Ese Trabajo Soñado

El post de ayer, acerca de vocaciones y profesiones, dio pie a que algunos de ustedes me escribieran mails consultándome acerca de cuestiones laborales. Eso de por sí es gracioso, pues considerame una autoridad en la materia de orientación laboral puede ser tan equivocado como pensar en Dulce María como una autoridad en asuntos de geofísica, pero en fin… el caso es que uno de los temas recurrentes en sus mensajes tuvo que ver con entrevistas de trabajo, concretamente preguntándome cuál había sido la experiencia más inusual a la hora de aplicar para una vacante laboral.

Han habido varias experiencias sui generis, pero una que miro a la distancia con cierta extrañeza ocurrió a principios del 2007, en Miami. Llevaba ya varios meses de “agente libre” después de que Telerrisa me dijo que ya no les caía yo tan bién como antes y que mejor seguíamos como enemigos. El caso es que estaba haciendo chambitas freelance por aquí y por allá, presentándome a cuanta entrevista de trabajo me fuera posible agendar. Finalmente, en uno de los sitios de Internet que frecuentaba en busca de oportunidades para trabajadores de la industria editorial, me mandaron una alerta para aplicar por una posición.

Los requerimientos no eran nada del otro mundo. La posición era para un Managing Editor, con al menos tres años de experiencia en revistas comerciales, capacidad de manejar fechas de cierre y agendas de colaboradores para seis publicaciones distintas, facilidad para procesar pagos a dichos colaboradores, conocimientos básicos de Adobe InDesign y Photoshop, y lo más importante: habilidad para coordinar sesiones de fotografía y servicios de producción en locaciones diversas.

Modestia aparte, pan comido. Para ese entonces ya contaba con más de una década de experiencia en la industria editorial, y mis pininos como mandamás de publicaciones de mucho renombre pero poca disponibilidad de empleados me obligaron a aprender rápidamente las sutilezas de organizar una sesión de portada o un shooting de moda, entre otras artes y habilidades diversas (tengo algo de experiencia hasta maquillando modelos. Hombres. Sí, prefiero no hablar de ello). Los presupuestos, photoshopazos de urgencia y ajustes a la diagramación también habían llegado solitos a fuerza de sacar adelante las revistas que habían pasado por mis manos llenas de estorbosos dedos. No lo pensé dos veces: envié mi curriculum por e-mail y crucé los mencionados y estorbosos dedos.

El inofensivo exterior de la empresa donde hice mi curiosa entrevista de trabajo…

El lapso normal de respuesta (si la hay) para puestos así en Estados Unidos era de un par de semanas, así que me sorprendió mucho recibir un mail de vuelta esa misma tarde, citándome para el día siguiente. Me imaginé que alguien había abandonado la nave en ese preciso instante y que les urgía contratar a un sustituto cuanto antes. Un escenario bastante atractivo para mi, pues siempre es bueno aplicar para una chamba donde están necesitados de encontrar una solución de manera urgente, a nivel de personal.

Lo mejor de todo: las oficinas de la empresa se hallaban a tan sólo cinco minutos de mi domicilio, en un apacible parque industrial lleno de oficinas y bodegas. Ya me hacía ilusiones de trabajar ahí, con el aliciente de poder ir a comer a casa todos los días y de ahorrarme los clásicos embotellamientos en horas pico rumbo al Downtown, a Coral Gables o a Miami Beach.

El día siguiente me apersoné en el lugar indicado, uno de los múltiples complejos comerciales e industriales en la margen sur de Doral. El edificio ostentaba en su exterior un discreto logotipo: The Score Group. Cabe mencionar que yo había Googleado en ese entonces “Score Group Publishing” y había obtenido resultados referentes a SCORE, la asociación de automovilismo Off-Road que organiza carreras como la Baja 1000. Tomando la experiencia de mi papá en el ramo, pensé que estaba por “caer en blandito” con una compañía que producía revistas especializadas en un tópico que me era sumamente familiar. WIN!

Esta es la página de SCORE, la empresa donde pensé que me ofrecían el trabajo…

Al sentarme en la recepción de The Score Group, fui amablemente atendido por una cubana medio gordis que me ofreció algo de tomar. Acepté un Mountain Dew on the rocks y fui conducido a una salita de juntas, donde me atendería más tarde un tal “Manny”. Nota para los no-iniciados en el mercado laboral de Miami: el 82% de las empresas tienen a un latino llamado Manny encabezando algún área clave de operaciones. Es por ley, creo. En fin, me senté a la mesa en espera de Manny, cuando la recepcionista me preguntó si estaba familiarizado con los títulos de la empresa. “No del todo, pero espero estarlo muy pronto”. Ella desapareció rápidamente y regresó a la misma velocidad, depositando un altero de revistas sobre la mesa y despidiéndose para avisarle a Manny que yo estaba listo.

Por una parte, no estaba del todo equivocado. En efecto, puedo decir sin temor a equivocarme que estaba por “caer en blandito” con una compañía que producía revistas especializadas en un tópico que me era sumamente familiar. El tópico, sin embargo, no eran los autos Off-Road.

El tópico era, naturalmente, la pornografía.

Karina Hart, una de las modelos que adorna con frecuencia las portadas de SCORE. Algo así como Jennifer Aniston para Cosmopolitan…

The Score Group comparte un nombre con una asociación automovilística, en efecto, pero las similitudes se detienen ahí. Sus publicaciones diversas abarcan el mercado de las mujeres con senos descomunales (Score), mujeres de curvas pronunciadas (Voluptuous), mujeres jóvenes (18eigtheen), mujeres que escandalizan a la junta de vecinos con su comportamiento licencioso (Naughty Neighbors) y mujeres que exaltan la libido del lector en base al atractivo de sus extremidades inferiores (Leg Sex). Además de esos títulos base, pude escudriñar las portadas de otras publicaciones de periodicidad más espaciada: XL (para mujeres unos kilitos arriba de las que aparecían en Voluptuous), 40something (mujeres maduronas), 50Plus Milfs (mujeres más maduronas), 60Plus Milfs (mujeres ridículamente maduronas y con más arrugas que el cuello de Celia Cruz) y la elegante New Cummers (mujeres abriéndose camino en ese competido campo de enseñar sus partes pudendas).

Sobra decir que el speech que tenía preparado para impresionar a Manny iba a tener que sufrir una rápida reedición mental…

Pero no hubo tiempo de hacerlo. Manny, un latinazo capaz de hablar tanto el inglés como el español de una forma ininteligible, hizo su aparición. Y no desilusionó en lo más mínimo. Su atuendo me demostró de inmediato que el business casual era mucho más relajado en The Score Group que lo que era en, digamos, CitiBank. Sandalias, bermudas de cholo, una T-shirt de Scarface y un escandaloso reloj cuyas dimensiones cómicamente bestiales sugerían que se lo había robado a la plaza central de algún pueblito en Suiza. Evidentemente mi camisita Oxford y mi pantalón de casimir me hicieron sentir algo sobrevestido para la ocasión.

La entrevista se tornó incómoda muy rápidamente. Después de las amabilidades iniciales y un breve repaso por mi CV, Manny procedió a interesarse por mi habilidad para coordinar shootings fotográficos. Me explicó a grandes rasgos que lidiar con “el talento” (me mató que se refiriera a las chicas como “el talento”, claro) era la parte más complicada de este negocio, y que a lo mejor iba a complicárseme más que una sesión de fotos para Men’s Health (revista de la que Manny anunció ser orgulloso suscriptor, algo seguramente halagador).

No sólo eso, también me dijo que solían hacer muchas fotos in-house, y me dio un paseo rápido por las escenografías. Si han ido a un IKEA, la experiencia no es del todo distinta: escenarios que muestran muchas habitaciones (sobre todo muchos dormitorios) con algunos props para dar ambiente. Claro, las locaciones in-house se quemaban pronto, así que una de mis responsabilidades (de ser contratado) implicaría buscar casas vacías que pudieran ser rentadas “por debajo del agua” (o sea “por día”) a un bajo costo, pues en la variedad de lugares para mostrar gente teniendo sexo estriba el éxito de las publicaciones de gente teniendo sexo. Creo.

El caso es que mientras más me platicaba Manny de un futuro lidiando con encueradas, menos atractiva me resultaba la idea de entrarle a la dudosa empresa. No que me espante la pornografía. Todo lo contrario, es una de las formas de arte que debería tener más espacio en nuestros museos y galerías, en mi humilde opinión. Lo malo es que al final del breve tour, regresando a la salita de juntas, conocí a uno de mis futuros compañeros de trabajo.

No me acuerdo bien del nombre del tipo que me presentaron. Pavel o Piotr o algún nombre típico de tierras ex-soviéticas. Lo impactante de este individuo es que representaba todos los estereotipos de malviviente ruso que el cine mundial se ha encargado de perpetuar en películas como Rounders, Eastern Promises, Layer Cake y creo que hasta en Air Force One. No sé cuál era su cargo específico, pues Manny sólo atinó a referirse a él como “My main man [Inserte nombre ruso aquí]”, a lo que el aludido respondió con una fría mirada por encima a su finísimo servidor y una pregunta cortante a Manny respecto al paradero de [Inserte otro estereotípico nombre ruso como “Dmitri” o “Ilya” o “Sasha” o qué sé yo].

Mi “supervisor” se parecía alarmantemente a este personaje…

El russki vestía todavía más inapropiado que yo, ¡pero a ver quién era el macho que se lo hacía notar! Camiseta blanca, un blazer de cuero oscuro (en un día que rondaba los 31º C), jeans y unos zapatos como de cocodrilo o alguna otra variedad de reptil. Y una gran cruz de oro pendiente de una escandalosa cadena del mismo material. Y un cabello más seboso que un plato de “moros con maduros”. Y una dentadura manchada de nicotina que seguía tiñendo con largas tiradas a un cigarrillo. Un cigarrillo fumado, sin empacho alguno, dentro de una oficina llena de letreros de “No Fumar”.

Manny respondió con una tímida evasiva de que luego se haría cargo de lo preguntado, y me invitó a sentarme de nueva cuenta. Me explicó que el Socio de Europa del Este cuyo nombre no puedo recordar (porque me daría pesadillas) era un buen tipo, muy útil para lidiar con managers difíciles y experimentado en arreglar situaciones apremiantes. “He gets things done, meng“, fue el elogioso resumen. Me imaginé que “things” era un amplio término capaz de abarcar cosas como, digamos, “romperle las rodillas a un editorcete cachetón que haga demasiadas preguntas o que no pueda disimular una erección en presencia del ‘talento'”.

Mi trabajo de ensueño se tornaba cada vez menos atractivo.

Y llegó la hora de hablar de dinero. Y la verdad es que no era mala paga, pero la cantidad de trabajo que esperaban de mi era como para que pagasen el triple de lo que ofrecían. Eso considerando que todo marchase sobre malvaviscos y osos de gomita, pues la experiencia me ha enseñado que la menor complicación en una sesión de fotos puede significar demoras que lo hacen trabajar a uno a altas horas de la madrugada. Ahora imaginen trabajar a altas horas de la madrugada al lado de un ruso con cara de muchos enemigos y pinta de que se desayuna medio litro de Stoli y un puñado de anfetaminas antes de que le sirvan el café. Seguro entenderán mi renuencia a seguir entreteniendo la idea de trabajar para The Score Group.

Por último Manny me dijo que me contactarían en unos días, pues necesitaban decidir rápido ya que las producciones iban con algo de retraso. Ya de despedida me preguntó de dónde era, y le dije que era mexicano con ascendencia española. Esto le entusiasmó. Me preguntó si tenía pasaporte de la Comunidad Europea, pues ocasionalmente había oportunidades para viajar al Viejo Continente en “giras fotográficas y caza de talentos”. Y también me preguntó si tenía cuenta bancaria allá, pues a veces eso facilitaba la agilidad a la hora de procesar pagos.

Mi costumbre después de una entrevista de trabajo es enviar un mail de agradecimiento por haber sido considerado para la plaza, sin importar cuál sea la decisión final respecto a la contratación. Creo que el caso de Score ha sido la única vez que me he saltado esa clásica cortesía profesional. Me imagino que encontraron a alguien que le cayó mejor al ruso, o con cuenta corriente en el Banco de Albania, o qué sé yo. Lo que me dejó la entrevista fue algo más de experiencia en el mercado de trabajo, un altero de revistas pornográficas cortesía de Manny y una anécdota memorable para el blog.

Y también me enseñó que hacer búsquedas en Google con el “Safe Search: ON” puede guiarlo a uno por senderos insospechados.

25 comentarios en “Ese Trabajo Soñado

  1. Seria interesante saber finisimos firmes no seria solamente un chiste de podcast si no una marca en el curriculum del lic. sempere, quien sabe, a lo mejor si le hubiera entrado al “bussines” tendriamos material exclusivo de cortesia como finisimo publico😄

  2. Pregunta obligada, si no hubiese rusos mal encarados ni horarios incómodos … pero … la revita fuera solo de GILF’s … hubieras aceptado el puesto?

  3. ja es chistoso por que mi primer encuentro con una revista de esta compañia fue por parte de mi padre, a veces se las encontraba cuando las escondia, je la cuestion es que actualmente estoy buscando donde hacer mi servicio social, ya estaba hacindolo en la distribuidora Intermex, pero nomas me estaban poniendo a hacer capturas de datos en excel, no es lo que yo esperaba realmente, inmediatamente pedi mi cambio a editorial Televisa, cosa que no sucedio por que supongo que estan completos de gente, yo estoy saliendo de la carrera de comunicación de la UVM aunque el año pasado me fui de intercambio estudiantil a Madrid (creo que lo comenté en algunos de los saludos que pedi por Finisimos Filmes) finalmente me canalizaron a Esmas.com donde me comentaron que me confirmarian si si me aceptan, aun tengo mis dudas, por eso quisiera saber que elegir para hacer mi servicio o inclso para trabjar, saludos, por cierto soy muy fan de tu blog y de todos los podcasts que has hecho, te recomiendo que si puedes nos escuches todos los martes por http://fffradio.listen2myradio.com/ de 8 a 10 de la noche.

  4. Wooow… santas boobs batman!!! trabajar para score group?? aunque ya asi como lo platica usted si medio se le espantan las ganas a uno pero… WTF!!! xD

  5. Resumo todo lo que se pudiera externar en estas líneas como: “Sempere es al Sexo, como el Sexo es a Sempere”. No importa como, cuando y donde TODO tendrá una connotación, desenlace o le motif sexoso que “Toño Afanoso Ganoso” no dudará en compartir.

  6. ¡Uy que fresa me saliste Toño! A mí se me hace que no aceptaste, no por miedo al ruso, sino a tu mujer en aquel momento :-DDD
    ¿Tu crees que coordinando las escenas te hubieras dado cuenta de la presencia del ruso fumador? ¡Ni cuenta te darías!

  7. Pues es bastante curioso eso de las entrevistas, yo trabajo en el área de RH y hago entrevistas casi diario y claro he ido a muchas entrevistas, a mí en lugar de contratar gente para ese tipo de ambitos que yo llamare “Negocio de muchahos y muchachas encueradas” a mí me han querido reclutar, obviamente no he aceptado (dejen de googlear) ofrecen buen dinero, “buen ambiente de trabajo” y sobre todo viajar y ser bien conocida, yo así estoy bien.

  8. Jajajajajajaja!!!!! La escena es como sacada de un capítulo de serie “La Ley y el Orden UVE” me cae! (y seguro es que aprendí la lección a la hora de mandar CVs y agendar citas de trabajo).

    Salve!

  9. A mi también me ha tocado entrevistar alguna vez y te mueres de la risa con la actitud de ciertas personas:

    “Enbio mi curruculum, solicito respuesta inmediata.”

    “Cuento con maestria en conunicacion.”

    Cositas lindas no? Jaja

  10. Va, pues:

    Era 2006, y yo estaba buscando cómo engordar la cartera para poder irme de vacaciones con la increìble Yohanna, una amiga que es casi mi hermana, allá al DF y de ahí a donde se nos antojara. Así que busqué un empleo de medio tiempo para sumarlo al de tiempo completo y que me fuera fácil dejar. Me compré el periódico, me senté a comer en un centro comercial y busqué. Casi todos los anuncios eran de vendedores, de empleadas de costura en una maquila, o de carreras que no podían tener que ver con la mía, o en su defecto que exigían horario completo por menos sueldo del que ya tenía.

    Pero hallé un anuncio peculiar: trabajaba donde yo quisiera, el chiste era nada más saber inglés y poder entregar a diario, de lunes a viernes, un texto de una cuartilla en el que se estuviera promocionando un producto en turno. Hablé al número especificado en el periódico, y me respondieron que tenía el número equivocado, que ese era un número privado. Ni modo, pensé. A ver si mañana publican bien el número.

    No tuve que esperar tanto. Al celular me llegó un mensaje disculpándose por la confusión, y que si podía mejor comunicarme a cierto número que no estaba en el diario. Marqué, y me citaron al día siguiente en una dirección que entonces era una de las pocas casas terminadas de un desarrollo habitacional bastante extenso, no menos de 10 hectáreas de pura casa clonada y vialidades estrechas. Ya saben, no diré nombre del lugar. Pues me pareció perfecto, así es que ahí me tienen en la entrevista.

    De inicio, los entrevistadores eran los mismos dueños de esta empresa cuyo nombre no he de decir, aunque ya ni existe, me pidieron saber qué me motivaba a tomar ese trabajo, les dije que tomarme una semana y media de vacaciones en un lugar desconocido con una amiga preciosa, y me dijeron que llenara una cuartilla hablando de, precisamente, mis últimas vacaciones. Eso hice, llené el texto de referencias agudas, bromas sutiles, ironías inocentes y dejando ver que no era yo ningún pendejo. Les cayó bien, y me dijeron que si podría hacer unos textos promocionando bicicletas. Sure, I can do that. ¿Y publicitando muebles? Of course, in fact I like furniture design a lot. Muy bien. Entonces ¿tienes algún límite que nos quieras hacer saber en cuanto a qué podrías tener como tema y qué preferirías no vender?

    Eso me sacó un poco de onda. Supuse que iba a acabar reseñando DVDs de pornografía o algo así, pero les dije que no había problemas y que yo podría escribir a profuso detalle lo necesario para vender un producto. Eso les gustó, y me dijeron que me podían pagar hasta 5000 mensuales si me comprometía a darles un límite de 15 textos de una cuartilla a la semana. Que no tenía más que enviarlos a su correo y que cada semana me presentara a cobrar ahí mismo.

    Pues a mi correo llegó información. Muchos datos, muchos links, mucha imagen. De ahí tenía que extraer los rollos vendedores. Y no lo vi mal, hasta que abrí los zips y vi que era todo información sobre agentes opiáceos. Desde dosificaciones, formas de consumo, países de origen, cerca de 70 variedades de amapola con sus nombres científicos y las sutiles diferencias de sus alcaloides específicos, los modos de preparación, tiempos de entrega según el origen del producto y recomendaciones para el consumidor casual, el adicto acérrimo y el VIP que podía pagarse unos gramos o unos kilos de extracto de una semilla tan depurada y tan bien mejorada por cruzas de otras variedades que parecía que te estaban ofertando algo tan cabrón, prohibido y caro como una noche con Miss Teen USA, y sin condòn.

    Al principio pensé que era solamente uno de muchos productos, seguramente legales lo otros, de una gama enorme de importaciones y exportaciones que manejaba la empresa. Así que las dos primeras semanas cumplí enviando los textos, pero ya no sabía si estaría muy ofensivo o muy pendejo preguntarles si en efecto eran traficantes de droga que enviaban mis textos a una lista secreta de contactos de correo siempre en crecimiento y rotación para que eligieran cuál sería su veneno de la semana.

    A la tercera semana mejor les avisé que ya no podía trabajar con ellos porque me iba a ausentar de la ciudad un tiempo, por una oportunidad fake de trabajo en, esteee, Hidalgo. Me dijeron con toda amabilidad que borrara toda la información, que sacara otra cuenta de correo y les diera la contraseña de la mía, previamente vaciada, porque ellos estaban interesados en conservarla (ahí perdí mi cuenta de saiyanpower@********.com), y que como todavía no firmaba contrato, fuera a dejar mis datos sompletos por si se ofrecía nuevamente contactarme, y en ese momento me darían mi cheque.

    Sobra decir que abandoné la cuenta sin darles nada, cambié mi celular, no me presenté a cobrar ni a dejarles el resto de mis datos, y no me volvieron a contactar. De todos modos me acabé yendo una semana y días con Yohanna a pasárnosla bien, aunque tuve que esperar muchos meses más que los originalmente planeados. Y estuve meses mirando sobre mi hombro, preocupado de que fuera yo, por mis pocas semanas de contacto, un cabo suelto que sabía demasiado como para dejarlo ir sin al menos una pierna rota en advertencia de mordaza.

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