Toño Vs. El Doctor, Parte III: El Diagnóstico

Sólo hay una certeza respecto a mi enfermedad: no es lupus.

Todo comenzó con un intento fallido por practicarme mis exámenes médicos, seguido de un desafortunado y doloroso incidente en el Hospital de Nuestra Señora de la Pronta Chequera, sitio funesto donde me trataron como trató el Barça al Real Madrid y después me quisieron enjaretar una cuenta de $19,243,714.50 pesos por menos de 24 horas de atenciones. Me encontraba por demás contrariado, especulando sobre mi inminente deceso ante la ineptitud del sector salud, cuando de pronto me sugirieron acudir al Seguro Popular.

Resulta que Marcelito Pan Y Circo, regente de la Ciudad de México, no sólo está dispuesto a gastar fondos del erario público para financiar enchiladas gigantes y poner playas donde había banquetas. No, ese auténtico ángel de la guarda también ha creado un sistema para permitir a la ciudadanía desprotegida un acceso digno y eficiente a servicios médicos de toda índole. Al menos eso dice el folleto. ¡Ahí voy!

Día 1

11:45 AM – Doy el madrugón para presentarme en mi clínica local, donde al fin podrán verificar si estoy gravemente enfermo con mínimas posibilidades de cura o si de plano mejor pido que me practiquen la eutanasia. Hay una cola enorme afuera del hospital, llena de gente en muletas, sillas de ruedas y hasta un pobre diablo tirado en una carretilla, que se vería por demás rebosante de salud de no tener un alambrón encajado a la mitad del tórax, como brocheta de cristiano. Puesto que me considero un famoso escritor y no se me da lo de esperar turno, camino con decisión hacia el inicio de la fila. ¿Acaso no saben quién soy yo?

11:46 AM – OK, ya saben quién soy yo. En opinión del policía de la entrada soy Don Finísima Persona Que Se Formará Hasta El Final De La Fila Y Esperará Su Turno Con Paciencia O Lo Agarramos A Macanazos. La policía capitalina se ha puesto de lo más intolerante.

5:45 PM – Mi impaciente espera en la fila se vio mitigada gracias a varios factores. Como, por ejemplo, la lectura de diversas revistas de chismes con mujeres petaconas en portada. O la interesante saga de la señora formada detrás de mi y sus incontables intentos por cobrarle lo de la tanda a Doña Felícitas del departamento 17. Y qué decir del consumo recurrente de tacos de canasta, provistos por un amable vendedor en bicicleta. Por cierto, el vendedor no se ve muy contento después de que le extendí un pagaré por los 67 tacos consumidos, pero justo cuando estoy por ofrecerle un cheque posfechado me llaman a la puerta, pues mi turno llegó por fin. ¡Ahí me lo apunta, joven!

5:58 PM – Diantres, la cola tan sólo era para entrar a la clínica. Ahí me pasan a una recepción donde me otorgan una ficha enmicada, que me permitirá formarme para pedir un turno el día de mañana, pues cierran en dos minutos. Abandono la recepción de la clínica. Sigue leyendo

Los Nuevos Parias

via Pichaus.com

Me encontré uno el otro día. Nuestras miradas se toparon por un par de segundos: la mía curiosa, pregúntandome cómo había llegado hasta ese desolado paraje. La suya era esquiva, inquieta, como si estuviera disculpándose por manchar con su sola presencia el paraje que, por otra parte, parecía destinado para su propio disfrute. Contradictorio, como un oso polar apenándose por ocupar un trozo de hielo. Intenté acercármele un poco, pero mis acompañantes me sugirieron no hacerlo. “El humo”, me dijeron. En efecto, las grises y sinuosas formas pintaban de un gris azuloso el ambiente. Le dejé dar sus bocanadas en paz y regresé al interior del edificio con el resto de la comitiva. Quisiera haberle tomado una foto, pero siempre es muy tarde cuando uno se acuerda…

Pero sí, vi un fumador. Rara avis.

Los extraño un poco, la verdad. O mucho, de acuerdo a lo que su figura me significaba en cierta época de mi vida. Jamás he fumado. Bueno, un puro ocasional no cuenta, en especial porque esa clase de fumador parece estar perpetuamente celebrando algo, principalmente la bonanza económica que le permite prenderle fuego a un placer ocasional. Tampoco fumé pipa, pues me sentiría aún más pretencioso de lo que puedo llegar a ser. Y ya saben mi postura ante el uso y consumo de la lechuga hippie.

Pero los cigarros me han rodeado constantemente. Mi papá fue mi primer ícono fumador, pues el pobre comenzó a echar humo por ahí de los once años, a escondidas de mi severo abuelo, quien, dicho sea de paso, no fumaba ni bebía vino… ¡valiente estereotipo de inmigrante español, mecáchis en la mar! El tabaco le pasó factura, eventualmente, al autor de mis días. Cinco infartos más tarde se puede decir que ya ha entendido que eso de estar saturando sus pulmones y sistema cardiovascular con una delicada mezcla de nicotina, alquitrán y químicos nocivos provenientes de esos “benéficos” filtros no es la mejor opción para su salud. Le salió cara la lección, pero al parecer fue aprovechada en pleno. Sigue leyendo

Harry Potter y La Reseña Malintencionada

Pues ni hablar, generalmente me abstengo de hacer reseñas burlescas de películas que no sean las de Crepúsculo, pero hay veces que la dimensión mediática de ciertos filmes me obliga a hacer de tripas corazón y a expresar mi irrelevante punto de vista al respecto. Pasó con Avatar, con Titanic y con Kick-Ass. ¿Porqué no habría de pasar con la penúltima peli de Harry Potter?

Antes de empezar, aclaremos algo: no soy un fan from hell de la serie, ni impresa ni en versión cinematográfica. Leí los libros cuando salió el número cuatro de la saga, interesado por ver a qué se debía todo el hype. Y ya entrado en gastos, terminé de leerlos todos a medida que fueron saliendo. Las pelis, por supuesto, tenían que ser vistas (ya saben que yo veo casi cualquier cosa, como lo atestigua la mentada Crepúsculo). El caso es que son lo que son: una franquicia exitosa que a ratos puede ser bastante buena (Harry Potter y el Cáliz de Fuego) y a ratos es caricaturesca y/o pretenciosa (la primera peli y la quinta, respectivamente). No se ofendan, fans. Es mi simple punto de vista.

Sin embargo, por supuesto que me tenía que recetar Harry Potter y las Reliquias de la Muerte (Harry Potter And The Deathly Hallows). Es el acontecimiento fílmico del año, hasta que no estrenen otra peli de Jaime Camil, al menos. Ahí va una reseñita, al estilo de este blog.

NOTA ACLARATORIA: Y claro que habrá spoilers, ¿acaso no me conocen? Pero sean honestos: si leyeron los libros ya saben qué pasa en las pelis, así que no se corten de leer por esta simple razón. Pero si aún así quieren actuar sorprendidos en la sala de cine ante la muerte de alguno de los personajes, los entiendo perfectamente. Vuelvan mañana al blog, pues, cuando todo esto ya haya pasado.

¿Siguen aquí? Muy bien, arrancamos…
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No las odio por ser bonitas…

“21 años, modelo/chef/abogada de patentes, adicta al Xbox 360 y a los cómics, ninfómana bisexual, coleccionista de motocicletas, me fascina complacer oralmente a mi novio mientras él ve el fútbol en la tele LCD de 60 pulgadas en mi depa de Polanco…”

¿Les suena familiar? Perfiles como el anterior, con ciertas variaciones, pueblan infinidad de cuentas en Facebook, Twitter, MySpace, Hi5, MSN y demás redes sociales. Y siempre están acompañadas por sugerentes fotos (entiéndase: enseñando generosas porciones de cheechee y/o pawmpee) de mujeres con toda la pinta de extranjeras sensuales. ¿Lo mejor de todo? ¡Ellas te siguen a ti! ¡Y ni siquiera las conoces!

La triste verdad es que en el 99.99% de los casos (fuentes: INEGI, SECOFI, TEPEJI, SUPAPI), estas mujeres no son reales. Son, simple y sencillamente, bots: programas destinados a buscar incautos en la red, con la idea de hacernos morder el anzuelo y después extraernos información personal, cuentas de correo y demás datos valiosos. Dichos datos son utilizados para llenarnos el inbox de SPAM variadito. Lo mismo puede ser tan inocuo (y hasta placentero) como invitarnos a ver una webcam sexosa, que dañino para nuestra economía personal, animándonos a mandarles dinero a cambio de facilitar una transacción comercial con el gobierno de Nigeria. Sigue leyendo

¿Otra vez manchando alfombra?

En efecto, no conformes con haber hecho el imbécil en una premiere de cine, el staff completo de Finísimos Filmes (o sea Oliver y yo) nos dimos cita en Cinépolis Diana para la alfombra roja del Es.Cine 2010, el 3er Festival de Cine Español, un evento de mucha categoría y desbordante de cultura que se tuvo que abrir espacio a punta de codazos entre el último estreno de Harry Potter y un popular buffette de cafetería.

Por supuesto, la producción de primerísimo nivel a cargo de Showbeast no puede disfrazar el hecho de que:

  1. Yo estaba batallando gallardamente contra los principios de una bronquitis galopante.
  2. Yo había bebido bastante jarabe para la tos antes del evento para combatir dicha bronquitis galopante.
  3. Yo no tengo la menor idea de quienes son las personas a las que entrevisto y su consecuente aportación al séptimo arte.
  4. Yo debería dedicarme a otra cosa, la verdad.

 

¡Pero somos profesionales, mecáchis en la mar salada! Por eso decidimos mentir y engañar como los mejores (o sea, con absoluta seguridad en nosotros mismos y blandiendo un micrófono como arma letal), para así retratar el enorme impacto cultural que puede generar la presencia de luminarias de la talla de La Mapacha, Carlos Zombieváis y Aleks Syntek (posiblemente espurio), además de una generosa variedad de escotes prominentes y bufandas intelectuales. ¡Saquen el jamón ibérico! ¡Sirvan el Rioja! ¡Corre video! ¡Que ustedes lo padezcan disfruten!

 

¡No Mad Men!

El Canal Once nos está haciendo un regalo excelente, así que no aprovecharlo sería una estupidez. Me refiero a que el día 17 de noviembre comienzan a exhibir Mad Men, una serie de TV que parte copiosas cantidades de mamá. No es exageración. Este blog siempre hace lo posible por orientarlos hacia cosas chidas, confíen en mi.

Mad Men es la forma abreviada de referirse a los “Madison Men” (hombres de Madison). En una época (los 60) en que todas las grandes agencias de publicidad se situaban en la Avenida Madison, en Nueva York, los ejecutivos de dicha industria eran los dueños del mundo, el equivalente de esos innovadores tecnológicos y venture capitalists de Silicon Valley en la era moderna. La serie se centra sobre la figura de un hombre a quien conocemos en un principio de espaldas a la cámara. ¿Quién demonios es? Sigue leyendo

Desde la alfombra roja…

Lo prometido es deuda. No conformes con hacer la mala obra de colarnos a una premier de cine con el mismo descaro que el Loco Valdés aplicó para colarse a la boda de Cristian Castro, tomamos video para que quede claro nuestro compromiso con la incansable labor de hacer el imbécil bajo cualquier circunstancia.

En efecto, la Humildad Móvil de Finísimos Filmes se dio cita en el Auditorio Nacional la noche del 12 de noviembre para cubrir la premier de Seguir Siendo, rockumental en torno a la trayectoria de los máximos exponentes de la escena musical mexicana en la actualidad: Café Tacvba. Tras burlar a la seguridad mostrar nuestras acreditaciones oficiales y de ninguna manera echas al aventón en la impresora láser del Office Depot, el trío de taradez talento conformado por Paloma (asistente de cámara, gerente de producción, apoyo moral, tacones altos, administradora de sobornos, alcohólica), Oliver (guión técnico, operador de “EsteOli Cam”, director de cámaras, pulso sereno, androide de protocolo, alcohólico) y Toño (maquillaje y vestuario, voz afónica, iluminador de libros para colorear, improvisaciones mediocres, chofer confundido, alcohólico) se dio a la tarea de plasmar con la magia audiovisual acostumbrada las incidencias del magno evento.

Tras una ardua junta de producción de 39 segundos, pusimos manos a la obra: Oliver se robó unas cuantas acreditaciones con sus malas mañas de cuando “bolseaba” señoras en el Metro Pino Suárez, yo le quité las insignias nazis a mi abrigo vintage para no asustar demasiado a los entrevistados  y Paloma hizo todo lo posible por evitarnos a ambos tras percatarse de las miradas asesinas que nos dedicaban los medios legítimos presentes desde muy temprano en la alfombra roja.

Nuestra labor fue un éxito, que es como calificamos a todas nuestras iniciativas que no acaban en el Ministerio Público o en la sala de urgencias. Creo que la idea de dejarme hacer las preguntas, siendo como soy incapaz de identificar a una sola de las personas que pasaron frente a mis narizotas, fue un enorme acierto de Oliver y se merece que le den un Emmy o algo. Y para muestra, el video testimonial repleto de periodismo vibrante, edición experta, tenacidad informativa y más estupideces por segundo que un recorrido por la vida y obra de Jaime Camil. Que ustedes lo padezcan…

¡Misiles sobre California!

Si fue un misil nuclear, ¿quién fue el valiente vaquero que lo tripulaba?

En este blog a veces se discuten temas de actualidad. En especial cuando hablan de asuntos que ocupan las mentes ociosas y dedicadas a entretener maquinaciones y conspiraciones de toda especie. Por eso la noticia del misil californiano me llamó tanto la atención.

Para los que no se enteraron, dejen de estar prestando atención a la guerra contra el narco (SPOILER: gana el narco) y atiendan este asunto realmente importante: el lunes 8 de noviembre, justo cuando el sol comenzaba a ponerse, miles (quizá millones) de ciudadanos de Los Angeles avistaron lo que a todas luces pareció ser un misil despegando sobre el firmamente y dejando a su paso una delatora estela de humo. O de vapor. O de algodón de azúcar, no sé qué demonios dejan a su paso los misiles en pleno vuelo. Soy licenciado, no ingeniero. Sigue leyendo

¡No es gracioso!

Esta foto es graciosa. Pero si la niña se fracturó la quijada y/o la nariz, deja de serlo… y tienen que pasar tres o cuatro años para que sea graciosa de nueva cuenta.

Hace unos días el ejército mexicano le dio chicharrón a Tony Tormenta, peligroso narcotraficante y posible pariente lejano del clérigo luchador Fray Tormenta (dato, como de costumbre, infundado). Yo, incapaz de guardar silencio ante cualquier oportunidad de hacer el imbécil, hice un chistorete en mi cuenta de Twitter mencionando que al menos su mujer podría adoptar el “Viuda de Tormenta” y sentirse muy cool al respecto. De acuerdo, no mi mejor ‘tuit’, pero tampoco el peor del mundo.

Lo malo es que uno de mis followers no lo vio así. De inmediato argumentó que no tenía gracia el comentario, pues sobre el tal Tony Tormenta pesaba la carga de un montonal (cifra por confirmar) de muertos, tanto antes de su propio deceso como durante los acontecimientos que provocaron el mismo. Mi reacción inicial hubiera sido insultar al quejoso follower con algún otro chiste malo, pero descubrí una poderosa razón para no hacerlo: esta persona había estado inmersa en el fuego cruzado donde el narco perdió la vida. Durante un par de horitas, nada menos.

Se sucedieron tuits de ida y venida mencionando mi preocupación por su bienestar (salió ileso, por fortuna), además de mis disculpas por haberle ofendido en un momento tan vulnerable. Y de vuelta me llegó un sincero reconocimiento de haberse dejado llevar por el susto y la rabia del momento, algo que no ameritaba menos. Verán, ordinariamente no tolero que la gente me diga que algo es o no es gracioso, por el simple hecho de que estos juicios suelen ser muy subjetivos. Hay cosas sobre las que no bromeo, pero son muy pocas. Sigue leyendo

¡Splash!

Y antes de que hagan el comentario: está escrito así A PROPÓSITO...

 

Anoche me ocurrió una auténtica tragedia. Entraba al baño con mi iPod Classic en mano cuando un atípico atorón de mi bata de Hugh Hefner Región 4 con la puerta me hizo soltar el preciado gadget, que procedió a describir una graciosa parábola olímpica por los aires para acuatizar en el W.C.

Y sí, adelantándome a su pregunta obvia: había pipí. Eso me pasa por querer ahorrarle agua al resto de los capitalinos. Metí la mano instintivamente al inodoro (que estaba bastante odoro, por cierto) y extraje el desafortunado aparatejo. Aún encendido y reproduciendo We’re An American Band de Grand Funk Railroad. Ahora esa rola siempre me recordará el mugroso incidente. Sigue leyendo