REDUX: Serpiente de Goma

NOTA DEL AUTEUR: Ya les había platicado del terrible incidente con una computadora donde perdí un número considerable de textos sin respaldar. El fin de semana pasado encontré el borrador impreso de algunos de los cuentos que creía perdidos para siempre. Esta es la versión ‘redux’ de uno de ellos. Creo que aproximadamente el 70% del texto es original, y procuré respetar las referencias de la época. Y sí, así escribía yo en 1994. Ténganme paciencia.

SERPIENTE DE GOMA (manuscrito original de 1994, pasado por la corrección actual)

El punto donde Avenida Cuauhtémoc se ha transformado en Avenida México-Coyoacán, poco antes de llegar a Río Churubusco, me recuerda un par de cosas que pueden o no parecer importantes (lo más probable es que no). Primera de ellas, que hay demasiados autos en la Ciudad de México. Por alguna razón este cruce sufre de congestionamiento vehícular crónico, con un letárgico proceder de coches que ruedan lastimeros sobre sus cuatro patas de goma en el afán inútil de llegar a su destino. En esta ocasión, detenido irremediablemente frente a la entrada a la Cineteca Nacional en espera de que el semáforo permitiese avanzar, tuve la oportunidad de analizar a las huestes del sub-empleo en acción.

Entre los vehículos, salidos como un enjambre de realidad nacional, se dejan venir sobre nosotros oleadas de hombres y mujeres en pos de nuestro dinero. No es precisamente la banda de forajidos de Frank y Jesse James atacando una diligencia de la Wells-Fargo, pero la intención va por ahí. Vendedores ambulantes, limpia vidrios y mendicantes profesionales se acercan a las ventanillas en un intento lastimero de generar respuesta de parte de los conductores. Todos tienen un bien o servicio a vender: rompecabezas de la República Mexicana fabricados en espuma multicolor, botellas de agua, lavado de parabrisas con agua puerca y jabonosa, paletas Mimí, revistas y periódicos, volantes que otorgan descuentos del 25% en la reparación de su refrigerador o lavadora, conciencia tranquila (es lo que “venden” los que piden caridad), quesos menonitas, churros fritos en aceite automotriz usado (sospecho), banderas de México, serpientes de goma (muy realistas, la verdad), cacahuates japoneses… todo un bazar desfila al lado nuestro durante ese largo interludio entre luz roja y luz verde.

Lo más divertido son los que limpian parabrisas. Caminan con paso diligente, mirando hacia todos lados pero rara vez  en dirección al auto que quieren marcar con el certero chorrete escapado de sus botellas, mientras detrás del parabrisas un automovilista agita frenéticamente los brazos en ademán negativo, justo antes de ser alcanzados por esa lanza acuífera de la desigualdad social. En realidad es un gracioso espectáculo, si no recordase tanto que vivimos en un clima de crisis laboral permanente. Sigue leyendo