De musiquita y otras cosas…

El día ha estado movidito, así que decidí echar mano de una listilla para el post de hoy. Aprovechando la inspiración de Cabri y de UltraVPsycho en sus respectivos posts, decidí hacer un pequeño recorrido por mis “primeros” en materia musical. ¡Compartan los suyos!

Primer disco infantil que disfruté enormemente: Sinfonía Inconclusa en La Mar – Piero. Cri-Cri fue primero, claro, pero este disco del cantautor argentino es genial. Acabé comprándolo en CD ya de grande, y mi hija hoy lo disfruta como yo.

Primer disco que me compraron mis papás para que dejara de xoderles las 24 horas del día: Led Zeppelin III – Led Zeppelin. Ahora me entra un reflejo pavloviano cada vez que suenan las primeras notas de Immigrant Song. Sigue leyendo

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El Postulado del Guajolote

Guajolotes. O como mi hija cree que se llaman: “Guajolópez”

Me apasiona hablar de mis películas, libros, compositores, deportistas y videojuegos favoritos, como al 92.7% de la población que lee este blog. De hecho, acostumbro invertir mucho más tiempo del que debería en esta clase de discusiones, así que he podido establecer con claridad algunos patrones de diálogo que me molesta escuchar de vez en cuando. Y uno de ellos me ha forzado a desarrollar el Postulado del Guajolote.

La cosa sucede así: Imagínense que acabo de ver Tal o Cual Película. Inicio una conversación con alguien más que también la vio, así que le pregunto qué opina de ella. Y me responde con el estúpido argumento de: “La verdad, la verdad… me gustó más el libro.”

Y es en este punto, Finísimo Lector, cuando a tu servidor se le salta la venita de la frente y salen chispitas de mis molares de tanto rechinar entre amalgamas…

Vamos por partes. El que alguien me diga que le gustó más el libro que la película es muy válido, partiendo de la idea de que no soy nadie para dictarle el gusto a las demás personas. Otra cosa que aprecio es a las personas que leen, algo que haría al mundo un lugar mejor para vivir si se diera con mayor frecuencia. Sin embargo, tengo un problema con la respuesta arriba mencionada.

Decir que el libro es mejor que la película se ha convertido en un cliché para salir con toda facilidad de la situación que nos exige defender lo que sabemos de apreciación cinematográfica. Y lo que me irrita es que no le pregunto a la gente si prefiere a la peli por encima de la obra literaria que la origina. No, lo que le pido a la gente es que critique la película, no que la demerite basada en otra disciplina artística.

Cuando le preguntas a una persona si le gusta el musical de José El Soñador, jamás te contesta diciendo que prefiere la historia Bíblica de Jacob en el Génesis. Nunca he escuchado de nadie que se queje de Las Batallas de Café Tacuba porque no le llega en dramatismo a la novela de José Emilio Pacheco. Y te aseguro que al interrogar a alguien sobre su opinión al respecto de la Overtura 1812 de Pyotr Ilyich Tchaikovsky nunca te contestará con un “la verdad, la verdad… preferí la derrota del ejército francés al mando de Napoleón en la Batalla de Borodino.”

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La Gente de Carne y Hueso

Hace ya bastantes años, en la época en que el Internet todavía funcionaba a base de vapor (el Steamternet, que le llamaban), entablé una plática con un gabacho sobre la forma en que la cibercultura nos afectaba respectivamente. Yo era el clásico apologista de la red que veía todo con anteojos color de rosa, aunque en mi defensa todavía no nacía el léxico Metrofloggero, las pop-up windows o las granjitas imbéciles para menguar mi entusiasmo. Pero mi interlocutor constituía la antítesis: un crítico duro sobre todo lo que traería este nuevo medio a la sociedad. “En mi opinión,’ pontificaba el gringales, “la gente que se mete a hacer amigos en Internet es aquella que no puede relacionarse con gente de carne y hueso.”

El postulado de pronto se me hizo lógico, pues este carnal era chofer de limosina de profesión y, como tal, presumía de una intensa familiarización con la variada gama de seres humanos que pueblan este móndrigo mundejo. Y yo, a mis veintipocos de años, tampoco me sentía muy firme para defender algo que a todas luces apenas estaba en etapa larvaria. En su momento, pues, le concedí la razón.

Lo jocoso es que llevo desde esa lejana ocasión a la fecha presente derribando una y otra vez su pontificio argumento sobre la incapacidad de entablar amistades reales a través de la Interné… La respuesta lógica en aquella conversación hubiera sido que la gente que uno conoce a través de la red es, en su abrumadora mayoría y no obstante la presencia de bots con avatares físicamente atractivos, Gente de Carne y Hueso. Hay diferencias en la manera en que nos comportamos en el medio electrónico con respecto a las que cultivamos en la vida real, claro, pero es tanto como decir que nos comportamos bajo unos estándares de hipócrita decencia en casa de nuestra familia política pero con un desparpajo rayano en el desmadre vikingo cuando estamos entre amigos. Nos adecuamos al medio, punto. Es un proceso adaptivo que nos ha llevado a sobrevivir en ambientes hostiles y a prevalecer sobre los mismos, hecho que ha resultado en tiempo y seguridad para construir civilizaciones, comunicarnos con otras culturas y fabricar una Internéis.

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El Castigo

"¡Esto te va a doler mucho más a ti que a nosotros, Junior!"

Natalia se portó mal. No ahondaré mucho en la falta cometida, porque no viene al caso. Tratándose de una hija proveniente de semejante padre, es obvio que la razón de mi descontento hacia su proceder puede atribuirse al abuso de poder, la ingesta de algún alimento o bebida que no estaba autorizada a consumir, ruptura de juguetes, abuso de enseres electrodomésticos, incineración de insectos, extorsión o falseo de declaraciones. O todo lo anterior.

No obstante su herencia criminal, se impone un castigo. Y ahí es donde entramos en terrenos delicados. Hay muchas escuelas de pensamiento respecto a cómo se debe criar a los hijos, pero en materia de correctivos parece que la sociedad se divide en dos grandes grupos: los padres de la nueva era, Montessorianos y pacifistas, que se inclinan siempre al diálogo y a la conciliación. Y por otro lado, aquellos que recuerdan el cinturón paternal como una dolorosa pero efectiva herramienta para que los niños aprendan a alinearse por la vía correcta.

Ambos bandos están obviamente influenciados por lo que vivieron en carne propia cuando eran niños y se portaban mal. Aquí también hay división, pues los papás a quienes les recetaron sendas sesiones de castigo físico suelen comulgar con esa idea o rechazarla violentamente por las duras memorias presentes en la psique. No voy a proceder a hacer burla y mofa del abuso a menores, no se apuren (aún tengo un mínimo de conciencia, amigos), pero sí debo decir que la cuestión no es todo lo blanca ni todo lo negra que puede aparentar debido al divisionismo existente respecto al castigo.
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Hermana República de PeriCoapa

¡Lleve los "pupiletes", llévelos llévelos!

Hoy regresé a este sitio sui generis después de… ¿qué será? ¿7, 8 años? No me acuerdo, a ciencia cierta. Sé que fue antes de irme para Miami porque ahí era donde compraba mis videojuegos (Playstation 2 en ese entonces) cuando no tenía un viaje al gabacho en ciernes. Pagar precios de centro comercial legítimo no era la opción inteligente cuando tenías a quince minutos de casa un auténtico emporio de fayuca, pirataje y mercancía ecléctica. PeriCoapa, tú y yo nacimos para entendernos mutuamente.

Soy lo suficientemente anciano para recordar los albores de esta singular colección de puestos mugrosos y llenos de curiosos artículos cuya proveniencia siempre era motivo de debate. El primer bazar sabatino al aire libre que conocí, de muy escuincle, se llamaba Peri13, pues se instalaba en la lateral del periférico, en el estacionamiento/lote baldío de lo que era entonces el Canal 13 de Imevisión, hoy TV Azqueta. Unos años después surgió PeriCoapa, la alternativa aún más baratera y turbia en su origen. Y para mí se convirtió en una ventana al paraíso consumista. Sigue leyendo

Toño vs La Tesis

¡Pronto en cines!

Se acabó al fin. No más darle vueltas al asunto cuando me preguntan porqué no me he recibido aún. Acabo de imprimir las copias finales de mi reporte de experiencia profesional, un recurso que ofrece mi universidad (¡La UIC-end representaaa!) para la titulación bajo la promisoria oferta de “tesina”, pero que a mi me salió prácticamente como una auténtica “tesis” con toda la barba.

Mis intentos de titulación habían sido variados e infructuosos por igual. Por principio de cuentas nunca tuve la disciplina de chutarme el servicio social debidamente. Siempre era cosa de empezar en un lado a ofertar mi labor de esclavo con miras a obtener la liberación de este engorroso requisito, para después abandonarlo a medio camino por cuestiones de trabajo. En efecto, puesto que estudiaba la universidad por las tardes, tenía prácticamente las mañanas enteras para chambear, y ante la perspectiva de recibir un chequecín por mis esfuerzos frente a trabajar “de gratis”… siempre ganaba el chequecín.

Este ánimo mercenario me pasó la factura muy pronto. Mi último intento de hacer el servicio social como Dios y la SEP mandan fue en el Instituo Mexicano de la Radio, donde mis labores consistían en monitorear estaciones de radio diseminadas por todo el interior de la república, en un proceso tan arcaico como inútil. Me sentaba con una grabadora toda dada al catre y un altero de cassettes (¡Cuéntanos más, Abuelo Toño!) donde escuchaba los noticiarios producidos por el IMER para ciudades como Mazatlán, Gómez Palacio, Jalapa, Chilpancingo y Villahermosa. Cabe decir que dichas producciones distaban mucho de ser tan interesantes como para justificar la tarea encomendada, así que me limitaba a dejar correr el cassette mientras mis audífonos se desconectaban discretamente de la grabadora, para reconectarse en un Discman hábilmente disimulado debajo de un altero de libros.
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Toño Vs. Twilight Parte 3 – ¡Eclipshit!

¡Hola amiguitous! Como ya es triste tradición en este blog, he sufrido una vez más en carne propia los horrores cinematográficos de la Saga de Crepúsculo, esta vez con la tercera instalación de este bodrio fílmico: Eclipse.

Notarán que es la primera vez que reseño la película antes de su estreno oficial. Y es que en mi interés por ser profesional y oportuno en la información, por pendeja que esta sea, logré agenciarme un pase doble para una función anticipada de Eclipse. La maniobra implicó contestar una complicada trivia por e-mail y hacerme pasar por mujer, pero sin ánimos de entrar en detalles les confieso que no es la primera vez que hago ninguna de las dos cosas. OK, no nos desviemos del tema…

Me apersoné con mis herramientas de trabajo (libretita de notas, pluma nueva, iPhone para tomar fotos cándidas de la concurrencia) en el Cinépolis TepiSur, una hora y cuarto antes de la función. La llegada tan temprano fue idea de mi esposa, fansss de Crepúsculo en todas sus formas mediáticas y firme creyente de que hay que apañar lugar en un sitio cómodo para estas funciones de aperre, so pena de tener que soplarse toda la peli con un caso agudo de tortícolis primerafilesca si uno no se pone vivo.

Mi esposa es la culpable responsable de que yo haya cometido el grave error de leer los libros y de chutarme las películas que se derivan de los mismos. Ella cree que debo estar agradecidísimo con su persona, pues mis posts sobre Twilight son de los más populares en el blog desde sus incipientes inicios. Claro, esto sería como si el témpano de hielo que hundió al Titanic pretendiera que le diésemos las gracias, pues debido a su labor pudieron filmar una película bien emotiva donde se ahoga Leonardo DiCaprio. Lo siento, el “efecto mariposa” de su lógica no aplica. Ya pasé por demasiado dolor leyendo libro tras libro con la promesa de “no, pérate, es que todo se pone súper chido en el libro final, ahí entra toda la acción y así…”

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El clásico post de explicaciones

Padece de sus facultades mentales...

Antes que nada, MIL disculpas. Ordinariamente reciben avisos y excusas burdas cuando voy a ausentarme de este blog por causas de fuerza mayor, pero ahora sí las obligaciones regulares y mis distracciones habituales me hicieron ausentarme como la criada malpagada que suelo ser en materias de consideración hacia los demás. He aquí las razones de mi prolongada sequía posteadora:

  1. Estoy a nada de convertirme en el Lic. Antonio. En efecto, tras múltiples intentos y estúpidos errores de cálculo de mi parte, al fin terminé la dichosa tesis. De hecho me pasé como por 50 páginas, o sea que la hubiera acabado mucho antes si acaso me hubiera tomado la molestia de LEER los lineamientos de formato que me entregaron en un principio, pero en fin… ya les contaré. El caso es que entre la entrega, revisiones finales, enmiendas y demás trámites he perdido valiosas horas-nalga, misma que solía utilizar para plasmar mis brillantes pensamientos bloguísticos.
  2. Me encuentro afinando un par de grandes posts (en extensión, no en calidad). De entrada conseguí colarme a una función premiere de La Saga de Crepúsculo: Eclipse, así que la tan ansiada y vilipendiada (“¡Al Batidiccionario, Robin!”) reseña de ese gran monumento a la popó cinematográfica quedará lista antes de lo previsto. Intento terminarla antes del estreno oficial del viernes. O sea, mañana en la noche. El otro post monumental tiene que ver con un post que subí hace más de un año a este blog. En efecto, los fans de Michael Jackson nada más tardaron un año entero en descubrir mi post relativo a su sensile fallecimiento, generando una vorágine de e-mails que van de lo amenazador a lo francamente desquiciado… pero eso sí, todos me hicieron reír como si me hubiera metido un grillo con epilepsia en cada axila. El caso es que ese toma y daca de e-mails, cuya historia se está poniendo más estúpida que, por ejemplo, la saga de Crepúsculo, tendrá pronto una versión abreviada (son más de cincuenta mails hasta el momento) en este Finísimo Blog.
  3. El Mundial me tiene ocupado. Es cada cuatro años, sean comprensivos. Además la eliminación del Tricolor me provocó una extraña sensación de júbilo personal por el odio que le tengo desde hace ya un rato. Ni modo, para todo hay gustos y disgustos. El mío es regodearme en las desventuras de nuestros sobrevaluados futbolistas, lo admito.
  4. Tuve un par de freelanceadas muy demandantes. La chamba, simple y llanamente. También mi hija tiene que comer de vez en cuando, según me dijo el pediatra.
  5. Estoy explorando algunos de mis proyectos accesorios. En concreto, la producción del Paikast, que me ha permitido convivir con los Paiki una vez más (saludos a todos ellos y a ella). Y también he posteado en Cazagoles, con otra banda asaz (“¡Al Batidiccionario otra vez, Robin!”) talentosa. Y he estado algo activo en Twitter, así que no los he abandonado del todo.
  6. La luz y el Internet no cooperan. Sonará a mala disculpa, pero he perdido mucho tiempo productivo lanzándome de emergencia a cibers y Starbucks para poder terminar chambas y otras obligaciones que se han quedado inconclusas por frecuentes apagones (tres esta semana) e interrupciones del servicio de Internet (la de hoy duró 9 horas), así que esto también afecta el rendimiento.
  7. Natalia está yendo a clases de ballet. Dos horas por semana, pero se comen tiempo productivo de mis tardes previamente ociosas. Y ya saben que mis horas-hija son más sagradas que el Mundial, incluso.

En fin, los pretextos de siempre. Los dejo porque tengo que acabar de eviscerar cierta película de vampiros y licántropos hipsters. Nos leemos pronto.