Toño Vs. Twilight Parte 3 – ¡Eclipshit!

¡Hola amiguitous! Como ya es triste tradición en este blog, he sufrido una vez más en carne propia los horrores cinematográficos de la Saga de Crepúsculo, esta vez con la tercera instalación de este bodrio fílmico: Eclipse.

Notarán que es la primera vez que reseño la película antes de su estreno oficial. Y es que en mi interés por ser profesional y oportuno en la información, por pendeja que esta sea, logré agenciarme un pase doble para una función anticipada de Eclipse. La maniobra implicó contestar una complicada trivia por e-mail y hacerme pasar por mujer, pero sin ánimos de entrar en detalles les confieso que no es la primera vez que hago ninguna de las dos cosas. OK, no nos desviemos del tema…

Me apersoné con mis herramientas de trabajo (libretita de notas, pluma nueva, iPhone para tomar fotos cándidas de la concurrencia) en el Cinépolis TepiSur, una hora y cuarto antes de la función. La llegada tan temprano fue idea de mi esposa, fansss de Crepúsculo en todas sus formas mediáticas y firme creyente de que hay que apañar lugar en un sitio cómodo para estas funciones de aperre, so pena de tener que soplarse toda la peli con un caso agudo de tortícolis primerafilesca si uno no se pone vivo.

Mi esposa es la culpable responsable de que yo haya cometido el grave error de leer los libros y de chutarme las películas que se derivan de los mismos. Ella cree que debo estar agradecidísimo con su persona, pues mis posts sobre Twilight son de los más populares en el blog desde sus incipientes inicios. Claro, esto sería como si el témpano de hielo que hundió al Titanic pretendiera que le diésemos las gracias, pues debido a su labor pudieron filmar una película bien emotiva donde se ahoga Leonardo DiCaprio. Lo siento, el “efecto mariposa” de su lógica no aplica. Ya pasé por demasiado dolor leyendo libro tras libro con la promesa de “no, pérate, es que todo se pone súper chido en el libro final, ahí entra toda la acción y así…”

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ARCHIVO MUERTO: Titanic bajo otra óptica.

N. del T.: Mi cinismo para el cine (¡Por el poder de la aliteración!) no empezó con mis reseñas de Twilight (y secuelas) o Avatar. Creo que el primer escrito sobre el Séptimo Arte que llegué a hacer público es éste, dedicado a Titanic. Lo escribí para una sesión de Planeta Paulina, y luego anduvo circulando (en viles fotocopias) entre cuates y conocidos, al punto de que llegaron a contactarme de la revista Cine Premiere para preguntarme si me interesaba publicarlo. Claro, se me olvidó hablarles oportunamente, y cuando lo hice ya estaban cerrando la dichosa publicación. En fin, viene al caso para recordar cómo era el panorama fílmico antes de Avatar. Terminé el texto un par de días después de que se anunciaron las nominaciones al Oscar en 1998, así que ya llovió. El texto no está actualizado, excepto en lo que respecta al casting masculino de la película de Barbra Streisand, pues el gag dependía de hacer notoria la diferencia de edad con sus coestelares. Y claro, dejé a los muertitos (Brando, Montalbán) dentro del texto, como homenaje pitero. Bueno, es sólo para que vean lo poco que he evolucionado como escritor de idioteces. ¡Disfrútenlo! ¡Es una orden!

25 de febrero de 1998

Seguramente ya vieron Titanic. Si no lo han hecho, espero que la salida del coma no haya sido demasiado traumática. Hoy es considerada la obra maestra del genio de la ciencia ficción, James Cameron, otrora especializado en explosivos filmes inspirados por la figura musculosa de un Arnold Schwarszsgggjennrehghter armado hasta los dientes, sin duda también musculosos. Titanic ha pasado ya de ser “un churro estilo Waterworld” (predicción de la  crítica) a ser “un churro estilo Waterworld que va a romper todos los récords de taquilla del mundo, para siempre”. Si hay mujeres leyendo esto, seguramente ya están averiguando dónde vivo para mandarme una sobre lleno de popó. Aclaro, pues, que lo último es una apreciación personal. La mayoría de los críticos se aprestan ya a declarar a Titanic como la más grande obra cinematográfica de la historia, debido a su inminente avance sobre las cifras establecidas por Star Wars y a un costo de producción de 260 millones de dólares. Es como si el Ciudadano Kane jamás hubiera existido. Pero volvamos a la razón de mi descontento…

Realmente no considero a Titanic como un churro. Creo que tiene méritos indiscutibles e incomparables a la mayoría de las obras que disputarán los premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas. Para empezar, sale Kate Winslet en pelotas, y eso tiene mucho valor artístico. Pero resulta un poco desconsolador el hecho de que la avalancha de nominaciones sean vertidas sobre un filme cuyo guión no va más allá de una simple historia de amor e interés: Rose, la chica bella (Kate Winslet, que sale en pelotas) va a casarse con el hipermillonario desconsiderado Cal (Billy Zane), pero conoce al pobretón aventurero Jack (Leonardo DiCaprio) y decide intercambiar una vida de obscena riqueza al lado del primero por el amor puro y verdadero que le ofrece el segundo. O sea, igual que en la vida de cualquiera de nosotros, sólo que este triángulo se está yendo a pique (literalmente) en las frías aguas del Atlántico Norte. Además de que ninguna de nuestras novias se parece a Kate Winslet.

Kate Winslet en pelotas. Este es un blog naco, pero decente.

Esta trama difícilmente podría considerarse como el motor de la película más grande de la historia. Es un aspecto de debilidad, pensando que Titanic es grandiosidad absoluta: la réplica del barco construída en Rosarito, que mide el 90% del original; La banda sonora que sigue anclada en primer lugar mundial, con millones de copias, pese a que el tema principal es interpretado por Céline Dion (otro producto netamente comercial); La histeria colectiva de millones de impacientes estadounidenses que han llenado órdenes de envío anticipadas para el videocassette, una vez que salga la venta (posiblemente hasta fines del 98, para aprovechar las compras navideñas); En fin, sólo falta que algún emprendedor inteligente inunde las jugueterías con figuras de acción. Imagínense los anuncios de TV durante la barra infantil: “¡Jack, se pone azul y se hunde rápidamente al contacto con el agua! -El estuche con bocetos de mujeres desnudas se vende por separado- ¡Rose, se pone en pelotas! – El carísimo collar de diamante se vende por separado-“. Las posibilidades son infinitas. Sigue leyendo