FINÍSIMAS RECETAS: Tartiflette Semipretenciosa

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Hola, Finísimos Lectores. Estoy volviendo poco a poco a este, su blog favorito (espero aún lo sea). Aprovechando que me ha dado por ir ensayando nuevas e insospechadas habilidades para la cocina, compartiré con ustedes otra Finísima Receta. Imagino que ya estarán hartos de tragar el Finísimo Chili, ¿cierto?

Así pues, prepárense a disfrutar otro delicioso platillo cortesía de este, su bloggero de confianza. Su preparación es sencilla. Su sabor, fuera de serie. Su impacto calórico, escandalizante. Damas y caballeros: Tartiflette.

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“Pero Toño”, exclamarás sorbiendo la nariz y abriendo la boca un poco más de lo normal, como suelen hacerlo los ignaros de tu especie, “eso suena exótico y desconocido, y mi paladar poco educado sólo llega a aventurarse cuando hay Festival Internacional de Pastas en el Vips más cercano a mi localidad”. No te intimides, estúpido lector o guapa pero tonturrona lectora: la Tartiflette no es más que una versión sublime de un sencillo plato de papas gratinadas. Claro, estas papas gratinadas saben como si los dioses del Olimpo acabaran de hacer el amor encima de ellas, así que prepárate a experimentar un coito gastronómico.

OK, quizá exagero, pero ya me conocen. El chiste es que este platillo te permitirá preparar algo que, en esencia, es común y corriente (como el blog), pero que te permite pasar por un sofisticado foodie con sólo mencionar algunos factoides pedantes ante la concurrencia. Puedes decir que la Tartiflette es un platillo de la Alta Saboya francesa. O que aunque parece una receta ancestral, en realidad fue inventada por un gremio de queseros de la región para impulsar el consumo del apestoso queso Reblochon durante los 80’s, y que el éxito rotundo le garantizó quedarse en los menúes de la gastronomía francesa. Quizá puedes presumir que probaste esta delicia después de una intensa mañana esquiando en las blancas nieves de Chamonix, y que te brindó energía para tirarte a una espía ucraniana. El chiste es elevar el factor bullshit al punto de que no se den cuenta de que estás sirviendo papas con queso y tocino, básicamente.

En fin, los ingredientes:

  • 6 papas grandes (no compres papas harinosas, necesitas algo más firme y de cáscara tersa)
  • 1 ó 2 cebollas blancas
  • 1 paquete de tocino ahumado (de cerdo, NO de pavo)
  • 1 rueda de queso Reblochon. Es difícil de conseguir, pero en su lugar puedes usar Raclette. Camambert o Brie se valen, aunque el sabor será más sutil.
  • 1 ó 2 dientes de ajos machacados
  • 1/4 de litro de crema agria espesa
  • 1 chorrito de aceite de olivo
  • Sal y pimienta al gusto

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Como puedes ver, fuera del queso Reblochon (para conocedores), todo lo demás es sencillo de conseguir. Echa mano del queso apestosón más paladeable que encuentres en tu deli local y listo… voilá Tartiflette! No, ese queso Oaxaca que se te olvidó en el refri hace tres meses y que está más verde que un líder político panista no cuenta.

PREPARACIÓN

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Fríe el ajo en el chorrito de aceite. En serio, necesitas muy poco, pues la cantidad de tocino que vas a usar a continuación sería capaz de matar a fuerza de coronarias a un escuadrón de triatletas. Recuerda, el ajo debe empezar apenas a dorarse. Si se quema sabe amargo, ¿sabes? Claro que no lo sabes. Si supieras cocinar, no estarías buscando recetas en este blog.

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Vacía toda la cebolla finamente rebanada en el sartén. Ya sé, la de la foto no está de lo más fina, pero la rebané yo, y eso le confiere toda la finura necesaria. Muchos de ustedes no son tan finos, así que usen un rebanador de mandolina si así lo requieren. O separen la cebolla picada del cilantro que les dieron el otro día cuando compraron tacos de suadero para llevar y no desperdicien. Bola de pobres.

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En cuanto la cebolla empiece a ponerse más blandita, agrega el tocino. Ahora sí, perros, a gozar. El tocino es capaz de mejorar todo lo que toca con sus pecaminosas grasas. Este platillo vive y muere con un tocino de buena calidad, así que no escatimes ni te engañes a ti mismo usando tocino de pavo. El cerdo murió por tus pecados, al menos honra su sacrificio.

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Coloca tu gato* al sol.

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Mientras el tocino se cocina, puedes hervir las papas. O en este caso, colocarlas al vapor. Rebana las papas uniformemente para que se cocinen al parejo. Y para evitar desigualdades entre sí, pues lo menos que quieres en tus manos es una manifestación de papas xodidas y flacas contra papas privilegiadas y gordas. Los humanos tenemos mucho que aprender de las papas, obvio…

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¿Cómo se hierven las papas? ¿Dónde naciste, en un corral? Notarás que me salto las técnicas básicas pues esas las puedes aprender en cantidad de videos didácticos que se encuentran en la red. Cocinar al vapor es preferible por no sé qué madres de la conservación de las vitaminas, pero considerando lo malo que es este platillo para tu organismo no creo que haya mucha diferencia. Cuando las papas se sientan blanditas después de encajarles el cuchillo, ya están listas. Sé que hay un chiste ahí relacionado con la ex esposa de OJ Simpson, pero mejor no tocar el tema. Ya casi nadie se acuerda.

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Si el sol se ha movido de su lugar, mueve al gato hacia donde brille el sol.

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Coloca las papas rebanadas en un recipiente para hornear, haciendo una capa uniforme. Si tu recipiente y horno son más pequeños, puedes hacer dos capas intercaladas con la mezcla de cebolla y tocino que está en la sartén. Repito, adáptate a lo que tienes. Y no, no quieres terminar de cocinar esta delicia en un microondas, antes de que hagas tu pregunta pendexa.

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Listo. La cebolla se carameliza y el tocino está doradito. Reprime tu obvia erección y retira la sartén del fuego. Puedes –y debes– escurrir el exceso de grasa en esta etapa. Tu cardiólogo te lo agradecerá, si sobrevives al consumo.

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Distribuye una capa uniforme de tocino y cebolla sobre las papas. La idea es que cada porción servida tenga un balance perfecto de ingredientes. Si tu hermano es albañil, como el mío (OK, arquitecto, pues), seguro sabe hacer aplanados de yeso, así que no dudes en pedirle asesoría. Y después dispárale una torta de queso de puerco, es lo que esa gente está acostumbrada a comer. Añade sal (poquita, el tocino y el queso salan bastante) y pimienta al gusto.

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Ahora toma tu queso y rebánalo por la mitad (como quien separa capas en un pastel) y luego en medias lunas. La idea es repartir queso sobre la parte superior para que se vaya fundiendo hacia el interior de la Tartiflette, contagiando a las papas de la fragante pestilencia del Reblochon. En este caso usamos Camambert porque mis papás se confundieron a la hora de hacer la compra en el supermercado, pero fue mejor así, ya que no acostumbran comer quesos demasiado fuertes. Este platillo es el clásico que le anuncia a todo el restaurante que alguien se animó a ordenarlo, pues su aroma es muy penetrante. En fin, en esta ocasión no hubo nervios olfatorios lastimados durante la preparación del manjar.

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Si estás de humor, corta el queso en alguna divertida figurilla, como este Pac Man de origen francés, que se la vive en el café fumando cigarros sin filtro y quejándose de los fantasmas que vienen a su país por los trabajos y las mujeres. Sí, mi concepción sobre los franceses es muy cuestionable. Demándenme, franchutes. ¡Recuerden el CINCO DE MAYO Y FLORENCE CASSEZ, PERRAS!

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Listo, ya está el queso repartido cuasi equitativamente. Aplica una capa de crema agria y queda listo para el horno. Notarás la ausencia de una foto que muestre a la crema sobre la mezcla final, pero anda tú a intentar operar la pantalla del iPad después de manipular aceite, tocino, queso y otros lácteos… la superficie de cristal de la tablet parecía vidrio de carnitas de foco.

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Aquí vemos a la Finísima Madre lamiendo la cubierta de aluminio del bote de crema “para que no se desperdicie”. Quizá pienses que es irresponsable para una persona mayor el recetarse esta clase de platillos, pero cabe aclarar: mi jefa lleva 71 años tragando grasas y mantequillas como si fueran a prohibirlas. También echa diariamente tres cargas de lavadora, lava sus patios, riega su jardín, alimenta y cuida a cuatro perros y dos gatos, reparte ropa usada entre indigentes, va al supermercado, cocina para cinco personas, dobla la ropa de mi papá y mira el noticiero de Adela Micha. Tanto sacrificio bien vale comer lo que se le pegue la gana. Y claro, está más sana que el resto de la familia, así que ni cómo disuadirla.

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¿A qué temperatura el horno, dices? “Rete juerte”, diría Doña Pachita, cocinera del lado Valdés de mi familia y precisa observadora de los procesos de cocción. La idea es que la crema burbujée, que el queso se derrita y que toda esa adiposa mezcla escurra entre tocino, papas y cebolla, como escurre una estudiante de secundaria durante un concierto de One Direction. Sí, sé que vienes a este blog por esa clase de descripciones porque el de Chepina Peralta no es precisamente objetable en su léxico. La pura clase, por acá…

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Mientras queda lista la Tartiflette, puedes prepararte una refrescante bebida. En esta ocasión hice esta mezcla: 2 oz de Campari, un chorrito de Cointreau, 1 oz de agua mineral y el resto de jugo de naranja. Y después me hice novio de un señor de bigote y me fui a vivir con él a una mansión estilo Art Nouveau en la colonia Cuauhtémoc, sólo para demostrar que no se puede ser más gay.

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Dále una checadita a tu gato, para ver que siga calientito al rayo del sol.

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Una vez que la crema esté en plena ebullición y el queso comience a dorarse en la corteza, la Tartiflette está lista. Mira nada más que belleza. Es prudente esperar un poco antes de meterle cucharón, pues a estas alturas los ingredientes están más calientes que el magma. Quemarte el hocico a estas alturas equivale a ligarte a Scarlett Johansson, llevártela a tu depa, encuerarla en tu cama… y “terminar” prematuramente al colocarte el preservativo. El mensaje es claro: usar preservativos es malo. Y Scarlett Johansson está muy buena.

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Ignora mi previo consejo sobre sexualidad y sirve. Oh, cielo santo… esto es una auténtica delicia que de seguro le restará años a tu vida, pero hará los años que te queden más felices y plenos. Seamos francos, la mezcla de tocino, crema y queso en tu boca es más dañina y mortífera que si te pusieras a besar las partes pudendas de Lindsay Lohan, pero nunca has acudido a mí en busca de consejos sensatos. Inútil comenzar ahora.

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¿Qué combina bien con la Tartiflette? Idealmente una buena ensalada verde, para contrarrestar tanta grasa. Pero mi mamá, la inmortal, planeó el resto de la comida, así que incluyó jamón ibérico, salami húngaro, chorizo español y un angiorama en el Hospital Inglés, con unos buenos madrazos de parte del defibrilador a manera de postre. De postre para los demás, pues ella coronó su comida con un farolazo de Brandy Fundador y un Mordisko®.

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¡Buen provecho! Y no olvides al gato en el sol, claro.

* Si no tienes un gato a la mano, puedes sustituir con perro, hámster, perico, hurón, tortuga, conejo, pez dorado o casi cualquier otra mascota. Menos el ratel. ¡RATEEEEEL!

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26 comentarios en “FINÍSIMAS RECETAS: Tartiflette Semipretenciosa

      • DIECINUEVE AÑOS! Awwwwwww :B Me gusta la gente que cuida a sus amiguitos de cuatro patas :B … y por tanto tiempo :B y ay, no sé, los amo :B

  1. Me encanta!!!!! Como gastrónoma profesional, me pongo de pie ante la descripción culinaria!!!!!! Y no solo eso, será mi platillo para la próxima reunión amiguera…… Me hiciste sonreír……

  2. Muy buena la receta, me falta un solo ingrediente… espero poder sustituirlo, no, no es el queso Reblochon ese puedo conseguirlo, en cambio el gato espero pueda ser sustituido y de el mismo resultado con un perro que tengo desde hace unos cuantos años, en fin muchas gracias por otra mortífera pero deliciosa receta, ya tengo una excelente forma de asesinar a mis suegros en la próxima reunión familiar.

  3. Yo no sé cocinar y es una de esas habilidades que me niego a adquirir, como la de chiflarle a los taxis o afinar el coche o aprender un truco de magia con barajas. Pero esta receta está de lo más sencilla y apetitosa (aunque buscaré la manera de no usar tanta cebolla o de hacerla jugo o algo que no me la ponga ahí en el plato final), así que veré si me pongo a hacerla con mi chava, será una linda actividad en pareja y ella evitará que queme la casa tratando de fundir el queso con un soplete o algo.

    Los ingredientes los consigo en media hora. El gato, tal vez en más tiempo, pero quisiera saber si se obtiene el mismo resultado con un gato prestado, así sea uno no tan experto en las lides de la vida y las gatas como el Nosfegatus, o si puedo sustituir el sol por el calor de un calefactor para que esté calientito el minino.

    Un abrazo, mi Lic. Sempere, y que esta cena de Navidad sea abundante en bebidas espirituosas y escasa en bobadas espirituales, jajaja. XD

  4. Muy buena receta Toño, me acabas de faciliar una lucidita esta cena de navidad, sólo temo un poco por el resultado, pues en lugar de gato comtemplativo tengo dos perros bastante inquietos y el sol casi no da en la planta baja… esperemos que no afecte demasiado.

    ¡Un saludo y los mejores deseos en estas fiestas que se avecinan!

  5. Compadre, tengo una duda: ¿las cantidades de ingredientes varían dependiendo de cuántos gatos tengas al sol? Porque me tardo más en acomodarlos a todos que en picar la cebolla finamente.

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