Fenómenos Inexplicables: Seth McFarlane

Family Guy: No soy fansss... en absoluto.

Lo intenté, créanme. Me chuté entre 35 y 40 episodios de Family Guy, según mis cálculos. Muchos de ustedes me recomendaron algunos episodios en particular, y me mandaron los links para verlos en la web. Abrí mi criterio y me dispuse a descubrir porqué esta serie es una de las más exitosas de los últimos años.

Y la misión de descubrimiento fue en vano. Mi conclusión es que Seth McFarlane y sus creaciones (la mencionada Family Guy, más American Dad y The Cleveland Show) apestan como un sauna para perros callejeros.

Ustedes perdonarán mi juicio, pero debo ser completamente honesto: después del muestrario de episodios, correspondientes a poco menos del 30% del total de los que han sido producidos hasta el momento, estoy convencido que la popularidad de las series creadas por McFarlane es incomprensible para mi. Mis argumentos…

1. Todo esto ya lo vi… pero mejor hecho. La estructura familiar es muy común, extraída de cualquier sitcom tradicional gringo basado en las desventuras del papá panzón e inepto con una esposa eficiente y guapa, más hijos. En este caso añaden la peculiaridad del perro que habla, pero hasta ahí. La bronca es que la mayoría de las situaciones y los gags han sido vistos más veces que Avatar, y con mejor ejecución. La dinámica a nivel de dicha familia y las referencias a la cultura pop ya las vimos en Los Simpson. La crudeza en temas ha sido manejada desde siempre con admirable sagacidad por South Park. Los extremos de lo absurdo y moral dudosa eran el sello de Duckman. Los mashup de películas y series de TV eran la base de The Critic. Hasta el humor más primario y estúpido fue el tema recurrente de Beavis & Butthead, así que una serie como Family Guy debería tener una propuesta mucho más original, o al menos mejor ejecutada, para interesarme realmente. Pero no es el caso. Se conforma con tomar elementos de todas las anteriores, elevar el nivel de crudeza para generar shock value, y ya estuvo. Pero eso no fue lo que me desanimó más, sino el hecho de que… Sigue leyendo

Anuncios

La importancia de llamarse…

¿Qué hace Juanín Juan Harry en este post?

Un cortísimo post, porque el día ha estado ajetreado y mañana estará peor. Creo que es hora de reconciliarme, a esta edad avanzada, con el nombre bajo el cual fui conocido hasta la escuela primaria. Verán, ustedes me conocen mayoritariamente como “Toño Sempere”, que es mi firma habitual para iniciativas desmadrosas y poco serias. Algunos más saben que soy “Juan Antonio”, quizá por mis múltiples aclaraciones al respecto.

Pero un pequeñísimo grupo entre mis amistades me llama de otra forma. Yo fui un “Toño” hasta la Universidad, realmente. En la preparatoria me llamaban “Sem”, no precisamente inspirados por el hijo de Noé, de cuya descendencia proceden los bíblicos pueblos semitas. No, creo que más bien les daba fiaca decir las dos sílabas que completan mi apellido. Y en la secundaria, tratándose de un colegio masculino, fui conocido por el apellido, o por su romanceamiento hacia “Semperro”, o “Perro” a secas.

¡Ah, pero en la escuela primaria, en el ilustre Muppetssori del Pedregal, la cosa era distinta! Ahí privaba la filosofía de ensalzar y celebrar el individualismo del alumnado, así que todos se dirigían a uno por el primer nombre… o por el nombre por el que le llamaban a uno en casa.

Así mi amigo Eduardo pasó a ser conocido como “Lalito” (recuerden, estamos hablando de los inocentes tiempos de la primaria). Jaime era “Jimmy”. Teresa nunca existió para sus compañeros bajo otro nombre que el de “Tessie” (OMG!). Y yo… bueno… eh… yo… era “Juanín”.

El autor, prácticamente en estado larvario (1 año, 2 meses)

Me espero tantito a que se les pase la pinche risa para continuar, si quieren. ¿Ya? OK, otro poquito. Bueno, ya estuvo, ¿no? En efecto, en mi casa, desde que tengo memoria, siempre fui Juanín. No hay una versión definitiva del porqué de mi curioso hipocorístico (“¡Al Batidiccionario, Robin!”), ni de su autor intelectual. El origen más probable es a través de mis abuelos paternos, que distinguían a Juan Antonio padre (mi Finísimo Progenitor) de Juan Antonio hijo (el que escribe) usando la forma abreviada y familiar que se usa en algunas partes de España para los Juanes. Juanico o Juancho eran otras opciones, pero a mi me tocó ser Juanín.

Este nombre me acompañó durante toda la niñez, sin dar lugar a confusiones. Encontré Juanitos y Juanchos por todos lados, pero nunca otro Juanín. El mote se extendió a mi hermano Juan Manuel, quien pese a ostentar el celebérrimo nombre  eufemístico de “El Nel” durante TODA su vida, siempre fue parte de “Los Juanines”, que era como nos llamaban nuestros maestros, compañeros de clase y familiares.

Por supuesto, cargar con “Juanín” cuando se es todo un mozalbete que empieza a echar vellos en regiones corporales que el pudor calla sonaba ridículo, así que el ser conocido por mi apellido únicamente, a la usanza de las escuelas secundarias de ése entonces, resultó una bendición accidental. No obstante, un par de amigos cercanos de aquellos años (¡Saludos, Pepe y Roberto!) tuvieron la “fortuna” de estar en casa cuando mi mamá se dirigió a mi por el mofable “Juanín”, lo que les causó una felicidad fuera de serie durante un buen rato. Vamos, a cualquier amigo le gusta enterarse de algún dato avergonzante de tu niñez con el fin de utilizarlo para la masculina práctica de “echarle carrilla a la amistad”. Afortunados ellos, pues.

Pero el “Juanín” no trascendió más lejos de la secu. En la prepa y la universidad nadie llegó a llamarme por este nombre. El único que se enteró de él fue Alfredo Dávila “El Pollo” Monsiváis, creo que porque llamó por teléfono a la casa preguntando por mi y oyó a mi mamá gritarle a mi hermano “¡Dile que le hablan a Juanín!”. Gracias, jefa.

Hoy no me altera ni me apabulla que alguien me llame Juanín. Por principio de cuentas mi hija me dice así de vez en cuando, lo que resulta muy grato. Y además, el programa infantil 31 Minutos ostenta en su elenco a un carismático personaje que lleva ese mismo nombre. Así es, me place identificarme nominalmente con el célebre Juanín Juan Harry, floor manager de profesión y objeto de atención romántica por parte de La Gran Cachirula. Vean la muvi, no les voy a contar todo el rollo aquí.

De hecho, el mismo “Pollo” Dávila me mandó la canción de “Quiero a mi Juanín” extraída del soundtrack de 31 Minutos: La Película, concretando así mi aceptación total de ese histórico apelativo. Dicho sea lo anterior: Juanín, para servirles.

Bitácora de Miedos – #17: Insectos y Arácnidos

Algún "artista" decidió asegurarse de que yo NUNCA sea capaz de visitar el Guggenheim de Bilbao...

N. del T.: Mis miedos son muchos y muy variados. Algunos de ellos son legítimos. Otros son irracionales. Me he sobrepuesto a unos cuantos, pero no significa que me den menos miedo. Simplemente he logrado vivir con ellos. Pero reconocer las cosas por lo que son es el primer paso para tomar control sobre ellas, así que les presentaré ocasionalmente algunas selecciones de mi extenso catálgo de temores. He aquí mi Bitácora de Miedos.

No estoy cien por ciento seguro de la fecha en que me nació el terror cuasi-fóbico por los insectos y las arañas. Sólo sé que me dan pavor, asco y ansiedad en extremo.

Cuando era muy pequeño, por ahí de los dos años, el miedo por los bichos no había hecho presa de mi persona. Solía salir al jardín para buscar cochinillas en la tierra húmeda y debajo de las macetas, y me divertía enormidades viendo cómo se hacían bolita al tocarlas, en actitud de resguardo. En esa época no había Nintendo, Finísimos Amigos, así que uno se divertía como podía.

Las mariposas eran eso, mariposas. Básicamente eran coloridos papeles de China con voluntad propia. Y las famosas “arañas patonas”, esos curiosos bichos que parecen chícharos rojizos inexplicablemente sostenidos por patas delgadas como bigotes de gato, me causaban una curiosidad tremenda. Hasta ese momento, todo bien.

Mi visión infantil de los insectos era tierna e infoensiva. Pero todo lo bonito se acaba.

Pero teniendo como cuatro o cinco años, todo cambió. Fue en Tequesquitengo, en casa de mis abuelos. Yo iba corriendo descalzo por la terraza, estaba anocheciendo. De pronto sentí un dolor intenso en la planta del pie. ¡A llorar! Cuando miré hacia el origen de mis dolencias vi a una enorme abeja, aún moviéndose, en el acto de desprender el aguijón que hundido en la piel del empeine. La falta de equilibrio me hizo buscar instintivamente algo de qué agarrarme. Mala idea: mi manó se cerró sobre la rama de un arbusto espinoso que crecía plácidamente en la jardinera.
Sigue leyendo

Reescribiendo el Menú

No soy muy fan de los restaurantes temáticos. ¿Se acuerdan de la oleada de los mismos, ocurrida hacia principios de los 90? De golpe y porrazo aparecieron por todo el mundo sucursales  de una gran diversidad de franquicias, todas con sus conceptos comerciales muy marcados y muchas veces amarrados a grandes nombres de supuestos “socios”: Planet Hollywood (Schwarzenegger, Stallone y Willis), All-Star Café (Gretzky, Shaq, Montana, Agassi), Bubba Gump Shrimp Co. (dedicados a la historia de Forrest Gump), House of Blues (Dan Aykroyd y Jim Belushi), Rainforest Café (bien ecológico… NOT!)Harley Davidson Café (para todos los devotos de las Hogs), NASCAR Café (Jeff Gordon, Rusty Wallace, et al), Fashion Café (Naomi Campbell, Christy Turlington y Claudia Schiffer)… Sólo nos faltó ponernos vivos a los mexicanos con una franquicia dedicada a nuestro máximo embajador cultural para estar a tono. Claro, expandir el menú de El Chavo del Ocho Café® más allá de las tortas de jamón hubiera sido un reto, pero la oportunidad estaba ahí.

La mayoría de esos changarros murieron, o sobreviven de sus viejas glorias. Algunos estaban predeterminados al fracaso, como el mentado Fashion Café. ¿A quién se le ocurre poner un restaurante amarrado a una profesión como el modelaje, donde provocarse el vómito o matarse de hambre constituye una práctica habitual? Y lo más impactante es que los menúes de todos estos sitios solían ser casi iguales. Claro, todos comenzaban por ofrecer una serie de especialidades únicas, pero a la larga acababan en el conformismo de ofrecer siempre la misma gama de nachos, alitas de pollo, hamburguesas, pastas sin imaginación y ensaladas césar con pollo a la parrilla.

El Hard Rock Café es el único de estos establecimientos que llego a frecuentar de vez en cuando, ya sea en México o en Miami. Nunca cuando visito otras ciudades, pues creo que comer en sitios únicos y no en franquicias con platillos que ya conocemos debe ser parte del propósito de viajar. Pero debo reconocer que el Hard Rock me late, pues en primer término soy un nerd de la memorabilia musical. Los tragos son bien servidos, la comida es bastante decente y las rolas que ahí suenan siempre ponen de buenas.

Lo que me extraña es que no hayan caído en la práctica cutre, cheesy y predecible de ponerle nombres “ingeniosos” a los platillos, consistentes con el tema del restaurante. Es, a mi modo de ver, una oportunidad desperdiciada para hacer el imbécil (una de mis actividades favoritas, por si es la primera vez que visitan este blog). Recuerdo un establecimiento en Guadalajara que tenía una admirable selección de antojitos ingeniosamente bautizados: el sope Wonderbra (chicharrón prensado), la torta Chabelo (de pierna), el taco Gobernador del Estado (pura lengua)… En fin, darle un poco de originalidad a la oferta culinaria.

Animado por esa idea y por la buena recepción (o sea que nadie me mentó la madre) al sugerir uno de estas confecciones gastronómicas en Twitter, comencé a armar un menú temático que le ofrezco desinteresadamente a los del Hard Rock, por si les interesan mis siempre brillantes ideas.

De entrada hay que expandir la variedad. No pueden conformarse con las cansadas opciones tradicionales. La variedad de Nachos puede incluir los Nachos Cano y los Nacho Pop. En vez de una aburrida sopa de brócoli con queso, ¿porqué no abrir boca con la Sopa de Frijol & Oates? El primer ingrediente es el bueno, el segundo es de mero adorno.

En cuestión de arroces la tenemos hecha, con el popularísimo Arrozsmith. O si ese arroz no te llama la atención, también puedes pedir un platillo doble llamado Guns Arroces: el primero te abre el apetito para la destrucción, y el segundo puede ser frito al estilo chino. Lo malo es que el segundo es tardadísimo, pero ahora que se está poniendo de moda el dichoso slow food movement, puede pegar. Y si andas muy internacional y en un ánimo pop-jazz, la PaElla Fitzgerald es la opción.

Las especialidades mexicanas no están bien representadas en los restaurantes temáticos de este tipo. Sí, hay quesadillas, pero nada que ver con la queca tradicional mexicana. El Hard Rock podría ofrecer QuesaDylans: La Jacob luce muy atractiva, pero es más bien ligera y ni te acuerdas de qué sabe una hora después de comer (ideal para las dietas). Ah, pero La Bob simplemente no te la acabas, de lo grande y magnífica que es. ¿Lo ven? Se puede lograr consistencia temática con los artistas en casi cualquier platillo.

El Taco Placebo puede ser la versión alternativa del taco placero. No sabes si es un taco bien machín o más bien medio jotón, pero en cuanto lo pruebas te das cuenta de que sí la hace. Las Gorditas de Abba pueden ser otra buena opción para diversificar las entradas: la Frida se hace de maíz prieto y la Agnetha de maíz blanco. Las EnchiGaGas son un platillo cuyo concepto también encaja a la perfección, pues los comensales siempre acaban preguntando si tienen chile o no.

Claro, no podemos dejar de lado los platillos internacionales clásicos, pero hay que darles un tono roquero. RavioLes Paul. Fettucinni AlFreddy Mercury. Rissottom Waits. Fleetwood Mac & Cheese. Un buen corte de Paul McCarne Asada no puede faltar, pese a su elevadísimo precio. También puedes ordena una Iron Maidenesa con Papas, opción más económica, pero que satisface más.

LangosTina Turner: suculento crustáceo.

En cuestión de pescados y mariscos también se puede ser creativo. La LangosTina Turner tiene buena porción de carnita en la cola, pero las piernas también tienen lo suyo. Oasistiones en su concha. Belle & Sebichetian. Pulp en su tinta. Pearl Jaiba

Y si quieren un plato fuerte mexicano, siempre pueden ordenar una especilidad de la cocina Paiki: el Möle Crüedo. O el Pipiánk Floyd. Hasta la Cochinita PiP.I.L. es buena opción.

En los desayunos todo es cuestión de poner una barra donde te preparen un Omelette Zeppelin a tu gusto. O de plano ordenar The ChilaKillers verdes o rojos.

¿Algo dulce? Estamos armadísimos. Flan Ferdinand. Muse de Chocolate. James Brownies. Los Pays Girls (del Chef Orozco) todavía están buenos, pese a ser un platillo entrado en añitos. Pero en cuestión de postres hay un Rey: Elviscocho.

Bueno, no he hecho más que escarbar un poquito la inmensa gama de posibilidades para los señores del Jarro Café. Ya soy su cliente. Ahora quiero ayudarles más allá de pagar los cuentones que me cobran. Y claro, mi oferta desinteresada se extiende a los Finísimos Miembros, quienes de seguro van a sugerir sus propias especialidades. Yo no pido nada a cambio, quizá una tarjetita de descuento del 15% por consumo.

¡Ah!, y que nunca incluyan la Ensalada César Costa

Mis odios populares, Parte 1

La bebida oficial de Finísima Persona

He caído en la cuenta de que existen muchas cosas que gozan de enorme aceptación y popularidad entre la mayoría de la gente que me rodea, pero que yo nada más no trago. No voy a enlistar todas ellas en este post (simplemente no acabaría nunca), pero esto bastará para darles una idea:

Nunca tantos le han rendido tanto a tan mediocres...

1. Timbiriche. Voy a empezar diciendo que sí tuve infancia. Y debo hacer la aclaración pues cada vez que expreso mi total y absoluto desprecio por esta aberración “musical” emanada del encocainado cerebro de Luis De Llano, siempre me salen con el comentario de “ash, es que tú se ve que no tuviste infanciaaaaa…”.

Les tengo noticias: tuve una infancia tanto o más rica que la mayoría de ustedes (principalmente porque creo que la sigo viviendo). Simplemente no encuentro la relación entre dicha infancia y una enervante agrupación de escuincles sin talento para convertirse en una aún más enervante agrupación de adolescentes y adultos sin talento. Ahórrense los “es que Benny sí es muy buen músicooo…”, porque no es cierto. Thom Yorke es muy buen músico. Prince es muy buen músico. Les concedo que Benny sea un muy buen padre de familia, pues seguido nos lo encontrábamos con su vieja e hijaldra desayunando en Le Petit Cluny. Pero hasta ahí.

Timbiriche cantaban canciones estúpidas, la mayoría musicalizadas robándole descaradamente los riffs a artistas legítimos, y vendían el producto final como algo innovador, juvenil y divertido para la Generación Eres. Una bola de hijos de artistillas Televisos sin ninguna gracia ni trascendencia no puede ser responsable de resguardar mis recuerdos de la niñez y adolescencia. Punto. Si voy a otra boda donde el grupo musical de amenización decide interpretar el “popurrí Timbiriche” para beneplácito de los adultos presentes, vomitaré en la ponchera y la emprenderé a patadas contra la mesa de regalos. Están advertidos.

"Yo me comía a Belinda..." "¿Ah sí? Pues yo me comí cuatro goles estúpidos en la eliminatoria..."

2. La Selección Nacional. No me voy a “poner la verde” en este mundial, pese a la alburera insistencia de los medios masivos. No voy a subirme al vagón del hype y de la falsa esperanza de que “ahora sí nos vamos a colar a la final”. México tiene un fútbol profesional desproporcionadamente bien pagado en relación con el talento real de sus exponentes. Y la selección es uno de tantos opios distractores de la opinión pública, aunque nos pese. No voy a sufrir con la eventual derrota que nos deje buscando chivos expiatorios a izquierda y derecha, como tampoco me sumaré a los festejos en el Ángel cuando logremos una de tantas victorias irrelevantes (¿en serio creen que es meritorio tirarnos a las calles por cada punto cosechado en PRIMERA RONDA?).

Soy un aficionado a los deportes, en efecto, pero por lo mismo he aprendido que uno siente la pasión auténtica cuando se logra presenciar una auténtica exibición de talento puro, cuando lo cotidiano se vuelve especial, cuando una proeza atlética tiene lugar ante nuestros ojos. Y esta manifestación de algarabía se gana, no es gratuita. El orgullo por mi país tampoco está amarrado a lo que haga su selección futbolera. Recuerdo haberme sentido legítimamente emocionado por Ana Guevara y Alejandro Cárdenas cuando empezaron a cosechar triunfos en atletismo, pero fue porque vi en qué condiciones entrenaban en la Codeme. He visto prisiones con mejores dormitorios. Al comparar la infraestructura de este deporte con la que tienen en EEUU, Jamaica o Canadá, sobra decir que se ganaban cada porra y cada “¡Viva México!” que les echaban desde las tribunas. ¿Pero por el Tricolor? No, muchachos. Hará falta una genuina demostración de habilidad, dominio sobre la cancha y virtuosismo deportivo para lograr emocionarme, lo siento. Sigue leyendo

El Gran Silencio

Ustedes saben que una de las cosas que más aprecio en las Finísimas Personas que visitan este blog es su aporte a mis escritos dentro del área de comentarios. Muchas veces llego a disfrutar más leyendo lo que usetdes opinan o contribuyen al tema que la satisfacción que obtengo de escribir el post en sí. Y me atrevo a decir que no he encontrado otro blog en la red donde el porcentaje de comentarios con contenido de calidad sea tan consistenmente alto.

Dicho sea lo anterior, hay algo que me intriga. ¿Qué demarca la linea entre comentar y permanecer en silencio? Esto es particularmente difícil de entender dada mi particular personalidad. Ya he mencionado que soy el clásico pelmazo que tiene algo que opinar respecto a TODO lo que escucha. Descuiden, estoy intentando ser menos intrusivo en ese aspecto. Pero la verdad es que me gusta leer y opinar en sus respectivos blogs, y si no lo hago con mayor frecuencia es porque literalmente no me alcanza el tiempo.

Pero debo decirles que mi marchito, cínico y oscuro corazón da un vuelco cada vez que leo un nombre nuevo y previamente desconocido en los comentarios. Y cuando dicen “yo actostumbro leerte, pero no había animado a comentar hasta hoy…” me dan ganas de detonar cohetones, lanzar puñados de confeti al aire y pedirle al mariachi que se arranque con “El Sinaloense”. En serio, me hacen el día. Y aún así no capto que es lo mueve a muchos de ustedes a permanecer callados.

En un principio pensé que era el hecho de que, al externar una opinión en un foro abierto, uno realmente queda expuesto a la opinión de los demás. Pero luego de leer los comentarios habituales de los “sospechosos comunes” (aquellos Finísimos Miembros que sí comentan con frecuencia), hay que reconocer que en este blog también reina la armonía, la paz y el respeto mutuo, al menos en comparación a lo que ocurre en otros espacios similares. Cierto, hay carrilla, albur y sorna ocasional, pero suele estar destinada a ocurrir entre quienes ya se conocen y “se llevan”, o se dirige al sector de comentaristas casuales que podemos definir como El Ignorantaje.

El Ignorantaje suele estar compuesto por iletrados fans de Michael Jackson (ojo, no estoy diciendo que todos los fans de Jacko sean ignorantes, pero un sector significativo lo es y lo demuestra con creces), g3n73 ke ezkrib3 azzzzzi, LOS QUE TODO LO EXPRESAN CON MAYUSCULAS y trolls. Pero reitero, me extraña no ver casi ninguno de estos ejemplos en Finísima Persona. Comparando las estadísticas de las visitas contra la de los comentarios, salta a la vista que el porcentaje de estos últimos es mínimo en relación con los primeros.

¿Me gustaría que más gente comentase? Claro que sí. Pero también puedo entender perfectamente a quienes optan por reservarse sus opiniones, o a quienes consideran que comentar sólo es meritorio en muy contadas ocasiones.

En fin, estuve a punto de dejarles sin post el día de hoy por motivo de actividades varias (Consulado, trámites sin fin, trabajo, visitas de parientes foráneos y cuidar a un par de niñitas alimentadas con dosis inusuales de azúcar), pero al menos quise expresar esta inquietud e invitar a los lectores silenciosos a expresar sus razones para permanecer en el anonimato. ¿Qué nos mueve a callar o a hablar? Cada quien tiene su propia respuesta…

¡Insomnio!

"¡Cuéntanos, Toño!"

Otra vez me pegó, con todo. Ya son dos noches seguidas. Tres, de hecho. La primera me mantuvo en vela hasta las 4am. La siguiente, 4:30am. Anoche, las 5:30am. A este paso, voy a ver el amanecer sin haber pegado el ojo desde mi última noche de juerga memorable (aunque lo duden, fue hace mucho). Y es que esto del insomnio es algo persistente y progresivo, como las cuotas extraordinarias en la escuela de mi hija. Empiezan pidiéndote diez pesitos para el regalo de la portera y terminas desembolsando 350 para la visita guiada a la fábrica de cajas de cartón.

No sé a qué se deba. Bueno, en un principio pensé que se derivaba de la preocupación generada por el conato de robo que sufrimos el sábado pasado. Los clásicos ladrones de Semana Santa, paseándose de casa en casa buscando una que estuviese sin ocupantes, pensaron (erróneamente) que no había nadie en la mía. Estaba mi esposa, pero ellos no se percataron del hecho, así que se pusieron a forzar las puertas del garaje con todo el desenfado que puede uno permitirse tener a las tres de la tarde, en una ciudad donde la presencia policial es un mero elemento decorativo.

Los cacos no lograron su cometido final. El metal de los soportes de las puertas se dobló bastante, pero no cedió del todo. Pero el mal sabor que te queda después de un hecho así es difícil de remover. Esa noche la pasé en vela, más que nada por precaución. Pensé que quizá decidirían volver para terminar el “trabajo”, esta vez amparados por las sombras nocturnas. Así que entre compu, Playstation y películas viejas me pasé las horas, prestando siempre una oreja ante cualquier indicio de ruidos extraños. Y ya saben cómo es esto: basta estar en espera de ruidos extraños para que TODOS los ruidos se vuelvan extraños.

Pero las siguientes noches, ¿qué? Uno no puede pasárselas a la espera de que otro fascineroso quiera abrirse paso a través de pestillos, chapas y candados, deseoso de robarse las pocas pertenencias acumuladas y de arruinarnos la paz interior, ¿o sí? No, hay que empalmar pestañas y entregarse al sueño reparador. Lo difícil es lograrlo, como he podido constatar.

He evitado la cafeína. Cero cenas de pesada digestión. Ayer probé suerte con una tacita de té para ayudar a dormir, pero no jaló. Contar ovejas es una gran falacia para mi, pues siempre termino pensando en otra cosa más interesante, ¿a quién le interesa el ganado ovino que ni siquiera es tangible? Contar mujeres encueradas saltando una cerca parecería una mejor idea, pero me entra tal pendiente que Ashley Greene se tropiece con la dichosa cerca y se astille sus magníficos chicharrones que el efecto resulta contraproducente.

¿Y si se cae y se lastima?

Ayer recurrí a internet en busca de información tediosa para ver si eso surtía efecto. Leí seis métodos distintos para preparar huevos escalfados, que ni siquiera me gustan, pero sólo terminé hecho un Gordon Ramsey de los Eggs Benedict. Repasé las declaraciones de Marcelo Enerd de los últimas cuatro semanas, y nada más hice corajes. Leí unas 8000 palabras acerca del modelo económico brasileño bajo el régimen de Lula da Silva, lo que me generó algo de envidia (ellos parece que sí están saliendo del hoyo de manera definitiva, no como nosotros con el Salinazo).

Y nada de nada, camaradas. Hoy estoy escribiendo esto en un estado parcialmente zombificado. Lo único que me desprendió de la iniciativa de recuperar el sueño durante las primeras horas de la mañana fue una cantidad abrumadora de trabajo urgente y la promesa de llevar a mi Heredera Universal a comprarse una muñeca nueva. El día miércoles tengo cita en el Consulado de España a las 8 de la madrugada, así que si no logro dormir bien esta noche voy a acabar más incoherente que de costumbre ante el Cónsul. Espero que no me hagan preguntas complicadas, como decirles cómo me llamo o qué tamaño de alpargatas calzo, pues mi cerebro no se encontrará en condiciones propicias para responder a la primera. Y no creo que le concedan un pasaporte a alguien que babea con cara de pasmado a la hora de la entrevista.

En resumen, Finísimas Personas, me hallo en una encrucijada grave entre el sueño nocturno y la eficiencia, tanto física como mental. ¿Qué hacer? ¿A qué recurrir? Después de Heath Ledger y Brittany Murphy me ha entrado un pánico absoluto por recurrir a soluciones relacionadas con fármacos. La tacita de leche caliente con miel no me da más que agruras. Y hasta el plan B de escuchar mis propios y aburridísimos podcasts ha fallado en absoluto (no sé cómo me toleran ustedes, en serio). ¿Hay solución? ¿O me resigno a lucir unas ojeras estilo oso panda de ahora en adelante? ¡Qué hable el saber popular!

POST 100: Happy Zombie Beibi Yisus Day!*

BRAAAAIIINNNSSS!!!

¡Bienaventurados sean en esta Pascua, Finísimos! Como ustedes saben, estamos conmemorando el día en que el Gran Yisus se convirtió en zombie, así que decidí adoptar esa caracterización durante un rato, aprovechando que los zombies están más de moda que nunca. Creo que no me quedó nada mal, ¿o ustedes qué opinan?

En fin, decididamente tengo que echarme unos taquitos de sesos para estar ad hoc con todo este rollo, así que seré breve. El motivo de este post es el de festejarme a mi, obvio. Pero no sería correcto dejar de lado una ocasión especialísima para Finísima Persona, y es que tengo el honor de estar escribiendo EL POST NÚMERO 100 en la breve y distinguida historia de este blog. ¡Que suenen las fanfarrias y que suelten un ciento de palomas al vuelo, pues esto hay que celebrarlo en grande!

Comparto alguna cifras y factoides para ustedes:

120,365: Visitas únicas que hemos recibido desde agosto del 2008 a la fecha. Y claro, antes de que especulen acerca de que si las cifras fueron infladas por el Toño, que nada más se pone a darle “refresh” a la página principal desde que se levanta de la cama hasta que el alcohol lo manda a dormir: No, las visitas del autor a su página no cuentan. Así que si se sienten mal por perder el tiempo aquí, les puede servir de consuelo saber que no son los únicos.

20,357: Visitas únicas en nuestro mes más popular (657 diarias, en promedio), marzo del 2010. Sí, es el mes que acaba de concluir. La razón, a todas luces, es que el zángano propietario de Finísima Persona al fin entendió que ustedes merecen contenido nuevo diariamente, y que el resultado obvio es un mayor número de visitantes. Sólo le tomó un año y 8 meses entender la idea, así que ténganle paciencia cuando vean que no les agarra la onda a la primera, ¿OK?

1,448: Número de visitas únicas en nuestro día de más tráfico, el pasado 26 de marzo del 2010. El post de ese día fue el de La Vida en Twitter. Al parecer las reglas de etiqueta en redes sociales es un tema con jale…

2,001: Número de visitantes en nuestro mes menos popular, mayo del 2009. Y no es de extrañar, pues el webas del Toño sólo subió un pinchi post en todo el mes (4 Equis y Un Funeral). Hay que aclarar que los meses de agosto a diciembre del 2008 tuvieron aún menos visitantes, pero esa época debe ser considerada aparte, pues no se había anunciado formalmente la existencia de Finísima Persona en sociedad, sino que el blog era visitado tan sólo por los que caían en él por mero accidente. Aunque pensándolo bien, yo sigo creyendo que todos los que caen por aquí están sufriendo un accidente. En fin…

El post más popular: Es Otra Tonta Reseña de AVATAR. James Cameron tiene las dos películas más taquilleras de todos los tiempos, ¡y el post más visitado en Finísima Persona! Qué honor para él. Ya le dejé recado en su mail para avisarle de esta distinción, así que no debe tardar en reportarse.

El post menos popular: Mad Skillz: BaRazzle, MC Cain, VPILF! WORD! Y coincidentemente, es el post del que Toño se averguenza más, al punto de que ha pensado borrarlo en repetidas ocasiones. Su explicación es que el video le llamó la atención, lo quiso compartir con un grupo grande de cuates de Miami y pensó que era buena idea subirlo a este blog. En su defensa, aún no estaba familiarizado con Twitter. Y es medio guey. Y no pensó que era más sencillo subir el link en Facebook o algo. Y es bastante guey. En su defensa, repito. El caso es que no lo borró porque cree firmemente que en el blog, como en la vida, hay que aprender a vivir con las malas decisiones y usarlas como recordatorio para evitar repetir errores. Luego les cuento si le está sirviendo esa filosofía tan zen.

El post menos popular del que Toño no se averguenza: ARCHIVO MUERTO: Por El Tubo. Es un ejercicio literario que le dejó muy contento cuando lo escribió. Pero claro, como no es chistosón, es posible que no sea del gusto del lector promedio. Aclaro que Toño también se siente muy ufano porque se sabe todas las capitales de Europa de memoria, así que eso habla mucho de lo increíblemente vano que puede ser su orgullo.

El post con más comentarios: En teoría es el de Finísimo Podcast 04 – ¡Defiende tu película! (121 comments), PERO si hacemos memoria, es porque es el último post antes de la creación de Finísimos Miembros, espacio de esparcimiento y libre diálogo de este blog. Los posts se estaban convirtiendo en auténticas sesiones de chateo, así que hay que concederle la distinción a un post donde se tengan, en mayor medida, comentarios legítimos. Y ese post es el de  Toño Vs. Crepúsculo: Una Hueva – La Reseña Innecesaria (100 comments hasta el momento). ¿Podrá romperse esa marca con el próximo estrello de Eclipse? Sigan pendientes.

El post menos comentado: Hay un empate entre el previamente mencionado Mad Skillz… y otro post que le gusta mucho al Toño, Manifiesto Suburbano para Piano y Orquesta (3 comments a la fecha). Evidentemente la poesía vanguardista y pretenciosa del autor desanima a los Finísimos Lectores.

El post que más atrae a los iletrados: La Muerte Famosa (No es otro estúpido post de Michael Jackson). Al menos las pubertas aficionadas a Crepúsculo intentan estructurar un poco mejor sus ideas, y algunas hasta tienen sentido del humor. Pero los fans del muerto (y sí, está bien muerto, ya no le hagan al rollo de que fingió su deceso para no sé qué madres) Wacko Jacko no sólo rayan en el fanatismo cultista, también parece que escriben posando las nalgas sobre el teclado de la compu.

El link más popular del Blog Roll: Ozonóvoros, ciberguarida del infame Pacasso. Otra máxima de la comunicación visual aplica en este caso: Si quieres que le guste a la gente, pónle monitos y ya está.

La frase de búsqueda más popular para llegar a Finísima Persona: finisima persona, obviamente, y por mucho. Y en segundo lugar está avatar movie. Lo que desconcierta al Toño es que la tercera es emo hitler. Sus papás deben estar taaaan orgullosos… (los del Toño, no los del Hitler).

El Tag que más se repite en los posts de Finísima Persona: mal gusto. ¿A quién puede extrañarle?

El Finísimo Podcast más popular: Finísimo Podcast 04 – ¡Defiende tu película! sigue siendo el de mayor rating, sin contabilizar las descargas vía iTunes (aún es muy pronto). Buenas noticias para los Finísimos Carnales, quienes nunca han sido populares en nada. Cuenta la leyenda que Beto tenía dos amigos imaginarios cuando era chiquito, pero nunca lo pelaban y sólo jugaban entre ellos. Y Alex, durante sus épocas universitarias, arrasó con la votación para ser designado jefe de grupo, pero todos los votantes pusieron como condición que lo hicieran jefe de grupo en el salón de al lado. ¡Qué vueltas da la vida!

El Finísimo Miembro que más comenta: AVISO IMPORTANTE, esta mención no es una invitación abierta para que se pongan a comentar a lo idiota y en múltiples ocasiones en cada post que se les ponga enfrente. Los infractores serán castigados con el duro látigo del posible banneo (el primero en la historia de este disciplinado blog). Es sólo una cuestión de ver quiénes opinan siempre, quiénes son mencionados frecuentemente por otros en sus comentarios, y quiénes están constantemente activos en el espacio de Finísimos Miembros. Y quiénes pasan mucho tiempo enfrente de la compu, claro. Así que no les extrañará que el comentarista más recurrente sea el mismísimo Sotorpe Miguel Araluce, seguido muy de cerca por Vertebreaker. Ambos han estado por acá desde los inicios del blog, y se les aprecia por aportar jocosidad, buen ambiente y sapiencia en abundancia, así que gracias totales. Sus respectivas novias seguro tienen mucho que reclamarle a este indigno rincón de la red.

Y por último…

EL TOP TEN DE FINÍSIMA PERSONA

Este es el Top Ten real, pues el que encuentran en los links del lado derecho sólo mide los más populares de las últimas dos semanas. El oficial es:

  1. Es Otra Tonta Reseña de Avatar
  2. La Muerte Famosa (No es otro estúpido post de Michael Jackson)
  3. Toño Vs. Twilight (Crepúsculo)
  4. Toño Vs. Crepúsculo: Una Hueva – La Reseña Innecesaria
  5. ¡Los Novios a la Pista!
  6. VOTO NULO: Emo Hitler Vs Relaxed Hitler
  7. LA REVANCHA DEL RETORNO DEL REGRESO DE FINISIMA PERSONA EPISODIO 2.0: DURO DE REGRESAR
  8. Stalkers: Invasores del Espacio Interior
  9. Del Pelón al Chicarcas: Ensayo Innecesario Sobre el Apodo
  10. VOTO NULO: Mascotas Mundialistas

En fin, Finísimos Miembros, distinguidos visitantes casuales y desafortunados curiosos que sólo querían ver fotos de Ashley Greene en pelotas (¡Mami!), a nombre del titular de este espacio les dedico mi más sincero agradecimiento por su presencia en este modesto pero luchón blog de pacotilla. Nos han hecho crecer mucho más allá de lo que eran nuestras modestas expectativas, y les invitamos a seguir esa brillante labor de difusión con sus cuates, asociados, familiares, compañeros de celda, patrones, lenones, enfermeros, profesores, dealers, parrilleros, conectes, coyotes, alumnos, colegas, cómplices, amantes, sanchos, dominantes activos, confesores, psiquiatras, líderes, gurús, pastores, feligreses, machos-alfa, operativos principales y demás relaciones profesionales/personales. ¿Nos aventamos otros cien? Ustedes dicen…

*Nota del Toño: este post originalmente tocaba subirlo hasta el lunes, pero decidí mejor subirlo el día domingo para que tenga sentido la celebración del Beibi Yisus. ¡Nos vemos el martes!

Recuerdos de Reserva

Hace unos minutos, el estimado Twittero @colosseum reveló que estaba viendo Reservoir Dogs (Perros de Reserva) por primera vez. Me dio mucha envidia, claro. No por estar viendo la película en sí, que ha estado a mi alcance en formatos VHS, LaserDisc y DVD en todo momento. Sino por experimentarla por primera vez.

No sé cuál vaya a ser su veredicto, y a lo mejor no es maravilloso, siendo que está viendo la primera película de un Quentin Tarantino que nos ha acostumbrado a experiencias fílmicas superlativas cada vez que se sienta en la silla de director. Tarantino es un salvaje, un geek sin destilar que vierte todos sus traumas fanboyescos y sus fantasías visuales en cada nueva obra. Así que ver su filmografía de adelante hacia atrás podría parecer poco favorecedor.

Y hay que añadir que sus pelis pueden gustarnos en mayor o menor grado, pero nunca nos podemos mostrar indiferentes. Yo disfruté Inglourious Basterds, por ejemplo, pero la verdad esperaba más de ella. Aún así tiene docenas de detalles geniales, de cosas que me hacen erguirme en la butaca del cine y pensar “¡Este guey está cabrón!”. Cuando un director logra estos estándares de calidad y maneja las expectativas de su audiencia en niveles reservados a los de obras clásicas, hay que reconocerle el mérito.

Pero regresar en el tiempo a mi primera experiencia Tarantinesca es maravilloso. Fue en 1994, durante el Mundial de Futbol de EEUU. Sí, la película data de dos años antes, pero estamos hablando de una época pre-Cinemark / Cinemex / Cinépolis, donde las pocas salas de cine disponibles preferían recetarte interminables ciclos Stallone / Schwarzenegger / Van Damme antes que mostrar una pequeña gema de cine independiente gringo que, aparte de todo, no tuvo gran impacto en taquilla dentro de los Estados Unidos.

A mi eso me valía madres. Las revistas que consumía en esa época (especialmente esa joya editorial inglesa llamada Empire) mencionaban que un joven director americano, empleado hasta hacía poco en un video club, había logrado realizar una de las mejores películas de los últimos veinte años, una obra destinada a influenciar al género durante mucho, mucho tiempo. Y yo estaba más que dispuesto a creer el hype.

Sigue leyendo

GALERÍA: Videojuegos Retro

Atari 2600: ¿Cuántas horas-nalga fueron invertidas en admirar tus pixelotes?

Me iba a tomar la Semana Santa libre, sin postear nada en Finísima Persona, pero sentí un poco de culpabilidad por dejar colgados a los Finísimos Lectores sin previo aviso, así que les dejaré un par de posts sencillitos, pero con harto cariño y buena intención…

Resulta que me encontré la página de Penney Design, un brillante despacho de diseñadores gráficos australianos, donde entre otras cosas están desarrollando un interesante proyecto de adaptar películas y series de televisión recientes como si fueran juegos del Atari 2600. He aquí la muestra de lo que llevan hasta el momento (hagan clicks en las imágenes para verlas en grande, la atención al detalle de las cajas es increíble)…