Adiós, Elvis del espacio…

Head Of David

David Bowie, Earl’s Court, 1978 (Evening Standard/Getty Images)

David Bowie dejó la Tierra después de caer en ella hace 69 años, y sobran motivos para entristecer. Claro, en la oleada de panegíricos que sucederán a su muerte, el mío será uno más. Está bien, tampoco se trata de buscar ser únicos y trascendentes cuando simplemente tendríamos que sentirnos nostálgicos y agradecidos, además de que vivimos en la triste época en la que todas las muertes polarizan drásticamente a la opinión pública, tan mal representada por nuestros foros digitales de expresión.

Pero Bowie murió, esto no puede (ni debe) pasar inadvertido, ya que el dolor de su deceso es genuino. Él seguía dando de sí hasta el último momento, pues estaba en su naturaleza, y por eso nos sorprendió con Blackstar cuando ya su partida estaba anunciada para quienes le eran más cercanos. Tan sólo por ello debemos admitir, entonces, que no hay forma de ser cínicos ante su muerte sin pasar por ignorantes o por simples trolls adictos a la provocación. En este mundo donde Kanye West se autoproclama “genio”, ¿cómo llamamos a David Robert Jones? No habrá término apropiado, entonces.

¿Murió el último gran ídolo de la música moderna? No, ahí están muchos contemporáneos haciendo acto de presencia… aunque su aporte no sea tan innovador ni tan vigente. Sin embargo es un hecho que murió el artista más grande de su época. No es hipérbole, ahí está su legado. Bowie fue el Dalí de la música, sin más ni más. Incursionó en múltiples estilos y épocas, sin quedar nada a deber. Fue el genio que se rodeó de genios, pero no para mejorar su propia calidad creativa, sino para hacerle justicia a su sonido y visión.

David-Bowie-010

Podemos decir de entrada que cumple los requisitos para ser un inmortal de la música bajo estándares no-oficiales (pero útiles) como el de poseer al menos cinco álbumes perfectos: The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars, Hunky Dory, Low, “Heroes”, y Scary Monsters (And Super Creeps), nada más para abrir boca.

O quizá hay que validarlo con el logro de tener un disco imprescindible en cada una de las décadas en las que estuvo activo: Space Oddity (60’s), Young Americans (70’s), Let’s Dance (80’s), Outside (90’s), Heathen (00’s) y The Next Day (10’s), para ni siquiera repetir las joyas del criterio anterior.

¿Más argumentos? Contemplemos el de contar éxitos globales en múltiples estilos drásticamente distintos entre sí: check, check aaaaaand check, sobran ejemplos, desde el glam rock de Rebel Rebel hasta la electrónica de Dead Man Walking, del sonido de garage en Boys Keep Swinging al pop sensible de Blue Jean. Es cierto que Bowie podía tener uno que otro desatino en su producción, pero aún esos experimentos resultaban ser nobles esfuerzos donde siempre había algo muy rescatable, por no decir inspirador. Sí, aún los vilificados discos de Tin Machine, se los juro. Un petardo de David podía ser el Sgt. Pepper para un artista del montón. Y sus aciertos eran obras de arte, sobra decirlo…

Entonces, yendo más allá de lo musical, ¿Bowie también aportó? Discúlpenme, pero si hubiera elegido avocarse cien por ciento a, digamos, la actuación, también hubiera sido una leyenda. Podías colocarlo al lado de unos muppets pesadillísticos en Labyrinth y no había forma de negar su magnetismo a cuadro. Scorsese hizo de él un Poncio Pilatos que iba mucho más allá del anecdótico lavado de manos. Es un crimen que no lo hayan nominado por su rol como prisionero de guerra en Merry Christmas, Mr. Lawrence. El cameo en Zoolander es prueba hilarante de que podía autoparodiarse como el que más, al igual que la canción que le dedica a Ricky Gervais en Extras. ¡Hasta prestó su voz para un episodio de Bob Esponja, caraxo! Y miren su entrada a escena interpretando a Nikola Tesla en The Prestige. La cámara simplemente le adoraba:

Y es que lo increíble de su vida y obra es que puedes tomar tan sólo un aspecto mínimo de ella que harás tuyo para siempre. Su imagen pasó de ser un moptop más de la invasión británica a un andrógino ser caído de las estrellas. Fue el cadavérico ente que conocimos como Thin White Duke, subsistiendo a base de “pimientos, cocaína y leche”, pero también un Pierrot alienado y un krautrocker adoptivo que cimentó a Berlín como una meca creativa en plena Guerra Fría. Se reinventó como un icono cool en el comercialismo ochentero sin perder un ápice de credibilidad, y adoptó un neobritanismo exacerbado poco antes de ponerse el conservador traje de quien ya no tiene que reinventarse, pues lo ha reinventado todo. Cantó, compuso y produjo como pocos. Hasta el final.

No, señores, no habrá muestras exageradas de amor para David Bowie: todas serán legítimas. No me interesa saber si alguien es menos porque “sólo lo conoce por la de Under Pressure” o porque creen que se suman a la Legión Oportunista del Muerto Famoso. Si tu único contacto con Bowie fue tan sólo una breve viñeta dentro de su apabullante alud creativo, no importa: deja que te duela. Si fuiste el fan que no le cuestionó ni siquiera su horrible destrucción de Dancing In The Street en complicidad con Jagger, todo bien: seguro estás inconsolable, con justa razón. Toda manifestación es válida para el que hizo de todo, y siempre con más impacto y alcance que lo que debería de permitirse a los simples mortales.

Así que hay que llorarle, y bien. Porque David Bowie regresó a su lugar de origen, aunque fuimos inmensamente afortunados de haberlo experimentado en calidad de préstamo durante tantos años. Lo camaleónico debería ser llamado “Bowiesco” de ahora en adelante, por mera lógica. Yo le lloraré con Life On Mars? para empezar, y luego cantaré/gritaré Heroes a tres micrófonos, como Eno dijo que debería grabarse. Bailaré mal al compás de Young Americans, bajaré mi voz para el “Oh baby just you shut your mouth” de China Girl. Son demasiadas horas de temas que me hicieron creer, sin poner en duda mi coherencia, que alguna vez compartí planeta con un extraterrestre que me podía hacer llorar con una canción…

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FINÍSIMAS RESEÑAS: MASTERCHEF MÉXICO – EPISODIO 10

Así los leo. O así me leen, ya no sé.

Así los leo. O así me leen, ya no sé.

Seré honesto: no estaba del mejor ánimo para escribir esta reseña. O ninguna otra, de hecho. En días pasados murió mi abue Angelita, a la nada desdeñable edad de 95 años, así que resulta algo difícil hacerse el gracioso cuando el mood familiar anda bajoneado. Pero además he de decir que los acontecimientos de este episodio no contribuyeron en absoluto a seguir adelante con las críticas mala leche. Verán, yo me di a la tarea de reseñar UN CONCURSO DE COCINA, no una estúpida telenovela más. Pero claro, los imbéciles redomados a cargo de este programa decidieron abandonar más temprano que tarde la tónica de la emisión… para convertirlo en una estúpida telenovela más.

Y sin embargo, aquí me tienen. Mal y tarde estoy cumpliendo, diría el maestro Sabina (¡Saludos, Gonzo!), pero no quiero que se diga de mí que, ante la perspectiva de beber la cicuta por voluntad propia, me conformé con un traguito. No, Finísimos, este veneno se bebe hasta ver fondo. Y hablando de fondo, es hora de tocarlo…

EPISODIO 10: Mercado de Lágrimas

¡Sor…prais!

¡Sor…prais!

“Hoy, cuando entré antes de entrar a la cocina…”, abre Alan Gump, poniendo de inmediato el ilógico tono de esta entrega. El dizque lavaplatos dijo que no se iba a estresar por la caja misteriosa, que venga lo que venga él va a intentar crear algo innovador. Y va a decir que jamás había cocinado eso/conocido ese ingrediente/ visto la televisión, para no romper con su personaje. Amnesiette Michel les recuerda a todos de qué va lo de la dichosa caja, pero dice que ésta es “muy especial”. Adrián “Ramsay de Vecindad” (gracias, Carlos Dragonne) Herrera les pregunta a los chefspirantes qué creen que van a encontrar al destaparla, y las respuestas se suceden en tropel, pero nadie le atina (obvio).

Chef Betty dice que dentro de estas cajas “se encuentra quizás su verdadero yo”. Ojalá, pues nos han presentado a tanto falso amateur posando como albañiles, organizadoras de eventos y garroteros que algo de autenticidad no nos vendría mal. Meh, inútil esperanzarse, pues al destapar el cajerío se encuentran… Sigue leyendo

FINÍSIMAS RESEÑAS: MASTERCHEF MÉXICO – EPISODIO 9

“Toño entregó casi a tiempo, ¡albricias!”

¡Logré ponerme al corriente! Les entrego DOS hermosas reseñas DOS en UN fin de semana, así que creo que me merezco algo. Como poner una alcancía para propinas en el blog resulta complicado, les agradeceré si recomiendan en sus redes sociales estos profanos textos pletóricos de mala leche (como AdeS) y humor cuestionable. ¡En serio, al menos páguenme el esfuerzo con tráfico, so engendros! Perdón por lo anterior, pero quería “hacer un Herrera” y comenzar con regaños a lo estúpido, a ver qué se sentía. Ya en serio, al menos mándenme alguna clase de regalillo para la Finísima Esposa, pues su labor de arrearme con los textos, hacer corrección de estilo, conseguir fotos y ver las grabaciones de esta gansada de programa la han privado de la poca vida social que yo le brindaba el fin de semana. ¡Salven mi matrimonio, so engendros! Bueno, vamos todos a sufrir…

EPISODIO 9: ¿Dónde tragarán los niños?

¿Es el Dismaland de Banksy?

¿Es el Dismaland de Banksy?

Iniciamos con la llegada de los concursantes al magnífico parque temático Six Flags®, situado en las laderas del Ajusco, a espaldas de las instalaciones de TV Azteca. ¡Ja ja, ilusos! No, más bien se trata de un parque de diversiones genérico, situado en un lugar de Colombia que está muy, pero muy apartado de las instalaciones de la tres veces mediocre televisora del Ajusco. Algunos de los participantes hablan de sus remembranzas de la niñez en estos lúdicos espacios de esparcimiento. Bueno, Alan Gump dice que él no tuvo estas vivencias, pues nunca fue a un parque de diversiones. El drinking game estipula que los “nuncas” de Alan son para efectos de ingredientes y platillos, pero es justo hacer una excepción para este caso: ¡BEBAN! Luego admite que sí fue a un parque una vez, colándose por una puerta de salida, pero el efecto de generar pobrezofilia empática ya se logró.

Debería existir un juego para tirarle pelotas de béisbol a los jueces…

Debería existir un juego para tirarle pelotas de béisbol a los jueces…

Rodeada de felices niños con acento bogotano, Niñette Michel da la bienvenida a los 10 cocinerillos aún en contienda, ante la mirada atenta del trío de jueces: la chef Betty Vázquez, el chef Benito Molina y el “chef” Adrián Herrera, cuyo título es tan ilegítimo como los juguetillos que regalan en los juegos de destreza del dichoso parque. El regiomontano sombrerudo les advierte (siempre en tono de pendexearlos) que los niños que visitan ese lugar vienen a divertirse con sus amigos (¿En un parque de diversiones? Atípico), así que más vale que ninguno de los concursantes les eche a perder la feliz jornada preparándoles comida que induzca a la diarrea explosiva. Para eso está el puesto de hot dogs. Sigue leyendo

FINÍSIMAS RESEÑAS: MASTERCHEF MÉXICO – EPISODIO 8

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“Mmmftammuenisimmmo…”

¡Hola, finísimos amigos! Tengo que confiarles que he estado varias veces a punto de abandonar la innoble labor de hacer estas torturantes reseñas, pues MasterChef México parece alejarse más de lo culinario para explotar lo melodramático con cada nuevo episodio, pero qué quieren… me debo a ustedes y a sus necesidades de dudoso humor. Que prosiga la debacle:

EPISODIO 8: Canastas de ricos y pobres

Iba a hacer un chiste soez respecto a la entrega del

Iba a hacer un chiste soez respecto a la entrega del “anillo único”, pero este es un blog decente…

Los chefspirantes son recibidos por Anethelien, princesa élfica de la Tierra Media, en las colombianísimas instalaciones de siempre. Alan Gump dice que le gustan los retos de “Caja Misteriosa” pues nadie sabe qué hay dentro de la caja y todos tienen que cocinar con los mismos ingredientes. Gracias, Einstein. “Si sus vidas son aburridas, eso no me importa a mí, ¡no quiero un plato aburrido!”, les advierte el chef Herrera con ese encanto que asociamos con oficiales nazis en películas de campos de concentración. Benito Molina dice que han visto “bastante evolución, cada vez mejores platos”, así que sospecho que los jueces tienen acceso a material que a nosotros no nos pasan, ya que lo más memorable que hemos visto en este show es el plato vacío de Healthy Diana. Hey, al menos fue MUY original, dicen que NADIE había presentado así.

Al destapar la caja encontramos ternera, pollo y camarón entre las proteínas. Y claro, también hay un litro de AdeS. O “miados de soya”, como los describió la abuelita de mi co-conductora en Gastronomicast, Mariana Orozco. Miren, quejarnos más del product placement excesivo de TV Azteca sería redundar, pero hablo MUY en serio cuando digo que deberíamos enseñarles nuestro desdén por su insultante abundancia mediante un boicot. Yo, por lo pronto, me referiré a esa xodida bebida como miAdoS de ahora en adelante. Gracias, abuelita de Mariana. Y gracias, TV Azteca, haces cada vez más fácil el odiar a tus marcas asociadas.

“ASCOMIIIIIIL…”

Herrera hace el comentario que todos parecen gallinas descabezadas en el mercado, y que hacen puras cochinadas y no sé qué otras idioteces. Cállate, pelmazo, por piedad. Corren los 40 minutos. Carmen La Tâmaliérè dice que si ella gana no intentará favorecer a nadie con la elección de ingredientes en la siguiente fase. Un momento, ¿como si estuvieras en una competencia? ¿Ya le comentaste ese concepto a otros de los participantes? Digo, porque de pronto la gente se toma las cosas como si estuviera en una dinámica de los Boy Scouts.

¡Oh, veo que esperamos la visita del canciller!

¡Oh, veo que esperamos la visita del canciller!

El “carismático” Adrián y la chef Betty se pasean por las estaciones. Le dicen a Ale La Cachirula que está quemando sus elotes y que su risotto tiene pocas probabilidades de éxito. Ella CREO que se defiende, pero la verdad es que su acentillo Lobuki no ayuda a la comprensión de sus parlamentos. La hermana Flor estaba haciendo un guisadito muy cuco, pero como ya había hecho algo similar le dicen que le varíe un poco. ¡Cocíneles algo molecular, hermana Flor! Seguro en el convento se la vive haciendo esferificaciones de pipián sobre espumas de totopo azul. Sigue leyendo

FINÍSIMAS RESEÑAS: MASTERCHEF MÉXICO – EPISODIO 7

"Chef" Herrera, hablando al chile.

“Chef” Herrera, hablando al chile.

¡Hola, amantes del mal gusto en telerrealidad! Ya ni les explico mis prolongadas ausencias, pues ustedes toman mis razones como excusas y yo nada más me acongojo como gorgojo. Sí, me sigo mudando de casa y eso ha retrasado mis ocupaciones ociosas (este blog), pero ya mero me pongo al corriente. Mientras eso sucede vamos a la reseña de…

Episodio 7: Welcome to the Hotel Cali, Colombia

A la monjita ni ser despertada a las 2 de la mañana le altera el ánimo

A la monjita ni ser despertada a las 2 de la mañana le altera el ánimo

Los Chefspirantes duermen a pierna suelta, soñando con regresar algún día a México en vez de seguir semi secuestrados en tierras colombianas. A las 2:30 am el Huracán Anette irrumpe en la casa y se pone a despertar gente sin ningún remordimiento, ignorando almohadazos en el pelo, costras de baba en cachetes, lagañas pegajosas y una que otra erección nocturna para decirle a los pobres involucrados que se espabilen, pues la siguiente prueba de campo les espera. “Ya sólo quedan 12… y muy pronto… serán 11…”, reflexiona la conductriz con una lógica a prueba de balas.

Aquí notamos otro terrible vicio de los creadores de MasterChef México, extraído directamente de ‘Producción Televisiva para Idiotas, vol. 1’: la hermana Flor se pregunta si tendrán que ir al campo a “matar a una vaca o a un borrego”, y en edición de sonido… le ponen un mugido de vaca y el balido de un borrego “para reforzar el chistoretín”. No sé ustedes, pero yo creo que los que producen este programa son personas que mueven los labios al leer y miran el papel de baño después de limpiarse. Esa impresión me dan a raíz de sus decisiones estilísticas.

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Un lobby de hotel en la madrugada de por sí es “creepy”, ahora súmenle a estos saltimbanquis…

Madruguette Michel y los jueces esperan a los participantes en el lobby de un hotel. Marlene y la monjita son capitanas de sus respectivos equipos por ganar la prueba principal del episodio previo. La Güerita-Alfa va a ser la primera en elegir integrantes, mientras que sor Flagüer puede escoger el menú  a preparar. Así quedan conformados: Sigue leyendo

FINÍSIMAS RESEÑAS: MASTERCHEF MÉXICO – EPISODIO 6

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Hoy me siento tan mal con ustedes como Carmen frente a los jueces…

“¿Otra vez tarde con la reseña, Toño?” Otra vez tarde con la reseña, Finísimos Lectores. Estoy en medio de mudanzas, frilanzas (bonito palabro) y dolores de panza, los últimos provocados precisamente por el aborto de episodio que MasterChef México nos regaló esta semana. ¿Pero para qué preambular? A lo que te truje, lencha…

EPISODIO 6: UNA TAMALERA EN APUROS (sólo en cines)

Los Chefspirantes llegan a la cocina, y Alan cuenta a la cámara que han estado hablando las cosas entre ellos para que no haya rencores después de los ríspidos incidentes del episodio previo. La Ballena de la Premonición salta sobre las aguas y nos salpica con gotas de AHORA VA A SER PEOR. En fin, arrancamos con OTRO regaño de los chefs a los presentes, quienes un día van a acabar reaccionando como perritos ante un periódico enrollado. Dicen que hasta el momento les habían estado perdonando todas sus pendexadas (¿presentarse al casting, por ejemplo?), pero que se acabaron las contemplaciones. Menos mal, porque hemos visto cada platillo por ahí… estoy casi seguro que Gabriela presentó unos panes Bimbo remojados en La Lechera durante un reto previo.

El chef Benito y su fiel bigote nos anuncian que en este reto de Caja Misteriosa solo van a elegir los TRES platillos más interesantes para sacar un ganador. Marlene hace algo de aritmética rápida sotto voce: “Ya no son seis, ni cinco, son tres…” ¡No tan rápido, Alicia Villarreal de las hornillas!

"Corro el punto decimal, divido entre seis, le resto el número que pensé…"

“Corro el punto decimal, divido entre seis, le resto el número que pensé…”

[CORRO POR UNA CALCULADORA PARA COTEJAR SU CÁLCULO] Sigue leyendo

FINÍSIMAS RESEÑAS: MASTERCHEF MÉXICO – EPISODIO 5

También van a contraer amibiasis en esta hacienda…

También van a contraer amibiasis en esta hacienda…

¿Qué pensaste? “Este asno seguro va a retrasarse otra semana con la reseña”, ¿cierto? ¡FALSO! Este asno se tomó tiempo (en pleno cumpleaños, nada menos) para terminar de analizar y destrozar la quinta entrega del reality show para el tragaldabas sin escrúpulos de hoy: MasterChef México. Y no me lo agradezcan a mi, sino a la Finísima Esposa, quien además de fungir como correctora de estilo y de aportar como el 60% de las gracejadas que aquí leen, también me arrea para que las mismas salgan a tiempo. Una vez cedido el honor a quien honor merece… ¡a sufrir se ha dicho!

EPISODIO 5: Y NO SE HAN CASADO POR FALTA DE PAN

Tras la doble partida de Ariel y Nallely en el episodio previo, necesitamos un viaje a la campiña para despejarnos. El ambiente es bucólico… campirano… colombiano. Así es, MasterChef México con escalas en la serranía de Caranacoa prepara una prueba situada en una típica hacienda colombiana. Los chefspirantes especulan sobre lo que tendrán que hacer. ¿Cocinar para una celebridad, quizá? ¿René Higuita? ¿Brangelina? ¿César Bono? De pronto aparece una carroza tirada por un corcel, de la que desciende una joven pareja.

El embajador OBVIO no se presta para programitas de chisguete.

El embajador OBVIO no se presta para programitas de chisguete.

Él es Rhayne, diplomático mexicano. Ella es Alín, química en alimentos. Ellos… SON DETECTIVES. Bueno, no, son novios y se besan sus partes. Ruquette Michel los presenta con los concursantes, diciéndoles que tienen el gran compromiso de cocinarle un banquete de bodas a la feliz pareja. Que dejará de ser feliz una vez que estos saltimbanquis enciendan las hornillas, pero la vida es dura.

Tras una conmovedora historia sobre la entrega del anillo (que a nadie le importa), los novios van a ponerse guapos mientras todos preparan su show. El chef Herrera se cambia de nombre y se pone mamón en su guayabera salmón. “Esto no es una piñata, es una boda”, les advierte atronadoramente. La Finísima Esposa observa que esta es la única edición de MasterChef donde gritotean y amenazan a los concursantes ANTES de que la zurren. “No me van a hacer quedar mal aquí”, concluye el chef. Oh, qué equivocado está.

¿Boda? ¿O mejor dicho, "boda"?

¿Boda? ¿O mejor dicho, “boda”?

Healthy Diana dice que ella NUNCA le pediría a concursantes de MasterChef que prepararan el banquete de su boda. No, Diana, nunca le pedirías a concursantes de MasterChef MÉXICO que prepararan el banquete de tu boda. En otras ediciones suelen cursar estas pruebas comunales con mayor dignidad. Sí, hay uno que otro contratiempo, pero los participantes suelen estar listos para afrontar estos retos, pues han visto el programa con anterioridad. Lleva un buen rato al aire, ¿sabes? Sigue leyendo

FINÍSIMAS RESEÑAS: MASTERCHEF MÉXICO – EPISODIO 4

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Yo también tuve problemas con el tiempo, como Anette…

Antes que nada, UNA CARRETADA DE DISCULPAS. Fue una semana muy complicada, y por ello me retrasé tantos días con esta reseña, pero les juro que fue por una buena causa. Digamos que ese malvado empresario que quería arrasar con el parque donde juegan los niños del barrio para construir un centro comercial tendrá que buscarse una nueva ubicación. Fue una buena idea retarlo a un dance-off

Pero no nos desviemos. Admítanlo, lectores: me extrañaron. Estas reseñas se están volviendo como una de esas incómodas relaciones entre adictos y su dealer: quizá este último no sea la clase de persona con la que te gustaría convivir a todas horas, pero es un hecho que te da gusto verlo en sus interacciones recurrentes. Les pido me perdonen por hacerlos esperar tanto en esta ocasión, procuraré que no se repita más.

Un dato curioso: debo decirles que los alcances de estas reseñas ya han contagiado con su mala leche y peor gusto a gente relacionada con TV Azteca y MasterChef México. En efecto, no sólo me están siguiendo a últimas fechas personas que laboran en esa empresa televisora, y que leen mis comentarios crueles y corrientes con avidez… ahora también me sigue UNO DE LOS CONCURSANTES.

Ya hasta nos mandamos vidas en Candy Crush…

Ya hasta nos mandamos vidas en Candy Crush…

Aunque ustedes no lo crean, el mismísimo Ariel (aún sin apodo) me añadió como amigo en el Feis. Pero antes de seguir escribiendo la reseña, debo hacer una aclaración para todos ustedes. El hecho de que él (o cualquier otro participante de este programa) se haya vuelto mi lector, seguidor y/o “befo” NO CAMBIARÁ EN NADA EL TONO DE MIS RESEÑAS. Seré tan objetivo como he sido desde el principio, tan cruel en mis críticas y tan corriente en mis comentarios sobre las personas de quienes se prestaron a este sainete. Mi integridad es incuestionable, y es bien sabido que soy la clase de persona que no puede ser comprada con objetos materiales o dinero, ya no digamos con lisonjas que engrandezcan mi de por sí desbordado ego.

Hecha la aclaración, manos a la masa:

EPISODIO 4: ¡TACOS, JOVEN!

Mandilette Michel y los jueces.

Mandilette Michel y los jueces.

Tras la predecible eliminación de Flacomemo, los Chefspirantes vuelven a la Cocina MasterChef Colombia Subarrendada al Ajusco©. Aburridette Michel les da la bienvenida a los remanentes. El chef Herrera, la chef Betty y el chef Molina están presentes para el reto de la caja misteriosa. Alan Gump dice que le gustaría poder cocinar “un conejo o un pato”, en la mejor tradición de Elmer J. Fudd. Herrera le pregunta a Luis El Virgen qué cree que vayan a encontrar dentro de la dichosa caja. Le responde que “un ave, para desplumarla”, evidentemente pensando que hoy no le ha jalado el cuello al ganso.

Niño, déjese 'ai…

Niño, déjese ‘ai…

No, Luis El Virgen, tus onanistas fantasías tendrán que esperar, pues la caja contiene… masa, agua y una prensa para tortillas. Así es, los concursantes deberán manufacturar sus propias tortillas y preparar tacos. Por fin, una prueba que nos despierta genuinamente el apetito. Sigue leyendo

FINÍSIMAS RESEÑAS: MASTERCHEF MÉXICO – EPISODIO 3

Amigas y amigos que leen este sufrido blog, me faltan palabras para agradecerles su atención a los presentes escritos. Literalmente miles de ustedes conmiseran a través de mis reseñas y hacen más llevaderos los momentos en los que quiero arrojar objetos pesados a la pantalla de TV. Eso, para mí, cuenta. Así que ahí va una recapitulación más de un episodio que rebasó los límites de lo que significa ser un reality show para adentrarse en terrenos de ficción y fantasía.

EPISODIO 3: De Medellín a Manzanillo

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NOTA: No, no tengo idea acerca de la locación real donde se graba MasterChef México, pero es un hecho que es en Colombia y no en México. Así que ahórrense sus comentarios aclaratorios de “no, Antonio estás equivocado, tu reseña debería llamarse “De Bogotá/Calli/Cartagena a Manzanillo”, no los voy a pelar. Me gusta la aliteración en los títulos, ¿de acuerdo?

Los chefspirantes (bonito palabro) aterrizan en el Aeropuerto Internacional de Manzanillo, Colima, y de inmediato suben a sendos camionetones rumbo a una misteriosa prueba. Llegan a una marina donde abordan un par de botes de pesca y se alistan para tres horitas de un viaje por la mar, ¿qué podría salir mal?

Mucho, de hecho…

Mucho, de hecho…

Los ocupantes de los yates pesqueros lucen sus estorbosos chalecos salvavidas mientras aprestan la captura de especies marinas. Se respira un ambiente relajado, jovial, tranquilo… demasiado tranquilo. De pronto los ocupantes de uno de los botes señalan hacia la otra embarcación. ¿Humo? ¿Ya tan temprano se pusieron a quemar la comida estos ignaros? ¡No! ¡FUEGO!

Y ese humo después se convirtió en el monstruo de 'Lost'.

Y ese humo después se convirtió en el monstruo de ‘Lost’.

En efecto, estamos a punto de ver una de las secuencias televisivas peor realizadas en la historia de TV Azteca. Y ojo, estamos hablando de la empresa responsable por la telenovela ‘Tres Veces Sofía’.

Las tres etapas de All-Bran: estreñimiento, evacuación dolorosa y alivio.

Las tres etapas de All-Bran: estreñimiento, evacuación dolorosa y alivio.

Las cámaras a bordo del yate humeante muestran a algunos de los concursantes saltando al agua para salvar sus vidas. Todo luce tan natural como los senos de Sabrina Sabrok. De pronto empiezo a desear que alguien entre los náufragos tenga alguna herida abierta para que la sangre atraiga a los tiburones, terminando así con esta farsa estúpida e innecesaria. En el otro bote la seño Gina exclama: “¡Se está quemando el barco!” ¡Ay, seño Gina! Usted nos cae rebién, pero su actuación apesta. “Y quién los va a rescatar?”, pregunta Tianne.

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FINÍSIMAS RESEÑAS: MASTERCHEF MÉXICO – EPISODIO 2

Ventaja

Primero que nada, gracias totales por su paciencia para recibir esta entrega (se retrasó un poco por el trabajo y por un ataque repentino del mal de puerco tras comer deliciosamente aquí), pero más aún por la impresionante respuesta que mostraron a la reseña del primer episodio. En un principio tenía reservas de dedicarle más de 5,000 palabras escritas a un reality show cuyas limitaciones (autoimpuestas) eran tan evidentes, pero ustedes me demostraron que siempre había disposición y mercado para consumir chistes de mal gusto acerca de medios que demuestran tener aún peor gusto que el mío.

En fin, vamos al siempre difícil segundo episodio. ¿Por qué difícil? La cosa es así: los programas de telerrealidad generalmente muestran sus cartas más fuertes en su debut, pues es donde se extraen las “risas fáciles”, en este caso provenientes de los concursantes rechazados por ineptos, ridículos o simplemente desubicados en torno al valor real de su talento: el modelete que le exprimió dos kilos de limones a su salsa, el chavillo que sudó sobre sus macarons o el bombero chillón son ejemplos claros.

Para la segunda emisión ya vamos a conocer la mecánica regular y los procedimientos de eliminación que privarán durante el resto del programa, aplicados a concursantes que, en teoría, son la flor y la nata de los miles de aspirantes convocados. ¿Logrará MasterChef México cautivarnos con este ritmo regular de concurso? Sólo hay una forma de saberlo…

EPISODIO 2: MOLE, AUNQUE NO MOLE

Annette Michele nos da un repaso del número anterior donde menciona que “sólo los mejores fueron elegidos”, pero curiosamente incluyen en el montaje varios platos perdedores (el pescado ahogado en salsa del modelete) o con presentación espantosa. Estos editores son unos loquillos. También vemos la casa donde vivirán los concursantes, así como un exterior de la cocina de MasterChef México. QUE EN REALIDAD SON LA CASA Y LA COCINA DE MASTERCHEF COLOMBIA. ¿Por qué? Este programa se ha llenado el “tragamaiz” de abogar por los valores, tradiciones y preponderancia de la cocina mexicana a nivel mundial, y sin embargo todo indica que una buena parte de su realización se llevará a cabo en tierra extranjera.

Una bola de maletas arrastrando una bola de maletas.

Una bola de maletas arrastrando una bola de maletas.

Aquí es donde algunos de ustedes se sorberán los mocos y alegarán con plena ignorancia que el hecho de estar en Colombia no importa, que sólo están aprovechando las instalaciones preexistentes en lo que ven si el producto “jala” con los televidentes mexicanos y qué sé yo cuántas excusas más. Verán, mi problema no estriba en el hecho de grabar en instalaciones colombianas. La casa está muy bonita, y la cocina está bien montada. No, el problema estriba más bien en la frescura de los productos, y específicamente en los productos MEXICANOS que se utilizarán como ingredientes en muchas de las preparaciones. Perdón, pero me sentiría más a gusto sabiendo que los jueces basan sus apreciaciones en la labor de concursantes que pudieron echar mano de los mejores epazotes, huitlacoches, chapulines, xoconostles (¡abrazo, Ruys!), quelites, nopales (¡abrazo, lectores!), cotijas y chorizos verdes toluqueños. Saber que muchos de los ingredientes han sido transportados desde muy lejos y/o congelados para fines de que lleguen a su destino le resta algo de legitimidad a este rollo. ¿Estoy equivocado?

“Bienvenidos a MasterChef Colomb… eh… ¿México, por vía de Barranquilla?”

En fin, Annette Michel nos dice otras cosas más pero la música de fondo es tan fuerte que no le entendimos casi nada. En serio, la mezcla de audio en la transmisión HD de TV Azteca está tan torpemente manejada que tapa los diálogos de la presentadora. Que en este caso se aprecia, la verdad, pues hay plantas de ornato que aportarían más que la pobre Annette en lo que a conducción se refiere. Los concursantes son recibidos en la cocina MasterChef y les dan chance de recorrerla de arriba a abajo, con fines de familiarización.

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FINÍSIMAS RESEÑAS: MASTERCHEF MÉXICO – EPISODIO 1

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Una vez que se terminó la saga de Crepúsculo, me encontré preguntándome qué clase de reseñas “a la ligera” podía realizar para seguir alimentando este blog, desde entonces caído en una inanición marca Anahí. El problema es que las películas en oferta no me ofrecían lo que yo estaba buscando: el ingrediente de “amo odiar esto” y la regularidad en las entregas.

Sin embargo este pasado domingo descubrí un perfecto vehículo para verter mis abyectas invectivas (“¡Al BatiDiccionario, Robin!”) con la necesaria frecuencia para ustedes, inexplicables consumidores de mis estultos contenidos: MasterChef México.

En mi casa (que no es la de ustedes, pues ya se habrían bebido todo el alcohol y robado la plata fina para empeñarla) somos asiduos aficionados a los programas televisivos de 2p4kircocina. Sobra decir que si Gordon Ramsay, Anthony Bourdain o Curtis Stone aparecen en la pantalla, lo más seguro es que nos quedemos viéndolos con atención cuasi hipnótica hasta que decreten un ganador o insulten a alguien (en el caso de Ramsay, obvio). Y las diversas ediciones internacionales de MasterChef llevan años figurando entre nuestras favoritas. El hecho de ver que existía una versión mexicana del programa nos entusiasmó sobremanera, en parte por la abundante riqueza gastronómica de nuestra vapuleada nación, pero también por una larga historia personal en eso del sibaritismo y la tragazón diversa.

¡Oh, sorpresa! Tras unos minutos de ver el programa, comencé a encontrarle múltiples peros que me parecieron inadmisibles en algo que, después de todo, se basa en un producto preexistente, con más de 40 versiones alrededor del mundo y que no parecía necesario modificar para el consumo local.

Así pues, comienzan estas reseñas. Sobra decir que están llenas de SPOILERS, así que ni te molestes en leerlas si quieres conservar el suspenso en torno a cada episodio. Peor aún: abundarán en bilis, sarcasmo, humor negro, feos modos, palabrotas, chistes estúpidos, críticas destructivas y enfoques políticamente incorrectos. Pero vamos, hasta de la mala leche se puede hacer un requesón decente, así que si no te espantan esta clase de contenidos y tienes mucho tiempo libre (cuando escribo me voy como hilo de media), podrás aprovechar cada recapitulación como una apreciada catarsis. En fin: vamos culo, a padecer…

EPISODIO 1: LA AMENAZA FANTASM… eh… AZTECA

Lo siento, amigos y ex colegas de la UIC que trabajan o trabajaron en “la televisora del Ajusco” (sobadum phrasae): los valores de producción predicados por esta empresa y su Eléktriko dueño son más bien chafitas. Si Televisa y el Tigre Azcárraga se ufanaban de hacer “televisión para jodidos”, don Ricardo Salinas Priego (próximamente Ricardo Salinas PVEM-ego, en deferencia a su mejor anunciante) parece inspirado en la premisa de que él puede acaparar el mercado de “los jodidos que le ayudan con el quehacer a los jodidos que consumen Televisa”, y ahorrarse muchos más pesos en el proceso.

Lo anterior es algo difícil de describir, pero definitivamente se siente al hacer las odiosas (pero obligadas) comparaciones con otros MasterChef en el mundo. Estábamos a la mitad del primer episodio cuando Bastian (14 años), el hijo de Finísima Esposa que ella acordó arrendarme con opción a compra, entró a la habitación y preguntó, sin dejo de ironía: “¿Es MasterChef? ¿Por qué se ve tan chafa?”. Ojo, está acostumbrado a jugar Minecraft entre partidas de League of Legends en la compu, mientras ve videos de Twitch en el iPad y pelea con dos gatitos, así que cuando algo capta su dispersa atención de esta forma, estamos hablando de una calidad particularmente deslucida.

Esto salta un poco más a la vista porque varias escenas del primer episodio fueron grabadas en Colombia. Sí, los colombianos tuvieron MasterChef antes que nosotros, así que tal parece que nos prestaron sus instalaciones en lo que hacíamos las nuestras en México o algo. Por desgracia no nos prestaron también a la presentadora, Claudia Bahamon…

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Que no es fea, vamos…

Ah, pero acá tenemos a Annette Michel, quien es francamente guapa pero habla como si… estuviera… dictándole una… frase… prolongada a… una clase llena de… niños que padecen TDA/H.

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“Es que… me dictan… todos mis… diálogos… porque pensar es… complicado…”

Ella nos indica que están buscando “al mejor cocinero aficionado de México”. Imagino que el reality para encontrar “al mejor neurocirujano aficionado de México” aún no es viable, pero es cosa de darles tiempo. Los 300 aspirantes preseleccionados en castings por “toda la República Mexicana” (aunque después nos enteraremos que de plano se saltaron todo el norte del país) se reúnen en el Centro Ceremonial Otomí para preparar sus chimoles al rayo del sol.

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Luchando contra el reloj horrible de Chedraui

La concurrencia es de lo más variopinta: hay jóvenes con granos en la cara, abuelitos chapeados, tamaleras, miembros del clero, indígenas, fresas, un aficionado al motociclismo que se hace llamar “Biker” (a quien por fortuna no veremos más, pero aún así le hicieron su inexplicable capsulita), tipos con máscara de luchador, amas de casa y creo que hasta me pareció ver a algún cantantillo frustrado de ‘La Academia’, quizá buscando pegarla en otro rubro de la telerrealidad… (SIGUE LEYENDO)

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FINÍSIMA RECETA: FINÍSIMOS CAMARONES AL CARBÓN

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Animado por el éxito del podcast Gastronomicast en Junkie y por la interacción obtenida a través de mi regreso a colaborar activamente en un portal web, he decidido revivir una vez más, cuál mítico fénix, este blog olvidado de la mano de Elvis. ¿Y qué mejor que hacerlo con algo que les aporte algo nuevo a sus aburridas vidas y un poco de sabor a sus paladares afectados por Lonchibon? Venga una Finísima Receta. 

No hay motivo de queja: este platillo es de lo mejor de mi limitado repertorio. Cubre todos los requisitos de mamonaje que el que escribe acostumbra cultivar en su vida diaria. Logra impresionar a propios y extraños. Te permite lucimiento personal cuando recibes los elogios de quienes lo prueban. Sabe divinamente, gracias a que su ingrediente base ha sido besado por las llamas. Y más aún: hasta un simio mal entrenado podría preparar este manjar. Por eso es que hoy comparto (fanfarrias, redobles y coros angelicales)… ¡FINÍSIMOS CAMARONES AL CARBÓN!

“Pero Toño,” exclamarán muchos de ustedes con sus expresiones de limitado mundo, “los camarones se comen en cocteles con haaaaarrrrrrta salsa capsu, empanizados o en tortitas ahogadas en el mole de los romeritos navideños”. Claro, porque muchos de ustedes son unos pocopaseados y unos naquetes sin remedio. Pero los más sofisticados entre la plebe (ustedes saben quienes son) están al tanto de que los camarones, además de ser buenos como materia de albur, saben divinamente en otras preparaciones. Así que atención.

¿Qué camarones comprar? Esto lo define tu bolsillo. Los camarones suben de precio a medida que suben de tamaño, como los senos de solución salina. Yo compré unos de un tamaño bastante decente (camarones, no senos postizos), sin ser esos monstruos que pasan por langostinos. Además busqué unos que ya venían pelados y desvenados, pues soy un completo haragán. Pero la disponibilidad, precio y tamaño de este crustáceo decápodo varía según dónde estés, así que lo dejo a tu elección. Mientras el camarón elegido pueda atravesarse con una brocheta sin partirse en dos, vas de gane.

Ahí va. Esta receta rindió para tres porciones generosas, pues éramos su servidor, la Finísima Esposa y El Bebo (13 años, buen diente).

INGREDIENTES

  • 24 Camarones (estos eran U16/20, creo. Salieron como 8 por comensal)
  • 3 limones amarillos grandes
  • 3/4 de una botella de 600ml de 7UP (ustedes calculen cuántos ml, si les mata la curiosidad)
  • Media barra de mantequilla sin sal
  • 2 cdas de ajo en polvo (el mío tenía perejil deshidratado, va muy bien)
  • 2 cdas de hojuelas de chile
  • 1 cda de azúcar
  • Sal y pimienta al gusto
  • Cebollín, para decorar

También necesitarás:

  • Asador (de gas o carbón, pero prefiero el último)
  • Charola metálica
  • Brochetas de bambú

PREPARACIÓN

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Primero pongan a remojar las brochetas de bambú en agua, durante media hora aproximadamente. Esto evita que la madera se incendie una vez que estén sobre el fuego del asador. La idea aquí es ir ensartando los camarones con dos brochetas: una de ellas atravesando la parte de mayor grosor, cercana a donde estaría la cabeza, y otra cerca de la cola. ¿Por qué dos brochetas? Para poder voltearlos fácilmente sin que  los ingredientes giren sin control. Soy un genio, lo sé.

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También puedes (y debes) encender el carbón de una vez, dejando la mitad del asador con brasas al rojo y la otra mitad vacía (después les explico por qué). Si quieres aprovechar para ir asando unas verdurillas, todo bien. Es una forma de engañar al organismo para que crea que eres persona sana.

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Volvamos al brocheteo. El secreto es ir poniendo los camarones de forma alterna, y bien pegaditos: uno con la cola a la izquierda y otro con la cola a la derecha. Imagínate a Galilea Montijo vista de espaldas al caminar… cola a la izquierda, cola a la derecha, cola izquierda, cola derecha, izquierda, derecha… Obtendrás una masa compacta de camarón, como si fuera un grueso steak. O como si fuera el trasero de Galilea Montijo, de hecho. Esto facilita que la cocción sea uniforme. 

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Ya que tienes las brochetas armadas, espolvoréalas con una finísima capa de azúcar. Puede ser azúcar mascabado, morena o refinada. Jamás azúcar glass. Esta leve cobertura dulce se va a caramelizar al contacto con el calor de las brasas, dando una cubierta doradita que contrasta muy bien con el sabor del camarón. Háganme caso, no se arrepentirán.

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La salsa es sencillez pura, pues toda se prepara en una de las charolas metálicas. Comencemos por mantequilla. Sin sal, preferentemente, porque los camarones tienden de por sí a ser saladitos. Creo que porque viven sus vidas en el mar, o algo. Añadan el jugo de los limones, exprimidos como exprime el SAT al contribuyente clasemediero. Si se van semillas en el jugo, quítenlas en el acto. Una de mis tías me dijo en alguna ocasión que si te tragas una semilla, después te puede crecer un árbol frutal en la panza, así que mejor no correr riesgos innecesarios.

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El resto del líquido viene de un simple refresco de limón, en este caso 7UP. También se vale usar Sprite, Yoli o hasta una Mundet blanca, el chiste es que sea sabor limón o lima-limón. NO USES REFRESCO DE DIETA, por ningún motivo, pues terminarás con un sabor amargo que echará a perder la salsa. 

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Añade la sal de ajo o ajo en polvo. También pudiste poner ajo fresco, finamente picado, pero quiero resaltar lo sencilla que es esta preparación. Y tampoco me quería dejar las manos oliendo a ajo porque me esperaba una larga tarde escribiendo, y luego mi compu apesta. Seguro habrá algo de efervescencia cuando añadas ajo en polvo o sal a la mezcla, pero eso es normal. Y extrañamente divertido, por razones que aún no puedo explicar.

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Ahora van las hojuelas de chile seco. Tampoco hay que poner muchísimas, es a gusto de cada quien, pero yo sugiero el monto que les indiqué en los ingredientes (siempre pueden añadir o quitar, según su tolerancia al picante). ¿Quieren usar chile fresco en rodajas? También se vale. Igual si cuentan con alguna salsa a la mano (tabasco, sriracha o hasta la que les sobró de los tacos). Se vale experimentar. Si lo hacen con su sexualidad, ¿por qué no con el salseo? Termina con sal y pimienta al gusto, y todo listo.

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Ahora sí, vamos al asador. El carbón ya estaba en su punto, así que es hora de poner la salsa al fuego. Aquí la razón de amontonar el carbón en una mitad del asador, dejando la otra mitad vacía. Esto crea un fuego indirecto que va a ser muy útil en unos momentos. Deja que la mantequilla se derrita y mueve un poco la salsa para que los ingredientes se integren a medida que llega el hervor.

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Cuando la salsa esté hirviendo, arrastra con cuidado (y con pinzas) el recipiente hacia la parte del asador donde no hay carbón. Se mantendrá calientita, lista para entrar en acción cuando sea requerida. Iba a hacer un comentario soez comparando esta salsa con esa amiga cariñosa que tenías en la universidad, siempre dispuesta a tus pasiones más lascivas, pero este blog es por demás decente.

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Llegó lo bueno: frota un poco de aceite vegetal en las rejillas del asador. Ya está listo para recibir a los invitados de honor, que reposan cubiertos de azúcar en la charola. 

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Coloca tus brochetas sobre el fuego. Escucharás el chisporroteo del azúcar al fundirse. El líquido contenido en las colitas de los camarones comenzará a calentarse y a escapar en un silbido lleno de burbujas y de sabor intenso. Los pájaros cantarán, las nubes se abrirán y un arcoiris se hará invitar a tu tarde perfecta. O al menos eso te parecerá, a medida que el aroma espectacular de proteínas al fuego comience a invadir tus nervios olfatorios. 

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Con camarones de este grosor (más o menos tan gruesos como mi dedo índice), tres minutitos por lado sobre el fuego es suficiente. Es mágico ver como su coloración pálida y sin chiste, como la de Ximena Sariñana, se pone colorada y apetitosa como la de Lola Ponce. Si tan sólo pudiéramos hacer eso con la Ximena Sariñana de verdad… pero no, no quiero darles ideas de prenderle fuego a esa monigota sin chiste. Concentrémonos en las viandas, mejor.

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Voltea los camarones. Mira qué hermosura. Ahora imagínate el aroma. ¡POR MANJARES COMO ESTE ES QUE LOS TERRORISTAS ODIAN A OCCIDENTE! Comer así es validar la democracia, básicamente.

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Ahora llegó el momento cumbre: tus camarones, besados por el fuego, están a punto de meterse a un jacuzzi. A UN JACUZZI DE SABOR.

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Toma las brochetas (con cuidado) y retira los camarones para meterlos de lleno en tu salsa, que se ha mantenido al margen estos minutos. A lo mejor se resisten un poco, pues la brocheta de bambú se ha expandido con el calor. Si unos palillos chinos no logran el cometido, prueba con las pinzas. 

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Ya que todos tus camarones estén en el recipiente con la salsa, llévala de vuelta al fuego. Deja que alcance un ligero hervor. Aquí se termina de cocinar tu espectacular creación. ¿Gordon Ramsay qué?

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Claro, tanta delicia flotando en el aire atrae a los animales, como hemos notado en recetas anteriores. No se dejen conmover por las miradas hambrientas. Este manjar es caro, y las bestias no están para apreciarlo. Además la Licenciada Gladys de Recursos Humanos es una perrilla bastante naca, rescatada de las crueles calles, por lo que sé de buena fuente que disfruta más de los tamales que de los pescados y mariscos finos. Ni modo, Licenciada Gladys, inútil tratar de conmoverme.

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Listo, hora de llevarnos los camarones a la mesa. ¿En qué servirlos? Deja volar tu imaginación. Quedan espectaculares sobre arroz blanco. La pasta es sumamente recomendable, también. O haz una cama de puré de papa y pónlos encima. ¿Odias los carbohidratos? Sírvelos sobre una mezcla de lechugas y espinacas, si ésa es tu onda. No hay error. En este caso, la Finísima Esposa preparó linguini con tinta de calamar, con sólo un poquito de mantequilla y ajo. Los camarones arriba, salseados a gusto de cada comensal. Termina el plato con cebollín picado finamente, para que parezca que sabes lo que estás haciendo. Simpleza y perfección.

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¿Maridajes sugeridos? Un buen vino blanco o rosado, o hasta un tinto afrutadillo. Pero yo tenía un refri lleno de Stella Artois, así que decidí hacerle los honores. Toma un buen trozo de baguette y mójalo en la salsa. No darás crédito a tus papilas gustativas. Y si aún así esto se te hace complicado, buenas noticias: Maruchan espera tu regreso con brazos abiertos, grandísimo palurdo. ¡Buen provecho!

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Oh, leve detalle: no olvides la verdura al fuego. En fin, nadie es perfecto…