Una rica tradición: el post de explicaciones

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Al RATEEEEEEL no le importan mis razones ni mis motivos. Es grande.

¡Hola! Nada nuevo que reportar… nos vemos en cinco o seis meses.

OK, no es cierto. Este blog cayó en el abandono por múltiples razones que sería reiterativo abordar. Así que las abordaré. Vamos, no caíste aquí en busca de noticias frescas sobre el Popocatépetl o la final América-Cruz Azul, ¿cierto?

He estado ocupado. Esa razón debería bastar, pero lo cierto es que mi mente se nubló en el renglón de aportarle contenido al blog, lisa y llanamente. A veces me gusta explorar otra clase de senderos creativos, donde me pierdo con facilidad. Pero ya me conocen, siempre acabo regresando, así que tampoco es para tanto. Aunque mis detractores quisieran que mis extravíos fueran más definitivos, por supuesto, pero no sólo de Twitter vive el hombre.

Me divorcié. Sí, ya les había adelantado esto de forma indirecta y discreta por varios medios (podcasts, tuits, narcomantas). No es que me interese hablar del asunto ni que a ustedes les incumba, pero son cosas que nunca son divertidas y rara vez resultan conductivas a derroches de ingenio y simpatía por parte de los participantes, que se encuentran ocupados tirándose los platos a la cabeza. Así que les ahorré esa desagradable faceta de mi vida y ya. A otra cosa…

Tuve que replantear mi carrera. Me llegó la opción de volver a emplearme en algunas compañías que deseaban contar con mis servicios. Por cierto, mercado laboral: si YO era un prospecto codiciado, está la cosa para preocuparse, ¿no creen? En fin, opté por desoír los cantos de sirena representados por el corporativismo para enfocarme, ahora sí de lleno, en desarrollar algo propio, cien por ciento mio. Debo decirles que valió la pena. Hoy Factoría Uno es un negocio naciente que ya no tiene deudas, opera en números negros (racistas, abstenerse del chiste obvio) y comienza a generar ganancias que algún me permitirán llegar a trabajar en el Finísimo Jet piloteado por Han Solo y atendido por azafatas pechugonas. Es la clave de la felicidad, creo.

Maté a un hombre en el ring. Sólo quería ver si seguían leyendo. Y parecerles interesante.

Estamos de mudanza. Si bien está página seguirá accesible en finisimapersona.net, sumaremos su contenido y archivo histórica al del nuevo portal de contenidos Junkie.mx (aún en construcción, muy pronto se activará). Ha sido una labor muy ardua, luchando con desarrolladores, feeds de RSS, plataformas, servidores, hostings, diseños y demás pinchas que ahora están por materializarse en algo muy bonito, navegable y variado. Todos los podcasts van a estar ahí, tantos los clásicos e históricos (Finísimos Filmes, Claxon, Premilenaria, Paikast, Patapirata, SofaTerapia) como productos nuevos (Nega Nega, Crack, Radio F1, Maus) y otros que se han renovado en contenido y personal (Finísimo Podcast, Cazagoles, Fumblecast). No sólo eso, hay una nueva gama de talentos que se sumarán a este espacio animados por la fama, la fortuna, las drogas, el alcohol y el sexo fácil que abunda en ese ámbito podcastero. O al menos esa es la teoría respecto al ámbito podcastero. El caso es que no les van a faltar podcasts para escuchar.

Vamos a darnos una ayudadita cosmética. Bueno, al blog. Y yo a lo mejor me animo por algo de botox e hilos rusos, pero todavía estoy en pláticas con la señora que administra la estética donde le dieron en la madre a las nalgas de Alejandra Guzmán, para que me recomiende a alguien. Lo del blog involucrará hacerlo más navegable y con capacidad de consultar un rico archivo de más de 300 entradas, 1200 tags y miles de atinados comentarios por parte de ustedes. Quiero cambiar el logo (respetando la presencia del rudísimo RATEEEEEEEL), organizar los posts aquí acumulados y subir mucho material que muy pocos entre ustedes han visto (mis columnas en The Red Bulletin, por ejemplo). Así que si andan de ociosos, sin nada que leer, volverán a encontrar aquí un repositorio de sus penas y un oasis para saciar su sed de sandeces. Amo la aliteración.

Planeamos hacer video. Además de lo anterior, tenemos ambiciosos proyectos “en cámara” que están ya en vías de convertirse en realidad: vidcasts en vivo desde la cabina del estudio, sesiones musicales con bandas y artistas talentosos (y otros no, pero bien simpáticos), un programa de concurso que te abrirá el apetito y otras sorpresas. Tampoco es que vamos a inventar nada nuevo, pero en una de esas sí sale algo más digno que La Rosa de Guadalupe. Y por último…

Me hizo falta estar aquí. Mi libro está casi terminado. Mis colaboraciones en diversos medios han adoptado un ritmo muy manejable. Mis horarios son cuasi estables. Y lo cierto es que extraño el escribir en un lugar donde no hay ninguna clase de restricción ni línea. Finísima Persona me permitió conocer a muchos de ustedes (a algunos en persona, incluso) y descubrir que vale la pena compartir con alguien más inquietudes, opiniones, pendexadas execrables y reflexiones iluminadas por lapsos de coherencia. Escribir es un sano, sanísimo ejercicio. Vivo de ello y para ello. Y lo justo es que si ustedes llegaron a generar más de cincuenta mil visitas mensuales a esta página en sus momentos de máxima productividad, ahora yo deba corresponderles con algo de compromiso. Hubo una época en que escribía aquí diariamente, y fue una etapa feliz, apapachadora del ego y alimenticia para la gusana creativa que carcome las partes pasivas del cerebro. Hay que ejercitar ese músculo.

Acá los leo.

FINISIMOS FILMES #066 – Buffalo ’66

Arrancó al fin la tercera temporada de Finísimos Filmes, el podcast que es prácticamente un matrimonio de jotos.

En este demorado episodio:

  • Pretextos inútiles para explicar la prolongada ausencia de este show.
  • Testimonios casi sobrios de Oliver durante su paso por el FIC de Guadalajara 2012.
  • Misteriosos planes a futuro para el proyecto.
  • Saludos abreviados y acompañados con un buen cafecito, cortesía de un Finísimo Escucha.
  • Martha Higareda descubre que sus gomas la abren muchas puertas.
  • Kuno Bécker: actor galardonado.
  • Conductores que abuelean.
  • ¿Cómo modernizar una franquicia como la de El Zorro? Simple: hacer que lo rapten los Zetas.
  • Pensamos qué pasaría si James Cameron descendiera al fondo del océano en su submarino y se encontrara a un DiCaprio de las profundidades abisales.
  • Hacemos el experimento de criticar a las Vacas Sagradas de los medios.
  • ¿Oliver fue al homenaje de Chespirito?
  • Dark Shadows: vampiros, Johnny Depp, música disco y carnada para atraer a Pedobear.
  • FAPlausos para Emma Stone.
  • Toño pasa una incómoda cantidad de tiempo describiendo a David Zepeda.
  • Chanoc merece un relanzamiento en la pantalla grande.
  • Stephen Hawking en The Big Bang Theory… y en un club sexual.
  • El perro Uggie (The Artist) es como los Bichir (son muchos).
  • Y el ansiadísimo biopic de la India María, con todo y casting tentativo.

Visítanos en Finísimos Filmes, y debes descargarnos de inmediato en iTunes por suscripción o estar al pendiente de las actualizaciones automáticas de PodomaticiTunes Store y Stitcher. O bájalo por vía directa en MobileMe…

Finísimos Filmes #066 – Buffalo ’66 (42.6 Mb) MP3

FINÍSIMOS FILMES 065 – Podcast, explicaciones y mucho más…

Pues es oficial: este blog acaba de experimentar la ausencia más prolongada entre posts que jamás haya ocurrido en su ilustre historia. La buena noticia: el abandono ya quedó atrás, y podrás ver nuevas actualizaciones de aquí en adelante. Pero ustedes merecen más que un simple “no actualicé por mis tamaños y se aguantan”, así que repasamos las últimas noticias. Bueno, antes que nada aquí está el link para bajar el magno especial de…

FINÍSIMOS FILMES #065 – LO MEJOR DE LO PEOR (MP3 – 45Mb)

¿Ya lo bajaron? ¿Y lo escucharon? ¿Se han dado cuenta de la mínima evolución que hemos experimentado en todo este tiempo? ¿Y aún así siguen aquí? Bueno, prosigamos con las razones:

RAZÓN #1: Este post tiene riesgo de contagio. Ya saben que pasé por un largo viacrucis para la remoción de una serie de tumores que me detectaron en diversas zonas del cuello, cerca de ganglios, glándulas y demás áreas sensibles del organismo que siempre amenazan con mandarnos al barrio del calaquerío si nos descuidamos. Tuve la fortuna de caer en manos de un doctor genial, de contar con poderes de recuperación marca Wolverine y de haber heredado la buena salud general del lado materno de mi familia. Y menos mal que del lado paterno no, pues mi pobre papá y sus hermanos son un catálogo de dolencias, afecciones, virus, lesiones y padecimientos que parecen extraídos de una memoria médica del medioevo. Basta decirles que si un día les informo que me dio Beri Beri, Úlcera de los Chicleros o Mal de San Vito, lo más probable es que provenga del lado Sempere de la familia. En fin, las visitas al doctor, al hospital, a los laboratorios, a la terapia y a mil y un compromisos médicos más restaron algo de valioso tiempo para pasar por este espacio y generar nuevos contenidos para ustedes. Y gracias, ya estoy mucho mejor. Aprecio sus ofertas de donar órganos en mi beneficio, y me quedo de momento con los datos de quienes ofrecieron hígado, córneas y riñones. Nunca se sabe cuándo se puede ofrecer.

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Cosas en las que no creo

No creo que no sea mantequilla. Ni perjudicial para mi salud...

Bienvenidos a este blog convertido en promotor de podcasts. Y disculpen que les haya dejado colgados con posts de la calidad y frecuencia acostumbrada (casi nula y ocasional, respectivamente), pero estuve ocupado con algunos asuntos de seguridad nacional que no puedo divulgarles. OK, estuve capturando a prominentes líderes del narco, ¿contentos ya? Son ustedes de un insistente que da asco, de verdad…

El otro día platicaba con una amiga que me preguntó si creía en los ángeles. Le di mi respuesta estándar para cuestiones de esa índole: “yo no creo ni en la penicilina”. ¿Tajante y estúpido? Quizá. Pero eso me hizo reflexionar en algunas otras cosas en las que no creo. Anoté cinco, de momento…

EL PELIGROSO CELULAR

Jake Gyllenhaaaallllhall, demostrando que no vuelas en pedazos si usas el cel en la gasolinera. ¡Gracias, amigo!

¿Esos letreros en las gasolineras que dicen que voy a volar en pedazos si se me ocurre encender el Aifoun para checar uno de tantos SMS de Telcel diciéndome que me regalan doble tiempo aire para compensar todas las veces que se caen las llamadas? Patrañas. ¿Los anuncios del piloto y de las aerocriadas diciéndome que apague el telefonito porque si no lo hago el avión se va a transformar en robot a la mitad del vuelo? Pamplinas. ¿Los ocasionales reportes alarmistas de organizaciones de salud que afirman que me van a salir tumores si sigo charlando con las chicas del hotline mi agente de bolsa durante prolongadas horas a través del celular? Pavadas. No creo que el celular sea tan peligroso como constantemente nos lo pintan. Los primeros modelos quizá, pues uno de los que parecían un ladrillo (y pesaban casi lo mismo) me cayó en un pie descalzo y me hizo gritar un “recoño” capaz de despertar a Cerati, pero la tecnología ha avanzado lo suficiente para reducir sus dimensiones y preservar mis juanetes. Siendo perfectamente honestos, los dichosos celulares ya no son peligrosos ni en manos de los Zetas que los usan para extorsionar incautos como ustedes. Sigue leyendo

¿Dónde está Toño?

Where'sToño

¿Qué tal? Soy su amigo Toño Sempere. Quizá me recuerden por blogs como “Paiki” o “el blog que están leyendo en este momento”. La última vez que aparecí por este lugar fue para subir un podcast, pero desde entonces me ha sido imposible actualizar Finísima Persona. Esto obedece a un sinnúmero de razones que, como es menester cada vez que ocurre un caso así, procederemos a repasar de una manera fresca, juvenil y divertida. O trillada:

1.    He estado trabajando. No se requiere de mayor explicación en este punto. Digo, porque TODOS los que participan en este blog (así sea escribiendo, comentando o tan sólo leyendo) sabemos lo que es el trabajo fecundo y creador, ¿cierto? ¿CIERTO? Ya me parecía…
2.    Visité mi alma mater. Para el 2% de los lectores de este blog que podemos calificar de “ignorantes”: no es albur. Me refiero a qué visité la UIC, donde cursé la carrera de Ciencias de la Comunicación y donde no me paraba desde hace siglos. La verdad ha cambiado muy poco, lo que habla muy bien de mi memoria nostálgica y muy mal de los Misioneros del Espíritu Santo, propietarios y administradores de la universidad. No noté casi nada de nuevas edificaciones, ni siquiera las que les sugerí en mi última visita. Nada del Aula Magna Antonio Sempere. Nada del Auditorio Magistral J.A. Sempere. La cancha grande de fútbol aún no ha sido convertida en el Coliseo Universitario Juan Antonio “Toño” Sempere. El área de parasoles de la cafetería, donde pasé la mayor parte de los ocho semestres entre fichas de dominó y quesadillas pisoteadas por cucarachas tamaño post-nuclear, aún no cuenta con una sombrilla bañada en bronce y una placa conmemorativa recordándole al alumnado que ahí se posó mi aplanado nalgamen. Vamos, ni siquiera han rebautizado a los equipos de panbol, básquet y americano como “Los Toños”. Tanto malagradecimiento me ha dejado un sabor amargo en la boca, a decir verdad.
3.    Natalia sigue cuestionando mi autoridad. Ya saben que mi hija tiende a ser tan necia en sus aseveraciones como su padre. Así que cualquier intercambio de palabras entre ambos suele desembocar en larguísimas controversias donde cada punto mío encuentra un contrapunto de ella a la mitad del camino, frenando el avance de ambas partes. Como muestra, uno de nuestros recientes diálogos:

NATALIA: Papá, cuando cumpla 17 años quiero ir a París…

TOÑO: Claro, hijita…

N: … para hacerme mosquetera.

T [que ya estaba al tanto de sus planes, vía Anilú]: ¿Mosquetera? ¿Qué es eso? ¿Vas a matar moscas?

N: Claro que no. Voy a pelear con una espada.

T: No puedes matar moscas con una espada.

N: ¡No voy a matar moscas! Voy a matar a los malos.

T: No vas a matar gente, ¿estás loca? Matar es malo.

N: Tú matas gente en Rainbow Six todo el tiempo.

T: Eso es un juego. No ando matando gente en la vida real. Además no te van a aceptar en los mosqueteros, no eres francesa.

N: Mi mamá habla francés. Ella me va a enseñar.

La Natush, perfeccionando el chantaje sentimental.

La Natush, perfeccionando el chantaje sentimental.

T [acorralado por la lógica de una niña de seis años]: Sí… eh… pero… tú me dijiste que querías ser patinadora.

N: Voy a ser patinadora y mosquetera. Y me voy a llamar Aramina.

T: Ese nombre no existe.

N: Sí existe, es la hija de Aramís.

T: ¿Dónde dice eso? Yo leí las novelas de Alexandre Dumas y NUNCA dicen que Aramis tuviera una hija. Es más, se metió a un monasterio al retirarse. Siempre sospeché que había algo raro en ese güey…

N: Lo vi en Barbie y Los 3 Mosqueteros.

T: Pero esa versión adaptada está fuera del cánon [lógica nerd]. Además, tú ya te llamas Natalia, no puedes cambiarte el nombre así nada más.

N: Sí puedo. Voy a ser Aramina Cincoseis.

T: Ese no es un apellido. Nada más juntaste tu edad actual y la anterior.

N: Así me voy a llamar…

T: ¡No puedes ponerte ese nombre! ¡Es ridículo!

N: Claro que no.

T: Claro que sí.

N: Claro que no.

T: Claro que sí.

N: Claro que no. Tú tienes un jugador en tu equipo que se llama Ochocinco

T: Eh… [recuerda que eligió a Chad Ochocinco en uno de sus equipos de Fantasy Football] pero… no deja de ser… además, no has acabado tu tarea.

N: No puedo acabarla. Está muy difícil.

T: Tráela para acá. Yo te ayudo.

N: Es de matemáticas…

T: Dile a tu mamá que te ayude… [que no es lo mismo que decirle “¡Que te ayude tu madre!”, aclaro]

Esto, aunque no lo crean, consume valiosos minutos de mi día.

¡Pura vida!

¡Pura vida!

4.    Estuve reacostumbrando mi organismo a la comida picante. Después de tanto tiempo fuera de México, tuve que reestrenar mi sistema digestivo para aguantar los fogosos ingredientes de la cocina mexicana. Me da gusto decir que mis papilas gustativas han retomado el buen ritmo que solían tener a mediados de los noventa, cuando podía tomar cucharadas de la salsa roja que usan en los suaderos de Charly (misma que es considerada un arma de destrucción masiva por los gastroenterólogos más reconocidos del orbe). Incluso he encontrado nuevos e interesantes productos para seguir desagringando mi paladar. Tal es el caso de esta mezcla de piquín, limón y jugo Maggi (derecha). ¡Qué hallazgo! Hasta que alguien logre inventar un iPod hecho a base de chichis, esta botellita contendrá la máxima creación del hombre moderno.
5.    Estoy editando el Chilaquilcast™. No se pueden quejar de los kilométricos “chous” de Finísimo Podcast: cada vez más produciditos, con más variedad de temas e invitados y disponibles en nuevos sitios de descarga (enorme labor, Yanagisawa, estás desquitando tu flamante nombramiento). Esperen la nueva producción durante el fin de semana. Además, estoy viendo de subir todo a iTunes, ténganme un módico de paciencia.
6.    Estuve viendo esta joya de video. Fue realizado por el buen Héctor Herrera, el mejor diseñador que haya pasado por estas sórdidas tierras, y que ahora se gana el jarabe de maple de cada día en gélido territorio canadiense. Para todos los nacos que se quejan de que ahora hay que pedir visa para quedarse a chambear allá, dénse un quemón de lo que se requiere no para subsistir, sino para destacar. ¡Se te extraña, Man!

7.    El Fútbol Americano está mermando mi existencia. Así es. Este deporte es como una mala mujer, pero que está más buena que Melyssa Ford: acaba conmigo, pero siempre caigo en sus méndigas redes. Mis 49ers arrancaron con el pié derecho pero el [censurado] Brett Favre y los [censurados] Vikingos nos sacaron un juego con dos [censurados] segundos en el [censurado] reloj. [censurado] [censurado] [censurado]. Y de postre, mis tres equipos de Fantasy Football han estado letárgicos, sufriendo ignominiosas derrotas a manos de noobs como El Sir (me las pagarás, lo juro). Pero ahí sigo…
8.    Grabé un Paikast®. Todo un deleite, pues tuve la oportunidad de compartir sendos micrófonos y heladas chelas con el Lic. Ruy, el irrepetible Macho Cabrío y el castísimo Wookie. No dejen de checar Paiki en breve, pues la tercera edición de este popularérrimo podcast está por subir. Tengo el gusto de decir que, pese a mi intervención, estuvo de poca madre.
9.    ¡Ya vi el rockumental de Anvil! Torrenteado, claro está. Imprescindible, en una palabra. Hay gente que nació para roquear, y que no se va a detener ante nada para vivir ese sueño. Ver a Lips (voz, lira) y a Robb Reiner (bataca) sufriendo ante otra desilusión profesional, preguntándose una y otra vez porqué otros encontraron éxito donde ellos sólo pueden experimentar fracaso, es una lección muy ojeis, pero siempre esperanzadora. No te tiene que gustar el metal. No te tiene siquiera que gustar la música. Si tan sólo te gustan las historias reales de güeyes como tú y como yo, dispuestos a sacrificar todo por aquello que más disfrutan hacer, tienes que ver este documental. Punto.

Bueno, banda borracha. Sigo reincorporándome de a poquito a este blog, tras la chamba pesada. Gracias por su atención y acá nos vemos.

Ya llegó el que andaba ausente…

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Ya me había hecho la firme promesa de no descuidar nunca más un blog por tiempo prolongado. Pocos espectáculos son tan tristes que el entrar a una página web donde esperas hallar algo de contenido nuevo (aunque por “contenido” entendamos “las sandeces del Toño”) sólo para descubrir que sigue apareciendo la misma imagen , el mismo texto vetusto y los mismos comentarios añejados en barrica que viste con anterioridad. Y más de una vez.

Así pues, voy a enumerar los pretextos que me han obligado a ausentarme de este espacio tan querido y de sus no menos queridos lectores, a manera de disculpas. Sí, son “pretextos” y no “razones”. ¡Honestidad ante todo, carajo!

  1. Me estaba mudando. No sólo de casa, sino de país. ¿Se acuerdan la última vez que se cambiaron de hogar y de la profuna güeva implícita en empacar todas sus cajas llenas de cómics, CDs, camisetas de Metallica, souvenirs sentimentales, tenis con olor a zombie, gafas oscuras adquiridas en tiendas de gasolinera, colecciones de botellas de cerveza de otros países, pornografía camuflada dentro de inocuos disfraces (la Hustler dentro de un Hola!, el DVD de Asian Debutantes en la caja de Los Mejores Goles de Francia ’98), docenas de gorras beisboleras, tarjetas de antros teiboleros, el balón de Americano, un curso de Francés en audiocassette, el Xbox 360, la calculadora científica que siguen sin saber usar, siete lociones a medias, la compu, la tele y el iPod? Multiplíquenlo por el número de regresos de Brett Favre, súmenle al subtotal el producto interno bruto de Suecia, alarguen el resultado a una distancia equivalente a recorrer el desierto de Gobi en monociclo sin asiento y ni así se acerca al xodido aquelarre que nos encontramos en estos últimos días transcurridos entre territorios estadounidense y mexicano.
  2. El Internet vale para puro chile. No me refiero al medio, sino a las velocidades de conexión. En tres semanas he ensayado con casi todas las opciones “Banda Ancha” en oferta para el mercado civil, y estoy a punto de meter la mano en la licuadora andando para ver si así se me distrae el coraje. Servicios que prometen 2Mb por segundo (de por sí lentón) y en la práctica no pueden rebasar la cuarta parte de esa cifra. Juramentos de que se pueden conectar simultáneamente hasta media docena de periféricos en red sin afectar desempeño, pero que en realidad provocan desconexiones temporales (de uno a 15 minutos) al accesar dos personas simultáneamente a la cuenta de Internet “familiar”. Atención al cliente proporcionada por débiles mentales incapaces de aconsejar entre hacer un buche de agua y uno de cianuro. Olvídense de la Supercarretera de la Información que se vaticinaba a mediados de los 90. México está firmemente instalado en el Camino Ejidal de Terracería con Deslaves Frecuentes, Cruce de Ganado, Estacionamiento en Triple Fila y Baches Tragavochos. De La Información. Y ya veo que la solución en puerta va a ser ponerle un segundo piso al Internet.
  3. Mi hija me distrae. Este es el lado bueno de toda la situación (para mí, obvio). El volver a trabajar desde casa me permite convivir con mi heredera universal (más madura que el padre a sus tiernos 5 años) durante mucho más tiempo que el que tenía en mis recientes días de trabajador “de nueve a seis”. Esto da pie a frecuentes concursos de eructos y otro gases nobles, prolongadas sesiones de Karaoke (ver punto 4) e intercambios como el que aquí reproduzco, mientras jugábamos a que Natalia tenía una pizzería:

ATENCIÓN: El siguiente diálogo es traducción del inglés original. No lo digo por mamón, sino para que se imaginen a mi hija con voz y acento como de Vikki Carr, hecho que aumenta el potencial cómico de la anécdota.

NATALIA: Buenas tardes, bienvenido a Pizza Hut, ¿qué va a ordenar?

TOÑO: Buenas tardes, quiero llevar una pizza que sea mitad de queso y mitad de aceitunas verdes con anchoas…

N: OK, mitad queso y mitad aceitunas verdes con anchoas. ¿Qué quiere tomar?

T: Una cerveza Guinness, por favor.

N: No tenemos cerveza.

T: Ginger Ale, entonces.

N: Tampoco hay (la imaginación de mi hija puede ser muy restrictiva).

T: ¿Qué hay de tomar?

N: Sólo tenemos vino y coca cola.

T: ¡Magnífico! Quiero un Calimocho, por favor. (ODIO esta bebida, pero ya estaba yo entrando en el modo “cliente difícil” para poner a prueba la paciencia de mi hija. Les advertí, soy un inmaduro).

N: No tenemos Calimocho.

T: Claro que sí.

N: Claro que no.

T: Claro que sí.

N: Claro que no.

T: Claro que sí. El Calimocho es vino Y coca cola.

N: (Duda un poco) No se lo puedo vender.

T: ¿Porqué no? Aquí está mi identificación, soy mayor de edad (un bluff, porque mi licencia de conducir está vencida, pero por suerte no se da cuenta de la fecha de expiración).

N: No puedo preparar Calimochos. Pida otra cosa.

T: Quiero hablar con su supervisor.

N: No está. Fue a comprar queso.

T: Entonces quiero hablar con el gerente. Este servicio chupa, grande tiempo (This service sucks, big time en el original, mucho más agresivo).

N: El gerente no está.

T: ¿Qué? ¿Cómo es posible? ¿Quién está a cargo de este inmundo negocio?

N: Yo.

T: ¿Usted? ¡JA! Yo no la pondría a cargo de separar piedras en un plato de lentejas, mucho menos de un establecimiento comerc…

N: OK, su pizza está lista. ¿Quiere queso parmesano rallado con su orden?

Como pueden apreciar, mi hija está más que preparada para el sector servicios. Tiene talento natural.  Y estos intercambios pueden consumir gran parte del día.

4. Estuve montando mi estudio de grabación casero. No sé si es el trauma de que en la universidad había que suplicar para obtener tiempo aire en las cabinas de radio para mal producir nuestros pininos radiofónicos, o la enorme facilidad que la era digital vino a traer a nuestro podcastero mundo, pero recuperé mi gusto por la radio de un par de años para acá, al punto de que me hice de una consola portátil USB de 5 canales, un par de micrófonos decentes y unos cómodos audífonos para monitoreo, y he estado ensayando con diversos proyectos que ustedes mismos ya han tenido oportunidad de sufrir (sí, el podcast que subí aquí hace un par de meses). Ya estoy en proceso de revivir viejas glorias con mis cuates de antaño en forma de nuevos podcasts, pero tuve que cargar desde el gabacho con toda la parafernalia que ya tenía montada de forma semi permanente. En fin, tomen este punto como un breve anuncio respecto a que pronto habrá nuevo contenido MP3 para este blog.

5. He estado comiendo nopales. A lo largo de casi 6 años de no visitar México hemos logrado superar, con mayor o menor éxito, la rara disponibilidad de nuestras muestras culinarias nacionales más representativas. Ya encontramos un lugar en Miami que vende tacos al pastor decentes. Mi cuñada nos lleva paquetes mariguanísticos con tacos de suadero del Charly, congelados. Mi mujer puede improvisar excelentes guacamoles, chilaquiles y hasta chicharrón en salsa acudiendo a los supermercados adecuados para procurar los ingredientes básicos. Pero los nopales, nel. No son lo suficientemente populares ente La Raza del otro lado como para garantizar su importación a los EEUU, ni han despertado la curiosidad del paladar gringo. Así que después de tantos años, me he estado pegando unos encuentros con la nopaliza más intensos que aquella vez que fui a ver a los Dug Dug’s en un antro de Insurgentes Norte. Ahórrense los chistes asociativos entre los nopales y la condición babosa. No van a mermar en nada mi entusiasmo por ese manjar de jade que alimentó a emperadores y espinó a penitentes. Hoy tocan en ensalada. Omaigod!

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6. Sufro de bloqueo de bloggero. No confundir con el bloqueo de escritor, mucho más serio. La verdad casi no hay excusa para no bloggear. Ni siquiera hay que ser cien por ciento original, pues basta comentar alguna pendejada acerca de otra pendejada para saldar la cuenta del día. O refritear un contenido enlatado más, como es costumbre en este mismo URL. Pero ya les he dicho que no me late esa clase de desperdicio de banda. Es por eso que mi Twitter se compone de falsos encabezados periodísticos (¡pero originales!) cortesía de Finísimas Personas Press ® o de cambios realmente drásticos en mi status personal. Jamás me van a descubrir actualizando mi situación con un “Estoy tragando Cheetos mientras veo un episodio de Viaje al Fondo del Mar” o “Me acabo de sacar un moco con sangre”. El bloqueo de bloggero que padecí hasta hace poco es la funesta combinación del punto 2 con el proceso engorroso de descubrir qué es lo que vale la pena compartir con la banda, y qué va a resultar reiterativo en vigor de que TODO EL MUNDO ya está tocando el tema a su manera y por sus medios. En esencia, he estado analizando lo que hay que hacer para mantener el interés (de ustedes y mío) por visitar la página.

7. Mis Pumas me mantuvieron ocupado/preocupado/sublimado. Ya llevaba un buen rato de no festejar campeonato con uno de mis equipos queridos. No estuve en México durante las pasadas coronaciones al mando de Hugo Sánchez, así que verlos triunfar de mano del Tuca fue un periodo memorable. Más aún porque se afeitó el mostacho.

8. Voy a ser Licenciado. De a devis. Tengo mis materias aprobadas, servicios, idiomas y hasta la experiencia profesional, pero no había estado en México el tiempo suficiente para obtener mi titulacho como Comunicólogo Dicharachero con Especialidad en Crítica de Arte, Espectáculos y Ropita del Prójimo. Ansío ver las caras de mis sinodales cuando se den cuenta de que sé escribir sin herrores de hortográfia.

9. Estaba acabando Fallout 3. Está bien chido. Y bien triste. Y bien chido otra vez.

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10. Házme Reír me ha robado mucho tiempo libre. Sí, por supuesto. Lo único que me hace soportar la lentitud del Internet mexicano es la ineptitud de la TV mexicana. Recontrachale. Jamás había visto una colección tan variada de individuos carentes de talento escarbando el fondo del barril de la mediocridad en afán de distraer al pueblo de cuestiones realmente necesarias de atención. Es fuera de serie. La mitad de los programas de noticias y/o divulgación recurren a You Tube para llenar tiempo aire (con las obvias limitantes de calidad de imagen y sonido). El resto sigue una fórmula complicada que pretende mezclar comediantes con informadores serios con viejas semi encueradas (apruebo este último punto, por cierto). Y no hablemos del renglón “entretenimiento”, como el ejemplo que cito arriba. Me he divertido más en mis endodoncias sin anestesia.

Podría seguirle, pero creo que ya estuvo bueno. Procuraré retomar el ritmo de antes con una renovada actitud y bríos, y que en breve pueda resolver siquiera uno de los puntos antes mencionados para que ya no me atrase más con este espacio de expresión expatriada. Se me hace que el punto 9 y el 5 son buenos candidatos, pues no pienso volver al Fallout 3 (tengo unos jueguillos en lista de espera) y ya se me están empezando a atragantar tantos nopales. ¡Provechín!