felicia se encontraban uncidos en un cuadro memorable de sexo desenfrenado sobre el lavamanos. Pitts tuvo una epifanía (acompañada de una erección), y no dudó en firmar al joven tejano para un papel de apoyo en su siguiente producción, Motel Molesters. Al analizar las enormes dimensiones del miembro viril de Billy Joe, y considerando su estilo incansable para “taladrar” a sus coestrellas, el nombre de Stanley Drill nació espontáneamente, y junto con él una de las más prolíficas estrellas del cine adulto.

Stanley Drill se convirtió pronto en sinónimo de calidad. Su estilo desenfadado y casual, aunado a un marcado acento del sur de texas, le convirtió pronto en un favorito de directores y coestrellas, quienes apreciaban tanto la honestidad que reflejaba en sus interpretaciones como su habilidad para mantener una erección durante tres horas al hilo. No sólo eso, después de cada clímax Stanley estaba en condiciones de tener sexo nuevamente al cabo de cinco minutos (recuerden que estamos hablando de la época pre-Viagra). Su coestrella en Spermless in Seattle, Melissa Mellons, le apodó “El Conejo Energizer del Porno”. Pero su modestia natural le impedía disfrutar de la adulación de sus compañeros de profesión. Drill siempre quiso agradar al público por encima de todo, y el reconocimiento de la industria fílmica le distraía de tan noble labor.

Drill siguió amasando éxitos y reconocimientos a lo largo de su fructífera trayectoria. Pronto se le empezó a reconocer como un sobreviviente: la revolución tecnológica en el porno del siglo XXI comenzó a implementar modificaciones que siempre se mostró renuente a aceptar. Drill nunca apreció la cirugía cosmética ni los medicamentos para estimulación eréctil, considerándolos como una forma de “engañar al público”, al querido público que le había seguido como el ícono masculino más reconocido en el cine XXX y XXXX. No debemos olvidar tampoco que fue el mismo Drill quien ayudó a definir esta última denominación, que distinguió la pornografía tradicional de la nueva pornografía avant garde, con su enorme variedad de implementos científicos, retoque digital de imágenes y control de cámaras a nivel de usuario (posible gracias al advenimiento del hoy extinto formato DVD, a finales del siglo pasado). Así, mientras el cine XXXX floreció con los talentos de una Bella Balloons (poseedora de los primeros senos neumáticos de dimensiones ajustables), de un Will Fockya (quien se hizo instalar un pistón hidráulico en el pene para la película Robocock en 2010) y del gran Peter O’Mule (primer transplante sin rechazo de un órgano genital equino en 2011), el cine XXX conservó su nicho tradicional en el gusto del público gracias a las labores como actor, director, productor y guionista del dedicado Stanley Drill, quien pronto añadió a su lista de sobrenombres el de “El Orson Welles del Porno”.

Esa convicción por adoptar “el retro” como un modus vivendi le ganó el respeto de propios y extraños, a tal grado que pasó a la historia como el primer actor porno en ganar el Oscar, en 2017, interpretando a un excitado Will Shakespeare en la antes mencionada Shakespeare in Lust II. De hecho se atribuye la apertura de la Academia al cine adulto a la convincente labor histriónica de Drill, al punto de que hoy contamos incluso con actores, directores y productores Hollywoodenses incursionando en terrenos porno, como son los recientes casos del primer actor Leonardo DiCaprio en Backdoor Bi-Curious’ Back (Vivid/Paramount), Anna Paquin y Matt Damon en When Bill Met Monica: The Bill Clinton Story (Universal/BangBros) e incluso el regreso estelar de McCawley Caulkin en Homo Alone (Disney/Touchstone).

Resulta penoso que después de haber sobrevivido a la nueva tecnología, a la invasión del porno por parte de actores “legítimos” y a las epidemias de sida (1998), herpes (2002), sida (2006), chancro blando (2009) y hemorroides (2014) que asolaron al género, haya sido una infección cutánea mal tratada la que llevó a la tumba al infatigable Stanley Drill. Fue en el reciente rodaje del filme biográfico Original Recipe: The Secret Ingredient is Jizz!, donde Drill interpretó al legendario Coronel Sanders de Kentucky, bajo la experta batuta del actor-director Jim Carrey, cuando se cree que el veterano contrajo la herida que a la larga le llevó a la tumba. En una de las escenas más dramáticas, la última del rodaje, el Coronel Sanders le indica a las sensuales cocineras de su mansión (Zelma Affleck-Hayek y Ava Gina) la manera de “aderezar” un pollo antes de meterlo al horno. Al parecer el pollo deshuesado que Drill debía penetrar (antes de culminar con un menàge a trois en compañía de sus compañeras de escena) alojaba en su interior una astilla de hueso. La filmación se detuvo cuando Drill gritó de dolor y extrajo del pollo recién penetrado su legendario miembro convertido en una masa palpitante y sanguinolenta. Los primeros auxilios fueron administrados con prontitud, pero en ese instante llegó el error fatal. Drill, profesional hasta el fin, optó por proseguir con la escena antes de que la herida cicatrizara satisfactoriamente, sin siquiera procurar una inyección de antibióticos por parte de los paramédicos presentes en el estudio. Claro, quizá hubiera resultado un gesto inútil pues dichos paramédicos eran en realidad actores audicionando para la película Dial 69-11: Emergency Orgasmic Services, pero aún así queda el preguntarnos si el desenlace funesto pudo evitarse.

Ni los ruegos del director ni el dolor evidente pudieron impedir que Stanley esperara a estar en condiciones de filmar sin poner en riesgo su vida. El trío fue filmado sin más preámbulos, y Drill se retiró a su camerino, entre aplausos y lágrimas del conmovido staff de filmación. Seis días después, el astro yacía en coma en una clínica local, víctima de la virulenta infección complicada con salmonelosis que había invadido su cuerpo. Tres horas pasada la medianoche del 28 de marzo, el legendario Stanley Drill fue declarado clínicamente muerto. Irónicamente, su escena final fue una versión modernizada de aquél incidente en la granja que le vió nacer como performer del porno en sus años mozos.

Miles de fans rinden hoy tributo al despreocupado tejano que dio la vida por su arte, literal y figurativamente. El lobby del Graumann Chinese Theater, en la esquina de Hollywood y Vine Street en California, muestra hoy el féretro abierto de un revolucionario y prominente miembro del Séptimo Arte, y el mundo entero se despide de él en una cola que da varias vueltas a la clásica sala de cine. El futuro de Original Recipe… es aún incierto. Carrey afirma que lo menos que puede hacer es terminar de editar el filme, en un modesto homenaje al genio de la pantalla. Pero hoy no es momento de planear el futuro. Hoy es día de llorar, de mirar con nostalgia hacia un mundo perdido, donde los penes eran de carne y no de hueso; los senos desbordaban por obra del silicón, la solución salina o la simple grasa, y no por la prosaica válvula de aire; y las múltiples escenas de eyaculación se lograban por una práctica constante y una libido extraordinariamente natural, en vez de los chips que proporcionan leves descargas eléctricas a la vesícula seminal. Dicen que todo tiempo pasado fue mejor, y esto se hace más evidente al repasar la carrera de este ser humano ejemplar, quien era capaz de hacerlo una y otra, y otra, y otra vez. Parecía no cansarse jamás. Buen viaje, Stanley. Fade to black. Cue al “Tema de Amor de Dirty Debutantes #47: Illegal Coochies On Fire”. Roll credits.

Mentiras por cable

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Autor: niño Antonio Sempere
11 años, 3 meses, 14 días
Colegio Montessori del Pedregal
6o. de Primaria

“¿Quén pompó?/¿Quén pompó?/
¿Quén pompó chapatitos?/¿Quén pompó?”

– Chico Ché

Ese rollo de que los zapatos son de niños de la calle que se fueron al cielo que se lo crea su madre (o sea, mi abuela). No cabe duda de que hoy en día los papás te inventan cualquier estupidez con tal de salir del paso. La pregunta ni siquiera es tan difícil. Mejor, si no saben, que no inventen. Luego se extrañan de que los adolescentes vivan constantemente confundidos.

No esperaba una de esas respuestas poéticas. Mi curiosidad es genuina. ¿Quién los avienta ahí? Y lo que más ofende mi inteligencia de prospecto a la secundaria es que me crea lo de los niños de la calle. Sobran argumentos para refutar esa hipótesis absurda, fundamentada en una falsa caridad y en un temor mojigato a explicar todo mediante los dogmas religiosos.

Pero bueno, vamos a pensar que la respuesta de mi madre sea cierta y que cada par de zapatos pendiente de los cables de luz y/o teléfono simbolice, de hecho, a un niño de la calle que se haya ido al cielo.  Debemos suponer, por tanto, que dicho niño otrora propietario de los zapatos está muerto. Ahora bien, considerando que el Distrito Federal cuenta con 42 286*1 calles, y que podemos encontrar un par de zapatos colgando de un cable aproximadamente cada 25 calles*2 (siendo muy generosos en este último cálculo) concluimos que hay 1691 pares de zapatos pendientes de la redes telefónicas y de alumbrado en el DF. Esto equivale a la representación simbólica de 1691 almas de niños de la calle, y por lo mismo, de sus muertes. En resumen:

a) Los niños de la calle están cayendo muertos como moscas. Nadie hace nada.
b) La prensa se ha negado a reportar estos decesos masivos, posiblemente por amenazas y coerciones del gobierno capitalino.
c) Como es poco probable que todos los niños de la calle se vayan al cielo, deben haber decenas de signos ominosos que simbolizan la muerte de los niños malos de la calle, y estos han pasado desapercibidos.

¿Qué se puede inferir de los datos anteriores? Sólo que mi mamá es una señora mitómana, o proclive al consumo de bebidas alcohólicas, o malinformada por nuestra prensa tendenciosa, o presa de las enseñanzas religiosas de Nuestra Señora del Santo Calzado. A ver qué me dice cuando le pregunte cómo nacen los niños.

*1 Fuente: INEGI, SECOFI, Guía Roji 1983
*2 Fuente: Su papi

Finísimas Visitas: El Pollo

TOÑO dice: “OK, lectores de alcurnia, hoy vamos a intentar algo nuevo. A raíz de la creciente (e inexplicable) popularidad de este blog, hay dos disyuntivas: o le echo más ganas o pido refuerzos. Lo primero ni pensarlo. Así que démosle la bienvenida al primer invitado de (esperemos) muchos más. En estas páginas ya han encontrado algunos vestigios de lo que fue el grupo literario Planeta Paulina. Uno de sus fundadores nos honra con su visita, el siempre elegante y nunca bien ponderado Alfredo Dávila Monsiváis, mejor conocido en las páginas de sociales y en diversos giros negros como El Pollo. Le pedí cortar una florecita literaria de su jardín, en prenda de todas las veces que nos dejó colgados esperando sus muy prometidos textos en nuestras artísticas (y etílicas) reuniones. Y El Pollo no decepcionó, con una sesuda reflexión inspirada en su prolongada soltería. Que ustedes lo disfruten…”

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Cotizado Soltero Presenta: ¡Yo No Lavo Platos!

Por Alfredo Dávila Monsiváis

No comenzaré por decirles que ser soltero es el estado natural del hombre, ni tampoco decirles cuántos años de mi infancia me imaginé en mi departamento de soltero disfrutando de lo lindo las mieles de la vida, esto último me lo guardo para mí; de lo primero, creo que aunque sea un cliché, es algo valioso y que debemos de disfrutar mientras nos dure el gusto, ¿no?. Por lo demás, quiero empezar esta serie de entregas con algo a lo que todos los compañeros solteros nos enfrentamos: Tener que lavar la vajilla; claro, siempre cuando se cuente con una.

Lavar los platos es una tarea fastidiosa y amarga para el soltero solitario, ante la cual se abren una serie de posibilidades:
Usar platos y vasos desechables. Es un método eficaz pero poco ecológico, costoso y que genera un problema adicional: el tener que sacar la basura con más frecuencia
Alimentar a un amigo. Los gatos son un excelente animal de compañía que causa pocos perjuicios si exceptuamos la caída de pelo, los gritos que dan cuando están hambrientos y sus fastidiosos hábitos sexuales. Estos animales poseen una lengua rasposa y áspera que deja los platos relucientes y completamente secos: la alternativa más ecológica a la máquina lavaplatos.
Dejar que los platos se amontonen en el fregadero. Lo mejor es tener un fregadero grande y que soporte grandes pesos. Si el tuyo requiere de refuerzos, no lo pienses más y llama a tu arquitecto de cabecera.
Sustitución de la vajilla. A menudo ignoramos la estupidez de las costumbres que nuestra sociedad nos impone: culturas como la musulmana prescinden totalmente del tenedor, por ejemplo. Esto facilita las tareas de limpieza y supone un considerable ahorro en agua y detergentes.
Supresión de los platos. Ya nos hemos desecho de la limpieza de cubiertos. Ahora podemos prescindir tambien de los platos. ¿Cómo? Pues muy sencillo: arrojando la comida directamente sobre la mesa. Los más escrupulosos pueden desinfectarla con alcohol o acetona después del postre, o bien comprarse otra mesa cada determinado periodo de tiempo.
Supresión de sartenes y cacerolas. He aquí la parte más complicada. Es prácticamente imposible deshacerse de estos instrumentos, pues sin ellos es casi imposible cocinar. Sin embargo, una cubeta de metal puede muy bien cubrir las funciones de una olla y, además, puede guardarse en un sitio fresco y seco hasta nuevo uso. La sartén es menos prescindible. Es, por así decirlo, el objeto leitmotive del soltero. De hecho, una soltería digna se forja a sartenazos. Bueno, exageré un poco, no es tan grave. Sin embargo, se puede usar cualquier otro objeto que sustituya el sartén, como por ejemplo: señal de tránsito, charola metálica empleada en los bares, tapa de lavadora, etcétera. La creatividad que tiende a crecer en la soltería, nos asombra en la mayoría de las veces.

Ningún plato resultó dañado durante la redacción de esta obra; cualquier parecido con el mundo real es verdadero. Si deseas compartir tus historias de soltería, contacta a: davilamonsivais@hotmail.com

¡Los novios a la pista!

"¿No escuchaste, GUEY? ¡A la pista!"

"¿No escuchaste, GUEY? ¡A la pista!"

NOTA DEL TOÑO: Hace poco más de 10 años, a tan sólo unos meses de contraer nupcias, se sucedió una vorágine de bodas (casi todas planeadas) entre mis familiares y amigos. Me receté como 22 bodas en un lapso de 6 meses. Sobra decir que la gran mayoría de los festejados no recibieron más regalo de mi parte que un abrazo después de partir el pastel, pero eso les pasa por casarse todos en tropel. Pero me desvío… el hecho es que escribí la reflexión siguiente para una sesión del Planeta Paulina, y después me pidieron una versión más light para una revista de novias (no recuerdo porqué no accedí, pero probablemente fue por huevón y/o olvidadizo). Las referencias musicales, al menos, les traerán muchos recuerdos a los que las pesquen.
Y este texto está dedicadísimo al Chatis Barraza, quien se divirtió como nadie en cuanta boda se presentó. Hasta en la suya. ¡Salve, Chatis!

2 de julio de 1998

Canciones de boda.

“Háganle una rueda a Juana
porque ya empezó a bailar”
Juana La Cubana

“Seguro este güey escribió esta pendejada porque se casó hace poco”.

A sabiendas de que alguien seguramente pensó lo anterior al leer el título de esta obra, no puedo más que exclamar una palabra que ha caído en desuso, pero que es harto (también en desuso) descriptiva de mi sentir hacia esa muda observación: ¡Pamplinas! Dicho sea lo anterior con cara de indignación y nervioso agitar de un puño cerrado en dirección al bribón (otra más) que cree que el ensayo sobre temas musicales presentes en festejos nupciales sólo es digno de tratamiento tras los esponsales del autor mismo. Después de esta nostálgica diatriba verbal con expletivos de principios de siglo, prosigo. Ya habrá espacio para involucrar granuja, cataplasma, tunante, retortijón, bellaco y chotis (que no Chatis) más adelante…

El fenómeno de la canción de boda está lejos de la frivolidad y de la intrascendencia. Por el contrario, es digno de análisis y disertación sociológica, política y cultural. ¿Dónde más se toman de la cintura los Pérez, los Yazbeck, los Iturrigaray, los Goldstein, los Sánchez de la Barquera y los Garza en una desenfadada linea de conga? La canción de boda es unión de cuerpos y almas, bamboleo lúdico y cadencioso en el marco trepidante de la pista de baile. Y si bien no falta el granuja (por lo general miembro del clan López o Rodríguez) que se aprovecha del momento para pellizcar el bien formado glúteo de una Limantour, el festejo suele proceder en impecable armonía, al son amalgamado de múltiples géneros musicales.

"¡EA, EA, EA!

"¡EA, EA, EA!

Pero a fin de cuentas, el ambiente proviene de una sola fuente, única e insustituíble. Y es aquí donde la canción de boda cobra su valor. El tema musical que pudo o no pasar desapercibido por el radio o el mercado disquero, se vuelve una herramiente infalible para que todos, incluyendo los negados para el baile, muevan sus cuerpos en una curiosa ceremonia en honor de la felicidad causada por el enlace matrimonial (o quizá para olvidar que el evento mismo acaba de ocurrir). Tan grande es el fenómeno de la canción de boda que ha trascendido el ámbito nupcial en sí, y es elemento omnipresente en graduaciones, XV años, fiestas de año nuevo y demás jolgorios donde se reúnan familias y amigos, se libe en proporciones JoséJoséscas y se cuente con una banda de músicos o amenizadores dispuestos a hacer toda clase de ridículos con tal de que los presentes pasen un buen rato. He aquí pues, sin más preámbulos:

El Decálogo de la Canción de Boda

1. Amarás al Norte sobre todas las cosas. Aquí es obligado abrir un pequeño paréntesis para reconocer que toda la vorágine de grupos norteños aprobados por la Sociedad Dancística del Bodorrio tuvo como parteaguas a Bronco. Así es, la música grupera ganó un nicho ineludible en bodas de alta y baja sociedad, en el momento que algún idiota decidió que podía disfrazar su ineptitud para bailar tangos, valses y danzones con sólo calzarse un sombrero norteño, pretendiendo que el caminar con las piernas combadas hacia afuera eran atribuibles a las que rozaduras por andar a caballo (y no a haberse recetado ocho vasos de Bacachá Blanco con Coca). Éxitos como “Sergio el Bailador” y “Que no quede huella” fueron la forma ideal de garantizar que al menos una veintena de comensales dejasen de espurgar la “crema de sobras de otro banquete” en cuanto sonaban los familiares acordes. Pronto todo el mundo invadió la pista, coreando las letras escritas por el hercúleo Lupe Esparza. Esto es por demás curioso, pues la mayoría de los elegantes señores de sociedad que disfrutan de la onda grupera en eventos sociales son incapaces, aun bajo juramento, de reconocer que les gusta el mencionado grupo una vez fuera del ámbito de la fiesta. Sobran motivos para sospechar que en lo más profundo de la caja de compact discs del BMW, reside una maltratada copia de “El Sheriff de Chocolate”. Y pregúntenles si le darían aventón a un tipo vestido como Lupe Esparza.

2. No mencionarás el nombre de María en vano. O sea que siempre debe ir precedido de “Un, dos, tres, un pasito pa’lante….” y acompañado de la coreografía adecuada. O de la referencia a cualquiera de las Marías que Talía inmortalizó en telenovela y en tema musical.

3. Santificarás a Selena. El popurrí de la Reina del Tex-Mex no puede faltar en ningun evento celebratorio para baile y orquesta. Si quieres presenciar milagros, fíjate como la carrera de cualquier artista recientemente fallecido resurge con renovados bríos en un pequeño collage musical que repasa los éxitos “que le hicieron inmortal”. Bien lo saben quienes manejan el negocio musical: los muertos venden discos. En este caso, los muertos ponen a bailar a la gente.

bandablanca4. Los animales también serán sagrados. Sea El Venado, La Culebra, El Perrito, El Pollito (sólo o con papas) y hasta el Caracol (sólo o en sopa), el reino animal también se ve indignamente representado en la canción de boda. Las menciones a las mismas bestias suelen verse acompañadas de una coreografía imbécil que semeja su fisonomía. Por ejemplo, las manos extendidas a la altura de la frente representan la cornamenta de un venado. O frotar tu ingle contra la pierna de tu pareja de baile simula el Baile del Perro (hace mucho que no me invitan a una boda, así que a lo mejor me estoy confundiendo). La verdad estos gestos suelen representar más fielmente a un señor cuarentón que cree encajar en un círculo social haciendo mímica idiota al compás de la música, pero en fin, démosle chance.

5. Dejad que los niños se acerquen a mi… parafraseando a Michael Jackson. La increíble carencia de talento de Gatian… perdón, Tatiana, Yvonne e Yvette (Pituka y Petaka después de una magnífica cirugía plástica) y demás genios del entretenimiento infantil se perdona en el ambiente del festejo. El pinchísimo acervo musical de Timbiriche sobrevive colgado de un hilito de nostalgia (más resistente que una telaraña, por desgracia). Hasta “La Feria de Cepillín” hace su aparición de vez en cuando, con moderado éxito. Esto es atribuible a que la mayoría de los asistentes se encuentran tan alcoholizados que tendrían de por sí problemas para distinguir entre la Novena de Beethoven y la Novena a San Judas Tadeo a ritmo de guaracha. Un fenómeno curioso: ninguna canción de Chabelo se ha colado al panteón inmortal de las canciones de boda. Nada de “Adiós Superman”. Nada de “Mi Maestra Me Dio Un Beso a la Salida”. Nada de “Mamacita, ¿dónde está Santaclós?”. Mi hipótesis: lo último que está en la mente de los recién casados es la posibilidad, por distante que sea, de engendrar un niño que se parezca a Chabelo.

6. Honrarás a tu padre y a tu madre y a los demás ancianos presentes. Con el infalible popurri de Glenn Miller o, tristemente, rocanrol. Ojo, no me refiero al Rock & Roll, sino a su hispanizada forma donde Guzmán, Ibarra, Laboriel y demás maestros del refrito dejaron sello indeleble en la mente de nuestros progenitores y tíos vetarros. Olvídate, sin embargo, del foxtrot, de la polka y del chotís (pero no del Chatis). Los únicos parientes y amigos que podían interesarse por estos ritmos ya llevan más de medio siglo bajo tierra.

7. Cualquier baile coreografiado será éxito seguro. “Pajaritos a Volar”, “No Rompas Más/Payaso de Rodeo” y “La Macarena” guardan un secreto común. La gente adora los bailes estúpidos con coreografía homogeneizante. Si algún día vuelvo al negocio de poner música en fiestas, mi mayor ambición sería programar una fiesta completa donde todos las canciones tuvieran coreografía. En los viejos tiempos compuse, con todas las versiones que tenía a la mano, un Macarena-Mix de 29 minutos. Si reúno todo el material disponible de las canciones antes mencionadas y sus similares, creo poder lograr mi meta. Están cordialmente invitados. En fin, el éxito de estos temas es más que obvio: ¿No sabes bailar? ¡Memoriza la coreografía pendeja e intégrate! En el fondo es como un ritual pagano para celebrar la mediocridad colectiva.

8. Viajarás sin moverte de tu lugar. Si vuelvo a escuchar a un cantante de grupo musical gritar un entusiasta “¡Y ahora vámonos todos en un recorrido hasta… Eeeespañaaaaa!” cuando empieza a sonar el pasodoble, voy a subir al estrado, tomaré su micrófono y con él le practicaré un examen de próstata in situ al muy tunante.

9. Cenarás con Sinatra. Justo cuando Ol’ Blue Eyes creía poder descansar en paz, su memoria sigue y seguirá siendo mancillada por un mediocre baladista entonando “New York, New York” y “I’ve Got You Under My Skin”, mientras invita a los papás de los novios a bailar “entre suegros”, aunque ambas familias se odien a muerte y el verse a las caras les provoque retortijones sólo curables con cataplasmas de mostaza. Este suele ser el momento de la fiesta que rompe el récord de sonrisitas forzadas. En fin, el pobre Sinatra no dormirá el sueño eterno hasta que se muera Bocelli, creo.

10. El souvenir hace inmortal a la canción. Si los animadores regalan silbatos durante “Disco Samba”, sombreros vaqueros con “El Tucanazo” o lentes oscuros en el popurri tropical (¡Los Joao todavía perciben regalías, AiShitYuNot!) se disfraza bastante lo patéticamente perdedor que resulta emocionarse al escuchar estos temas. Si eso es la herencia musical de tu generación y tu momento álgido de la velada, mejor retírate de la pista y embriágate hasta que te agarres a golpes con el hermano de la novia.

Para concluir, es preciso notar que ciertas canciones de boda, por populares que sean, deberían desaparecer de ciertas celebraciones por mero tacto y buen gusto. Rara vez se toma esto en cuenta, y el granuja manejador del grupo programa la interpretación de “Toma Chocolate, Paga Lo Que Debes” en la boda que ocasionó a la familia de la novia acogerse a los beneficios de El Barzón. O peor aún, tocan “Devórame Otra Vez” en una boda provocada porque el novio, en efecto, se devoró anticipadamente y más de una vez a la novia, dejándola con un bateador designado en el círculo de espera que abulta visiblemente su blanco vestido. ¿Pero quién tiene tiempo para buen gusto, tacto y comedimiento? Saca a relucir tu esmoquin rentado, raspa las suelas del zapato de charol y escápate una vez más, al mundo donde todos somos iguales, donde todos coreamos a Ricky Martin y a la Sonora de Margarita, donde el postre siempre es envinado y el alcohol siempre es gratis… y baila como Juana La Cubana, baila Morena, baila con tu sombra en la pared, baila con el silencio loco… bellaco…

Muerte Mortal: La Eterna Saga de Alex Peligro – Parte 1

Antes de mis desvaríos actuales… Antes de Conozca Más… Antes, de hecho, de Editorial Telerrisa, surgió Planeta Paulina. Este inocente (¡Ja!) grupo literario se convirtió en la alternativa semiletrada a tantas noches de cerveza y dominó, pero debo reconocer que me sirvió para adquirir de nueva cuenta el hábito de la escritura constante. Ojo, no digo de la escritura brillante. CONSTANTE, y ahí le dejamos. valiente

Como todo autor en ciernes, quise explorar  los recovecos más absurdos de mi bagaje literario. Lo que salió fue una amalgama de mi predilección por las novelas detectivescas y de espionaje (de John Le Carré a Raymond Chandler), el cine de acción de baja categoría, la literatura pulp y el mal gusto de siempre. Y así nació Alex Peligro: un extraño híbrido de mi buen amigo Alejandro Orozco (Alito iii), Johnny Bravo y Hugo Stiglitz en Tintorera. Un semidios, vamos. A petición de Joaquín Badajoz, otro queridísimo amigo que no tiene la culpa de apreciar esta clase de obras, iré subiendo al blog algunos de los pasajes de la epopeya conocida como Muerte Mortal. Aquí va la primera, titulada ¡Bésame, Tonta! Es de hace como 12 años, así que ténganle paciencia a las detalladas descripciones.

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Alex Peligro en…

¡Bésame, tonta!

“I woke up with a waitress
the way I always do
How was I to know
she was with the Russians too?”

– Warren Zevon,
Lawyers, Guns & Money

Athena miró lánguidamente hacia el balcón, donde las prístinas aguas del Mar Egeo lanzaban titubeantes reflejos al rostro adusto, circunspecto, devastadoramente atractivo. Ese rostro pertenecía al extraño caballero de la melena rubia y el pausado andar, propio de quien carga con la muerte a cuestas. La joven devoraba con los ojos la espalda apolínea, libre de espinillas y burdas vellosidades, pero plena de cicatrices de guerra: aquí, las huellas de los latigazos propinados por los esbirros del Gran Saipán durante la liberación de Estanislasestán; allá, las cuatro vetas rojizas producidas por las garras de una pantera embravecida en la agreste jungla de Burkina Faso; más abajo, la hendedura que dejó el puñal de la despechada Condesa Denegri durante aquella noche de aventura en Montecarlo; justo en medio de la espalda, hasta abajo, la rendija que… bueno, aquella no era una cicatriz. Era el punto donde los firmes glúteos del terrible Adonis dibujaban una graciosa sombra al borde de los calzoncillos, blancos e impolutos como la nieve, excepto por aquel ligerísimo filón color canela que dividía meridionalmente la cara interior de la prenda.

Pero Athena no podía ver esa pequeña imperfección, fruto de la ajetreada existencia furtiva de un héroe de leyenda, acostumbrado a montar caballos desencillados. Después de todo, como él mismo solía decir con su voz ronca, seductora: “Cuando la humanidad está en riesgo, lo último que pasa por mi mente es el cambiarme de trusas”. En efecto, esa íntima pieza de vestir le había acompañado en sus más grandes proezas, estirándose sus fibras con habitual eficiencia, cuando su dueño le exigía saltar entre azoteas de casuchas mediterráneas; o cuando recorrían, íntimamente ligados, las estepas siberianas a lomos de un veloz garañón, cuyo galope incesante fusionaba aún más a hombre y calzoncillo. Athena suspiraba, deseando estar hecha de algodón, banda elástica y contar con una práctica abertura frontal en forma de “Y”… cualquier cosa con tal de quedar aprisionada eternamente contra la hombría de aquel viril especimen, personificación pura de justicia y pasión.

Pero él no devolvía las miradas.

Absorto en la contemplación de la placentera bahía que se extendía ante el balcón de la posada, Alex Peligro parecía admirar la belleza del pueblecillo costero como cualquier otro turista. Pero quienes le conocían (tanto como puede llegar a conocerse a un misterioso vengador justiciero de nebulosos orígenes) sabían que este no era el caso. Sus penetrantes ojos azules, testigos de oleadas de muerte y desolación, saltaban de aquí para allá, pero no admirando las bellezas naturales del lugar, sino reconociendo el terreno en busca de algo sospechoso, algo fuera de lugar. Peligro no había llegado tan lejos dejando que las amenazas le hicieran presa mientras recolectaba memorias para su álbum fotográfico de la memoria visual. No, prefería pecar de precavido que ser un número más en la lista de decesos no identificados.

¿La cornisa de la iglesia local? Una vía de escape alterna en caso de que los hombres del corrupto alcalde Tinakos decidieran hacerle una visita inesperada en la habitación que compartía con Athena. ¿La joven que vadeaba en la playa, su núbil cuerpo desnudo de la cintura hacia arriba? Una posible vigía al tanto de sus movimientos, dando parte de los mismos a cualquier gavilla de asesinos. ¿La viejecita que arrastraba su decrépito cuerpo por los callejones aledaños al mercado? Quizá un francotirador habilmente disfrazado, ocultando un rifle de precisión VSS en la barra de pan. ¿La joven que vadeaba en la playa, su núbil cuerpo desnudo de la cintura hacia arriba? Posiblemente una damisela en apuros, a juzgar por la forma en que ajustaba su tanga de hilo dental una y otra vez, desalojando la molesta arena. ¿Los tres hombres de traje gris, camisa negra y corbata amarilla, que portaban sendas escopetas y avanzaban por la calle que llevaba a la posada, señalando su balcón? Seguramente inocentes y bienintencionados cazadores citadinos de palomas torcazas, buscando alguna presa. ¿La joven que vadeaba en la playa, su núbil cuerpo desnudo de la cintura hacia arriba? Soltera, quizá, a juzgar por la falta de compañía masculina que halagara sus firmes y enhiestos…

– ¿Alex?

El llamado de Athena distrajo brevemente a Alex Peligro de sus cautelosas deducciones. Girando suavemente sobre sus talones, la sombra del temido vengador se proyectó desde el umbral del balcón hacia la habitación. Con la puesta de sol ahora a  espaldas de su hombre, la ardiente griega intentaba distinguir los rasgos definitorios y el resto de las huellas de combate en la imponente figura. Sobresalía el cuadriculado abdomen, torneado a fuerza de usar una y otra vez un versátil artefacto traído de occidente, adquirido por el canal de ventas QVC por sólo $19.99 más gastos de envío, y que Alex guardaba celosamente en la modesta valija Samsonite que albergaba sus pertenencias, protegida esta última por sendos candados de combinación, cada uno de las cuales requería de la clave “007” para liberar sus contenidos. Los potentes pectorales, que semejaban dos losas de concreto forradas de carne humana, capaces de infundir terror en sus enemigos, pasión en las hembras y una extraña sensación de curiosidad erótica en aquellos hombres influenciados en sus etapas adolescentes por madres dominantes y padres abusivos. Alex sabía que los pectorales prominentes eran un arma más en su arsenal contra el enemigo, y por eso solía protegerlos al máximo con un delicado brassiere de encaje negro, según le había revelado a Athena hacía un par de días, cuando ella le había sorprendido vistiendo la prenda y mirándose en el espejo antes de tomar un merecido baño de burbujas con aceites esenciales. Y los poderosos brazos, gruesos como robles, tatuados con infernales imágenes que inspiraban terror en los adversarios más temibles: Una calavera con dos tibias entrecruzadas… Una serpiente enroscada en un sable de hoja curva… Un logotipo de los Raiders de Oakland… Un demonio emergiendo de un volcán en erupción… Taz, el demonio de Tasmania, mordiendo a Bugs Bunny… Un ancla aplastando un camión escolar… Estampas de horror, nada más que el horror producido por una vida de guerra sin cuartel.

El rostro de Peligro era… el rostro del peligro. La mueca de desdén permanentemente dibujada, indicador de que este hombre no era capaz de tomarse las cosas a la ligera. La nariz, achatada por mil y un combates mano a mano, frecuentemente sostenidos en inferioridad numérica. La frente, arrugada en un constante rictus de dolor, reflejo fiel de la tortura, del sufrimiento popular y de una alimentación abundante en especias exóticas y en carnes de ganado porcino y caprino, incluidas las menudencias y las grasas de difícil digestión. Y los penetrantes ojos azules. Ojos que doblegaban la voluntad del mal y aflojaban la virtud de las mujeres castas mediante un ligero aleteo de pestañas.

Había llegado el momento. Sí, el momento de amar.

Athena removió de súbito la tenue sábana que ocultaba su cuerpo frágil de doncella mediterránea. Su piel, bronceada y humedecida por el bochorno vespertino. Sus brazos, delicados y tersos como ramas de árbol joven. Sus piernas, largas, torneadas y velludas, como era costumbre en las mujeres isleñas. Sus pechos, firmes y pesados, e incluso algo deformados por la carencia de lencería con soporte adecuado, escasos en los pobremente surtidos comercios locales. Su sexo… ¡ah, su sexo!… recubierto de los rizados caireles que incluso invadían las caras interiores de sus sensuales muslos. Alex contemplaba absorto la desnuda figura de Athena, y sin mayores preámbulos saltó hacia la desvencijada cama, con el fin de hacerle suya de una vez por todas.

Los brazos rígidos de Peligro sostuvieran a Athena, y los labios de ambos se encontraron en un largo beso. El sabor de la boca de aquella griega dispuesta era de sal marina y jazmín en flor… de hojas de parra y aceite de oliva… de sandía, sándalo y salmonetes ahumados en madera de cedro. Alex llegó incluso a detectar algo de carnero frito y huevo de granja, también frito, producto quizá del desayuno de su amada. Las lenguas de los ardientes osculantes se abrieron paso entre labios y dientes, como guerrilleros abriendo brecha en la jungla con el machete desenvainado. La poderosa lengua de Alex, plena de músculos gracias a que su dueño le obligaba a rodar aspirinas por el suelo veinte minutos cada día,  doblegó de inmediato a la débil lengua de Athena. Esta se rindió en un pujido de placer, y se estrechó más contra el cuerpo de Alex. Podía sentir la rigidez en todo el cuerpo de su amado: en sus bíceps, en sus hombros, en su abdomen, en sus oblícuos… en sus muslos… en sus tobillos… parecía que algo estaba aún falto de rigidez… pero ¿qué era?

Alex levantó a Athena en vilo y la llevó cargando de la cama hacia el balcón. las últimas luces del sol que se ocultaba en el horizonte bañaron sus cuerpos semi desnudos. Athena podía ver que Alex lanzaba miradas, entre besos, en dirección a la playa, donde sólo quedaba una joven bañista jugueteando entre las olas. Ahora sí, al parecer la rigidez en el cuerpo de Alex era total. Athena sentía una porción del cuerpo de su amado creciendo, desarrollándose… curiosamente, aquella sensación de hinchazón aumentaba con cada nueva mirada de su amante hacia la playa. ¡Qué romántico! Evidentemente el hercúleo extranjero se excitaba mirando la puesta de sol y las olas que lamían las cálidas arenas en erótico vaivén.

La pasión engullía a la doncella. Estaba a punto de entregar el fruto de su virginal resguardo a aquel hombre que le profesaba un amor incondicional y puro, pidiendo sólo a cambio el abrigo de sus besos, la protección de su identidad, el ocultamiento de su modesto arsenal de armas y, ocasionalmente, un poco de pan para saciar su hambre. De vez en vez, Alex se atrevía incluso a solicitarle, con esa cautivadora mirada de luchador en defensa de los desafortunados, algo de jamón curtido, queso, fruta fresca y quizá una rebanada de tarta de higo, pero el prepararle estos detalles era sólo un ínfimo agradecimiento para con el libertador de los oprimidos. En rarísimas ocasiones se había atrevido a pedirle prestados unos cuantos billetes “para comprar armas y… eh… municiones… sí… tú sabes… para los… eh… rebeldes…”, según le había explicado tan claramente. Athena no vaciló en facilitarle una buena porción de sus ahorros, con tal de mantener contento al bastión de la libertad que ahora, en agradecimiento, iba a llevarla de la mano al pináculo del placer carnal. El beso, inocente al principio, era ya una vorágine de lenguas, labios, mordiscos y saliva. Las manos de Alex no podían detenerse, mientras exploraban con fervor cada curva, rincón y superficie cuadrada de la piel de Athena. Ambos ardían en deseo. La penumbra del ocaso se veía interrumpida tan sólo por unas cuantas estrellas en el firmamento, la tenue luz de un farol en la plaza principal y el delicado punto de luz roja que cubría el lado derecho del rostro de Alex. Extasiada, Athena preguntó:

– ¿Cómo te hiciste ese punto rojo en la cara, amado mío?

Alex suspendió de súbito las caricias, abrió desmesuradamente los ojos y giró instintivamente sobre sus talones. Una fracción de segundo después, el rostro de Athena desapareció en una explosión de sangre, materia cerebral y rizos azabache. Alex Peligro volteó en dirección a uno de los callejones del mercado para ver a una viejecita que le apuntaba con una barra de pan, equipada con mira láser. Reaccionó lanzándole una pesada maceta con geranios que descansaba sobre el barandal del balcón. La viejecita echó a correr, justo antes de que la maceta estallara en mil pedazos de mortal barro cocido. Alex escuchó un disparo de escopeta a sus espaldas. Giró sobre sus talones una vez más, mirando como la puerta destrozada de su habitación cedía ante la embestida de tres hombres de traje gris, camisa negra y corbata amarilla, que portaban sendas escopetas. ¿De dónde demonios habían salido? ¿Cómo le habían descubierto? Pero no había tiempo para hacerse preguntas inútiles. Los tres griegos levantaron sus armas una vez más, gritando extrañas admoniciones a voz en cuello. Alex se acuclilló a la velocidad de un rayo, tomó el cuerpo inerte de Athena y lo lanzó con una fuerza incontenible hacia sus agresores. Los tres emisarios del malvado Tinakos no lograron reponerse del sorpresivo contraataque. El cadáver de una joven doncella, solamente culpable de querer conocer el amor antes de morir, se estrelló contra ellos y les hizo rodar por los suelos. Alex dió un paso dentro de la habitación, tomó una modesta valija Samsonite de debajo de la cama y regresó al balcón con grandes trancos. Se puso de pie sobre el barandal que dominaba la calle principal y saltó al vacío.

La imponente figura de Alex Peligro, ataviada solamente con unos calzoncillos mayoritariamente blancos y empuñando su fiel Samsonite, aterrizó grácilmente sobre el toldo desplegable de la taberna, un par de pisos más abajo de su habitación en la posada. Rebotando sobre la manta semi elástica, saltó nuevamente por los aires y logró asirse con la mano libre de un farol en la plazoleta desierta. Se deslizó por el farol hasta posar los pies sobre el suelo empedrado, y echó a correr por la plaza en dirección a la playa. Una veintena de metros más tarde, sus pies se posaban en la pálida arena. Miró hacia atrás. Los hombres de Tinakos le miraban atónitos desde el balcón, maldiciéndole con el puño cerrado, pero sin duda reconociendo en sus adentros la talla del adversario y su pericia para evadir la muerte. Alex les dedicó una de sus más sardónicas sonrisas, con guarnición de dedo medio, y caminó rumbo al muelle donde le esperaba una vieja barca pesquera preparada de antemano para escapatorias súbitas.

Pero Peligro se detuvo una vez más. De las imponentes aguas del Mediterráneo emergió la figura de la joven que vadeaba en la playa, su núbil cuerpo desnudo de la cintura hacia arriba. Ella le miró divertida. Sus pechos firmes delataban que el sol era un bronceador inclemente en esta época del año, y sus pezones clamaban que el agua, al caer el sol, no era tan cálida como de costumbre. La joven se le acercó sonriente diciendo:

– ¡Hiiiii, handsome! I’ve noticed you around, peeping on me from your room at the inn… you naughty little boy, you…

La amazona extendió su delicada mano derecha, diciendo:

– Anyway, I’m Sue Helen, from Denver. And you are…?

Alex la miró con un dejo de misterio. Acercándose, le susurró al oido:

– Peligro… Alex Peligro. Bésame, tonta…

El temido emisario del bien besó ardientemente a la misteriosa mujer semidesnuda, quien farfullaba apenas unos gemidos de reclamo y comenzaba a forcejear para desprenderse de sus labios. Pero Alex, en un movimiento certero, le quebró el cuello arrebatándole la vida en un último beso mortal. El cuerpo exánime se desplomó marchito sobre las doradas arenas mediterráneas, una mirada incrédula tatuada en el rigor mortis del sorprendido rostro. Alex Peligro suspiró, dedicándole un último recuerdo, y reemprendió el andar hacia el muelle y la barcaza. Nada de cabos sueltos. Hora de partir.

México, Marzo ‘96

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¡Hoy cualquier imbécil tiene un blog!

¡Sí, no hay mejor prueba que éste!

Bueno, este espacio servirá para publicar algunos textos semi inéditos, tales como:

  • La era literario-cuaternaria conocida como “Planeta Paulina” (un club de letrados animales que decidieron bautizarse con el nombre idiota de una cantante más idiota)
  • Las viejas columnas de “AgüeBox” aparecidas en “Eres”, circa 2001. Son aportaciones extremadamente añejas pues la mayoría de las referencias a la cultura pop de la época han perdido vigencia, pero aún me llegan mails al respecto, así que imagino que queda aún alguien con interés por leerlas…
  • Las columnas de “Pan y Circo” y “Finísima Persona” publicadas en Conozca Más. Digo, prefiero ponerlas YO en la red a que me las sigan mandando por e-mail, mal copiadas de la revista y llenas de errores ortográficos. Admito ser bastante bruto, pero al menos me precio de tener una Hartografía razonable…
  • Los nuevos materiales para el Club Literario de Miami (nombre sujeto a cambio en breve), muchos de ellos con tintes más serios (por aquello de que estoy envejeciendo a pasos agigantados)…
  • Estupideces variadas de reciente manufactura.

Creo que no olvidé nada. Sean pacientes. Bienvenidos, etc.