El Equilibrio

Se ve complicado. Lo es. Pero no tanto, no crean...

De un tiempo para acá, cuando la gente me pregunta qué me gustaría tener en la vida, he dejado de lado mis respuestas de cajón. Claro, me encantaría sacarme la lotería de la Florida (56 milloncitos de dólares no me caerían mal) o que se encontrase una cura milagrosa para la diabetes de mi hija, pero lo primero es un ejercicio mental agotador (hacerse muchas ilusiones para una posibilidad infinitesimal de que ocurra) y lo segundo implica un módico de paciencia (pues la ciencia avanza mucho en este frente, más no tanto como yo quisiera).

Pero hay algo que me gustaría tener y que no parece tan distante: lograr el equilibrio.

No me refiero a poderme balancear de una cuerda floja a docenas de metros sobre el suelo, o siquiera a caminar en linea recta cuando me detienen los del alcoholímetro. No, el equilibrio al que hago alusión es ese balance delicado que afecta nuestras vidas, en todos sentidos. Es el yin para el yang en armonía cósmica, el vaso que no está ni medio lleno ni medio vacío, el no alterar dramáticamente la cuenta de ingresos con la de egresos. Tan simple como lo oyen. Y pese a todo, tan complicado en la práctica.

El equilibrio es sumamente deseable en cantidad de eventos de nuestra vida. ¿En el plano físico? Bueno, sería no estar tan gordo, pero tampoco tengo ilusiones de que me contraten como doble cuando The Rock quiera hacer una escena peligrosa y los estudios decidan que no vale la pena arriesgar su costosísimo pellejo. Por fortuna este es un equilibrio que estoy logrando a pasos agigantados (tema de otro post), y por ello me reencontré con ese gusto por hallar ese justo medio en la vida.

Sí, la idea de ser hipermillonario es muy deseable, sobre todo en esta épocas donde las economías mundiales se colapsan por todos lados. ¿Pero realmente quiero pasar el resto de mi vida en condición de blanco apetitoso para secuestradores? Vamos, no tengo nada contra los guaruras, pero prefiero estar acompañado por mis cuates de siempre cuando se me antoja ir al Bastarbucks por un cafecín, aunque acabemos pasando la mitad del tiempo viendo cómo dividimos la cuenta para que nadie acabe un poco más xodido que el resto. No, con tener nuestras necesidades básicas cubiertas y un buen colchoncito (o dos, uno posturopédico y otro financiero) para dormir tranquilos sería suficiente.

¿En lo sentimental? Ni todo el amor, ni todo el odio. Es natural pelearse, distanciarse, reconciliarse, encontentarse. Esas parejas que quieren pasar TODO el tiempo juntas suelen tronar de las formas más estrepitosas y tajantes. Y me ponen nervioso, la verdad. Hay mucho atractivo en la soledad, en la independencia y la introspección. Claro, si se te pasa te conviertes en la tortilla de hasta arriba, ésa que nadie quiere, y también está mal. Pero el ir y venir de amores y desamores tiene su razón de ser. Para empezar, muchas de las manifestaciones más impactantes del arte y la creatividad humana provienen del dolor y del odio, sentimientos negativos pero fecundos. Así que como dice el refrán: “A la pareja ni todo el amor, ni todo el dinero”.

Podría darles muchos otros ejemplos. Me quiero retirar algún día, pero quiero que sea cuando no tenga nada más que aportar a mi trabajo (que me gusta mucho). Adoro pasar tiempo con familia y amigos, pero también necesito de tiempo para mi solo, sin ser tachado de egoísta o antisocial. Quiero jugar tantos videojuegos, visitar tantos países, leer tantos libros, escuchar tanta música y ver tanto cine y TV… pero sé que no es posible cubrir todas las bases. Ah, pero querer hacer cosas a veces es tan grato como hacerlas.

No sé qué tan cerca o tan lejos estoy de ese equilibrio integral. Sí, hay áreas donde he avanzado mucho últimamente, pero sé que en otras voy terriblemente rezagado. No importa. Cada vez que me acerco un poco más a lograr balancear mi vida me siento mucho más feliz. Curioso, pues he vivido siempre intrigado por tantas historias de personas multimillonarias, exitosas, célebres y trabajadoras que han muerto siendo profundamente miserables. ¿Será que alejarse de ese mítico equilibrio es lo que nos entristece? Sinceramente lo ignoro. Pero de momento veo que mi teoría me está sirviendo, así que no la abandonaré por un buen rato. Luego les cuento si se pone más denso este jarro de atole…

NOTA IMPORTANTÍSIMA: Ya saben que no acostumbro pedirles favores (bueno, no muchos). Pero el caso es que una buena amiga necesita de ayuda para realizar una meta personal, y se me ocurre que las Finísimas Personas pueden ayudarle enormemente. Mi amiga se llama Robyn, es una talentosa comunicadora que tuve el gusto de conocer en mi chamba de EEUU y que ahora busca abrirse terreno en otras áreas, concretamente en la tele. Y está participando en una convocatoria a cargo de la mismísima Oprah Winfrey, zarina indiscutible de los medios de comunicación en el gabacho, para tener un espacio televisivo propio.

Mi amiga Robyn. ¡Voten por ella y Ganesha se los pagará con creces!

La forma de ayudarle es lo más simple del mundo. Sólo tienen que seguir este link al video de presentación de Robyn y hacer click en el botón verde en el lado inferior izquierdo de la pantalla, ese que dice “VOTE” con una palomita al lado. Robyn es una de esas personas genuinamente buenas (algo que yo no soy, por ejemplo), y siempre está buscando cómo darle paz, armonía y EQUILIBRIO (¿ven cómo todo tiene que ver en este post?) a todas las personas a su alrededor, ya sea con clases de yoga, consejos para comer sanamente, eliminar el estrés y hasta alegrarnos la vida con una canción. Así que tener su propio segmento en tele le haría mucho bien a un montón de gente. Dicho sea lo anterior, ¡voten por ella! Su Finísimo Servidor se los agradecerá sobremanera.