Musicales Para Machines Contemporáneos

Para que se enoje el Beibi Yisus: una escena musical en una de mis películas favoritas, "Monty Python's Life of Brian"

Dicen que aún los aficionados cinematográficos más generosos en cuanto a la gama de géneros que ofrece el séptimo arte tienen uno que simplemente no se les da. Confieso que durante mucho tiempo pensé que el mío era el de los musicales. No sé a ciencia cierta a qué se puede atribuir ese rechazo.

Quizá crecí un poco enajenado por el gusto que algunos miembros de mi familia sentían por las películas de Charros Cantores, donde uno de estos peculiares protagonistas inmaculadamente vestido con botonadura de plata y refulgente revólver de utilería al cinto interpretaba, a santo de cualquier situación, una evocadora y folklórica melodía animada por una orquesta invisible.

También es posible que me haya desilusionado profundamente de seguir tramas enteras a través de una canción tras otra, sin dar un respiro para que haya algo de actuación legítima en el proceso. De ahí mi falta de paciencia para películas como Evita (Güevita) o Rent, por citar sólo un par de ejemplos. Es plausible que mi odio a ese videoclipzote enmelcochado y sobreindulgente  titulado Moulin Rouge (sí, la odié, sobrepónganse), con su estructura de mediocre karaoke con sindrome de déficit de atención, aunado a su mashup incoherente del Top 40 histórico, haya propiciado mi intolerancia hacia el musical fílmico.

O a lo mejor tan sólo me encabrita que los Globos de Oro premien en la misma categoría a “Comedia o Musical”, como si fueran conceptos francamente intercambiables. El caso es que durante años, cada vez que alguien me preguntaba qué tipo de cine me gustaba más, mi respuesta solía ser “prácticamente todo menos los musicales”.

Y como es costumbre cada vez que me pongo a reflexionar sobre lo que sale de mi gran boca, estaba equivocado.

Sí, el género masculino suele desarrollar un rechazo automático hacia los musicales, posiblemente a causa de una extraña concepción acerca de lo que representa para nuestra hombría el disfrute de ver a un tipo con sonrisa perpetuamente calada en la jeta bailando y cantando como si nadie más lo estuviera viendo en el mundo. Tenemos muchas inhibiciones respecto a este liberador signo de que nos vale madres lo que digan los demás, la verdad. Y el riesgo de ver cuestionado nuestro estatus como “Machines-Alfa” al admitir que nos late Mamma Mia (que no me late, aclaro, pese a que sí me gusta ABBA) suele pesar sobremanera en nosotros.

Sin embargo, es un miedo infundado. Nadie tiene porqué pensar menos de uno por disfrutar de un musical. Y es que hay musicales eminentemente disfrutables por el machín de hoy. Todo es cuestión de saber por dónde buscarle.

Las reglas del musical

Para hacer mi lista de Musicales Machines tuve que hacer algunas distinciones simples:

  • De entrada no podemos contar los biopics sobre artistas reales como musicales. Ray, Walk The Line, La Bamba… Todas esas son películas biográficas donde el sujeto es, incidentalmente, miembro de la industria musical. Es obvio que haya música, pero eso no califica la peli como un musical.
  • También saqué de mi lista los incontables filmes animados de Disney. Salvo sus honrosas excepciones, la fórmula de estas películas incluye los obligados números musicales que sólo sirven para recibir Oscares. No hay porqué reenlistar La Sirenita una vez más.
  • La trama tiene que avanzar a través de las melodías. Ya sea explicando sucesos esenciales para desarrollar la historia y sus personajes o como piezas centrales de la trama en sí (como el gran concierto hacia el final de The Blues Brothers).
  • Y tampoco entran los concert films como Let There Be Rock. Esas son cocaínas de otros pasones…

Dicho sea lo anterior, he aquí una lista de películas que disfruto enormemente y que creo que pueden ser igualmente disfrutadas por quienes afirman odiar los musicales.
Sigue leyendo

Anuncios

Crónicas del Sangüis

Nigella Lawson y un sangüis: pocas cosas se complementan tan bien.

NOTA: Este post acaba de ser actualizado con una receta nueva. Búscala al final del texto…

La música de Warren Zevon me sublima. Es de esos artistas que considero “míos”. Cuando “El Color del Dinero” de Scorsese popularizó la canción más conocida de su repertorio hasta ese entonces, la genial Werewolves Of London, despertó en mi el ansia por conocer más de ese artista. A lo largo de los años seguí sus múltiples descalabros y semiretiros musicales, sus coqueteos con el estrellato que se quedaron siempre en la orilla y, por último, la agonía del final de su vida cuando se le descubrió un cáncer inoperable que le dio tiempo tan sólo de grabar un último, gran disco: The Wind. En septiembre del 2003 se fue de este mundo.


¿Qué tiene que ver esta fúnebre introducción con este post? Muchísimo. Verán, Zevon fue un hombre sencillo. Tenía sus demonios y sus vicios, como todo mundo. Pudo vivir de lo que más le gustaba hacer, y en eso fue un hombre afortunado. No llegó tan lejos como merecía, en opinión del puñado de fans que aún lo recordamos con nostalgia. Pero al ver de cerca su muerte la enfrentó con singular entereza y buen humor, lo que se le agradece sobremanera. Cuando fue invitado por David Letterman (súper fan de Warren) a su show en los últimos meses que le quedaban en este planeta, el presentador y comediante le preguntó si había adoptado una nueva perspectiva respecto a la vida y a la muerte debido a su condición. Zevon hizo estallar las risas de la audiencia con su lacónica respuesta: “Enjoy every sandwich.

Warren Zevon con David Letterman, por última vez. Genios los dos.

Disfruta cada sangüis. Así de simple. Zevon explicó después que sólo había querido reflejar lo mucho que le gustaba este versátil modo de consumir alimentos, y lo fácil que era disfrutar algo en apariencia tan sencillo. Tenía mucha razón. Un sangüis puede ser tan simple o tan majestuoso como uno quiera, pero su disfrute no suele estar atado a contener ingredientes carísimos o difíciles de conseguir. No, un sangüis es lo que es. O mejor dicho, es lo que queremos que sea, de acuerdo a nuestros recursos a la mano y a lo que se nos antoje experimentar en materia gustativa.

Gran filosofía, gran artista, gran disco.

El disco homenaje a Warren Zevon se tituló, por ende, Enjoy Every Sandwich (se los recomiendo sobremanera). Y lo escuchaba el otro día cuando se me ocurrió preguntarles en Twitter acerca de sus sangüis favoritos. La dinámica del sangüis generó casi un centenar de respuestas de parte de los Finísimos Lectores, y pensé de inmediato que había demasiado saber útil en sus aportaciones como para que se quedasen perdidas en el stream tuitero. Así pues, recopilé algunas de las mejores y más originales recetas, que reproduzco a continuación, junto con algunos buenos comentarios en torno a esta religión sangüichera que nos une a todos. ¡Provecho!

Este Día del Padre, el mejor regalo es un SANGÜIS.

  • Todo empezó con un probado favorito personal: Pan ciappatta, queso roquefort, lechuga romana, ate de membrillo. Por cierto, este fue mi tweet #1000. ¡Trascendente!
  • El buen Alfredo Quintana, todo un sibarita, abrió el fuego con: @MaestroLimbo Recomiéndote higo y jamón serrano entre la zapatuda.
  • Y le siguió una recomendación de uno de los Finísimos Tapatíos, @yorkperry pastrami, pan de ajo, queso manchego en rebanadas gratinado, cebolla, tomate cherry, poquito aceite de oliva y vinagre balsámico. Sigue leyendo

El Día que Paralizaron la Tierra Chilanga

36 horas sin luz, y contando. Este post todo xodido les llega por cortesía de un breve lapso de energía eléctrica, proveniente de una planta de luz instalada por el Finísimo Padre para que siquiera jalen los refris y no se eche a perder la insulina de Natalia.

Si Marcelo Ebrard está leyendo esto (¡Seguro que sí!): ¡Sigue tragando rebanadas de reata, pendexo!

La chamba llama, pero no les quería dejar en el desconecte total. Espero que el fin de semana vuelva la luz. Abrazos, etc.

Klaatu barada nictu... Ebbra ard zelako metodah!