Y eso pasó…

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Hablar de lo malo del año que se va sería injusto en relación a todo lo valioso que trajo consigo y que convenientemente dejamos de lado pues es más “in” fincarse en lo triste, en la pérdida y en el dolor.

Yo celebro haber reiniciado mi vida sin tumores y con propósito, renacer en nuevas metas y equivocarme constantemente como prueba de que estoy haciendo, creando, evolucionando.

Murieron amistades, colegas, mascotas. Hice amigos nuevos, procuré cultivar a los viejos y descuidé a otros de forma siempre inmerecida. Personas muy queridas volvieron inesperadas a mi vida, tendiéndome manos antes de que se las pidiese. Llevé en alto el apellido cuando más bajo fue arrastrado mi nombre. Hablé menos y escribí más.

Me caí una vez menos de las veces que me levanté. Ignoré y fui ignorado, insulté y fui insultado, amé y me amaron de vuelta. Aprendí más cosas de las que olvidé. Reí como siempre y lloré como nunca. Le pegué un gran puñetazo a una pared, una gran patada en el trasero a mis planes y creo que una chica me dio un par de bofetadas en un bar.

Vi partir a mi hija a la distancia, reflexionando en que se hacía más pequeñita y a la vez más grande a medida que se alejaba. La traigo anclada en mi memoria siempre, aunque nos separe una frontera y un desamor entre adultos. Enciende mis soles de mañana y mantiene el brillo en sus estrellas para que yo no trabaje a oscuras. La quiero como a nadie, y ella me querría aunque yo no fuera nadie.

Y los quiero a ustedes también, claro.

Feliz 2013.

FINÍSIMAS RECETAS: Tartiflette Semipretenciosa

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Hola, Finísimos Lectores. Estoy volviendo poco a poco a este, su blog favorito (espero aún lo sea). Aprovechando que me ha dado por ir ensayando nuevas e insospechadas habilidades para la cocina, compartiré con ustedes otra Finísima Receta. Imagino que ya estarán hartos de tragar el Finísimo Chili, ¿cierto?

Así pues, prepárense a disfrutar otro delicioso platillo cortesía de este, su bloggero de confianza. Su preparación es sencilla. Su sabor, fuera de serie. Su impacto calórico, escandalizante. Damas y caballeros: Tartiflette.

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“Pero Toño”, exclamarás sorbiendo la nariz y abriendo la boca un poco más de lo normal, como suelen hacerlo los ignaros de tu especie, “eso suena exótico y desconocido, y mi paladar poco educado sólo llega a aventurarse cuando hay Festival Internacional de Pastas en el Vips más cercano a mi localidad”. No te intimides, estúpido lector o guapa pero tonturrona lectora: la Tartiflette no es más que una versión sublime de un sencillo plato de papas gratinadas. Claro, estas papas gratinadas saben como si los dioses del Olimpo acabaran de hacer el amor encima de ellas, así que prepárate a experimentar un coito gastronómico.

OK, quizá exagero, pero ya me conocen. El chiste es que este platillo te permitirá preparar algo que, en esencia, es común y corriente (como el blog), pero que te permite pasar por un sofisticado foodie con sólo mencionar algunos factoides pedantes ante la concurrencia. Puedes decir que la Tartiflette es un platillo de la Alta Saboya francesa. O que aunque parece una receta ancestral, en realidad fue inventada por un gremio de queseros de la región para impulsar el consumo del apestoso queso Reblochon durante los 80’s, y que el éxito rotundo le garantizó quedarse en los menúes de la gastronomía francesa. Quizá puedes presumir que probaste esta delicia después de una intensa mañana esquiando en las blancas nieves de Chamonix, y que te brindó energía para tirarte a una espía ucraniana. El chiste es elevar el factor bullshit al punto de que no se den cuenta de que estás sirviendo papas con queso y tocino, básicamente.

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