Una rica tradición: el post de explicaciones

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Al RATEEEEEEL no le importan mis razones ni mis motivos. Es grande.

¡Hola! Nada nuevo que reportar… nos vemos en cinco o seis meses.

OK, no es cierto. Este blog cayó en el abandono por múltiples razones que sería reiterativo abordar. Así que las abordaré. Vamos, no caíste aquí en busca de noticias frescas sobre el Popocatépetl o la final América-Cruz Azul, ¿cierto?

He estado ocupado. Esa razón debería bastar, pero lo cierto es que mi mente se nubló en el renglón de aportarle contenido al blog, lisa y llanamente. A veces me gusta explorar otra clase de senderos creativos, donde me pierdo con facilidad. Pero ya me conocen, siempre acabo regresando, así que tampoco es para tanto. Aunque mis detractores quisieran que mis extravíos fueran más definitivos, por supuesto, pero no sólo de Twitter vive el hombre.

Me divorcié. Sí, ya les había adelantado esto de forma indirecta y discreta por varios medios (podcasts, tuits, narcomantas). No es que me interese hablar del asunto ni que a ustedes les incumba, pero son cosas que nunca son divertidas y rara vez resultan conductivas a derroches de ingenio y simpatía por parte de los participantes, que se encuentran ocupados tirándose los platos a la cabeza. Así que les ahorré esa desagradable faceta de mi vida y ya. A otra cosa…

Tuve que replantear mi carrera. Me llegó la opción de volver a emplearme en algunas compañías que deseaban contar con mis servicios. Por cierto, mercado laboral: si YO era un prospecto codiciado, está la cosa para preocuparse, ¿no creen? En fin, opté por desoír los cantos de sirena representados por el corporativismo para enfocarme, ahora sí de lleno, en desarrollar algo propio, cien por ciento mio. Debo decirles que valió la pena. Hoy Factoría Uno es un negocio naciente que ya no tiene deudas, opera en números negros (racistas, abstenerse del chiste obvio) y comienza a generar ganancias que algún me permitirán llegar a trabajar en el Finísimo Jet piloteado por Han Solo y atendido por azafatas pechugonas. Es la clave de la felicidad, creo.

Maté a un hombre en el ring. Sólo quería ver si seguían leyendo. Y parecerles interesante.

Estamos de mudanza. Si bien está página seguirá accesible en finisimapersona.net, sumaremos su contenido y archivo histórica al del nuevo portal de contenidos Junkie.mx (aún en construcción, muy pronto se activará). Ha sido una labor muy ardua, luchando con desarrolladores, feeds de RSS, plataformas, servidores, hostings, diseños y demás pinchas que ahora están por materializarse en algo muy bonito, navegable y variado. Todos los podcasts van a estar ahí, tantos los clásicos e históricos (Finísimos Filmes, Claxon, Premilenaria, Paikast, Patapirata, SofaTerapia) como productos nuevos (Nega Nega, Crack, Radio F1, Maus) y otros que se han renovado en contenido y personal (Finísimo Podcast, Cazagoles, Fumblecast). No sólo eso, hay una nueva gama de talentos que se sumarán a este espacio animados por la fama, la fortuna, las drogas, el alcohol y el sexo fácil que abunda en ese ámbito podcastero. O al menos esa es la teoría respecto al ámbito podcastero. El caso es que no les van a faltar podcasts para escuchar.

Vamos a darnos una ayudadita cosmética. Bueno, al blog. Y yo a lo mejor me animo por algo de botox e hilos rusos, pero todavía estoy en pláticas con la señora que administra la estética donde le dieron en la madre a las nalgas de Alejandra Guzmán, para que me recomiende a alguien. Lo del blog involucrará hacerlo más navegable y con capacidad de consultar un rico archivo de más de 300 entradas, 1200 tags y miles de atinados comentarios por parte de ustedes. Quiero cambiar el logo (respetando la presencia del rudísimo RATEEEEEEEL), organizar los posts aquí acumulados y subir mucho material que muy pocos entre ustedes han visto (mis columnas en The Red Bulletin, por ejemplo). Así que si andan de ociosos, sin nada que leer, volverán a encontrar aquí un repositorio de sus penas y un oasis para saciar su sed de sandeces. Amo la aliteración.

Planeamos hacer video. Además de lo anterior, tenemos ambiciosos proyectos “en cámara” que están ya en vías de convertirse en realidad: vidcasts en vivo desde la cabina del estudio, sesiones musicales con bandas y artistas talentosos (y otros no, pero bien simpáticos), un programa de concurso que te abrirá el apetito y otras sorpresas. Tampoco es que vamos a inventar nada nuevo, pero en una de esas sí sale algo más digno que La Rosa de Guadalupe. Y por último…

Me hizo falta estar aquí. Mi libro está casi terminado. Mis colaboraciones en diversos medios han adoptado un ritmo muy manejable. Mis horarios son cuasi estables. Y lo cierto es que extraño el escribir en un lugar donde no hay ninguna clase de restricción ni línea. Finísima Persona me permitió conocer a muchos de ustedes (a algunos en persona, incluso) y descubrir que vale la pena compartir con alguien más inquietudes, opiniones, pendexadas execrables y reflexiones iluminadas por lapsos de coherencia. Escribir es un sano, sanísimo ejercicio. Vivo de ello y para ello. Y lo justo es que si ustedes llegaron a generar más de cincuenta mil visitas mensuales a esta página en sus momentos de máxima productividad, ahora yo deba corresponderles con algo de compromiso. Hubo una época en que escribía aquí diariamente, y fue una etapa feliz, apapachadora del ego y alimenticia para la gusana creativa que carcome las partes pasivas del cerebro. Hay que ejercitar ese músculo.

Acá los leo.

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