¡Ya casi es mi cumple!

¡Al fin! Después de 364 días de esperar y esperar esta fecha, llega la hora de descorchar el mejor vino de consagrar y de beber hasta que las manos nos huelan a suelo. Y es que se avecina el día en que más gentes se acuerdan de mi: My B-Day, Bitches!

Arráncate, 50 Cent: Uh-Hu! Go shorty! It’s yo’ Birthday, we’re gonna party like it’s yo’ birthday! We’ll drink Bacardi like it’s yo’ birthday!

Así es, fieles e infieles por igual: mi cumple número 2009. O 2008, no me acuerdo bien si el primer año se cuenta, o qué jais, pero el caso es que vamos a agarrar una de nevero. Va a estar de proporciones bíblicas. Sodoma y Gomorra van a parecer Disneylandia y El Mundo de Caramelo comparado con la que tengo preparada. Yo soy el pan y el vino, pero también soy la cerveza y los cacahuates, el güisquito de buena calaña y la latería fina, y pará curárnosla yo seré el Bloody Mary y los chilaquiles. Porque esta fiesta lo amerita. ¿Quieren ver cómo la prende alguien que tiene que ser bueno y virtuoso durante todo el año para inspirar a la perrada creyente? ¡Agárrense!

Y claro, no puedo dejar pasar la ocasión para pedirles que no se suban al carro en estado incróspito. Los quiero bien servidos, pero no apachurrando otros cristianos (y hasta musulmanes, judíos, budistas, ateos y demás, pues estoy de muy buenas), o peor aún, convirtiéndose ustedes mismos en paté de asfalto por imprudentes. He dicho.

En fin, tómense las que vienen a mi salud, no me echen la culpa de sus crudas y que la pasen como nos merecemos, pese a que el año nos ha pegado con todo. Al menos aquí seguimos, ¿o no? Se les quiere harto.

Su seguro redentor,

El Beibi Yisus.

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Es Otra Tonta Reseña de Avatar

No se apuren, Finísimos Lectores. No voy a dedicarme de ahora en adelante a escribir reseñas estúpidas de películas del momento. Mi estupidez es mucho más prolífica y versátil como para limitarla en un género, quiero creer. Pero la verdad es que me gusta comentar acerca de eventos de impacto en la cultura popular a gran escala. Y como me es muy difícil hacer chistoretes pendexos sobre la muerte de “El Barbas” Beltrán Leyva, pues ni modo, hay que hablar de Avatar

Hace unos meses, en la versión anterior de Paiki, comenté que sentía cierta ambivalencia hacia el regreso fílmico de James Cameron, principalmente porque a todas luces me habían contado la historia entera de la película en el teaser trailer.  No tengo copia de ese post, pero creo haber resumido la trama completa de manera muy cercana a lo que fue el producto final. Cuando uno mismo se sabotea las expectativas de esa forma, es un poco como remar contra la corriente, y realmente tenemos que presenciar algo fuera de serie para salir de nuestro cinismo y reconocer los méritos de la obra terminada.

Dicho sea lo anterior, evité a toda costa las reseñas de mis críticos de cine favoritos, gente cuyas opiniones respeto en gran medida y que pueden animarme (o desanimarme) aún más antes de ver por mi mismo la película en cuestión. Vamos, hasta me evité los spoilers habituales de mis cuatitos. El pobre Macho Cabrio, por ejemplo, tuvo que soplarse la muvi doblada al español. Sí, la vida es dura.

Así, con entusiasmo moderado, me apersoné en el Cinépolis TepiSur, armado con un boleto de cortesía que cayó fortuitamente en mis manos por comprar Viag… eh… aspirinas hace un par de días, cuando abrieron una nueva macrofarmacia cerca de casa.

Llegué justo a tiempo para la primera función en IMAX 3D, que fue la única recomendación que me permití seguir de parte de Roger Ebert (me salté el resto de su crítica, para no dejarme influenciar). Después de los obligados anuncios insoportables y cortos inexplicablemente doblados al español (Alicia en el País de las Maravillas, que tampoco me está moviendo mucho el tapete, que digamos), me enfrenté a Avatar.

En "Roberto Palazuelo's Avatar", los Na'Vi son color bronceadito.

O mejor dicho, a “James Cameron’s Avatar”. ¡FIIIIU! ¡Menos mal que aclararon! Me hubiera arruinado el día si me hubiera metido a ver “Michael Bay’s Avatar”. O “Fernando Sariñana’s Avatar”. Ya establecido que estaba viendo la peli del director correcto, quedé más puesto que la Brugada para el hueso.

[ADVERTENCIA OBLIGADA: No soy un crítico de cine serio. Soy un simple villamelón más que paga por ver se mete a ver con un pase de cortesía adquirido en una farmacia aquellas películas que le llaman la atención (y algunas que no), para después poder opinar al respecto con una mera semblanza de fundamentos. Si quieren leer a un crítico serio, están en el lugar equivocado. Y puede haber algunos spoilers, pero nunca mayores a los que ya spoilereó el estudio mismo cuando empezaron a sacar sus trailers más explícitos. Quedan advertidos…]

[ADVERTENCIA NÚMERO DOS: Tampoco voy a hacer un play-by-play de la película como en mis reseñas de Twilight. Eso es una auténtica vendetta contra la mediocre autora de los libros y sus subsecuentes abortos fílmicos. Es personal, vamos. En esta ocasión hablaré de puntos específicos que me llamaron la atención. Quedan advertidos, nuevamente…]

[OTRA ADVERTENCIA: El Anillo Periférico Sur presenta carga vehicular en ambos carriles, más la carga vehicular que ya tenía arriba y abajo. Esto no es nada raro, pero quería compartirlo con ustedes pues me siento mejor ciudadano cuando comento el tránsito vehicular del De Efe con sus mercedes. O con sus seats, renoles y vochos. O con sus microbuses, si están súper xodidos en materia automotriz. Quedan advertcétera…]

Bueno, el rollo es que James Cameron nos mete de golpe y porrazo en la atmósfera de Pandora, una de las lunas habitables que circundan otro planeta de dimensiones Carstenescas, situado a 3 años y 8 meses de distancia del planeta Tierra, como yéndose por la autopista. Nuestro narrador es Jake Sully, un marine que perdió el uso de las piernas peleando contra unos Terminators (creo). Su hermano gemelo idéntico acaba de morir en un atraco, así que Jake toma su lugar en el importante proyecto que le lleva a encontrar una nueva oportunidad de vida en el planeta distante.

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Finísimo Podcast 08 – El Suaderocast™

Finísimos lectores de este modesto blog: hace varias semanas me reuní con un viejo compinche de la talacha editorial, “El Pollo” Alfredo Dávila Monsiváis (de Diapasón de Palabras), para degustar suculentas órdenes de tacos de suadero y discutir ampliamente del panorama incierto de los medios impresos en nuestro país.

Lo que pensamos se iba a resumir a una horita de charla acabó en tres bloques donde repasamos prominentes segmentos de nuestras respectivas historias en los medios, aderezados con comentarios a ciertas notas de actualidad (OK, de actualidad hace seis semanas), las enormes diferencias entre las revistas y diarios hechos en México y los de otros países… y algunos eructos bastante sonoros. Sobre todo míos.

En este podcast encontrarán:

  • Revelaciones inéditas acerca de los procesos arcaicos para hacer periódicos en provincia.
  • Tips para freelancers que buscan abrirse camino en el mundo editorial.
  • Remembranzas de la época en que los portales de internet en México regalaban dinero a manos llenas.
  • Nostalgia por Evelyn Lapuente y especulación sobre el pacto con el Diablo que tiene Lolita Ayala.
  • Reflexiones sobre lo que uno debe hacer y no hacer en materia de blogs.
  • Consejos útiles para ganarse la vida escribiendo.
  • Ruido de tráfico.

Todo esto y mucho más… ¡En Finísimo Podcast!

Finísimo Podcast 08 – El Suaderocast, Parte 1 (48:12, 44.4 Mb) – En MobileMe

Finísimo Podcast 08 – El Suaderocast, Parte 2 (59:18, 54.3 Mb) – En MobileMe

Finísimo Podcast 08 – El Suaderocast, Parte 3 (44:07, 40.4 Mb) – En MobileMe

Que ustedes lo padezcan.

Toño Vs. Crepúsculo: Una Hueva – La Reseña Innecesaria

Ah, Crepúsculo, mi viejo némesis. Nos volvemos a encontrar. Pero esta vez, YO tengo la ventaja… ¡¡¡MUAJAJAJA!!!

Recordarán que en mi reseña de la primera película finqué mi actitud hacia esta saga cinematográfica: divertirme analizando lo malos que sean los filmes en retribución a todo el valioso tiempo que invertí leyendo los xodidos libros, a instancia de Anilú, mi esposa, quien algún día responderá ante los dioses del averno por haberme expuesto a las pendejadas literarias de Stephanie Meyer. Así que hice de tripas corazón una vez más para recetarme dos horas (con diez minutos) de vampiros chafas, todo con el fin de entretener a mis seis lectores mal contados. El estimado Ruy Choconestlé me llamó “estoico” en Twitter, pero sospecho que le dio flojera a la mitad de escribir “estúpido”. No importa, DaVinci también fue incomprendido en su época cuando descubrió la penicilina, o algo así. ¡Luna Nueva, acudo a tu llamado!

El drama empezó, sin embargo, desde elegir la función. Mi finísima esposa ya había hecho la fangirleada de lanzarse con su hermana a la premiere, donde sospecho que ambas eran las dos únicas rucas inmersas en un mar de escuinclas con frenos en la boca, Clearasil en la “zona T” y humedad en los sueños cortesía del papi del momento: Robert “Morrissey de Dos Varos” Pattinson. Esto me orillaba a lanzarme en solitario a ver Luna Nueva, con las inminentes posibilidades de:

  1. Despertar severas sospechas por ir solo al cine,
  2. Despertar severas sospechas por ir solo al cine a ver Luna Nueva,
  3. Despertar severas sospechas por ir solo al cine a ver Luna Nueva con un cuaderno en mano, riendo siniestramente con cada nueva anotación en el mismo.

Ni hablar, la misión kamikaze iba a llevar copiloto. Y claro, mi esposa se apuntó de inmediato, pues llegó extasiada de la función de estreno diciéndome que ahora sí me las iba a ver negras para encontrar algo malo con ESTA película, porque el nuevo director, Chris Weitz (sustituyendo a la inepta Catherine Hardwicke) había hecho un trabajo ESPECTACULAR con la secuela de Crepúsculo, y las escenas de acción estaban SOBERBIAS y bla bla bla. ¿Un desafío? Aceptado.

Llegamos al Cinépolis Perisur a las 11am, ella lista para la función y yo para el viacrucis. Nos metimos de inmediato a la sala, con el fin de encontrar un lugar propicio para hacer mis anotaciones y comentarios sarcásticos sin importunar a los demás y para acallar las súplicas de Anilú de ver la muvi en el VIP. Ubicados en pleno centro de la sala, tuve una perspectiva ideal para analizar a la concurrencia que gradualmente hacía su aparición. Grupos de cuatro o cinco teens… varias parejas, ubicadas entre los 15 y 20… dos chavas de casi 30, con sendos libros en mano… un par de jotillos universitarios… en fin, el target de la película. Un par de fotos de la concurrencia que me llamaron la atención:

Un señor (de blanco) y su hijo (con gorra de Ferrari)... sospechosísimos. Sobre todo porque en la sala de al lado daban 2012, que sí es para machines.

Y cinco filas más adelante, un ruco pelón, solo y su alma... Más sospechoso aún.

En fin, terminan los cortos y los anuncios, y llega la hora de la verdad. Confieso que, dentro de mi, había algo que me daba cierta esperanza. ¿Qué tal si el director, en efecto, había logrado rescatar la obra escrita de garras de la mediocridad? Y no vi la de The Golden Compass, pero al menos en los cortos se veían unos osos polares en CGI bien matones… ¿Y si realmente había forma de sacarle lustre a este trozo de majada? ¿Podría ser éste el rarísimo caso en el que pudiéramos decir “el libro es una madre, pero la película está muy bien hecha”?

Pero entonces empezó la mentada película, y todo tuvo a bien valer lo que se le unta a los pambazos…

"Pues sí, Bella, me gustan maduritas..."

Esta comedia involuntaria comienza con un sueño de Bella (Kristen Stewart), quien probablemente (y con plena justificación) será llamada “Lela” en la inevitable sátira de la revista MAD. Vemos el soleado paraje del bosque donde ella suele encontrarse a solas con Edward Cullen, gigoló vampírico. Pero en el sueño de Bella sale una viejita. “Abuela…”, dice Lela… er… Bella. Edward apapacha a la ruquilla. Bella está desconcertada. ¿De cuándo acá su galán está en la onda GILF? El predecible desenlace del sueño es que la Abuela no es la Abuela de Bella. ¡ES BELLA! ¡RECÁSPITA! Nuestra heroína tiene el tradicional despertar violento de la pesadilla fílmica y proseguimos.

En sí, el gran flato atorado en el duodeno de Bella es que ella sigue siendo humana, y por ende, sigue envejeciendo igual que el resto de la población que no escribimos “VAMPIRO” en el renglón donde preguntan la profesión en las solicitudes de tarjeta de crédito. Edward le explica que él la quiere como es y también como será en unos añitos, lo que quizá confirme mi teoría acerca de que a este pelmazo le gusta el porno de maduritas. Básicamente le dice que él estará a su lado siempre, y que cuando ella palme, él seguramente morirá. ¿Pero cómo? ¿No que los vampiros son inmortales como la obra de Pedro Infante?

Los Volturi: Mamones.

Pues no. Mientras ven en clase la película clásica de Romeo y Julieta (este director es tan sutil como una patada en los arrestos), Edward nos explica que cuando creyó que iba a llegar demasiado tarde para salvar a Bella de los vampiros malos de la peli anterior, pensó en suicidarse acudiendo a los Volturi. Los mentados Volturi son como la familia real británica de los vampiros, excepto por el hecho de que no son ingleses sino italianos, y porque en general son mucho más atractivos que esa bola de aristócratas cuya genética se ha ido degradando con cada nuevo matrimonio entre parientes. El caso es que los Volturi (tres hermanos con pinta de mamones europeos aficionados a Joy Division), dispensan justicia desde su palazzo en la cima de una colina, en pleno corazón de la Italia Turística (ésa que sale en todas las películas donde se necesitan pueblitos pintorescos con casas viejísimas). Si un vampiro se pone a actuar muy obviamente como vampiro, o sea matando gente a lo guey y chupando sangre a todo el que se le pone enfrente, o mostrando su tornasolada piel de salmón recién sacadito del río, los Volturi le arrancan la cabeza. O sea, nada que ver con la familia real británica, que sólo se escabecha a uno de los suyos cuando se embarazan de multimillonarios egipcios. Estos Volturi se parecen más, de hecho, a “La Familia”, que también anda descabezando gente a diestra y siniestra (ojo, los Volturi no andan poniendo mantas con amenazas al gobierno).

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