FINÍSIMAS RESEÑAS: MASTERCHEF MÉXICO – EPISODIO 6

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Hoy me siento tan mal con ustedes como Carmen frente a los jueces…

“¿Otra vez tarde con la reseña, Toño?” Otra vez tarde con la reseña, Finísimos Lectores. Estoy en medio de mudanzas, frilanzas (bonito palabro) y dolores de panza, los últimos provocados precisamente por el aborto de episodio que MasterChef México nos regaló esta semana. ¿Pero para qué preambular? A lo que te truje, lencha…

EPISODIO 6: UNA TAMALERA EN APUROS (sólo en cines)

Los Chefspirantes llegan a la cocina, y Alan cuenta a la cámara que han estado hablando las cosas entre ellos para que no haya rencores después de los ríspidos incidentes del episodio previo. La Ballena de la Premonición salta sobre las aguas y nos salpica con gotas de AHORA VA A SER PEOR. En fin, arrancamos con OTRO regaño de los chefs a los presentes, quienes un día van a acabar reaccionando como perritos ante un periódico enrollado. Dicen que hasta el momento les habían estado perdonando todas sus pendexadas (¿presentarse al casting, por ejemplo?), pero que se acabaron las contemplaciones. Menos mal, porque hemos visto cada platillo por ahí… estoy casi seguro que Gabriela presentó unos panes Bimbo remojados en La Lechera durante un reto previo.

El chef Benito y su fiel bigote nos anuncian que en este reto de Caja Misteriosa solo van a elegir los TRES platillos más interesantes para sacar un ganador. Marlene hace algo de aritmética rápida sotto voce: “Ya no son seis, ni cinco, son tres…” ¡No tan rápido, Alicia Villarreal de las hornillas!

"Corro el punto decimal, divido entre seis, le resto el número que pensé…"

“Corro el punto decimal, divido entre seis, le resto el número que pensé…”

[CORRO POR UNA CALCULADORA PARA COTEJAR SU CÁLCULO] Sigue leyendo

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FINÍSIMAS RESEÑAS: MASTERCHEF MÉXICO – EPISODIO 3

Amigas y amigos que leen este sufrido blog, me faltan palabras para agradecerles su atención a los presentes escritos. Literalmente miles de ustedes conmiseran a través de mis reseñas y hacen más llevaderos los momentos en los que quiero arrojar objetos pesados a la pantalla de TV. Eso, para mí, cuenta. Así que ahí va una recapitulación más de un episodio que rebasó los límites de lo que significa ser un reality show para adentrarse en terrenos de ficción y fantasía.

EPISODIO 3: De Medellín a Manzanillo

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NOTA: No, no tengo idea acerca de la locación real donde se graba MasterChef México, pero es un hecho que es en Colombia y no en México. Así que ahórrense sus comentarios aclaratorios de “no, Antonio estás equivocado, tu reseña debería llamarse “De Bogotá/Calli/Cartagena a Manzanillo”, no los voy a pelar. Me gusta la aliteración en los títulos, ¿de acuerdo?

Los chefspirantes (bonito palabro) aterrizan en el Aeropuerto Internacional de Manzanillo, Colima, y de inmediato suben a sendos camionetones rumbo a una misteriosa prueba. Llegan a una marina donde abordan un par de botes de pesca y se alistan para tres horitas de un viaje por la mar, ¿qué podría salir mal?

Mucho, de hecho…

Mucho, de hecho…

Los ocupantes de los yates pesqueros lucen sus estorbosos chalecos salvavidas mientras aprestan la captura de especies marinas. Se respira un ambiente relajado, jovial, tranquilo… demasiado tranquilo. De pronto los ocupantes de uno de los botes señalan hacia la otra embarcación. ¿Humo? ¿Ya tan temprano se pusieron a quemar la comida estos ignaros? ¡No! ¡FUEGO!

Y ese humo después se convirtió en el monstruo de 'Lost'.

Y ese humo después se convirtió en el monstruo de ‘Lost’.

En efecto, estamos a punto de ver una de las secuencias televisivas peor realizadas en la historia de TV Azteca. Y ojo, estamos hablando de la empresa responsable por la telenovela ‘Tres Veces Sofía’.

Las tres etapas de All-Bran: estreñimiento, evacuación dolorosa y alivio.

Las tres etapas de All-Bran: estreñimiento, evacuación dolorosa y alivio.

Las cámaras a bordo del yate humeante muestran a algunos de los concursantes saltando al agua para salvar sus vidas. Todo luce tan natural como los senos de Sabrina Sabrok. De pronto empiezo a desear que alguien entre los náufragos tenga alguna herida abierta para que la sangre atraiga a los tiburones, terminando así con esta farsa estúpida e innecesaria. En el otro bote la seño Gina exclama: “¡Se está quemando el barco!” ¡Ay, seño Gina! Usted nos cae rebién, pero su actuación apesta. “Y quién los va a rescatar?”, pregunta Tianne.

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FINÍSIMAS RESEÑAS: MASTERCHEF MÉXICO – EPISODIO 2

Ventaja

Primero que nada, gracias totales por su paciencia para recibir esta entrega (se retrasó un poco por el trabajo y por un ataque repentino del mal de puerco tras comer deliciosamente aquí), pero más aún por la impresionante respuesta que mostraron a la reseña del primer episodio. En un principio tenía reservas de dedicarle más de 5,000 palabras escritas a un reality show cuyas limitaciones (autoimpuestas) eran tan evidentes, pero ustedes me demostraron que siempre había disposición y mercado para consumir chistes de mal gusto acerca de medios que demuestran tener aún peor gusto que el mío.

En fin, vamos al siempre difícil segundo episodio. ¿Por qué difícil? La cosa es así: los programas de telerrealidad generalmente muestran sus cartas más fuertes en su debut, pues es donde se extraen las “risas fáciles”, en este caso provenientes de los concursantes rechazados por ineptos, ridículos o simplemente desubicados en torno al valor real de su talento: el modelete que le exprimió dos kilos de limones a su salsa, el chavillo que sudó sobre sus macarons o el bombero chillón son ejemplos claros.

Para la segunda emisión ya vamos a conocer la mecánica regular y los procedimientos de eliminación que privarán durante el resto del programa, aplicados a concursantes que, en teoría, son la flor y la nata de los miles de aspirantes convocados. ¿Logrará MasterChef México cautivarnos con este ritmo regular de concurso? Sólo hay una forma de saberlo…

EPISODIO 2: MOLE, AUNQUE NO MOLE

Annette Michele nos da un repaso del número anterior donde menciona que “sólo los mejores fueron elegidos”, pero curiosamente incluyen en el montaje varios platos perdedores (el pescado ahogado en salsa del modelete) o con presentación espantosa. Estos editores son unos loquillos. También vemos la casa donde vivirán los concursantes, así como un exterior de la cocina de MasterChef México. QUE EN REALIDAD SON LA CASA Y LA COCINA DE MASTERCHEF COLOMBIA. ¿Por qué? Este programa se ha llenado el “tragamaiz” de abogar por los valores, tradiciones y preponderancia de la cocina mexicana a nivel mundial, y sin embargo todo indica que una buena parte de su realización se llevará a cabo en tierra extranjera.

Una bola de maletas arrastrando una bola de maletas.

Una bola de maletas arrastrando una bola de maletas.

Aquí es donde algunos de ustedes se sorberán los mocos y alegarán con plena ignorancia que el hecho de estar en Colombia no importa, que sólo están aprovechando las instalaciones preexistentes en lo que ven si el producto “jala” con los televidentes mexicanos y qué sé yo cuántas excusas más. Verán, mi problema no estriba en el hecho de grabar en instalaciones colombianas. La casa está muy bonita, y la cocina está bien montada. No, el problema estriba más bien en la frescura de los productos, y específicamente en los productos MEXICANOS que se utilizarán como ingredientes en muchas de las preparaciones. Perdón, pero me sentiría más a gusto sabiendo que los jueces basan sus apreciaciones en la labor de concursantes que pudieron echar mano de los mejores epazotes, huitlacoches, chapulines, xoconostles (¡abrazo, Ruys!), quelites, nopales (¡abrazo, lectores!), cotijas y chorizos verdes toluqueños. Saber que muchos de los ingredientes han sido transportados desde muy lejos y/o congelados para fines de que lleguen a su destino le resta algo de legitimidad a este rollo. ¿Estoy equivocado?

“Bienvenidos a MasterChef Colomb… eh… ¿México, por vía de Barranquilla?”

En fin, Annette Michel nos dice otras cosas más pero la música de fondo es tan fuerte que no le entendimos casi nada. En serio, la mezcla de audio en la transmisión HD de TV Azteca está tan torpemente manejada que tapa los diálogos de la presentadora. Que en este caso se aprecia, la verdad, pues hay plantas de ornato que aportarían más que la pobre Annette en lo que a conducción se refiere. Los concursantes son recibidos en la cocina MasterChef y les dan chance de recorrerla de arriba a abajo, con fines de familiarización.

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FINÍSIMAS RESEÑAS: MASTERCHEF MÉXICO – EPISODIO 1

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Una vez que se terminó la saga de Crepúsculo, me encontré preguntándome qué clase de reseñas “a la ligera” podía realizar para seguir alimentando este blog, desde entonces caído en una inanición marca Anahí. El problema es que las películas en oferta no me ofrecían lo que yo estaba buscando: el ingrediente de “amo odiar esto” y la regularidad en las entregas.

Sin embargo este pasado domingo descubrí un perfecto vehículo para verter mis abyectas invectivas (“¡Al BatiDiccionario, Robin!”) con la necesaria frecuencia para ustedes, inexplicables consumidores de mis estultos contenidos: MasterChef México.

En mi casa (que no es la de ustedes, pues ya se habrían bebido todo el alcohol y robado la plata fina para empeñarla) somos asiduos aficionados a los programas televisivos de 2p4kircocina. Sobra decir que si Gordon Ramsay, Anthony Bourdain o Curtis Stone aparecen en la pantalla, lo más seguro es que nos quedemos viéndolos con atención cuasi hipnótica hasta que decreten un ganador o insulten a alguien (en el caso de Ramsay, obvio). Y las diversas ediciones internacionales de MasterChef llevan años figurando entre nuestras favoritas. El hecho de ver que existía una versión mexicana del programa nos entusiasmó sobremanera, en parte por la abundante riqueza gastronómica de nuestra vapuleada nación, pero también por una larga historia personal en eso del sibaritismo y la tragazón diversa.

¡Oh, sorpresa! Tras unos minutos de ver el programa, comencé a encontrarle múltiples peros que me parecieron inadmisibles en algo que, después de todo, se basa en un producto preexistente, con más de 40 versiones alrededor del mundo y que no parecía necesario modificar para el consumo local.

Así pues, comienzan estas reseñas. Sobra decir que están llenas de SPOILERS, así que ni te molestes en leerlas si quieres conservar el suspenso en torno a cada episodio. Peor aún: abundarán en bilis, sarcasmo, humor negro, feos modos, palabrotas, chistes estúpidos, críticas destructivas y enfoques políticamente incorrectos. Pero vamos, hasta de la mala leche se puede hacer un requesón decente, así que si no te espantan esta clase de contenidos y tienes mucho tiempo libre (cuando escribo me voy como hilo de media), podrás aprovechar cada recapitulación como una apreciada catarsis. En fin: vamos culo, a padecer…

EPISODIO 1: LA AMENAZA FANTASM… eh… AZTECA

Lo siento, amigos y ex colegas de la UIC que trabajan o trabajaron en “la televisora del Ajusco” (sobadum phrasae): los valores de producción predicados por esta empresa y su Eléktriko dueño son más bien chafitas. Si Televisa y el Tigre Azcárraga se ufanaban de hacer “televisión para jodidos”, don Ricardo Salinas Priego (próximamente Ricardo Salinas PVEM-ego, en deferencia a su mejor anunciante) parece inspirado en la premisa de que él puede acaparar el mercado de “los jodidos que le ayudan con el quehacer a los jodidos que consumen Televisa”, y ahorrarse muchos más pesos en el proceso.

Lo anterior es algo difícil de describir, pero definitivamente se siente al hacer las odiosas (pero obligadas) comparaciones con otros MasterChef en el mundo. Estábamos a la mitad del primer episodio cuando Bastian (14 años), el hijo de Finísima Esposa que ella acordó arrendarme con opción a compra, entró a la habitación y preguntó, sin dejo de ironía: “¿Es MasterChef? ¿Por qué se ve tan chafa?”. Ojo, está acostumbrado a jugar Minecraft entre partidas de League of Legends en la compu, mientras ve videos de Twitch en el iPad y pelea con dos gatitos, así que cuando algo capta su dispersa atención de esta forma, estamos hablando de una calidad particularmente deslucida.

Esto salta un poco más a la vista porque varias escenas del primer episodio fueron grabadas en Colombia. Sí, los colombianos tuvieron MasterChef antes que nosotros, así que tal parece que nos prestaron sus instalaciones en lo que hacíamos las nuestras en México o algo. Por desgracia no nos prestaron también a la presentadora, Claudia Bahamon…

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Que no es fea, vamos…

Ah, pero acá tenemos a Annette Michel, quien es francamente guapa pero habla como si… estuviera… dictándole una… frase… prolongada a… una clase llena de… niños que padecen TDA/H.

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“Es que… me dictan… todos mis… diálogos… porque pensar es… complicado…”

Ella nos indica que están buscando “al mejor cocinero aficionado de México”. Imagino que el reality para encontrar “al mejor neurocirujano aficionado de México” aún no es viable, pero es cosa de darles tiempo. Los 300 aspirantes preseleccionados en castings por “toda la República Mexicana” (aunque después nos enteraremos que de plano se saltaron todo el norte del país) se reúnen en el Centro Ceremonial Otomí para preparar sus chimoles al rayo del sol.

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Luchando contra el reloj horrible de Chedraui

La concurrencia es de lo más variopinta: hay jóvenes con granos en la cara, abuelitos chapeados, tamaleras, miembros del clero, indígenas, fresas, un aficionado al motociclismo que se hace llamar “Biker” (a quien por fortuna no veremos más, pero aún así le hicieron su inexplicable capsulita), tipos con máscara de luchador, amas de casa y creo que hasta me pareció ver a algún cantantillo frustrado de ‘La Academia’, quizá buscando pegarla en otro rubro de la telerrealidad… (SIGUE LEYENDO)

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FINÍSIMAS RECETAS: Tartiflette Semipretenciosa

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Hola, Finísimos Lectores. Estoy volviendo poco a poco a este, su blog favorito (espero aún lo sea). Aprovechando que me ha dado por ir ensayando nuevas e insospechadas habilidades para la cocina, compartiré con ustedes otra Finísima Receta. Imagino que ya estarán hartos de tragar el Finísimo Chili, ¿cierto?

Así pues, prepárense a disfrutar otro delicioso platillo cortesía de este, su bloggero de confianza. Su preparación es sencilla. Su sabor, fuera de serie. Su impacto calórico, escandalizante. Damas y caballeros: Tartiflette.

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“Pero Toño”, exclamarás sorbiendo la nariz y abriendo la boca un poco más de lo normal, como suelen hacerlo los ignaros de tu especie, “eso suena exótico y desconocido, y mi paladar poco educado sólo llega a aventurarse cuando hay Festival Internacional de Pastas en el Vips más cercano a mi localidad”. No te intimides, estúpido lector o guapa pero tonturrona lectora: la Tartiflette no es más que una versión sublime de un sencillo plato de papas gratinadas. Claro, estas papas gratinadas saben como si los dioses del Olimpo acabaran de hacer el amor encima de ellas, así que prepárate a experimentar un coito gastronómico.

OK, quizá exagero, pero ya me conocen. El chiste es que este platillo te permitirá preparar algo que, en esencia, es común y corriente (como el blog), pero que te permite pasar por un sofisticado foodie con sólo mencionar algunos factoides pedantes ante la concurrencia. Puedes decir que la Tartiflette es un platillo de la Alta Saboya francesa. O que aunque parece una receta ancestral, en realidad fue inventada por un gremio de queseros de la región para impulsar el consumo del apestoso queso Reblochon durante los 80’s, y que el éxito rotundo le garantizó quedarse en los menúes de la gastronomía francesa. Quizá puedes presumir que probaste esta delicia después de una intensa mañana esquiando en las blancas nieves de Chamonix, y que te brindó energía para tirarte a una espía ucraniana. El chiste es elevar el factor bullshit al punto de que no se den cuenta de que estás sirviendo papas con queso y tocino, básicamente.

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Mommy Rotten

Hay algo que me inquieta sobremanera en el comportamiento de mi Finísima Familia, concretamente a nivel de mi madre y de mi hermano El Nel. Creo que tienen una extraña resignación a consumir alimentos echados a perder.

Me explico: en mi familia siempre ha existido un rechazo total y absoluto al desperdicio. Del lado de mi papá viene por el hecho de que mis abuelos pasaron las de Caín durante la Guerra Civil Española. Las condiciones de escasez, por no decir de hambruna, les pegaron duro a ambos abuelos. Cuenta la leyenda de que en los peores días, mi abuela se armó de valor y se robó un pollo de una granja vecina para alimentar a su familia, y que el trauma de matar al animalillo fue tal, que eso la orilló a rechazar el consumo de carne gallinácea por el resto de su vida.

Mi abuelo no la pasó mejor. Estuvo metido en un campo de concentración una vez que su bando perdió la contienda. La brutalidad de los vigilantes senegaleses, quienes acostumbraban robarles a los prisioneros la poca comida que llegaban a procurar, dio pié a que uno de los compañeros de barraca de mi abuelo Pepe fingiera haber sustraído una naranja de contrabando, envuelta en un pañuelo. Cuando uno de los guardias más malditos, un descomunal negro que hacía valer sus instrucciones a punta de culatazos, le quitó la “naranja” a aquel ingenioso gachupín, tuvo la mala fortuna de descubrir que dentro del pañuelo no había una jugosa fruta, sino una explosiva granada. Para que luego le cuenten a uno que dejarse llevar por la gula no necesariamente tiene malas consecuencias…

En fin, eso es por el lado paterno. Mi mamá, por su parte, es de esas personas predisupuestas a sufrir por todo el mundo y por todos los motivos. Ya les he contado de sus frecuentes rescates animales, convirtiendo la casa de mi niñez en una especie de ‘hospital de guerra’ para perros, gatos, aves, ardillas y algunos bichos cuya especie aún no nos queda del todo clara. Y con la gente es aún más sensible: continuamente desaparecen de la casa alteros de ropa, cajas y más cajas de despensa, enseres menores y toda clase de prendas y propiedades, casi siempre destinados a viejitos y viejitas, a niños indígenas que se encuentra pidiendo limosna en camellones o a simples extraños que ve “muy desarrapaditos” (su frase predilecta para explicar esas tendencias de Madre Teresa Región 4). Creo que hasta a algunos de mis amigos con más pinta de xodidos ha querido asistir con sus obras caritativas (no se ofendan, muchachos, es en buen plan). Sigue leyendo

Finísima Culinaria

LA NOTA DEL BORREGOTE: Un ejercicio creativo que me entretiene es llevar elementos cotidianos al terreno de lo pretencioso (seguro ya se habían dado cuenta, ¿no?). Y pocas cosas pueden llegar a ser tan pretenciosas como las críticas restauranteras. Así pues, decidí hacer una reseña gastronómica en base a un establecimiento no precisamente ubicado en el radar de los gourmands nacionales. Y me aventuré a convertirla en la crítica más mamona del mundo. En mi defensa, tenía insomnio y había bebido bastante. En fin, espero les agrade…

YOLA: ¿Simpleza sofisticada o sofisticación simplificada?

El ancestral ejercicio de introducir carne en un hoyo ha constituido un baluarte para el desarrollo de las civilizaciones desde que el género humano comenzó a aportar técnica al otrora orgánico acto de consumir alimentos en sus formas más elementales, ya fuera en crudo o mediante rudimentarios métodos de conservación como salazones y encurtidos. Por ende, es una tarea frustrante el buscar innovación y creatividad ahí donde los rígidos cánones de la tradición imponen su draconiana ley.

Es por ello que un dejo de curiosidad me abordó al escuchar frecuentes loas a la labor que hace la chef de cuisine (título honoris causa) Yolanda Zamudio de Gómez en su establecimiento, La Barbacoa de Yola. Seguramente se exageraba su pericia e inventiva a la hora de ofrecer al comensal las mínimas variaciones y sabores que se derivan de una carne tan suculenta como es el borrego, ¿o no? Después de todo, estamos hablando de comida cuyas raíces son más festivas que basadas en la cotidianeidad, así que el margen para la experimentación es más bien reducido, al menos en la praxis. ¿Qué podría estar haciendo la chef Yolanda – o Doña Yola, como insiste le llamen todos los asiduos a su establecimiento – para desmitificar una oferta estandarizada y típica?

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