Finísimo Podcast 06 – TV para Snobs, Parte 2

Couple_with_Radio
Tengo muy olvidado este blog, pues la chamba ha estado medio heavy, pero aquí les dejo el Finísimo Podcast, donde Anilú y yo acabamos de repasar las series de TV más chidas de la historia reciente… y las no-chidas también.

Si me da tiempo de subirlas en iTunes, les aviso por este medio. De entrada aquí están en MegaUpload:

Finísimo Podcast 06 – TV para Snobs, Parte 2, 1/2 (1:00 hr, 55.2 Mb)

Finísimo Podcast 06 – TV para Snobs, Parte 2, 2/2 (57:00 min, 65.5 Mb)

“¡Yo se lo cuido, joven!”

Corra a su distribuidor Toyota y apártese un Webbo...

Corra a su concesionaria y apártese un Webbo...

Disculpen mi prolongada ausencia, pero no puedo trabajar, terminar mi tesina, cuidar a mi hija, grabar podcasts, jugar Playstation y aparte actualizar el blog en el poco tiempo que me queda libre. Recuerden que soy un simple hombre de carne y hueso. Excepto por mis puños, que están hechos de acero y justicia.

Ahora bien, durante mis múltiples reflexiones de actualidad me he detenido varias veces a pensar en lo ridículos que pueden ser los nombres de los automóviles. No sé a ciencia cierta quien es el experto mercadólogo que bautiza a los coches cuando están en vísperas de salir de la linea de ensamblaje, pero estoy seguro que es la clase de imbécil que celebra cuando una celebridad le pone un nombre pendejo (como Scout, Apple o Pilot Inspektor) a uno de sus desagradables vástagos.

Como sé menos de coches que lo que muchos de ustedes saben de higiene básica, me decidí a imaginar vehículos con nombres originales, y creo sinceramente que mis selecciones no son mucho más ineptas que muchos de los nombres existentes en la actualidad. ¿No me creen? Bueno, hay algunos modelos reales mezclados con mis propuestas. ¡No se vale Googlear!

VW Farssant. Un sedán competente y confiable, pero que le grita al mundo que no te alcanzó para un Mercedes, un BMW o de plano un Audi. Heredero obvio del Passat y sus pretenciosos anuncios.
Dodge Warro. El vehículo ideal para aquellos que quieren pasar su vida siguiendo a un auto de súper lujo. Si tienes cara de pocos amigos, un traje gris oscuro, gafas de aviador y aire de perdonavidas, te viene como gatillo al dedo.
Isuzu Hombre. Troca honesta, chambeadora y sin pretensiones, ideal para apacigüar al machín que se niega a subirse a una minivan ni aunque le paguen.
Ford Gran Crettino. Si te laten los coches gringos que no pasan de moda… Si crees que Steve McQueen es tu modelo a seguir… Si eres un rebelde que sólo necesita una chamarra de cuero y 50 litros de gasolina en el tanque para vivir feliz… Aléjate de este coche. Es un vil sedancito armado en Europa pero con aspecto retro cool para aquellos pendejos que no se resignan a envejecer con dignidad.
Nissan Moco. Se adhiere con fuerza a cualquier superficie. Cuando aparece de súbito, causa una impresión innegable en todos los que te rodean. Es el Moco. Pruébalo. No, mejor no lo pruebes. Pinchi asqueroso.
Hyundai Nsalada. El auto ideal para aquellos preocupados por un mundo verde. Interiores fabricados en material orgánico, discreto y económico motor eléctrico, amplio espacio en las defensas para todas tus calcomanías de Greenpeace, PETA y WWF (es World Wildlife Fund y NO la lucha libre, estúpido). Vamos, cualquier mamá en una Grand Caravan será capaz de darte un cerrón e insultarte mientras lloras sobre tu volante fabricado con bambú.
Chevy Charro. Para ti que eres joven, un auto que responde a tus necesidades. Austero como tus ingresos, colorido como tu lenguaje, dinámico como el vagón del Metro en el que acabarás moviéndote, ya que este coche es un gran mojón de caca.
Honda Iwal. El coche perfecto para quien no tiene un gusto muy desarrollado por los coches. A lo mejor has escuchado que los Honda casi no necesitan mantenimiento, sus servicios son bastante baratos y el desempeño de sus modelos es bastante bueno, así que cuando te preguntan qué auto te vas a comprar sueles responder “Psss… Un Honda, igual…”, así que este es el vehículo para ti. Homogéneo, aburrido y sólo disponible en color gris. Manéjalo mientras escuchas un audiolibro de Dan Brown, pensando en parar en la tienda por un helado de vainilla.
SEAT Salsitta. El automóvil para quienes gustan de la manufactura precisa de las marcas europeas, pero sin perder el desparpajo y el jícamo de nosotros los latinos. Este coche es ideal para los najayotes que viajan a Francia e Italia “porque es de mucho mundo”, pero cargan a todos los restaurantes con un frasquito de chiles en vinagre “para no extrañar”.
Toyota Webbo. La marca japonesa experta en integrar tecnologías modernas a vehículos para el público en general nos sorprende de nuevo con este modelo. Cuenta con una pantalla Olevia sensible al tacto que provee toda clase de información: noticias, clima, reportes de tráfico, navegación satelital, radio HD, Bluetooth, Wi-Fi 3GS, reconocimiento de voz y teclado completo sobre el volante para navegar por la red. No incluye motor.
Renault Pitotte. Se pronuncia “Pitot”, ignorantes. Te dará placer mostrárselo a todo el mundo, gracias a su linea estilizada y a un potente par de compresores turbo que le dan potencia y aguante en recorridos largos. Lo malo es que cada año lo querrás cambiar, pues los nuevos modelos siempre son un poquito más grandes.
Mitsubishi Phlato. Rápido, sonoro y provocador. Las ventanas se abren automáticamente cuando detecta concentraciones de aire pesado en el interior, así que podríamos decir que es un vehículo eco-consciente. Su índice de emisiones tóxicas es alto, pero es el precio que hay que pagar por ese poderoso escape.
Mazda Laputa. De fácil manejo, luce bien en las curvas y cuenta con un magnífico valor de reventa. Muy divertida en viajes largos, aunque no es precisamente el vehículo que impresionará favorablemente a tu familia y amigos. Pero es uno de esos placeres que puedes disfrutar en solitario.
Cadillac Lab-A2. Ostentoso SUV que nunca pisará el fango con sus carísimos rines de aleación magnesio/ aluminio/ adamantium. Lujosas vestiduras de piel de panda, trabajadas a mano por doncellas vírgenes de Singapur. Motor 5.1 litros de Scotch Single Malt a 450 CP (caviares de potencia). Interiores con acabados en caoba, palo de rosa y baobab, barnizadas con placenta de lemur. El sistema de sonido fue desarrollado por audiófilos suecos, lo que es una pena pues la única música que escucharás en él son narco-corridos. Sólo se aceptan pagos en efectivo, claro. Absoluta discreción respecto a la naturaleza de tu negocio, e inflamos el precio en la factura hasta en un 200% sin hacer preguntas indiscretas.
Porsche Reata. Motor de 675 caballos, te lleva de 0 a 100 kph en 2.1 segundos. Disponible en brillante color amarillo. Su linea deportiva grita a los cuatro vientos que estás pasando por una crisis de edad madura, y su descomunal potencia anuncia sin lugar a dudas que la tienes chiquita.
Audi Toriah. Un sedán elegante, fastuoso y pleno de tecnología de punta, que atrae una desmesurada atención de parte de los transeúntes, en especial entre aquellos que trabajan en la Secretaría de Hacienda, pues seguramente se preguntarán cómo le haces para tener una nave tan fregona con esa pinta de xodido que te cargas.
Fiat Zombi. El Zombi sólo sabe hacer una cosa: avanzar inexorablemente hacia adelante sin rumbo fijo. Su línea no es muy agraciada, pues parece la versión madreadona de un vehículo seminuevo, pero lo que atrae es su slogan: “El Zombi. No puedes detenerlo”.
Mercedes Sinklasse. Tienes LA chamba. Tienes LA lana. Tienes LA casa. Así que es obvio que vas a gastar en un coche que anuncia tu lugar en la sociedad. Espero que no se te olvide pagarle a LA escolta armada. O que tu familia tenga para pagar EL rescate.
Kia Nakito. Viene achaparrado de fábrica, para ahorrarte la molestia. Vestiduras fabricadas con tus viejas camisetas de las Chivas. Tablero ligeramente inclinado para acomodar tu colección de cajetillas de Marlboro rojos. Vidrios polarizados en tornasol. Rines de aspas giratorias. Este auto no niega lo que es. Deberías hacer lo mismo.
Alfa Romeo Fusco. Pretencioso GT para los autófilos de hueso colorado (o de osso rosso, dirían los muy payasos). Su pintura cuenta con diecinueve capas, más una adicional de insecticida para que ni los mosquitos de la carretera se le estrellen mientras devora kilómetros a gran velocidad. Incluye un par de guantecitos de piel sin dedos para el pelmazo del conductor.
Saab Snöb. Más que un coche, es un tema de conversación. Puedes argumentar que la compañía se especializa en fabricar jets, que sólo un mínimo de compradores aprecian su carácter único y que sus innovaciones están un paso adelante de lo que hace el resto del mercado. Lo único que no puedes argumentar es tu pendejada de pagar precios de Mercedes por un coche que parece un Datsun de los setenta.
Maserati Endeuda. Para aquellos que saben lo que quieren… aunque tengan que empeñar un riñón y las córneas de sus herederos para poder pagarlo. Endrógate con su motor que rinde 289 metros por litro. Embáucate con su transmisión que hay que encargar a Italia con espera de tres meses cada que ocurre la inevitable avería. Ensártate su insignia del tridente por el recto cada vez que te llegue una nueva letra por pagar. Porque tú te lo mereces.
Acura Wawis. Uno de esos autos que tiene un portavasos dentro de otro portavasos. Lleno de gadgets y tarugadas varias que te hacen pagar de más, pero que de alguna manera te hacen sentir realizado. El Wawis es agradable, deseado y siempre bien recibido, pero puede ser muy discreto a la vez. Es como hacerte pipí encima cuando andas con la vejiga a reventar, pero por fortuna traes puestos pantalones color azul marino: te sientes de maravilla… y nadie tiene que darse cuenta.
Volvo Vøring. No se avería ni con un ataque nuclear. Tiene bolsas de aire adentro y afuera del auto. Su motor desafía todas las leyes de la mecánica, pues camina hasta echándole agua de la llave. Y sin embargo es tan aburrido que preferirías ir montado en un burro ciego.
Lamborghini Mojama. El nombre idiota te vale madres. El precio exhorbitante te vale madres. El dejar la mitad del chasis untado en un tope te vale madres. ¡Es un Lamborghini! Lo compraste por su magnífico performance en V/Lt (vagina por litro de combustible).
BMW M4–M0N. No nos engañemos: aquí y en China, el coche que define al mamón es el BMW. Así que lo mejor es hacerles un modelo específico. Convertible, por razones obvias. Su manejo será disfrutado por quienes le dedicarán más tiempo tras el volante: los empleados del valet parking.

Finísimo Podcast 05 – TV para Snobs

Finisimo05

En una de las semanas más ocupadas para su inseguro servidor, lo lógico es que les hubiera quedado a deber el tan prometido podcast. Pero la verdad no me agrada quedar mal con los Finísimos Lectores, así que esta vez no le eché tanta crema a los tacos musicalizando y embelleciendo el producto final. ¿Para qué? Bastante embellecido quedó gracias a la presencia de mi Finísima Mujer, que intentó tomar control de las acciones durante los primeros minutos, hasta que le arrebaté la iniciativa y la obligué a retomar la tématica convenida con anterioridad: un recuento de las mejores series, miniseries y sitcoms que hayan pasado por La Caja Idiota Pero No Más Idiota Que Los Que La Ven.

En esta ocasión:

– Uno de los conductores prueba su suerte como imitador de Alberto Vázquez.

– Repasamos las noticias del día, a sabiendas de que se habrán hecho más viejas que Fey para cuando ustedes las escuchen.

– Mandamos saludos a los Finísimos Miembros de este blog.

– Ejercemos opiniones idiotas sobre los mejores programas de tele de la historia.

– Hacemos lo posible porque no se evidencíe nuestra nariz repleta de moco.

Vamos a subir el podcast en calidad de audio “regular”, en vez de “óptima”, pues la edición de las voces en frío y la musicalización han sido afectadas por dos inusuales exabruptos de la abnegada laptop de reserva. Los archivos están más ligeritos, por consiguiente, pero sí se entiende el choro. Si me da tiempo subir una versión más trabajada durante la semana, les aviso por este medio. Ya saben, a medida que vayan subiendo a los servidores se habilitan los links.

Finísimo Podcast 05 – TV para Snobs, Parte 1/3 [Medium Quality] (48:50, 22.7 MB) en MegaUpload

Finísimo Podcast 05 – TV para Snobs, Parte 2/3 [Medium Quality] (46:25, 21.6 MB) en MegaUpload

Finísimo Podcast 05 – TV para Snobs, Parte 3/3 [Medium Quality] (1:02:55, 29.1 MB) en MegaUpload

Y también disponible en…

Finísimo Podcast 05 – TV para Snobs, Parte 1/3 [Medium Quality] (48:50, 22.7 MB) en MobileMe

Finísimo Podcast 05 – TV para Snobs, Parte 2/3 [Medium Quality] (46:25, 21.6 MB) en MobileMe

Finísimo Podcast 05 – TV para Snobs, Parte 3/3 [Medium Quality] (1:02:55, 29.1 MB) en MobileMe

“¡Quítame esa cámara!” – 12 Grandes Rockumentales

Anvil: tranquilas chicas, están casados...

Anvil: tranquilas chicas, están casados...

Desde que tengo memoria he sido un consumidor compulsivo de música, en todas sus presentaciones. Mi colección de discos de vinil, Cds, cassettes, MP3 y uno que otro formato extinto (DCC, MiniDisc, DATs, 8 Tracks y hasta cintas de carrete abierto) se extiende en anaqueles, estuches, archiveros y discos duros… regados entre dos casas y una bodega. Pero no se detiene ahí. Colecciono libros sobre música, sean de referencia o biográficos. Cajas y más cajas de revistas Q, Mojo, Select, Uncut, Hit Parader, Billboard, Kerrang!, Guitar World, Rolling Stone, Spin, y hasta algunas copias maltrechas en papel revolución de NME, Melody Maker, Conecte y Rock&Pop. Videocassettes, LaserDiscs y DVDs reuniendo infinidad de presentaciones en vivo. Boletos de conciertos, programas oficiales, memorabilia. Camisetas negras conmemorando un sinnúmero de giras. Y ya ni hablar de los videojuegos que me hacen vivir vicariamente la existencia de una estrella del rock.

Pero entre tanta obsesión, siento una afinidad particular por los documentales sobre mis artistas favoritos. Es un género fílmico que me cautiva, pero cuando se une a la música a la que le he dedicado tanto tiempo y dinero cobra una dimensión obsesiva. Por supuesto, a fuerza de mirar cuanto rockumental se me pone enfrente he llegado a definir una lista más o menos estable con mis favoritos.

Dejé fuera esos macro-documentales como The Seven Ages of Rock o The History of Rock & Roll, básicamente porque son magníficos para entender un género a nivel histórico, pero rara vez revelan los detalles minuciosos que obtenemos con aquellos documentales dedicados a un solo artista, o al menos a un subgénero. Y quizá la ausencia del descomunal documental antológico sobre Los Beatles les parezca extraño, pero la verdad no nos reveló mucho más de lo que todos los fans de hueso colorado de la banda no supiéramos de antemano.

No, un gran rockumental debe ser capaz de sorprender. Debe cambiar nuestra manera de apreciar a un artista, para bien o para mal. Como soy el típico melómano pedante que cree que su opinión merece ser escuchada, comparto mi lista con ustedes. En el peor de los casos, tendrán material para criticar mis gustos. Y en el mejor de ellos descubrirán un gusto renovado por algun artista o banda que a lo mejor no les decía gran cosa. Vamos, pues. No están ordenados de ninguna forma, pues de por sí tuve bastantes problemas reduciendo el número a los que ven aquí:

Woodstock (1970 – Michael Wadleigh) y Gimme Shelter (1970 – Albert and David Maysles). Así nomás de entrada les receto una pareja de clásicos. Woodstock es el decano de estos documentales, así que merece su inclusión pese a estar más choteado que el símbolo jipioso de peace & love. Pero en su versión remasterizada, con una nitidez magnífica tanto en imagen como en sonido, nos permite entender la trascendencia que el magno concierto de 1969 tuvo para definir a toda una generación. Desde la excelente respuesta del público hacia los actos menores como Country Joe & The Fish y Santana hasta la energía pura desatada por The Who y Hendrix, es obvio entender el hype. Pero el uso de pantallas divididas mostrando dos o tres narrativas visuales simultáneas y la ausencia de un narrador logran involucrarnos con el suceso histórico de una forma por demás efectiva.
Por eso el balance ideal se logra al presenciar el desastroso concierto en Altamont, estelarizado por los Rolling Stones, vía Gimme Shelter. Lo que tenía que haber sido un grandioso festival gratuito se convirtió en pesadilla, debido a que los Stones decidieron contratar a la pandilla de los Hell’s Angels como elemento de seguridad. La cámara logra captar todo el aquelarre que se sucede desde que Jefferson Airplane toma el escenario, y para el momento en que los Stones comienzan a tocar la tragedia es inminente. El mirar el momento en que uno de los miembros de la audiencia es acuchillado hasta morir es un duro despertar para la generación de la paz y el amor.


End Of The Century: The Story Of The Ramones (2003 – Jim Fields, Michael Gramaglia). Si quieren explicarse cómo un ser tan bizarro como Joey Ramone pudo convertirse en uno de los frontmen más carismáticos en la historia de la música, tienen que echarse este histórico repaso por la banda que enarboló la bandera punk en los Estados Unidos y abrió las puertas del CBGB en Nueva York a toda una legión de grandes actos independientes (Patti Smith, Television, Talking Heads y muchísimos más). Lo más interesante de la historia de Los Ramones es la dinámica tan exitosa entre individuos que, para fines prácticos, se detestaban mutuamente. El reaccionario Johnny, las tendencias destructivas de Dee Dee y la introversión del enfermizo Joey no deberían haberles permitido permanecer juntos más de una semana, y sin embargo sobrevivieron (musicalmente) para darle al mundo una dosis regular de genialidad a base de tres xodidos acordes. Te hará pensar lo injusta que es la vida llevándose a tantos Ramones para el otro barrio, mientras hay Limp Bizkits aún vivitos y coleando.

Sigue leyendo

‘Orita los atiendo…

Como pueden apreciar, el autor de este blog no se preocupa por la posibilidad de que la idiotez sea un recurso no renovable...

Como pueden apreciar, el autor de este blog no se preocupa por la posibilidad de que la idiotez sea un recurso no renovable...

Finísimos lectores de Finísima Persona,

Antes que nada, una nueva carretada de aplausos por su devoción y preferencia hacia el blog más refinado de la Güebósfera. Hace un par de posts les hice partícipes del crecimiento inusitado de Finísima Persona en términos de audiencia y participación, así que imagínense mi sorpresa al descubrir que las visitas únicas a esta página casi se han triplicado desde ese entonces. Incluso el día récord de visitas, allá cuando publique mi eterno ensayo sobre La Muerte Famosa, se vió eclipsado no una, sino dos veces. ¡Eso es de celebrarse, carajo!

El único medio de este blog para crecer son sus lectores. No soy fan de andar de “spammer” en forums y redes sociales en las que no participo activamente. Por una parte soy autor de la Finísima Phrase “el espammero espa’miarlo”, y por otra me da harta fiaca el participar en algo que no sea Facebook y Twitter.

Por eso llamó a mi atención la reciente andanada de comentarios, en los que se ventilaron cuestiones sumamente interesantes, a saber:

1. Ustedes tienen mucho tiempo libre, no sólo para leer mis estupideces, sino para darse sus vueltas por este blog para abordar sus propias charlas y discusiones.

2. Otro núcleo de lectores, encabezados por mi fiel y ex-demandado Subsecretario de Relaciones Públicas, Promoción y Difusión para la Costa del Golfo (sin remuneración), ventiló la preocupación porque este blog se convierta en un chat room donde el flujo de los comentarios sobre el post en cuestión se desvían por derroteros inexplicables, que pueden o no incluir a varios lectores ganosos intentando llegarle a mi vieja (quien aparte le echa gasolina a las fogatas de sus libidos).

3. Ustedes se sienten a gusto aquí. Y es lo correcto, siempre les he reiterado que esta es su casa. Y Paiki es mi segunda casa, así que sus visitas para y desde allá por sumoesto que se agradecen sobremanguera…

4. También comentarían más si hubiera más que comentar (sutil pedrada para que yo “postié” más seguido).

Como este humilde blog se empeña en encontrar soluciones a las demandas de su público conocedor – y hasta del Naufig y el Ramzaonline 😉 – creo que es conveniente procurar darle gusto a todos hasta donde se pueda.

Lo de postear más seguido esta cabrón. Recuerden que soy un solo autor. Antes sí contaba por dos, pero la neta he bajado un chingo de peso ¡Esta dieta del VIH es portentosa! Y primero meto la pinga a la licuadora que convertirme en un blogger de “Miren que LOLCATZ tan chistosos me encontré”, o de “Hoy voy a ir al súpermercado, así que les dejo este e-mail de 1998 donde comparan el Walmart con la Iglesia Católica” (Nota mental: escribir comparaciones entre Walmart y la Iglesia Católica). No es mi estilo. Ni modo. Y la verdad me encantaría dedicarle todas mis horas útiles a inventar sandeces varias, pero también hay que chambear, o se me pelan de inanición las chicas de la Mansión Sempere. Prioridades de la vida adulta, que les denominan…

Sin embargo, la idea de tener una página como “forum” de flujo general sí está chida (soy genial, de veras). He creado un link que se ubica justo abajito de mi flamante y exclusivo logo de Anilú Designs™, denominado Finísimos Miembros (sí, soy un criadazo). ¿Para qué? Simplemente para que TODOS participemos en él como foro de usos múltiples. ¿Quieren charlar, linkear, pelear o spammear sobre cualquier cosa que no esté relacionada con el último post? Finísimos Miembros está para eso. Sí, yo también voy a entrarle al toro cuando se me pegue la paella.

Saben que odio establecer normas de uso, pero creo que es la solución sensata para todos. Y en especial no me gusta que anden sugiriéndole a mi carnal Mighty JD que se tire de cabeza en una fosa séptica por el sólo hecho de querer organizar el caos.

Como dijo el buen Adama, “SO SAY WE ALL!”

Atte (de Guayabba),

Toño

P.S.: La imagen bienvenida al caso, pero necesitaba continuar la saga iniciada con el “Atun Baby” y “Su Ropa”. Y ni modo de hacerle un post exclusivo, no xodan.

Finísimo Podcast 04 – ¡Defiende tu película!

FINISIMO4

Una vez más, a petición de las mamás de ambos, regresan al Finísimo Podcast los Finísimos Carnales Alejandro Orozco (de La Tostadora de Pan) y Beto Rojas (del blog que aún no acaba de debutar porque su autor es un huevonazo). En esta ocasión:

  • Revelamos la misteriosa identidad del cuarto hermano Bichir…
  • Defendemos algunas de las peores películas de la historia sin contar con argumentos válidos para justificar por qué nos gustan…
  • Sembramos la semilla para la realización de la mejor saga fílmica de ficheras y luchadores jamás realizada…
  • Contamos el número de muertes que puede experimentar un ninja…
  • Alabamos la gran idea de ponernos una briaga descomunal para ver mal cine…
  • Especulamos ignorantemente sobre películas que no hemos visto, y…
  • Malgastamos miserablemente el ancho de banda con estupidez sin destilar.

Este podcast consta de DOS PARTES, y las puedes bajar en los siguientes sitios (los links se activarán en cuanto los archivos terminen de subir al servidor):

Finísimo Podcast #04 – ¡Defiende tu película! Parte 1 (53.3 Mb, 58 mins.) en MegaUpload

Finísimo Podcast #04 – ¡Defiende tu película! Parte 2 (41.7 Mb, 45 mins.) en MegaUpload

Y también en:

Finísimo Podcast #04 – ¡Defiende tu película! Parte 1 (53.3 Mb, 58 mins.) en MobileMe

Finísimo Podcast #04 – ¡Defiende tu película! Parte 2 (41.7 Mb, 45 mins.) en MobileMe

Toño VS. El Doctor, Parte I: Los Análisis

LleneEsto

El otro día leí una estadística aterradora en una revista: el 75% de las enfermedades mortales para el hombre podrían evitarse si tan sólo acudiéramos a hacernos examenes médicos anuales. También dijeron en la tele que el 94% de las estadísticas en revistas son inventadas, pero ¿quién tiene tiempo para preocuparse por nimiedades estando la vida de por medio? Para acabarla de amolar, comencé a echarle cuentas para estimar cuando fue la última vez que recurrí a un galeno con el fin de evaluar mi estado de salud, y descubrí que fue en aquella desafortunada ocasión en que conocí a una chava en un bar de la colonia Agrícola Oriental y desperté en un hotel garaje de la carretera a Pachuca, dentro de una tina con hielitos y con una sospechosa cicatriz de sutura en las inmediaciones de lo que era mi riñón izquierdo. Por cierto, vieja, si estás leyendo esto, de lo último que me acuerdo es que la susodicha me estaba vendiendo una membresía a un club hípico, así que no pienses mal.

Así pues, opté por tomar una decisión sensata y responsable, sometiendo mi físico de Adonis retirado a una auscultación profunda, capaz de revelar si alguno de mis órganos puede estar a punto de colapsarse como construcción de Santa Fé. Aquí comienza la reseña de mi misión:

Día 1
5:30 AM –
Suena el despertador. Tengo una hora y media para bañarme, vestirme y llegar al laboratorio a la cita de las 7:00 AM, para que rinda el día.

5:30.2 AM – Apago el despertador, pues quiero regresar al desenlace de mi sueño donde mis habilidades para bailar break-dance salvan al barrio de un desalmado millonario, que quiere convertir el parque público en un complejo de oficinas.

9:40 AM – Se me pegaron las sábanas. Tomo nota de ello, pues no descarto que dormir de más sea síntoma de alguna posible enfermedad grave, y no de padecer de “huevos largos” como asevera mi mujer, que ni doctora es. Inculta. Bueno, es obvio que no llego ya al laboratorio a las cita de las 7:00 AM, así que tendré que esperar hasta mañana.

Día 2
5:30 AM –
Suena el despertador. Tengo una hora y media para bañarme, vestirme y llegar al laboratorio a la cita de las 7:00 AM, así que prendo la tele para espabilarme.

5:32 AM – ¿Por qué sigo bajando pornografía de la lentísima internet cuando puedo disfrutar de toda la sensualidad y el erotismo de las chavas que dan el reporte del tiempo en los noticieros? Además es gratis. Ya me estoy espabilando. Bueno, digamos que partes de mi lo están haciendo.

5:34 AM – Chin. Se acaba el reporte del tiempo. Empiezan las noticias financieras.

10:14 AM – Creo que otra vez se me hizo tarde. Tengo que cambiar de estrategia para mañana. Tomo nota: “Las fluctuaciones de los mercados bursátiles producen somnolencia extrema en el paciente”. Espero que la ciencia médica esté a la altura de este extraño mal.

Día 3
5:30 AM –
Suena el despertador. Tengo una hora y media para bañarme, vestirme y llegar al laboratorio a la cita de las 7:00 AM, así que prendo la tele para espabilarme y me levanto a hacerme un cafecito.

5:34 AM – ¿Dónde guardará mi mujer el café?
Sigue leyendo