Finísimas Visitas: El regreso de Bberrystop

N. del T.: De nueva cuenta nos distingue con su presencia la estimadísima Norma AKA Bberrystop AKA Ladywriter100, esta vez con una sesuda reflección sobre sus bizarros sueños. ¡Un gustazo!


Notas desde mi Cámara de Regeneración Borg

Sueño de algunos, pesadilla de muchos...

¡Cómo quisiera tener una Cámara de Regeneración Borg! Se ve que sales como nuevo, y es que me encanta dormir. Si bien no he podido hacerlo a mis anchas desde hace 6 años que nació mi primera hija y, según me dicen, no podré volver a hacerlo nunca más, lo que se pueda es bueno.

Dormir me lleva a soñar, que también es lo mío, porque por lo general mis sueños son muy pirados. Mi mente acostumbra echar en una licuadora todo lo que vio en el día y servírmelo lo más revuelto y colorido que se pueda, además casi siempre recuerdo mis sueños y son muy interesantes de interpretar, por eso me cuesta trabajo entender a la gente que no recuerda sus sueños, o que dice que no sueña.

Cámara de Regeneración Borg: También disponible en estilo Early American.

Cuando trabajaba en el gobierno de sol a sol, soñaba que mi oficina tenía cama y estaba todo apretado: la computadora, el teléfono, la cama, los papeles pendientes. Era la forma que mi mente tenía de decirme: ¿Para qué te vas de la oficina a las 2 de la mañana? Mejor múdate aquí. Y cómo olvidar los sueños ridículos, como cuando iba a un concierto de Andrea Bocelli y Barney el dinosaurio, y cantaban juntos ópera vestidos de frac.

Pero también están los sueños tipo pesadilla en la calle del infierno. Para mí, uno de los peores es este: cuando vivía en casa de mi mamá, que tenía el número 11, acostumbraba salir los domingos por el periódico; caminaba dos cuadras, casi siempre en fachas, compraba el periódico y regresaba. Varias veces soñé que salía, compraba el periódico y al regresar, la casa número 9 y la número 13 estaban pegadas pared con pared, la 11 no existía y yo parada ahí con un periódico en la mano y las llaves de una casa que no existe en la otra, en pijama y pantuflas. La sensación de no tener a dónde ir, ni qué hacer, no se la deseo a nadie.

¿Y qué tal aquella sensación tan peculiar que algunos “afortunados” hemos sentido? Científicamente se le llama “parálisis del sueño”, pero en México nos gusta decir “se me subió el muerto”. ¿Les ha pasado? Según especialistas del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), entre 30% y 50% de los mexicanos lo han experimentado alguna vez en su vida. No sé cómo midieron eso porque cuando haces cita en el IMSS no te lo preguntan, pero bueno, eso dicen y me hacen sentir menos sola, porque a mi sí me pasa y mucho, más de lo que quisiera.

Para aquellos que están entre el 70% y 50% que no se les ha subido el muerto, les cuento: es una sensación de opresión en el pecho mientras duermes, literalmente como si alguien estuviera sentado encima de ti. No te puedes mover y en los peores casos puedes tener alucinaciones visuales y/o auditivas (pregúntenme) y pues son gachas, además estás consciente y ves a la gente dormida a tu alrededor y les gritas y nada, nadie te oye ni te salva del muerto… y de repente se quita. Las primeras veces que me pasó, hace como 15 años, yo lo explicaba como un intento de abducción alienígena, pero ahora que soy más experta lo veo más como una especie de viaje astral mal-viajado.

En realidad no todo es malo. Generalmente mis sueños son enriquecedores y reveladores y en mis dos embarazos soñaba cosas tan chistosas que me despertaban mis propias carcajadas, es una sensación fantástica, aunque quién duerme a mi lado empiece a dudar lo de tener una familia conmigo.

Y esas son mis montañas rusas nocturnas. Ahora, después de tanta plática de alcoba, como dijo John Lennon: You may say I’m a dreamer, but I’m not the only one. Ustedes, ¿qué sueñan?

Bberrystop