A la sombra del Coloso

Este domingo me regalé un pequeño placer que ya casi había olvidado. A eso de las 10 de la mañana, aprovechando que el resto de la familia se desperezaba frente a la tele, me fui caminando desde la casa hasta las inmediaciones del Estadio Azteca.

Recuerdo que de pequeño me divertía escuchar a los comentaristas deportivos de la época refiriéndose al monumental estadio como El Coloso de Santa Úrsula. Pese a que soy hincha de los Pumas desde que tengo uso de razón, mi vida siempre ha estado ligada al Azteca. Mi papá conoció a Enrique Borja a través de un amigo común, y de chavitos nos enroló a mi hermano y a mi en la escuela de fútbol del Club América a sugerencia de la esposa del ex goleador.

Yo recuerdo haber hecho algo de berrinche, pues quería jugar en Pumitas, pero un padecimiento respiratorio me lo impidió. Pumitas jugaban en canchas que eran, para ser honestos, pura tierra y polvareda. El América tenía canchas con pastito recién regado y pleno de verdor. El otorrinolaringólogo tuvo la última palabra, así que fui brevemente del América, aunque fuera sólo por portar la camiseta un par de veces a la semana.

Mi equipo se llamaba Barracudas, y nuestro uniforme era la albiceleste de la selección argentina. ¡Qué uniforme! Con mis tachones Adidas firmemente calzados, me sentía  el hijo ilegítimo de Mario Kempes. Una vez nos tocó ir al Estadio Azteca a un evento, y hay que confesar que fue una experiencia sin par. El Azteca es un monstruo, cavernoso e imponente desde cualquier ángulo. Colosal, obviamente.

La casa de mis padres está a escasas doce cuadras del Estadio. De niño solía escaparme en la bicicleta para admirarlo desde afuera. Tuve la fortuna de que la amistad de mi papá con su influyente amigo-que-también-era-amigo-de-Enrique-Borja  nos ganara frecuentes invitaciones a palco, y ahí se fincó mi amor incondicional por el fútbol. Fui a ver al Boca Juniors cuando se enfrentaron a Los Cremas por la Copa Interamericana. Le eché porras al Atlético Español, antes de que mi papá les diera la espalda como uno de sus pocos aficionados restantes y que se tuvieran que convertir en el Necaxa. Y cuando el palco lleno de americanistas animaba a Reinoso, a Toño de la Torre y al Chocolate García en esas ocasiones en que mis Pumas iban de visita, yo me desgañitaba por Cabinho, por La Cobra Muñante y por un chavo habilidoso y entrón llamado Hugo Sánchez.

Cuando llegó el Mundial de 1986, admiré al Azteca en su máxima expresión. Un estadio entero gritando porras a un mismo equipo es algo que tiene que vivirse, pues no hay palabras que le hagan justicia a la experiencia. Cuando no conseguí boletos para ver al Tri en el estadio, me gustaba cortar el audio de la tele en cuanto caía gol de México, pues al asomarse por la ventana de la sala de estar uno lograba escuchar el rugido de la afición viajando hasta nuestro hogar.

Hasta mis Niners han jugado en el Azteca...

En el estadio he presenciado juegos de la NFL, conciertos y hasta una carrera de coches (será otro post). Y no deja de sorprender en ninguna de sus diversas facetas. Pero el placer de recorrerlo desde el exterior sigue siendo emocionante, aunque en otra diversión. Me encanta ver las caras de quienes descienden de camiones, microbuses, taxis o del tren ligero, emocionados por entrar a un juego. Este domingo vi a infinidad de aficionados ataviados con los colores nacionales. Rostros pintados, casacas verdes, blancas, rojas y las nuevas de color negro. Banderas y banderines. Matracas, cornetas, sirenas de aire. Ver gente es un pasatiempo al que no se le da la debida importancia, pero ver gente llegando a un estadio es aún mejor.

Me di un festín visual como los que acostumbraba darme en mis épocas de niño en bicicleta. Al regreso paré en el puesto de barbacoa de Don Arturo para llevarle el desayuno a los míos. Doña Meche me regaló un taco en lo que me despachaban los consomés. Muchos aficionados paraban a almorzar bajo la lona roja antes de meterse a ver un juego más. Seamos honestos, fue un juego más. Pero aún los juegos desprovistos de mayor trascendencia cobran otra dimensión en el Azteca. Apuré el taco de cortesía, tomé mi pedido bajo el brazo y recorrí unas cuadras más hasta llegar a la casa.

Hay muchas cosas que me han decepcionado o entristecido al volver a México después de una larga ausencia. El Estadio Azteca no es una de ellas. Sigue imponiendo, sigue siendo mi punto de referencia. Me recuerda la secundaria, la prepa y la universidad, pues cuando se organizaba la ida siempre ofrecía mi casa como estacionamiento. Y no tanto por aliviarles el tiempo y el dinero de la estacionada a los cuates, sino para poder recorrer esa docena de calles que me separan de su gris estructura. Recuerdo haber aprendido a manejar en su estacionamiento, comprado boletos de reventa debajo del puente que conduce a Acoxpa, coreado goles y más goles en su resonante interior.

Pero el mejor recuerdo siempre es el de observarlo en privado, en silencio. Hay algo de reverencia para El Coloso. Su historia y la mía existen en una extraña comunión. Nunca seré fan de los equipos que le consideran su hogar, eso es indiscutible. Y es que no es el hogar del América, como no lo fue del Necaxa, del Atlante o del Cruz Azul en algunas épocas. Es el hogar de muchos de mis recuerdos más gratos, eso sí. Por dentro y por fuera. Así que le seguiré visitando de vez en cuando, sólo para acordarme que ahí están guardados esos momentos.

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26 comentarios en “A la sombra del Coloso

  1. ¡Que bárbaro! Hasta me dan envidia sus recuerdos del estadio. Yo sólo he ido en dos ocasiones (hasta hace 9 meses, era un feliz provinciano). Aún recuerdo la primera, cuando tenía nueve años, en unas vacaciones, mi papá me llevó a un olvidable América-Celaya (yo soy águila y mi viejo es chiva, lo que le da puntos extra) que terminó 1-0 para los cremas. Pero el haber visto la magnitud del estadio me sobrecogió por completo, al grado de haber pasado varios minutos observando las gradas en lugar del partido. La segunda vez fue en el torneo pasado, a un América-Atlante, bastante olvidable también. Me falta ir a un partido nocturno, estoy seguro que será otra experiencia memorable.

  2. Gran post, y pues en noviembre que pasé a visitarte debo decir que es impresionante aún desde lejos, la úni ca vez que me llevaron yo era un bebé.

    Mi vida en particular ha estado más ligada al estadio Cuauhtémoc, donde he visto ganar y perder al equipo de mis amores, el Puebla de la Franja, tantas historias y recuerdos. Quien no ha vivido un partido en un estadio no sabe lo que es sentir de verdad ese sentimiento de celebrar a tu equipo con perfectos desconocidos a quienes terminas diciéndoles cuates.

    Es hermoso, quizá por esa única sensación sea para siempre aficionado al futbol. Espero algún día volver entrar al azteca, hermoso por donde se le vea

  3. Ya lo dijo el maestro Calamaro:

    “Cuando era niño, y conocí el Estadio Azteca
    Me quedé duro, me aplastó ver al gigante
    De grande me volvió a pasar lo mismo
    Pero ya estaba duro mucho antes.”

  4. que puta envidia. He viajado muchas veces al DF y ciudad de México y jamas he llegado a ver el Estadio Azteca. Como que ya va siendo tiempo…

  5. Yo tambien soy orgulloso seguidor de pumas y voy a todos sus partidos en cu, pero la neta los q mas disfruto es cuando van de visita al azteca por lo mismo que dice el toño, es una pinche sensacion mamona el entrar ahi, y ps no se yo creo q pa los q nos gusta el futbol es el equivalente al vaticano pa los q creen en dios, recuerdo q una vez puede estar a nivel cancha y la sensacion de sentir el pasto y la vista hacia las gradas es un recuerdo q simpre me saca una sonrisa cuando ando encabronado (osea casi diario)

  6. Pingback: A la sombra del Coloso | Directorio de blogs

  7. Yo hubiera querido ir al juego de 49ers vs Cardenales, me supongo que usted si lo vivio ahi. No soy panbolero pero como mexicano si me gustaria un dia ver un juego de la selex en el estadio Azteca.

  8. mis historias personales desgraciadamente no incluyen al Estadio Azteca…
    de hecho, solo incluyen un estadio de Fut, el de los Rayados, pero bueno..

    del que si estoy lleno de recuerdos, es del Estadio de Béisbol de los Acereros de Monclova (Aceceros, para los iniciados)… no es tan impresionante, ni mucho menos tan grande… pero el ir a ver los partidos es genial… el ambiente, la comida, los gritos al equipo rival… próximamente iré acompañado del Little Javo… dispuesto a forjar mas recuerdos…

  9. independientemente de q ya no me guste el fut el ESTADIO AZTECA es uno de los 5 estadios mas bonitos y creo qel 2o o 3o en cupo detras del maracana y el now camp

    el azteca es un lugar hermoso
    ahi vi mi1er partido de futbol america vs los halcones del oaxtepec e infinidad de cosas incluido michael jackson,

  10. el AZTECA te guste o no te guste el soccer, es impresionante.

    yo no soy aficionado de hueso colorado al soccer, soy más bien lo que le llaman
    el clásico villamelón… veo el mundial, alguna final, algunos de la champions y listo.
    Tanto que no tengo equipo “de mis amores”. Digo si tengo que escoger pues le voy
    a los PUMAS, al Barcelona, al Arsenal, Al Inter y al Bayern…

    Sin embargo, he ido en varias ocasiones al AZTECA a ver juegos de soccer y quieras
    o no el COLOSO te atrapa y la gente te contagia. Claro, depende el juego.
    Mi papá me llevó varias veces a ver algunos juegos… cosa rara porque a él tampoco le
    apasiona el soccer. Y sin embargo, la pasamos muy muy bien.

    Mis “grandes” recuerdos del azteca, sin contar los tacos en los puestos de la calle,
    se reducen a dos.

    1. El juego de la NFL entre DALLAS vs. HOUSTON. Juego de pretemporada, pasado por
    lluvia y para ser sinceros, bastante malón. Pero era mi primer juego de FUTBOL AMERICANO PROFESIONAL, el deporte de mis amores, que veía en vivo. El estadio a reventar, hay que decir que también había mucho villamelón del americano pero bueno…

    2. La final de MEXICO 86 entre Argentina y Alemania. Creo que yo era de los pocos que apoyaba al equipo teutón. Es un caso curioso, porque yo ni tenía pensado ir. Yo lo iba a ver en la tele y punto. Ese día un tío le habló a mi papá para decirle que tenía un boleto que si queríamos ir cualquiera de los dos. Mi papá le daba flojerita y cuando me dijo pues yo dije… pus, no tengo nada mejor que hacer. Y pude ver una FINAL DE MUNDIAL en directo… No me gustó el resultado, yo quería que ganara Alemania, pero bueno.

    Pero sí… EL AZTECA ES EL AZTECA… de eso no hay duda.

  11. Wooorales!!! PUMAS!!! jajaja Bueno, a mi tampoco me gusta el fut pero siempre he pensado que no me puedo morir sin ir a ver un partido en el Azteca y en CU creo que debe ser de esas cosas que te hacen vibrar de emoción… espero se me cumpla pronto 😄

  12. ¿LOS PUMAS? WTF!… Rezaré a San José (Saturnino Cardoso) para que conozcas la recta senda del bien… El estadio que yo recuerdo con cariño, es el desparecido “Parque Delta” del Seguro Social, a donde pude ir a ver al otro equipo de mis amores, Los Diablos Rojos del México (Yo prefiero el Beisbol) ¿será alguna especie de adoración satánica la mía? El Toluca, el México, el Manchester United, el Barcelona (¡Boixos Nois!) los Raiders de Oakland… Puro “equipo para hombres verdaderos”… Saludos Toño, y que no te empaches con las whissssskassssss (por aquello de las “eses” más firmes) Besos…

  13. Excelente post mi querido Semp, yo tambien estuve en la escuelita del America en aquellas epocas, mi equipo era Panteras , de uniforme blanco y negro, y tambien fui al evento del Azteca, en este estadio vivi los mejores momentos de mi querido Cruz Azul, que buenos recuerdos.

    • Pues me acuerdo bien de tu Cruz Azul, mi buen Peter. El de Ceballos, Lugo y del Superman Miguel Marín (†). Y corrígeme si me equivoco, pero ¿no nos recetamos un América – Puebla cuando estábamos en el Preu? Empate a 1, gracias a un golazo de miedo del enorme Mortero Arabena.

      ¡Un abrazo, carnal!

  14. Yo he estado en el Azteca solamente una vez, cuando un maestros nos acompañaba en un viaje al DF y quiso ir a ver un partido del Cruz Azul, todo para que perdieran, jajaja. Ya era tarde pero se puso bien el partido, un cuate hizo que una cerveza con meados acabara bañando a la porra de los Pumas, una amiga tuvo la desilusionada de la vida con uno de los jugadores del Cruz Azul que no se quiso tomar una foto con ella, su fan #1, y en total me fui muy impresionado del edificio. Y no tengo otro recuerdo suyo, no siendo pambolero. Tengo a unos minutos el Estadio Victoria, y tampoco me gusta ir a ver partidos ni conciertos ni nada en ese lugar de diseño tan improvisado y de tan malos servicios. comenzando por que no hay un estacionamiento y el estadio fue empotrado a la mitad de un barrio antiguo.

  15. y nadie se acordo cuando le pusieron “ESTADIO GUILLERMO CA#EDO” shiales me se una leyenda urbana a cerca de la muerte de ca#edo y azcarraga medio macabra

  16. Yo como naufig estoy mas ligado al cuahutemoc y a la gloriosa franja, pero del azteca tengo el recuerdo de haber visto caer a otro cuahutemoc.. Si, yo estuve ahí el día que el trinitario Ansil encock (o como ptas se escriba) se jodio al cuau, ycomo aficionado del fucho sin duda el oír un estadio lleno coreando a una sola voz el nombre de tu equipo es algo que sin duda debes de vivir.

  17. Tarde pero sin sueño a comentar en este post.

    Recuerdos gratos del Azteca, cómo no.

    Cuando lo conocí tenía 7 años y si de adulto te orinas al ver algo así por primera vez, imagínese a mi corta edad. Fue un Cruz Azul – Toluca que empataron a 2.

    También cuando en una visita de Los Poderosos Diablos Rojos del Toluca le hicieron a sus hijos los azulcremas, llegué en uno de los 200 autobuses que transportaron a la afición que literalmente copó una de las cabeceras para celebrar que Los Rojos le quitaban un paupérrimo invicto a un América más desdibujado que mis dibujos del kinder. Y se llenó el Azteca ese día. Claro, los visitaba papá, tenían que ir. Es algo impresionante.

    Ahora entiendo por qué usted es fan de los 49ers, ese breve paso por el América le destruyó algo de testosterona. Menos mal que se recuperó con el equipo universitario.

    Y una de mis frustraciones: Cuando El Equipo de América, los Dallas Cowboys vinieron a jugar y no pude conseguir boletos con ninguna de mis maniobras.

    Saludotes Licenciado.

  18. Vivo sobre la Calzada del Hueso y el Azteca me queda relativamente cerca (no tan cerca como al FinisimoToño) y mas de una vez he terminado a las faldas del Coloso que nunca deja de maravillarme.
    Tengo casi 6 años de vivir en el “DeFectuoso” y mis primos de acapulquito nunca se cansan de preguntar como es el Azteca, solo basta decir; Enorme.

  19. Mi vida como aficionado al futbol, definitivamente, está mucho más ligada al Olímpico Universitario, por el hecho de que soy de Pumas. Es más, creo que después de CU, el Estadio de la Ciudad de los Deportes me gusta más, pero la grandeza del Azteca es innegable.
    ¿Recuerdos?
    El primer partido de futbol que vi en directo en mi vida: un América-Cruz Azul de 1979. Fuimos con el papá de un vecino.
    La primera vez que bajé a los vestidores también fue por esas fechas, en una excursión de la primaria. Recuerdo que el domingo habían jugado el Atlético Español y los Pumas, porque aún estaba colgados los cartelitos en las puertas.
    El partido que más disfruté ahí: América 3-3 Pumas, 15 de diciembre de 1989. Pumas ganaba 1-0 con gol de Memo Vázquez, los pollos se ponen arriba 3-1, Campos deja la portería en manos de Bernal y anota un gol. Sobre el final le cometen penal y lo cobra Memo Vázquez. Goly empate cardiaco.
    Mi primer partido como reportero fue ahí: Atlante 1-0 León, Invierno 96.
    No he visto conciertos, sí me he agarrado a madrazos, he salido hasta mi madre de pedo… Uffff, tantas cosas.

  20. La primera vez que fui al Azteca (y eso que vivía next door desde los 7 años) fue cuando iba en la secundaria a un partido de México del mundial, es cierto, es una experiencia sin comparación te guste o no el fútbol como dice El jara.

    Después fui a MJ y algún otro y también muy padre, sin embargo me tocaron muchas cosas malas del Azteca, por vivir tan tan pero tan cerca cada vez que había algo importante cerraban cuadras y cuadras alrededor y simplemente no te dejan entrar a tu propia casa. Una vez hubo un concierto de esos de estadio lleno y no me dejaron pasar, yo quería llegar a mi casa porque mi amado gato Rafles de 12 años de edad estaba muy enfermo, estuve tratando de pasar de las 7pm y me dejaron hasta las 11pm cuando llegue Rafles había muerto 😦 <–horrible experiencia gracias al Azteca.

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