BIG BROTHER MÉXICO – POWER RANKINGS #01 (por Finísima Esposa)

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FINÍSIMA PERSONA DICE: ¡Hola! Nos han preguntado si además de MasterChef México reseñaríamos la más reciente edición de Big Brother. Hacer kilométricas recapitulaciones sería imposible (y el tiempo es dinero), así que Finísima Esposa accedió a hacer este Power Ranking para determinar quién es quién en la jerarquía de uno de los reality shows más exasperantes de la historia. Hoy comenzamos con los primeros 7 inquilinos…

Oli. Soy Finísima Esposa. Y me invitó Finísima Persona a usar un espacio vacante en su blog, pues él lo alimenta menos que a nuestra perra rescatada, la Licenciada Gladys de Recursos Humanos. Sí, es tan callejera como algunos de los personajes que voy a enumerar a continuación:

#1 EL RUDO (ISRAEL RUDOVSKY ROQUEÑI)

Rudo28 años. Tapatío. Mirrey, modelo, actor porno (perdón, erótico), productor de videos y un largo etcétera. A esta versión judía de Sebastián Rulli le gusta la fiesta, ligar y tirar filosofía barata de adicto, lo que nos sorprende porque se supone que las drogas están prohibidas en la casa. Se dice egocéntrico, por lo que imaginamos el berrinche que hizo cuando no le permitieron narrar el evento “carísimo de París” que organizó para una “pedida de mano”.

Se ubica momentáneamente en primer lugar porqueBONITO, y en este país nos encanta encumbrar a estos tipos, hasta volverlos presidentes.

#2 DJ SEXY DEVIL (MARTHA SALGADO)

djsexy27 años. Tapatía. Se hace llamar “DJ Sexy Devil” porque “chica prepago” no está bien visto en TV abierta. A esta versión barata de Kim Kardashian le encanta mencionar que las chicas de Playboy “le enseñaron a tocar” (pero no aclaró qué), además de seducir, provocar y aclarar que nunca dura con nadie… a falta de chiva y mapacha, entró la zorra. Por supuesto le auguramos mucha popularidad porqueCHICHIS y porqueMORBO; mientras más permanezca, más probabilidades habrá de ver escenas setsuales, ya que parece ser más ligera que el agua Bonafont. Sigue leyendo

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FINÍSIMAS RESEÑAS: MASTERCHEF MÉXICO – EPISODIO 9

“Toño entregó casi a tiempo, ¡albricias!”

¡Logré ponerme al corriente! Les entrego DOS hermosas reseñas DOS en UN fin de semana, así que creo que me merezco algo. Como poner una alcancía para propinas en el blog resulta complicado, les agradeceré si recomiendan en sus redes sociales estos profanos textos pletóricos de mala leche (como AdeS) y humor cuestionable. ¡En serio, al menos páguenme el esfuerzo con tráfico, so engendros! Perdón por lo anterior, pero quería “hacer un Herrera” y comenzar con regaños a lo estúpido, a ver qué se sentía. Ya en serio, al menos mándenme alguna clase de regalillo para la Finísima Esposa, pues su labor de arrearme con los textos, hacer corrección de estilo, conseguir fotos y ver las grabaciones de esta gansada de programa la han privado de la poca vida social que yo le brindaba el fin de semana. ¡Salven mi matrimonio, so engendros! Bueno, vamos todos a sufrir…

EPISODIO 9: ¿Dónde tragarán los niños?

¿Es el Dismaland de Banksy?

¿Es el Dismaland de Banksy?

Iniciamos con la llegada de los concursantes al magnífico parque temático Six Flags®, situado en las laderas del Ajusco, a espaldas de las instalaciones de TV Azteca. ¡Ja ja, ilusos! No, más bien se trata de un parque de diversiones genérico, situado en un lugar de Colombia que está muy, pero muy apartado de las instalaciones de la tres veces mediocre televisora del Ajusco. Algunos de los participantes hablan de sus remembranzas de la niñez en estos lúdicos espacios de esparcimiento. Bueno, Alan Gump dice que él no tuvo estas vivencias, pues nunca fue a un parque de diversiones. El drinking game estipula que los “nuncas” de Alan son para efectos de ingredientes y platillos, pero es justo hacer una excepción para este caso: ¡BEBAN! Luego admite que sí fue a un parque una vez, colándose por una puerta de salida, pero el efecto de generar pobrezofilia empática ya se logró.

Debería existir un juego para tirarle pelotas de béisbol a los jueces…

Debería existir un juego para tirarle pelotas de béisbol a los jueces…

Rodeada de felices niños con acento bogotano, Niñette Michel da la bienvenida a los 10 cocinerillos aún en contienda, ante la mirada atenta del trío de jueces: la chef Betty Vázquez, el chef Benito Molina y el “chef” Adrián Herrera, cuyo título es tan ilegítimo como los juguetillos que regalan en los juegos de destreza del dichoso parque. El regiomontano sombrerudo les advierte (siempre en tono de pendexearlos) que los niños que visitan ese lugar vienen a divertirse con sus amigos (¿En un parque de diversiones? Atípico), así que más vale que ninguno de los concursantes les eche a perder la feliz jornada preparándoles comida que induzca a la diarrea explosiva. Para eso está el puesto de hot dogs. Sigue leyendo

FINÍSIMAS RESEÑAS: MASTERCHEF MÉXICO – EPISODIO 8

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“Mmmftammuenisimmmo…”

¡Hola, finísimos amigos! Tengo que confiarles que he estado varias veces a punto de abandonar la innoble labor de hacer estas torturantes reseñas, pues MasterChef México parece alejarse más de lo culinario para explotar lo melodramático con cada nuevo episodio, pero qué quieren… me debo a ustedes y a sus necesidades de dudoso humor. Que prosiga la debacle:

EPISODIO 8: Canastas de ricos y pobres

Iba a hacer un chiste soez respecto a la entrega del

Iba a hacer un chiste soez respecto a la entrega del “anillo único”, pero este es un blog decente…

Los chefspirantes son recibidos por Anethelien, princesa élfica de la Tierra Media, en las colombianísimas instalaciones de siempre. Alan Gump dice que le gustan los retos de “Caja Misteriosa” pues nadie sabe qué hay dentro de la caja y todos tienen que cocinar con los mismos ingredientes. Gracias, Einstein. “Si sus vidas son aburridas, eso no me importa a mí, ¡no quiero un plato aburrido!”, les advierte el chef Herrera con ese encanto que asociamos con oficiales nazis en películas de campos de concentración. Benito Molina dice que han visto “bastante evolución, cada vez mejores platos”, así que sospecho que los jueces tienen acceso a material que a nosotros no nos pasan, ya que lo más memorable que hemos visto en este show es el plato vacío de Healthy Diana. Hey, al menos fue MUY original, dicen que NADIE había presentado así.

Al destapar la caja encontramos ternera, pollo y camarón entre las proteínas. Y claro, también hay un litro de AdeS. O “miados de soya”, como los describió la abuelita de mi co-conductora en Gastronomicast, Mariana Orozco. Miren, quejarnos más del product placement excesivo de TV Azteca sería redundar, pero hablo MUY en serio cuando digo que deberíamos enseñarles nuestro desdén por su insultante abundancia mediante un boicot. Yo, por lo pronto, me referiré a esa xodida bebida como miAdoS de ahora en adelante. Gracias, abuelita de Mariana. Y gracias, TV Azteca, haces cada vez más fácil el odiar a tus marcas asociadas.

“ASCOMIIIIIIL…”

Herrera hace el comentario que todos parecen gallinas descabezadas en el mercado, y que hacen puras cochinadas y no sé qué otras idioteces. Cállate, pelmazo, por piedad. Corren los 40 minutos. Carmen La Tâmaliérè dice que si ella gana no intentará favorecer a nadie con la elección de ingredientes en la siguiente fase. Un momento, ¿como si estuvieras en una competencia? ¿Ya le comentaste ese concepto a otros de los participantes? Digo, porque de pronto la gente se toma las cosas como si estuviera en una dinámica de los Boy Scouts.

¡Oh, veo que esperamos la visita del canciller!

¡Oh, veo que esperamos la visita del canciller!

El “carismático” Adrián y la chef Betty se pasean por las estaciones. Le dicen a Ale La Cachirula que está quemando sus elotes y que su risotto tiene pocas probabilidades de éxito. Ella CREO que se defiende, pero la verdad es que su acentillo Lobuki no ayuda a la comprensión de sus parlamentos. La hermana Flor estaba haciendo un guisadito muy cuco, pero como ya había hecho algo similar le dicen que le varíe un poco. ¡Cocíneles algo molecular, hermana Flor! Seguro en el convento se la vive haciendo esferificaciones de pipián sobre espumas de totopo azul. Sigue leyendo

FINÍSIMAS RESEÑAS: MASTERCHEF MÉXICO – EPISODIO 3

Amigas y amigos que leen este sufrido blog, me faltan palabras para agradecerles su atención a los presentes escritos. Literalmente miles de ustedes conmiseran a través de mis reseñas y hacen más llevaderos los momentos en los que quiero arrojar objetos pesados a la pantalla de TV. Eso, para mí, cuenta. Así que ahí va una recapitulación más de un episodio que rebasó los límites de lo que significa ser un reality show para adentrarse en terrenos de ficción y fantasía.

EPISODIO 3: De Medellín a Manzanillo

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NOTA: No, no tengo idea acerca de la locación real donde se graba MasterChef México, pero es un hecho que es en Colombia y no en México. Así que ahórrense sus comentarios aclaratorios de “no, Antonio estás equivocado, tu reseña debería llamarse “De Bogotá/Calli/Cartagena a Manzanillo”, no los voy a pelar. Me gusta la aliteración en los títulos, ¿de acuerdo?

Los chefspirantes (bonito palabro) aterrizan en el Aeropuerto Internacional de Manzanillo, Colima, y de inmediato suben a sendos camionetones rumbo a una misteriosa prueba. Llegan a una marina donde abordan un par de botes de pesca y se alistan para tres horitas de un viaje por la mar, ¿qué podría salir mal?

Mucho, de hecho…

Mucho, de hecho…

Los ocupantes de los yates pesqueros lucen sus estorbosos chalecos salvavidas mientras aprestan la captura de especies marinas. Se respira un ambiente relajado, jovial, tranquilo… demasiado tranquilo. De pronto los ocupantes de uno de los botes señalan hacia la otra embarcación. ¿Humo? ¿Ya tan temprano se pusieron a quemar la comida estos ignaros? ¡No! ¡FUEGO!

Y ese humo después se convirtió en el monstruo de 'Lost'.

Y ese humo después se convirtió en el monstruo de ‘Lost’.

En efecto, estamos a punto de ver una de las secuencias televisivas peor realizadas en la historia de TV Azteca. Y ojo, estamos hablando de la empresa responsable por la telenovela ‘Tres Veces Sofía’.

Las tres etapas de All-Bran: estreñimiento, evacuación dolorosa y alivio.

Las tres etapas de All-Bran: estreñimiento, evacuación dolorosa y alivio.

Las cámaras a bordo del yate humeante muestran a algunos de los concursantes saltando al agua para salvar sus vidas. Todo luce tan natural como los senos de Sabrina Sabrok. De pronto empiezo a desear que alguien entre los náufragos tenga alguna herida abierta para que la sangre atraiga a los tiburones, terminando así con esta farsa estúpida e innecesaria. En el otro bote la seño Gina exclama: “¡Se está quemando el barco!” ¡Ay, seño Gina! Usted nos cae rebién, pero su actuación apesta. “Y quién los va a rescatar?”, pregunta Tianne.

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FINÍSIMAS RESEÑAS: MASTERCHEF MÉXICO – EPISODIO 1

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Una vez que se terminó la saga de Crepúsculo, me encontré preguntándome qué clase de reseñas “a la ligera” podía realizar para seguir alimentando este blog, desde entonces caído en una inanición marca Anahí. El problema es que las películas en oferta no me ofrecían lo que yo estaba buscando: el ingrediente de “amo odiar esto” y la regularidad en las entregas.

Sin embargo este pasado domingo descubrí un perfecto vehículo para verter mis abyectas invectivas (“¡Al BatiDiccionario, Robin!”) con la necesaria frecuencia para ustedes, inexplicables consumidores de mis estultos contenidos: MasterChef México.

En mi casa (que no es la de ustedes, pues ya se habrían bebido todo el alcohol y robado la plata fina para empeñarla) somos asiduos aficionados a los programas televisivos de 2p4kircocina. Sobra decir que si Gordon Ramsay, Anthony Bourdain o Curtis Stone aparecen en la pantalla, lo más seguro es que nos quedemos viéndolos con atención cuasi hipnótica hasta que decreten un ganador o insulten a alguien (en el caso de Ramsay, obvio). Y las diversas ediciones internacionales de MasterChef llevan años figurando entre nuestras favoritas. El hecho de ver que existía una versión mexicana del programa nos entusiasmó sobremanera, en parte por la abundante riqueza gastronómica de nuestra vapuleada nación, pero también por una larga historia personal en eso del sibaritismo y la tragazón diversa.

¡Oh, sorpresa! Tras unos minutos de ver el programa, comencé a encontrarle múltiples peros que me parecieron inadmisibles en algo que, después de todo, se basa en un producto preexistente, con más de 40 versiones alrededor del mundo y que no parecía necesario modificar para el consumo local.

Así pues, comienzan estas reseñas. Sobra decir que están llenas de SPOILERS, así que ni te molestes en leerlas si quieres conservar el suspenso en torno a cada episodio. Peor aún: abundarán en bilis, sarcasmo, humor negro, feos modos, palabrotas, chistes estúpidos, críticas destructivas y enfoques políticamente incorrectos. Pero vamos, hasta de la mala leche se puede hacer un requesón decente, así que si no te espantan esta clase de contenidos y tienes mucho tiempo libre (cuando escribo me voy como hilo de media), podrás aprovechar cada recapitulación como una apreciada catarsis. En fin: vamos culo, a padecer…

EPISODIO 1: LA AMENAZA FANTASM… eh… AZTECA

Lo siento, amigos y ex colegas de la UIC que trabajan o trabajaron en “la televisora del Ajusco” (sobadum phrasae): los valores de producción predicados por esta empresa y su Eléktriko dueño son más bien chafitas. Si Televisa y el Tigre Azcárraga se ufanaban de hacer “televisión para jodidos”, don Ricardo Salinas Priego (próximamente Ricardo Salinas PVEM-ego, en deferencia a su mejor anunciante) parece inspirado en la premisa de que él puede acaparar el mercado de “los jodidos que le ayudan con el quehacer a los jodidos que consumen Televisa”, y ahorrarse muchos más pesos en el proceso.

Lo anterior es algo difícil de describir, pero definitivamente se siente al hacer las odiosas (pero obligadas) comparaciones con otros MasterChef en el mundo. Estábamos a la mitad del primer episodio cuando Bastian (14 años), el hijo de Finísima Esposa que ella acordó arrendarme con opción a compra, entró a la habitación y preguntó, sin dejo de ironía: “¿Es MasterChef? ¿Por qué se ve tan chafa?”. Ojo, está acostumbrado a jugar Minecraft entre partidas de League of Legends en la compu, mientras ve videos de Twitch en el iPad y pelea con dos gatitos, así que cuando algo capta su dispersa atención de esta forma, estamos hablando de una calidad particularmente deslucida.

Esto salta un poco más a la vista porque varias escenas del primer episodio fueron grabadas en Colombia. Sí, los colombianos tuvieron MasterChef antes que nosotros, así que tal parece que nos prestaron sus instalaciones en lo que hacíamos las nuestras en México o algo. Por desgracia no nos prestaron también a la presentadora, Claudia Bahamon…

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Que no es fea, vamos…

Ah, pero acá tenemos a Annette Michel, quien es francamente guapa pero habla como si… estuviera… dictándole una… frase… prolongada a… una clase llena de… niños que padecen TDA/H.

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“Es que… me dictan… todos mis… diálogos… porque pensar es… complicado…”

Ella nos indica que están buscando “al mejor cocinero aficionado de México”. Imagino que el reality para encontrar “al mejor neurocirujano aficionado de México” aún no es viable, pero es cosa de darles tiempo. Los 300 aspirantes preseleccionados en castings por “toda la República Mexicana” (aunque después nos enteraremos que de plano se saltaron todo el norte del país) se reúnen en el Centro Ceremonial Otomí para preparar sus chimoles al rayo del sol.

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Luchando contra el reloj horrible de Chedraui

La concurrencia es de lo más variopinta: hay jóvenes con granos en la cara, abuelitos chapeados, tamaleras, miembros del clero, indígenas, fresas, un aficionado al motociclismo que se hace llamar “Biker” (a quien por fortuna no veremos más, pero aún así le hicieron su inexplicable capsulita), tipos con máscara de luchador, amas de casa y creo que hasta me pareció ver a algún cantantillo frustrado de ‘La Academia’, quizá buscando pegarla en otro rubro de la telerrealidad… (SIGUE LEYENDO)

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FINÍSIMA RECETA: FINÍSIMOS CAMARONES AL CARBÓN

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Animado por el éxito del podcast Gastronomicast en Junkie y por la interacción obtenida a través de mi regreso a colaborar activamente en un portal web, he decidido revivir una vez más, cuál mítico fénix, este blog olvidado de la mano de Elvis. ¿Y qué mejor que hacerlo con algo que les aporte algo nuevo a sus aburridas vidas y un poco de sabor a sus paladares afectados por Lonchibon? Venga una Finísima Receta. 

No hay motivo de queja: este platillo es de lo mejor de mi limitado repertorio. Cubre todos los requisitos de mamonaje que el que escribe acostumbra cultivar en su vida diaria. Logra impresionar a propios y extraños. Te permite lucimiento personal cuando recibes los elogios de quienes lo prueban. Sabe divinamente, gracias a que su ingrediente base ha sido besado por las llamas. Y más aún: hasta un simio mal entrenado podría preparar este manjar. Por eso es que hoy comparto (fanfarrias, redobles y coros angelicales)… ¡FINÍSIMOS CAMARONES AL CARBÓN!

“Pero Toño,” exclamarán muchos de ustedes con sus expresiones de limitado mundo, “los camarones se comen en cocteles con haaaaarrrrrrta salsa capsu, empanizados o en tortitas ahogadas en el mole de los romeritos navideños”. Claro, porque muchos de ustedes son unos pocopaseados y unos naquetes sin remedio. Pero los más sofisticados entre la plebe (ustedes saben quienes son) están al tanto de que los camarones, además de ser buenos como materia de albur, saben divinamente en otras preparaciones. Así que atención.

¿Qué camarones comprar? Esto lo define tu bolsillo. Los camarones suben de precio a medida que suben de tamaño, como los senos de solución salina. Yo compré unos de un tamaño bastante decente (camarones, no senos postizos), sin ser esos monstruos que pasan por langostinos. Además busqué unos que ya venían pelados y desvenados, pues soy un completo haragán. Pero la disponibilidad, precio y tamaño de este crustáceo decápodo varía según dónde estés, así que lo dejo a tu elección. Mientras el camarón elegido pueda atravesarse con una brocheta sin partirse en dos, vas de gane.

Ahí va. Esta receta rindió para tres porciones generosas, pues éramos su servidor, la Finísima Esposa y El Bebo (13 años, buen diente).

INGREDIENTES

  • 24 Camarones (estos eran U16/20, creo. Salieron como 8 por comensal)
  • 3 limones amarillos grandes
  • 3/4 de una botella de 600ml de 7UP (ustedes calculen cuántos ml, si les mata la curiosidad)
  • Media barra de mantequilla sin sal
  • 2 cdas de ajo en polvo (el mío tenía perejil deshidratado, va muy bien)
  • 2 cdas de hojuelas de chile
  • 1 cda de azúcar
  • Sal y pimienta al gusto
  • Cebollín, para decorar

También necesitarás:

  • Asador (de gas o carbón, pero prefiero el último)
  • Charola metálica
  • Brochetas de bambú

PREPARACIÓN

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Primero pongan a remojar las brochetas de bambú en agua, durante media hora aproximadamente. Esto evita que la madera se incendie una vez que estén sobre el fuego del asador. La idea aquí es ir ensartando los camarones con dos brochetas: una de ellas atravesando la parte de mayor grosor, cercana a donde estaría la cabeza, y otra cerca de la cola. ¿Por qué dos brochetas? Para poder voltearlos fácilmente sin que  los ingredientes giren sin control. Soy un genio, lo sé.

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También puedes (y debes) encender el carbón de una vez, dejando la mitad del asador con brasas al rojo y la otra mitad vacía (después les explico por qué). Si quieres aprovechar para ir asando unas verdurillas, todo bien. Es una forma de engañar al organismo para que crea que eres persona sana.

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Volvamos al brocheteo. El secreto es ir poniendo los camarones de forma alterna, y bien pegaditos: uno con la cola a la izquierda y otro con la cola a la derecha. Imagínate a Galilea Montijo vista de espaldas al caminar… cola a la izquierda, cola a la derecha, cola izquierda, cola derecha, izquierda, derecha… Obtendrás una masa compacta de camarón, como si fuera un grueso steak. O como si fuera el trasero de Galilea Montijo, de hecho. Esto facilita que la cocción sea uniforme. 

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Ya que tienes las brochetas armadas, espolvoréalas con una finísima capa de azúcar. Puede ser azúcar mascabado, morena o refinada. Jamás azúcar glass. Esta leve cobertura dulce se va a caramelizar al contacto con el calor de las brasas, dando una cubierta doradita que contrasta muy bien con el sabor del camarón. Háganme caso, no se arrepentirán.

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La salsa es sencillez pura, pues toda se prepara en una de las charolas metálicas. Comencemos por mantequilla. Sin sal, preferentemente, porque los camarones tienden de por sí a ser saladitos. Creo que porque viven sus vidas en el mar, o algo. Añadan el jugo de los limones, exprimidos como exprime el SAT al contribuyente clasemediero. Si se van semillas en el jugo, quítenlas en el acto. Una de mis tías me dijo en alguna ocasión que si te tragas una semilla, después te puede crecer un árbol frutal en la panza, así que mejor no correr riesgos innecesarios.

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El resto del líquido viene de un simple refresco de limón, en este caso 7UP. También se vale usar Sprite, Yoli o hasta una Mundet blanca, el chiste es que sea sabor limón o lima-limón. NO USES REFRESCO DE DIETA, por ningún motivo, pues terminarás con un sabor amargo que echará a perder la salsa. 

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Añade la sal de ajo o ajo en polvo. También pudiste poner ajo fresco, finamente picado, pero quiero resaltar lo sencilla que es esta preparación. Y tampoco me quería dejar las manos oliendo a ajo porque me esperaba una larga tarde escribiendo, y luego mi compu apesta. Seguro habrá algo de efervescencia cuando añadas ajo en polvo o sal a la mezcla, pero eso es normal. Y extrañamente divertido, por razones que aún no puedo explicar.

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Ahora van las hojuelas de chile seco. Tampoco hay que poner muchísimas, es a gusto de cada quien, pero yo sugiero el monto que les indiqué en los ingredientes (siempre pueden añadir o quitar, según su tolerancia al picante). ¿Quieren usar chile fresco en rodajas? También se vale. Igual si cuentan con alguna salsa a la mano (tabasco, sriracha o hasta la que les sobró de los tacos). Se vale experimentar. Si lo hacen con su sexualidad, ¿por qué no con el salseo? Termina con sal y pimienta al gusto, y todo listo.

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Ahora sí, vamos al asador. El carbón ya estaba en su punto, así que es hora de poner la salsa al fuego. Aquí la razón de amontonar el carbón en una mitad del asador, dejando la otra mitad vacía. Esto crea un fuego indirecto que va a ser muy útil en unos momentos. Deja que la mantequilla se derrita y mueve un poco la salsa para que los ingredientes se integren a medida que llega el hervor.

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Cuando la salsa esté hirviendo, arrastra con cuidado (y con pinzas) el recipiente hacia la parte del asador donde no hay carbón. Se mantendrá calientita, lista para entrar en acción cuando sea requerida. Iba a hacer un comentario soez comparando esta salsa con esa amiga cariñosa que tenías en la universidad, siempre dispuesta a tus pasiones más lascivas, pero este blog es por demás decente.

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Llegó lo bueno: frota un poco de aceite vegetal en las rejillas del asador. Ya está listo para recibir a los invitados de honor, que reposan cubiertos de azúcar en la charola. 

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Coloca tus brochetas sobre el fuego. Escucharás el chisporroteo del azúcar al fundirse. El líquido contenido en las colitas de los camarones comenzará a calentarse y a escapar en un silbido lleno de burbujas y de sabor intenso. Los pájaros cantarán, las nubes se abrirán y un arcoiris se hará invitar a tu tarde perfecta. O al menos eso te parecerá, a medida que el aroma espectacular de proteínas al fuego comience a invadir tus nervios olfatorios. 

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Con camarones de este grosor (más o menos tan gruesos como mi dedo índice), tres minutitos por lado sobre el fuego es suficiente. Es mágico ver como su coloración pálida y sin chiste, como la de Ximena Sariñana, se pone colorada y apetitosa como la de Lola Ponce. Si tan sólo pudiéramos hacer eso con la Ximena Sariñana de verdad… pero no, no quiero darles ideas de prenderle fuego a esa monigota sin chiste. Concentrémonos en las viandas, mejor.

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Voltea los camarones. Mira qué hermosura. Ahora imagínate el aroma. ¡POR MANJARES COMO ESTE ES QUE LOS TERRORISTAS ODIAN A OCCIDENTE! Comer así es validar la democracia, básicamente.

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Ahora llegó el momento cumbre: tus camarones, besados por el fuego, están a punto de meterse a un jacuzzi. A UN JACUZZI DE SABOR.

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Toma las brochetas (con cuidado) y retira los camarones para meterlos de lleno en tu salsa, que se ha mantenido al margen estos minutos. A lo mejor se resisten un poco, pues la brocheta de bambú se ha expandido con el calor. Si unos palillos chinos no logran el cometido, prueba con las pinzas. 

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Ya que todos tus camarones estén en el recipiente con la salsa, llévala de vuelta al fuego. Deja que alcance un ligero hervor. Aquí se termina de cocinar tu espectacular creación. ¿Gordon Ramsay qué?

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Claro, tanta delicia flotando en el aire atrae a los animales, como hemos notado en recetas anteriores. No se dejen conmover por las miradas hambrientas. Este manjar es caro, y las bestias no están para apreciarlo. Además la Licenciada Gladys de Recursos Humanos es una perrilla bastante naca, rescatada de las crueles calles, por lo que sé de buena fuente que disfruta más de los tamales que de los pescados y mariscos finos. Ni modo, Licenciada Gladys, inútil tratar de conmoverme.

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Listo, hora de llevarnos los camarones a la mesa. ¿En qué servirlos? Deja volar tu imaginación. Quedan espectaculares sobre arroz blanco. La pasta es sumamente recomendable, también. O haz una cama de puré de papa y pónlos encima. ¿Odias los carbohidratos? Sírvelos sobre una mezcla de lechugas y espinacas, si ésa es tu onda. No hay error. En este caso, la Finísima Esposa preparó linguini con tinta de calamar, con sólo un poquito de mantequilla y ajo. Los camarones arriba, salseados a gusto de cada comensal. Termina el plato con cebollín picado finamente, para que parezca que sabes lo que estás haciendo. Simpleza y perfección.

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¿Maridajes sugeridos? Un buen vino blanco o rosado, o hasta un tinto afrutadillo. Pero yo tenía un refri lleno de Stella Artois, así que decidí hacerle los honores. Toma un buen trozo de baguette y mójalo en la salsa. No darás crédito a tus papilas gustativas. Y si aún así esto se te hace complicado, buenas noticias: Maruchan espera tu regreso con brazos abiertos, grandísimo palurdo. ¡Buen provecho!

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Oh, leve detalle: no olvides la verdura al fuego. En fin, nadie es perfecto…

THE RED BULLETIN: Reblandecimiento Explicable

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N. del T.: Esta columna data del mes de julio del 2012, y hace hincapié sobre una verdad que cada vez se hace más evidente: estamos creando generaciones blandengues y privadas de los placeres naturales de la niñez. Pero tampoco ayuda nada el hecho de que no hay forma de reeducar a los padres apanicados de la actualidad, claro.

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Estaba hablando con una amiga respecto a su hijo menor, un perfecto ejemplo de indisciplina dentro y fuera de su hogar, y ella me confesó sentirse desesperada por el hecho de que la energía incansable de su pequeño vástago para desobedecer, importunar y sacar de quicio a grandes y chicos no parece tener límites. El niño llora cuando no obtiene lo que quiere, ignora las advertencias de padres y maestros, muestra alarmantes síntomas de crueldad hacia compañeritos y mascotas… en fin, es lo más cercano que estaré de conocer a un dictador en etapa larvaria. 

“Quizá tengas que encontrar la forma en que canalice su energía hacia algo positivo, ¿no has pensado meterlo a practicar fútbol americano o karate?”, le sugerí, basándome en mis propias experiencias como niño de atención dispersa.

“¿Qué? ¿Estás loco? Eso les fomenta la violencia, los lastima, ni pensarlo. Me van a maltratar a mi angelito…”, respondió, como si le hubiera sugerido meter al niño a desactivar bombas caseras en el Medio Oriente.

Esto llevó la conversación por derroteros francamente desmoralizantes. El club donde mi amiga y su familia suelen ir a nadar retiró los trampolines de la alberca (por el riesgo de lesiones). Lo mismo sucedió con los juegos infantiles donde los niños de su complejo de departamentos solían encaramarse para jugar, que ahora han sido sustituidos por inocuos y estáticos caballitos de plástico. Y la satisfacción cuasi sexual que manifestó al revelar que la escuela donde estudia su pequeño Atila El Huno eliminó el jugar “quemados” en la clase de educación física me dejó convencido de una cosa: hoy en día preferimos exponer a las futuras generaciones a un porvenir de egoísmo que a un pelotazo en el cráneo.

Seamos honestos: estamos criando a la Generación con Síndrome del Niño No Golpeado. Tampoco se alebresten, no estoy avocando el abuso infantil, eso ni pensarlo. Me refiero a que los niños –y muchos adultos, de hecho– necesitan ser golpeados por la vida. Es lógico. A lo largo de la historia, el género humano se ha logrado erigir como especie dominante gracias a la adversidad en forma de mamuts hostiles, peste bubónica, guerras territoriales y discos de Ricardo Arjona. El ser golpeados reiteradamente nos ha endurecido, nos ha engrandecido. ¿Por qué ahora nos empeñamos en ablandarnos?

El hijo de mi amiga no es el problema. El problema es mi amiga. Instituir disciplina se está confundiendo con maltrato. Arriesgarnos en busca de experiencias que nos templen el carácter se está confundiendo con temeridad. Un raspón en la rodilla y un chichón en la cabeza se confunden con hemorragias expuestas y traumatismos craneoencefálicos. Un corazón roto se confunde como una razón para administrarnos cuatro años de terapia. Todo tiene un costo, sea económico, social o pertinente a la afirmación que necesitamos para validar nuestro paso por la vida.

Creo que no tiene mucho caso ir por la vida evadiendo toda clase de prueba demandante. Desde mi punto de vista, eso equivale a pagar el carísimo boleto de entrada a un parque de diversiones y no subirse a un solo juego mecánico con movimientos violentos. No hay desperdicio en exponernos al riesgo, al miedo, así sea en dosis moderadas. Siempre se puede ir aumentando gradualmente la intensidad, al punto de saber sobreponernos a esa sensación de estar desprotegidos, de no tener el control.

De igual forma, educar a un menor en el sutil arte de sufrir las consecuencias es de lo más benéfico. El mundo no se acaba cuando un niño es condenado a una semana sin televisión. Ningún adolescente ha muerto por deprivación de videojuegos repentina. No se sabe de casos donde un joven que ha sido reprendido por llegar en mal estado a casa tras ingerir su primera cerveza decide de pronto volverse un asesino en serie. Muchas veces la penitencia va implícita en la falta cometida. Un castigo, un oportuno golpe en el trasero, una nariz que sangra… todos son refuerzos a la coraza de nuestra armadura cotidiana.

Los que escribimos para ganarnos la vida sabemos que no hay malas experiencias, todo se convierte en material para crear. Quisiera que personas como mi amiga se dieran cuenta de que no están criando a ciudadanos responsables del futuro: tan sólo a monstruos vulnerables.

Julio 2012

THE RED BULLETIN: Mala Muerte y Mala Suerte

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N. del T.: Otra columna aparecida en The Red Bulletin, esta vez abordando tácitamente el tema del tumor (realmente eran cinco) que me habían salido en el cuello y que me tenían con las gónadas de corbatín. Gracias a mis doctores, a mis familiares, a mis amigos, a mi agente, a mi publicist… no, esperen, ese es mi discurso para cuando gane un Ariel.

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No estoy preparado para morir. Aún no. Lo más seguro es que tú tampoco lo estés, por cierto. Y no es culpa nuestra, sino de nuestros padres. Me explico…

Hace unos meses pasé por una extrañísima crisis de salud que me forzó a contemplar, por primera vez y con toda seriedad, la posibilidad de dejar este mundo mucho antes de lo que tenía planeado. Cabe mencionar que mis planes para abandonar este plano existencial consistían en estrellarme en un Lamborghini Diablo a 220 km/h después de hacer el amor con una modelo brasileña de lencería, al término de mi fiesta de cumpleaños número 79. Pero estas ideas mal concebidas suelen ser fruto de haber visto demasiada televisión en la década de los ochenta. En fin, no nos desviemos: una extraña lotería genética provocó la formación de unos extraños tumores que podían o no ser malignos, según el diagnóstico de diversos médicos que no acababan por ponerse de acuerdo. Y yo aterrado, naturalmente.

Mientras recibía diversas opciones de tratamiento para liberarme de estos molestos inquilinos que ocupaban mi cuello entre la carótida y la aorta, fui asaltado por un sinnúmero de dudas. ¿Cómo explicarles mi estado a mis padres? ¿Qué tanta información respecto al padecimiento estaba dispuesto a compartir con el resto de mi familia y amigos? ¿Era buena señal que el segundo nombre de uno de mis doctores fuera “Benigno”? ¿Quién heredaría mi colección de música, pensando en el peor de los escenarios? Dudas y más dudas. Y todas ellas inútiles.

Verás, las dudas que realmente han de resolverse cuando enfrentamos instancias donde la vida va de por medio son, en esencia, simples. ¿Quieres donar tus órganos útiles o serás poco generoso con tus semejantes aún estando en calidad de fiambre? ¿Quieres ser incinerado o enterrado en un lujoso y pesado ataúd? ¿A dónde irán a parar tus posesiones materiales? Y por último, ¿tienes designada a una persona de confianza para que borre toda la colección de pornografía exótica en tu computadora una vez confirmado tu lamentable deceso?

Fuera de estas cuatro cuestiones básicas, el resto es un viaje de ego mal entendido. Nos gusta, a veces, imaginar mórbidamente las reacciones de nuestros seres queridos al enterarse de que hemos muerto (no mientas, el cuadro ha pasado por tu cabeza). Vislumbramos escenas de dolor, de remembranza grata de lo que alguna vez fuimos en vida. Y todo es bueno. Los obituarios hablarán del enorme hueco que deja nuestra partida, las ex novias encenderán velas en nuestra memoria imaginando que ellas pudieron salvarnos si hubieran permanecido a nuestro lado, los conocidos casuales emitirán el comentario idiota de “¡pero si yo lo vi ayer, estaba bien!”, sin reflexionar en el hecho de que habernos visto no concede protección alguna contra un infarto súbito, un atropellamiento o una simple jugada del destino…

Es ahí donde creo que los padres nos han creado una concepción errónea de nuestra mortalidad. En mi familia y en la de muchos de ustedes existe aún ese extraño tabú de tratar a la muerte como un evento perpetuamente distante, pese a su inevitabilidad. ¿Qué hay de malo en hablar con franqueza de ella y los problemas que acarrea si no estamos preparados para afrontarla? Mucho, a juzgar por la decisión de no tocar el tema por supersticiones invocatorias y atracciones a la mala suerte.

Pero la mala muerte es peor que la mala suerte. Morir dejando que otros carguen con el muerto, literal y figurativamente hablando, puede ser el último gran acto de descortesía para con nuestros semejantes. Vale más invertir una semana de tardes libres en entender los trámites, las consecuencias y las minucias legales de morir, dejando instrucciones clarísimas a quienes nos rodean respecto al procedimiento a seguir, que la molesta alternativa: ceder la inconveniencia de preparar nuestra partida a los dolientes, quienes seguro preferirían estar haciendo reminiscencias de lo geniales que éramos en vida. En vez de estar averiguando si nuestra última voluntad realmente fue la de ser enterrados con nuestra camiseta de Guns N’ Roses, claro.

Y gracias, ya estoy mucho mejor. En el fondo, tuve buena suerte.

– Junio 2012

Una rica tradición: el post de explicaciones

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Al RATEEEEEEL no le importan mis razones ni mis motivos. Es grande.

¡Hola! Nada nuevo que reportar… nos vemos en cinco o seis meses.

OK, no es cierto. Este blog cayó en el abandono por múltiples razones que sería reiterativo abordar. Así que las abordaré. Vamos, no caíste aquí en busca de noticias frescas sobre el Popocatépetl o la final América-Cruz Azul, ¿cierto?

He estado ocupado. Esa razón debería bastar, pero lo cierto es que mi mente se nubló en el renglón de aportarle contenido al blog, lisa y llanamente. A veces me gusta explorar otra clase de senderos creativos, donde me pierdo con facilidad. Pero ya me conocen, siempre acabo regresando, así que tampoco es para tanto. Aunque mis detractores quisieran que mis extravíos fueran más definitivos, por supuesto, pero no sólo de Twitter vive el hombre.

Me divorcié. Sí, ya les había adelantado esto de forma indirecta y discreta por varios medios (podcasts, tuits, narcomantas). No es que me interese hablar del asunto ni que a ustedes les incumba, pero son cosas que nunca son divertidas y rara vez resultan conductivas a derroches de ingenio y simpatía por parte de los participantes, que se encuentran ocupados tirándose los platos a la cabeza. Así que les ahorré esa desagradable faceta de mi vida y ya. A otra cosa…

Tuve que replantear mi carrera. Me llegó la opción de volver a emplearme en algunas compañías que deseaban contar con mis servicios. Por cierto, mercado laboral: si YO era un prospecto codiciado, está la cosa para preocuparse, ¿no creen? En fin, opté por desoír los cantos de sirena representados por el corporativismo para enfocarme, ahora sí de lleno, en desarrollar algo propio, cien por ciento mio. Debo decirles que valió la pena. Hoy Factoría Uno es un negocio naciente que ya no tiene deudas, opera en números negros (racistas, abstenerse del chiste obvio) y comienza a generar ganancias que algún me permitirán llegar a trabajar en el Finísimo Jet piloteado por Han Solo y atendido por azafatas pechugonas. Es la clave de la felicidad, creo.

Maté a un hombre en el ring. Sólo quería ver si seguían leyendo. Y parecerles interesante.

Estamos de mudanza. Si bien está página seguirá accesible en finisimapersona.net, sumaremos su contenido y archivo histórica al del nuevo portal de contenidos Junkie.mx (aún en construcción, muy pronto se activará). Ha sido una labor muy ardua, luchando con desarrolladores, feeds de RSS, plataformas, servidores, hostings, diseños y demás pinchas que ahora están por materializarse en algo muy bonito, navegable y variado. Todos los podcasts van a estar ahí, tantos los clásicos e históricos (Finísimos Filmes, Claxon, Premilenaria, Paikast, Patapirata, SofaTerapia) como productos nuevos (Nega Nega, Crack, Radio F1, Maus) y otros que se han renovado en contenido y personal (Finísimo Podcast, Cazagoles, Fumblecast). No sólo eso, hay una nueva gama de talentos que se sumarán a este espacio animados por la fama, la fortuna, las drogas, el alcohol y el sexo fácil que abunda en ese ámbito podcastero. O al menos esa es la teoría respecto al ámbito podcastero. El caso es que no les van a faltar podcasts para escuchar.

Vamos a darnos una ayudadita cosmética. Bueno, al blog. Y yo a lo mejor me animo por algo de botox e hilos rusos, pero todavía estoy en pláticas con la señora que administra la estética donde le dieron en la madre a las nalgas de Alejandra Guzmán, para que me recomiende a alguien. Lo del blog involucrará hacerlo más navegable y con capacidad de consultar un rico archivo de más de 300 entradas, 1200 tags y miles de atinados comentarios por parte de ustedes. Quiero cambiar el logo (respetando la presencia del rudísimo RATEEEEEEEL), organizar los posts aquí acumulados y subir mucho material que muy pocos entre ustedes han visto (mis columnas en The Red Bulletin, por ejemplo). Así que si andan de ociosos, sin nada que leer, volverán a encontrar aquí un repositorio de sus penas y un oasis para saciar su sed de sandeces. Amo la aliteración.

Planeamos hacer video. Además de lo anterior, tenemos ambiciosos proyectos “en cámara” que están ya en vías de convertirse en realidad: vidcasts en vivo desde la cabina del estudio, sesiones musicales con bandas y artistas talentosos (y otros no, pero bien simpáticos), un programa de concurso que te abrirá el apetito y otras sorpresas. Tampoco es que vamos a inventar nada nuevo, pero en una de esas sí sale algo más digno que La Rosa de Guadalupe. Y por último…

Me hizo falta estar aquí. Mi libro está casi terminado. Mis colaboraciones en diversos medios han adoptado un ritmo muy manejable. Mis horarios son cuasi estables. Y lo cierto es que extraño el escribir en un lugar donde no hay ninguna clase de restricción ni línea. Finísima Persona me permitió conocer a muchos de ustedes (a algunos en persona, incluso) y descubrir que vale la pena compartir con alguien más inquietudes, opiniones, pendexadas execrables y reflexiones iluminadas por lapsos de coherencia. Escribir es un sano, sanísimo ejercicio. Vivo de ello y para ello. Y lo justo es que si ustedes llegaron a generar más de cincuenta mil visitas mensuales a esta página en sus momentos de máxima productividad, ahora yo deba corresponderles con algo de compromiso. Hubo una época en que escribía aquí diariamente, y fue una etapa feliz, apapachadora del ego y alimenticia para la gusana creativa que carcome las partes pasivas del cerebro. Hay que ejercitar ese músculo.

Acá los leo.

PAULINAZO RELOADED: Mutaciones Textuales

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N. del T.: Ya les he platicado en otras ocasiones del grupo literario del Planeta Paulina. Hemos decidido revivir la tradición de nuestras reuniones (Paulinazos) y de proponernos nuevos ejercicios para desoxidar la pluma (¿teclado?). Aquí subiré periódicamente los resultados de dichas experiencias.

En esta ocasión, la “tarea” que nos dejamos hacer consistía en iniciar un texto en un género específico y “transformarlo” en otra cosa durante su avance, intentando hacerlo de una forma sutil y ágil sin romper la narrativa.

La idea da para muchas posibilidades: crítica de arte que muta en poesía, cuento corto de terror que se vuelve guión de un sitcom, receta de cocina que acaba en ensayo politico… en fin, es para divertirse un rato y para explorar transiciones. Aquí van dos ejemplos. El primero es el mío, una misiva de aplicación para un trabajo que se vuelve crónica deportiva, con la peculiaridad de que el inepto autor muestra una creciente erudición (llena de clichés, eso sí) al entrar a su “zona de confort”. Y en segundo término leerán a mi admirado Paco López, quien inicia con poesía erótica de altos vuelos y opta por degradarla en un vulgar pitch entre realizadores pretenciosos.

Esperamos sus comentarios. La propina es voluntaria. Comencemos con: Sigue leyendo

Media vida por volverte a ver, Django…

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“La vi y me encantó” es lo más que se puede decir de Tarantino a estas alturas. Seamos honestos: sería muy extraño que este director nos volviera a cambiar la vida con una película, como lo logró en Reservoir Dogs o en Pulp Fiction. Pero dejar pasar una peli de QT sin comentarla es como ver a una chica hermosa cruzando la calle sin pensar en un buen piropo semi obsceno para enmarcar el momento. Sería un desperdicio, vamos. Ahí van algunos pensamientos aislados:

  • Creo que la tradición de temas musicales que nombran específicamente al personaje de la película debería recuperarse. ‘Django’, la canción a cargo de Rocky Roberts y Luis Bacalov, es la entrada musical más heroica desde ‘America, F**k Yeah’ en Team America: World Police.
  • Si alguien decide filmar una película llamada Christoph Waltz leyendo nombres al azar en un directorio telefónico, y dicha peli dura dos horas con 45 minutos… yo la vería gustoso. Creo que Tommy Lee Jones le van a dar el Oscar de Actor de Reparto (y uno más al Actor con Menos Sentido del Humor en una Entrega de Globos de Oro), pero el alemán se lo merecería a pulso.

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    Melcocha, te presento a La Calidad.

  • Volviendo al tema de los premios, Tarantino va a ser uno de esos directores épicos a los que un día la Academia de Hollywood les va a tener que dar un Oscar honorario por trayectoria ya que nunca se le hizo justicia en su momento. Voltea a ver la mencionada Pulp Fiction perdiendo frente a Forrest Gump y llora un poco sobre tu caja de chocolates, anda. Más que permitido. Y este año será la misma historia, así que ni hagas corajes. Sigue leyendo

FINÍSIMAS RECETAS: Tartiflette Semipretenciosa

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Hola, Finísimos Lectores. Estoy volviendo poco a poco a este, su blog favorito (espero aún lo sea). Aprovechando que me ha dado por ir ensayando nuevas e insospechadas habilidades para la cocina, compartiré con ustedes otra Finísima Receta. Imagino que ya estarán hartos de tragar el Finísimo Chili, ¿cierto?

Así pues, prepárense a disfrutar otro delicioso platillo cortesía de este, su bloggero de confianza. Su preparación es sencilla. Su sabor, fuera de serie. Su impacto calórico, escandalizante. Damas y caballeros: Tartiflette.

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“Pero Toño”, exclamarás sorbiendo la nariz y abriendo la boca un poco más de lo normal, como suelen hacerlo los ignaros de tu especie, “eso suena exótico y desconocido, y mi paladar poco educado sólo llega a aventurarse cuando hay Festival Internacional de Pastas en el Vips más cercano a mi localidad”. No te intimides, estúpido lector o guapa pero tonturrona lectora: la Tartiflette no es más que una versión sublime de un sencillo plato de papas gratinadas. Claro, estas papas gratinadas saben como si los dioses del Olimpo acabaran de hacer el amor encima de ellas, así que prepárate a experimentar un coito gastronómico.

OK, quizá exagero, pero ya me conocen. El chiste es que este platillo te permitirá preparar algo que, en esencia, es común y corriente (como el blog), pero que te permite pasar por un sofisticado foodie con sólo mencionar algunos factoides pedantes ante la concurrencia. Puedes decir que la Tartiflette es un platillo de la Alta Saboya francesa. O que aunque parece una receta ancestral, en realidad fue inventada por un gremio de queseros de la región para impulsar el consumo del apestoso queso Reblochon durante los 80’s, y que el éxito rotundo le garantizó quedarse en los menúes de la gastronomía francesa. Quizá puedes presumir que probaste esta delicia después de una intensa mañana esquiando en las blancas nieves de Chamonix, y que te brindó energía para tirarte a una espía ucraniana. El chiste es elevar el factor bullshit al punto de que no se den cuenta de que estás sirviendo papas con queso y tocino, básicamente.

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