El Postulado del Guajolote

Guajolotes. O como mi hija cree que se llaman: “Guajolópez”

Me apasiona hablar de mis películas, libros, compositores, deportistas y videojuegos favoritos, como al 92.7% de la población que lee este blog. De hecho, acostumbro invertir mucho más tiempo del que debería en esta clase de discusiones, así que he podido establecer con claridad algunos patrones de diálogo que me molesta escuchar de vez en cuando. Y uno de ellos me ha forzado a desarrollar el Postulado del Guajolote.

La cosa sucede así: Imagínense que acabo de ver Tal o Cual Película. Inicio una conversación con alguien más que también la vio, así que le pregunto qué opina de ella. Y me responde con el estúpido argumento de: “La verdad, la verdad… me gustó más el libro.”

Y es en este punto, Finísimo Lector, cuando a tu servidor se le salta la venita de la frente y salen chispitas de mis molares de tanto rechinar entre amalgamas…

Vamos por partes. El que alguien me diga que le gustó más el libro que la película es muy válido, partiendo de la idea de que no soy nadie para dictarle el gusto a las demás personas. Otra cosa que aprecio es a las personas que leen, algo que haría al mundo un lugar mejor para vivir si se diera con mayor frecuencia. Sin embargo, tengo un problema con la respuesta arriba mencionada.

Decir que el libro es mejor que la película se ha convertido en un cliché para salir con toda facilidad de la situación que nos exige defender lo que sabemos de apreciación cinematográfica. Y lo que me irrita es que no le pregunto a la gente si prefiere a la peli por encima de la obra literaria que la origina. No, lo que le pido a la gente es que critique la película, no que la demerite basada en otra disciplina artística.

Cuando le preguntas a una persona si le gusta el musical de José El Soñador, jamás te contesta diciendo que prefiere la historia Bíblica de Jacob en el Génesis. Nunca he escuchado de nadie que se queje de Las Batallas de Café Tacuba porque no le llega en dramatismo a la novela de José Emilio Pacheco. Y te aseguro que al interrogar a alguien sobre su opinión al respecto de la Overtura 1812 de Pyotr Ilyich Tchaikovsky nunca te contestará con un “la verdad, la verdad… preferí la derrota del ejército francés al mando de Napoleón en la Batalla de Borodino.”

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