Buscar sin encontrar

Hace unos días, un par de astrofísicos presumiblemente sobrios informaron al mundo respecto de una hipotésis que planteaba la existencia de un enorme planeta sin descubrir en los límites de nuestro sistema solar.

Incluso le dieron un nombre, Tyche, en honor de la diosa griega hermana de la diosa Némesis. Tyche es famosa principalmente por tener un publirrelacionista mucho menos efectivo que el que atiende a otros deidades mitológicas, a juzgar por su notable ausencia de pelis como Furia de Titanes. Pero no nos desviemos, el presunto planetota podría tener una masa dos veces mayor que la de Júpiter, así que estamos hablando de un objeto de dimensiones francamente descomunales.

Una vez que se descartó del todo la posibilidad, incluso remota, de que este planeta pudiese ser habitable (única razón por la que podemos tener interés en otros mundos) me surgió una duda inquietante. Si tenemos poderosos telescopios que andan descubriendo galaxias, nebulosas y estrellas a muchísimos años luz de distancia, ¿cómo es que apenas nos estamos enterando de la posible presencia de un cuerpo celeste más grande que la estupidez de algunos de nuestros políticos? Sigue leyendo

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Vocación y Profesión

Háganse un favor y vean esta película. Encierra muchas verdades existenciales...

“Siempre dije que te ibas a ganar la vida escribiendo”, fue la observación que mi hizo mi papá hace unas semanas. Estábamos enfrascdos en una de tantas discusiones respecto a lo que uno pintaba para ser de niño y lo que acabó siendo de grande, a raíz de que escuchamos a mi hija haciendo una (modestia de padre MUY aparte) competente interpretación de Shiny Happy People, de R.E.M. “No le fomentes el dedicarse a la cantada”, opinó mi mamá. Y es que deben saber que mi Finísima Madre equipara la vida del ambiente artístico como una profesión casi tan ruin como la cría de gatitos para alimentar boas.

El caso es que hay una enorme, enooooorme distancia entre lo que uno quiere ser de niño y lo que la vida acaba poniendo en nuestro Curriculum Prestae a la hora de abrirnos paso en el ámbito laboral. Después de la etapa inicial absurda de la tierna infancia, donde todos los mocosos y escuinclas eligen profesiones como “vaquero”, “astronauta”, “bailarina” y “doctora de mascotas” (el término “veterinario” no es tan atractivo, la verdad), hay una breve epifanía donde realmente razonamos nuestras perspectivas a futuro en algún campo de trabajo más realista.

En mi caso, de los 7 u 8 años como hasta los 14 quise ser biólogo marino. No tenía ni idea de cuánto ganaba un biólogo marino, claro, pero la perspectiva de ser un Cousteau Región 4 me sonaba tan espectacularmente idílico como para ignorar la posibilidad real de que mi destino final seguramente tiraría más a la realidad de un Steve Zissou. Piénsenlo bien: la jornada de trabajo inicia en traje de baño, involucra el andar flotando sobre arrecifes armado con un cuchillo muy matón (¡o de plano con un arpón o tridente!) y culmina con una cena de cangrejo rey o langostinos. ¿Brillante? ¡Claro que sí! ¿Porqué no seguí mis instintos? Sigue leyendo

Hablar en Público: Ese Asesino Silencioso

Hoy por la mañana, mi hija (Natalia, 7 años) impartió una conferencia magisterial para sus compañeritos de 2o.B. Bueno, si podemos considerar una “conferencia magisterial” al acto de hablar durante 3 minutos y 14 segundos sobre galletas. El tema es lo de menos, pero es perfectamente explicable para alguien que padece diabetes, además de que mi hija eminentemente sabe que los niños de su edad son mucho más receptivos a las variedades de confecciones horneadas que, digamos, a la situación actual de Libia, Egipto o Argelia. Natalia conoce a su audiencia, vamos.

El caso es que lo hizo muy bien. Habló con soltura, planteó preguntas al final para involucrar a la concurrencia y sólo se equivocó al decir que una forma de evitar que las galletas se peguen al hornearse es cubrir la charola o molde con mantequilla o “papel higiénico” (era “papel pergamino” en el original). Básicamente se desenvolvió con la soltura necesaria para comunicar su mensaje, y no pasó al frente hecha un manojito de nervios con trenzas y falda tableada.

Yo, claro está, me sentí de lo más orgulloso. Pero no por la conferencia en sí, que no me dijo nada nuevo sobre las galletas (miren, es mi hija, pero hay que ser objetivos), sino por el hecho de que va por buen camino para vencer ese célebre temor que aqueja a muchos seres humanos: hablar en público.

A mi me sorprende la estadística que reporta al acto de hablar en público como el temor social más común y manifiesto en el género humano. Me asombra aún más enterarme que el 92.7% de la humanidad padece de dicho temor. Y me desconcierta todavía más que ustedes crean que todas las estadísticas que cito en mi blog tienen alguna base científica real, pero no nos desviemos del tópico: la gente tiene miedo de hablar ante el escrutinio de más gente, y nadie hace nada por resolver este terrible azote de nuestra psique. Sigue leyendo

El Castigo

"¡Esto te va a doler mucho más a ti que a nosotros, Junior!"

Natalia se portó mal. No ahondaré mucho en la falta cometida, porque no viene al caso. Tratándose de una hija proveniente de semejante padre, es obvio que la razón de mi descontento hacia su proceder puede atribuirse al abuso de poder, la ingesta de algún alimento o bebida que no estaba autorizada a consumir, ruptura de juguetes, abuso de enseres electrodomésticos, incineración de insectos, extorsión o falseo de declaraciones. O todo lo anterior.

No obstante su herencia criminal, se impone un castigo. Y ahí es donde entramos en terrenos delicados. Hay muchas escuelas de pensamiento respecto a cómo se debe criar a los hijos, pero en materia de correctivos parece que la sociedad se divide en dos grandes grupos: los padres de la nueva era, Montessorianos y pacifistas, que se inclinan siempre al diálogo y a la conciliación. Y por otro lado, aquellos que recuerdan el cinturón paternal como una dolorosa pero efectiva herramienta para que los niños aprendan a alinearse por la vía correcta.

Ambos bandos están obviamente influenciados por lo que vivieron en carne propia cuando eran niños y se portaban mal. Aquí también hay división, pues los papás a quienes les recetaron sendas sesiones de castigo físico suelen comulgar con esa idea o rechazarla violentamente por las duras memorias presentes en la psique. No voy a proceder a hacer burla y mofa del abuso a menores, no se apuren (aún tengo un mínimo de conciencia, amigos), pero sí debo decir que la cuestión no es todo lo blanca ni todo lo negra que puede aparentar debido al divisionismo existente respecto al castigo.
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Y ahora, algo diferente…

No se me ocurrió otra imagen para abrir el post que un diseño exclusivo de mi próxima línea de Finísimas T-Shirts...

La idea era hacer un post sobre stalkers (status: 72% terminado), o terminar Toño Vs. El Doctor Parte 2 (status: 30% terminado), o presentar mi lista de musicales para machines (status: 59% terminado), o tomar algunas fotos más del tour fotográfico por la Mansión Sempere – México (status: 81% terminado), o convocar a los Finísimos Carnales para un Nuevo Finísimo Podcast (status: 2% terminado). Pero por otra parte tenía varias cuestiones menores en mi carpeta de Sobras Maestras, cuyos contenidos me interesa compartir con ustedes, así que vamos a darle curso a un post más tradicionalmente bloggero: un breve repaso de lo cotidiano, lo mundano y otras palabras terminadas en “ano”…

"Fútbol Fantástico" nada más no suena igual...

  • Para desgracia de su servidor y beneplácito de mi mujer, la temporada de la NFL se acerca a su fin. Mis San Francisco 49ers se quedaron en la orillita de pasar a playoffs, pero hay motivos para mostrarse optimistas de cara al futuro. Pero lo que más voy a extrañar una vez que expire el tiempo en el Super Bowl (7 de febrero, gracias a Ferrari1 por la aclaración) y hasta agosto de este año (cuando empiece la pretemporada 2010) será mi bienamado Fantasy Football. Esta temporada fue memorable en este renglón, ya que por primera vez desde que empecé a participar en este pasatiempo (allá por 1996) GANÉ en una liga. Siempre me había quedado en el “ya merito”, pero este año jugué en 3 ligas, cosechando un 3er lugar (en la Liga Sin Dinero Y Sin Vergüenza, la más tradicional), un segundo sitio (en la Nippix League organizada por El Sir) y un PRIMERÍSIMO SITIO en la liga de Facebook a la que me invitó mi cuairo ancestral Toto Checa (quien debería actualizar su blog más seguido). Esto puede no interesarle a nadie más que a mi, pero la verdad tenía que contárselo a alguien.
  • Editando voces en frío para el último podcast me encontré con unas rolas que grabé con Natalia mientras experimentaba con mi consola de audio a principios del año pasado. Hallé versiones inéditas de ambos interpretando Werewolves of London de Warren Zevon, Connected de Katherine McPhee y esta versión sui generis de un clásico: Dancing With Myself de Billy Idol. No le hagan llegar esta rola a Simon Cowell de American Idol, porque no nos lo vamos a quitar de encima con sus súplicas para que participemos en su “chou”… Sigue leyendo

¿Dónde está Toño?

Where'sToño

¿Qué tal? Soy su amigo Toño Sempere. Quizá me recuerden por blogs como “Paiki” o “el blog que están leyendo en este momento”. La última vez que aparecí por este lugar fue para subir un podcast, pero desde entonces me ha sido imposible actualizar Finísima Persona. Esto obedece a un sinnúmero de razones que, como es menester cada vez que ocurre un caso así, procederemos a repasar de una manera fresca, juvenil y divertida. O trillada:

1.    He estado trabajando. No se requiere de mayor explicación en este punto. Digo, porque TODOS los que participan en este blog (así sea escribiendo, comentando o tan sólo leyendo) sabemos lo que es el trabajo fecundo y creador, ¿cierto? ¿CIERTO? Ya me parecía…
2.    Visité mi alma mater. Para el 2% de los lectores de este blog que podemos calificar de “ignorantes”: no es albur. Me refiero a qué visité la UIC, donde cursé la carrera de Ciencias de la Comunicación y donde no me paraba desde hace siglos. La verdad ha cambiado muy poco, lo que habla muy bien de mi memoria nostálgica y muy mal de los Misioneros del Espíritu Santo, propietarios y administradores de la universidad. No noté casi nada de nuevas edificaciones, ni siquiera las que les sugerí en mi última visita. Nada del Aula Magna Antonio Sempere. Nada del Auditorio Magistral J.A. Sempere. La cancha grande de fútbol aún no ha sido convertida en el Coliseo Universitario Juan Antonio “Toño” Sempere. El área de parasoles de la cafetería, donde pasé la mayor parte de los ocho semestres entre fichas de dominó y quesadillas pisoteadas por cucarachas tamaño post-nuclear, aún no cuenta con una sombrilla bañada en bronce y una placa conmemorativa recordándole al alumnado que ahí se posó mi aplanado nalgamen. Vamos, ni siquiera han rebautizado a los equipos de panbol, básquet y americano como “Los Toños”. Tanto malagradecimiento me ha dejado un sabor amargo en la boca, a decir verdad.
3.    Natalia sigue cuestionando mi autoridad. Ya saben que mi hija tiende a ser tan necia en sus aseveraciones como su padre. Así que cualquier intercambio de palabras entre ambos suele desembocar en larguísimas controversias donde cada punto mío encuentra un contrapunto de ella a la mitad del camino, frenando el avance de ambas partes. Como muestra, uno de nuestros recientes diálogos:

NATALIA: Papá, cuando cumpla 17 años quiero ir a París…

TOÑO: Claro, hijita…

N: … para hacerme mosquetera.

T [que ya estaba al tanto de sus planes, vía Anilú]: ¿Mosquetera? ¿Qué es eso? ¿Vas a matar moscas?

N: Claro que no. Voy a pelear con una espada.

T: No puedes matar moscas con una espada.

N: ¡No voy a matar moscas! Voy a matar a los malos.

T: No vas a matar gente, ¿estás loca? Matar es malo.

N: Tú matas gente en Rainbow Six todo el tiempo.

T: Eso es un juego. No ando matando gente en la vida real. Además no te van a aceptar en los mosqueteros, no eres francesa.

N: Mi mamá habla francés. Ella me va a enseñar.

La Natush, perfeccionando el chantaje sentimental.

La Natush, perfeccionando el chantaje sentimental.

T [acorralado por la lógica de una niña de seis años]: Sí… eh… pero… tú me dijiste que querías ser patinadora.

N: Voy a ser patinadora y mosquetera. Y me voy a llamar Aramina.

T: Ese nombre no existe.

N: Sí existe, es la hija de Aramís.

T: ¿Dónde dice eso? Yo leí las novelas de Alexandre Dumas y NUNCA dicen que Aramis tuviera una hija. Es más, se metió a un monasterio al retirarse. Siempre sospeché que había algo raro en ese güey…

N: Lo vi en Barbie y Los 3 Mosqueteros.

T: Pero esa versión adaptada está fuera del cánon [lógica nerd]. Además, tú ya te llamas Natalia, no puedes cambiarte el nombre así nada más.

N: Sí puedo. Voy a ser Aramina Cincoseis.

T: Ese no es un apellido. Nada más juntaste tu edad actual y la anterior.

N: Así me voy a llamar…

T: ¡No puedes ponerte ese nombre! ¡Es ridículo!

N: Claro que no.

T: Claro que sí.

N: Claro que no.

T: Claro que sí.

N: Claro que no. Tú tienes un jugador en tu equipo que se llama Ochocinco

T: Eh… [recuerda que eligió a Chad Ochocinco en uno de sus equipos de Fantasy Football] pero… no deja de ser… además, no has acabado tu tarea.

N: No puedo acabarla. Está muy difícil.

T: Tráela para acá. Yo te ayudo.

N: Es de matemáticas…

T: Dile a tu mamá que te ayude… [que no es lo mismo que decirle “¡Que te ayude tu madre!”, aclaro]

Esto, aunque no lo crean, consume valiosos minutos de mi día.

¡Pura vida!

¡Pura vida!

4.    Estuve reacostumbrando mi organismo a la comida picante. Después de tanto tiempo fuera de México, tuve que reestrenar mi sistema digestivo para aguantar los fogosos ingredientes de la cocina mexicana. Me da gusto decir que mis papilas gustativas han retomado el buen ritmo que solían tener a mediados de los noventa, cuando podía tomar cucharadas de la salsa roja que usan en los suaderos de Charly (misma que es considerada un arma de destrucción masiva por los gastroenterólogos más reconocidos del orbe). Incluso he encontrado nuevos e interesantes productos para seguir desagringando mi paladar. Tal es el caso de esta mezcla de piquín, limón y jugo Maggi (derecha). ¡Qué hallazgo! Hasta que alguien logre inventar un iPod hecho a base de chichis, esta botellita contendrá la máxima creación del hombre moderno.
5.    Estoy editando el Chilaquilcast™. No se pueden quejar de los kilométricos “chous” de Finísimo Podcast: cada vez más produciditos, con más variedad de temas e invitados y disponibles en nuevos sitios de descarga (enorme labor, Yanagisawa, estás desquitando tu flamante nombramiento). Esperen la nueva producción durante el fin de semana. Además, estoy viendo de subir todo a iTunes, ténganme un módico de paciencia.
6.    Estuve viendo esta joya de video. Fue realizado por el buen Héctor Herrera, el mejor diseñador que haya pasado por estas sórdidas tierras, y que ahora se gana el jarabe de maple de cada día en gélido territorio canadiense. Para todos los nacos que se quejan de que ahora hay que pedir visa para quedarse a chambear allá, dénse un quemón de lo que se requiere no para subsistir, sino para destacar. ¡Se te extraña, Man!

7.    El Fútbol Americano está mermando mi existencia. Así es. Este deporte es como una mala mujer, pero que está más buena que Melyssa Ford: acaba conmigo, pero siempre caigo en sus méndigas redes. Mis 49ers arrancaron con el pié derecho pero el [censurado] Brett Favre y los [censurados] Vikingos nos sacaron un juego con dos [censurados] segundos en el [censurado] reloj. [censurado] [censurado] [censurado]. Y de postre, mis tres equipos de Fantasy Football han estado letárgicos, sufriendo ignominiosas derrotas a manos de noobs como El Sir (me las pagarás, lo juro). Pero ahí sigo…
8.    Grabé un Paikast®. Todo un deleite, pues tuve la oportunidad de compartir sendos micrófonos y heladas chelas con el Lic. Ruy, el irrepetible Macho Cabrío y el castísimo Wookie. No dejen de checar Paiki en breve, pues la tercera edición de este popularérrimo podcast está por subir. Tengo el gusto de decir que, pese a mi intervención, estuvo de poca madre.
9.    ¡Ya vi el rockumental de Anvil! Torrenteado, claro está. Imprescindible, en una palabra. Hay gente que nació para roquear, y que no se va a detener ante nada para vivir ese sueño. Ver a Lips (voz, lira) y a Robb Reiner (bataca) sufriendo ante otra desilusión profesional, preguntándose una y otra vez porqué otros encontraron éxito donde ellos sólo pueden experimentar fracaso, es una lección muy ojeis, pero siempre esperanzadora. No te tiene que gustar el metal. No te tiene siquiera que gustar la música. Si tan sólo te gustan las historias reales de güeyes como tú y como yo, dispuestos a sacrificar todo por aquello que más disfrutan hacer, tienes que ver este documental. Punto.

Bueno, banda borracha. Sigo reincorporándome de a poquito a este blog, tras la chamba pesada. Gracias por su atención y acá nos vemos.