Cerró sus ojitos Walkman

Pues sí, ya fue. No sé qué tanto se le va a extrañar ni si tendremos tiempo de hacerlo, porque la tecnología es muy cíclica en estas cuestiones. De pronto la nostalgia (poderosa y efectiva arma, según el genial Don Draper) hace que regresen aquellas cosas que alguna vez dejaron huella indeleble en nuestros gustos: Atari 2600, relojes calculadora, juegos Nintendo de bolsillo, tornamesas, audífonos aparatosos… nunca se van del todo, tan sólo entran en estado de hibernación por un rato y después regresan para ser consumidos por un nicho muy específico.

Pero, ¿y si no sucede así? No veo un escenario donde toda la nostalgia del mundo sea capaz de hacer que regresen los floppy de 5 1/4, los celulares tabique o el telégrafo. El modo de almacenar la información o su carácter práctico es lo que manda. Y en este caso, los cassettes que alimentaban al otrora avasallador Walkman han perdido prácticamente todo el terreno ante las grabaciones digitales.

Lo que resta del post será un largo “¡cuéntanos más, Abuelo Toño!”, así que sean pacientes. Es que sí me pegó duro el anuncio de que Sony ya no hará más Walkman. Es como si Nike mañana decide que ya no va a fabricar tenis o algo… simplemente no cuadra.
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Sin luz…

Quienes leen este blog o me siguen en Twitter estarán más que enterados de mis recurrentes problemas con ciertas dependencias y corporaciones, pero en particular con el servicio que provee de energía eléctrica a mi hogar y oficina. En un principio fue Luz y Fuerza del Centro (o Lucy Fuerza, como le he llamado desde hace mucho para ser consistente con mis múltiples idioteces). Ahora, es la Comisión Federal de Electricidad, (“empresa de clase mundial”, rezan sus anuncios), desde que el Presi Felipillo de Bolsillo decidió ejercer su poderío para disolver a una empresa inoperante y corrupta para sustituirla por otra que es nada más inoperante. O lo será hasta que tenga chance de corromperse, claro.

He pasado la mayor parte de mi existencia chilanga en las inmediaciones del pueblo de Tlalpan, concretamente en la colonia Toriello Guerra. Es muy bonita, muy tradicional y hogareña, o al menos lo era hasta que nuestros regentes perredistas se dedicaron a conceder usos de suelo como si se tratase de regalar tortas a sus acarreados. Ahora no hay un centímetro de banqueta sin ocuparse. Enjambres de motos repartidoras zurcan las otrora bucólicas calles a todo gas, poniendo en peligro a peatones y mascotas por igual. El ruido de los cláxons inicia su infernal coro desde las 7am (hay más de 39 escuelas en la zona)… pero sigue siendo mi colonia, así que me aguanto.

La bronca es que la zona entera tiene una reputación ancestral por experimentar problemas con la energía eléctrica. La luz se va, en promedio, de tres a cuatro veces por semana, con lapsos que oscilan entre una horita hasta un día entero. Y ahora que decidieron que los postes existentes tenían consistencia de mazapán sopeado en atole y que había que cambiarlos, los apagones se suceden con frecuencia aún más habitual. Triste caso.

Hace un par de semanas se me fue la luz otra vez. Marqué al 071. Me informaron que era una falla general en el área, y que las cuadrillas estaban trabajando en resolver el problema, como siempre responden cuando reporto un problema así. Los operadores son atentos, repiten el estribillo que debe estar grabado en piedra en varias paredes de su call-center y le recuerdan a uno que CFE es una empresa de clase mundial.

Pero la luz no regresó.

En efecto, tras verificar que no había luz en varias calles a la redonda, pensé que era uno de tantos apagones generales. Pero horas después ya había luz en la avenida. Y en las casas de mis vecinos. Pero en la mia no. En el ínter había llamado tres veces más (una por hora de apagón), pero la cantaleta de la falla general se repitió consistentemente. Nada más que al ver que yo era el único afectado, el tenor cambió drásticamente. Y decidí documentar todas las llamadas adicionales, registrando el nombre de la persona que me atendió y el tiempo de llamada, además de los detalles de la misma. He aquí una versión abreviada de la subsecuente tragicomedia:

Llamada 5: Me repiten que es un apagón general y que no me preocupe, que las cuadrillas trabajan 24 horas al día, los 365 días del año, para garantizar el mejor servicio y que no están autorizados a recibir ninguna clase de pago por sus servicios por parte de nosotros, los clientes.

Llamada 6: Insisto en que la falla no es general, que soy el único afectado y que me urge me informen cuándo puedo esperar reestablecimiento del servicio, pues tengo insulinas de mi hija en el refri y requiero de la energía eléctrica para conservarlas. “No le podemos decir cuándo se le va a atender…” Sigue leyendo

Lo que se escuchó en el examen profesional de Finísima Persona…

  • “Casi no llegamos a tiempo. Es que es bien difícil encontrar la entradita a la universidad, escondida como está detrás de tres cantinas, una tienda de licores, una gasolinera, una tapicería, un azulejero y dos hoteles de paso…”
  • “¿Te sobran boletos para el examen, güero?”
  • “¡Mira papá, en esta universidad ofrecen titularte en tres meses o tu pizza es gratis!”
  • “Lo que sí creo que es excesivo e insultante es dividir el área del público en zonas Gold, Preferente, Porra Rebel, Plateas, Familiares y Xodidaje…”
  • “¡No puede ser! ¿OTRO retén de seguridad?”
  • “Jamás había visto una tesis ‘para colorear’…”
  • “Qué elegante se vistió Toño para el examen. Lástima que haya elegido un traje de torero. Y de color rosa. Y dos tallas más chico de lo que sería apropiado para disimularle ‘el paquete’…”
  • “No, en serio, ¿quién le dedica una tesis a ‘el hombre más influyente de mi vida, mi modelo a seguir y un mexicano ejemplar: el diputado Julio César Godoy’?”
  • “Mmmmta… ya lo jodieron. Uno de los miembros del jurado es Diego Schoening.”
  • “Tesis no se escribe con ‘z’, ¿o estoy mal?” Sigue leyendo

Nuevo Podcast: Finísimos Filmes

Pues sí, mis muy queridos y finos amigos, estamos echando a andar un nuevo y ambicioso proyecto para todos aquellos aficionados al cine, ya sea visto en una sala comercial atiborrada de humanidad o en la intimidad de tu pantalla casera (o portátil).

Finísimos Filmes es una idea de Oliver Meneses (el famoso ShowBeast), quien se emplea a sí mismo como un aficionadazo al Séptimo Arte mediante una próspera empresa de marketing cinematográfico y que además ha sido jurado en festivales de cine, director de cortometrajes y recientemente autor publicado (¡Compren sus libros!). Para balancear tanta calidad, me injerté en el proyecto en el rol de audiente villamelón con ínfulas de crítico palomero y opiniones dudosas.

La idea de este podcast es la de repasar el Top 10 de la taquilla en México, comentar las noticias frescas del mundo de la pantalla y ponerte al tanto de estrenos en puerta. Y claro, como el cine escapa ya los confines de las películas convencionales, también añadiremos una buena dosis de especulación infundada, gracejadas diversas, malos chistes y peores valores de producción. ¡Porque ustedes lo merecen!

En fin, si quieren pasarse una horita bastante relajada con un podcast que al menos les aconsejará cómo gastar su dinerito la próxima vez que quieran ver una peli, Finísimos Filmes es para ustedes. ¡Sigan los links!

¡Haz ‘clic’ para obtener Finísimos Filmes en Podomatic!

Y si estás peleado con Steve Jobs y los sistemas establecidos, también puedes descargar directamente el archivo de MP3:

Finísimos Filmes #001 – Episodio Uno (33.6 Mb) en MobileMe