Manual de procedimientos para muertos famosos 2.0

Se nos adelantó Elizabeth Taylor (ODIO ese cliché…), y no es que no esperásemos dicho desenlace, pero la verdad yo pensé que hubiera tenido mayor resonancia a nivel mediático. ¿Será que con tanta fuente de información a la mano las noticias ya no pegan como antes? ¿O acaso se debe a que no había hecho nada relevante dentro de su profesión en un buen rato? No importa, fue de las enormes figuras de la pantalla en sus mejores años y eso le reconocemos.

La razón de este post, sin embargo, no tiene mucho que ver con Liz Taylor y su obra, sino más bien con la forma en que se reciben noticias de decesos en las redes sociales y el new media en general. El fenómeno de la muerte famosa ya había fincado bases muy claras cuando se murió el cuatito de Elizabeth hace casi dos años. Ya saben, aquél pedófilo que se sucidó por vía de cirugía cosmética. Pero hoy, gracias a los comentarios de muchos de ustedes, pude elaborar este breve manual de procedimientos para reaccionar ante la muerte de un famoso, que consta de los siguientes pasos:

  1. Diseminar el rumor del deceso, de inmediato. No importa si la noticia del muertito proviene de la BBC o del dudoso sitio Cheezmes-d-Ph4moss0zz.net, el chiste es que TÚ tienes que ser el primero en difundir esa información al mundo. No hay tiempo para reaccionar o editorializar, así que sueles escribir algo como “RIP Fulano de Tal” o “Murió Fulana de Tal“. Cuando mucho puedes permitirte un “OMG! Fulano de Tal se murió!“, pero cada letra que tengas que escribir reduce tus probabilidades de dar la primicia en tu timeline. Y claro, esto se pone muy jocoso cuando la riegas y “matas” a alguien por mero rumor, como pueden atestiguar Capulina, Chespirito, Chabelo, Clint Eastwood y otros “muertos virtuales”. Sigue leyendo

Aprobación

Antes que nada, ¡bienvenidos a 2011! Algunos de ustedes creen que es el último año que nos queda antes que se acabe el mundo, pero también hay un grupo considerable de fundamentalistas cristianos que piensan que este año se abrirán los cielos y se llevarán a los puros de corazón (que por mera casualidad también tienen que ser cristianos), dejándonos detrás a toda la raza que escucha AC/DC o que corona su cabeza con turbante o yarmulke. En fin, todo indica que a partir del 21 de mayo del presente el mundo se pondrá mucho más interesante y ya no tendremos que enterarnos de la vida y obra de Yuri. Buenas noticias, pues.

En lo personal, el fin de año me sirvió para reposar un poco (¿más?) y estructurar mis planes para el año entrante. No me gusta considerar esto como mis propósitos, pues tengo un largo historial de fracasar en ellos, así que mejor los considero como mis proyectos personales. Me encuentro actualmente estructurando una compañía propia, así que esto requiere de atención y dedicación inusual en alguien tan pazguato como yo. Por cierto, no puedo creer que me tomó tanto tiempo incluir “pazguato” en este blog, siendo una de mis palabras favoritas.
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No las odio por ser bonitas…

“21 años, modelo/chef/abogada de patentes, adicta al Xbox 360 y a los cómics, ninfómana bisexual, coleccionista de motocicletas, me fascina complacer oralmente a mi novio mientras él ve el fútbol en la tele LCD de 60 pulgadas en mi depa de Polanco…”

¿Les suena familiar? Perfiles como el anterior, con ciertas variaciones, pueblan infinidad de cuentas en Facebook, Twitter, MySpace, Hi5, MSN y demás redes sociales. Y siempre están acompañadas por sugerentes fotos (entiéndase: enseñando generosas porciones de cheechee y/o pawmpee) de mujeres con toda la pinta de extranjeras sensuales. ¿Lo mejor de todo? ¡Ellas te siguen a ti! ¡Y ni siquiera las conoces!

La triste verdad es que en el 99.99% de los casos (fuentes: INEGI, SECOFI, TEPEJI, SUPAPI), estas mujeres no son reales. Son, simple y sencillamente, bots: programas destinados a buscar incautos en la red, con la idea de hacernos morder el anzuelo y después extraernos información personal, cuentas de correo y demás datos valiosos. Dichos datos son utilizados para llenarnos el inbox de SPAM variadito. Lo mismo puede ser tan inocuo (y hasta placentero) como invitarnos a ver una webcam sexosa, que dañino para nuestra economía personal, animándonos a mandarles dinero a cambio de facilitar una transacción comercial con el gobierno de Nigeria. Sigue leyendo

La Vida en Twitter

La célebre “Fail Whale” de Twitter, versión Lego

Cada vez paso menos tiempo en Facebook y más en Twitter. De hecho, el balance ya es francamente desproporcionado. Conservo el perfil de FB simplemente para seguir en contacto con tantos amigos y familiares a quienes no veo en años, o a quienes me interesa volver a contactar en el futuro. Pero entre estúpidas granjas, peceras, mascotas, guerras mafiosas, mordidas de vampiros y galletas de la suerte (por mencionar sólo la natita de ese gran atole de molestas aplicaciones) me han hecho renegar de esa red social al punto del abandono casi total.

Twitter es otra cosa. Por principio de cuentas me permite hacer ese breve comentario sarcástico o ese chistorete pendexo sin tener que esperarme a escribir un post en Finísima Persona y darle el contexto adecuado. También me ayuda a tener un contacto más directo con ustedes, quienes tienen la mala fortuna de leerme, y saber un poco más de lo que hacen, lo que les gusta, lo que les causa aversión, lo que les inquieta y entretiene. De eso se nutren muchos de los materiales de este blog, así que de entrada es una herramienta útil.

Como nada viaja más rápido que las malas noticias, también me ha servido para descubrir quién se murió, quién fue arrestado, quien cayó preso en una narcofiesta, quién cometió un error garrafal durante una competencia deportiva y quién merece ser empalado en el Zócalo capitalino gracias a una declaración estúpida. Ahí me entero antes que en muchos otros medios.

Y por si fuera poco, también me ha dejado probar mi agilidad mental en “tiempo real”, como cuando me pongo a comentar en vivo una entrega de Oscares o un juego del Tricolor. La interacción con otras personas que están viendo lo mismo que yo es muy agradable, como si nos hubiéramos juntado a echar carrilla colectiva, aunque las chelas corran por cuenta personal y sean consumidas en la soledad del hogar.

Pero lo que me desconcierta de Twitter suelen ser los extraños balances entre Followed y Followers. Me encuentro de pronto con gente que tiene un millar de seguidores, pero ellos mismos no siguen más que a un puñado de cuentas. Lo entiendo de los famosos, quienes realmente tienen poco o nulo interés en corresponder a sus seguidores por diversos motivos. Pero creo que lo auténticamente interesante de Twitter es escuchar en similar relación al número de quienes lo escuchan a uno (por “escuchar” me refiero a lo conceptualización derivada de “leer”, antes de que me corrijan).

Esto de seguir a personas en nuestro Timeline es aún más fácil con las listas. Uno puede fácilmente distinguir a amigos de colegas, a colegas de conocidos casuales, a famosos de “hijos de vecino”, a fuentes informativas de chismosos irredentos, y no hay bronca alguna. Sólo es cosa de ubicar a cada quien en una lista acorde, y ya estuvo.

Pero hay quienes se toman esto de los Follows muy en serio. Diariamente leo de alguien quejándose de que alguien le dio Unfollow, así que en represalia él o ella harán lo mismo. Hay aplicaciones para determinar cuantas de las gentes a las que sigo me siguen también a mi. Eso es rarito, por no decir narcisista/egomaniaco. Y ni hablar de aquellos quienes simplemente se ponen a seguir a gentes sin ton ni son, tan sólo para ver cuántos de esos les acaban siguiendo a ellos en reciprocidad.

Ya no hablemos de quienes recurren a aplicaciones que les “garantizan” decenas de nuevos followers, salidos de quién sabe dónde. ¿Realmente te importa tanto ese número debajo del letrero de Followers como para aparecer en el Timeline de un pobre iluso que vive en Madagascar?

Mi política es simple:

  • Si me sigues, te sigo. A veces tardo un poco en actualizar ese balance, pero procuro hacerlo.
  • Si no twitteas seguido, dejo de seguirte. Generalmente mi “corte” ocurre para quienes no tienen actividad en las últimas seis semanas, más o menos. Y si nunca twittean, pues también está de más el seguirlos.
  • Si tan sólo usas Twitter como una bastardización de un chat room, también dejo de seguirte. ¿Qué caso tiene estar al pendiente de tus actualizaciones, si tan sólo son Replies y Retweets?
  • Si no eres una persona de carne y hueso, es difícil que te de Follow. Hay mucho proselitismo en Twitter, un montón de causas que no me interesa seguir por el hecho de que “ellos” me siguen a mi. Cuando me interesa algún grupo o iniciativa, lo busco yo mismo y me adhiero por voluntad propia. Esto es un fenómeno que nació en Facebook, pero está permeando otras redes sociales.
  • Si tu Timeline son puras trivialidades, adiós. No me interesa si estás en el súper. O cortándote el pelo. O rumbo a casa de Nico. O viendo el fut. O saliendo de comer. En serio, esas cosas no le interesan a nadie más que a ti. Y tú las estás viviendo, así que revelarlas en Twitter resulta redundante y estúpido.
  • Si te la vives haciendo “chistes locales”, bye. No conozco a tu banda. No sé de qué caraxos hablas.
  • Zi ezkribezzz azzi, y3g4l3!!!!! No me interesa descrifrar tu mente anclada en los 11 años. No es gracioso, ni ingenioso, ni original. ¿Te gustaría conversar con alguien que sustituyese las vocales por trompetillas salivosas? Bueno, este pseudoidioma es su equivalente grafológico.
  • El hecho de que me des un #FF (Follow Friday, recomendación para que otros me sigan, para los no iniciados) no implica que yo tenga que darte uno a ti. Yo sigo a quienes me parecen entretenidos, ingeniosos, agradables o dignos de leerse. Pero no es algo que sea de reciprocidad obligatoria. Y tampoco lo hago muy seguido, sólo cuando realmente me nace hacerlo. Todos deberían hacer lo mismo.
  • Si sólo estás repitiendo obviedades, hasta la vista. Y la mayor de las obviedades es la de “se cayó Twitter”. Ya sabemos. Cuando estás sentado en la mesa familiar y alguien tira un vaso con refresco sobre la mesa, ¿eres la clase de estulto que dice “se cayó un vaso con refresco sobre la mesa”? Bueno, avisarle a los que están en Twitter que Twitter se saturó es exactamente lo mismo.
  • Si abusas de los hashtags, abur. #haygente #quecreequetodo #tienequellevar #unsignode# #nadamásporquesí. Estos idiotas no entienden de qué se trata el mame. Más ruido visual que no vale la pena. El uso de ‘#’ es prácticamente innecesario. O sea, lo contrario del #necesario que le pones a todo, so imbécil.

En resumen, creo que Twitter es tan bueno o tan malo como uno quiera hacérselo. Puede ser enormemente grato de usar o una auténtica y confusa pesadilla derivada de tragar pizza de queso de puerco rebajada con sotol. Hay que entenderle al rollo, por simple que pueda parecer. Pero es susceptible de caer en el abuso y la desvirtualización, como casi todo. Dicho sea lo anterior, ¡allá los veo!