El clásico post de explicaciones

Padece de sus facultades mentales...

Antes que nada, MIL disculpas. Ordinariamente reciben avisos y excusas burdas cuando voy a ausentarme de este blog por causas de fuerza mayor, pero ahora sí las obligaciones regulares y mis distracciones habituales me hicieron ausentarme como la criada malpagada que suelo ser en materias de consideración hacia los demás. He aquí las razones de mi prolongada sequía posteadora:

  1. Estoy a nada de convertirme en el Lic. Antonio. En efecto, tras múltiples intentos y estúpidos errores de cálculo de mi parte, al fin terminé la dichosa tesis. De hecho me pasé como por 50 páginas, o sea que la hubiera acabado mucho antes si acaso me hubiera tomado la molestia de LEER los lineamientos de formato que me entregaron en un principio, pero en fin… ya les contaré. El caso es que entre la entrega, revisiones finales, enmiendas y demás trámites he perdido valiosas horas-nalga, misma que solía utilizar para plasmar mis brillantes pensamientos bloguísticos.
  2. Me encuentro afinando un par de grandes posts (en extensión, no en calidad). De entrada conseguí colarme a una función premiere de La Saga de Crepúsculo: Eclipse, así que la tan ansiada y vilipendiada (“¡Al Batidiccionario, Robin!”) reseña de ese gran monumento a la popó cinematográfica quedará lista antes de lo previsto. Intento terminarla antes del estreno oficial del viernes. O sea, mañana en la noche. El otro post monumental tiene que ver con un post que subí hace más de un año a este blog. En efecto, los fans de Michael Jackson nada más tardaron un año entero en descubrir mi post relativo a su sensile fallecimiento, generando una vorágine de e-mails que van de lo amenazador a lo francamente desquiciado… pero eso sí, todos me hicieron reír como si me hubiera metido un grillo con epilepsia en cada axila. El caso es que ese toma y daca de e-mails, cuya historia se está poniendo más estúpida que, por ejemplo, la saga de Crepúsculo, tendrá pronto una versión abreviada (son más de cincuenta mails hasta el momento) en este Finísimo Blog.
  3. El Mundial me tiene ocupado. Es cada cuatro años, sean comprensivos. Además la eliminación del Tricolor me provocó una extraña sensación de júbilo personal por el odio que le tengo desde hace ya un rato. Ni modo, para todo hay gustos y disgustos. El mío es regodearme en las desventuras de nuestros sobrevaluados futbolistas, lo admito.
  4. Tuve un par de freelanceadas muy demandantes. La chamba, simple y llanamente. También mi hija tiene que comer de vez en cuando, según me dijo el pediatra.
  5. Estoy explorando algunos de mis proyectos accesorios. En concreto, la producción del Paikast, que me ha permitido convivir con los Paiki una vez más (saludos a todos ellos y a ella). Y también he posteado en Cazagoles, con otra banda asaz (“¡Al Batidiccionario otra vez, Robin!”) talentosa. Y he estado algo activo en Twitter, así que no los he abandonado del todo.
  6. La luz y el Internet no cooperan. Sonará a mala disculpa, pero he perdido mucho tiempo productivo lanzándome de emergencia a cibers y Starbucks para poder terminar chambas y otras obligaciones que se han quedado inconclusas por frecuentes apagones (tres esta semana) e interrupciones del servicio de Internet (la de hoy duró 9 horas), así que esto también afecta el rendimiento.
  7. Natalia está yendo a clases de ballet. Dos horas por semana, pero se comen tiempo productivo de mis tardes previamente ociosas. Y ya saben que mis horas-hija son más sagradas que el Mundial, incluso.

En fin, los pretextos de siempre. Los dejo porque tengo que acabar de eviscerar cierta película de vampiros y licántropos hipsters. Nos leemos pronto.