Trabajos Felices

Forbes no sabe nada. Este tipo tiene el mejor empleo del mundo, sea el que sea.

El admirado Héctor García Quintana (escritor con toda la barba) reprodujo en su blog (lectura obligada) una lista publicada por la revista Forbes sobre los empleos que generan mayor felicidad, así como los trabajos más odiados. Ya hablé alguna vez de las actividades profesionales para las que tengo vocación, así que ahora me decidí a explorar mis cualidades y aptitudes para estas labores aparentemente gratas.

De acuerdo a la encuesta global de Forbes, estos son los empleos más felices, en orden descendente:

1. SACERDOTE

Sorpréndase, perros descreídos: yo sería un GRAN clérigo. Lo digo sin ninguna sorna. Verán, hasta mis amigos mochos coinciden en señalar que sí “les manejo lo que vienen siendo las Sagradas Escrituras”, pues mi tía Maru era mochila mayor y catequista renombrada, por lo que algo se le pegó al hoy hereje de su sobrino (¡PRESENTE!) a la hora de prepararlo para la Primera Comunión. Además siempre que escucho un sermón estoy pensando en cómo yo daría un mejor sermón, y puesto que me encanta hablar en público creo que las misas oficiadas por mi se cotizarían hasta con reventa de boletaje impreso por TicketMaster. No es egolatría, es la pura verdad. Fray Toño sería más popular que el Fried Chicken de Kentucky. Por si fuera poco, estoy a que salga un nuevo videojuego onda Mass Effect o de Fallout para calificar legítimamente como célibe forever alone, así que seguro me aceptaban en sus filas.

Tengo en contra: Todo el bagaje que acarrea ser sacerdote hoy en día, gracias al Padre Maciel y a ese puñado de curitas manoseadores de menores que hacen ver a Michael Jackson como un individuo mesurado y respetuoso en lo que a relacionarse con la niñez se refiere. Sigue leyendo

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CRAPúsculo: Amanecer, Parte 1 – La Anti-Reseña

El póster oficial (izq.) y mi infinitamente superior propuesta…

No hay fecha que no llegue ni plazo que no se cumpla. Así como el cometa Melancholia avanzó inexorable a destruir la tierra en la peli del mismo nombre, la penúltima instalación de la saga de Crepúsculo avanza sobre las salas de cine de todo el orbe para destruir todo lo que es bello del Séptimo Arte.

Sin embargo, este blog se nutre de eventos como la saga de Twilight. Mi primer reseña cimentó mi reputación como paciente juez de los fenómenos relevantes en la cultura pop. La segunda confirmó mi masoquismo. La tercera les ha hecho juzgar mi estado de salud mental. Pero en esta ocasión, quiero celebrar la cuarta película como una fecha para unirnos en nuestro odio a la ineptitud y a la mediocridad del cine comercial. Las películas de Crepúsculo son como una Navidad de Estupidez, en el fondo.

A lo anterior debemos añadir que los estudios, crueles como captores de Gaddafi y ávidos de hacerse de dinero fácil, tomaron la decisión de extender la agonía del último libro escrito (con las nalgas) por Stephanie Meyer en dos, cuéntenlas, DOS películas. La cosa se ve terrible, como suele decir el ginecólogo de Niurka. Sigue leyendo

Toño vs Los Alebrijes (de la Muerte)

Originalmente este post se iba a quedar tan sólo como “Toño vs Los Alebrijes”, pero creo que añadir el “de la Muerte” lo hace mucho más marqueteable o algo.

En fin, como adolescente que revisa su cutis antes de salir a su primera cita con una chica, iré directamente al grano: soy fan de los alebrijes. No, no sé si “alebrije” se capitaliza en mayúscula o no, ni me importa. Sólo sé que me gustan, mucho. Esa idea de hacer monstruosas creaciones con maderita o papel maché y pintarrajearlas para completar el cuadro de mal viaje de LSD se me hace una de las tradiciones más disfrutables de este país, y es mucho más vendible a los turistas que descabezados, discos de Cristian Castro o las playas pletóricas de popó montadas por el gobierno del DF.

El caso es que mi amiga fotógrafa Marvelous me contó de la exposición de alebrijes monumentales en Reforma, así que nos dimos a la tarea de asistir para constatar con nuestros ojitos que esas criaturas no sólo existen en nuestras alucinaciones de Absenta, sino también en la labor creativa de artesanos nacionales.

La idea no comenzó con el pie derecho, pues después del chasco de descubrir que los alebrijes habían desaparecido de Reforma nos enteramos por Twitter que los habían mudado al Zócalo capitalino, así que nos lanzamos para allá como viles manifestantes del SME (pero más bañaditos). Aquí hay algunas imágenes de los 300 bicharajos que posaron sus policromas deformidades en nuestra plaza mayor, junto con mis comentarios idiotas al respecto… Sigue leyendo

De Mamitas y Papitos

Todo comenzó de forma muy simple: Maslelo Marcelo Ebrard, Jefe de Gobierno del Distrito Federal, presidenciable en ciernes e incansable record-man de lo trivial y lo naquito, respondió a un tuit de su pareja, una sinuosa hondureña con aspiraciones de primera dama mexicana. Y lo gracioso fue que se olvidó un poco de la protocolaria distancia que suelen mantener los servidores públicos con sus cónyuges y se dirigió a ella como “Mamita”. Pausa para risas con sorna, Finísimos.

¿Ya terminaron de reírse? Proseguimos. La verdad es que yo esperaba una vorágine de chistes y choteo en redes sociales, pues los precedentes establecidos por incidentes como “Juay de Rito” o “¡FUAAAAA!” suelen ubicarnos a la cabeza de la consolidación de trending topics de dudosa valía.

Pero no. Sí hubo algunos comentarios y bromas al respecto, pero me sorprendió que el asunto no pasó a ser algo más grande y pronto fue sepultado entre chistes atribuidos a Ninel Conde y demás ciberchorradas. El meme con inmenso potencial de crecimiento terminó por morir en la vaina misma.

Y creo que es porque, en materia de apodos cariñosos cursis, prácticamente todos tenemos cola que nos pisen. Sigue leyendo

Homo Eventus

Últimamente he sido invitado a varios eventos. No, no necesariamente a los que giran en torno a alfombras rojas, conciertos y bares de encueradas, sino a eventos legítimos. Con gafete y todo, vamos. Con bolsita de regalo y todo, vamos. Con coffee-break que va más allá del coffee e incluye sangüichitos, vamos. ¡Legitimidad! ¡Prestigio! ¡Sangüichitos!

Esto me ha permitido familiarizarme con una subespecie humana conocida como el Hombre Evento (homo eventus). No entiendan “hombre” como exclusivo al sexo masculino. Oh, no. La Mujer Evento también tiene representación y presencia. Ustedes los conocen, seguramente. Son esos seres que orbitan en torno a tu círculo social de modo muy aleatorio. Y al preguntarles porqué no se han dejado ver últimamente, contestan con un gesto de hastío (fingido) y un: “Uuufff… no sabes. Ocupadísimo. Es que he andado de evento en evento. No paro, de veras…”

Y el hastío es fingido porque estas entidades se marchitarían y morirían sin el evento. Su leit motif se basa en pararse frente a una mesa de registro y recibir un paquete que contiene pluma con el logotipo del evento, libretita ídem, camiseta ídem y a lo mejor un vale de descuento para comer en un restaurante cercano… y la sublimación llega a la hora de hacer el “netgüorquin”, que le denominan. El acto de repartir una tarjeta de presentación, intercambiar PINs de la CrackBerry o tuitear que acaban de estar con ArrobaFulanoDeTal se vuelve una orgásmica realización personal que justifica el estar revoloteando, cual mariposa anfetaminizada, entre grupillos de gente que está ahí por una de tres razones:

  1. Trabaja en la industria o tiene algo que ver realmente con el evento y su temática (2%)
  2. Tiene a un amigo que le consiguió entradas, y era asistir al evento a perder el tiempo y comer sangüichitos o quedarse en casa a ver cómo Andrea Legarreta se arruga segundo a segundo frente a las cámaras de tele (97%)
  3. Es mesero y tiene que reponer las charolas de sangüichitos vacíos (1%)

Sea como sea, el Hombre Evento es carne de cañón necesaria para justificar que haya, de hecho, evento. Y su comportamiento tiene características muy puntuales, tales como… Sigue leyendo