El temor y el respeto

Mi papá estaba hablando el otro día de su gran ilusión por hacer un prolongado viaje en motocicleta a través de México. “Lo malo es que no tengo con quién ir…” Y es cierto: sus amigos “moteros” o están semi retirados o ya se fueron al otro vecindario. Y sus hijos, tristemente para él, no salieron aficionados a andar por la vida sobre dos ruedas y con el escape abierto. El de la moto, pelmazos.

No es que no nos guste. En mi caso particular, la moto me crea una curiosa fascinación, pero tampoco me permite disfrutarla a fondo. El mayor de los hermanos de mi papá, mi tío Pepe, murió en un accidente de motocicleta a finales de los 70. El incidente me dejó un cierto temor muy marcado hacia estos vehículos, y desde entonces no ha cedido lo suficiente.

Por si fuera poco, los dos hermanos que le siguen a mi papá también se pegaron, cada uno por su lado, soberbios madratxos en motocicleta, mismos que les pusieron en grave riesgo físico. Uno de ellos conducía una motocross allá por el desierto de Matehuala, en San Luis Potosí, y salió despedido por los aires para aterrizar de cabeza en el lecho de un río seco. La conmoción cerebral subsecuente le dejó secuelas hasta nuestros días, con el agravante de que mi papá y un amigo venían con él en ese mismo recorrido y vivieron el viacrucis con el sentimiento de culpa del que sale bien librado del follón.

El otro tío la vio más grave. Manejaba una motoneta en Ixtapa cuando una camioneta de pasajeros le dio un cerrón que lo mandó a medir el asfalto a punta de raspones, y no traía casco puesto. Él pasó más de dos meses en el hospital, con daño cerebral considerable. Eventualmente salió adelante, sólo para toparse varios años después con un terrible cáncer para el cual no había casco que valiera. En fin, uno la libra de unas para caer en otras.

Ese funesto historial se extiende a amigos (3 de ellos han dejado el alma a bordo de el mismo número de motocicletas) y a gran variedad de conocidos. Y ni siquiera voy a hacer el recuento de los accidentes que, si no exentos de haberles quitado la vida, sí les han provocado considerables lesiones y muchísimos malos ratos a gente cercana a mi persona.

Mis ídolos de Top Gear ya se chutaron un viaje en moto a través de Vietnam.

Yo intenté varias veces sobreponerme a este miedo. Seamos honestos, la moto y su mundo pueden ser de lo más cautivador. Desde Easy Rider y A Toda Máquina hasta Steve McQueen huyendo de los nazis y Kaneda derrapando por el Neo Tokyo de Akira, el hecho de ir montado y casi al descubierto sobre un poderoso motor con el palpable riesgo de quedar convertido en paté de asfalto es lo más cercano que muchos hombres experimentaremos a las primigenias cacerías de mamut.

Born To Be WildGhost Rider… Marlon Brando en The Wild Ones… Fonzi en Happy Days… Evel Knievel saltando fuentes en Las Vegas y fracturándose hasta la lengua… Los Red Bull X Fighters mezclando tauromaquia con acrobacia aérea… Los Diarios de la Motocicleta… Ewan McGregor recorriendo el mundo y documentando todo para la BBC… La moto es la forma más poderosa de escapar, de alguna forma, pero sin perder la autonomía de movimiento que busca el que se evade. Acabo de ver el documental de Rush, Beyond The Lighted Stage, donde narran cómo Neil Peart se reencontró a si mismo tras las trágicas muertes de su hija y su esposa recetándose un larguísimo viaje (cincuenta y tantas mil millas) a través del continente, en solitario. Hay algo poético en eso, y así ejerce la malévola moto su encanto sobre muchos de nosotros.

Pero no nos engañemos. Todos mis cuates que se han pegado legendarios perrazos a bordo de las mismas coinciden en decir que “la moto es el diablo”. Ni cómo negarlo. Así que pese a que en casa siempre hubo disponibilidad motociclística (mi papá tiene cinco en su colección, a cuál de más regañona), no se ha manifestado en mi el interés por rendirme a sus seductores ronroneos de alto caballaje.

Cuando tenía 9 años, mi papá trajo a casa una Moto Pony de Carabela. Ya saben cuál: un cilindrito, sin cambios. El jardín de la casa era suficientemente grande como para echarla a andar y dar vueltas como mayate motorizado sin arriesgar el pellejo en las calles aledañas. Ahí decidí realizar algunos experimentos para ver si superaba ese miedo a la moto.

Orgullosamente mexicana. Y discretamente peligrosa.

La prueba era simple: acelerar la moto lo más posible, frenando en el momento justo para evitar tocar la pared de ladrillo que separaba mi casa de la del vecino. Creo que es justo decir que los ingenieros de Kawasaki jamás han tenido sus brillantes inicios profesionales con ideas tan idiotas, pero ténganme paciencia. El proceso fue acercándome cada vez más a la velocidad máxima de la pequeña moto, pero también a la pared. Pero yo traía el casco bien puesto sobre la cabezota… ¿Qué podía salir mal?

El plan era simple: acelerar a fondo y frenar en el último instante posible (ilustración inspirada en el genial blog de Allie Brush, "Hyperbole And A Half").

Bueno, mucho puede salir mal, a decir verdad. Tras varios intentos sin consecuencia me envalentoné y decidí sostener la aceleración mucho más allá del punto recomendado, pensando que siempre podría frenar la moto “de ladito” (¡como Steve McQueen!) antes del encontronazo con la pared. Por supuesto, la teoría suele estar muy alejada de la práctica. El resultado fue mucho peor…

Moraleja: los frenos pierden efectividad después de un rato de estar abusando de su uso...

La moto se negó a frenar con la firmeza de intentos previos (quizá por haber sido utilizados en exceso), y acabé golpeando la pared con la llanta delantera. La moto se levantó ligeramente debido a la inercia, de forma que mi cabeza golpeó la pared como a un metro ochenta de altura con respecto al suelo, y después volvía a caer sentado sobre la moto. Bajé del infame armatoste en un estado de total aturdimiento, y me dolió la cabeza durante las siguientes seis horas. No había golpe visible (bendito casco), pero definitivamente me lastimé el cuello y creo que tuve una ligera conmoción, pues no me acuerdo de nada de los siguientes días.

La Moto Pony acabó acumulando polvo y fue vendida a la primera oportunidad. Ya con mayor edad mi papá intentó acercarnos de nuevo a las motos, ahora en la modalidad de campo traviesa, pero tampoco tuvo éxito. Crecí desligado de ese mundo que por una parte me atraía, y por otra me infundía algo de miedito.

Mi papá se debate, a sus sesenta y pocos años, entre vender sus motos o conservarlas. Ya se pegó un ranazo leve en una de ellas (todo quedó en unos pocos raspones), y eso que es reconocido entre propios y extraños por su pericia en el manejo. Vamos, anda en moto desde los 9 años, y fue piloto de carreras (campeón nacional de Off Road) cuando era joven. Pero toda esa experiencia y cualidades parecen no servir de mucho cuando lo único que nos separa del pavimento es nuestra habilidad contra el descuido de una señora en minivan o de un taxista enajenado.

Una posible alternativa a mi viaje en moto al lado de Papá Toño I ...

Cuando mi papá tocó el tema de su viaje en moto, le comenté que la idea me atraía, pero que le tenía miedo a mi habilidad com conductor de motocicleta: “Eso no tiene nada de malo, al contrario. La moto es bastante segura mientras no le pierdas ese miedo. Cuando te confías y te crees que la dominas es el momento en que llegan los accidentes”. Me suena lógico. Así que esa dosis de temor lleva mucho de respeto de la mano.

¿Me animaré algún día a acompañar a mi papá al mando de una rugidora Harley por las paisajísticas carreteras del mundo? Quién sabe. Él no se está haciendo más joven y yo tampoco. Pero la idea es bonita. Nunca diré nunca, pero hay que conquistar muchas etapas previas antes de entretener esa posibilidad. Lo que sí es seguro es que no volveré a hacer pruebas de frenado contra una pared de ladrillo. Uno aprende, aunque sea a costa de dolor…

37 comentarios en “El temor y el respeto

  1. Jajajajaja no manches! Sólo tú pones a Marlon Brando y a Fonzi en el mismo renglón! Olvidaste al Doc House en la lista de memorables bikers😛

    Chale siempre me ponen sensible las historias de padre-hijo

  2. Me gustó mucho que no tocaste el sobadísimo tema de la masculinidad y la virilidad ligada a que el uso de la motocicleta se refiere a “sentir algo grande entre las piernas” y en cambio te fuiste por la anecdota familiar (muy universal, por cierto –lamentablemente esas historias de pérdida relacionadas a la motocicleta existen en la vida de todos–), y bueno, yo no tengo hijos pero supongo que tenerlos equivale a otro motivo para pensar dos (o tres) veces en emprender una travesía de esa magnitud.

  3. Ya habias comentado en alguana ocacion ese respeto (entiendase miedo) que tienes por las motos. Seria bueno ese viaje con tu Padre seguramente se llenarian de anecdotas, y regresarias al blog con muchas ideas frescas, pero mas alla de la motocicleta y del blog, creo que realmente hay algo magico en eso de viajar sin rumbo fijo, sin itinerario y libre, no esperes a estar perdido para reencontrarte contigo mismo.

    Ahora que si de plano no puedes vencer ese miedo la opcion del carrito a un lado de la moto (no se como se cual es nombre de esde carrito donde Robin acompañaba a Bataman en su batiaventuras) seria buena opcion y unas fotos para reirnos, digo ilustrar el viaje.

    En lo personal me recagan las motos no me gusta el ruido que hacen ni su manejabilidad ni como los conductores creen que se pueden meter entre los carros o que te pueden revasar cuando les de su pinchegana aunque haya un solo carril. Saludos Don Toño.

  4. Bueno, a mi también me han atraido de una manera casi sexual las motos, ok sexual no, pero qué! Quiero subirme a una, bueno ya lo he hecho, pero el chiste es que las múltiples anécdotas que decoran mi memoria para no largarse me han dicho que son malas y que cuando te das en la madre, si, literal, te das en la madre. Así que mientras voy perdiendo el miedo, yo espero seguir enterándome que sucede por la vida de Toño y si se lanza a su viaje en moto con su honorable padre.

  5. Pues yo tengo dos motonetas una Tipo Vespa y una motoneta de 150 cc la cual me volvió a dar el seguro después de un accidente que tuve gracias a que un cerdo de la RTP que cruza reforma se paso el alto y me hizo mierda la moto paso encima de ella yo por suerte o por milagro cuando vi que venia sobre mi el de la RTP, no se como pero como pude me aventé obvio traía el casco afortunadamente solo me raspe la rodilla pero a que pinche susto me metió, y el muy puto de la RTP se dio ala fuga ni siquiera se paro recuerdo como gente se bajo de sus autos a auxiliarme y a mentarle la madre al culero y luego luego pararon el transito que si no pasa un auto y me hace caca. En fin aun ando en moto pero desde aquel día soy mas cuidadoso y eso de que ” La moto es bastante segura mientras no le pierdas ese miedo. Cuando te confías y te crees que la dominas es el momento en que llegan los accidentes” es muy cierto.

  6. Qué mal que uno tenga a veces negarse ciertas cosas por el temor a algo. Pero es cierto, todos tenemos un némesis o algo que nos detiene, nuestra kryptonita, pues.

    En mi caso, tengo que decirlo a mis 30 años, no sé andar en bicicleta. Tuve la clásica, la vagabundo, triciclo,, avalancha, etc., pero aunque lo intenté varias veces y aprendí lo básico, siempre terminaba dándome severos madrazos al tratar de imitar las peligrosas maniobras y recorridos de mis vecinos de la colonia donde viví parte de mi infancia.

    Sobra decir también que mi padre y algunos tíos han tenido su moto. Y de ellos solamente un tío, sufrió un horrible espantoso trágico accidente. Más de 6 meses en el hospital y una enorme cicatriz en la cara que hace que Scarface sea de risa.

    Me han gustado las motos siempre y me gustaría realizar un viaje como el que dice tu padre. Sin embargo las experiencias vistas y vividas cambiarán la moto por un jeep seguramente.

  7. Comparto el sentido de curiosidad y aaaaaaaaamplio respecto por estos aparatejos del diablo. La idea del viaje en moto me atrae quizá demasiado como para considerarla seriamente.

    En cuanto a modelos se refiere, me voy definitivamente a lo clásico: Triumph America, Speedmaster o Bonnevile

  8. Me gusto el post, de hecho a mpi también me gustan mucho las motos pero les tengo algo de miedo y respeto. Debido a una “simpática” anécdota familiar, las leyendas cuentan que una de mis tías en su epoca de juventud tenía un novio, el cual le gustaba mucho andar en moto como alma que lleva el diablo.
    Y obvio la tía como iba dejar que su novio anduviera solo jejeje así que un día se trepo a la moto y alla va a toda velocidad por la Cd…pero de repente que se cae en medio de la calle y su novio soquete no se dio cuenta hasta que unas cuadras después vio a la gente que le hacía señas.
    En fin de esa caída la tía quedo mal de una pierna y hasta la fecha se nota ese detalle, así que prefiero las motos y los novios soquetes de lejitos 😀

  9. jajajaja, mayate motorizado, nomas por no dejar y saciar mi ignorancia es moyote o mayate, porque en nahuatl es moyotl y bueno, mayate hasta donde tengo entendido solo en veracruz y ya ven…

  10. El primer párrafo me recordó Wild Hogs, esa película de Travolta con Tim Allen donde un cuarteto de respetables cincuentones se van en un paseo en moto a reencontrarse con ellos mismos y nada más se meten en puro lio, pero al final se la pasan bomba. Yo confieso que nunca me he subido a una moto y no me llama la atención para nada.

  11. Las cosas que se compran con pasion se deben de conservar.

    Mi mayor tristeza es ver como poco a poco las fuerzas de mi padre se van junto con su juventud. Si estuviera en tu lugar superaria mis miedos para tener unas aventuras que recordar. Quien sabe a lo mejor una linda cicatriz para los nietos.

  12. Lo más cerca que estado de algo con dos ruedas fue en mi viaje a Cozumel, renté un scooter después del snorkel y mi mujer y yo nos lanzamos a recorrer la isla en el artefacto. Ibamos bien. A la mitad del camino, en el tramo que está frente a la playa, la velocidad del viento era alta. Cabe decir que ha sido la primera vez que manejo moto. Pensé que sería como la bici en bajadita. Un tramo después, no sólo era el viento. Un pinche diluvio de no mames. Uso lentes y no los llevaba puestos. Tuve que bajar la velocidad pero mi mujer me recordó que teníamos poco tiempo para entregar la moto. Según el velocímetro del scooter iba a 80 km/h. La neta me sudo, pues cuidado y le pasaba algo a esa chingadera. Al firmar la responsiva te das cuenta del valor de las piezas (75 usd un espejo WTF!!!). Mi siguiente encuentro tendrá que ser mejor.

  13. Aprovecharé las ilustraciones para mostrarselas a una persona que se muere por una moto, se las pondré como ejemplo de lo que “No se debe hacer” Buena anécdota como siempre, pero sería mejor si te animaras a viajar con tu señor padre, te recomiendo un viaje corto para que aguantes, tal vez una vuelta a la manzana o algo así. Ya en serio piénsalo!!

  14. Me compré mi chamarra de piel negra, con un chingo de cierres; no sé si es de piloto o de motociclista… posteriormente, mi cuate me iba a enseñar a manejar el caballo de acero… ya me veía como Pedro Chávez o Luis Macías, haciendo el carro romano, o el paso de Metlac (Parece que va a llover, el cielo se está nublando) Una soberbia BMW (“Si te vas a dar en la madre, que sea con estilo”)

    el consejo: “Le sueltas la manija del clutch poco a poco…” mis manos, húmedas por el sudor, no pudieron darle el timing adecuado, se me soltó, y el caballo se encabritó, o séase, se paró sobre la llanta trasera; yo perdí el equilibrio y caí, y los chingocientos kilos de la moto me apachurraron la rodilla.

    El Saldo: Mi flamante chamarrita con un rasponzote (“Fue de un madrazo que me dí con la moto, wey”) y mi rodilla, a Dios gracias, con una inflamación, afortunadamente no hubo fractura… es mi única experiencia con las motos. Saluditos mi Lic.

  15. Saludos fínisima banda!!!

    Pues me froto las manos como mosca parada en excremento con este tema. Estoy a punto de cumplir 40 años, y siempre me había atraido algo las motos, pero fue apenas hace dos años que me anime a adquirir una, el motivo, el infernal tráfico que se vive en la Cd. Capirucha, empecé con una Yamaha Fazer de 250 cc, una chulada para andar en la ciudad, ah!, pero como tengo espíritu “hell angel” al año me cambie a una hermosísima V Star Classic de 1100 cc, palabras mayores.

    Soy inmensamente feliz andando en moto, pero recomiendo que hagan lo mismo que yo si quieren treparse a una, antes que nada, tomar un curso con instructores profesionales, para aprender el abc del manejo, equipo obligatorio, que es casco, chamarra, guantes y botas mínimo, mucha precaución y sentido de anticipación a los movimientos de todo alrdederor.

    Maestro Sempere, ójala puedas hacer ese viaje, yo quiero hacer uno hasta sudamérica de meses de duración, algún día.

    He dicho.

  16. Pingback: Articulo Indexado en la Blogosfera de Sysmaya

  17. Nel vatos, pues mi experiencia mas cercana en cuanto a motocicletas fue cuando hice mis pininos como …. promotor de ventas de Dinamo Motocicletas. Pinches motos estan bien chafotas, nadie me queria comprar ni una pues ya saben que lo barato sale caro. Te dicen que son las motos Numero 1 hechas en México, pero la realidad es que las piezas las hacen en China, y ensambladas aqui. Ademas no existen controles de calidad, las ensamblan y asi como salgan a venderse. Cada que se vendia una pasaban unos dias para que la devolvieran o la repararan. Deberían de llamarse Chinamo, nada recomendables, muy baratas, eso si, pero puedes pagarlo muy caro en la carretera.

    Nunca he manejado una moto, es mas, ni se manejar, pero entre mis planes esta comprarme una , no para farolear, sino que son muy prácticas, te ahorras mucho tiempo. Me vale madre que muera en el intento.

  18. Yo nunca he tenido una moto. Debería, mi coche es un monstruo de 8 cilindros y traga como la cola de Sasha Grey, pero es una de esas cosas que siempre dejo para dentro de 2 años. Mi papá cuenta que tuvo una moto en sus años locos, allá por 1960-1970, copropiedad de él y uno de sus hermanos (que resultó un transa ya mayor), pero nunca quiso comprarme una moto. Eso sí, otro de sus hermanos murió joven (era comiquero el desgraciado, me hubiera caído bien pero nada más conocí sus cajas de comics Marvel sesenteros todos mal traducidos), y lo que lo mató fue un choque contra una glorieta en perfecta ebriedad. Curiosamente mi papá nunca tuvo nada en contra de facilitarme auto y alcohol cuando lo pidiera.

    • Si, curioso, muy “curioso”. Como cuando llevas al perro a un lugar lejano y despoblado y “curiosamente” abres la puerta del auto y “curiosamente” el perro sale disparado como puberta que ve a Justin Bieber, y loq que es aun mas “curioso” es que te vas y se te “olvida el perro.

  19. A mi esposo le encantan las motos, yo no soy fan de ellas, de hecho evito subirme a una, aunque a veces me he subido con mucho temor y creo que nunca se me quitará el miedo de pensar que son un ataud con ruedas.

  20. He tenido la dicha de leer tu blog, en particular este el de las motos, así como los comentarios, varios al respecto y me permito comunicarle a tus lectores TODOS, que las motos, lejos de ser apasionantes y divertidas son una herramienta multiusos: sirven para la escuela, el trabajo y la diversión. Pero la mayoría de los descerebrados que manejan moto lo hacen por padrotear, por querer demostrar su valentía (la mayoría cobardes), que lo primero que hacen porque aprendieron a conducir una moto (QUE NO ES NADA DIFICIL, ES UNA BICICLETA CON MOTOR) es invitar a las chicas a dar una vuelta y lejos de ser un placer, lo convierten en el viaje mas aterrador de sus vidas, provocando con esto la baja participación del elemento femenino (no como acompañantes, sino como pilotos). Obviamente las malas experiencias propias o de sus amigas han fomentado “espuquicuqui” como decían el chapulín colorado (miedo, terror o pánico pero a lo bestia) a las motos. Que te escriban a tu blog con sus preguntas, que con gusto se las contestaré para hacer más adeptos al motociclismo, y si quieren formamos un motoclub (con o sin moto). La verdad es que es un buen pretexto para platicar anécdotas y vivencias de cualquier índole. Besos, m’ijo.

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