El Gran Divisor

Mil perdones por regresar así al blog, en serio. Generalmente me gusta volver de las ausencias prolongadas haciendo acopio de algo de la gracia que ustedes suelen buscar en este espacio. Desempolvo mis chistes más viejos para que pasen por nuevos, estructuro algunos comparativos chuscos con cuestiones pertinentes al momento actual, inserto referencias vigentes a la cultura pop, añado un par de fotos simpáticas, y ¡presto! Finísima Persona al instante.

Pero claro, no está el horno para bollos. No después de la jornada electoral del domingo. Quisiera encontrar mucho de lo risible que se ha vivido recientemente y darle mi interpretación propia, sólo que es difícil hacerlo en esta ocasión.

¿Y es que cómo pretender hacer reír a quienes tienen tantas ganas de amargura?

Nadie se murió el domingo 1 de julio. Bueno, uno que otro enfermo y ancianito sí, como es natural. Pero vivimos unas elecciones pacíficas, con “saldo blanco”, como le gusta reportar a los medios que embarran consistentemente de rojo sus espacios. Y aún así el aire huele a funeraria, a rastro, a escena del crimen. Gente sensata se vuelve hostil, desconfiada. Mira por encima de sus hombros, de soslayo, musitando insultos contra quienes le hicieron mal. En lo peyorativo llevan una larga frustración acumulada de no poder tener lo que quieren, cuando lo quieren, y eso les pesa. Pero es una amargura electiva. ¿Por qué?

Olvídense de leer mi opinión personal respecto al voto y a los candidatos en esta entrada. ¿Para qué? Ya tuvieron (tuvimos) suficiente con las campañas, que duraron eternos meses en algunos casos y hasta un sexenio y fracción en otros. No importan. ¿Saben la razón? Sigue leyendo

Manual de procedimientos para muertos famosos 2.0

Se nos adelantó Elizabeth Taylor (ODIO ese cliché…), y no es que no esperásemos dicho desenlace, pero la verdad yo pensé que hubiera tenido mayor resonancia a nivel mediático. ¿Será que con tanta fuente de información a la mano las noticias ya no pegan como antes? ¿O acaso se debe a que no había hecho nada relevante dentro de su profesión en un buen rato? No importa, fue de las enormes figuras de la pantalla en sus mejores años y eso le reconocemos.

La razón de este post, sin embargo, no tiene mucho que ver con Liz Taylor y su obra, sino más bien con la forma en que se reciben noticias de decesos en las redes sociales y el new media en general. El fenómeno de la muerte famosa ya había fincado bases muy claras cuando se murió el cuatito de Elizabeth hace casi dos años. Ya saben, aquél pedófilo que se sucidó por vía de cirugía cosmética. Pero hoy, gracias a los comentarios de muchos de ustedes, pude elaborar este breve manual de procedimientos para reaccionar ante la muerte de un famoso, que consta de los siguientes pasos:

  1. Diseminar el rumor del deceso, de inmediato. No importa si la noticia del muertito proviene de la BBC o del dudoso sitio Cheezmes-d-Ph4moss0zz.net, el chiste es que TÚ tienes que ser el primero en difundir esa información al mundo. No hay tiempo para reaccionar o editorializar, así que sueles escribir algo como “RIP Fulano de Tal” o “Murió Fulana de Tal“. Cuando mucho puedes permitirte un “OMG! Fulano de Tal se murió!“, pero cada letra que tengas que escribir reduce tus probabilidades de dar la primicia en tu timeline. Y claro, esto se pone muy jocoso cuando la riegas y “matas” a alguien por mero rumor, como pueden atestiguar Capulina, Chespirito, Chabelo, Clint Eastwood y otros “muertos virtuales”. Sigue leyendo

No las odio por ser bonitas…

“21 años, modelo/chef/abogada de patentes, adicta al Xbox 360 y a los cómics, ninfómana bisexual, coleccionista de motocicletas, me fascina complacer oralmente a mi novio mientras él ve el fútbol en la tele LCD de 60 pulgadas en mi depa de Polanco…”

¿Les suena familiar? Perfiles como el anterior, con ciertas variaciones, pueblan infinidad de cuentas en Facebook, Twitter, MySpace, Hi5, MSN y demás redes sociales. Y siempre están acompañadas por sugerentes fotos (entiéndase: enseñando generosas porciones de cheechee y/o pawmpee) de mujeres con toda la pinta de extranjeras sensuales. ¿Lo mejor de todo? ¡Ellas te siguen a ti! ¡Y ni siquiera las conoces!

La triste verdad es que en el 99.99% de los casos (fuentes: INEGI, SECOFI, TEPEJI, SUPAPI), estas mujeres no son reales. Son, simple y sencillamente, bots: programas destinados a buscar incautos en la red, con la idea de hacernos morder el anzuelo y después extraernos información personal, cuentas de correo y demás datos valiosos. Dichos datos son utilizados para llenarnos el inbox de SPAM variadito. Lo mismo puede ser tan inocuo (y hasta placentero) como invitarnos a ver una webcam sexosa, que dañino para nuestra economía personal, animándonos a mandarles dinero a cambio de facilitar una transacción comercial con el gobierno de Nigeria. Sigue leyendo

¿Eres tú, Lorena?

Hace unos días tuve un bizarro episodio vía Twitter. Como soy medio maniático de los números redondos, comencé a prestar inusual atención a la inminencia de sumar mi follower número 1600. Si quieren interpretar este párrafo de apertura como una presunción de mi parte, por supuesto que pueden (y deben) hacerlo. Mi trabajo me ha costado inventar nuevas estupideces para captar la atención de la tuitósfera. Pero no nos desviemos…

Al fin llegó el momento: 1599 followers. Recibí una alerta en mi correo, informándome de que la persona (o entidad comercial disfrazada de bot) número 1600 había caído en las redes. Pero el nombre de esa persona fue el que me sacó por completo de la jugada, como a Carlos Vela. El nombre me era familiar, pero no se trataba de un amigo o de alguien enlazado a mi por parentesco. No, el nombre de mi follower 1600 es el de Lorena Meritano.

A lo mejor a muchos de ustedes ese nombre no les dice nada, y no me extrañaría. No son el demográfico, creo, que debería estar al tanto del apelativo en cuestión. Y yo tampoco. Seamos honestos, en toda mi vida no he visto más que cuatro telenovelas, y la última de ellas (Demasiado Corazón allá por 1996, creo) la agarré a medias durante una mala época en mi vida donde ni siquiera podía darme el lujo de tener servicio de cable básico. Y Lorena Meritano, por si no lo saben, se hizo famosa principalmente por salir en telenovelas. Sigue leyendo

¡Insúltame!

A veces se es rudo con la gente que uno aprecia. Esto es un hecho, al menos desde el punto de vista de su seguro servidor y la mayoría de mis familiares y amigos. Mi muy querida y más extrañada Tía Maru solía recibir en casa a sus sobrinos más cercanos con una lluvia de vituperios y epítetos (“¡Al BatiDiccionario, Robin!”) de toda especie, mientras que el resto tan sólo era castigado con el látigo de la indiferencia, disfrazada de lisonja y amabilidad protocolaria.

Yo insulto por afecto, eso lo saben de sobra. Y también porque insultar es un recurso humorístico difícil de cultivar, o al menos de hacerlo de forma correcta. La comedia de insulto es una tradición añeja, donde el protagonista busca originales formas de ofender a su auditorio o a sus colegas con abuso verbal cuya intención es que la “víctima” sea capaz de reírse de sí misma. Parecería fácil, pero tiene su chiste.
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El Similar Incómodo

Menos fuerte de lo que pensaba...

Ya es sabido por muchos de ustedes que frecuentemente me han hecho bromas a lo largo de mi vida respecto a que guardo cierta semejanza con Alex Syntek. A decir verdad, dicha similitud era mucho más notoria en la niñez de ambos, cuando él todavía ostentaba su apellido real (“Escajadillo”) y salía en el programa de Chiquilladas, y yo era tan sólo otra larva humana dentro del sistema Montessori.

En esa época no había tanta bronca con las comparaciones. Incluso ya les conté que le vi la cara durante casi todo un año escolar a un compañerito, que se creyó de todo corazón que Syntek y yo éramos la misma persona. Sí, así de extremo era el parecido. Poco después, cuando yo iba en la prepa me encontré cara a cara con Syntek en una tienda de discos de Perisur. Debo decirles que él lucía mucho más sorprendido que yo al descubrir la semejanza, pero no cruzamos palabra alguna. Todavía alcancé a verle mientras me dedicaba unas últimas miradas de reojo antes de emprender su camino y dejar a su cuasi clón comprando CDs en paz.

Ya en la madurez el parecido físico quedó atrás. Yo siempre he estado más panzón, él siempre más pelón. Él usó lentes desde los inicios de su carrera musical, yo hasta el último año de la universidad y tan sólo para manejar y ocasionalmente en el cine o frente a la compu. Pero aún así quienes me conocen desde hace años suelen aplicarme el “Syntek” de cuando en cuando, con el obvio ánimo de la xodienda. Y uno aguanta vara porque, siendo honestos, es lo mínimo que me merezco ante mi propia proclividad por carrillear al prójimo.

La vida artística de Alex Syntek jamás me ha preocupado. No me gusta su música, aunque puedo reconocerle su capacidad como productor y ejecutante. Sé que hay peores artistas en el panorama nacional, pero eso tampoco es nada para jactarse. Y sobra decir que mi aprobación sobre su talento debe importarle tanto como me afectaría a mi su juicio sobre lo que aquí escribo.

Esto sólo viene al caso porque mi similar incómodo se convirtió brevemente en noticia durante el día de ayer. Y “convertirse en noticia” hoy día parece limitado a ser Trending Topic en Twitter, así que esto me da la esperanza de que la polémica sea breve. Bueno, al grano: Alex Syntek decidió retirarse temporalmente de su presencia a nivel de redes sociales, al parecer por causa de las múltiples críticas recibidas tras estrenar el tema musical compuesto para los festejos del Bicentenario.

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Finísimo Podcast (26 y 27) – Redes sociales

Poco antes de que comenzara el Mundial de Sudáfrica, me reuní con El Pollo Dávila Monsiváis (de Diapasón de Palabras y la revista Merca 2.0) y con Paco López (terapeuta, ex colega de Planeta Paulina, próximamente renovador de su blog) para beber copiosamente y discutir sobre Social Mierd… digo, Media en un Finísimo Podcast. No llegamos a ninguna conclusión interesante, pero hicimos otras cosas como:

Tweeter tiene un par de cosas que superan todo lo que puede ofrecer Facebook...

  • El secreto para ordenar comida en un restaurante vasco, sin necesidad de hablar euskera…
  • Admitir si jugamos con las granjitas de Facebook o no…
  • Hablar mal del Mago Frank…
  • Mentar madres sobre quienes usan las redes sociales como viles chismógrafos…
  • Cantar las loas del podcast sobre la radio terrestre…
  • Encontrarle alguna utilidad a MySpace…
  • Debutar nuestra sección de Finísimos Miembros con un carísimo enlace satelital. O en Skype…
  • Debatir el origen de Puebla de Los Ángeles…
  • Cantar rolas de José Luis Perales, y…
  • Mandar saludos.

En fin, acá tenemos las opciones para descargarlo directo:

Finísimo Podcast 26 – Redes Sociales (Parte 1 de 2, 49:50, 68.5Mb) en MobileMe -> files.me.com/asempere/x1j2d5.mp3

Finísimo Podcast 27 – Redes Sociales (Parte 2 de 2, 49:16, 56.4Mb) en MobileMe -> files.me.com/asempere/p89yqj.mp3

O visiten directamente la página de Finísimo Podcast*

*OJO: Esta opción estará disponible hasta mañana por la noche, debido a que estoy renovando el dominio y aún no he podido subir el podcast directamente a iTunes. Gracias por su comprensión y blablabla…

La Vida en Twitter

La célebre "Fail Whale" de Twitter, versión Lego

Cada vez paso menos tiempo en Facebook y más en Twitter. De hecho, el balance ya es francamente desproporcionado. Conservo el perfil de FB simplemente para seguir en contacto con tantos amigos y familiares a quienes no veo en años, o a quienes me interesa volver a contactar en el futuro. Pero entre estúpidas granjas, peceras, mascotas, guerras mafiosas, mordidas de vampiros y galletas de la suerte (por mencionar sólo la natita de ese gran atole de molestas aplicaciones) me han hecho renegar de esa red social al punto del abandono casi total.

Twitter es otra cosa. Por principio de cuentas me permite hacer ese breve comentario sarcástico o ese chistorete pendejo sin tener que esperarme a escribir un post en Finísima Persona y darle el contexto adecuado. También me ayuda a tener un contacto más directo con ustedes, quienes tienen la mala fortuna de leerme, y saber un poco más de lo que hacen, lo que les gusta, lo que les causa aversión, lo que les inquieta y entretiene. De eso se nutren muchos de los materiales de este blog, así que de entrada es una herramienta útil.

Como nada viaja más rápido que las malas noticias, también me ha servido para descubrir quién se murió, quién fue arrestado, quien cayó preso en una narcofiesta, quién cometió un error garrafal durante una competencia deportiva y quién merece ser empalado en el Zócalo capitalino gracias a una declaración estúpida ante los medios. Ahí me entero antes que en muchos otros medios.

Y por si fuera poco, también me ha dejado probar mi agilidad mental en “tiempo real”, como cuando me pongo a comentar en vivo una entrega de Oscares o un juego del Tricolor. La interacción con otras personas que están viendo lo mismo que yo es muy agradable, como si nos hubiéramos juntado a echar carrilla entre la cuatitud, aunque las chelas corran por cuenta de cada quien y sean consumidas en la soledad del hogar.

Pero lo que me desconcierta de Twitter suelen ser los extraños balances entre Followed y Followers. Me encuentro de pronto con gente que tiene un millar de seguidores, pero ellos mismos no siguen más que a un puñado de gentes. Lo entiendo de gente muy famosa, quienes realmente tienen poco o nulo interés en corresponder a sus seguidores por diversos motivos. Pero creo que lo auténticamente interesante de Twitter es escuchar en similar relación al número de quienes lo escuchan a uno (por “escuchar” me refiero a lo conceptualización derivada de “leer”, antes de que me corrijan).

Esto de seguir a personas en nuestro Timeline es aún más fácil con las listas. Uno puede fácilmente distinguir a amigos de colegas, a colegas de conocidos casuales, a famosos de “hijos de vecino”, a fuentes informativas de chismosos irredentos, y no hay bronca alguna. Sólo es cosa de ubicar a cada quien en una lista acorde, y ya estuvo.

Pero hay quienes se toman esto de los Follows muy en serio. Diariamente leo de alguien quejándose de que alguien le dio Unfollow, así que en represalia él o ella harán lo mismo. Hay aplicaciones para determinar cuantas de las gentes a las que sigo me siguen también a mi. Eso es rarito, por no decir narcisista/egomaniaco. Y ni hablar de aquellos quienes simplemente se ponen a seguir a gentes sin ton ni son, tan sólo para ver cuántos de esos les acaban siguiendo a ellos en reciprocidad.

Ya no hablemos de quienes recurren a aplicaciones que les “garantizan” decenas de nuevos followers, salidos de quién sabe dónde. ¿Realmente te importa tanto ese número debajo del letrero de Followers como para aparecer en el Timeline de un pobre iluso que vive en Madagascar?

Mi política es simple:

  • Si me sigues, te sigo. A veces tardo un poco en actualizar ese balance, pero procuro hacerlo.
  • Si no twitteas seguido, dejo de seguirte. Generalmente mi “corte” ocurre para quienes no tienen actividad en las últimas seis semanas, más o menos. Y si nunca twittean, pues también está de más el seguirlos.
  • Si tan sólo usa Twitter como una bastardización de un chat room, también dejo de seguirte. ¿Qué caso tiene estar al pendiente de tus actualizaciones, si tan sólo son Replies y Retweets?
  • Si no eres una persona de carne y hueso, es difícil que te de Follow. Hay mucho proselitismo en Twitter, un montón de causas que no me interesa seguir por el sólo hecho de que “ellos” me siguen a mi. Cuando me interesa algún grupo o iniciativa, lo busco yo mismo y me adhiero por voluntad propia. Esto es un fenómeno que nació en Facebook, pero está permeando otras redes sociales.
  • Si tu Timeline son puras trivialidades, adiós. No me interesa si estás en el súper. O cortándote el pelo. O rumbo a casa de Nico. O viendo el fut. O saliendo de comer. En serio, esas cosas no le interesan a nadie más que a ti. Y tú las estás viviendo, así que revelarlas en Twitter resulta redundante y estúpido.
  • Si te la vives haciendo “chistes locales”, bye. No conozco a tu banda. No sé de qué caraxos hablas.
  • Zi ezkribezzz azzi, y3g4l3!!!!! No me interesa descrifrar tu mente anclada en los 11 años. No es gracioso, ni ingenioso, ni original. ¿Te gustaría conversar con alguien que sustituyese las vocales por trompetillas salivosas? Bueno, este pseudoidioma es su equivalente grafológico.
  • El hecho de que me des un #FF (Follow Friday, recomendación para que otros me sigan, para los no iniciados) no implica que yo tenga que darte uno a ti. Yo les doy #FF a quienes me parecen entretenidos, ingeniosos, agradables o dignos de leerse. Pero no es algo que sea de reciprocidad obligatoria. Y tampoco lo hago muy seguido, sólo cuando realmente me nace hacerlo. Todos deberían hacer lo mismo.
  • Si sólo estás repitiendo obviedades, hasta la vista. Y la mayor de las obviedades es la de “se cayó Twitter”. Ya sabemos. Cuando estás sentado en la mesa familiar y alguien tira un vaso con refresco sobre la mesa, ¿eres la clase de pendexo que dice “se cayó un vaso con refresco sobre la mesa”? Bueno, avisarle a los que están en Twitter que Twitter se saturó es exactamente lo mismo.
  • Si abusas de los hashtags, abur. #haygente #quecreequetodo #tienequellevar #unsignode# #nadamásporquesí. Estos idiotas no entienden de qué se trata el pez. Más ruido visual que no vale la pena. El uso de ‘#’ es prácticamente innecesario. O sea, lo contrario del #necesario que le pones a todo, so imbécil.

En resumen, creo que Twitter es tan bueno o tan malo como uno quiera hacérselo. Puede ser enormemente grato de usar o una auténtica y confusa pesadilla derivada de tragar pizza de queso de puerco rebajada con sotol. Hay que entenderle al rollo, por simple que pueda parecer. Pero es suceptible de caer en el abuso y la desvirtualización, como casi todo. Dicho sea lo anterior, ¡allá los veo!