Pasitas

He notado una extraña dinámica en casa de mis papás. Justo en la recámara principal, arriba de un mueble donde reposa la cafetera exprés (vicio de mis progenitores), se encuentra un enorme recipiente de pasas cubiertas con chocolate marca Kirkland. Kirkland es, por supuesto, la marca propietaria de la cadena Costco, ese descomunal almacén donde te venden productos a granel (pero siempre a precios bastante competitivos). El frasco de plástico con pasitas es, por lo tanto, muy grande.

La recámara de mis jefes no es precisamente un recinto de paz. Mi mamá entra y sale de ella todo el día en sus labores cotidianas. Es el lugar donde duermen y pasan la mayor parte del día los dos gatos que aún sobreviven la reciente oleada de decesos mascoteriles: Old Man Gatus (15 años) y Kittler (6 años). Y el baño de dicha recámara es el de acceso más conveniente en la planta alta de la casa, así que cuando está la familia “de confianza” presente, es casi seguro que haya tráfico peatonal enfrente del dichoso frasco de pasas.

Y todo el que pasa frente a las pasas opta por despacharse un puñado de las suculentas, dulces y deliciosas golosinas. Es inevitable, como aminorar la velocidad cuando circulas frente a un accidente, o como cuando recibes tu cheque de regalías actorales correspondientes a la popular serie de TV Two and a Half Men y decides gastártelo íntegro en prostitutas y ladrillos de cocaína. Natural y simple como eso.

La merma en la cantidad de pasitas es sumamente notoria durante los primeros días en los que el frasco hace su aparición en la recámara de mis papás. Mi papá, goloso de proporciones bíblicas, le entra que es un contento. Mi mamá ha comido chocolate en cantidades industriales durante toda su vida, así que también se despacha. Mi hermano se la vive sometido a extrañas dietas que le hacen repelar si se le va un fideo en el caldo de pollo, pero no tiene empacho alguno en introducir sendos puños al frasco y surtir sus cachetes de pasas. Y yo, bueno… digamos que mi fuerza de voluntad es legendariamente frágil ante cualquier cosa que tenga chocolate.

Y no somos los únicos. Si mi hija visita a los abuelos, también se come sus respectivas pasitas (después de ponerse su insulina, claro está). Mi sobrina Ana Fer hace lo propio. El Finísimo Perro Hammer comienza a salivar pavlovianamente en cuanto sus aún más finos oídos detectan el sonido de la tapa desenroscarse, así que pone su cara de refugiado y prácticamente nos obliga a regalarle su puñito de pasas. Así es como gradualmente el frasco se va vaciando.

Pero he aquí el lo que me llama la atención: el frasco se vacía rápidamente al principio, y después… la merma disminuye. Mucho. Una vez que queda, no sé, un 10% de la cantidad original, el frasco de pasas que se agotó casi por completo en una semana comienza a extender su vida de una manera agónica. Y en vez de terminarse al ritmo lógico, puede durar hasta una semana entera adicional, sus contenidos desapareciendo poco a poco, a cuenta gotas. ¿Por qué?

Pasitas con chocolate del Costco: golosina de dioses. Y de mi familia.

Todo mundo toma porciones cada vez menores de pasitas. Olvídense del puñado codicioso que uno aplica cuando hay abundancia de producto. No, todos reducimos la porción a un pellizco. Y luego a un pellizquito. Y luego a lo que agarras con dos dedos, nada más. Incluso hay un momento sumamente cómico en el que se pueden contar, a simple vista, el número de pasitas restantes al fondo del frasco casi vacío… y aún así todos siguen tomando una porción mínima de ellas. Ni siquiera suficientes para aliviar el antojo, pero sí para prolongar la vida útil del snack sin que nadie se termine el frasco por completo.

¿Cómo funciona esto? ¿Acaso el Beibi Yisus decide multiplicar algunas pasitas, como lo hizo de grande con panes y peces? ¿O es que la simple culpabilidad de pensar ‘me estoy terminando las pasas con chocolate que esta familia entera disfruta’ nos priva de darles mate a las últimas en el frasco? Nadie quiere ser el villano, ni el responsable. Nadie quiere decir, con la boca repleta de chocolate y uvas secas: “Sí, YO me terminé sus pasitas, idiotas. Y lo haría de nuevo si pudiera, pues mi placer gustativo está por encima del de todos ustedes. Y aparte, son deliciosas y las venden a precios muy competitivos…”

El cínico en mi se inclina por pensar eso, que el acto de no terminarse las pasitas equivale a no darle la puñalada mortal a Julio César en los idus de marzo, pensando que en la acción (o falta de acción) colectiva se disimula la responsabilidad de la culpa individual.

Pero también hay un lado optimista en mi, que entretiene la idea de que el frasco de pasitas simbolizan un poco la consciencia de vivir en una estructura social donde no podemos ver por nosotros mismos nada más, y que el resto se xoda. Y por eso tomamos pocas pasitas. Porque alguien viene detrás de nosotros más tarde a buscar la dulce recompensa de ese chocolate de regusto afrutado, y no le gustaría nada encontrar un frasco vacío.

Ya se me antojaron las pasas. Voy por un puñito. Seguro todavía quedan unas pocas, al fondo…

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24 comentarios en “Pasitas

  1. ¡¡¡Ni un dólar cuesta el tonel ese!!! Impresionante. ¿Crees que tiene verdadero cacao? A ese precio, me parece casi imposible. Si sí tiene, compra toda la existencia de Costo y revéndelo en el mercado de futuros, más ahora con el conflicto en Costa de Marfil.

    • Esteee…jum..ehem…

      El precio de la cenefa es $9.99 USD, al tipo de cambio de hoy son $121.57 MXP.

      Lamento arruinar tu impresión, finisimo amigo.

  2. Me lleva! estoy en un momento de la vida en que no puedo oir/leer sobre comida porque quiero arrasar con todo. Me pasa lo mismo con unos palitos como de barquillo de chocolate rellenos como de nutela que se llaman papadopolus o algo asi.

  3. Es verdad, en la historia de las botanas y dulcecitos mientras menos queden, menos te comes. Aunque en mi hogar la ley indica “Si te lo acabas, vas por mas”. Razon por la que nadie quiere ser el surtidor de los demas.

  4. Chale, en lugar de panes lei, penes, Beibi Yisus, perdóname.
    La única manera en que yo pueda probar las pasas es que sean cubiertas con chocolate, de otra manera mi cuerpo no soportaría ni la mínima dosis de 2 pasas.

  5. Pues no se que pensar de este post pero en este momento iré por unas pasitas, ya se me antojaron, gracias por revivir ese antojo extraño por pasitas y que había tardado en quitarme, saludos.

  6. Pingback: Tweets that mention Pasitas « Finísima Persona -- Topsy.com

  7. Amo esas pasitas con chocolate!!! a decir verdad todo lo que tenga chocolate me mata, y hasta para eso soy especial

    En sí cuando leí pasitas pensé “Rayos!!! no me gustan!!” por que las pasitas sin chocolate por alguna extraña razón que pocos comprenden-como mi odio al aguacate o a la piña (si lo se soy rara)- no me gustan!!!!

    Pero claro si tienen chocolate de otra cosa se habla xD

    Tal vez mañana me compré unas… pero podría apostar 100 a que se acaban y al final una de mis tías dirá: eeeeee-tono dramático- ya nos acabamos tus pasitas…-pero claro hechandose el último puñado a la boca (nuestras familias funcionan diferente D:)- y obviamente no me molestaría, ya que como son las tías que me caen bien… amo compartir cosas con ellas.

    Un saludo!

  8. Has pensado en la relacion que puede existir entre la muerte de tus mascotas y el que les den chocolate, que segun entiendo les acelera el corazon y les provoca problemas vasculares y de vision, so goey.

  9. A mí me pasa lo mismo pero con los frascos de Nueces de la India de la misma marca. Pero si me ha llegado a durar 2 meses más o menos. Sobre todo por la tendencia a la diabetes de los que me redoan. Bendito cuerpo sano que tengo. Gracias.

  10. Así me pasaba a mi cuando compraba pasitas “Rucas” (creo que así se llaman) pero ahora ya sé a donde ir a surtirme para este próximo fin del mundo, gracias.

    Por cierto, yo tenía entendido que si un perro come chocolate o pasas se muere, pero supongo que si se le da las dos cosas juntas su sistema operativo se confunde y no procede el deceso.

  11. Nunca he probado las pasitas de esa marca, a lo más que he llegado son a las de ricolino (todavía existen?) y a las que venden a granel en la central de abastos jaja.

  12. Las bolsas de cheetos poffs tamaño costal que venden en la misma tienda tienen ese efecto maldito en casa de todos ustedes.

    Cuando llegan a casa la medida de despacho es a sendos puñados que te llenan los cachetes, conforme la bolsota se va haciendo mas flaquita se van tomando de a menos para disfrutarlos lentamente.

    Es el efecto visual de la escaces, al ver menos bajas el consumo para que este se prolongue.

    Bueno…hay algunos que no lo aplican de esa forma y como dice el dicho: “me viste, te reiste. No me viste…te chingaste”

  13. Que pongan dos frascos: uno de suculentas pasitas de chocolate y otro de coperacha para el siguiente frasco de golosinas.

    Así, el que tenga a bien agarrar un puñote o la última se va a sentir justificado en hacerlo y evitará que los demás se ciñan el cinturón y dejen sus antojos castigados por la carga de la responsabilidad.

    Chale, ya se me antojaron. Tengo que hacerme de un frasco de esos. O dos. O dos para mí y otro para las amistades. Ya veré. 😀

  14. En mi casa el objeto del deseo colectivo son los mazapanes. Por cierto a mi no me gustán las pasas si van de complemento en algún panqué por ejemplo, pero si veo un frasco de pasas, empiezo a botanear hasta hartarme.

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