ARCHIVO MUERTO: Cuatro Equis y Un Funeral

[Nota Del Ausente: Ante tanta pedrada y tanta amenaza en éste y otros blogs para que me quite de pretextos pendejos, me decidí a urgar en el baúl de los recuerdos para subir algo de material inédito (al menos en la red o en editorial). Me encontré este texto que elaboramos como uno de nuestros acostumbrados ejercicios onanistas de Planeta Paulina: generar una frase al azar (en este caso “Una, y otra, y otra, y otra vez, parecía no cansarse jamás”) e incluirla tres veces en un texto. No recuerdo el propósito del ejercicio, pero sí que, una vez más, acabé escribiendo algo relacionado con la pornografía. Me alarma un poco que una porción tan significativa de mi producción gire en torno a este tema, pero podría ser peor… creo. En fin, en esta ocasión me entretuvo un tema que acostumbro discutir con los cuates “¿Cómo sería el cine clasificación Cuatro Equis?”, aunado con mi pronóstico acerca de que eventualmente el cine de Hollywood entrará en simbiosis irreversible con la industria de San Fernando Valley para que el porno se haga cien por ciento mainstream. Y el futuro, otro tema entretenido. En fin, espero que pasen un rato bien groovy. ¡Ah, saludos al Kieffer, que me recordó la existencia de este texto!]

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30 de marzo de 2021

“Cuatro Equis y Un Funeral”

por Dick Fitzwell, en exclusiva para Daily Variety

De él solía decirse todo, y a menudo era verdad. Cuando tomaba el escenario con su vorágine de entusiasmo y humanidad, uno no podía hacer menos que conmoverse. Su enorme presencia escénica, nunca adulterada por las nuevas tecnologías; su aproximación casual a ese difícil arte que le dio tantos triunfos y, por sobre todas las cosas, el hecho de ser el último representante de una era hoy extinta. “Una y otra, y otra, y otra vez, parecía no cansarse jamás”, asevera el director Andrew Zane, al rememorar la capacidad de este monstruo sagrado de la pantalla para dar lo mejor de sí ante las cámaras, siempre incansable. Esta frase, repetida hasta el cansancio, bien podría servir como epitafio a la leyenda que fue el incansable e irrepetible Stanley Drill.

Hoy, una era llega a su fin. El mundo del cine se viste de luto. Un legendario exponente del séptimo arte ha desaparecido, marcando un hito dentro del género. Drill, decano del cine adulto, falleció el día de ayer en San Fernando, California, víctima de complicaciones derivadas de una infección contraída en una de sus últimas películas. El actor, quien contaba con 45 años al momento de su deceso, deja tras de sí una estela de memorables actuaciones en clásicos como Shaving Ryan’s Privates, Good Will Humping, Wet Dreams Make Cum y la memorabilísima Shakespeare In Lust II: Interracial Teenage Bukkake Sluts From Hell, que le valió un anheladísimo y controvertido premio de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas como mejor actor de reparto hace dos años. Pero su lamentable fallecimiento marca, además, la muerte del último actor porno de la “vieja escuela”. Drill conserva un lugar especial en el corazón de los aficionados al porno pues nunca sucumbió a la tentación de la tecnología, rehusando varias veces las ofertas de los estudios para financiar alargamientos quirúrgicos de pene, prótesis hidráulicas eréctiles e implantes de estimuladores prostáticos, innovaciones que hoy son la norma estándar en el género, junto con los senos con acción de bombeo, las vaginas autolubricantes y el Semeneon™ (“la eyaculación que brilla en la oscuridad”). No, Stanley Drill conservó la pureza de su arte hasta el final, autodenominándose “El Ultimo de los Grandes Románticos del Porno”, y labrando una carrera comprometida con la época de oro del cine XXX.

La historia de Stanley Drill comienza el 3 de marzo de 1974, en Amarillo, Texas. El noveno hijo del matrimonio entre Billy Earl Stanley (granjero) y Billie Sue Hamilton (estilista), fue bautizado como Billy Joe H. Stanley. Su más temprana edad estuvo marcada por la inquietud de perseguir al sexo opuesto, sin descanso. Billie Sue recuerda como su hijo aprendió a gatear con mayor prontitud que el resto de su prole:
“Billy Joe se movía de un lado a otro en un abrir y cerrar de ojos. Era el más inquieto de todos, más aún que Billy Jeff y Billlie May, los gemelos. Ni siquiera cuando nació Billy Bill, un año después, pasamos tanto tiempo vigilándolo como a Billy Joe,” rememora su madre, enjugando una lágrima discretamente. “Yo decía ‘¡Mi Dios! ¡Gatea tras de las piernas de sus hermanas una, y otra, y otra, y otra vez!’ Parecía no cansarse jamás.”
El gusto por las piernas femeninas señaló desde entonces la libido exaltada del pequeño Billy Joe. A raíz de las frecuentes quejas de los maestros de escuela, quienes objetaban el insistente acoso del pequeño a sus compañeritas de clase, el adusto Billy Earl decidió llevar a su vástago a trabajar al campo, para forjarlo en un hombre de bien a la usanza de los Stanley, alejándolo de las niñas de su edad (en las aulas) y de sus hermanas (en la casa). Sin embargo, la pasión que desbordaba el niño se tradujo en su iniciación sexual con gallinas, ovejas, potrancas y otros animales propios de las bucólicas granjas tejanas, a la tierna edad de 9 años. Había nacido una estrella.

Se puede argumentar que el primer espectador de Stanley Drill como astro porno fue su propio padre, quien lo descubrió copulando ferozmente con una gallina en el granero familiar en 1987. El tradicionalista Billy Earl fue, sin embargo, su más duro crítico, propinándole una severa paliza al precoz mozalbete, quien poco después optó por huir de casa, buscando fortuna lejos de la tierra que le vió nacer. Llegamos entonces a un oscuro periodo en la vida de Billy Joe Stanley, quien nunca reveló abiertamente sus actividades durante los años subsecuentes, pero de quien se sospecha mantuvo frecuente contacto con el sexo opuesto, a juzgar por las más de 300 demandas de paternidad pendientes de autentificación en seis estados de la Unión Americana.

Billy Joe emerge nuevamente a la luz pública en San Fernando, California, como asistente de producción en una modesta película del director Harry Pitts, Amateur Blowers Vol. XVII. Corría el año de 1994. Una de las actrices de reparto, la grácil Debbie Lynn, conoció a Billy Joe en una cafetería de Van Nuys, y tras una tórrida relación sentimental le convenció de viajar con ella a la meca del cine adulto. El director Pitts, veterano juez de talento nóbel, descubrió al joven Stanley con otra de las actrices de la producción, la bellísima Felicia Fellatio, al entrar en un baño que creía desocupado. Billy y Felicia se encontraban uncidos en un cuadro memorable de sexo desenfrenado sobre el lavamanos. Pitts tuvo una epifanía (acompañada de una erección), y no dudó en firmar al joven tejano para un papel de apoyo en su siguiente producción, Motel Molesters. Al analizar las enormes dimensiones del miembro viril de Billy Joe, y considerando su estilo incansable para “taladrar” a sus coestrellas, el nombre de Stanley Drill nació espontáneamente, y junto con él una de las más prolíficas estrellas del cine adulto.

Stanley Drill se convirtió pronto en sinónimo de calidad. Su estilo desenfadado y casual, aunado a un marcado acento del sur de texas, le convirtió pronto en un favorito de directores y coestrellas, quienes apreciaban tanto la honestidad que reflejaba en sus interpretaciones como su habilidad para mantener una erección durante tres horas al hilo. No sólo eso, después de cada clímax Stanley estaba en condiciones de tener sexo nuevamente al cabo de cinco minutos (recuerden que estamos hablando de la época pre-Viagra). Su coestrella en Spermless in Seattle, Melissa Mellons, le apodó “El Conejo Energizer del Porno”. Pero su modestia natural le impedía disfrutar de la adulación de sus compañeros de profesión. Drill siempre quiso agradar al público por encima de todo, y el reconocimiento de la industria fílmica le distraía de tan noble labor.

Drill siguió amasando éxitos y reconocimientos a lo largo de su fructífera trayectoria. Pronto se le empezó a reconocer como un sobreviviente: la revolución tecnológica en el porno del siglo XXI comenzó a implementar modificaciones que siempre se mostró renuente a aceptar. Drill nunca apreció la cirugía cosmética ni los medicamentos para estimulación eréctil, considerándolos como una forma de “engañar al público”, al querido público que le había seguido como el ícono masculino más reconocido en el cine XXX y XXXX. No debemos olvidar tampoco que fue el mismo Drill quien ayudó a definir esta última denominación, que distinguió la pornografía tradicional de la nueva pornografía avant garde, con su enorme variedad de implementos científicos, retoque digital de imágenes y control de cámaras a nivel de usuario (posible gracias al advenimiento del hoy extinto formato DVD, a finales del siglo pasado). Así, mientras el cine XXXX floreció con los talentos de una Bella Balloons (poseedora de los primeros senos neumáticos de dimensiones ajustables), de un Will Fockya (quien se hizo instalar un pistón hidráulico en el pene para la película Robocock en 2010) y del gran Peter O’Mule (primer transplante sin rechazo de un órgano genital equino en 2011), el cine XXX conservó su nicho tradicional en el gusto del público gracias a las labores como actor, director, productor y guionista del dedicado Stanley Drill, quien pronto añadió a su lista de sobrenombres el de “El Orson Welles del Porno”.

Esa convicción por adoptar “el retro” como un modus vivendi le ganó el respeto de propios y extraños, a tal grado que pasó a la historia como el primer actor porno en ganar el Oscar, en 2017, interpretando a un excitado Will Shakespeare en la antes mencionada Shakespeare in Lust II. De hecho se atribuye la apertura de la Academia al cine adulto a la convincente labor histriónica de Drill, al punto de que hoy contamos incluso con actores, directores y productores Hollywoodenses incursionando en terrenos porno, como son los recientes casos del primer actor Leonardo DiCaprio en Backdoor Bi-Curious’ Back (Vivid/Paramount), Anna Paquin y Matt Damon en When Bill Met Monica: The Bill Clinton Story (Universal/BangBros) e incluso el regreso estelar de McCawley Caulkin en Homo Alone (Disney/Touchstone).

Resulta penoso que después de haber sobrevivido a la nueva tecnología, a la invasión del porno por parte de actores “legítimos” y a las epidemias de sida (1998), herpes (2002), sida (2006), chancro blando (2009) y hemorroides (2014) que asolaron al género, haya sido una infección cutánea mal tratada la que llevó a la tumba al infatigable Stanley Drill. Fue en el reciente rodaje del filme biográfico Original Recipe: The Secret Ingredient is Jizz!, donde Drill interpretó al legendario Coronel Sanders de Kentucky, bajo la experta batuta del actor-director Jim Carrey, cuando se cree que el veterano contrajo la herida que a la larga le llevó a la tumba. En una de las escenas más dramáticas, la última del rodaje, el Coronel Sanders le indica a las sensuales cocineras de su mansión (Zelma Affleck-Hayek y Ava Gina) la manera de “aderezar” un pollo antes de meterlo al horno. Al parecer el pollo deshuesado que Drill debía penetrar (antes de culminar con un menàge a trois en compañía de sus compañeras de escena) alojaba en su interior una astilla de hueso. La filmación se detuvo cuando Drill gritó de dolor y extrajo del pollo recién penetrado su legendario miembro convertido en una masa palpitante y sanguinolenta. Los primeros auxilios fueron administrados con prontitud, pero en ese instante llegó el error fatal. Drill, profesional hasta el fin, optó por proseguir con la escena antes de que la herida cicatrizara satisfactoriamente, sin siquiera procurar una inyección de antibióticos por parte de los paramédicos presentes en el estudio. Claro, quizá hubiera resultado un gesto inútil pues dichos paramédicos eran en realidad actores audicionando para la película Dial 69-11: Emergency Orgasmic Services, pero aún así queda el preguntarnos si el desenlace funesto pudo evitarse.

Ni los ruegos del director ni el dolor evidente pudieron impedir que Stanley esperara a estar en condiciones de filmar sin poner en riesgo su vida. El trío fue filmado sin más preámbulos, y Drill se retiró a su camerino, entre aplausos y lágrimas del conmovido staff de filmación. Seis días después, el astro yacía en coma en una clínica local, víctima de la virulenta infección complicada con salmonelosis que había invadido su cuerpo. Tres horas pasada la medianoche del 28 de marzo, el legendario Stanley Drill fue declarado clínicamente muerto. Irónicamente, su escena final fue una versión modernizada de aquél incidente en la granja que le vió nacer como performer del porno en sus años mozos.

Miles de fans rinden hoy tributo al despreocupado tejano que dio la vida por su arte, literal y figurativamente. El lobby del Graumann Chinese Theater, en la esquina de Hollywood y Vine Street en California, muestra hoy el féretro abierto de un revolucionario y prominente miembro del Séptimo Arte, y el mundo entero se despide de él en una cola que da varias vueltas a la clásica sala de cine. El futuro de Original Recipe… es aún incierto. Carrey afirma que lo menos que puede hacer es terminar de editar el filme, en un modesto homenaje al genio de la pantalla. Pero hoy no es momento de planear el futuro. Hoy es día de llorar, de mirar con nostalgia hacia un mundo perdido, donde los penes eran de carne y no de hueso; los senos desbordaban por obra del silicón, la solución salina o la simple grasa, y no por la prosaica válvula de aire; y las múltiples escenas de eyaculación se lograban por una práctica constante y una libido extraordinariamente natural, en vez de los chips que proporcionan leves descargas eléctricas a la vesícula seminal. Dicen que todo tiempo pasado fue mejor, y esto se hace más evidente al repasar la carrera de este ser humano ejemplar, quien era capaz de hacerlo una y otra, y otra, y otra vez. Parecía no cansarse jamás. Buen viaje, Stanley. Fade to black. Cue al “Tema de Amor de Dirty Debutantes #47: Illegal Coochies On Fire”. Roll credits.

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