FINÍSIMA RECETA: FINÍSIMOS CAMARONES AL CARBÓN

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Animado por el éxito del podcast Gastronomicast en Junkie y por la interacción obtenida a través de mi regreso a colaborar activamente en un portal web, he decidido revivir una vez más, cuál mítico fénix, este blog olvidado de la mano de Elvis. ¿Y qué mejor que hacerlo con algo que les aporte algo nuevo a sus aburridas vidas y un poco de sabor a sus paladares afectados por Lonchibon? Venga una Finísima Receta. 

No hay motivo de queja: este platillo es de lo mejor de mi limitado repertorio. Cubre todos los requisitos de mamonaje que el que escribe acostumbra cultivar en su vida diaria. Logra impresionar a propios y extraños. Te permite lucimiento personal cuando recibes los elogios de quienes lo prueban. Sabe divinamente, gracias a que su ingrediente base ha sido besado por las llamas. Y más aún: hasta un simio mal entrenado podría preparar este manjar. Por eso es que hoy comparto (fanfarrias, redobles y coros angelicales)… ¡FINÍSIMOS CAMARONES AL CARBÓN!

“Pero Toño,” exclamarán muchos de ustedes con sus expresiones de limitado mundo, “los camarones se comen en cocteles con haaaaarrrrrrta salsa capsu, empanizados o en tortitas ahogadas en el mole de los romeritos navideños”. Claro, porque muchos de ustedes son unos pocopaseados y unos naquetes sin remedio. Pero los más sofisticados entre la plebe (ustedes saben quienes son) están al tanto de que los camarones, además de ser buenos como materia de albur, saben divinamente en otras preparaciones. Así que atención.

¿Qué camarones comprar? Esto lo define tu bolsillo. Los camarones suben de precio a medida que suben de tamaño, como los senos de solución salina. Yo compré unos de un tamaño bastante decente (camarones, no senos postizos), sin ser esos monstruos que pasan por langostinos. Además busqué unos que ya venían pelados y desvenados, pues soy un completo haragán. Pero la disponibilidad, precio y tamaño de este crustáceo decápodo varía según dónde estés, así que lo dejo a tu elección. Mientras el camarón elegido pueda atravesarse con una brocheta sin partirse en dos, vas de gane.

Ahí va. Esta receta rindió para tres porciones generosas, pues éramos su servidor, la Finísima Esposa y El Bebo (13 años, buen diente).

INGREDIENTES

  • 24 Camarones (estos eran U16/20, creo. Salieron como 8 por comensal)
  • 3 limones amarillos grandes
  • 3/4 de una botella de 600ml de 7UP (ustedes calculen cuántos ml, si les mata la curiosidad)
  • Media barra de mantequilla sin sal
  • 2 cdas de ajo en polvo (el mío tenía perejil deshidratado, va muy bien)
  • 2 cdas de hojuelas de chile
  • 1 cda de azúcar
  • Sal y pimienta al gusto
  • Cebollín, para decorar

También necesitarás:

  • Asador (de gas o carbón, pero prefiero el último)
  • Charola metálica
  • Brochetas de bambú

PREPARACIÓN

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Primero pongan a remojar las brochetas de bambú en agua, durante media hora aproximadamente. Esto evita que la madera se incendie una vez que estén sobre el fuego del asador. La idea aquí es ir ensartando los camarones con dos brochetas: una de ellas atravesando la parte de mayor grosor, cercana a donde estaría la cabeza, y otra cerca de la cola. ¿Por qué dos brochetas? Para poder voltearlos fácilmente sin que  los ingredientes giren sin control. Soy un genio, lo sé.

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También puedes (y debes) encender el carbón de una vez, dejando la mitad del asador con brasas al rojo y la otra mitad vacía (después les explico por qué). Si quieres aprovechar para ir asando unas verdurillas, todo bien. Es una forma de engañar al organismo para que crea que eres persona sana.

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Volvamos al brocheteo. El secreto es ir poniendo los camarones de forma alterna, y bien pegaditos: uno con la cola a la izquierda y otro con la cola a la derecha. Imagínate a Galilea Montijo vista de espaldas al caminar… cola a la izquierda, cola a la derecha, cola izquierda, cola derecha, izquierda, derecha… Obtendrás una masa compacta de camarón, como si fuera un grueso steak. O como si fuera el trasero de Galilea Montijo, de hecho. Esto facilita que la cocción sea uniforme. 

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Ya que tienes las brochetas armadas, espolvoréalas con una finísima capa de azúcar. Puede ser azúcar mascabado, morena o refinada. Jamás azúcar glass. Esta leve cobertura dulce se va a caramelizar al contacto con el calor de las brasas, dando una cubierta doradita que contrasta muy bien con el sabor del camarón. Háganme caso, no se arrepentirán.

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La salsa es sencillez pura, pues toda se prepara en una de las charolas metálicas. Comencemos por mantequilla. Sin sal, preferentemente, porque los camarones tienden de por sí a ser saladitos. Creo que porque viven sus vidas en el mar, o algo. Añadan el jugo de los limones, exprimidos como exprime el SAT al contribuyente clasemediero. Si se van semillas en el jugo, quítenlas en el acto. Una de mis tías me dijo en alguna ocasión que si te tragas una semilla, después te puede crecer un árbol frutal en la panza, así que mejor no correr riesgos innecesarios.

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El resto del líquido viene de un simple refresco de limón, en este caso 7UP. También se vale usar Sprite, Yoli o hasta una Mundet blanca, el chiste es que sea sabor limón o lima-limón. NO USES REFRESCO DE DIETA, por ningún motivo, pues terminarás con un sabor amargo que echará a perder la salsa. 

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Añade la sal de ajo o ajo en polvo. También pudiste poner ajo fresco, finamente picado, pero quiero resaltar lo sencilla que es esta preparación. Y tampoco me quería dejar las manos oliendo a ajo porque me esperaba una larga tarde escribiendo, y luego mi compu apesta. Seguro habrá algo de efervescencia cuando añadas ajo en polvo o sal a la mezcla, pero eso es normal. Y extrañamente divertido, por razones que aún no puedo explicar.

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Ahora van las hojuelas de chile seco. Tampoco hay que poner muchísimas, es a gusto de cada quien, pero yo sugiero el monto que les indiqué en los ingredientes (siempre pueden añadir o quitar, según su tolerancia al picante). ¿Quieren usar chile fresco en rodajas? También se vale. Igual si cuentan con alguna salsa a la mano (tabasco, sriracha o hasta la que les sobró de los tacos). Se vale experimentar. Si lo hacen con su sexualidad, ¿por qué no con el salseo? Termina con sal y pimienta al gusto, y todo listo.

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Ahora sí, vamos al asador. El carbón ya estaba en su punto, así que es hora de poner la salsa al fuego. Aquí la razón de amontonar el carbón en una mitad del asador, dejando la otra mitad vacía. Esto crea un fuego indirecto que va a ser muy útil en unos momentos. Deja que la mantequilla se derrita y mueve un poco la salsa para que los ingredientes se integren a medida que llega el hervor.

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Cuando la salsa esté hirviendo, arrastra con cuidado (y con pinzas) el recipiente hacia la parte del asador donde no hay carbón. Se mantendrá calientita, lista para entrar en acción cuando sea requerida. Iba a hacer un comentario soez comparando esta salsa con esa amiga cariñosa que tenías en la universidad, siempre dispuesta a tus pasiones más lascivas, pero este blog es por demás decente.

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Llegó lo bueno: frota un poco de aceite vegetal en las rejillas del asador. Ya está listo para recibir a los invitados de honor, que reposan cubiertos de azúcar en la charola. 

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Coloca tus brochetas sobre el fuego. Escucharás el chisporroteo del azúcar al fundirse. El líquido contenido en las colitas de los camarones comenzará a calentarse y a escapar en un silbido lleno de burbujas y de sabor intenso. Los pájaros cantarán, las nubes se abrirán y un arcoiris se hará invitar a tu tarde perfecta. O al menos eso te parecerá, a medida que el aroma espectacular de proteínas al fuego comience a invadir tus nervios olfatorios. 

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Con camarones de este grosor (más o menos tan gruesos como mi dedo índice), tres minutitos por lado sobre el fuego es suficiente. Es mágico ver como su coloración pálida y sin chiste, como la de Ximena Sariñana, se pone colorada y apetitosa como la de Lola Ponce. Si tan sólo pudiéramos hacer eso con la Ximena Sariñana de verdad… pero no, no quiero darles ideas de prenderle fuego a esa monigota sin chiste. Concentrémonos en las viandas, mejor.

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Voltea los camarones. Mira qué hermosura. Ahora imagínate el aroma. ¡POR MANJARES COMO ESTE ES QUE LOS TERRORISTAS ODIAN A OCCIDENTE! Comer así es validar la democracia, básicamente.

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Ahora llegó el momento cumbre: tus camarones, besados por el fuego, están a punto de meterse a un jacuzzi. A UN JACUZZI DE SABOR.

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Toma las brochetas (con cuidado) y retira los camarones para meterlos de lleno en tu salsa, que se ha mantenido al margen estos minutos. A lo mejor se resisten un poco, pues la brocheta de bambú se ha expandido con el calor. Si unos palillos chinos no logran el cometido, prueba con las pinzas. 

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Ya que todos tus camarones estén en el recipiente con la salsa, llévala de vuelta al fuego. Deja que alcance un ligero hervor. Aquí se termina de cocinar tu espectacular creación. ¿Gordon Ramsay qué?

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Claro, tanta delicia flotando en el aire atrae a los animales, como hemos notado en recetas anteriores. No se dejen conmover por las miradas hambrientas. Este manjar es caro, y las bestias no están para apreciarlo. Además la Licenciada Gladys de Recursos Humanos es una perrilla bastante naca, rescatada de las crueles calles, por lo que sé de buena fuente que disfruta más de los tamales que de los pescados y mariscos finos. Ni modo, Licenciada Gladys, inútil tratar de conmoverme.

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Listo, hora de llevarnos los camarones a la mesa. ¿En qué servirlos? Deja volar tu imaginación. Quedan espectaculares sobre arroz blanco. La pasta es sumamente recomendable, también. O haz una cama de puré de papa y pónlos encima. ¿Odias los carbohidratos? Sírvelos sobre una mezcla de lechugas y espinacas, si ésa es tu onda. No hay error. En este caso, la Finísima Esposa preparó linguini con tinta de calamar, con sólo un poquito de mantequilla y ajo. Los camarones arriba, salseados a gusto de cada comensal. Termina el plato con cebollín picado finamente, para que parezca que sabes lo que estás haciendo. Simpleza y perfección.

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¿Maridajes sugeridos? Un buen vino blanco o rosado, o hasta un tinto afrutadillo. Pero yo tenía un refri lleno de Stella Artois, así que decidí hacerle los honores. Toma un buen trozo de baguette y mójalo en la salsa. No darás crédito a tus papilas gustativas. Y si aún así esto se te hace complicado, buenas noticias: Maruchan espera tu regreso con brazos abiertos, grandísimo palurdo. ¡Buen provecho!

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Oh, leve detalle: no olvides la verdura al fuego. En fin, nadie es perfecto…

16 comentarios en “FINÍSIMA RECETA: FINÍSIMOS CAMARONES AL CARBÓN

  1. Incluyan en el presupuesto, el soborno necesario para compensar el cochinero que dejaron al terminar si no piensan limpiarlo.

  2. Estos camarones en salsa Scampi de a peso merecen una mimosa barrieca; cerveza clara mezclada con tang de naranja.
    Y para echarse el trompo a la uña unos white russian de leche alpura con chocolate y charanda como digestivo.
    Sugiero.

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