Adiós, Elvis del espacio…

Head Of David

David Bowie, Earl’s Court, 1978 (Evening Standard/Getty Images)

David Bowie dejó la Tierra después de caer en ella hace 69 años, y sobran motivos para entristecer. Claro, en la oleada de panegíricos que sucederán a su muerte, el mío será uno más. Está bien, tampoco se trata de buscar ser únicos y trascendentes cuando simplemente tendríamos que sentirnos nostálgicos y agradecidos, además de que vivimos en la triste época en la que todas las muertes polarizan drásticamente a la opinión pública, tan mal representada por nuestros foros digitales de expresión.

Pero Bowie murió, esto no puede (ni debe) pasar inadvertido, ya que el dolor de su deceso es genuino. Él seguía dando de sí hasta el último momento, pues estaba en su naturaleza, y por eso nos sorprendió con Blackstar cuando ya su partida estaba anunciada para quienes le eran más cercanos. Tan sólo por ello debemos admitir, entonces, que no hay forma de ser cínicos ante su muerte sin pasar por ignorantes o por simples trolls adictos a la provocación. En este mundo donde Kanye West se autoproclama “genio”, ¿cómo llamamos a David Robert Jones? No habrá término apropiado, entonces.

¿Murió el último gran ídolo de la música moderna? No, ahí están muchos contemporáneos haciendo acto de presencia… aunque su aporte no sea tan innovador ni tan vigente. Sin embargo es un hecho que murió el artista más grande de su época. No es hipérbole, ahí está su legado. Bowie fue el Dalí de la música, sin más ni más. Incursionó en múltiples estilos y épocas, sin quedar nada a deber. Fue el genio que se rodeó de genios, pero no para mejorar su propia calidad creativa, sino para hacerle justicia a su sonido y visión.

David-Bowie-010

Podemos decir de entrada que cumple los requisitos para ser un inmortal de la música bajo estándares no-oficiales (pero útiles) como el de poseer al menos cinco álbumes perfectos: The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars, Hunky Dory, Low, “Heroes”, y Scary Monsters (And Super Creeps), nada más para abrir boca.

O quizá hay que validarlo con el logro de tener un disco imprescindible en cada una de las décadas en las que estuvo activo: Space Oddity (60’s), Young Americans (70’s), Let’s Dance (80’s), Outside (90’s), Heathen (00’s) y The Next Day (10’s), para ni siquiera repetir las joyas del criterio anterior.

¿Más argumentos? Contemplemos el de contar éxitos globales en múltiples estilos drásticamente distintos entre sí: check, check aaaaaand check, sobran ejemplos, desde el glam rock de Rebel Rebel hasta la electrónica de Dead Man Walking, del sonido de garage en Boys Keep Swinging al pop sensible de Blue Jean. Es cierto que Bowie podía tener uno que otro desatino en su producción, pero aún esos experimentos resultaban ser nobles esfuerzos donde siempre había algo muy rescatable, por no decir inspirador. Sí, aún los vilificados discos de Tin Machine, se los juro. Un petardo de David podía ser el Sgt. Pepper para un artista del montón. Y sus aciertos eran obras de arte, sobra decirlo…

Entonces, yendo más allá de lo musical, ¿Bowie también aportó? Discúlpenme, pero si hubiera elegido avocarse cien por ciento a, digamos, la actuación, también hubiera sido una leyenda. Podías colocarlo al lado de unos muppets pesadillísticos en Labyrinth y no había forma de negar su magnetismo a cuadro. Scorsese hizo de él un Poncio Pilatos que iba mucho más allá del anecdótico lavado de manos. Es un crimen que no lo hayan nominado por su rol como prisionero de guerra en Merry Christmas, Mr. Lawrence. El cameo en Zoolander es prueba hilarante de que podía autoparodiarse como el que más, al igual que la canción que le dedica a Ricky Gervais en Extras. ¡Hasta prestó su voz para un episodio de Bob Esponja, caraxo! Y miren su entrada a escena interpretando a Nikola Tesla en The Prestige. La cámara simplemente le adoraba:

Y es que lo increíble de su vida y obra es que puedes tomar tan sólo un aspecto mínimo de ella que harás tuyo para siempre. Su imagen pasó de ser un moptop más de la invasión británica a un andrógino ser caído de las estrellas. Fue el cadavérico ente que conocimos como Thin White Duke, subsistiendo a base de “pimientos, cocaína y leche”, pero también un Pierrot alienado y un krautrocker adoptivo que cimentó a Berlín como una meca creativa en plena Guerra Fría. Se reinventó como un icono cool en el comercialismo ochentero sin perder un ápice de credibilidad, y adoptó un neobritanismo exacerbado poco antes de ponerse el conservador traje de quien ya no tiene que reinventarse, pues lo ha reinventado todo. Cantó, compuso y produjo como pocos. Hasta el final.

No, señores, no habrá muestras exageradas de amor para David Bowie: todas serán legítimas. No me interesa saber si alguien es menos porque “sólo lo conoce por la de Under Pressure” o porque creen que se suman a la Legión Oportunista del Muerto Famoso. Si tu único contacto con Bowie fue tan sólo una breve viñeta dentro de su apabullante alud creativo, no importa: deja que te duela. Si fuiste el fan que no le cuestionó ni siquiera su horrible destrucción de Dancing In The Street en complicidad con Jagger, todo bien: seguro estás inconsolable, con justa razón. Toda manifestación es válida para el que hizo de todo, y siempre con más impacto y alcance que lo que debería de permitirse a los simples mortales.

Así que hay que llorarle, y bien. Porque David Bowie regresó a su lugar de origen, aunque fuimos inmensamente afortunados de haberlo experimentado en calidad de préstamo durante tantos años. Lo camaleónico debería ser llamado “Bowiesco” de ahora en adelante, por mera lógica. Yo le lloraré con Life On Mars? para empezar, y luego cantaré/gritaré Heroes a tres micrófonos, como Eno dijo que debería grabarse. Bailaré mal al compás de Young Americans, bajaré mi voz para el “Oh baby just you shut your mouth” de China Girl. Son demasiadas horas de temas que me hicieron creer, sin poner en duda mi coherencia, que alguna vez compartí planeta con un extraterrestre que me podía hacer llorar con una canción…

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Ensalada de Pendejadas – Junio ’09

U2 - Zooropa???

  • Es muy buen actor y todo eso, pero la verdad no puedo ver a Nicolas Cage sin imaginarme a un perro Basset Hound (el de Hush Puppies, para los no iniciados) mirando a alguien comiéndose un sandwich de roast beef.
  • No me gusta meter la laptop al baño cuando voy al W.C. porque pienso que estoy contribuyendo indirectamente a la muerte del periodismo escrito.
  • Hay quienes no comen atún para no fomentar la muerte de delfines en las redes. Yo estoy armando un grupo de choque que impida la entrada a Sea World y otros parques acuáticos hasta que no le den chance a los atunes de saltar a través de un anillo con fuego y aventarle pelotas de playa al público de un coletazo. En este mundo todos debemos tener acceso a nuestros sueños de farándula.
  • Sé que ya me estoy haciendo viejo porque uso recurrentemente palabras como “muchachada”, “trolebús” y “farándula”.
  • Paris Hilton se autodenomina como sexy, pero creo que ninguna mujer merece ese calificativo si no puede llenar unos chones talla adolescente.
  • ¿Cómo se le llamará a la sensación que se genera cuando te das cuenta de que tus papás suelen dejar menos del 10 por ciento de propina en restaurantes?
  • Un día me gustaría estar presente en el preciso instante que una pluma Bic deja salir la última gota de tinta, dejando el tubito de plástico completamente transparente. Es un hecho más raro que ver un Yeti.
  • Mi perfil de Facebook tiene más amigos que yo.
  • ¿Saben que me late un buen? Cuando mi mujer se viste de enfermera. Y luego, ya vestida así, que agarre el coche y se vaya a un hospital, a trabajar de enfermera. Y que aporte dinero a la casa, porque la verdad los salarios en la industria clínica están muy bien pagados.
  • El mundo se divide en dos clases de personas: los que voltean a ver el papel de baño después de limpiarse y los que no.
  • ¿Alguien ha averiguado si las grandes celebridades de África y Asia suelen adoptar exclusivamente niños gringos güeritos?
  • Mi hija me preguntó porqué ella no tenía una hermana gemela. Le dije que sí la tenía, pero que la guardamos en un congelador para usarla como refacciones por si ella se descompone. Eventualmente le encontrará la gracia a mi respuesta.
  • Los psicólogos se sienten muy acá, pero no lo son tanto. Fíjense en la cara que ponen cuando les preguntas si es posible que tus personalidades múltiples se enfrenten a golpes con tu amigo imaginario. ¿Ven? Fraudes, todos ellos…
  • No puedo siquiera pensar en Salma Hayechichis chichis chichis chichis chichis chichis chichis chichis chichis chichis chichis chichis chichis. Ni escribir tampoco, claro.
  • No entiendo a la gente que te mira raro si les dices que comes pancita, morcillas o escamoles, pero no ven raro el desayunar un par de huevos todos los días. ¿Dónde está la superioridad al consumir embriones de un animal capaz de comer su propio excremento?
  • Me gusta dejarme los calcetines puestos durante el sexo. Es que el cuarto donde está la compu es bien frío.
  • Una botella de agua cuesta diez pesos. Una botella de refresco cuesta los mismos diez pesos. La última contiene la misma cantidad de agua que la primera, más los demás ingredientes que la hacen refresco, y no agua simple. A menos que alguien le esté regalando dichos ingredientes a la refresquera (sumamente improbable), el costo de los mismos hace que estén perdiendo dinero con cada botella de refresco que sale de la fábrica. Y Obama rescatando a la industria automotriz… ¡Prioridades, señores!
  • Creo que a menos que resurja la campaña publicitaria que le dio origen, mi récord de haber sido echado de bares y antros de moda por ordenar una Cubanderas quedará ahí para la posteridad.
  • Hoy en día solemos aplicar el título de rey, reina o zar (El Rey del Rock, La Reina del Pop, El Zar Antidrogas) sin ponernos a pensar que también hubieron muchos reyes, reinas y zares malos. Para ser parejos, tendríamos que usar todos los títulos disponibles, sin discriminar ni temerle a las combinaciones originales. El Tlatoani del Derecho Penal. El Führer de la Canción Ranchera. La Dominatrix de la Repostería. El Macho Alfa del Macramé. La Sultana del Ejote con Huevo. El Proxeneta de la Actuaría…
  • Apenas me estoy poniendo al corriente con la tele nacional, y no me entusiasma mucho, excepto por ese programa de comedia donde Maité Perroni y Raúl Araiza Jr. hacen parodias de los partidos políticos. ¡Vi el sketch que hicieron donde hacen burla del Partido Verde Ecologista y estuvo genial! Es ese sello distintivo de los Araiza, de veras…
  • ¿Cómo puede uno saber si ya se echó a perder un queso Roquefort?
  • Estoy seguro de que menos gente desconfiaría de China si hubiera chinos pelirrojos. Los pelirrojos suelen compensar sus diferencias en pigmentación folicular aceptando de buena gana los apodos alusivos: el Duracell, el cerillo, el Archie… Cuando uno se lleva con alguien de apodo, las relaciones humanas van en vías de ser duraderas. Pinches chinos sin sentido del humor.

Jai Definishon 2.0

Versión ligeramenta actualizada de un post escrito hace casi dos años para el brillante Alfonso “El Macho” Duro, en su blog saca2deonda.com cuando aún residía en Blogger (ahora vive feliz en versión WordPress).

¿De dónde saliste?

¿Cómo te anunciaste en mi vida por primera vez, y por qué designios?

¿Sabías que estabas destinada a ser mi fiel compañera durante tanto tiempo? ¿O creíste que lo nuestra iba a ser fugaz, un mero ardid, saciar una sed repentina con el primer trago que está a la mano?

Lo cierto es que hoy, 15 años después de reunir nuestros destinos por primera vez, quiero desvelar tus secretos, gritar a los cuatro vientos que no hay nadie como tú, que eres única porque eres mía, pero eres mía porque quisiste serlo.

¿De dónde…?

Del fallido restaurante & bar & grill & cigar lounge & fuga de capitales familiares que mi atribulado padre tuvo a bien crear en compañía de sus 3 socios: uno, vendedor de tarjetas telefónicas que no servían más que para marcar a Oaxaca; otro instalador de DirecTV pirata; alguno más cuyos fondos provenían de misteriosas fuentes (o sea, del gobierno de México). Ninguno de los tres experto en materia restaurantera.

¿Qué podía salir mal?

"La Tele, circa enero 2006"

"La Tele, circa enero 2006"

Te miré del otro lado de la barra de caoba, resplandeciente entre la multitud dedicada a dejar quemaduras de cigarrillo y redondeles húmedos de vaso highball durante la velada inaugural. Tu morenez destacando contra la descascarada pintura wash simulando una añeja… ¿tasca? ¿fonda? ¿trattoria? El concepto gastronómico aún estaba en el aire (acabó en steak house). Mostrabas los brillantes colores de Jorge Campos atajando disparos de Eric Wynalda en la Copa América, hasta que en tiros penales nos eliminaron los gringos 4 a 1. Tragedia griega-vía-Uruguay-vía-satélite. En el dolor y el pesar de la derrota, mi triunfo fue conocerte. Tus 29 pulgadas de pantalla me apantallaron, tu VHS integrada capturó el momento para la posteridad, y tomé juramento mientras me llevaba un tarro de Negra Modelo a la mesa: “Serás mía, yo lo sé”.

Cuando el restaurante & etcétera se fue a pique (digamos que el Titanic hizo lo propio con menos celeridad), no tuve empacho en lanzarme como ave de rapiña un domingo por la mañana a liberarte de tus ataduras. Claro, sabiendo que todo estaba perdido, también liberé una caja de Fundador, dos botellas de Absolut Citron y 36 latas de aceitunas rellenas de anchoa. ¡Jugoso botín, digno del pirata Laffite en el Caribe o de Francisco Pizarro en su paso por tierras incas!

Tuve que regresar el domingo siguiente a buscar tu control remoto, que se me olvidó sobre la barra del difunto establecimiento…

Pero una vez en casa, reunidos en la intimidad de mi modestísimo departamento de soltero, pude apreciarte en tu justo valor. Tu deslumbrante claridad. Tu nitidez rayana en la obscenidad. Tu close caption automático al oprimir mute. Sí, tus rojos nunca fueron sanguíneos como los de Caravaggio, más bien tirando a los purpúreos rubores de una fiebre mal atendida, ¿pero qué importa el color en cuestiones de amor?

Y si bien tu sonido monoaural nunca podía aspirar a competir con los stereo surround y DSP que empezaban a ponerse en boga, nunca me hiciste extrañarlos. Tu voz no posee la ambigüedad de dos canales esterofónicos: es única, indivisible, honesta. Es la voz desgarradora de viejos seriales del radio AM, donde no sabíamos de dónde provenía el disparo, pero sí que alguien estaba echando bala a toda pólvora.

Eventualmente uní mi destino a una mujer, pero tú nunca fuiste el tema delicado de conversación, pues lo nuestro tenía historia. Ella te aceptó, renuente al principio (“¿O sea que no vamos a poner una tele nueva en la mesa de regalos?”), curiosa después (“Me tienes que enseñar cómo hacerle para programar la video y que grabe Café con aroma de mujer“), hasta que finalmente te adoptó sin recelos ni condiciones.

Y nos enseñaste a sobrevivir.

A sobrevivir el estar sostenida sobre una mesilla plegable de madera en lo que llegaba el primer mueble/gabinete ex profeso para albergar tu estructura.

A sobrevivir el utilizar diariamente tu función de REWIND en vez de confiar en las regresadoras que tocaban la quinta de Beethoven después de expectorar un videocassette.

A sobrevivir una pléyade de periféricos, pues los dioses tuvieron a bien darte UNA SOLA terminal de Audio/Video In (RCA) en el panel frontal, misma que he penetrado, inmisericorde y prosaico, con dos preamplificadores, un laserdisc, una video beta, tres sistemas DirecTV (uno pirata, dos legítimos), cuatro DVDs, un 3DO, un Playstation, un Playstation 2, un Xbox, una caja de cable y un TIVO. No al mismo tiempo, obviamente…

A sobrevivir mudanzas a seis domicilios y dos países…

A sobrevivir la muerte, estentórea y gradual, de tu control remoto…

A sobrevivir la inserción de un sandwich de queso en la videocassettera. Y no, no fue mi hija. ¿Recuerdas el Fundador y el Absolut Citron? Yo sí. Y son malos consejeros…

No sé de dónde saliste. Mi padre confesó haberte adquirido en pago por unos servicios contables prestados a una importadora de electrodomésticos, y que eras el único modelo en exhibición. Decidió añadirte a los activos del fallido restaurante con la idea de atraer clientes en días futboleros. No tienes número de modelo al frente, ni más distintivo que los tres rombos de Mitsibushi. Cuando me di a la tarea de buscar tu control remoto por Internet, en afán de reemplazarlo por uno semi nuevo, descubrí que nadie cuenta con un original en servicio (y que ni siquiera hay fotos de tu línea en el website del fabricante). Eres casi pieza de colección.

Yo creo que no te fabricaron. Creo que quisiste ser. Simplemente, existir. Creo que eres inteligencia artificial, evolución lógica tras años de mejorar lo inmejorable.

Creo que te armaste sola, canibalizando piezas de otros electrodomésticos en esa mítica bodega.

Creo que eres indestructible, pues nunca te has descompuesto. Tus colores siguen tan vivos como siempre. Tu sonido monoaural sigue nítido, sin delatar un sólo gemido de un tweeter discordante o un bajo con carraspera. El control remoto del DVR DirecTV que te acabamos de conectar suple casi todas las funciones de tu viejo remoto, algo que no había logrado emular con media docena de reemplazos “universales”.

Creo que tú le enseñaste al control nuevo lo que tiene que saber de ti, y no a la inversa.

¿Y tu videocassetera? Sigue grabando. Y si bien el formato nunca podrá aspirar a competir con la imagen de laserdiscs, DVDs y BlueRays… sigue siendo fiel. Aún puedo grabar en tí eventos que la posteridad merece conocer. Cierto, cada vez hay menos gentes que pueden reproducirlos, a medida que sus respectivas VHS van muriendo y son reemplazadas por otros formatos, pero tú… Tú te has negado a morir.

¿Por qué?

Hoy me llegó otro catálogo por correo, intentando mermar mi resistencia a darte el adiós. Best Buy ofrece LCDs y Plasmas de 32″ alrededor de los 500 dólares. En efecto, aún los modelos introductorios te rebasan en dimensiones de pantalla y funciones logísticas. Todas son HD. Todas pueden montarse en la pared. Todas son insolentemente nítidas.

Pero tú sabes que nada va a cambiar. Que no vas a ir a ninguna parte. Sabes que llevamos demasiado tiempo juntos. Por ti ha pasado toda mi historia: has visto el video de mi boda y mis trabajos de cine de la universidad. Has grabado y reproducido todas las temporadas de News Radio, Battlestar Galactica y The Wire. Has visto más pornografía que Larry Flynt. Y no revelas nada aún, sigues mirándonos noche tras noche, día tras día, en espera de una sustitución que no ha de llegar.

Algunos piensan que no te cambio por tacaño. Otros, por nostálgico. Pero la verdad es que no te cambio porque te respeto.

Y te temo un poco, la verdad.

¡Hoy cualquier imbécil tiene un blog!

¡Sí, no hay mejor prueba que éste!

Bueno, este espacio servirá para publicar algunos textos semi inéditos, tales como:

  • La era literario-cuaternaria conocida como “Planeta Paulina” (un club de letrados animales que decidieron bautizarse con el nombre idiota de una cantante más idiota)
  • Las viejas columnas de “AgüeBox” aparecidas en “Eres”, circa 2001. Son aportaciones extremadamente añejas pues la mayoría de las referencias a la cultura pop de la época han perdido vigencia, pero aún me llegan mails al respecto, así que imagino que queda aún alguien con interés por leerlas…
  • Las columnas de “Pan y Circo” y “Finísima Persona” publicadas en Conozca Más. Digo, prefiero ponerlas YO en la red a que me las sigan mandando por e-mail, mal copiadas de la revista y llenas de errores ortográficos. Admito ser bastante bruto, pero al menos me precio de tener una Hartografía razonable…
  • Los nuevos materiales para el Club Literario de Miami (nombre sujeto a cambio en breve), muchos de ellos con tintes más serios (por aquello de que estoy envejeciendo a pasos agigantados)…
  • Estupideces variadas de reciente manufactura.

Creo que no olvidé nada. Sean pacientes. Bienvenidos, etc.