THE RED BULLETIN: Mala Muerte y Mala Suerte

25858958

N. del T.: Otra columna aparecida en The Red Bulletin, esta vez abordando tácitamente el tema del tumor (realmente eran cinco) que me habían salido en el cuello y que me tenían con las gónadas de corbatín. Gracias a mis doctores, a mis familiares, a mis amigos, a mi agente, a mi publicist… no, esperen, ese es mi discurso para cuando gane un Ariel.

___________________________________________________________________________

No estoy preparado para morir. Aún no. Lo más seguro es que tú tampoco lo estés, por cierto. Y no es culpa nuestra, sino de nuestros padres. Me explico…

Hace unos meses pasé por una extrañísima crisis de salud que me forzó a contemplar, por primera vez y con toda seriedad, la posibilidad de dejar este mundo mucho antes de lo que tenía planeado. Cabe mencionar que mis planes para abandonar este plano existencial consistían en estrellarme en un Lamborghini Diablo a 220 km/h después de hacer el amor con una modelo brasileña de lencería, al término de mi fiesta de cumpleaños número 79. Pero estas ideas mal concebidas suelen ser fruto de haber visto demasiada televisión en la década de los ochenta. En fin, no nos desviemos: una extraña lotería genética provocó la formación de unos extraños tumores que podían o no ser malignos, según el diagnóstico de diversos médicos que no acababan por ponerse de acuerdo. Y yo aterrado, naturalmente.

Mientras recibía diversas opciones de tratamiento para liberarme de estos molestos inquilinos que ocupaban mi cuello entre la carótida y la aorta, fui asaltado por un sinnúmero de dudas. ¿Cómo explicarles mi estado a mis padres? ¿Qué tanta información respecto al padecimiento estaba dispuesto a compartir con el resto de mi familia y amigos? ¿Era buena señal que el segundo nombre de uno de mis doctores fuera “Benigno”? ¿Quién heredaría mi colección de música, pensando en el peor de los escenarios? Dudas y más dudas. Y todas ellas inútiles.

Verás, las dudas que realmente han de resolverse cuando enfrentamos instancias donde la vida va de por medio son, en esencia, simples. ¿Quieres donar tus órganos útiles o serás poco generoso con tus semejantes aún estando en calidad de fiambre? ¿Quieres ser incinerado o enterrado en un lujoso y pesado ataúd? ¿A dónde irán a parar tus posesiones materiales? Y por último, ¿tienes designada a una persona de confianza para que borre toda la colección de pornografía exótica en tu computadora una vez confirmado tu lamentable deceso?

Fuera de estas cuatro cuestiones básicas, el resto es un viaje de ego mal entendido. Nos gusta, a veces, imaginar mórbidamente las reacciones de nuestros seres queridos al enterarse de que hemos muerto (no mientas, el cuadro ha pasado por tu cabeza). Vislumbramos escenas de dolor, de remembranza grata de lo que alguna vez fuimos en vida. Y todo es bueno. Los obituarios hablarán del enorme hueco que deja nuestra partida, las ex novias encenderán velas en nuestra memoria imaginando que ellas pudieron salvarnos si hubieran permanecido a nuestro lado, los conocidos casuales emitirán el comentario idiota de “¡pero si yo lo vi ayer, estaba bien!”, sin reflexionar en el hecho de que habernos visto no concede protección alguna contra un infarto súbito, un atropellamiento o una simple jugada del destino…

Es ahí donde creo que los padres nos han creado una concepción errónea de nuestra mortalidad. En mi familia y en la de muchos de ustedes existe aún ese extraño tabú de tratar a la muerte como un evento perpetuamente distante, pese a su inevitabilidad. ¿Qué hay de malo en hablar con franqueza de ella y los problemas que acarrea si no estamos preparados para afrontarla? Mucho, a juzgar por la decisión de no tocar el tema por supersticiones invocatorias y atracciones a la mala suerte.

Pero la mala muerte es peor que la mala suerte. Morir dejando que otros carguen con el muerto, literal y figurativamente hablando, puede ser el último gran acto de descortesía para con nuestros semejantes. Vale más invertir una semana de tardes libres en entender los trámites, las consecuencias y las minucias legales de morir, dejando instrucciones clarísimas a quienes nos rodean respecto al procedimiento a seguir, que la molesta alternativa: ceder la inconveniencia de preparar nuestra partida a los dolientes, quienes seguro preferirían estar haciendo reminiscencias de lo geniales que éramos en vida. En vez de estar averiguando si nuestra última voluntad realmente fue la de ser enterrados con nuestra camiseta de Guns N’ Roses, claro.

Y gracias, ya estoy mucho mejor. En el fondo, tuve buena suerte.

– Junio 2012

Anuncios

FINÍSIMOS FILMES 065 – Podcast, explicaciones y mucho más…

Pues es oficial: este blog acaba de experimentar la ausencia más prolongada entre posts que jamás haya ocurrido en su ilustre historia. La buena noticia: el abandono ya quedó atrás, y podrás ver nuevas actualizaciones de aquí en adelante. Pero ustedes merecen más que un simple “no actualicé por mis tamaños y se aguantan”, así que repasamos las últimas noticias. Bueno, antes que nada aquí está el link para bajar el magno especial de…

FINÍSIMOS FILMES #065 – LO MEJOR DE LO PEOR (MP3 – 45Mb)

¿Ya lo bajaron? ¿Y lo escucharon? ¿Se han dado cuenta de la mínima evolución que hemos experimentado en todo este tiempo? ¿Y aún así siguen aquí? Bueno, prosigamos con las razones:

RAZÓN #1: Este post tiene riesgo de contagio. Ya saben que pasé por un largo viacrucis para la remoción de una serie de tumores que me detectaron en diversas zonas del cuello, cerca de ganglios, glándulas y demás áreas sensibles del organismo que siempre amenazan con mandarnos al barrio del calaquerío si nos descuidamos. Tuve la fortuna de caer en manos de un doctor genial, de contar con poderes de recuperación marca Wolverine y de haber heredado la buena salud general del lado materno de mi familia. Y menos mal que del lado paterno no, pues mi pobre papá y sus hermanos son un catálogo de dolencias, afecciones, virus, lesiones y padecimientos que parecen extraídos de una memoria médica del medioevo. Basta decirles que si un día les informo que me dio Beri Beri, Úlcera de los Chicleros o Mal de San Vito, lo más probable es que provenga del lado Sempere de la familia. En fin, las visitas al doctor, al hospital, a los laboratorios, a la terapia y a mil y un compromisos médicos más restaron algo de valioso tiempo para pasar por este espacio y generar nuevos contenidos para ustedes. Y gracias, ya estoy mucho mejor. Aprecio sus ofertas de donar órganos en mi beneficio, y me quedo de momento con los datos de quienes ofrecieron hígado, córneas y riñones. Nunca se sabe cuándo se puede ofrecer.

Sigue leyendo

Todo menos paciente…

Salas de espera de antaño: organizadas. Y racistas.

Esta semana tengo varios compromisos con mi salud (¡Salud!) que me obligarán a subir posts cortitos, pero espero que sepan que no los olvido. Y es que he estado visitando consultorios, laboratorios y clínicas en espera de ser atendido por esos infatigables galenos que, sin mayor móvil que el de prolongar la existencia del prójimo y cobrar más dinero en un día que lo que uno gana en un mes, atiborran sus consultorios y oficinas con pacientes que ejercitan la paciencia de una forma admirable.

La sala de espera y los consultorios son un martirio de bajo impacto. Por esto entiéndase que no equivalen a un sufrimiento fuera de serie, ni nada que el humano promedio no sea capaz de aguantar con estoicismo y resignación, sino que tan sólo constituyen una prolongada molestia plena de tedio. He aquí, pues, tres de mis quejas frecuentes y las posibles soluciones que se me han ocurrido:

Las revistas. ¿Han leído el Mientras Espera? Es una revista específicamente diseñada para leerse en salas de espera. Y es lo más patéticamente aburrido que hayan visto desde el estreno de la última peli de Sofia Coppola. Me imagino que su editor y redactores deben ser la clase de abúlicos seres que se emocionan cuando avisan que viene nuevo disco de Raúl Di Blasio. Lo malo es que en la mayoría de los consultorios las opciones de lectura revisteril se limitan a esta publicación, a revistas comerciales más repasadas y manoseadas que una mujer petacona en un desfile de carnaval, a publicaciones médicas (como si quisiéramos pensar aún más en los males que nos obligan a ir al doctor) y a un periódico chafa que se le olvidó a un paciente tempranero (en 1998). Lo dicho: crueldad innecesaria.
Posible solución: al agendar la cita con el médico, la secre o recepcionista DEBE preguntarle a la persona qué revista quiere leer en lo que espera, y se puede llevar el ejemplar como cortesía. Con lo que cobran por consulta es lo menos que merecemos. Y si la revista que pides es una que te da penita comprar (H Extremo, TV Notas, Eyaculador Precoz Illustrated), mejor aún, pues quiere decir que uno de los empleados del consultorio tendrá que pasar la verguenza de adquirirla por ti. Sigue leyendo

“Te amo con todo tu riñón…”

Me dejó perplejo (o aperplejado, como prefieren designarme muchos de ustedes) la noticia de que el comediante chicano George López se está divorciando de su esposa Ann Serrano, con quien tiene una hija, después de 17 años de matrimonio. Ah, otro detalle: ella le donó el riñón que le fue transplantado en 2005.

Es fácil ser cínico y burlón cuando se burlan los famosos, pero el Sr. López acaba de situar la vara muy alta en esta ocasión. ¿Por dónde empezar? ¿Por el hecho de que pese a que el divorcio es, según la pareja, de común acuerdo y que seguirán siendo socios de negocios? ¿El decir “socios de negocios” incluye al mentado riñón? Yo creo que sí, pues sin dicho riñón, George no hubiera podido hacer más negocios. Es más, no hubiera podido hacer prácticamente nada.

Digamos, entonces, que cuando Ann decidió donarle el riñón a su averiado marido, en realidad estaba realizando una arriesgada pero calculadora decisión mercantil. Estaba invirtiendo a futuro, básicamente, al permitir que la máquina de generar ingresos para la familia siguiera funcionando. Claro, esa decisión no fue fácil, y la abnegada esposa se enteró de primera mano de esa parábola que explica los conceptos de “involucrado” y “comprometido” con un desayuno de huevos con tocino: la gallina estuvo involucrada, pero el cerdo estuvo comprometido con el proyecto en cuestión.

Sigue leyendo

Toño VS. El Doctor, Parte II: El Hospital

Como recordarán, mis esfuerzos por recolectar las muestras del laboratorio para un chequeo médico me dejaron sin casa, pero aún así no cejo en mi intento por verificar si tengo una salud de hierro o si tengo que ir haciendo testamento para ver quién de los cuates hereda el Playstation 3 (mi única posesión material que le interesa al prosaico vulgo). Así pasó lo que pasó…

Día 1
10:30 AM –
Decido presentarme en persona en el hospital, para ver si pueden resolver el predicamento de mis pruebas de laboratorio y agilizar el trámite. Cuando le explico a la recepcionista mi situación no parece muy interesada, pero en cuanto le menciono mi intención de quedarme algunos días en las instalaciones (así me evito el madrugón en el laboratorio) hasta que queden resueltas mis dudas de salud, se le ilumina el rostro. Levanta un teléfono rojo, dice que hay un ‘código verde’ y de la nada se materializa un ejército de camilleros, enfermeras guapas y un señor de bigotito, cabello engominado y traje de rayas, quien dice ser el administrador del Hospital de Nuestra Señora de la Pronta Chequera. Me dice que tienen prevista la Suite Hospitalaria Excélsior para casos como el mío. Me sientan en una silla de ruedas que es más bien un sillón Laz-E-Boy con neumáticos Pirelli a los lados y me conducen al elevador acompañado de su séquito de achichincles.

10:33 AM – ¡Esta suite está sweet! Es tan grande como un salón de clases del Tec, y me imagino que igual de cara. Espero que mi seguro médico se porte a la altura de las circunstancias. La Excélsior tiene cama matrimonial con masaje vibrador para el delicado paciente (o sea yo), sala-comedor, vista panorámica hacia el exclusivo fraccionamiento de Lomas del Narcolavado, Wi-Fi, alfombra de pared a pared, pantalla LED de 60 pulgadas con Blu Ray, 600 canales de tele de todo el mundo (espero que Playboy TV no esté bloqueado), servibar, cuarto de visitas y acceso directo al helipuerto. Es un pequeño lujo, pero creo que lo valgo. El administrador saca una batita de seda del armario de cedro libanés, me dice que me ponga cómodo y que en breve pasarán enfermeros para el chequeo preliminar. ¡Los servicios de salud en verdad están manejados por ángeles que caminan entre nosotros! ¡Benditas instituciones que se desviven por prodigarnos calidad de vida! Sigue leyendo

Toño VS. El Doctor, Parte I: Los Análisis

LleneEsto

El otro día leí una estadística aterradora en una revista: el 75% de las enfermedades mortales para el hombre podrían evitarse si tan sólo acudiéramos a hacernos examenes médicos anuales. También dijeron en la tele que el 94% de las estadísticas en revistas son inventadas, pero ¿quién tiene tiempo para preocuparse por nimiedades estando la vida de por medio? Para acabarla de amolar, comencé a echarle cuentas para estimar cuando fue la última vez que recurrí a un galeno con el fin de evaluar mi estado de salud, y descubrí que fue en aquella desafortunada ocasión en que conocí a una chava en un bar de la colonia Agrícola Oriental y desperté en un hotel garaje de la carretera a Pachuca, dentro de una tina con hielitos y con una sospechosa cicatriz de sutura en las inmediaciones de lo que era mi riñón izquierdo. Por cierto, vieja, si estás leyendo esto, de lo último que me acuerdo es que la susodicha me estaba vendiendo una membresía a un club hípico, así que no pienses mal.

Así pues, opté por tomar una decisión sensata y responsable, sometiendo mi físico de Adonis retirado a una auscultación profunda, capaz de revelar si alguno de mis órganos puede estar a punto de colapsarse como construcción de Santa Fé. Aquí comienza la reseña de mi misión:

Día 1
5:30 AM –
Suena el despertador. Tengo una hora y media para bañarme, vestirme y llegar al laboratorio a la cita de las 7:00 AM, para que rinda el día.

5:30.2 AM – Apago el despertador, pues quiero regresar al desenlace de mi sueño donde mis habilidades para bailar break-dance salvan al barrio de un desalmado millonario, que quiere convertir el parque público en un complejo de oficinas.

9:40 AM – Se me pegaron las sábanas. Tomo nota de ello, pues no descarto que dormir de más sea síntoma de alguna posible enfermedad grave, y no de padecer de “huevos largos” como asevera mi mujer, que ni doctora es. Inculta. Bueno, es obvio que no llego ya al laboratorio a las cita de las 7:00 AM, así que tendré que esperar hasta mañana.

Día 2
5:30 AM –
Suena el despertador. Tengo una hora y media para bañarme, vestirme y llegar al laboratorio a la cita de las 7:00 AM, así que prendo la tele para espabilarme.

5:32 AM – ¿Por qué sigo bajando pornografía de la lentísima internet cuando puedo disfrutar de toda la sensualidad y el erotismo de las chavas que dan el reporte del tiempo en los noticieros? Además es gratis. Ya me estoy espabilando. Bueno, digamos que partes de mi lo están haciendo.

5:34 AM – Chin. Se acaba el reporte del tiempo. Empiezan las noticias financieras.

10:14 AM – Creo que otra vez se me hizo tarde. Tengo que cambiar de estrategia para mañana. Tomo nota: “Las fluctuaciones de los mercados bursátiles producen somnolencia extrema en el paciente”. Espero que la ciencia médica esté a la altura de este extraño mal.

Día 3
5:30 AM –
Suena el despertador. Tengo una hora y media para bañarme, vestirme y llegar al laboratorio a la cita de las 7:00 AM, así que prendo la tele para espabilarme y me levanto a hacerme un cafecito.

5:34 AM – ¿Dónde guardará mi mujer el café?
Sigue leyendo