El Fin de una Era

No tengo ninguna base científica para probar lo que procederé a contarles en el post de hoy, pero como nunca dejo que minucias como “hechos”, “certidumbres” e “investigación responsable” interfieran con mis escritos, ahí les va… estoy 98.7% seguro que fui el último alumno en México que recibió castigo físico por parte de un maestro de escuela.

Yo crecí escuchando historias de terror respecto a maestros que le sacudían el polvo a sus alumnos de manera regular. La abrumadora mayoría de dichas historias provenían de mi propio padre, quien pasó por 14 escuelas distintas (tiene su carácter el viejo desde siempre, créanlo) y en varias de ellas tuvo que soportar santos guantazos de parte del magisterio. Claro, se llegó a desquitar en un par de ocasiones, y por eso no me extraña que lo hayan corrido de tantas instituciones educativas. El caso es que le fomentaron una desconfianza permanente hacia el profesorado, misma que comunicó a sus hijos desde temprana edad.

Mi papá, desde épocas del kinder, nos advertía muy serio que teníamos que avisarle de inmediato si algún maestro, fuera quien fuese y aún con la razón de su lado, osaba ponernos la uña de un dedo encima. Esto lo envalentona a uno, obvio, pero también da a entender que aquellas épocas Pinkfloydescas donde el educador aplicaba reglazos a diestra y siniestra para infundir temor entre los educandos no eran exageración alguna. Existieron, y si lo dudan pregúntenle a sus papás y abuelos.

El caso es que yo, felizmente, pasé por todas las etapas de educación temprana sin reportar ni siquiera un jaloncito de orejas ante mi justiciero padre. Ya les conté que estudié la escuela primaria en el sistema Muppetssori, donde le festejan a uno hasta las siestas diurnas. Y la directora de la escuela, que llegó a ser buena amiga de la familia, contaba frecuentemente la impresión (y hasta la gracia) que le hizo mi papá cuando tuvo la primera junta de padres de familia y dejó entrever, sin rodeo de por medio, que él respetaba la libertad de cátedra siempre y cuando se detuviera al llegar al momento de un castigo físico, pues “sea maestro o maestra quien se atreva a darle el menor coscorrón a uno de mis hijos, lo busco y le parto su madre”. Lo dicho, sobre advertencia no había engaño.

Lo que el gremio escolar intentaba recalcarle a mi papá con cada una de sus advertencias era que el pegarle a los alumnos era una práctica completamente abolida del sistema educativo, hacía mucho tiempo. Pero yo miraba con recelo a mis maestros. Y ¿porqué no decirlo? También probaba sus límites de tolerancia de vez en cuando. Digo, sólo por saber.

Hasta que llegó el día fatídico, claro…

El trauma de los maestros que se sonaban a los alumnos marcó a gente como Morrissey, y el sencillo "The Headmaster Ritual" alude al desalentador fenómeno...

Estaba yo en el Colegio México, en el primer año de secundaria. Los hermanos Maristas (hermanos maricas, les llamaba yo a sus espaldas) eran un estricto grupo de educadores sin mucho sentido del humor e infinitamente menos comprensivos que sus contrapartes en el Muppetssori, así que la adaptación al sistema tradicional no me fue muy fácil. Algunos de los maestros, para ser francos, sí me tenían algo de ojeriza. Y había uno en especial que era un hueso duro de roer.

Me refiero al Profesor Gallegos. Gallegos era un viejecito que había llegado de España durante la Guerra Civil y me imagino que lo hizo siendo un hombre bastante maduro, pues para la época en que lo padecí como maestro ya estaba matusalénicamente viejo. Y nos daba la materia de mecanografía (¡Cuéntanos más, Abuelo Toño!). Así es, los 58 tarados que conformábamos el grupo nos sentábamos frente a sendas y monstruosas máquinas de escribir mecánicas, produciendo al unísono un estruendo de golpes metálicos sobre papel capaces de silenciar una boda de pueblo.

Las viejísimas máquinas de escribir no estaban exentas de problemas. Usualmente eran broncas simples, como que se atascasen varias teclas al oprimirlas simultáneamente, o alguna otra tontería fácil de arreglar.

Para mi mala fortuna, en una de tantas clases, oprimí una extraña combinación de teclas que hizo saltar el rodillo de la máquina de escribir como el casquillo de una bala de cañón recién disparada. El rodillo voló por los aires y golpeó la pared justo cuando el Profe Gallegos caminaba hacia mi mesa, con una cara que se la pisaba.

Estaba yo abriendo la boca y levantando el índice pontificador para explicar la secuencia de teclas que produjo el desaguisado cuando de pronto ¡SLAP! La vieja y callosa mano de Gallegos me impactó la mejilla. No fue un golpe muy fuerte, pero tampoco fue como para confundirlo con una amistosa bofetadilla entre amigos. Y menos porque Gallegos la acompañó con guarnición de “¡Es usted un cretino, Sempere! ¡Un cretino reincidente y destructor de material escolar! ¡Sus jueguitos me tienen harto! ¿Me escuchó? ¡Harto!”

Se dio vuelta y fue a apuntar algo en su libreta. Yo me puse, según mi compañero de banca, completamente rojo de la ira. ¿Quién se había creído que era el vejete ese para ponerme la mano encima? ¿Qué no sabía que el castigo físico estaba prohibidísimo por la SEP, la UNICEF, el Tratado de Ginebra y el Brindis del Bohemio?

Sonó la campana, dando fin a la clase. En el recreo mi coraje sólo fue en aumento. Los pocos compañeritos que presenciaron el hecho (recordemos que el estruendo en la clase limitaba la difusión de incidentes como el mio) se mostraban divertidos, pero yo sólo pensaba en venganza. No que me ilusionara ver a mi papá, en plenitud de facultades y legendariamente hábil para el trompón, vapuleando a un viejillo en estado pre-zombie, pero algo tenía que hacerse, ¿no?

Felipito, de Mafalda: soñaba con que llegase el día en el que los alumnos le pegasen a los maestros... ¿o era Miguelito?

 

Pues no. La verdad es que se me olvidó contarle a mi papá lo ocurrido. El bofetón ocurrió un jueves, se interpuso el fin de semana y su tradicional escapismo, y llegó el lunes siguiente sin que yo pasase el reporte de daños a la autoridad paterna.

El lunes, sin embargo, había clase de mecanografía otra vez. Llegué a la escuela pensando que tendría que volver a verle la cara al abusivo de Gallegos, lo que no me agradaba demasiado. ¿Cómo se me olvidó contarle todo a mi papá? ¡A mi papá, que juró barrer el piso con el cadáver del próximo maestro que se atreviese a golpear a un Sempere! Ni hablar, damas y lo que pasa por caballeros que leen Finísima Persona: la clase iba a estar de lo más incómoda para un servidor de ustedes.

Pero no lo estuvo. No hubo clase, de hecho. Había un gran revuelo en el patio del colegio esa mañana, y muchos estudiantes se agolpaban frente a un letrero colocado en la ventanilla de la oficina del director. Al parecer el venerable Profesor Gallegos había enfermado durante la semana anterior, para fallecer en el transcurso de la madrugada previa.

Y el chiste obvio, por supuesto, era que yo había matado a Gallegos de un coraje al descomponer la máquina de escribir.

Quiero creer que no fue ese el caso, y que el viejito ya estaba averiado de alguna forma cuando el Olivetti-gate tuvo lugar. A lo mejor por eso me dio la bofetada, por estarse sintiendo del proverbial caraxo y haber manifestado una reacción inusual a causa de su padecimiento. Nunca lo había visto tan enfadado como el día del bofetón, así que era factible que todo hubiese sido una desagradable coincidencia.

Aunque siempre queda un rincón oscuro en la mente de uno que dice lo contrario. Y por eso pienso que soy único y especial en el sentido de que mi castigo físico, en forma de una mano que se impacta en la mejilla, marcó el fin de una desagradable era para los alumnos de este país.

Se te extraña con todo y todo, Gallegos. Ya no hacen a los maestros como antes…

48 comentarios en “El Fin de una Era

  1. Pues, yo todavía vi a varias de mis maestras sonarse a reglazos a mis compañeros de la primaria pero nada más. A mí por cierto nunca me tocó, siempre fui bien portado (lo crean o no).

    Y pues cuando pasas a formar parte del magisterio te das cuenta que de veras hay alumnos que se pasan de pendejos (aunque yo doy clases a nivel universitario), sin embargo, repruebo en cierto sentido la violencia contra los alumnos

  2. Uy me recuerda a una historia similar, yo niña de 10 y no sé porque me castigo una profesora y hasta mando a llamar a mis padres y como al mes falleció D: muy feo, pero así fue.

  3. Yo les voy a contar la anécdota de “El Lobo”, un Catedrático de programación bien déspota de la facultad, que tenía la fama de reprobar a todos. Yo como un sotorpe hecho y derecho no batallé nada con la materia, y de hecho tenía mis calificaciones de 10 limpio, pero ese cabrón, me dijo que de por sí, no le gustaba que pasaran con él, menos me iba a pasar con 10, y pasé con 8, por sus pinches huevos.

    Total que había un camarada que no recuerdo su nombre, pero que por esa mamada perdió su beca y se tuvo que salir de la facultad, porque pos no tenía $$ pa pagar, y un día se topo al pinche Lobo en Walmart puchando un carrito con mandado, y este héroe anónimo se le abalanzó y agarró a chingazos, y el Lobo ni alcanzó a meter las manos y el exalumno se le trepó y le dió chingazos en la cara.

    Y cuando el Lobo salió del hospital con todas las jetas rotas y el ojo morado, no le sostenía la mirada a nadie, asumo que ya desde ahí le bajó de huevos. Y el exalumno no supimos más nada de él, después de que salió del tambo.

    • Lo que son las cosas, a mi me pasó algo similar a lo de tu ex compañero, resulta que en la maestría me reprobó un pseudo maestro por no obedecerlo pues era mi director de tesis y me proponía robar una tesis ya hecha de otro de sus ex tesistas que ya la había publicado por su cuenta, y a este maestro que es un “dios” en esa maestría no le gusta que le desobedezcan pero pues me proponía algo ilegal.

      Total que se aguantó su coraje y acepto que hiciera otra tesis pero ya casi al final de todo, cuando estaba a punto de terminar mi maestría que me reprueba sin compasión el desgraciado y todavía se atreve a confesar que me reprobó porque me quejé que él no me ayudó nunca con la tesis con otro maestro y que ese le fue con el chisme.

      No hubo forma de defenderme, truncó mis estudios de maestría y me quitó el derecho de aspirar a una beca de doctorado en el cual ya estaba prácticamente aceptada.

      Con coraje y todo un día me topé con ese tipejo pero como estábamos con otros alumnos y maestros no pude más que ser hipócrita y saludarlo de buena gana y él se da el gusto que bromear conmigo casi casi burlándose de mí. Comprendo el sentimiento de tu ex compañero pues no me faltaban ganas de partirle su cara pero soy mujer y el tipo estaba con sus amigos. Ademas no quisiera darle el gusto de verme derrotada o en la cárcel por su culpa.

      Que lastima que los maestros hagan lo que se les antoje y nadie les ponga un alto, a nosotros nos toca aguantarnos.

  4. Pues yo les contaré una historia muuy muuy bizarra, en cuarto de primaria tenía una maestra llamada Atermia Calva, I shit you not, Artemia Calva, que estaba tan loca como una cabra y con pinta de verdulera cubana. Esta señora estaba bastante mal, y todos los días se ponía a llorar de coraje porque no queríamos hacer nada, al principio fue medio preocupante, luego chistoso, porque su rant terminaba en “no me quieren, ¿por qué no me quieren”, en alguna ocasión diciendo, y la cito; “¡mejor mátenme, despelúchenme, y háganme chicharrón!” Nos dejaba salir como dos horas tarde, y solo por oír sus gritos y bizarreces. Recuerdo que había dos tipos, los más desmadrosos, Luis Felipe Cruz Martínez, y El Johnny (que de verdad se llama así, Jonnhy Acosta Hernández), que un día se salieron del salón corriendo y dando portazo, la maestra se enojó tanto que al día siguiente llegó con lentes oscuros y un parche enorme de gasa en un ojo, del coraje sufrió algo así como una mini explosión ocular (se le vació el ojo). Siempre era nadamás algo de risa, hasta el día que se le ocurrió rematar su frase usual de “chamacos de trapo”, con sendos franelazos en nuestra espalda, y una advertencia de “cuidadito digan algo en sus casas”. Obvio se armó la grande y tenía un contingente de madres furiosas al día siguiente. Hubo llanto, moco y fluidos desconocidos, pero no pasó de ahí. Cursé el año, y poco después ella se fue a otra escuela, pero eso sí, a nosotros su grupo, nos dejó bien jodidos, juro que a más de la mitad se nos estaba olvidando como dividir y multiplicar.

  5. Ni hablar, yo también llevé la atroz clase de mecanografía con máquinas de escribir olivetti… en pleno 2002-2005. Y si, me tocaron castigos físicos como coscorrones en pleno 2001, pero me alegra que los alumnos de hoy en día ya no tengan que pasar por eso.

  6. Pingback: Tweets that mention El Fin de una Era « Finísima Persona -- Topsy.com

  7. No, pues si se pasaron de huevos con el golpe, quieras o no.

    Yo no recibí castigo físico en la secundaria. Era más probable que los profesores tuvieran miedo de que el alumnado les hiciera algo. Sufrí más chanclazos (de advertencia y de broma, según) de parte de mi madre

    En la primaria si me agandallaron varias veces, en todas reaccionó mi familia con el argumento de que “No importa que mi hijo sea una animal imparable, nadie que no sean sus padres le va a ponerle la mano encima”… Mi mamá y su particular afecto a sus hijos.

  8. Uh no Sempere ahora si te pasaste de egolatra no fuiste el ultimo pero ni cerca, mis papás son maestros y alla por 1990-91 daban clases en escuelas rurales donde muchos de los otros maestros eran habitantes del mismo pueblo y les daban duro a los chamacos cortaban la varita de un arbol y lacargaban todo el dia para zarandear a los niños incluso los padres de familia les pedian que les pegaan hasta que pusieran atencion y se portaran bien, nunca vi a mi papá pegare a un niño, no lo necesito ya que en ese entonces era un tipo de 1.85 y complexion robusta pero atletica y malencarado con voz de Enrrique Rocha luego de una noche en Garibaldi asi que ningun niño se animaba a pasarse de listo ni yo.

    En la escuela primaria si fui muy maltratado pero nunca con golpes graves, solo jalones de oreja, de patilla, uno que otro zape y pelliscones pero a decir verdad me los merecia, descalabre compañeros, dañe mobiliario escolar, eche a perder todo un paquete de libros de texto, etc.

    Una historia similar sucedio en la secundaria con una maestra de español a la que la verdad no respetabamos mucho la cual luego de darnos clase se fue realmente enojada nisiquiera recuerdo el motivo solo que si salio casi mentando madres luego se fue a dar clase al siguiente salon a los 20 minutos salio y en las escaleras se desplomo luego supimos que le dio un infarto y murio esa misma tarde, tetrico, incluso una amiga me dice que fue la ultima que hablo con ella y que cuando iba rumbo a las escaleras le dijo ya hasta me hicieron sentir mal. O.o

  9. Yo soñaba con el día en que creciera por lo menos hasta los 16 años y volviera a ver a mi maestro de cuarto de primaria, sobrino de la subdirectora, quien nos deba coscorrones, jalones de oreja, pellizcos, gisazos, borradorazos y lo que se le antojara si sospechaba que uno estaba pensando en algo distinto a su cátedra de absoluta hueva. A un compañero incluso le rompió la tradicional regla de un metro con sonoro madrazo. Juan Manuel se llamaba, y seguro todavía vive. Ha de estar irreconocible, pero podría hacer un pasatiempo privado el investigar dónde vive y un día tocar a su casa para encajarle un compás en una pierna y tronarle la dentadura con una lonchera de metal, como siempre quise hacerlo. Y luego agarrarlo a coscorrones y jalones de oreja hasta ver sangre y hueso. Solamente por los cientos o miles de niños que vivían esperando el chingadazo de ese culerito que ni docente era.

    Mi otro plan, a mis 9 años, era volverme maestro, y darle clase a sus hijos, quienes sufrirían mi desquite ante la impotencia del imbécil de su padre. Pero obviamente tomé mejores decisiones vocacionales, jejeje.

  10. La letra con sangre entra?… No estoy de acuerdo.

    Soy producto del método personalizado-montessori y su burbuja protectora… y sí, soy un desubicado social: tiendo a creer que la gente debe hacer su trabajo y además hacerlo bien. Sufro de decepciones constantes al percatarme que la gente es incapaz de planear y ejecutar sus actividades en el momento preciso, de ser ordenado; Esto no es vida. Exigo que la carrilla debe ser aguantada al mismo nivel de ingenio… a menos que quieras madrazos y te aguantes si te puieron en tu madre. No. eso es cosa del pasado: ahora hay puro marica.

    En algo estoy de acuerdo con Sempere… ya no hacen los maestros como antes; prueba de ello es el último lugar en nivel educativo que recien estrenamos…cortesía del Orko Gordillo y su chalancillo el elfo felipillo.

    Curioso…tu post de hoy me llevó al espectro contrario de la risa.

  11. Todos hemos tenido nuestros ratos con los maestros, yo en segundo de secundaria me enoje tanto con la maestra, prefecta, gata del director que solo se la pasaba jodiéndome y mandando llamar a mis padres con tal de joder(no era un santo pero ella como le encantaba exagerar), un día de esos solo se paso humillándome enfrente de mi madre que no pude contenerme, le aventé el pupitre con la intención de pegarle aunque sea en sus gordos pies, pero aun así la cebosa se movía rápido(quien lo habría creído).

    No es algo que me enorgullezca ni justifico, pero vaya que me hizo sentir mejor después de un año de miércoles por culpa de esta dizque maestra que solo vivía para humillar a los alumnos enfrente de todos, nunca mas pregunte que le paso y ni me importa, lo que si es que después de eso comprendí que los maestros los hay tanto buenos como malos, y que no tenemos porque dejarnos humillar por esos maestros.

    Ahora son muy tranquilos pero porque saben que las nuevas generaciones harían lo que yo y tal vez hasta los podrían apuñalar en un descuido, es de pensarse si vale la pena ser maestro, sin el argumento de que estamos educando a las nueva generaciones, eso ya me parece vació cuando las nuevas generaciones son educadas por la televisión.

    • Se trata de vocacion magisterial, los buenos maestros no necesitan de ningun tipo de violencia por minima que sea para captar la atencion de los alumnos ni para ganarse su respeto, en mi caso los mejores maestros que tuve jamas levantaron la voz eran sus conocimientos y su catedra lo que nos hacia quedarnos callados y escuchar, incluso en la universidad tuve como maestros a abogados con gran trayectoria y respetados en el mundo juridico pero que como maestrso simplemente eran malisimos, cuestion de vocacion, aunque tambien hay excepciones de algunos que son buenos en el litigio y en la enseñanza.

      Tampoco esta bien que los maestros tengan miedo de llamarle a la atencion a algun alumno por miedo a que el cabroncito se desquite y resulte peor o que sea hijo de alguien con tantito poder (e impunidad) y lo vayan a encontrar entambado.

      • Pegaste en el clavo, Vocación es la palabra correcta para los que tratan de ganarse la vida en la enseñanza y es cierto, no tienen porque tenerle miedo a los estudiantes, simplemente que se den a entender y sobre todo que se den cuenta de que la violencia traerá mas violencia aunque suene trillado, saludos.

  12. Pingback: Articulo Indexado en la Blogosfera de Sysmaya

  13. allá por tiempos del año del Señor 1993, todavía me tocó unos cuantos madrazos en manos y piernas con la regla de madera que tenia el profesor, incluso en un par de ocasiones, le escondimos al profesor su vara de bambú favorita, lo que nos hizo merecedores del mítico castigo del profesor: pegar la frente al pizarrón, la manos detrás de la cabeza, los pies separados a más o menos 50 cms de la pared (y así ocupáramos la frente para sostenernos) mientras nos tocaban de 3 a 5 reglazos “canteados o planchados”…

    pero, ya hace mucho de ello, ahora es una graciosa anécdota ñ_ñ

  14. Yo padecí la educación primaria en una escuela de ‘piadosas’ monjas franciscanas que a la menor provocación te jalaban de las patillas o del cabello cercano a la nuca, y te atizaban con el borrador o con el metro en las manos. Lo malo es que mi señora madre (educada en las insanas antiguas maneras) suponía que el maistro, sabedor de los caminos misteriosos de la educación administraba los correctivos as needed. Por eso me volví hereje y siempre que tengo pesadillas son en esa tzingada y claustrofóbica escuela.

  15. Huy, yo sí recibi reglazos y coscorrones en 5to de primaria con el Maistro Chencho, un guey que queria ser director y siempre hablaba mal del que teniamos en turno, si nos hallaba en la baba era coscorron, y si nos preguntaba algo y conestabamos mal, era reglazo ah y si movias la mano era doble…
    Huevos donde quiera que este el puto…

  16. Yo por lo general si fui bien portado y nunca hubo necesidad del jalon de patilla, pero una vez nosequehice y una maestra suplente me quiso llevar a la direccion jalandome la patilla… le quite la intencion con un manazo diciendo algo asi como “-usted no tiene derecho a jalarme de la patilla, voy con usted voluntariamente…” y la sra. insistia en jalarme la patilla y ni madres que me deje… total termine caminando a direccion y la maestra atras de mi… al llegar a la direccion lasra me acuso de nosequehice y que me resisti al arresto, entonces ahi si que levanto la voz y le dije “- Y USTED NO ES NADIE PARA MALTRATARME!!!..” la directora nadamas movio la cabeza y me dijo que me fuera a mi salon, se quedo hablando con la maestra, y ya no supe nada… me imagino que mi travesura no fue tan grave como el hecho de que la maestra me quisiera maltratar verdad?

  17. No mames, solo a ti te pasan esas cosas, bueno no, conozco otro caso. A mi nunca me castigaban, era el consentido de las maestras pero recuerdo que una vez una maestra le aventó un borrador a un compañero. Por fortuna él lo esquivó, ibamos en primero de primaria.

  18. pos aqui tu servidor era retebien desmadrozoy pase por una larga de castigos fisicos aunq nunca me expulsaron (mis calificaciones hablaban por mi)

    reglasos con la regla en la espalda en las manos en las yemas de lo dedos
    gisasos infinidad el ams doloroso era el de la maestra adelina era un coscorron con el gis

    borradorazos ya hasta era buen cacher aunq si chillaba cuando me pegaban en las llemitas d elso dedos

    el frutsi q nos lo recogian las maestras (ya saben se rellenaba de papel y era para echar el fut )pero auna se le ocurrio q servia de proyectil para poner atencion

    y pues d ejalones de cabello o patilla ai si se la pelaban miama me mandaba de casquete corto

    y q tal el fuetito aunq ese nunca me toco

  19. ay de grande agradesco los madrazos ya q siempre eran ganados a pulso

    aunq recuerdoq alejandro un companero de clase de 3o de prim era bien castroso y rata y un dia le robo a la maestra y pues la maestra lo zarandeo al dia siguienteya saben el papa y la mama a 1a horapidiendo al cabeza de la maestra pus ya calmado el pedo la maestra nunca lo volvio a tomar en cuenta para nada y el paso a#o

  20. Muy bien, pero se nota que los castigos físicos no te ayudaron y que te ganaste las orejas de burro, el EDUCANDO es el alumno, el maestro es el EDUCADOR, ojo.

    De lo demás me recordaste muchas cosas y compañeros y castigos.

  21. Ah gran tema, en el kinder estaba en escuela de monjas y yo era el que se las sonaba, la verdad era bastante manchadito de niño.

    En primaria allá por 1986-1988 tuve una maestra que era primeriza pero tenia un genio de la chingada. Su forma de calmar a la jauría era dar coscorrones con sus anillotes de la normal. En una de esas, no recuerdo porque fue pero me ajusticio y descalabro,jure venganza. Al día siguiente..despues de la cagotiza que me pusieron en casa por dejado…Mr. Karak Plant Senior fue a la escuela y muy cortes pero tajamente le advirtió a la maestra y al director que si se enteraba de que volvía a hacer lo mismo con cualquier alumno se atuvieran a las consecuencias. Desde ahí la maestra le bajo de huevos.

    Totalmente de acuerdo con rikelme1024, el magisterio es una cuestión de vocación. Maestros respetables son aquellos que su sola clase te hace que te comportes y pongas atención. Aunque también hay que reconocerlo, los alumnos de hoy son unos pasados de lanza tambien.

  22. Yo viví castigos físicos en mi más inocente y pura infancia… Aunque no eran castigos en sí, era más bien como el método de aprendizaje.
    Así es. El procedimiento era simple; te tenias que parar de espalda al pizarrón con los brazos estirados y las manos abiertas mientras la distinguidisima profesora se soltaba a preguntar multiplicaciones, y si movias un dedito para contar !Tras! Un reglazo con esos metros de madera te golpeaba las palmas de las manos.
    Me cambiaron de escuela por la poco ortodoxa forma de enseñanza, sí… pero hasta el curso siguiente. Y creo que no hace falta decir que el hecho dejo secuelas post-traumáticas y a la fecha no puedo hacer una multiplicación sin sentir ñañaras y sudor en las manos…

  23. Yo tengo un amigo que dice que en la secu todavia le toco maestrea pegalona generacion 2003 – 2oocinco yo si me llegue a pelear con progesores pero nomas de a puro verbo.

    Eh de admitir que una maestra si me llego a dar machines por jodón pero nada que del desmadre no pasara.

  24. Ups… yo soy zurdo, y recuerdo que mi maestra de primero (Rosita) me daba pellizcos en la mano para que usara la derecha… pero de ahi en fuera, era linda, y hasta nos regalaba cosas el Día del Niño, o en Reyes… “no te guardo rencor, pues al contrario, tus mentiras me hicieron adorarte”…

    ¿MECANOGRAFIA?… Usté es de los míos, mi Lic… “Me llaman el Remington”, por los hermosos “pedernales” casi indestructibles, que usábamos para aprender a escribir… la primera vez que usé una máquina eléctrica, se me iban las letras, ya que me costó trabajo aprender a regular el golpe… ni que decir la primeraaaaaaaaaaaaaa veeeeeez queeeeee useeeee unnnnnnnnnnnnnnnnnnaaaa compuuuuuu

    ¿También te enseñaron taquigrafía? Guácala!!!! las peores horas desperdiciadas en mi vida… Saludos Lic.

  25. Ah! y un amigo mío, de la “Generación Cachún” (RXW dixit) me platica que en la secu que el iba, la 14 (Sí, a la que le cayó la Torre de Televisa encima, durante el temblor) Un maestro tenía una pata de silla de madera, grabada con el lindo mote de “El Justiciero”, destinado a los “insordinados”… también me cuenta que este maestrito tenía dos pares de guantes de box, y cuando los chamacos se querían echar el clásico “tirito” a la salida, les decía: “Pos de una vez” y les ponía los guantes durante cinco minutos…

    • que chingón me parece eso de los guantes de box, me recuerda cuando me peleaba con mi hermano y mi mamá nos encerraba en el baño con llave y decia :”órale, mátense, dense duro, hasta que se cansen…” obviamente, nomás de verla fúrica hasta se nos quitaban las ganas de pelear, por un momento…

  26. Nel weyes, pues a mi si me tocaron castigos físicos y eso fue en la primaria, mas o menos por los 90s, y la neta los profes si se pasaban de huevos, aplicaban el “sabio” dicho que reza: La letra con el palo entra. Se oye medio pedófilo, pero era verdad, a los burros les iba como en feria, y tenían una punteria barbara, esos borradorazos aún duelen. Por suerte yo era de los matados, y yo no tuve muchos problemas. Pero de vez en cuando me daban un reglazo en las yemas de los dedos para reiterar mi lealtad.

    Pero una vez a una morra su maestra le dió una chinga, llegó a su casa y sus padres se percataron que tenía moretones. Indignados, acudieron a las autoridades, pobre maestra no se la acababa, incluso llegaron diversos periodistas para ver que pedo había pasado. Desde ese día ya no hubo mas golpizas. Y hasta la fecha muy raro que lo vea

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s