CRAPúsculo: Amanecer, Parte 2 – La Anti-Reseña

PARA LA RESEÑA DE ‘CREPÚSCULO’, SIGUE ESTE LINK…

PARA ‘CREPÚSCULO – LUNA NUEVA’, SIGUE ESTE OTRO…

¿QUIERES LEER LA DE ‘CREPÚSCULO – ECLIPSE? POR ACÁ…

O PUEDES REPASAR ‘CREPÚSCULO – AMANECER, PARTE 1’ AQUÍ MERO…

Que viaje tan prolongado, risible y absurdo hemos emprendido…

No puedo pensar de otra forma al respecto de mi misión por reseñar la saga de Crepúsculo. Siento que fue hace siglos cuando escribí (en inglés) una reseña para el blog de mi entonces esposa, quien me vio la cara de estúpido al convencerme de que leyera las novelas escritas por Stephanie Meyer. Ahora, felizmente divorciado, siento que ver la última película de una de las historias más innecesariamente pueriles que la imaginación haya gestado representa una especie de linterna emocional que al fin puedo apagar, como punto conclusivo a una etapa por demás extraña de mi existencia.

Ojo, no que me queje de la oportunidad de escribir al respecto. Cuando uno se gana la vida con las letras, la inspiración es bienvenida sea cual sea su forma. Dicen que se han escrito mejores canciones sobre el dolor que sobre la alegría, así que es lógico que se puede hacer mejor burla de lo malo que de lo bueno, y en ese sentido Twilight ha dado a manos llenas.

Todo empezó con esa inocente película hecha con dos pesos que se volvió un blockbuster hollywoodense gracias a una base de lectoras pubertas que llevaban pancartas a las funciones de cine. La bestia despertó con una segunda entrega donde el público se pronunció por uno de dos equipos (Team Edward vs Team Jacob), y el cañonazo en taquilla ya nunca mermó, pese a que la calidad del producto se mantuvo estática y llegó incluso a empeorar con cada nueva trama idiota. Para la tercera película la audiencia estaba all in, como se dice en el un juego de póquer, y el triángulo amoroso tuvo que resolverse antes de pasar a la etapa en la que la franquicia se exprime al máximo para generar ganancias. El último libro fue dividido en dos películas para duplicar los ingresos, pese a que el material base estaba más mermado que la alacena de Anahí. Y bueno, llegó la última (por favor, que sea la ÚLTIMA, en serio) parte, en piloto automático de mediocridad.

Esto, señoras y señores, es lo que pasa por “actuar” hoy día…

Aquí es donde entro yo con mi masoquismo. Es obvio que entiendo la razón del éxito de la serie, tanto en libro como en película: los dos sobrenaturales wapetones perfectos que reúnen TODO lo que cualquier mujer quisiera poseer, babeando por una mona común y corriente que de pronto se ve sublimada al convertirse en “uno de ellos”. Los vampiros siempre han sido cool, aún en sus espantosas formas cortesía de la imaginación de directores como F.W. Murnau. Antes de que todo fuera de zombies, los vampiros ya habían conquistado a un público deseoso de recibir, a punta de una mordida, esa inmortalidad y ese poder que se asocia con la capacidad de chuparle la sangre al vecino.

Lo malo es que tuvo que llegar la escritora Stephanie Meyer con sus idioteces a zurrarse encima de toda una mitología y una caracterización de estas criaturas fantasiosas. Y ese es el obvio punto en discordia.

Hubiera preferido esta versión de la saga...

Comencemos por entender que los vampiros no existen. Bajo esta aseveración, las reglas sobre lo que pueden o no hacer son bastante flexibles, y eso no es terrible. Entendemos que un vampiro que sólo vive de noche, que se chamusca al exponerse a la luz solar y que se aleja de ti por el solo hecho de que te hayas chutado una rebanada de pan untada con alioli puede ser limitado en su accionar, pero no por ello tiene que ser predecible o aburrido. Sí, es una criatura poderosísima y temible, pero tiene sus puntos débiles, lo que reviste de interés sus motivaciones y procederes.

Esta pendexa escritora hizo vampiros que sólo presentan su vulnerabilidad ante:

  1. Otros vampiros más ojetes
  2. Lobos (en bola, pues en un tiro derecho casi siempre gana el vampiro)
  3. Una vieja estúpida y sin chiste (vulnerabilidad emocional que sólo aplica a Edward Cullen, protagonista)

Así como que ni se disfruta la cosa, pero a lo mejor ese soy yo y mis absurdas nociones de profundidad en los personajes. No me pelen. Esta serie es para que las chicas mojen la butaca en lo que tienen edad suficiente para ver la inevitable versión fílmica de 50 Shades of Grey.

Es por ello que armado con un par de boletos, una voluntad de hierro y una buena dosis de cafeína entre pecho y espalda, me animé a encarar a mi torturador fílmico en un encuentro final, decisivo. There can only be one y todo eso. “Vamos, culo, a padecer”, afirma mi grito de guerra en estas lides.

ADVERTENCIA, COMO SI NO LO SUPIERAN YA: Esta reseña NO es para quienes desean darse una idea general de qué tan buena o mala es la película antes de comprar su boleto para el cine o bajarla de su sitio de torrents favorito. Si la película lleva ‘Saga de Crepúsculo’ en el título es mala, punto, y la única intención de esta reseña es demostrar por qué es tan mala. Puedes esperar spoilers, quejas, lenguaje obsceno y mala leche a raudales. Si nada de esto te disuade… Sigue leyendo

CRAPúsculo: Amanecer, Parte 1 – La Anti-Reseña

El póster oficial (izq.) y mi infinitamente superior propuesta…

No hay fecha que no llegue ni plazo que no se cumpla. Así como el cometa Melancholia avanzó inexorable a destruir la tierra en la peli del mismo nombre, la penúltima instalación de la saga de Crepúsculo avanza sobre las salas de cine de todo el orbe para destruir todo lo que es bello del Séptimo Arte.

Sin embargo, este blog se nutre de eventos como la saga de Twilight. Mi primer reseña cimentó mi reputación como paciente juez de los fenómenos relevantes en la cultura pop. La segunda confirmó mi masoquismo. La tercera les ha hecho juzgar mi estado de salud mental. Pero en esta ocasión, quiero celebrar la cuarta película como una fecha para unirnos en nuestro odio a la ineptitud y a la mediocridad del cine comercial. Las películas de Crepúsculo son como una Navidad de Estupidez, en el fondo.

A lo anterior debemos añadir que los estudios, crueles como captores de Gaddafi y ávidos de hacerse de dinero fácil, tomaron la decisión de extender la agonía del último libro escrito (con las nalgas) por Stephanie Meyer en dos, cuéntenlas, DOS películas. La cosa se ve terrible, como suele decir el ginecólogo de Niurka. Sigue leyendo

FINISIMOS FILMES #059 – Psyche 59

Este Finísimo Filmes, el podcast de cine que tiene su día de Acción de Gracias todos los miércoles 2 x 1, viene más corriente que nunca. Principalmente porque nos visita un alto (1.78, estimado) ejecutivo de HBO Latinoamérica y Troll Oficial de Finísimos Filmes: Hugo Tapia. En esta ocasión…

  • Uno de los conductores puede ser el nuevo James Bond, para lograr así que la franquicia toque fondo.
  • El recorrido histórico por las tallas de brasier más prominentes de Hollywood.
  • Twilight: Breaking Dawn es mala como ordenar mariscos en el Vips, pero sí deja dinero.
  • Al Goberneitor le dieron un madrazo y le sacaron su sangrita.
  • David Fincher va a producir una serie de TV de corte político, pero no incluye a Peña Nieto.
  • Alain Delon y Enrique Rocha… ¿separados al nacer?
  • Paz Vega vino a Acapulco y vivió para contarlo.
  • Matt Damon es un Chilango honoris causa.
  • Rocky: El Musical suena mil veces mejor que Spider-Man: El Musical.
  • Los Muppets regresan con todo, y la crítica los apoya.
  • Remembranzas de las salas de cine de finales del siglo XX.
  • Títulos alternativos estúpidos de pelis célebres, y…
  • Tristes Historias de Mariguana en La Condesa.

No puedes permitirte el perderte este magno podcast. Visítanos en Finísimos Filmes para votar en nuestras encuestas, y debes descargarnos de inmediato en iTunes por suscripción, o estar al pendiente de las actualizaciones automáticas de PodomaticiTunes Store y Stitcher. O bájalo por vía directa en MobileMe…

Finísimos Filmes #059 – Psyche 59 (30.9 Mb) MP3

FINISIMOS FILMES #058 – 58 Másodperc

 

Ya llegó un nuevo Finísimos Filmes, el podcast oficial de la República Amorosa…

En este breve, pero sustancioso episodio:

  • Presentamos el último podcast con saludos generales, por cuestiones de espacio.
  • La peli católica de animación sigue rompiendo las bolas.
  • Jack y Jill es un cacho de estiércol, con una embarradita de Derbez.
  • Queremos retirarnos para poder pasar más tiempo con la familia… de Brad Pitt.
  • Strippers vs Hombres Lobo: estamos taaaaaaan ahí.
  • Los Munsters regresan, con la influencia de Del Toro.
  • Adiós al cine La Raza.
  • Un premio de Internet para puras páginas de cine que valen madre, porque no fuimos incluidos.
  • Toño llora porque se muere un perro.
  • Kuno Becker sería un gran Michael Jackson, y…
  • La lista de las mejores pelis de vampiros (no, no incluye Twilight).

Visítanos en Finísimos Filmes para votar en nuestras encuestas, y debes descargarnos de inmediato en iTunes por suscripción, o estar al pendiente de las actualizaciones automáticas de Podomatic, iTunes Store y Stitcher. O bájalo por vía directa en MobileMe…

Finísimos Filmes #058 – 58 Másodperc (30.1 Mb) MP3

Toño Vs. Twilight Parte 3 – ¡Eclipshit!

¡Hola amiguitous! Como ya es triste tradición en este blog, he sufrido una vez más en carne propia los horrores cinematográficos de la Saga de Crepúsculo, esta vez con la tercera instalación de este bodrio fílmico: Eclipse.

Notarán que es la primera vez que reseño la película antes de su estreno oficial. Y es que en mi interés por ser profesional y oportuno en la información, por pendeja que esta sea, logré agenciarme un pase doble para una función anticipada de Eclipse. La maniobra implicó contestar una complicada trivia por e-mail y hacerme pasar por mujer, pero sin ánimos de entrar en detalles les confieso que no es la primera vez que hago ninguna de las dos cosas. OK, no nos desviemos del tema…

Me apersoné con mis herramientas de trabajo (libretita de notas, pluma nueva, iPhone para tomar fotos cándidas de la concurrencia) en el Cinépolis TepiSur, una hora y cuarto antes de la función. La llegada tan temprano fue idea de mi esposa, fansss de Crepúsculo en todas sus formas mediáticas y firme creyente de que hay que apañar lugar en un sitio cómodo para estas funciones de aperre, so pena de tener que soplarse toda la peli con un caso agudo de tortícolis primerafilesca si uno no se pone vivo.

Mi esposa es la culpable responsable de que yo haya cometido el grave error de leer los libros y de chutarme las películas que se derivan de los mismos. Ella cree que debo estar agradecidísimo con su persona, pues mis posts sobre Twilight son de los más populares en el blog desde sus incipientes inicios. Claro, esto sería como si el témpano de hielo que hundió al Titanic pretendiera que le diésemos las gracias, pues debido a su labor pudieron filmar una película bien emotiva donde se ahoga Leonardo DiCaprio. Lo siento, el “efecto mariposa” de su lógica no aplica. Ya pasé por demasiado dolor leyendo libro tras libro con la promesa de “no, pérate, es que todo se pone súper chido en el libro final, ahí entra toda la acción y así…”

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El clásico post de explicaciones

Padece de sus facultades mentales...

Antes que nada, MIL disculpas. Ordinariamente reciben avisos y excusas burdas cuando voy a ausentarme de este blog por causas de fuerza mayor, pero ahora sí las obligaciones regulares y mis distracciones habituales me hicieron ausentarme como la criada malpagada que suelo ser en materias de consideración hacia los demás. He aquí las razones de mi prolongada sequía posteadora:

  1. Estoy a nada de convertirme en el Lic. Antonio. En efecto, tras múltiples intentos y estúpidos errores de cálculo de mi parte, al fin terminé la dichosa tesis. De hecho me pasé como por 50 páginas, o sea que la hubiera acabado mucho antes si acaso me hubiera tomado la molestia de LEER los lineamientos de formato que me entregaron en un principio, pero en fin… ya les contaré. El caso es que entre la entrega, revisiones finales, enmiendas y demás trámites he perdido valiosas horas-nalga, misma que solía utilizar para plasmar mis brillantes pensamientos bloguísticos.
  2. Me encuentro afinando un par de grandes posts (en extensión, no en calidad). De entrada conseguí colarme a una función premiere de La Saga de Crepúsculo: Eclipse, así que la tan ansiada y vilipendiada (“¡Al Batidiccionario, Robin!”) reseña de ese gran monumento a la popó cinematográfica quedará lista antes de lo previsto. Intento terminarla antes del estreno oficial del viernes. O sea, mañana en la noche. El otro post monumental tiene que ver con un post que subí hace más de un año a este blog. En efecto, los fans de Michael Jackson nada más tardaron un año entero en descubrir mi post relativo a su sensile fallecimiento, generando una vorágine de e-mails que van de lo amenazador a lo francamente desquiciado… pero eso sí, todos me hicieron reír como si me hubiera metido un grillo con epilepsia en cada axila. El caso es que ese toma y daca de e-mails, cuya historia se está poniendo más estúpida que, por ejemplo, la saga de Crepúsculo, tendrá pronto una versión abreviada (son más de cincuenta mails hasta el momento) en este Finísimo Blog.
  3. El Mundial me tiene ocupado. Es cada cuatro años, sean comprensivos. Además la eliminación del Tricolor me provocó una extraña sensación de júbilo personal por el odio que le tengo desde hace ya un rato. Ni modo, para todo hay gustos y disgustos. El mío es regodearme en las desventuras de nuestros sobrevaluados futbolistas, lo admito.
  4. Tuve un par de freelanceadas muy demandantes. La chamba, simple y llanamente. También mi hija tiene que comer de vez en cuando, según me dijo el pediatra.
  5. Estoy explorando algunos de mis proyectos accesorios. En concreto, la producción del Paikast, que me ha permitido convivir con los Paiki una vez más (saludos a todos ellos y a ella). Y también he posteado en Cazagoles, con otra banda asaz (“¡Al Batidiccionario otra vez, Robin!”) talentosa. Y he estado algo activo en Twitter, así que no los he abandonado del todo.
  6. La luz y el Internet no cooperan. Sonará a mala disculpa, pero he perdido mucho tiempo productivo lanzándome de emergencia a cibers y Starbucks para poder terminar chambas y otras obligaciones que se han quedado inconclusas por frecuentes apagones (tres esta semana) e interrupciones del servicio de Internet (la de hoy duró 9 horas), así que esto también afecta el rendimiento.
  7. Natalia está yendo a clases de ballet. Dos horas por semana, pero se comen tiempo productivo de mis tardes previamente ociosas. Y ya saben que mis horas-hija son más sagradas que el Mundial, incluso.

En fin, los pretextos de siempre. Los dejo porque tengo que acabar de eviscerar cierta película de vampiros y licántropos hipsters. Nos leemos pronto.

En un momento, ¡regresamos!

Brevísimo post, con noticias varias:

  • De momento estamos pasando por dificultades técnicas en casa, básicamente porque sucumbí a la tentación de cambiar la velocidad de mi internet de Cablevisión, de 2Mb/s a 6Mb/s. Claro, me pasó lo que a Ícaro (“A la BatiWikipedia, Robin!”) y la ambición fue mi condena. Durante la transición surgieron los clásicos “problemas técnicos” que ningún técnico puede explicar de manera coherente, así que mi conexión está más lenta que el caballo del malo. ¡Paciencia! Eventualmente les contaré si valió la pena escudriñar los límites de la máxima velocidad internáutica o si debí conformarme con mis 1.5 Mb/s (reales) que tenía antes de este jolgorio.
  • En el renglón de excelentes noticias: apenas estamos a 26, y ya rebasamos el número de visitas del mes anterior, el de mayor audiencia en la historia de Finísima Persona. Todo este éxito se debe a ustedes, así que dénse colectivamente unas palmaditas en la espalda y un pellizco en la pompi, pues se merecen eso y todo mi agradecimiento, que no es poco. ¡Buen trabajo!
  • Esta semana les anticipo que los posts serán más bien breves, y los subiré al caer la noche. Tengo muchísimas entregas de trabajo y coincidieron tres trámites de visa y documentación oficial en estas mismas fechas. La xoda será intensa para su seguro servidor, pero habrá material para que se distraigan de lo mal que está el resto del país y del mundo.
  • Como mero dato de trivia: al parecer los posts que les generan más opiniones son donde pueden verter su odio hacia las cosas que les rodean. Esto es una forma muy velada de decirles que habrá próximamente una segunda parte de mi catálogo de odios, así que podrán seguir desahogándose.
  • En este Starbucks (el que está enfrente de la UIC) hacen un Chai Latte bastante mediocre, pero la concurrencia femenina es bastante agradable a la vista. Y justo enfrente del café hay una gasolinera y un hotel de paso, así que el lugar reúne todas las necesidades básicas del hombre moderno en un espacio muy reducido.
  • El Grano creció descomunalmente, y justo cuando pensé que estaba por reventar… se empezó a “desinflar” solito. Ahora me queda un punito rojo en la punta de la nariz y al tocar el área hay una ligerísima inflamación, pero cero drama. No sé de qué estoy más agradecido, si de la magnífica capacidad de recuperación que poseé mi epidermis o de no haber tenido que recurrir a sus “remedios” arcaicos y posiblemente dolorosos.
  • Ya vi el nuevo trailer de Crepúsculo: Eclipse. Sé que sonará raro, pero les juro que estoy más emocionado por la perspectiva de ver esa película de popó que por Iron Man 2. Soy patético, lo sé.
  • Se les quiere y se les admira. Besos.

ARCHIVO MUERTO: Titanic bajo otra óptica.

N. del T.: Mi cinismo para el cine (¡Por el poder de la aliteración!) no empezó con mis reseñas de Twilight (y secuelas) o Avatar. Creo que el primer escrito sobre el Séptimo Arte que llegué a hacer público es éste, dedicado a Titanic. Lo escribí para una sesión de Planeta Paulina, y luego anduvo circulando (en viles fotocopias) entre cuates y conocidos, al punto de que llegaron a contactarme de la revista Cine Premiere para preguntarme si me interesaba publicarlo. Claro, se me olvidó hablarles oportunamente, y cuando lo hice ya estaban cerrando la dichosa publicación. En fin, viene al caso para recordar cómo era el panorama fílmico antes de Avatar. Terminé el texto un par de días después de que se anunciaron las nominaciones al Oscar en 1998, así que ya llovió. El texto no está actualizado, excepto en lo que respecta al casting masculino de la película de Barbra Streisand, pues el gag dependía de hacer notoria la diferencia de edad con sus coestelares. Y claro, dejé a los muertitos (Brando, Montalbán) dentro del texto, como homenaje pitero. Bueno, es sólo para que vean lo poco que he evolucionado como escritor de idioteces. ¡Disfrútenlo! ¡Es una orden!

25 de febrero de 1998

Seguramente ya vieron Titanic. Si no lo han hecho, espero que la salida del coma no haya sido demasiado traumática. Hoy es considerada la obra maestra del genio de la ciencia ficción, James Cameron, otrora especializado en explosivos filmes inspirados por la figura musculosa de un Arnold Schwarszsgggjennrehghter armado hasta los dientes, sin duda también musculosos. Titanic ha pasado ya de ser “un churro estilo Waterworld” (predicción de la  crítica) a ser “un churro estilo Waterworld que va a romper todos los récords de taquilla del mundo, para siempre”. Si hay mujeres leyendo esto, seguramente ya están averiguando dónde vivo para mandarme una sobre lleno de popó. Aclaro, pues, que lo último es una apreciación personal. La mayoría de los críticos se aprestan ya a declarar a Titanic como la más grande obra cinematográfica de la historia, debido a su inminente avance sobre las cifras establecidas por Star Wars y a un costo de producción de 260 millones de dólares. Es como si el Ciudadano Kane jamás hubiera existido. Pero volvamos a la razón de mi descontento…

Realmente no considero a Titanic como un churro. Creo que tiene méritos indiscutibles e incomparables a la mayoría de las obras que disputarán los premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas. Para empezar, sale Kate Winslet en pelotas, y eso tiene mucho valor artístico. Pero resulta un poco desconsolador el hecho de que la avalancha de nominaciones sean vertidas sobre un filme cuyo guión no va más allá de una simple historia de amor e interés: Rose, la chica bella (Kate Winslet, que sale en pelotas) va a casarse con el hipermillonario desconsiderado Cal (Billy Zane), pero conoce al pobretón aventurero Jack (Leonardo DiCaprio) y decide intercambiar una vida de obscena riqueza al lado del primero por el amor puro y verdadero que le ofrece el segundo. O sea, igual que en la vida de cualquiera de nosotros, sólo que este triángulo se está yendo a pique (literalmente) en las frías aguas del Atlántico Norte. Además de que ninguna de nuestras novias se parece a Kate Winslet.

Kate Winslet en pelotas. Este es un blog naco, pero decente.

Esta trama difícilmente podría considerarse como el motor de la película más grande de la historia. Es un aspecto de debilidad, pensando que Titanic es grandiosidad absoluta: la réplica del barco construída en Rosarito, que mide el 90% del original; La banda sonora que sigue anclada en primer lugar mundial, con millones de copias, pese a que el tema principal es interpretado por Céline Dion (otro producto netamente comercial); La histeria colectiva de millones de impacientes estadounidenses que han llenado órdenes de envío anticipadas para el videocassette, una vez que salga la venta (posiblemente hasta fines del 98, para aprovechar las compras navideñas); En fin, sólo falta que algún emprendedor inteligente inunde las jugueterías con figuras de acción. Imagínense los anuncios de TV durante la barra infantil: “¡Jack, se pone azul y se hunde rápidamente al contacto con el agua! -El estuche con bocetos de mujeres desnudas se vende por separado- ¡Rose, se pone en pelotas! – El carísimo collar de diamante se vende por separado-“. Las posibilidades son infinitas. Sigue leyendo

Toño Vs. Crepúsculo: Una Hueva – La Reseña Innecesaria

Ah, Crepúsculo, mi viejo némesis. Nos volvemos a encontrar. Pero esta vez, YO tengo la ventaja… ¡¡¡MUAJAJAJA!!!

Recordarán que en mi reseña de la primera película finqué mi actitud hacia esta saga cinematográfica: divertirme analizando lo malos que sean los filmes en retribución a todo el valioso tiempo que invertí leyendo los xodidos libros, a instancia de Anilú, mi esposa, quien algún día responderá ante los dioses del averno por haberme expuesto a las pendejadas literarias de Stephanie Meyer. Así que hice de tripas corazón una vez más para recetarme dos horas (con diez minutos) de vampiros chafas, todo con el fin de entretener a mis seis lectores mal contados. El estimado Ruy Choconestlé me llamó “estoico” en Twitter, pero sospecho que le dio flojera a la mitad de escribir “estúpido”. No importa, DaVinci también fue incomprendido en su época cuando descubrió la penicilina, o algo así. ¡Luna Nueva, acudo a tu llamado!

El drama empezó, sin embargo, desde elegir la función. Mi finísima esposa ya había hecho la fangirleada de lanzarse con su hermana a la premiere, donde sospecho que ambas eran las dos únicas rucas inmersas en un mar de escuinclas con frenos en la boca, Clearasil en la “zona T” y humedad en los sueños cortesía del papi del momento: Robert “Morrissey de Dos Varos” Pattinson. Esto me orillaba a lanzarme en solitario a ver Luna Nueva, con las inminentes posibilidades de:

  1. Despertar severas sospechas por ir solo al cine,
  2. Despertar severas sospechas por ir solo al cine a ver Luna Nueva,
  3. Despertar severas sospechas por ir solo al cine a ver Luna Nueva con un cuaderno en mano, riendo siniestramente con cada nueva anotación en el mismo.

Ni hablar, la misión kamikaze iba a llevar copiloto. Y claro, mi esposa se apuntó de inmediato, pues llegó extasiada de la función de estreno diciéndome que ahora sí me las iba a ver negras para encontrar algo malo con ESTA película, porque el nuevo director, Chris Weitz (sustituyendo a la inepta Catherine Hardwicke) había hecho un trabajo ESPECTACULAR con la secuela de Crepúsculo, y las escenas de acción estaban SOBERBIAS y bla bla bla. ¿Un desafío? Aceptado.

Llegamos al Cinépolis Perisur a las 11am, ella lista para la función y yo para el viacrucis. Nos metimos de inmediato a la sala, con el fin de encontrar un lugar propicio para hacer mis anotaciones y comentarios sarcásticos sin importunar a los demás y para acallar las súplicas de Anilú de ver la muvi en el VIP. Ubicados en pleno centro de la sala, tuve una perspectiva ideal para analizar a la concurrencia que gradualmente hacía su aparición. Grupos de cuatro o cinco teens… varias parejas, ubicadas entre los 15 y 20… dos chavas de casi 30, con sendos libros en mano… un par de jotillos universitarios… en fin, el target de la película. Un par de fotos de la concurrencia que me llamaron la atención:

Un señor (de blanco) y su hijo (con gorra de Ferrari)... sospechosísimos. Sobre todo porque en la sala de al lado daban 2012, que sí es para machines.

Y cinco filas más adelante, un ruco pelón, solo y su alma... Más sospechoso aún.

En fin, terminan los cortos y los anuncios, y llega la hora de la verdad. Confieso que, dentro de mi, había algo que me daba cierta esperanza. ¿Qué tal si el director, en efecto, había logrado rescatar la obra escrita de garras de la mediocridad? Y no vi la de The Golden Compass, pero al menos en los cortos se veían unos osos polares en CGI bien matones… ¿Y si realmente había forma de sacarle lustre a este trozo de majada? ¿Podría ser éste el rarísimo caso en el que pudiéramos decir “el libro es una madre, pero la película está muy bien hecha”?

Pero entonces empezó la mentada película, y todo tuvo a bien valer lo que se le unta a los pambazos…

"Pues sí, Bella, me gustan maduritas..."

Esta comedia involuntaria comienza con un sueño de Bella (Kristen Stewart), quien probablemente (y con plena justificación) será llamada “Lela” en la inevitable sátira de la revista MAD. Vemos el soleado paraje del bosque donde ella suele encontrarse a solas con Edward Cullen, gigoló vampírico. Pero en el sueño de Bella sale una viejita. “Abuela…”, dice Lela… er… Bella. Edward apapacha a la ruquilla. Bella está desconcertada. ¿De cuándo acá su galán está en la onda GILF? El predecible desenlace del sueño es que la Abuela no es la Abuela de Bella. ¡ES BELLA! ¡RECÁSPITA! Nuestra heroína tiene el tradicional despertar violento de la pesadilla fílmica y proseguimos.

En sí, el gran flato atorado en el duodeno de Bella es que ella sigue siendo humana, y por ende, sigue envejeciendo igual que el resto de la población que no escribimos “VAMPIRO” en el renglón donde preguntan la profesión en las solicitudes de tarjeta de crédito. Edward le explica que él la quiere como es y también como será en unos añitos, lo que quizá confirme mi teoría acerca de que a este pelmazo le gusta el porno de maduritas. Básicamente le dice que él estará a su lado siempre, y que cuando ella palme, él seguramente morirá. ¿Pero cómo? ¿No que los vampiros son inmortales como la obra de Pedro Infante?

Los Volturi: Mamones.

Pues no. Mientras ven en clase la película clásica de Romeo y Julieta (este director es tan sutil como una patada en los arrestos), Edward nos explica que cuando creyó que iba a llegar demasiado tarde para salvar a Bella de los vampiros malos de la peli anterior, pensó en suicidarse acudiendo a los Volturi. Los mentados Volturi son como la familia real británica de los vampiros, excepto por el hecho de que no son ingleses sino italianos, y porque en general son mucho más atractivos que esa bola de aristócratas cuya genética se ha ido degradando con cada nuevo matrimonio entre parientes. El caso es que los Volturi (tres hermanos con pinta de mamones europeos aficionados a Joy Division), dispensan justicia desde su palazzo en la cima de una colina, en pleno corazón de la Italia Turística (ésa que sale en todas las películas donde se necesitan pueblitos pintorescos con casas viejísimas). Si un vampiro se pone a actuar muy obviamente como vampiro, o sea matando gente a lo guey y chupando sangre a todo el que se le pone enfrente, o mostrando su tornasolada piel de salmón recién sacadito del río, los Volturi le arrancan la cabeza. O sea, nada que ver con la familia real británica, que sólo se escabecha a uno de los suyos cuando se embarazan de multimillonarios egipcios. Estos Volturi se parecen más, de hecho, a “La Familia”, que también anda descabezando gente a diestra y siniestra (ojo, los Volturi no andan poniendo mantas con amenazas al gobierno).

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Toño VS. Twilight (Crepúsculo)

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Notaza con mostaza: Primero que nada, disculpen por no haber posteado antes, pero tuve que atender unos asuntos personal urgentes. Digamos que ciertos pandilleros no volverán a envenenar a los niños de este vecindario con esas malditas y destructivas drogas. De nada, Ciudad de México…

A lo que te truje, Chencha: algunos de ustedes me han confesado que les da profunda hueva leer mi reseña en inglés de Twilight (Crespúsculo), la primera película de la saga vampiresca que amenaza con suceder a Harry Potter en esto de las franquicias cinematográficas con tintes fantásticos. Como la versión original me salió bastante decente (por el hecho de que no usé mi acostumbrado hocicabulario soez y chundo), he aquí la versión aprobada por la Reata Academia de la Lengua con Salsa Verde. En español, pues. Breves aclaraciones:

1.    “Reseña” no es el término correcto. Yo estoy relatando la película íntegra, CON TODOS LOS SPOILERS POSIBLES. Si no la han visto aún, espero que su estancia en la cárcel no haya sido muy desagradable. Pero no se quejen de que les arruiné la experiencia. Fueron advertidos.
2.    Todo mundo sabe que el humor, al contrario de la influenza, no viaja muy bien entre países que hablan idiomas distintos. Esta no es la traducción literal del texto original, pues hay chistes y expresiones que de plano no funcionan al pasar de inglés a español. Piensen en esta nueva versión como un Remix, pues.
3.    Otra vez, es un post largo. En serio. MUY PINCHE LARGO. Recomiendo agarrar fuerzas con un garrafón de Sangría Viña Real de Mango, acompañado de un buen tazón de Sabritones con Valentina, por aquello del maridaje. Qué pinche asco…

¿Por qué esta película?

Me he estado muriendo por aportar mi granito de arena en el ojo de la opinión pública con respecto a la más reciente obsesión de mi esposa: los libros y la película de Crepúsculo (Twilight). Primero que nada, si están leyendo Finísima Persona desde hace más de 40 minutos ya deben estar enterados de mi consumo enfermizo de multimedia. Intento leer al menos un libro por semana, con una “cola” de tomos en el círculo de espera que oscila entre 6 ó 7, pues a veces llego a saltar de uno a otro si mi lapso de atención empieza a mermar (algo frecuente). También leo blogs. Me chuto docenas de revistas al mes, principalmente asociadas a cuestiones de mi trabajo (editor). Ya saben de las interminables horas de programación que se agolpan en mi TiVO. Y veo una cantidad absurda de películas, tanto en salas de cine como en DVD y en tele por cable.

Como yo inicié a mi esposa en ciertas sagas literarias (las de Tolkien siendo las más representativas), decidí ser recíproco por una vez en mi vida y acceder a leer las novelas de vampiros escritas por Stephanie Meyer, a instancias suyas. No pude dejar de notar el enorme impacto que tenían en ella, así que me dije a mi mismo que quizá ese fenómeno valía la pena explorarse, de menos.

La tetralogía de Twilight: quémese antes de usarse.

La tetralogía de Twilight: quémese antes de usarse.

Ahora bien, puedo ser muy snob a la hora de leer. No tengo empacho en dedicarle 2.5 horas-nalga al último aborto cinematográfico de Michael Bay, pues a menudo me divierto con el mal cine. Pero la mala literatura no tiene ese efecto en mi. Me pone de pésimo humor, pues la inversión de tiempo implícita en un libro rebasa por mucho a la que le puedo dedicar a una película. Para interesarme en un libro necesito una premisa cautivadora, ya sea mediante la recomendación de un tercero o por la reseña de algún crítico de confianza. Me he logrado apartar de los Dan Brown de este mundo gracias a las reservas obvias que genera el encontrar a tu amigo que no lee ni el menú de un restaurante diciéndote “¡Tienes que leer eso del Código DaVinci, goei!” Pero debo confesar que Crepúsculo (el libro) y sus secuelas me tomaron por sorpresa, como una ingeniosa trampa mortal tendida por mi mujer.

Cuando vi la película de Crepúsculo, me encontraba a punto de terminar Luna Nueva, el segundo libro de la tetralogía. Admito que estaba disfrutando demasiado el adoptar la actitud mental de una puberta promedio para intentar entender el mensaje detrás de la obra, así que mi ira al descubrir que esta saga es más vacía que la telenovela de las nueve fue creciendo gradualmente, y se desbordó sin remedio al concluir con el cuarto y (espero) último libro. Tuve una revelación: si estas ramplonas aventuras de vampiros postmodernos es lo que se necesita realmente para crear un imperio literario, he estado errado con mis primeros bocetos de novela. Podría ahorrarme mucho tiempo y esfuerzo en investigación, estructura y trama con solo hilar vagamente una historia cansada y anodina en torno a arquetipos mamones, estúpidos y completamente vacíos. Así que ya estoy pensando lanzar mis pretensiones al carajo para alimentar las necesidades dramáticas de la audiencia que hoy está por graduarse de Hannah Montana.

No soy ningún purista del género vampírico (¡Saludos, El Jara!), pero puedo garantizarles que Stephanie Meyer tampoco lo es. Al parecer su éxito se basa en describir con detalle clínico el menor aspecto concerniente a su protagonista masculino, el über-vampiro-Alfa Edward Cullen, un cabrón tan perfecto, hermoso y bueno pa’l putazo que podría ser considerado el mesías de su propia religión. La bronca es que la autora está tan perdidamente enamorada de su creación que se olvida de cosas tan elementales como crear personajes con un módico de credibilidad. O de crear una trama. Leer los libros de Crepúsculo es como ver el anuario de una escuela privada de alto pedorraje: detectas fácilmente a los chavos y chavas populares y superiores, mientras que el resto se esfuerza en sostener, sin interesar mucho a los elementos externos, la estructura necesaria para entender cómo fue el año escolar y qué fue de las vidas de todos los involucrados. Y ni siquiera podemos invocar al sentido del humor para salvarnos del tedio en el ambiente.

Claro, iba a ser casi imposible el identificarme con el producto estando tan alejado del mercado meta. Así que desperdicié poco más de cinco semanas de mi vida leyendo cuatro volúmenes idiotizantes en un masoquista esfuerzo por descubrir la razón de la fascinación de mi esposa por la familia Cullen, más la torpe chica humana que les acompaña. Mi pueril venganza es advertirle a todo el mundo que se debe evitar estos libros como se evita una crema de hemorroides fabricada a base de chipotle. Y claro, haciendo mis clásicos comentarios sarcásticos en voz alta cada vez que se me atraviesa esta película (primero en cines, ahora en DVD y cable). En fin… ¡COOOOOOMENZAMOS!

Disfrute la función… pendejo.

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