FINÍSIMAS RESEÑAS: MASTERCHEF MÉXICO – EPISODIO 9

“Toño entregó casi a tiempo, ¡albricias!”

¡Logré ponerme al corriente! Les entrego DOS hermosas reseñas DOS en UN fin de semana, así que creo que me merezco algo. Como poner una alcancía para propinas en el blog resulta complicado, les agradeceré si recomiendan en sus redes sociales estos profanos textos pletóricos de mala leche (como AdeS) y humor cuestionable. ¡En serio, al menos páguenme el esfuerzo con tráfico, so engendros! Perdón por lo anterior, pero quería “hacer un Herrera” y comenzar con regaños a lo estúpido, a ver qué se sentía. Ya en serio, al menos mándenme alguna clase de regalillo para la Finísima Esposa, pues su labor de arrearme con los textos, hacer corrección de estilo, conseguir fotos y ver las grabaciones de esta gansada de programa la han privado de la poca vida social que yo le brindaba el fin de semana. ¡Salven mi matrimonio, so engendros! Bueno, vamos todos a sufrir…

EPISODIO 9: ¿Dónde tragarán los niños?

¿Es el Dismaland de Banksy?

¿Es el Dismaland de Banksy?

Iniciamos con la llegada de los concursantes al magnífico parque temático Six Flags®, situado en las laderas del Ajusco, a espaldas de las instalaciones de TV Azteca. ¡Ja ja, ilusos! No, más bien se trata de un parque de diversiones genérico, situado en un lugar de Colombia que está muy, pero muy apartado de las instalaciones de la tres veces mediocre televisora del Ajusco. Algunos de los participantes hablan de sus remembranzas de la niñez en estos lúdicos espacios de esparcimiento. Bueno, Alan Gump dice que él no tuvo estas vivencias, pues nunca fue a un parque de diversiones. El drinking game estipula que los “nuncas” de Alan son para efectos de ingredientes y platillos, pero es justo hacer una excepción para este caso: ¡BEBAN! Luego admite que sí fue a un parque una vez, colándose por una puerta de salida, pero el efecto de generar pobrezofilia empática ya se logró.

Debería existir un juego para tirarle pelotas de béisbol a los jueces…

Debería existir un juego para tirarle pelotas de béisbol a los jueces…

Rodeada de felices niños con acento bogotano, Niñette Michel da la bienvenida a los 10 cocinerillos aún en contienda, ante la mirada atenta del trío de jueces: la chef Betty Vázquez, el chef Benito Molina y el “chef” Adrián Herrera, cuyo título es tan ilegítimo como los juguetillos que regalan en los juegos de destreza del dichoso parque. El regiomontano sombrerudo les advierte (siempre en tono de pendexearlos) que los niños que visitan ese lugar vienen a divertirse con sus amigos (¿En un parque de diversiones? Atípico), así que más vale que ninguno de los concursantes les eche a perder la feliz jornada preparándoles comida que induzca a la diarrea explosiva. Para eso está el puesto de hot dogs. Sigue leyendo

FINÍSIMAS RESEÑAS: MASTERCHEF MÉXICO – EPISODIO 6

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Hoy me siento tan mal con ustedes como Carmen frente a los jueces…

“¿Otra vez tarde con la reseña, Toño?” Otra vez tarde con la reseña, Finísimos Lectores. Estoy en medio de mudanzas, frilanzas (bonito palabro) y dolores de panza, los últimos provocados precisamente por el aborto de episodio que MasterChef México nos regaló esta semana. ¿Pero para qué preambular? A lo que te truje, lencha…

EPISODIO 6: UNA TAMALERA EN APUROS (sólo en cines)

Los Chefspirantes llegan a la cocina, y Alan cuenta a la cámara que han estado hablando las cosas entre ellos para que no haya rencores después de los ríspidos incidentes del episodio previo. La Ballena de la Premonición salta sobre las aguas y nos salpica con gotas de AHORA VA A SER PEOR. En fin, arrancamos con OTRO regaño de los chefs a los presentes, quienes un día van a acabar reaccionando como perritos ante un periódico enrollado. Dicen que hasta el momento les habían estado perdonando todas sus pendexadas (¿presentarse al casting, por ejemplo?), pero que se acabaron las contemplaciones. Menos mal, porque hemos visto cada platillo por ahí… estoy casi seguro que Gabriela presentó unos panes Bimbo remojados en La Lechera durante un reto previo.

El chef Benito y su fiel bigote nos anuncian que en este reto de Caja Misteriosa solo van a elegir los TRES platillos más interesantes para sacar un ganador. Marlene hace algo de aritmética rápida sotto voce: “Ya no son seis, ni cinco, son tres…” ¡No tan rápido, Alicia Villarreal de las hornillas!

"Corro el punto decimal, divido entre seis, le resto el número que pensé…"

“Corro el punto decimal, divido entre seis, le resto el número que pensé…”

[CORRO POR UNA CALCULADORA PARA COTEJAR SU CÁLCULO] Sigue leyendo

FINÍSIMAS RESEÑAS: MASTERCHEF MÉXICO – EPISODIO 3

Amigas y amigos que leen este sufrido blog, me faltan palabras para agradecerles su atención a los presentes escritos. Literalmente miles de ustedes conmiseran a través de mis reseñas y hacen más llevaderos los momentos en los que quiero arrojar objetos pesados a la pantalla de TV. Eso, para mí, cuenta. Así que ahí va una recapitulación más de un episodio que rebasó los límites de lo que significa ser un reality show para adentrarse en terrenos de ficción y fantasía.

EPISODIO 3: De Medellín a Manzanillo

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NOTA: No, no tengo idea acerca de la locación real donde se graba MasterChef México, pero es un hecho que es en Colombia y no en México. Así que ahórrense sus comentarios aclaratorios de “no, Antonio estás equivocado, tu reseña debería llamarse “De Bogotá/Calli/Cartagena a Manzanillo”, no los voy a pelar. Me gusta la aliteración en los títulos, ¿de acuerdo?

Los chefspirantes (bonito palabro) aterrizan en el Aeropuerto Internacional de Manzanillo, Colima, y de inmediato suben a sendos camionetones rumbo a una misteriosa prueba. Llegan a una marina donde abordan un par de botes de pesca y se alistan para tres horitas de un viaje por la mar, ¿qué podría salir mal?

Mucho, de hecho…

Mucho, de hecho…

Los ocupantes de los yates pesqueros lucen sus estorbosos chalecos salvavidas mientras aprestan la captura de especies marinas. Se respira un ambiente relajado, jovial, tranquilo… demasiado tranquilo. De pronto los ocupantes de uno de los botes señalan hacia la otra embarcación. ¿Humo? ¿Ya tan temprano se pusieron a quemar la comida estos ignaros? ¡No! ¡FUEGO!

Y ese humo después se convirtió en el monstruo de 'Lost'.

Y ese humo después se convirtió en el monstruo de ‘Lost’.

En efecto, estamos a punto de ver una de las secuencias televisivas peor realizadas en la historia de TV Azteca. Y ojo, estamos hablando de la empresa responsable por la telenovela ‘Tres Veces Sofía’.

Las tres etapas de All-Bran: estreñimiento, evacuación dolorosa y alivio.

Las tres etapas de All-Bran: estreñimiento, evacuación dolorosa y alivio.

Las cámaras a bordo del yate humeante muestran a algunos de los concursantes saltando al agua para salvar sus vidas. Todo luce tan natural como los senos de Sabrina Sabrok. De pronto empiezo a desear que alguien entre los náufragos tenga alguna herida abierta para que la sangre atraiga a los tiburones, terminando así con esta farsa estúpida e innecesaria. En el otro bote la seño Gina exclama: “¡Se está quemando el barco!” ¡Ay, seño Gina! Usted nos cae rebién, pero su actuación apesta. “Y quién los va a rescatar?”, pregunta Tianne.

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FINÍSIMAS RESEÑAS: MASTERCHEF MÉXICO – EPISODIO 2

Ventaja

Primero que nada, gracias totales por su paciencia para recibir esta entrega (se retrasó un poco por el trabajo y por un ataque repentino del mal de puerco tras comer deliciosamente aquí), pero más aún por la impresionante respuesta que mostraron a la reseña del primer episodio. En un principio tenía reservas de dedicarle más de 5,000 palabras escritas a un reality show cuyas limitaciones (autoimpuestas) eran tan evidentes, pero ustedes me demostraron que siempre había disposición y mercado para consumir chistes de mal gusto acerca de medios que demuestran tener aún peor gusto que el mío.

En fin, vamos al siempre difícil segundo episodio. ¿Por qué difícil? La cosa es así: los programas de telerrealidad generalmente muestran sus cartas más fuertes en su debut, pues es donde se extraen las “risas fáciles”, en este caso provenientes de los concursantes rechazados por ineptos, ridículos o simplemente desubicados en torno al valor real de su talento: el modelete que le exprimió dos kilos de limones a su salsa, el chavillo que sudó sobre sus macarons o el bombero chillón son ejemplos claros.

Para la segunda emisión ya vamos a conocer la mecánica regular y los procedimientos de eliminación que privarán durante el resto del programa, aplicados a concursantes que, en teoría, son la flor y la nata de los miles de aspirantes convocados. ¿Logrará MasterChef México cautivarnos con este ritmo regular de concurso? Sólo hay una forma de saberlo…

EPISODIO 2: MOLE, AUNQUE NO MOLE

Annette Michele nos da un repaso del número anterior donde menciona que “sólo los mejores fueron elegidos”, pero curiosamente incluyen en el montaje varios platos perdedores (el pescado ahogado en salsa del modelete) o con presentación espantosa. Estos editores son unos loquillos. También vemos la casa donde vivirán los concursantes, así como un exterior de la cocina de MasterChef México. QUE EN REALIDAD SON LA CASA Y LA COCINA DE MASTERCHEF COLOMBIA. ¿Por qué? Este programa se ha llenado el “tragamaiz” de abogar por los valores, tradiciones y preponderancia de la cocina mexicana a nivel mundial, y sin embargo todo indica que una buena parte de su realización se llevará a cabo en tierra extranjera.

Una bola de maletas arrastrando una bola de maletas.

Una bola de maletas arrastrando una bola de maletas.

Aquí es donde algunos de ustedes se sorberán los mocos y alegarán con plena ignorancia que el hecho de estar en Colombia no importa, que sólo están aprovechando las instalaciones preexistentes en lo que ven si el producto “jala” con los televidentes mexicanos y qué sé yo cuántas excusas más. Verán, mi problema no estriba en el hecho de grabar en instalaciones colombianas. La casa está muy bonita, y la cocina está bien montada. No, el problema estriba más bien en la frescura de los productos, y específicamente en los productos MEXICANOS que se utilizarán como ingredientes en muchas de las preparaciones. Perdón, pero me sentiría más a gusto sabiendo que los jueces basan sus apreciaciones en la labor de concursantes que pudieron echar mano de los mejores epazotes, huitlacoches, chapulines, xoconostles (¡abrazo, Ruys!), quelites, nopales (¡abrazo, lectores!), cotijas y chorizos verdes toluqueños. Saber que muchos de los ingredientes han sido transportados desde muy lejos y/o congelados para fines de que lleguen a su destino le resta algo de legitimidad a este rollo. ¿Estoy equivocado?

“Bienvenidos a MasterChef Colomb… eh… ¿México, por vía de Barranquilla?”

En fin, Annette Michel nos dice otras cosas más pero la música de fondo es tan fuerte que no le entendimos casi nada. En serio, la mezcla de audio en la transmisión HD de TV Azteca está tan torpemente manejada que tapa los diálogos de la presentadora. Que en este caso se aprecia, la verdad, pues hay plantas de ornato que aportarían más que la pobre Annette en lo que a conducción se refiere. Los concursantes son recibidos en la cocina MasterChef y les dan chance de recorrerla de arriba a abajo, con fines de familiarización.

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FINÍSIMAS RESEÑAS: MASTERCHEF MÉXICO – EPISODIO 1

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Una vez que se terminó la saga de Crepúsculo, me encontré preguntándome qué clase de reseñas “a la ligera” podía realizar para seguir alimentando este blog, desde entonces caído en una inanición marca Anahí. El problema es que las películas en oferta no me ofrecían lo que yo estaba buscando: el ingrediente de “amo odiar esto” y la regularidad en las entregas.

Sin embargo este pasado domingo descubrí un perfecto vehículo para verter mis abyectas invectivas (“¡Al BatiDiccionario, Robin!”) con la necesaria frecuencia para ustedes, inexplicables consumidores de mis estultos contenidos: MasterChef México.

En mi casa (que no es la de ustedes, pues ya se habrían bebido todo el alcohol y robado la plata fina para empeñarla) somos asiduos aficionados a los programas televisivos de 2p4kircocina. Sobra decir que si Gordon Ramsay, Anthony Bourdain o Curtis Stone aparecen en la pantalla, lo más seguro es que nos quedemos viéndolos con atención cuasi hipnótica hasta que decreten un ganador o insulten a alguien (en el caso de Ramsay, obvio). Y las diversas ediciones internacionales de MasterChef llevan años figurando entre nuestras favoritas. El hecho de ver que existía una versión mexicana del programa nos entusiasmó sobremanera, en parte por la abundante riqueza gastronómica de nuestra vapuleada nación, pero también por una larga historia personal en eso del sibaritismo y la tragazón diversa.

¡Oh, sorpresa! Tras unos minutos de ver el programa, comencé a encontrarle múltiples peros que me parecieron inadmisibles en algo que, después de todo, se basa en un producto preexistente, con más de 40 versiones alrededor del mundo y que no parecía necesario modificar para el consumo local.

Así pues, comienzan estas reseñas. Sobra decir que están llenas de SPOILERS, así que ni te molestes en leerlas si quieres conservar el suspenso en torno a cada episodio. Peor aún: abundarán en bilis, sarcasmo, humor negro, feos modos, palabrotas, chistes estúpidos, críticas destructivas y enfoques políticamente incorrectos. Pero vamos, hasta de la mala leche se puede hacer un requesón decente, así que si no te espantan esta clase de contenidos y tienes mucho tiempo libre (cuando escribo me voy como hilo de media), podrás aprovechar cada recapitulación como una apreciada catarsis. En fin: vamos culo, a padecer…

EPISODIO 1: LA AMENAZA FANTASM… eh… AZTECA

Lo siento, amigos y ex colegas de la UIC que trabajan o trabajaron en “la televisora del Ajusco” (sobadum phrasae): los valores de producción predicados por esta empresa y su Eléktriko dueño son más bien chafitas. Si Televisa y el Tigre Azcárraga se ufanaban de hacer “televisión para jodidos”, don Ricardo Salinas Priego (próximamente Ricardo Salinas PVEM-ego, en deferencia a su mejor anunciante) parece inspirado en la premisa de que él puede acaparar el mercado de “los jodidos que le ayudan con el quehacer a los jodidos que consumen Televisa”, y ahorrarse muchos más pesos en el proceso.

Lo anterior es algo difícil de describir, pero definitivamente se siente al hacer las odiosas (pero obligadas) comparaciones con otros MasterChef en el mundo. Estábamos a la mitad del primer episodio cuando Bastian (14 años), el hijo de Finísima Esposa que ella acordó arrendarme con opción a compra, entró a la habitación y preguntó, sin dejo de ironía: “¿Es MasterChef? ¿Por qué se ve tan chafa?”. Ojo, está acostumbrado a jugar Minecraft entre partidas de League of Legends en la compu, mientras ve videos de Twitch en el iPad y pelea con dos gatitos, así que cuando algo capta su dispersa atención de esta forma, estamos hablando de una calidad particularmente deslucida.

Esto salta un poco más a la vista porque varias escenas del primer episodio fueron grabadas en Colombia. Sí, los colombianos tuvieron MasterChef antes que nosotros, así que tal parece que nos prestaron sus instalaciones en lo que hacíamos las nuestras en México o algo. Por desgracia no nos prestaron también a la presentadora, Claudia Bahamon…

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Que no es fea, vamos…

Ah, pero acá tenemos a Annette Michel, quien es francamente guapa pero habla como si… estuviera… dictándole una… frase… prolongada a… una clase llena de… niños que padecen TDA/H.

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“Es que… me dictan… todos mis… diálogos… porque pensar es… complicado…”

Ella nos indica que están buscando “al mejor cocinero aficionado de México”. Imagino que el reality para encontrar “al mejor neurocirujano aficionado de México” aún no es viable, pero es cosa de darles tiempo. Los 300 aspirantes preseleccionados en castings por “toda la República Mexicana” (aunque después nos enteraremos que de plano se saltaron todo el norte del país) se reúnen en el Centro Ceremonial Otomí para preparar sus chimoles al rayo del sol.

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Luchando contra el reloj horrible de Chedraui

La concurrencia es de lo más variopinta: hay jóvenes con granos en la cara, abuelitos chapeados, tamaleras, miembros del clero, indígenas, fresas, un aficionado al motociclismo que se hace llamar “Biker” (a quien por fortuna no veremos más, pero aún así le hicieron su inexplicable capsulita), tipos con máscara de luchador, amas de casa y creo que hasta me pareció ver a algún cantantillo frustrado de ‘La Academia’, quizá buscando pegarla en otro rubro de la telerrealidad… (SIGUE LEYENDO)

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FINÍSIMA RECETA: FINÍSIMOS CAMARONES AL CARBÓN

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Animado por el éxito del podcast Gastronomicast en Junkie y por la interacción obtenida a través de mi regreso a colaborar activamente en un portal web, he decidido revivir una vez más, cuál mítico fénix, este blog olvidado de la mano de Elvis. ¿Y qué mejor que hacerlo con algo que les aporte algo nuevo a sus aburridas vidas y un poco de sabor a sus paladares afectados por Lonchibon? Venga una Finísima Receta. 

No hay motivo de queja: este platillo es de lo mejor de mi limitado repertorio. Cubre todos los requisitos de mamonaje que el que escribe acostumbra cultivar en su vida diaria. Logra impresionar a propios y extraños. Te permite lucimiento personal cuando recibes los elogios de quienes lo prueban. Sabe divinamente, gracias a que su ingrediente base ha sido besado por las llamas. Y más aún: hasta un simio mal entrenado podría preparar este manjar. Por eso es que hoy comparto (fanfarrias, redobles y coros angelicales)… ¡FINÍSIMOS CAMARONES AL CARBÓN!

“Pero Toño,” exclamarán muchos de ustedes con sus expresiones de limitado mundo, “los camarones se comen en cocteles con haaaaarrrrrrta salsa capsu, empanizados o en tortitas ahogadas en el mole de los romeritos navideños”. Claro, porque muchos de ustedes son unos pocopaseados y unos naquetes sin remedio. Pero los más sofisticados entre la plebe (ustedes saben quienes son) están al tanto de que los camarones, además de ser buenos como materia de albur, saben divinamente en otras preparaciones. Así que atención.

¿Qué camarones comprar? Esto lo define tu bolsillo. Los camarones suben de precio a medida que suben de tamaño, como los senos de solución salina. Yo compré unos de un tamaño bastante decente (camarones, no senos postizos), sin ser esos monstruos que pasan por langostinos. Además busqué unos que ya venían pelados y desvenados, pues soy un completo haragán. Pero la disponibilidad, precio y tamaño de este crustáceo decápodo varía según dónde estés, así que lo dejo a tu elección. Mientras el camarón elegido pueda atravesarse con una brocheta sin partirse en dos, vas de gane.

Ahí va. Esta receta rindió para tres porciones generosas, pues éramos su servidor, la Finísima Esposa y El Bebo (13 años, buen diente).

INGREDIENTES

  • 24 Camarones (estos eran U16/20, creo. Salieron como 8 por comensal)
  • 3 limones amarillos grandes
  • 3/4 de una botella de 600ml de 7UP (ustedes calculen cuántos ml, si les mata la curiosidad)
  • Media barra de mantequilla sin sal
  • 2 cdas de ajo en polvo (el mío tenía perejil deshidratado, va muy bien)
  • 2 cdas de hojuelas de chile
  • 1 cda de azúcar
  • Sal y pimienta al gusto
  • Cebollín, para decorar

También necesitarás:

  • Asador (de gas o carbón, pero prefiero el último)
  • Charola metálica
  • Brochetas de bambú

PREPARACIÓN

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Primero pongan a remojar las brochetas de bambú en agua, durante media hora aproximadamente. Esto evita que la madera se incendie una vez que estén sobre el fuego del asador. La idea aquí es ir ensartando los camarones con dos brochetas: una de ellas atravesando la parte de mayor grosor, cercana a donde estaría la cabeza, y otra cerca de la cola. ¿Por qué dos brochetas? Para poder voltearlos fácilmente sin que  los ingredientes giren sin control. Soy un genio, lo sé.

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También puedes (y debes) encender el carbón de una vez, dejando la mitad del asador con brasas al rojo y la otra mitad vacía (después les explico por qué). Si quieres aprovechar para ir asando unas verdurillas, todo bien. Es una forma de engañar al organismo para que crea que eres persona sana.

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Volvamos al brocheteo. El secreto es ir poniendo los camarones de forma alterna, y bien pegaditos: uno con la cola a la izquierda y otro con la cola a la derecha. Imagínate a Galilea Montijo vista de espaldas al caminar… cola a la izquierda, cola a la derecha, cola izquierda, cola derecha, izquierda, derecha… Obtendrás una masa compacta de camarón, como si fuera un grueso steak. O como si fuera el trasero de Galilea Montijo, de hecho. Esto facilita que la cocción sea uniforme. 

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Ya que tienes las brochetas armadas, espolvoréalas con una finísima capa de azúcar. Puede ser azúcar mascabado, morena o refinada. Jamás azúcar glass. Esta leve cobertura dulce se va a caramelizar al contacto con el calor de las brasas, dando una cubierta doradita que contrasta muy bien con el sabor del camarón. Háganme caso, no se arrepentirán.

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La salsa es sencillez pura, pues toda se prepara en una de las charolas metálicas. Comencemos por mantequilla. Sin sal, preferentemente, porque los camarones tienden de por sí a ser saladitos. Creo que porque viven sus vidas en el mar, o algo. Añadan el jugo de los limones, exprimidos como exprime el SAT al contribuyente clasemediero. Si se van semillas en el jugo, quítenlas en el acto. Una de mis tías me dijo en alguna ocasión que si te tragas una semilla, después te puede crecer un árbol frutal en la panza, así que mejor no correr riesgos innecesarios.

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El resto del líquido viene de un simple refresco de limón, en este caso 7UP. También se vale usar Sprite, Yoli o hasta una Mundet blanca, el chiste es que sea sabor limón o lima-limón. NO USES REFRESCO DE DIETA, por ningún motivo, pues terminarás con un sabor amargo que echará a perder la salsa. 

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Añade la sal de ajo o ajo en polvo. También pudiste poner ajo fresco, finamente picado, pero quiero resaltar lo sencilla que es esta preparación. Y tampoco me quería dejar las manos oliendo a ajo porque me esperaba una larga tarde escribiendo, y luego mi compu apesta. Seguro habrá algo de efervescencia cuando añadas ajo en polvo o sal a la mezcla, pero eso es normal. Y extrañamente divertido, por razones que aún no puedo explicar.

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Ahora van las hojuelas de chile seco. Tampoco hay que poner muchísimas, es a gusto de cada quien, pero yo sugiero el monto que les indiqué en los ingredientes (siempre pueden añadir o quitar, según su tolerancia al picante). ¿Quieren usar chile fresco en rodajas? También se vale. Igual si cuentan con alguna salsa a la mano (tabasco, sriracha o hasta la que les sobró de los tacos). Se vale experimentar. Si lo hacen con su sexualidad, ¿por qué no con el salseo? Termina con sal y pimienta al gusto, y todo listo.

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Ahora sí, vamos al asador. El carbón ya estaba en su punto, así que es hora de poner la salsa al fuego. Aquí la razón de amontonar el carbón en una mitad del asador, dejando la otra mitad vacía. Esto crea un fuego indirecto que va a ser muy útil en unos momentos. Deja que la mantequilla se derrita y mueve un poco la salsa para que los ingredientes se integren a medida que llega el hervor.

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Cuando la salsa esté hirviendo, arrastra con cuidado (y con pinzas) el recipiente hacia la parte del asador donde no hay carbón. Se mantendrá calientita, lista para entrar en acción cuando sea requerida. Iba a hacer un comentario soez comparando esta salsa con esa amiga cariñosa que tenías en la universidad, siempre dispuesta a tus pasiones más lascivas, pero este blog es por demás decente.

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Llegó lo bueno: frota un poco de aceite vegetal en las rejillas del asador. Ya está listo para recibir a los invitados de honor, que reposan cubiertos de azúcar en la charola. 

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Coloca tus brochetas sobre el fuego. Escucharás el chisporroteo del azúcar al fundirse. El líquido contenido en las colitas de los camarones comenzará a calentarse y a escapar en un silbido lleno de burbujas y de sabor intenso. Los pájaros cantarán, las nubes se abrirán y un arcoiris se hará invitar a tu tarde perfecta. O al menos eso te parecerá, a medida que el aroma espectacular de proteínas al fuego comience a invadir tus nervios olfatorios. 

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Con camarones de este grosor (más o menos tan gruesos como mi dedo índice), tres minutitos por lado sobre el fuego es suficiente. Es mágico ver como su coloración pálida y sin chiste, como la de Ximena Sariñana, se pone colorada y apetitosa como la de Lola Ponce. Si tan sólo pudiéramos hacer eso con la Ximena Sariñana de verdad… pero no, no quiero darles ideas de prenderle fuego a esa monigota sin chiste. Concentrémonos en las viandas, mejor.

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Voltea los camarones. Mira qué hermosura. Ahora imagínate el aroma. ¡POR MANJARES COMO ESTE ES QUE LOS TERRORISTAS ODIAN A OCCIDENTE! Comer así es validar la democracia, básicamente.

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Ahora llegó el momento cumbre: tus camarones, besados por el fuego, están a punto de meterse a un jacuzzi. A UN JACUZZI DE SABOR.

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Toma las brochetas (con cuidado) y retira los camarones para meterlos de lleno en tu salsa, que se ha mantenido al margen estos minutos. A lo mejor se resisten un poco, pues la brocheta de bambú se ha expandido con el calor. Si unos palillos chinos no logran el cometido, prueba con las pinzas. 

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Ya que todos tus camarones estén en el recipiente con la salsa, llévala de vuelta al fuego. Deja que alcance un ligero hervor. Aquí se termina de cocinar tu espectacular creación. ¿Gordon Ramsay qué?

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Claro, tanta delicia flotando en el aire atrae a los animales, como hemos notado en recetas anteriores. No se dejen conmover por las miradas hambrientas. Este manjar es caro, y las bestias no están para apreciarlo. Además la Licenciada Gladys de Recursos Humanos es una perrilla bastante naca, rescatada de las crueles calles, por lo que sé de buena fuente que disfruta más de los tamales que de los pescados y mariscos finos. Ni modo, Licenciada Gladys, inútil tratar de conmoverme.

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Listo, hora de llevarnos los camarones a la mesa. ¿En qué servirlos? Deja volar tu imaginación. Quedan espectaculares sobre arroz blanco. La pasta es sumamente recomendable, también. O haz una cama de puré de papa y pónlos encima. ¿Odias los carbohidratos? Sírvelos sobre una mezcla de lechugas y espinacas, si ésa es tu onda. No hay error. En este caso, la Finísima Esposa preparó linguini con tinta de calamar, con sólo un poquito de mantequilla y ajo. Los camarones arriba, salseados a gusto de cada comensal. Termina el plato con cebollín picado finamente, para que parezca que sabes lo que estás haciendo. Simpleza y perfección.

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¿Maridajes sugeridos? Un buen vino blanco o rosado, o hasta un tinto afrutadillo. Pero yo tenía un refri lleno de Stella Artois, así que decidí hacerle los honores. Toma un buen trozo de baguette y mójalo en la salsa. No darás crédito a tus papilas gustativas. Y si aún así esto se te hace complicado, buenas noticias: Maruchan espera tu regreso con brazos abiertos, grandísimo palurdo. ¡Buen provecho!

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Oh, leve detalle: no olvides la verdura al fuego. En fin, nadie es perfecto…

Finísimas Recetas: Chili con Carnal

Me siento un poco culpable. Finísima Persona acaba de romper una vez más récord de visitas únicas en el mes, todo gracias a que los Finísimos Miembros son las mejores personas de todo el ciberverso, a reserva de lo que tenga que decir el próximo estreno de Tron: Legacy.

¿Pero qué les estoy dando a cambio? Mal gusto. Humor cuestionable. Fotos de mujeres semi encueradas. Podcasts roñosos. Burlas a nuestros embajadores culturales. No puede ser. Me siento de lo más avergonzado. Es hora de darles algo de contenido serio, con valores de producción… con clase.

No se hable más. Esta será la primera instalación de Finísimas Recetas, una sección que probablemente nadie va a apreciar, pero que me sirve de maravilla para justificar la existencia del blog y para incluir tags que atraigan a incautas señoras en busca de ideas gastronómicas para saciar el apetito a sus familias. Las compadezco.

Manos a la obra. Primero que nada hubo que elegir una receta entre las 3 o 4 que sé preparar. Difícil tarea, pues me pesa mucho divulgar los secretos ancestrales de mi memorable sandwich de mantequilla de cacahuate con mermelada. Pero como avisé el otro día por Twitter que tenía una buena receta de chili con carne y ustedes pidieron que la compartiese, opté por quemar ese cartucho.

¿Chili con carne? Claro que sí. Por alguna extraña razón, muchas personas creen que preparar este clásico de la cocina Tex-Mex es una labor ardua, sólo apropiada para chefs expertos y sibaritas consumados. Nada más lejos de la realidad. El chili puede ser tan sencillo o tan complicado como uno quiera. Y esta versión es más fácil que las mamás de algunos de ustedes después de tres “medias de seda” (mamás zorras y nacas, ellas).  Sigue leyendo

Reescribiendo el Menú

No soy muy fan de los restaurantes temáticos. ¿Se acuerdan de la oleada de los mismos, ocurrida hacia principios de los 90? De golpe y porrazo aparecieron por todo el mundo sucursales  de una gran diversidad de franquicias, todas con sus conceptos comerciales muy marcados y muchas veces amarrados a grandes nombres de supuestos “socios”: Planet Hollywood (Schwarzenegger, Stallone y Willis), All-Star Café (Gretzky, Shaq, Montana, Agassi), Bubba Gump Shrimp Co. (dedicados a la historia de Forrest Gump), House of Blues (Dan Aykroyd y Jim Belushi), Rainforest Café (bien ecológico… NOT!)Harley Davidson Café (para todos los devotos de las Hogs), NASCAR Café (Jeff Gordon, Rusty Wallace, et al), Fashion Café (Naomi Campbell, Christy Turlington y Claudia Schiffer)… Sólo nos faltó ponernos vivos a los mexicanos con una franquicia dedicada a nuestro máximo embajador cultural para estar a tono. Claro, expandir el menú de El Chavo del Ocho Café® más allá de las tortas de jamón hubiera sido un reto, pero la oportunidad estaba ahí.

La mayoría de esos changarros murieron, o sobreviven de sus viejas glorias. Algunos estaban predeterminados al fracaso, como el mentado Fashion Café. ¿A quién se le ocurre poner un restaurante amarrado a una profesión como el modelaje, donde provocarse el vómito o matarse de hambre constituye una práctica habitual? Y lo más impactante es que los menúes de todos estos sitios solían ser casi iguales. Claro, todos comenzaban por ofrecer una serie de especialidades únicas, pero a la larga acababan en el conformismo de ofrecer siempre la misma gama de nachos, alitas de pollo, hamburguesas, pastas sin imaginación y ensaladas césar con pollo a la parrilla.

El Hard Rock Café es el único de estos establecimientos que llego a frecuentar de vez en cuando, ya sea en México o en Miami. Nunca cuando visito otras ciudades, pues creo que comer en sitios únicos y no en franquicias con platillos que ya conocemos debe ser parte del propósito de viajar. Pero debo reconocer que el Hard Rock me late, pues en primer término soy un nerd de la memorabilia musical. Los tragos son bien servidos, la comida es bastante decente y las rolas que ahí suenan siempre ponen de buenas.

Lo que me extraña es que no hayan caído en la práctica cutre, cheesy y predecible de ponerle nombres “ingeniosos” a los platillos, consistentes con el tema del restaurante. Es, a mi modo de ver, una oportunidad desperdiciada para hacer el imbécil (una de mis actividades favoritas, por si es la primera vez que visitan este blog). Recuerdo un establecimiento en Guadalajara que tenía una admirable selección de antojitos ingeniosamente bautizados: el sope Wonderbra (chicharrón prensado), la torta Chabelo (de pierna), el taco Gobernador del Estado (pura lengua)… En fin, darle un poco de originalidad a la oferta culinaria.

Animado por esa idea y por la buena recepción (o sea que nadie me mentó la madre) al sugerir uno de estas confecciones gastronómicas en Twitter, comencé a armar un menú temático que le ofrezco desinteresadamente a los del Hard Rock, por si les interesan mis siempre brillantes ideas.

De entrada hay que expandir la variedad. No pueden conformarse con las cansadas opciones tradicionales. La variedad de Nachos puede incluir los Nachos Cano y los Nacho Pop. En vez de una aburrida sopa de brócoli con queso, ¿porqué no abrir boca con la Sopa de Frijol & Oates? El primer ingrediente es el bueno, el segundo es de mero adorno.

En cuestión de arroces la tenemos hecha, con el popularísimo Arrozsmith. O si ese arroz no te llama la atención, también puedes pedir un platillo doble llamado Guns Arroces: el primero te abre el apetito para la destrucción, y el segundo puede ser frito al estilo chino. Lo malo es que el segundo es tardadísimo, pero ahora que se está poniendo de moda el dichoso slow food movement, puede pegar. Y si andas muy internacional y en un ánimo pop-jazz, la PaElla Fitzgerald es la opción.

Las especialidades mexicanas no están bien representadas en los restaurantes temáticos de este tipo. Sí, hay quesadillas, pero nada que ver con la queca tradicional mexicana. El Hard Rock podría ofrecer QuesaDylans: La Jacob luce muy atractiva, pero es más bien ligera y ni te acuerdas de qué sabe una hora después de comer (ideal para las dietas). Ah, pero La Bob simplemente no te la acabas, de lo grande y magnífica que es. ¿Lo ven? Se puede lograr consistencia temática con los artistas en casi cualquier platillo.

El Taco Placebo puede ser la versión alternativa del taco placero. No sabes si es un taco bien machín o más bien medio jotón, pero en cuanto lo pruebas te das cuenta de que sí la hace. Las Gorditas de Abba pueden ser otra buena opción para diversificar las entradas: la Frida se hace de maíz prieto y la Agnetha de maíz blanco. Las EnchiGaGas son un platillo cuyo concepto también encaja a la perfección, pues los comensales siempre acaban preguntando si tienen chile o no.

Claro, no podemos dejar de lado los platillos internacionales clásicos, pero hay que darles un tono roquero. RavioLes Paul. Fettucinni AlFreddy Mercury. Rissottom Waits. Fleetwood Mac & Cheese. Un buen corte de Paul McCarne Asada no puede faltar, pese a su elevadísimo precio. También puedes ordena una Iron Maidenesa con Papas, opción más económica, pero que satisface más.

LangosTina Turner: suculento crustáceo.

En cuestión de pescados y mariscos también se puede ser creativo. La LangosTina Turner tiene buena porción de carnita en la cola, pero las piernas también tienen lo suyo. Oasistiones en su concha. Belle & Sebichetian. Pulp en su tinta. Pearl Jaiba

Y si quieren un plato fuerte mexicano, siempre pueden ordenar una especilidad de la cocina Paiki: el Möle Crüedo. O el Pipiánk Floyd. Hasta la Cochinita PiP.I.L. es buena opción.

En los desayunos todo es cuestión de poner una barra donde te preparen un Omelette Zeppelin a tu gusto. O de plano ordenar The ChilaKillers verdes o rojos.

¿Algo dulce? Estamos armadísimos. Flan Ferdinand. Muse de Chocolate. James Brownies. Los Pays Girls (del Chef Orozco) todavía están buenos, pese a ser un platillo entrado en añitos. Pero en cuestión de postres hay un Rey: Elviscocho.

Bueno, no he hecho más que escarbar un poquito la inmensa gama de posibilidades para los señores del Jarro Café. Ya soy su cliente. Ahora quiero ayudarles más allá de pagar los cuentones que me cobran. Y claro, mi oferta desinteresada se extiende a los Finísimos Miembros, quienes de seguro van a sugerir sus propias especialidades. Yo no pido nada a cambio, quizá una tarjetita de descuento del 15% por consumo.

¡Ah!, y que nunca incluyan la Ensalada César Costa