Desde la alfombra roja…

Lo prometido es deuda. No conformes con hacer la mala obra de colarnos a una premier de cine con el mismo descaro que el Loco Valdés aplicó para colarse a la boda de Cristian Castro, tomamos video para que quede claro nuestro compromiso con la incansable labor de hacer el imbécil bajo cualquier circunstancia.

En efecto, la Humildad Móvil de Finísimos Filmes se dio cita en el Auditorio Nacional la noche del 12 de noviembre para cubrir la premier de Seguir Siendo, rockumental en torno a la trayectoria de los máximos exponentes de la escena musical mexicana en la actualidad: Café Tacvba. Tras burlar a la seguridad mostrar nuestras acreditaciones oficiales y de ninguna manera echas al aventón en la impresora láser del Office Depot, el trío de taradez talento conformado por Paloma (asistente de cámara, gerente de producción, apoyo moral, tacones altos, administradora de sobornos, alcohólica), Oliver (guión técnico, operador de “EsteOli Cam”, director de cámaras, pulso sereno, androide de protocolo, alcohólico) y Toño (maquillaje y vestuario, voz afónica, iluminador de libros para colorear, improvisaciones mediocres, chofer confundido, alcohólico) se dio a la tarea de plasmar con la magia audiovisual acostumbrada las incidencias del magno evento.

Tras una ardua junta de producción de 39 segundos, pusimos manos a la obra: Oliver se robó unas cuantas acreditaciones con sus malas mañas de cuando “bolseaba” señoras en el Metro Pino Suárez, yo le quité las insignias nazis a mi abrigo vintage para no asustar demasiado a los entrevistados  y Paloma hizo todo lo posible por evitarnos a ambos tras percatarse de las miradas asesinas que nos dedicaban los medios legítimos presentes desde muy temprano en la alfombra roja.

Nuestra labor fue un éxito, que es como calificamos a todas nuestras iniciativas que no acaban en el Ministerio Público o en la sala de urgencias. Creo que la idea de dejarme hacer las preguntas, siendo como soy incapaz de identificar a una sola de las personas que pasaron frente a mis narizotas, fue un enorme acierto de Oliver y se merece que le den un Emmy o algo. Y para muestra, el video testimonial repleto de periodismo vibrante, edición experta, tenacidad informativa y más estupideces por segundo que un recorrido por la vida y obra de Jaime Camil. Que ustedes lo padezcan…

ARCHIVO MUERTO: “Yo no me llamo…”

TonoTag

Ya hace un rato que Archangel (alias DIMM OS), Finísimo Lector de abolengo, me recordó un “gag” recurrente de mis épocas en Men’s Health. Antes de ese trabajo, el correo que recibía a mi nombre se reducía a estados de cuenta bancaria, ofertas para participar en torneos idiotas del Selecciones (nunca gané ni mais) y los temidos requerimientos de la Secretaría de Hacienda, instándome a pagar los centenares de pesos por concepto de impuestos que servirían, a su vez, para pagarle el sueldo a los policías que andaban asaltando gente en mi colonia.

Pero en cuanto me volví director, la cosa cambió. El correo recibido en la oficina pronto se convirtió en un alud de boletines y comunicados de prensa, invitaciones a eventos, paquetería diversa y uno que otro intento por tentar mi ética periodística con regalitos varios de parte de gente interesada en recibir menciones de producto. Digamos que no me tuve que comprar una sola loción hasta que dejé de chambear en editoriales.

Sin embargo, con todo ese correo también se hizo presente un interesante fenómeno. Las maneras de escribir erróneamente mi nombre se multiplicaron como conejos teporingos.

De siempre había tenido broncas en la escuela por lo poco común en México del apellido Sempere, pero también el Valdés empezó a dar problemas (todo mundo cree que soy Valdez con zeta, como El Loco). Y de paso, mi primer y segundo nombre también resultaron afectados. Por extraños motivos mucha gente cree que soy José Antonio, en lugar de Juan. O Juan Carlos, que era la opción “B” contemplada por mis papás cuando yo todavía era una panza dentro de otra panza (la de mi señora madre). El caso es que el Juan junto con el Antonio les resulta a muchos tan extraño como mezclar Pasito Duranguense con una sinfonía de Mahler. Insisto, no me puedo explicar aún la confusión.

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Un viejo ejemplar (2002) de la MH donde debutó la sección.

En fin, comencé a coleccionar los sobres, etiquetas, invitaciones y hasta los e-mails con mi nombre mal escrito, y a repasar mis favoritos en una subsección dentro de mi carta editorial en Men’s Health. El chiste duró un par de añitos, y curiosamente aún hay quienes aún me distinguen de los demás editores (¡saludos, Dre!) por el simple hecho de ser un tipo quisquilloso respecto a malentendidos apelativos. He aquí mis favoritos:

Mr. Sam Perez. Éste inició todo el rollo. Una invitación llegó a mi domicilio, dirigida a dicho personaje. Como yo sabía que la persona que la envió era de origen gringo, comprendí de inmediato que se trataba de una interpretación errónea cuando alguien le recordó que debía incluir a “Sempere” en la lista. Aún hay amigos que me llaman por este nombre.

Mr. Anthony Santori. Empezaba la primera temporada de Los Sopranos en HBO cuando me llegó un paquete de FedEx con este italianizado nombre. Jaime, redactor estrella de Men’s Health, se entretenía imaginándome como un mafioso de poca monta (onda los cuates de Donnie Brasco), y pronto adopté este alias para hacer reservaciones en restaurantes. Digo, difícilmente le vas a salir al commendatore Anthony “Tony” Santori con que no hay mesa para cuatro, ¿o sí?

Sra. Juana T. Semprese. Lo malo de abreviar tu nombre como “Juan A” es que siempre alguien acaba por llamarte Juana. El apellido mal escrito ya no me extrañaba a estas alturas, pero lo que aún no entiendo es la “T”. ¿De dónde salió? ¿Qué quiere decir? ¿Será otro nombre de mujer? ¿Teresa, Tomasa, Thalía? Puras incógnitas…

Juan Sempierre. Tampoco me faltó una versión afrancesada del apellido. Creo que ésta la originó alguien que me conoció en la secundaria del Colegio México, pues mi profe de historia (el Ramiro) insistía en pronunciar mi apellido como “Sempuá” (o algo así), pese a que yo le decía que se pronunciaba igual que como se escribía. “No seas necio, tu apellido es francés”, era su respuesta. Pinchi Ramiro.

José Alfonso Fempere. Enorme, pues falló en los dos nombres y el apellido. Mi amigo Ramón Raya siempre me ha llamado “Poncho” en modesto homenaje (creo) a esta versión. Y para acabarla, el tipo que me puso dicho nombre también se equivocó en el nombre de mi revista, pues le puso “Hombre Internacional”.

Sr. Sampaire. Raro, pues “Sampayer” fue otro romanceamiento de mi apellido, esta vez en la universidad. Aún no sé cómo se pronuncia, pero si me inclino por la enunciación en inglés casi casi suena correctamente.

Juan Antonio Serafainder. Inolvidable. Una secre habló a mi oficina preguntando por este tipo, y se trabó tres veces al pronunciar el “Serafainder”. La corregí. Incluso me ofrecí a deletrear mi apellido correctamente. Lo releyó en voz alta, aún mal. Volví a corregirle. De plano me dijo que me mandaba la invitación al evento por e-mail. Y claro, lo dejó como la primera vez. “Digo, usted ya sabe que es pa’ usted, ¿erdá?”. Erdá, sin duda. La Uritita Erdá.

Sr. Simfere, de Men’s Healt (sic). Otro tipo que habló para pedirme que le deletreara correctamente mi apellido. A estas alturas yo ya estaba dudando de mi habilidad para deletrear, así que le pedí a mi Director de Arte que sirviera como testigo cada vez que yo dictaba mi apellido por teléfono. Lo mejor es que también le ofrecí deletrear el nombre de la revista, pero mi interlocutor me dijo “No gracias, ése sí sé cómo se escribe”. Y no, se le olvidó una hache.

J. Autonia. Directito desde las oficinas de Men’s Health Sudáfrica. Cuando reimprimieron un artículo mío para su edición, también me añadieron a su lista de colaboradores, y cada vez recibía mi “ejemplar de cortesía”, con todo y esta original versión de mi apelativo. Me imagino que en Afrikaan la palabra “Autonia” significa “aquél cuyo nombre aparece siempre mal escrito”.

Joe Antonio Simpers. Una invitación a un crucero por las Bahamas. La acepté, claro, pero de inmediato surgieron broncas cuando me preguntaron porqué el nombre en mi pasaporte no coincidía con la reservación. Eventualmente me quedé sin ir. ¡Te la pelaste, Joe Simpers!

Y de postre, todos los demás: José A. Sempere, Juan A. Cenepre, Juan Cenpere, Juan Antonio Samper, José Antonio Semper, Juan Carlos Sempere, José Carlos Sempere, J. A. Samperio y Juan Manuel Sempere (mi hermano). Así que ya saben: si escuchan que alguien vocea a uno de estos personajes en un restaurante, en una sala de espera o en los separos de la prisión, no duden en pasar a saludarme.

ARCHIVO MUERTO: ¡Vámonos de Rol!

Notilla de Vainilla: Otro texto de los días de Planeta Paulina, ahora dedicado a una de las prácticas más extrañas que un chilango puede experimentar. Algunos nombres han sido cambiados para proteger al autor de represalias físicas. ‘Che guey sacón…

VillaDeRota

“La primavera pasada ya habían salido Piedad,
Holocasto, Justiniano, Masiosare y Nicolás
la menor de las Gutiérrez con diez vueltas se casó
¡y esta Céfira no sale por más vueltas que le doy!”

– Chava Flores, Vámonos al parque, Céfira

Por EL PRIMO TOÑO (de Chilangolandia)

Aquellos 15 días en Villa De Rota, capital del estado de Aburrimiento Comatoso, siguen grabados indeleblemente en mi memoria. Hoy en día recuerdo mi desencanto con la desafortunada urbe (por usar el ultimo término con cierta magnanimidad) y no puedo hacer nada más que repetirme la misma pregunta: ¿por qué no decidí emplear esas vacaciones para operarme el apéndice –otra vez? La cama de recuperación, la comida insípida, el dolor constante y la visita recurrente de enfermeras con supositorios en mano hubieran resultado más entretenidas que las horas interminables, vacías, acaloradas… lentas, sobre todo lentas, que tuve que pasar hundido en ninguna parte.

Fué a fines de los ochenta. Creo que en esa época, en ese lugar, la Real Academia se decidió a redefinir la palabra “calor”.  Mis vacaciones veraniegas promediaron una temperatura máxima diaria de 419°C, a la sombra. No quiero recordar el calor cuando era de día. Mis primos, orgullosos provincianos, no cesaban de referirse a Villa De Rota como “Sucursal del Cielo, Capital del Mundo y Próxima Sede del Vaticano”. Yo tomaba el desafortunado chascarrillo como una cruel burla a mi desprecio por las negras vacaciones que se avecinaban sobre mi persona. En mi opinión, ese lugar ha sido, es y será por siempre un pueblo bicicletero, donde el máximo evento cultural fue un concierto de Timbiriche por ahí de 1987 y donde los hinchas del “Ferrocarrileros”, el cuadro de fútbol local, presenciaban los pésimos cotejos de su equipo vestidos con sus mejores galas, ante el sol despiadado de cada domingo en el Estadio Benjamín “Cucaracho” Heredia.

Sin embargo, siendo fiel al viejo adagio que reza “los viajes ilustran”, me resigné a hacer de mis días de ocio en el infierno una experiencia de aprendizaje sobre las costumbres de aquellos curiosos parientes, vecinos del norte sin ser gringos y habitantes del infierno sin ser demonios. Y es así como me involucré en el arte ancestral de (fanfarrias norteñas con redova y “¡Ajúas!” del Piporro): Dar el Rol.

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Nuestros lectores opinan…

Para esas ocasiones en que la Musa se toma el día para visitar a su tía que vive en Perote, siempre es bueno recurrir a la sabiduría popular. Por desgracia, yo solo cuento echar mano de aquella que emana de los lectores de este humilde blog. A ver qué sale…

“¿Por qué no has puesto nada de tu biografía en el blog donde dice ‘About’? Muchos queremos saber de dónde saliste, dónde estudiaste, etc.” – Asssterixxx387

Esos datos son parte de mi autobiografía no autorizada. Como todavía no la autorizo, no hay datos. Pero ya mero soluciono el asunto, lo malo es que negociar con uno mismo es bien delicado. Un día se me disparó un amparo y me demandé solito. Por suerte tenía un acta pericial a la mano para mitigar el impacto, pero me las vi negras, como Barack en la regadera.

“¿Boxers o trusas?” – K@rlit@_De_Efe

Ninguna de las dos.  Así como Eva y Adán cubrieron su desnudez con hojas de parra, yo lo hago, pero con hojas de plátano. Las de parra revelan demasiado. ¡Ya saben, chicas! Lo malo es que mis partes pudendas empiezan a oler más y más a tamal oaxaqueño.

“Ya vi que vaticinaste al TD de Polamalu para la Victoria de Acereros unos segundos antes de que ocurriera. Ya en serio, ¿quién va a ganar el Súper Tazón?” – TB12-DeMiAn

El Súper Tazón pasado TODO MUNDO dijo que los Patriotas ganaban, y los Gigantes les dieron la campanada. La NFL de hoy está llena de sorpresas, y este Súper Tazón no será la excepción. ¿Estás listo?

Mi pronóstico es el siguiente: los dos equipos van a perder. Como lo oyes. Es un resultado que jamás se ha dado en la historia de la liga. Pero lo veo clarito como el agua. Es tan improbable, que lo más seguro es que suceda. Claro, hay quienes no concuerdan conmigo. De hecho, los momios en Las Vegas están así:

Pittsburgh gana a Arizona por madriza… 8 a 9
Pittsburgh gana a Arizona por menos de una madriza… 3 a 5
Ambos pierden… 1 a 2
Todos ponen… 6 a 1
Toma todo… 6 a 1
Arizona gana… 9! a 1*

* O sea nueve, a la potencia de nueve, a la potencia de nueve, a una. Gracias, calculadora científica de la prepa.

“¿Quién es tu lector o lectora favorito, y por qué? ¿Soy yo? ¡Dime que sí!” – Pedro Ruanova, DF

Siento echar por tierra tus fantasías homoeróticas, Pedro, pero hay que hacer muchos méritos para ganarse un lugar en mi corazón. Dicho sea de paso, deja de mandarme tus fotos recién salido de la regadera. Por piedad. OK, no nos desviemos. Por principio de cuentas es muy pronto en la vida de esta blog para empezar a distinguir favoritos, pero de entrada te diré que hay lectores que van un paso más allá. Siempre comentan. Escriben mails seguido. No sólo eso, escriben y comentan cosas que aportan y enriquecen el contenido de estas páginas. Ahora bien, una vez aclarado el hecho de que mis familiares y amigos no son elegibles para tan magno galardón, mi lectora favorita hasta el momento es Patricia Ivonne. No solamente escribe seguido para comentar lo que he escrito, sino que además le interesa mi opinión sobre su carrera. Verás, Paty está interesada en el modelaje, y a sabiendas de que he fungido (y fingido) como director de revista, me ha consultado respecto a su portafolio fotográfico. De paso me ha permitido comprobar que Finísimas Personas tiene a las lectoras más atractivas en el universo bloggero. Para muestra…

Paty Ivonne...

Paty Ivonne...

wr-2

...Finisima Lectora!

...Finísima Lectora!

Ojo, nopales infiltrados: Paty es buena amiga de este blog, así que no empiecen con comentarios y piropos de refaccionaria, pues no tendré empacho en borrarlos. Nada de “Con esas ___ y un ____ yo sí ___ mis ____”, evítense el “En esa ____ si me ____”, y ni piensen siquiera en “Aviéntame unos _______ para que _____ mis _____ y me ____ en tus _____”, pues francamente esas cosas, aparte de ser físicamente imposibles, no vienen al caso en un blog decente como el mío.

Interesados en contratar a esta modelo, escriban a finisimapersona@mac.com, yo le paso el mensaje.

Y las comparaciones son odiosas, pero para que vean que no miento, fuimos a blogs rivales y copiamos fotos al azar de sus lectoras…

"Sieg Heil!"

"Sieg Heil!"

"¡El horror! ¡El horror!"

"¡El horror! ¡El horror!"

"AAAARGHHH! MAKE IT STOP!"

"AAAARGHHH! MAKE IT STOP!"

“¿Dónde acabó tu bigote?” – Raúl Ayala, San Diego, EEUU

En el fondo del lavabo, obviamente. Un par de días antes de la meta me tallé vigorosamente la cara después del baño y dejé la mitad de mi anémico mostacho embarrada en la toalla. Una de dos: o mi mujer me puso Epilady mezclado con el jabón corporal, o esas navajas de rasurar fabricadas con plomo no son tan buenas como pregonaba el tipo que las vendía en el Metro Villa de Cortés. El caso es que acabé afeitando el resto y replantearé la posibilidad de repetir la hazaña en este 2009. Estén pendientes.

“Me enteré que tu contador, Optimus Menchaca, está en prisión. ¿Puedo ofrecerte mis servicios?” – CPT Manlio Ampudia, Monterrey

CPT Optimus Menchaca, en dias más felices. ¡Ánimo Optimus, que quince años no son nada!

CPT Optimus Menchaca, en días más felices. ¡Ánimo Optimus, que quince años no son nada!

Mi lealtad hacia Optimus es sólida, Manlio, principalmente porque sospecho que mis complicadas finanzas personales y singulares relaciones laborales fueron culpables de su lamentable status actual como huésped de nuestro sistema penitenciario. Ahora bien, si tienes facilidad de desviar fondos a naciones sin tratados de extradición con países pertenecientes a la ONU, si compartes mi idea de que 2 + 2 no son necesariamente 4 y si tus conocimientos contables van a la par de tus dotes como masajista shiatsu… podemos hablar, ¿porqué no?

Jai Definishon 2.0

Versión ligeramenta actualizada de un post escrito hace casi dos años para el brillante Alfonso “El Macho” Duro, en su blog saca2deonda.com cuando aún residía en Blogger (ahora vive feliz en versión WordPress).

¿De dónde saliste?

¿Cómo te anunciaste en mi vida por primera vez, y por qué designios?

¿Sabías que estabas destinada a ser mi fiel compañera durante tanto tiempo? ¿O creíste que lo nuestra iba a ser fugaz, un mero ardid, saciar una sed repentina con el primer trago que está a la mano?

Lo cierto es que hoy, 15 años después de reunir nuestros destinos por primera vez, quiero desvelar tus secretos, gritar a los cuatro vientos que no hay nadie como tú, que eres única porque eres mía, pero eres mía porque quisiste serlo.

¿De dónde…?

Del fallido restaurante & bar & grill & cigar lounge & fuga de capitales familiares que mi atribulado padre tuvo a bien crear en compañía de sus 3 socios: uno, vendedor de tarjetas telefónicas que no servían más que para marcar a Oaxaca; otro instalador de DirecTV pirata; alguno más cuyos fondos provenían de misteriosas fuentes (o sea, del gobierno de México). Ninguno de los tres experto en materia restaurantera.

¿Qué podía salir mal?

"La Tele, circa enero 2006"

"La Tele, circa enero 2006"

Te miré del otro lado de la barra de caoba, resplandeciente entre la multitud dedicada a dejar quemaduras de cigarrillo y redondeles húmedos de vaso highball durante la velada inaugural. Tu morenez destacando contra la descascarada pintura wash simulando una añeja… ¿tasca? ¿fonda? ¿trattoria? El concepto gastronómico aún estaba en el aire (acabó en steak house). Mostrabas los brillantes colores de Jorge Campos atajando disparos de Eric Wynalda en la Copa América, hasta que en tiros penales nos eliminaron los gringos 4 a 1. Tragedia griega-vía-Uruguay-vía-satélite. En el dolor y el pesar de la derrota, mi triunfo fue conocerte. Tus 29 pulgadas de pantalla me apantallaron, tu VHS integrada capturó el momento para la posteridad, y tomé juramento mientras me llevaba un tarro de Negra Modelo a la mesa: “Serás mía, yo lo sé”.

Cuando el restaurante & etcétera se fue a pique (digamos que el Titanic hizo lo propio con menos celeridad), no tuve empacho en lanzarme como ave de rapiña un domingo por la mañana a liberarte de tus ataduras. Claro, sabiendo que todo estaba perdido, también liberé una caja de Fundador, dos botellas de Absolut Citron y 36 latas de aceitunas rellenas de anchoa. ¡Jugoso botín, digno del pirata Laffite en el Caribe o de Francisco Pizarro en su paso por tierras incas!

Tuve que regresar el domingo siguiente a buscar tu control remoto, que se me olvidó sobre la barra del difunto establecimiento…

Pero una vez en casa, reunidos en la intimidad de mi modestísimo departamento de soltero, pude apreciarte en tu justo valor. Tu deslumbrante claridad. Tu nitidez rayana en la obscenidad. Tu close caption automático al oprimir mute. Sí, tus rojos nunca fueron sanguíneos como los de Caravaggio, más bien tirando a los purpúreos rubores de una fiebre mal atendida, ¿pero qué importa el color en cuestiones de amor?

Y si bien tu sonido monoaural nunca podía aspirar a competir con los stereo surround y DSP que empezaban a ponerse en boga, nunca me hiciste extrañarlos. Tu voz no posee la ambigüedad de dos canales esterofónicos: es única, indivisible, honesta. Es la voz desgarradora de viejos seriales del radio AM, donde no sabíamos de dónde provenía el disparo, pero sí que alguien estaba echando bala a toda pólvora.

Eventualmente uní mi destino a una mujer, pero tú nunca fuiste el tema delicado de conversación, pues lo nuestro tenía historia. Ella te aceptó, renuente al principio (“¿O sea que no vamos a poner una tele nueva en la mesa de regalos?”), curiosa después (“Me tienes que enseñar cómo hacerle para programar la video y que grabe Café con aroma de mujer“), hasta que finalmente te adoptó sin recelos ni condiciones.

Y nos enseñaste a sobrevivir.

A sobrevivir el estar sostenida sobre una mesilla plegable de madera en lo que llegaba el primer mueble/gabinete ex profeso para albergar tu estructura.

A sobrevivir el utilizar diariamente tu función de REWIND en vez de confiar en las regresadoras que tocaban la quinta de Beethoven después de expectorar un videocassette.

A sobrevivir una pléyade de periféricos, pues los dioses tuvieron a bien darte UNA SOLA terminal de Audio/Video In (RCA) en el panel frontal, misma que he penetrado, inmisericorde y prosaico, con dos preamplificadores, un laserdisc, una video beta, tres sistemas DirecTV (uno pirata, dos legítimos), cuatro DVDs, un 3DO, un Playstation, un Playstation 2, un Xbox, una caja de cable y un TIVO. No al mismo tiempo, obviamente…

A sobrevivir mudanzas a seis domicilios y dos países…

A sobrevivir la muerte, estentórea y gradual, de tu control remoto…

A sobrevivir la inserción de un sandwich de queso en la videocassettera. Y no, no fue mi hija. ¿Recuerdas el Fundador y el Absolut Citron? Yo sí. Y son malos consejeros…

No sé de dónde saliste. Mi padre confesó haberte adquirido en pago por unos servicios contables prestados a una importadora de electrodomésticos, y que eras el único modelo en exhibición. Decidió añadirte a los activos del fallido restaurante con la idea de atraer clientes en días futboleros. No tienes número de modelo al frente, ni más distintivo que los tres rombos de Mitsibushi. Cuando me di a la tarea de buscar tu control remoto por Internet, en afán de reemplazarlo por uno semi nuevo, descubrí que nadie cuenta con un original en servicio (y que ni siquiera hay fotos de tu línea en el website del fabricante). Eres casi pieza de colección.

Yo creo que no te fabricaron. Creo que quisiste ser. Simplemente, existir. Creo que eres inteligencia artificial, evolución lógica tras años de mejorar lo inmejorable.

Creo que te armaste sola, canibalizando piezas de otros electrodomésticos en esa mítica bodega.

Creo que eres indestructible, pues nunca te has descompuesto. Tus colores siguen tan vivos como siempre. Tu sonido monoaural sigue nítido, sin delatar un sólo gemido de un tweeter discordante o un bajo con carraspera. El control remoto del DVR DirecTV que te acabamos de conectar suple casi todas las funciones de tu viejo remoto, algo que no había logrado emular con media docena de reemplazos “universales”.

Creo que tú le enseñaste al control nuevo lo que tiene que saber de ti, y no a la inversa.

¿Y tu videocassetera? Sigue grabando. Y si bien el formato nunca podrá aspirar a competir con la imagen de laserdiscs, DVDs y BlueRays… sigue siendo fiel. Aún puedo grabar en tí eventos que la posteridad merece conocer. Cierto, cada vez hay menos gentes que pueden reproducirlos, a medida que sus respectivas VHS van muriendo y son reemplazadas por otros formatos, pero tú… Tú te has negado a morir.

¿Por qué?

Hoy me llegó otro catálogo por correo, intentando mermar mi resistencia a darte el adiós. Best Buy ofrece LCDs y Plasmas de 32″ alrededor de los 500 dólares. En efecto, aún los modelos introductorios te rebasan en dimensiones de pantalla y funciones logísticas. Todas son HD. Todas pueden montarse en la pared. Todas son insolentemente nítidas.

Pero tú sabes que nada va a cambiar. Que no vas a ir a ninguna parte. Sabes que llevamos demasiado tiempo juntos. Por ti ha pasado toda mi historia: has visto el video de mi boda y mis trabajos de cine de la universidad. Has grabado y reproducido todas las temporadas de News Radio, Battlestar Galactica y The Wire. Has visto más pornografía que Larry Flynt. Y no revelas nada aún, sigues mirándonos noche tras noche, día tras día, en espera de una sustitución que no ha de llegar.

Algunos piensan que no te cambio por tacaño. Otros, por nostálgico. Pero la verdad es que no te cambio porque te respeto.

Y te temo un poco, la verdad.

Muerte Mortal: La Eterna Saga de Alex Peligro – Parte 1

Antes de mis desvaríos actuales… Antes de Conozca Más… Antes, de hecho, de Editorial Telerrisa, surgió Planeta Paulina. Este inocente (¡Ja!) grupo literario se convirtió en la alternativa semiletrada a tantas noches de cerveza y dominó, pero debo reconocer que me sirvió para adquirir de nueva cuenta el hábito de la escritura constante. Ojo, no digo de la escritura brillante. CONSTANTE, y ahí le dejamos. valiente

Como todo autor en ciernes, quise explorar  los recovecos más absurdos de mi bagaje literario. Lo que salió fue una amalgama de mi predilección por las novelas detectivescas y de espionaje (de John Le Carré a Raymond Chandler), el cine de acción de baja categoría, la literatura pulp y el mal gusto de siempre. Y así nació Alex Peligro: un extraño híbrido de mi buen amigo Alejandro Orozco (Alito iii), Johnny Bravo y Hugo Stiglitz en Tintorera. Un semidios, vamos. A petición de Joaquín Badajoz, otro queridísimo amigo que no tiene la culpa de apreciar esta clase de obras, iré subiendo al blog algunos de los pasajes de la epopeya conocida como Muerte Mortal. Aquí va la primera, titulada ¡Bésame, Tonta! Es de hace como 12 años, así que ténganle paciencia a las detalladas descripciones.

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Alex Peligro en…

¡Bésame, tonta!

“I woke up with a waitress
the way I always do
How was I to know
she was with the Russians too?”

– Warren Zevon,
Lawyers, Guns & Money

Athena miró lánguidamente hacia el balcón, donde las prístinas aguas del Mar Egeo lanzaban titubeantes reflejos al rostro adusto, circunspecto, devastadoramente atractivo. Ese rostro pertenecía al extraño caballero de la melena rubia y el pausado andar, propio de quien carga con la muerte a cuestas. La joven devoraba con los ojos la espalda apolínea, libre de espinillas y burdas vellosidades, pero plena de cicatrices de guerra: aquí, las huellas de los latigazos propinados por los esbirros del Gran Saipán durante la liberación de Estanislasestán; allá, las cuatro vetas rojizas producidas por las garras de una pantera embravecida en la agreste jungla de Burkina Faso; más abajo, la hendedura que dejó el puñal de la despechada Condesa Denegri durante aquella noche de aventura en Montecarlo; justo en medio de la espalda, hasta abajo, la rendija que… bueno, aquella no era una cicatriz. Era el punto donde los firmes glúteos del terrible Adonis dibujaban una graciosa sombra al borde de los calzoncillos, blancos e impolutos como la nieve, excepto por aquel ligerísimo filón color canela que dividía meridionalmente la cara interior de la prenda.

Pero Athena no podía ver esa pequeña imperfección, fruto de la ajetreada existencia furtiva de un héroe de leyenda, acostumbrado a montar caballos desencillados. Después de todo, como él mismo solía decir con su voz ronca, seductora: “Cuando la humanidad está en riesgo, lo último que pasa por mi mente es el cambiarme de trusas”. En efecto, esa íntima pieza de vestir le había acompañado en sus más grandes proezas, estirándose sus fibras con habitual eficiencia, cuando su dueño le exigía saltar entre azoteas de casuchas mediterráneas; o cuando recorrían, íntimamente ligados, las estepas siberianas a lomos de un veloz garañón, cuyo galope incesante fusionaba aún más a hombre y calzoncillo. Athena suspiraba, deseando estar hecha de algodón, banda elástica y contar con una práctica abertura frontal en forma de “Y”… cualquier cosa con tal de quedar aprisionada eternamente contra la hombría de aquel viril especimen, personificación pura de justicia y pasión.

Pero él no devolvía las miradas.

Absorto en la contemplación de la placentera bahía que se extendía ante el balcón de la posada, Alex Peligro parecía admirar la belleza del pueblecillo costero como cualquier otro turista. Pero quienes le conocían (tanto como puede llegar a conocerse a un misterioso vengador justiciero de nebulosos orígenes) sabían que este no era el caso. Sus penetrantes ojos azules, testigos de oleadas de muerte y desolación, saltaban de aquí para allá, pero no admirando las bellezas naturales del lugar, sino reconociendo el terreno en busca de algo sospechoso, algo fuera de lugar. Peligro no había llegado tan lejos dejando que las amenazas le hicieran presa mientras recolectaba memorias para su álbum fotográfico de la memoria visual. No, prefería pecar de precavido que ser un número más en la lista de decesos no identificados.

¿La cornisa de la iglesia local? Una vía de escape alterna en caso de que los hombres del corrupto alcalde Tinakos decidieran hacerle una visita inesperada en la habitación que compartía con Athena. ¿La joven que vadeaba en la playa, su núbil cuerpo desnudo de la cintura hacia arriba? Una posible vigía al tanto de sus movimientos, dando parte de los mismos a cualquier gavilla de asesinos. ¿La viejecita que arrastraba su decrépito cuerpo por los callejones aledaños al mercado? Quizá un francotirador habilmente disfrazado, ocultando un rifle de precisión VSS en la barra de pan. ¿La joven que vadeaba en la playa, su núbil cuerpo desnudo de la cintura hacia arriba? Posiblemente una damisela en apuros, a juzgar por la forma en que ajustaba su tanga de hilo dental una y otra vez, desalojando la molesta arena. ¿Los tres hombres de traje gris, camisa negra y corbata amarilla, que portaban sendas escopetas y avanzaban por la calle que llevaba a la posada, señalando su balcón? Seguramente inocentes y bienintencionados cazadores citadinos de palomas torcazas, buscando alguna presa. ¿La joven que vadeaba en la playa, su núbil cuerpo desnudo de la cintura hacia arriba? Soltera, quizá, a juzgar por la falta de compañía masculina que halagara sus firmes y enhiestos…

– ¿Alex?

El llamado de Athena distrajo brevemente a Alex Peligro de sus cautelosas deducciones. Girando suavemente sobre sus talones, la sombra del temido vengador se proyectó desde el umbral del balcón hacia la habitación. Con la puesta de sol ahora a  espaldas de su hombre, la ardiente griega intentaba distinguir los rasgos definitorios y el resto de las huellas de combate en la imponente figura. Sobresalía el cuadriculado abdomen, torneado a fuerza de usar una y otra vez un versátil artefacto traído de occidente, adquirido por el canal de ventas QVC por sólo $19.99 más gastos de envío, y que Alex guardaba celosamente en la modesta valija Samsonite que albergaba sus pertenencias, protegida esta última por sendos candados de combinación, cada uno de las cuales requería de la clave “007” para liberar sus contenidos. Los potentes pectorales, que semejaban dos losas de concreto forradas de carne humana, capaces de infundir terror en sus enemigos, pasión en las hembras y una extraña sensación de curiosidad erótica en aquellos hombres influenciados en sus etapas adolescentes por madres dominantes y padres abusivos. Alex sabía que los pectorales prominentes eran un arma más en su arsenal contra el enemigo, y por eso solía protegerlos al máximo con un delicado brassiere de encaje negro, según le había revelado a Athena hacía un par de días, cuando ella le había sorprendido vistiendo la prenda y mirándose en el espejo antes de tomar un merecido baño de burbujas con aceites esenciales. Y los poderosos brazos, gruesos como robles, tatuados con infernales imágenes que inspiraban terror en los adversarios más temibles: Una calavera con dos tibias entrecruzadas… Una serpiente enroscada en un sable de hoja curva… Un logotipo de los Raiders de Oakland… Un demonio emergiendo de un volcán en erupción… Taz, el demonio de Tasmania, mordiendo a Bugs Bunny… Un ancla aplastando un camión escolar… Estampas de horror, nada más que el horror producido por una vida de guerra sin cuartel.

El rostro de Peligro era… el rostro del peligro. La mueca de desdén permanentemente dibujada, indicador de que este hombre no era capaz de tomarse las cosas a la ligera. La nariz, achatada por mil y un combates mano a mano, frecuentemente sostenidos en inferioridad numérica. La frente, arrugada en un constante rictus de dolor, reflejo fiel de la tortura, del sufrimiento popular y de una alimentación abundante en especias exóticas y en carnes de ganado porcino y caprino, incluidas las menudencias y las grasas de difícil digestión. Y los penetrantes ojos azules. Ojos que doblegaban la voluntad del mal y aflojaban la virtud de las mujeres castas mediante un ligero aleteo de pestañas.

Había llegado el momento. Sí, el momento de amar.

Athena removió de súbito la tenue sábana que ocultaba su cuerpo frágil de doncella mediterránea. Su piel, bronceada y humedecida por el bochorno vespertino. Sus brazos, delicados y tersos como ramas de árbol joven. Sus piernas, largas, torneadas y velludas, como era costumbre en las mujeres isleñas. Sus pechos, firmes y pesados, e incluso algo deformados por la carencia de lencería con soporte adecuado, escasos en los pobremente surtidos comercios locales. Su sexo… ¡ah, su sexo!… recubierto de los rizados caireles que incluso invadían las caras interiores de sus sensuales muslos. Alex contemplaba absorto la desnuda figura de Athena, y sin mayores preámbulos saltó hacia la desvencijada cama, con el fin de hacerle suya de una vez por todas.

Los brazos rígidos de Peligro sostuvieran a Athena, y los labios de ambos se encontraron en un largo beso. El sabor de la boca de aquella griega dispuesta era de sal marina y jazmín en flor… de hojas de parra y aceite de oliva… de sandía, sándalo y salmonetes ahumados en madera de cedro. Alex llegó incluso a detectar algo de carnero frito y huevo de granja, también frito, producto quizá del desayuno de su amada. Las lenguas de los ardientes osculantes se abrieron paso entre labios y dientes, como guerrilleros abriendo brecha en la jungla con el machete desenvainado. La poderosa lengua de Alex, plena de músculos gracias a que su dueño le obligaba a rodar aspirinas por el suelo veinte minutos cada día,  doblegó de inmediato a la débil lengua de Athena. Esta se rindió en un pujido de placer, y se estrechó más contra el cuerpo de Alex. Podía sentir la rigidez en todo el cuerpo de su amado: en sus bíceps, en sus hombros, en su abdomen, en sus oblícuos… en sus muslos… en sus tobillos… parecía que algo estaba aún falto de rigidez… pero ¿qué era?

Alex levantó a Athena en vilo y la llevó cargando de la cama hacia el balcón. las últimas luces del sol que se ocultaba en el horizonte bañaron sus cuerpos semi desnudos. Athena podía ver que Alex lanzaba miradas, entre besos, en dirección a la playa, donde sólo quedaba una joven bañista jugueteando entre las olas. Ahora sí, al parecer la rigidez en el cuerpo de Alex era total. Athena sentía una porción del cuerpo de su amado creciendo, desarrollándose… curiosamente, aquella sensación de hinchazón aumentaba con cada nueva mirada de su amante hacia la playa. ¡Qué romántico! Evidentemente el hercúleo extranjero se excitaba mirando la puesta de sol y las olas que lamían las cálidas arenas en erótico vaivén.

La pasión engullía a la doncella. Estaba a punto de entregar el fruto de su virginal resguardo a aquel hombre que le profesaba un amor incondicional y puro, pidiendo sólo a cambio el abrigo de sus besos, la protección de su identidad, el ocultamiento de su modesto arsenal de armas y, ocasionalmente, un poco de pan para saciar su hambre. De vez en vez, Alex se atrevía incluso a solicitarle, con esa cautivadora mirada de luchador en defensa de los desafortunados, algo de jamón curtido, queso, fruta fresca y quizá una rebanada de tarta de higo, pero el prepararle estos detalles era sólo un ínfimo agradecimiento para con el libertador de los oprimidos. En rarísimas ocasiones se había atrevido a pedirle prestados unos cuantos billetes “para comprar armas y… eh… municiones… sí… tú sabes… para los… eh… rebeldes…”, según le había explicado tan claramente. Athena no vaciló en facilitarle una buena porción de sus ahorros, con tal de mantener contento al bastión de la libertad que ahora, en agradecimiento, iba a llevarla de la mano al pináculo del placer carnal. El beso, inocente al principio, era ya una vorágine de lenguas, labios, mordiscos y saliva. Las manos de Alex no podían detenerse, mientras exploraban con fervor cada curva, rincón y superficie cuadrada de la piel de Athena. Ambos ardían en deseo. La penumbra del ocaso se veía interrumpida tan sólo por unas cuantas estrellas en el firmamento, la tenue luz de un farol en la plaza principal y el delicado punto de luz roja que cubría el lado derecho del rostro de Alex. Extasiada, Athena preguntó:

– ¿Cómo te hiciste ese punto rojo en la cara, amado mío?

Alex suspendió de súbito las caricias, abrió desmesuradamente los ojos y giró instintivamente sobre sus talones. Una fracción de segundo después, el rostro de Athena desapareció en una explosión de sangre, materia cerebral y rizos azabache. Alex Peligro volteó en dirección a uno de los callejones del mercado para ver a una viejecita que le apuntaba con una barra de pan, equipada con mira láser. Reaccionó lanzándole una pesada maceta con geranios que descansaba sobre el barandal del balcón. La viejecita echó a correr, justo antes de que la maceta estallara en mil pedazos de mortal barro cocido. Alex escuchó un disparo de escopeta a sus espaldas. Giró sobre sus talones una vez más, mirando como la puerta destrozada de su habitación cedía ante la embestida de tres hombres de traje gris, camisa negra y corbata amarilla, que portaban sendas escopetas. ¿De dónde demonios habían salido? ¿Cómo le habían descubierto? Pero no había tiempo para hacerse preguntas inútiles. Los tres griegos levantaron sus armas una vez más, gritando extrañas admoniciones a voz en cuello. Alex se acuclilló a la velocidad de un rayo, tomó el cuerpo inerte de Athena y lo lanzó con una fuerza incontenible hacia sus agresores. Los tres emisarios del malvado Tinakos no lograron reponerse del sorpresivo contraataque. El cadáver de una joven doncella, solamente culpable de querer conocer el amor antes de morir, se estrelló contra ellos y les hizo rodar por los suelos. Alex dió un paso dentro de la habitación, tomó una modesta valija Samsonite de debajo de la cama y regresó al balcón con grandes trancos. Se puso de pie sobre el barandal que dominaba la calle principal y saltó al vacío.

La imponente figura de Alex Peligro, ataviada solamente con unos calzoncillos mayoritariamente blancos y empuñando su fiel Samsonite, aterrizó grácilmente sobre el toldo desplegable de la taberna, un par de pisos más abajo de su habitación en la posada. Rebotando sobre la manta semi elástica, saltó nuevamente por los aires y logró asirse con la mano libre de un farol en la plazoleta desierta. Se deslizó por el farol hasta posar los pies sobre el suelo empedrado, y echó a correr por la plaza en dirección a la playa. Una veintena de metros más tarde, sus pies se posaban en la pálida arena. Miró hacia atrás. Los hombres de Tinakos le miraban atónitos desde el balcón, maldiciéndole con el puño cerrado, pero sin duda reconociendo en sus adentros la talla del adversario y su pericia para evadir la muerte. Alex les dedicó una de sus más sardónicas sonrisas, con guarnición de dedo medio, y caminó rumbo al muelle donde le esperaba una vieja barca pesquera preparada de antemano para escapatorias súbitas.

Pero Peligro se detuvo una vez más. De las imponentes aguas del Mediterráneo emergió la figura de la joven que vadeaba en la playa, su núbil cuerpo desnudo de la cintura hacia arriba. Ella le miró divertida. Sus pechos firmes delataban que el sol era un bronceador inclemente en esta época del año, y sus pezones clamaban que el agua, al caer el sol, no era tan cálida como de costumbre. La joven se le acercó sonriente diciendo:

– ¡Hiiiii, handsome! I’ve noticed you around, peeping on me from your room at the inn… you naughty little boy, you…

La amazona extendió su delicada mano derecha, diciendo:

– Anyway, I’m Sue Helen, from Denver. And you are…?

Alex la miró con un dejo de misterio. Acercándose, le susurró al oido:

– Peligro… Alex Peligro. Bésame, tonta…

El temido emisario del bien besó ardientemente a la misteriosa mujer semidesnuda, quien farfullaba apenas unos gemidos de reclamo y comenzaba a forcejear para desprenderse de sus labios. Pero Alex, en un movimiento certero, le quebró el cuello arrebatándole la vida en un último beso mortal. El cuerpo exánime se desplomó marchito sobre las doradas arenas mediterráneas, una mirada incrédula tatuada en el rigor mortis del sorprendido rostro. Alex Peligro suspiró, dedicándole un último recuerdo, y reemprendió el andar hacia el muelle y la barcaza. Nada de cabos sueltos. Hora de partir.

México, Marzo ‘96

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LA REVANCHA DEL RETORNO DEL REGRESO DE FINISIMA PERSONA EPISODIO 2.0: DURO DE REGRESAR.

A principios de este año 2008, el nunca bien ponderado Ruy Xoconostle Waye, prestigioso autor/editor y entrañable colega con quien he degustado más de una cerveza mal ganada, me propuso regresar a colaborar con una de las revistas que en ese entonces supervisaba en Editorial Telerrisa. Conozca Más ha sido para mi una buena vía de escape para mis desvaríos literarios más deleznables, pero también me ha brindado la enorme alegría de contactar a docenas de mentes alebrestadas cuya sola existencia hace cuestionar que haya, en efecto, un plan maestro de designios inteligentes para el género humano. Mi clase de gente, vamos.

Gracias a Finísima Persona, mi alter ego (Toño) ha podido rascar extrañísimas comezones del comportamiento que me estarían vedadas en la vida real, principalmente porque el conducirme de esta manera me hubiera garantizado a estas alturas por lo menos un par de madrinas muy bien puestas, por no mencionar demandas, cargos criminales y quizá alguna especie de atentado amateur.

Por suerte, Ruy y sus secuaces editoriales (Alfredo Quintana, Giobany Arévalo y más recientemente el buen Gerardo Torres) me han permitido dar rienda suelta a muchas de mis peores ideas. Algunas no cuajan del todo (y los lectores no pierden tiempo en hacérmelo saber). Y unas pocas, para ser honestos, aún me provocan la sonrisa al recordar las circunstancias que llevaron a su creación. Aquí presento unas cuantas muestras de lo que sería el segundo periodo de la columna, que abarca por ahí de mayo a la fecha. PRECAUCIÓN: Los siguientes párrafos pueden contener mexicanismos en abundancia. Pídanle ayuda a un cuate para descifrar sus intenciones (de seguro nefastas).

¡LLEVAME A LEER TU ARCHIVO DE IDIOTECES, POR PIEDAD!

Comentarios y críticas bienvenidos, como siempre.

Manifiesto Suburbano para Piano y Orquesta*

“Ahora que los blancos han optado por quemar las iglesias de los negros,
lo justo es permitirle a los negros quemar el House of Blues.”
George Carlin (in memoriam)

Hoy es el primer día de muchos otros días como hoy
Nada se crea, nada se pierde, nada se transforma,
nada es para siempre y todo es para ayer

Hoy rompo en definitiva con el qué dirán, me divorcio de la moral pública
Y abandono las miradas de reproche, de ida y de vuelta
Y me río de los que esperan algo de mi, claro
Así sean malos ejemplos y peores modales

Hoy despierta en mi el Nuevo Yo,
Quien acto seguido regresará a la cama a dormir monas de whisky
Y que le quede claro a la comunidad:
La basura no sale de mi casa entre 6 y 8 PM nunca más
Quizá  la saque a las 6 menos 15
Quizá a las 8 con cuarenta y dos
Quizá la dejaré dentro de casa
O quizá meteré la basura del vecino a mi propio domicilio
Sí, creo que voy a empezar a meter la basura del vecino a mi propio domicilio

Hoy es el día que el coyote se come al correcaminos
Hoy es la noche de los cuchillos largos, de las faldas cortas
Y de las vías de tren que no llevan a ninguna parte
Beberé leche de un cartón que ha caducado hace tres días
Y desafiaré a la muerte poniendo los brazos en alto mientras uso las escaleras eléctricas

Acariciaré a una paloma en la plaza y me rascaré la entrepierna con esa misma mano
Sonaré la bocina del auto frente al hospital psiquiátrico, mientras rebaso por derecha
Hoy mentiré cuando me pregunten cómo amanecí
Y seré honesto aunque sea sólo conmigo mismo, y por un instante

Hoy es día de ser Cobain y ser Osceola
Menos el talento y el sacrificio por el prójimo
Hoy seré Mishima y seré George Best,
Pero mi suicidio será con alcohol del malo y mis goles serán en fuera de juego
Hoy hay un aire que huele a Dalí (el perfume), a Goya (los garbanzos)
Y a Lorca (ballena asesina)
Modestos homenajes a mi idiotez y al malgastado tiempo libre con los amigos

Hoy es importante el dinero, pues la salud va y viene
Hoy sacio mi sed con agua que no has de beber
Riego las plantas con el sudor de mis ancestros y me siento a ver como mis padres gastan mi herencia en libros y cursos que poseen El Secreto

Voy a entablar largas charlas con el hombre que vende televisión satelital por teléfono
Compraré seis toneladas métricas de carne de res asesinada en Omaha
Y consideraré cambiar de servicio de larga distancia,
Pues gastar un dólar con ochenta y siete centavos en llamar a mamá una vez por semana
Se ha convertido en una importante decisión de finanzas personales

Solía bromear con mi amigo, el de Chicago,
Diciéndole que su generación en este país no tenía contra quién rebelarse
“¿Sabes qué necesitan? OTRO VIETNAM”
Y nos reíamos entre cervezas virtuales
¿Quién iba a decirme que alguien más nos escuchaba?
¿Quién iba a decirme que nos iban a hacer caso?

Por eso hoy es el primer día de muchos días como hoy
Pintaré de negro mi casa suburbana
Y recordaré que Elvis murió por mis pecados

Hoy es el día que he ansiado durante todos estos minutos
Hoy volveré a ser el que solía llenar mis expectativas
Frank Zappa, Dirty Harry y el Capitán Garfio
Y cuando estos lagos artificiales se transformen en fosas comunes
Y el Hummer del vecino sea un arrecife
Y seamos un apéndice más en esta historia sin principio
La bandera sin colores ni estandartes gritará “Victoria”

– Miami, Agosto 2008

* Esta es una de las muestras de nuevo material generado para el Club Literario de Miami (nombre en trámite), y lleva dedicatoria especial al buen amigo Ray García, ex compañero de labores y miembro honorario de mi grupo musical, Los Chilakillers.

¡Hoy cualquier imbécil tiene un blog!

¡Sí, no hay mejor prueba que éste!

Bueno, este espacio servirá para publicar algunos textos semi inéditos, tales como:

  • La era literario-cuaternaria conocida como “Planeta Paulina” (un club de letrados animales que decidieron bautizarse con el nombre idiota de una cantante más idiota)
  • Las viejas columnas de “AgüeBox” aparecidas en “Eres”, circa 2001. Son aportaciones extremadamente añejas pues la mayoría de las referencias a la cultura pop de la época han perdido vigencia, pero aún me llegan mails al respecto, así que imagino que queda aún alguien con interés por leerlas…
  • Las columnas de “Pan y Circo” y “Finísima Persona” publicadas en Conozca Más. Digo, prefiero ponerlas YO en la red a que me las sigan mandando por e-mail, mal copiadas de la revista y llenas de errores ortográficos. Admito ser bastante bruto, pero al menos me precio de tener una Hartografía razonable…
  • Los nuevos materiales para el Club Literario de Miami (nombre sujeto a cambio en breve), muchos de ellos con tintes más serios (por aquello de que estoy envejeciendo a pasos agigantados)…
  • Estupideces variadas de reciente manufactura.

Creo que no olvidé nada. Sean pacientes. Bienvenidos, etc.