Premios Gastronómicos Lo Más Pior 2010

En materia de consumo, tratándose de alimentos o bebidas, nos encanta el juego de los favoritos. Los lectores de este blog saben que para mi la cerveza es Guinness, los tacos de suadero son los de Tacos Charly y la paella es la de mi papá, punto final. Estoy abierto a la discusión, claro, pero difícilmente puedo ceder en mi apreciación. Creo que ustedes deben ser igualmente celosos a la hora de defender sus propios favoritos personales, pues es sintomático de la naturaleza humana.

¿Pero qué hay de lo peor? ¿Tienen memoria para ello? Curiosamente nos acordamos frecuentemente de lo bueno, pero lo malo no nos viene a la mente con tanta facilidad, y menos cuando se trata de hacer comparaciones. Vamos, he participado de mil discusiones respecto a dónde se mezcla el mejor martini, qué tortería debería residir en el Olimpo y qué servicio restaurantero te hace sentir jeque árabe, pero nunca he defendido encarnizadamente ante mis amigos mi postura respecto a dónde preparan los peores chilaquiles sobre el planeta.

Esto cambiará ahora mismo. He aquí unas cuantas historias de terror, asco, desilusión y ausencia total de deleite culinario y etílico. Espero las suyas.

EL PEOR TACO DEL MUNDO… No, no fue en Taco Bell. Sé que muchos dicen que dicha cadena de comida rápida Tex-Mex fabrica los peores tacos en la historia de la humanidad. Lejos de ello. El taco de Taco Bell puede ser una versión desvirtuada de nuestro tradicional taco, pero no es tan incomible como algunos de los tacos que he tenido la desgracia de probar. Y todos tienen anécdotas de espantosos tacos vendidos bajo dudosas condiciones de higiene, pero la mía ocurrió en un establecimiento formal, que incluso llegó a tener sucursales debido a su éxito.

En efecto, dicho deshonor le corresponde a un sitio que gozó de inexplicable popularidad a finales de los 80, al punto de convertirse en un establecimiento de cierta fama entre la juventud chilanga ávida de tacos a precios de alpiste. El concepto detrás de El Atorón (en serio, así se llama o llamaba el changarro) era el de un “todo lo que pueda usted comer” por una cantidad de dinero risible. No es ningún secreto que dichos negocios no suelen emplear los mejores ni más frescos ingredientes, pues de alguna forma tienen que sacar ganancias para seguir existiendo. Pero El Atorón llevó dicha idea a extremos rayanos en la aniquilación de la raza humana.

Lo malo de un mal taco es que la vista no es suficiente para determinar su calidad. Hay que entrarle.

Según recuerdo, la variedad ofrecida al pagar tu cuota era muy reducida: tacos de pastor, alambre, creo que bistec o chuleta y quizá choriqueso. La verdad mi cerebro debe haber bloqueado el trauma. Recuerdo el taco de pastor como una tortilla de vil manufactura envolviendo una achicharrada masa de “carne” de pastor que hubiera sido mucho más suculenta de haber pertenecido a una mascota doméstica. Cuando los duros trozos de supuesta carne carbonizada se alternan con unas masillas gelatinosas, todas pintadas con un colorante rojo nada relacionado con condimentos (más bien con productos de tlapalería), sabes que tu cartera le ha jugado una mala obra a tu estómago. Pedí un taco de alambre intentando quitarme el horrendo sabor de su predecesor, pero fue en vano. Digamos que hubiera preferido masticar un trozo de alambre de cobre o de varilla galvanizada a degustar esa apestosa mezcla de pimiento marchito como flores panteoneras, cebolla pisoteada por cucarachas y carne que posiblemente provino de un leprosario.

La consecuencia: Adoración emética (“¡Al BatiDiccionario, Robin!”) al ídolo de porcelana, notorio aumento en el consumo de papel higiénico y Pepto Bismol durante 5 días, resolución firme de trabajar duro para nunca más tener que tomar la opción de comer en establecimientos de esta categoría por razones económicas. Un fúnebre remate a esta historia es el hecho de que los dueños de El Atorón, animados por el éxito que sus patéticos tacos tuvieron ante el xodidaje, abrieron una sucursal en Villa Coapa, situada justo enfrente de los célebres Tacos del Copacabana. En seguida empezó el pleito entre locales, al punto de que en una gran riña uno de los taqueros del Copacabana mató (no sé si de un balazo o de un certero mandoble de cuchillo taquero) al hijo del dueño de El Atorón, quien manejaba ese local. Verídico, damas y lo que pasa por caballeros. No quiero ser cruel, pero hay algo de ironía en el hecho de que esos tacos baratos le hayan costado la vida a uno de los dueños, aunque fuese de forma indirecta.

LA PEOR TORTA QUE ME HE COMIDO… fue la de una desafortunada tortería sobre la calle de Cosechadores, en Santa Isabel Industrial, Delegación Iztapalapa. Me encontraba pasando un año sabático entre secundaria y preparatoria, cortesía de los hermanos Maristas del Colegio México, quienes me recetaron tres exámenes extraordinarios y truncaron mi promisoria trayectoria como estudiante cínico y dado a dibujar monitos en clase en vez de tomar apuntes. Como la idea de haber perdido el año escolar no le sentó nada bien a mi señor padre, decidió mostrarme la dureza del trabajo de asalariado empleándome como trabajador multiusos en su despacho de contabilidad y auditoría.

En esto gastaba su sueldo el joven Toño, en vez de comer como la gente de bien.

Mi magro sueldo me obligaba a buscar opciones baratas para comer, pues aparte de todo me quemaba gran parte del sueldo (y de la hora de comida) en un local de videojuegos situado a unas cuadras de la oficina. Así pues, la comida ideal consistía en un plato único devorado con avidez de termita y de emplear los minutos restantes en jugar Punch Out, Donkey Kong Jr., Hyper Olympics, Kung Fu Master, Rygar y demás formas de entretenimiento electrónico de la Época de Plata.

Esa tortería no duró mucho. Y es que echar a perder algo tan simple como una telera rellena de simples ingredientes parece imposible, pero lo lograron. De entrada mojaron el pan de mi torta de milanesa en un tópergüer lleno de un líquido amarillento que me hizo pensar de inmediato en pipí (era margarina derretida, de la más corriente). La extraña milanesa tampoco me dio buena espina, con un color sonrosado muy dudoso. Resultó ser milanesa de soya, algo que no advertía el menú mal escrito en una cartulina llena de manchones de grasa y revoloteada por moscas. Los frijoles untados en una de las tapas parecían una cucharada de lodo, y no sabían mucho mejor que eso. El aguacate tenía más tonos amarillos y negros que, bueno, verdes. Una untada de mayonesa más agria que una tía solterona culminaba esa aberración. La primera mordida fue sencillamente infame. La segunda mordida no mejoró en nada. Tiré la torta en el inmenso bote de basura situado afuera del local. Al menos no murió sola: el bote estaba lleno de tortas a medio comer.

La consecuencia: ascos de embarazada en un volantín a toda velocidad durante 20 minutos, malestar estomacal durante 2 días, sensible baja de rendimiento en Ghosts ‘n Goblins.

LA PEOR CERVEZA DE LA HISTORIA… Hasta pena da pensar en esa posibilidad. Vamos, la cerveza debe ser un instancia celebratoria en todo momento, la modesta ceremonia de homenaje que nos rendimos a nosotros mismos por un trabajo bien hecho, o en su defecto como consuelo ante un mal rato de esos que la vida nos suele regalar con alarmante frecuencia. Por eso una mala cerveza duele más que muchas otras afrentas al paladar.

Una cerveza “quemada” (aquella que sabe mal por haberse sometido a altas temperaturas en lugar de conservarse bien fría) es siempre un trago amargo, tanto literal como anímicamente hablando. Pero no por ello debe ser una tragedia: se le reclama al proveedor del brebaje y listo, cerveza de reemplazo en desagravio. ¿Pero qué pasa cuando la cerveza es simplemente mala?

Bueno, pasa que uno hace toda clase de gestos desde el primer contacto olfatorio, y dichos gestos se agravan más y más al buscar ese sabor familiar de la chela decente y no encontrar más que un sabor a orines de gato rebajados con agua visiblemente desinfectada con agentes químicos. Eso, muchachos, es lo que sentí después de mi primer contacto con una lata de Natural Light (Natty Lite para los iniciados) en un decrépito bar para universitarios extra xodidos de lana en el pueblo de Allentown, Pennsylvania. Sí, es el Allentown de la canción de Billy Joel: un destartalado pueblo caído en desgracia tras el colapso de la industria acerera, y que hoy sólo subsiste como albergue forzoso para una comunidad de estudiantes frugales y poco dispuestos a darse el lujo de una Coors, por ejemplo. Sí, así de mala fue la Natty Lite.

Lo único bueno de la Natty Lite son sus anuncios.

Las circunstancias no ayudaron mucho. Un colega gringo me estaba dando el tradicional paseo por los bares del pueblo, pero la categoría de los establecimientos fue en franco declive a medida que la noche avanzó. Mi amigo (llamémosle “Dave” para proteger su identidad) estaba intentando pegarla con una impresionable y desabrida rubia, mucho más interesada en la posibilidad de que le consiguieran un churrito de mota que en escuchar tiernas palabras de amor. “Dave” hizo su lucha un rato mientras yo me hacía pendexo jugando billar con un par de rednecks medio ebrios, quienes juraban que yo era armenio (aún no entiendo porqué la confusión). No quería herir la hospitalidad de mi anfitrión, pero pronto llegó la hora de cerrar el changarro y accedió a llevarme a mi hotel, un vetusto Holiday Inn situado en el medio de la nada.

Al llegar al hotel sentía una sed abrasadora, y me di cuenta de que no había ningún comercio en las inmediaciones abierto. Ni una gasolinera, ni un Seven Eleven, ni siquiera un bar de hotel aún en servicio. Le pregunté a “Dave” si había algún sitio donde pudiera comprar algo para beber antes de dormirme, pero su cara de ebrio no me dio muy buen indicio. Sin embargo, magnánimo y generoso, me dijo que no me preocupara. Extendió la mano hacia el asiento trasero y extrajo una lata de una cerveza cuya marca me resultó desconocida. Asumí que era de alguna microcervecería artesanal y le di las gracias.

Entrar a mis aposentos y abrir la lata de chela fue un acto simultáneo. La sed me dominaba, y mi garganta clamaba alivio. De pronto sentí esa desagradable tibieza que la lata, pese a estar razonablemente fresca en el exterior, no había logrado comunicar de todo al desafortunado líquido. Una horrible mezcla de amargura y acidez invadió mi sentido del gusto. Sentía como si hubiera dado un trago al agua de una pecera de tortugas, pero ligeramente gasificada. En un principio pensé que el mal gusto de la cerveza se debía a la resequedad de mi garganta, así que apuré un segundo trago, más largo. La náusea hizo presa de mi persona y me alcanzó cuando llegué milagrosamente al lavamanos.

La consecuencia: Cruda tradicional agravada por la ingesta del espantoso brebaje, resentimiento hacia “Dave”, desconfianza prolongada de la cerveza gringa hasta que pude degustar una Samuel Adams. ¿Lo peor de todo? Años después probé la Natural Light de nueva cuenta, en casa de un compañero de trabajo (recién egresado de la universidad). La experiencia gustativa fue prácticamente idéntica, con la salvedad de que ésta vez la cerveza estaba más fría, y por ende menos provista de sabor. Mi anfitrión corroboró que la Natty Lite es así, en cualquier circunstancia. Quedan advertidos.

LA PIZZA MÁS INCOMIBLE DEL MUNDO… Seguro dirán que las Domino’s o las Pizza Hut se llevan el deshonor. No estarían tan errados, pues las pizzas “de cadena” son la última alternativa cuando no hay una buena pizzería por tus rumbos. Casi cualquier changarro pizzero puede improvisar una mejor oferta culinaria que la que maneja la gran franquicia cercana a tu hogar… pero siempre hay alguna excepción.

Pizzas cubanas: ¡Ahora vomitivas durante las 24 horas del día!

Mi excepción la encontré en Miami. Los cubanos, quienes dominan el balance de latinos en el área, son particularmente afines a hacer sus propias pizzas a la usanza de las que se venden en La Habana, al punto de anunciarlas como “la tradicional pizza cubana” para diferenciarlas de las pizzas ítalo-americanas o argentinas que también abundan en esa región de los Estados Unidos. Obviamente he escuchado estremecedoras historias de las pizzas en Cuba, donde sus ingredientes se mezclan con peligrosas sustancias para que “rinda” el ingrediente base. Digamos que las intoxicaciones en masa ocurridas en la isla por consumo de estos alimentos son mucho más frecuentes de lo que uno podría intuir, y que algunos vendedores sin escrúpulos optan por incluir cartón remojado y molido en el queso o en la masa para maximizar el margen de ganancia.

Todo esto viene de fuentes fidedignas y oriundas del dominio de Fidel (¡Saludos, Ray y Jochi!), así que no quiero que se tome a mala fe de mi parte. Pero no tengo que recurrir a ir a Cuba para corroborar mi afirmación respecto a la peor pizza del mundo. A unas semanas de llegar a Miami me encontré arreglando una ponchadura de neumático en una de las veintiúnicas vulcanizadoras de Miami (el gringo no suele parchar llantas, sino que compran llanta nueva y ya). A la vuelta de donde arreglaban mi llanta había un localito que ofrecía las infames pizzas cubanas. Ansioso de descubrir la diferencia con las pizzas que había probado desde siempre, ordené un par de rebanadas: jamón y champiñones.

La rebanada de champiñones llegó primero. Era obvio que acababan de servirme una rebanada de queso y que recordaron los champiñones mucho después de sacarla del horno, pues unas miserables rebanadas de champiñón de lata, con la consistencia de un empaque de plomería, reposaban sobre el burbujeante queso. Y vaya queso. Ordinariamente uno pasa la servilleta de papel sobre la pizza cuando hay demasiada grasa sobre su superficie. En este caso, simplemente incliné la rebanada y dejé que la grasa amarillenta goteara sobre el plato de cartón, tornándolo casi transparente en el proceso. El sabor del queso parecía como si lo hubieran almacenado en el calcetín de un teporocho que murió de Pie de Atleta. Cuando llegó la pizza de jamón, y noté que los cubitos de dicho embutido se deshacían como paté tibio, me di la vuelta y abandoné el local. Acabé caminando dos largas cuadras hasta el KFC más cercano. Sólo usé el baño.

La consecuencia: Eructos con sabor a queso durante 18 horas, mareos parecidos a los que ocurren cuando uno da un trago a un bidón de gasolina, corroboración de que Fidel Castro es un infeliz por el sólo hecho de no prohibir al pueblo cubano la manufactura de pizzas, aún en el exilio.

EL HOT DOG MÁS ESPANTOSO QUE HE PROBADO… Me he cuidado mucho de no probar uno de esos “tentadores” hot dogs de a peso que vendían en los mercados de Tepito y Buenavista. Y el refrán dice que si te gustan las salchichas, nunca debes intentar descubrir cómo las fabrican. Por eso mi peor jocho resulta tan extraño: lo comí en un cine, en Londres.

Me encontraba visitando mi ciudad favorita en el mundo por cortesía de los señores de Men’s Health, durante una de tantas convenciones editoriales. La convención en sí duraba sólo dos días, pero el viaje de último momento salía más económico, por extraño que parezca, si yo pasaba una semana entera del otro lado del Atlántico. Así, tan sólo dos semanas después de mi luna de miel, logré sacarle a Telerrisa una improvisada vacación británica con casi todo pagado.

Una tarde, en esos momentos en que el horario desajustado y la hora de apertura del pub no coincidieron, se me ocurrió meterme al cine (algo que me fascina hacer en el extranjero). Solito y mi alma compré un boleto para Gattaca, y recuerdo haber encontrado de lo más curioso que el cine estuviera dividido en tres precios, de acuerdo a la zona elegida para sentarte y con butaca numerada (sí, como concierto). Mi hambre superaba la opción clásica de palomitas y refresco, así que opté por comprar un hot dog.

Grave error. No sé si la razón de tal afrenta al paladar obedeció al hecho de que nadie nunca ha comprado un hot dog en un cine inglés, y que yo tuve el privilegio de degustar una salchicha que llevaba al menos once años girando en el pequeño rosticero eléctrico. O posiblemente comí un producto fabricado con proteínas animales de exótica procedencia (¿Asno? ¿Zorro? ¿Vaca loca? ¿Tejón, quizá?). Lo cierto es que el gusto a grasa animal vieja y requemada se combinó con un resabio a animal muerto a golpes de fuete. El pan no ayudó en nada, desmoronándose como aserrín en vez de remojarse con la obscena cantidad de mostaza que le adjudiqué en un afán inútil por disfrazar el regusto. Dos mordidas y a la basura. Al menos Gattaca resultó una gran peli…

La consecuencia: Eructos con sabor a burro durante dos horas y cuarto, ingesta posterior de un curry picante para tapar el mal sabor con potentes y picantes especias, Delhi Belly (equivalente inglés a la Revancha de Moctezuma que le provoca la comida mexicana a los extranjeros) a causa del dichoso curry.

Bueno, camaradas, esto fue la edición 2010 de mis Premios Gastronómicos Lo Más Pior. En nuestra próxima edición exploraremos otras pésimas experiencias cercanas a mi paladar. Espero que las de ustedes no sean tan malas como las mías, pues soy un alma noble que no le desea mal ni sufrimiento al prójimo. Pero si creen que pueden superar lo aquí descrito, ya saben que están en el lugar adecuado para compartir la catarsis de liberar sus almas y sus mentes de todo trauma. Para eso estamos. Y para discutir, claro.

Anuncios

63 comentarios en “Premios Gastronómicos Lo Más Pior 2010

  1. Se, por boca de un cubano radicado en Houston, que uno de los ingredientes que ponen en las pizzas cubanas son preservatidos derretidos.

    Esto fue al menos en la epoca de la gran crisis cubana.

    Delicioso, eh?

    Saludos!
    E.C.V.

  2. hay unos tacos aquí en Xalapa que están bien chidos pero son sinónimo de diarrea…

    deliciosos pero peligrosos… el pinche lugar siempre tiene gente… Los placeres coolinarios exeden el amor que le tenemos a nuestra cola

      • Los de acueducto nunca me he atrevido a probarlos, ni mucho menos los del tigrin que son famosos por causar tifoidea y otras cosas peores, los que si me atrevi a probar con resultados similares fueron los del “paisa” en independencia y americas.

        la peor comida fuera de mi rancho… cualquier cosa que vendan en la tapo es de cuidado en especial los puestos que estan en el mero centro, de dominos me han tocado pizzas que ademas de grasosas como recien salidas de paila de chicharronero tenian pelos…

        sin duda para mi la peor cerveza es la XX lager, ya que ni la sol al tiempo sabe tan horrible…

        el otro dia queria un caldo tlalpeño y mi mama me invito al restaurant de una amiga de ella, me sirvieron algo si como agua medio pintada color chamoy, con unos pedazos de algo que bien podrian haber sido cachos de un difunto patito de hule eso si aderazados con unas ramas gruesas de lechuga tan amarilla como orines
        y encima de todo emi mama se enojo porque el puse cara de fuchi a esa aberracion culinaria…

        ha habido otrso casos donde se come caro y feo, pero eso es otra historia

        • nel, son los de pachalos.. por el joward yonson.. los de doña tifo jamás me han hecho nada (los de los lagos) … Y esos de acueducto aún no he tenido la chanza de catarlos.. una no

  3. Muy buen post, me reí un chingo. Por cierto, en el Hot Dog inglés no será que te hayan dado la salchicha del burro??

    A ver, no recuerdo cual fuera el peor taco ni la peor, torta. Reza la leyenda que a mí me hicieron con estómago de burro, por lo que mi resistencia es bastante a enfermedades intestinales.

    La peor pizza me la comí en Coatzacoalcos, fue de un Domino’s pero el pan era milimétrico, casi del grueso de una hoja de papel.

    Creo que el peor taco que probé fue en el D.F. no recuerdo el lugar, yo como provinciano, no estoy tan acostumbrado a sus ingredientes atascados de conservadores y químicos, aunque también compiten unos tacos de suadero que compré en La Noria en Puebla. El peor taco Arabe que probé fue en una sucursal ya desaparecida de la Taquería La Oriental que abrieron en mi rancho. Esta taquería goza de buena fama y en Puebla sus tacos son deliciosos pero acá utilizaban carne de dudosa procedencia, e incluso creo que rellenaban los refrescos, tan fea fue la situación que me enteré el caso de una empresa que le compró como 10 kgs de carne para un festejo y media empresa y como 200 trabajadores terminaron intoxicados.

    La peor cerveza que he probado sin duda es la Sol, de verdad me caga esa pinche marca, sabe a miados, revueltos con agua de los baños del Estadio Cuauhtemoc.

  4. Yo me quede esperando el mash-up de Donkey Kong con Punch-Out, el Donkey Punch… okey no, estuvo mal y necesito ayuda profesional.

    Pues yo no soy de paladar muy fino, ni de estomago de Burro como Naufig, pero mas o menos recuerdo algunos de los Worst Of de comidas.

    Peor chela. En un tugurio de mala muerte aqui en Warez, fue la noche epica que hasta hoy recordamos como el “Pucha-Tour”, y fue en una de las multiples paradas que hicimos esa memorable (des)velada. Debimos sospechar cuando nos ofrecieron la botella por $15 cuando en los demas congales oscilaba alrededor de los $50. Era una XX Lager y estaba azorrillada (quemada) y ademas tibia, sobra decir que nuestra estancia en ese local fue breve y juramos no regresar. Mencion Honorifica a la Old Milwaukee, peor cerveza gringa que he probado en mi vida, ni temblando de helada y en el dia mas caluroso del verano sabe buena.

    Peor Hog Dot. Cuando vivia en Delicias (Chih.) y eran los de 3 por $10, preparados con un winnie rojo fluorescente color miembro de perro, y acompañados de unos frijoles que tenian la consistencia liquida de un choco-milk. La salsa era tu unica esperanza para matar las evidentes bacterias que contenian.

    Peor pizza. Las de Cesarín o Little Caesar’s, ok admito que por $5 USD no espero una pizza muy gourmet, pero que cada rebanada traiga, con suerte, 2 ruedas de pepperoni? es una mentada de madre. Cuando Little Caesar’s cocina una pizza de pepperoni, un gondolero veneciano muere ahogado.

    • gracias wey no me acordaba d elapalabra AZORRILLADA
      wey mi 1a peda en juarez fue en toda la mariscal creo q entre a unos 8 bares en aquella noche
      la old milwacara creo q en nla compra de una bud te regalan un 24 de esa chela en weta
      los burrito de barbacoa (q no es comolaconocemos aca en el d,f ) alla por el centro de juarez donde esta el copel atas d ela catedral

      • Ah no puede ser! jajajaja que cotorro, espero que Donkey Kong no tenga como que un movimiento especial que se llame “Donkey Punch” =S es que mira, googlea Donkey Punch para que veas a que me referia, o buscalo en wikipedia mejor para que sea menos fuerte el trauma, sobretodo si estas en un lugar publico.

  5. el peor taco:unos muy famosos llamados el chupacabras son asquerosos y creoq soy el unico aquien no le gustan pero por angas o mangas terminamos algunas veces ahi a si q solo pido papas
    LA PEOR TORTA cualquiera q vendan afuera de alguna estacion del metro o cerca de algun hospital, yo les llamo tortas de tres dias pq apestas a sus condimentos y eruptas su sabor 72 horas despues de comerlas y los retortijones a la orden del dia
    eso me lleva a pensar q los hospitales (angeles del pedregal) y las torterias de al lado tienen pacto de no agrecion y acaparacion de mercado
    LA PEOR CERVEZA cualquier cerveza light o zero a webo la chela es chela, y nunca me ofrescas una ligth o zero u una noche buena
    LA PEOR PIZZA una vez desperyte medio pedon en casa de una amiga y pues comi pizza con ceniza de cigarro (sigo esperando q solo haya sido eso,
    de ahi en fuera tengo estomago aventurero
    anecdota una vez comi caldo de pollo en iztacalco y pues me dio como las 4 horas vomito y diarrea asi q no sabia si pujar o apretar menos suspirar, y aun le reclammo a mi prima averme querido matar con su caldo para quedarse con mis bienes

  6. Siempre me abstengo de comer en lugares no conocidos, aquí en mi aldea hay una pizzeria llamada danys es donde eh probado la mejor y la peor pizza de mi vida, en una feria local compre unos huaraches (comida típica mexicana) que sabian a carton por la fastuosa cantidad de 210 pesos la orden de 2 huaraches….me robaron ya lo se…

    Pero si de peores comidas se trata nada como el comedor de mi centro de trabajo….

  7. Mal pex tus experiencias. No recuerdo nada relacionado con mala comida. Solo que me intoxiqué una vez con un coctel de ostión y pulpo y desde entonces no puedo comer mariscos.

  8. Peores Tacos: La rama de la Iguana en mi querido Juaritos. Eran una extraña combinacion entre kilos de maseca remojada con grasa y carne de perro. A simple vista se veian buenos, pero solo de vista…

    Peor Pizza: En un localito que segun un amigo hacian la pizza de manera artesanal. Mala idea, tardaron como 50 minutos en entregarme la pizza y para colmo con otros ingredientes que no pedi, 50 minutos mas tarde me lleve la pizza que si pedi. Cuando la abri, solo se veia grasa. Tome la grasa y la use como aceite para mi carro, misteriosamente funciona igual que el aceite sintetico…!!!

    Peor Cerveza: En un tugurio en la Av. Juarez. Era una XX Lager con una pastilla efervesente en el fondo… Hahaha cuando reclame al mesero se llevo la chela y me trajo la cuenta. Nunca me habian corrido de un tugurio de mala muerte con tanta decencia…

    Peor Torta: En una cadena llamada La Muy Torta. Pfffff… pesimo servicio, cocinan con las patas y a precios exorbitantes. La torta fue algo funesto.

  9. Las peores pizzas y tortas que he provado son las de las cooperativas de las escuelas públicas, la mala calidad de la comida que se ofrece ahí es la razón por la que parezco un tacaño, prefiero no comer a envenenarme.

    De las peors experiencias culinarias que mi mente no ha bloqueado es el bacalao de mi tia abuela, es salado como un trago de agua de mar y muy seco, me da pena tener que ir cada año a su casa en épocas de fiesta y rechazar la comida pero un hombre debe de protejer su paladar.

  10. Pues a mi la verdad para que no me empaque algo debe de ser un caso muuuuuy extremo así que solo tengo 2 recuerdos de haber tirado comida:

    1) Los que viven en el distrito se acuerdan de las panaderías Lecaroz? Cuando iba en la primaria una quedaba muy cercana así que mi mama y yo pasábamos a a comprar pan de regreso a la casa, el chiste es que yo siempre pedía un pan de chocolate con una cubierta de de chantilly… hasta el día en que a la hora de morderlo sentí una cosa así como… algo… lo puedo comparar con un trozo de cuero de animal o algo así, nunca mas volvimos a comprar.

    2) Lo otro es una torta afuera de el zoológico de el Bosque de Chapultepec que me compre a la hora de que estábamos de pinta durante la secundaria.

  11. Don Toño, yo (y mi mujer) también sufrimos los estragos estomacales de El Atorón, una cruel broma el nombre de los locales, porque los efectos estomacales de sus menjurjes eran exactamente lo contrario. Yo vivo a unas cuadras del que fue la sucursal de Villa Coapa, qué bueno que ya no existen aunque lástima que les haya costado una vida humana para que entendieran lo malo que eran (yo no me sabía esa historia, buenísima).

    No recuerdo exactamente la marca de mi peor cerveza, pero seguro era una gringa (creo que Budweiser), todas las que he probado de esa nacionalidad saben asqueroso, son puros químicos. Con la Guinness he tenido mala suerte, las tres veces que he tenido oportunidad de beberla no ha tenido la correcta temperatura y me ha tocado semifría tirándole a tibia. A ver si para la otra, ya. Por cierto, una muy buena es la Sapporo, japonesa. ‘Ai se la recomiendo.

    Todavía no he probado una torta o pizza que no me guste, no creí que pudiera llegar a pasar, por lo que su relato me llena de horror. Concuerdo en que las peorcitas son las de las cadenas.

    Por cierto, ¿alguien sabe qué tal estan los hot dogs de los camioncitos de “Jocho”?

  12. La peor Pizza: La probé en unas vacaciones en la sierra de Puebla en un pueblo llamado Necaxa (si, ahí nació el equipo). Una tarde tenía mucha hambre y la oferta culinaria era bastante pobre, lo único que había eran hamburguesas de un puesto en la plaza (por ley jamas como en un puesto callejero), unas enchiladas con patas de gallo que para un regio es lo mismo que : CHINGA TU MADRE PINCHE NORTEÑITO y la Pizzería Italia, al no tener una mejor opcion fui a dicha pizzería, GRAVE ERROR.
    Pedí una de Pepperoni y extraqueso, cuando me la trajeron note algo extraño, se veía demasiado grasosa, mi hambre era tal que esas pequeñeces no importaban, así que decidido empecé a comerla. Solo de recordar el sabor a queso agrio, pepperoni crudo y masa aguada me dan ganas de vomitar, no pude acabarme ni una rebanada, acabe con la peor infección estomacal que recuerde y el sabor aún no lo puedo olvidar, después de eso no he vuelto a comer Pizza.

  13. Me reí mucho!. Entre tu lista yo también he probado “la peor cerveza” sobre la tierra, en un viaje a San Luis Potosí, un tío nos llevó a un bar donde se hacía la cerveza potosina de barril más rica, bastó con sólo olerla para que me causára náuseas, olía a púlque! y al probárla me llevé una sorpresa muy grande, no era lo que creía.

    Un restaurante “Lini’s” que nunca fue santo de mi devoción pero hace tiempo me invitáron una comida familiar y confirmé todas mis espectativas. La sopa de mariscos insípida y aguada, la costilla, no era costilla sino plástico y el relleno de marisco no sé de que lata salió y más coraje te da cuándo te traen la cuenta… Arghh!

    Pero la peor experiencia la he tenido es con mi bebida favorita, el café. Una mañana después de haber tenido una noche muy mala por que me quedé en los sillones del hospital donde habían operado a mi mamá en aquél entonces; decidí buscar una taza de café, recurrí a un local de “Desayunos” cerca de ahí, ví la sección de ‘bebidas’ y pedí un cafe llamado “Colonial”, el cual lleva leche condensada, café, chocolate caliente; pues bien, ese día, al parecer, se les habia acabado el chocolate caliente, y en vez de decirmelo, me lo pusieron pero sin chocolate, se lo dije; pero lo peor es que al final se lo llevo y me volvió a traer el mismo…el dicho café sabía H-O-R-R-I-B-L-E. Se sumó a mi desgracia la suciedad de las mesas y el suelo pegajoso y que no había jabón para las manos ni funcionaba el secador, perdieron una clienta.

    @Storm Parece que tu caso es más frecuente de lo que creí, conózco mucha gente que no come Mariscos por que se intoxicaron. Te recomiendo que les des otra oportunidad, a lo mejor aquél día tenías bajas tus defensas, digo.

    • Quizá, aunque me da naúseas oler el pulpo. Por cierto me recordaste una vez que fui con un amigo a una comida china y lo único comestible del plato que nos sirvieron era el arroz. La carne era emmm como masticar un pedazo de hule, una especie de espaguetti grasoso y ya ni me acuerdo que más completaba la comida, obviamente solo me comí el arroz.

  14. Mi toño, que memoria tan prodigiosa te cargas, ni siquiera soy capaz de recordar lo mejor que he comido en mi vida, mucho menos lo peor. Y aún si recordara lo peor, no le llegaría a nada de los cuentos de terror que acabas de escribir =O.

  15. ‘Tá cabrón, porque como buen chilango tragón, tengo el estógamo blindado, y ni una orden de tacos de suaperro del Salto del Agua, me han provocado algo más que eructos medio acedos (damitas, perdón si esto les causa asquito), pero a ver:

    LA PEOR TORTA: Definitivamente, las que venden en Chapultepec, que parece que están sacando la lengua de jamón, y la mitad de la telera corriosa, está vacía; eso, más una hoja descolorida de lechuga y una rebanada de jitomate amarillento… ¡Puaj!. Curiosamente, las de milanesa de soya que venden en los “Pic-Nic” del metro Hidalgo, si me gustan, en especial los chilitos…

    EL PEOR TACO: Chapultepec no es un buen lugar para comer; los tacos de canasta, que creo que los dan a 8 por 10 pesos. Eso no es taco, es un amasijo de tortilla grasosa, con pedazos de algo indescriptible, y unos pedazos de cilantro flotando en algo que dicen que es “salsa”.

    LA PEOR PIZZA: Las de Dany’s Pizza, en Dr. Vértiz… una firme base de plato de cartón, con puré de tomate sin cocer, y pseudo-queso; relleno al gusto de algo que puede ser soya, o salchicha de dudosa procedencia…

    LA PEOR CERVEZA: Ni me esforzaré en describirla: O’Douls, seguida de cerca en calidad de miados, por la “Sol Cero”

    toy hambiando horas extra, así que mejor le sigo después… Saluditos

  16. Creo que no he tenido tantas malas experiencias con la comida, pero si recuerdo una en particular.
    Vivo en la ciudad de Puebla, pero constantemente viajo al DF para asistir a conciertos, solo voy de entrada por salida y siempre termino en la TAPO en la madrugada.
    Cierto día asistí a un concierto de Oasis, iba acompañado de mis hermanos y algunos compañeros de la universidad, ya en el trayecto de regreso para Puebla llegamos a la terminal alrededor de la 1 am, y nuestro autobus salía a las 2, así que “aprovechamos” el tiempo para ir a conseguir algo de comer en los alrededores, para nuestra mala suerte casi todo estaba cerrado, lo único disponible era un puesto en un mercadito que esta al lado de la terminal, la pinta del lugar no era nada confiable, pero nuestro estomago exigía alimento, pedimos unos tacos al pastor, no solo eran malos, estaban fríos y extremadamente pequeños, la tortilla parecía estar hecha de una especia de cartón y la carne tenía una consistencia plasticosa, pero lo peor fue cuando un amigo le pregunto al dueño por el baño y este le señalo una cubeta en la parte de atras de la cocina que estaba junto a una cubeta de salsa

  17. Estimados finísimos miembros y el tal Juanín:

    Desde que subieron este post, he estado tratando de recordar las peores comidas, pero el cerebro que es tan chingón y que tiene ese mecanismo de defensa que es el olvido, no me ha ayudado mucho.

    Recuerdo perfectamente cada comida con la que me he enfermado de la panza y con las que he estado a punto de expirar, pero no por eso eran malas.

    Recuerdo que la tostada de la siberia con la que me dió colera, me supo a gloria cuando me la comí.

    Sorry, en este post los he defraudado. Shame on me.

  18. Te doy la razón, Toño, es harto difícil recordar mis peores comidas.

    Pero puedo recordar el peor tamal del mundo: uno que tenía una nada de pollo y demasiadas semillas de un chile picosísimo, como si me hubiera todado el último que hicieron, con los restos raspados al fondo de la olla y toda la furia diarreica que ni Yoda hubiera podido ignorar.

    Y también el peor pozole de mi vida, en el Cervantino de 1996, en Guanajuato. Entramos a un lugar retacado un domingo antes de regresarnos, y nos sirvieron un plato generoso y profundo a cada uno de los fulanos que hicimos el viaje en el camión. Y me tocó uno don un colmillo. Sí, una pieza dental. Nos dio risa hasta que nos preguntamos si los cerdos tienen colmillos, y si era natural que ese colmillo se viera tan, tan canino (valga la ironía) como para pensar que pertenecía a un animal más depredador que doméstico. Acaso a un perro callejero, porque dudo que nos fueran a servir un delicioso pozole de jabalí galo. Mejor no quisimos saber, pero tampoco me acabé el plato.

    Y está el peor jugo de josesa que me tomé, con la consiguiente infección venérea y todo el show. Pero esa es otra historia y todavía no me siento a salvo de contarla.

    • Wow, parece que comer fuera de casa es un riesgo enorme, ahora tendré paranoia el resto de mi vida, no quiero una infección venerea y menos si no es por sexo (aunque qizás esas son peores).

      • Miermano Dragón, ¿cómo explicarte? Los jugos de la josesa bien vale la pena exprimirlos y recompensa no solamente a tí el ganártelos. La josesa es, desde luego, el eufemismo para “pepa”. No quise usar ese, en un raro arranque de prudencia, y llevo años sin saber si es mejor decir pepa que pucha. A menos que sea de Martha Higareda. Entonces es La Panocha de Martha Higareda.

        No me juzgues. XD

  19. Pues lo único que recuerdo es la peor pizza que he comido. Fue en un Church’s chicken de mi rancho en el que también venden pizza. Esa madre tenía como medio centimetro de grosor, el queso estaba duro, amarillento, grasoso y tenia la consistencia de un paquete de manteca de puerco, y el peperoni sabia a madres. Desde entonces las de little caesar’s me saben a gloria.

    Ah, y la peor hamburguesa que he comido fue en la feria de mi pueblo, donde el lugar se veía bastante insalubre. Además, el lugar estaba atendido por puro joto, a un amigo le dieron su hamburguesa con la carne mordida, y el “mesero” o algo se empeñaba en agacharse continuamente mientras nos daba la espalda.

    Por último, el peor sandwich que he comido fue cuando a mi madre le pareció buena idea comprar una bandeja de 24 “lonchecitos” en el sam’s club mas cercano. Nunca supe de que caraxos era el “lonche”, pero estaba pastoso y sabia a madres. Le di una mordida y me dieron ascos y diarrea por el resto de la noche.

  20. Este post me ha puesto a dudar sobre el buen juicio de los finísimos, muchos han comido en lugares que de entrada se ven insalubres. Nunca había imaginado que eso de “el hambre es cabrona” fuera tan cierto como para que se aventaran a arriesgar su salud de semejante forma.

  21. Se me olvidaba, mi peor jocho, pese a haber comido alguna vez de esos de 3 por 10, el peor fue en un carrito en enriquez saliendo del antro, le pusieron pedazos de jitomate tan tan agrio y pasado que seguro tenia mas de una semana de haber sido cortado, sabia tan mal
    que tarde años en comer jochos de nuevo y nunca nunca mas les pongo tomate

  22. ahi vamos…

    La peor torta… pues si, el hambre es cabrona, mas cuando eres estudihambre, fuera de la prepa se ponia una sra a vender dulces y en una de esas, tortas, 5 varos!!! entonces comprobe que lo barato sale caro, el pan frio, pedazos de algo que alguna vez fue aguacate, una milanesa que mas bien parecia chicharron empanizado… dos cuadras despues mi estomago que podia soportar en ese entonces casi cualquier menjurje decidio “-no mas..-” y decidio no contenerse mas… nunca he guacareado tan feo en mi vida…

    El peor taco… no fue uno, sino como 10… afuera del metro zapata, bajando el puente sobre felix cuevas, recuerdo habia unos puestos donde vendian tacos de $1.50… dos dias antes de quincena, en una ciudad ajena, sin familia que te invite a cenar y con 50 pesos en la bolsa y dos boletos del metro… me empaque 10 tacos y un boing de tamaarindo, la buena noticia es que no necesite comer el dia siguiente…

    La peor cerveza… juro que no hay cosa mas asquerosa que esas cosas llamadas barrilitos!!!

    La peor Pizza… apenas mi vecina tuvo la magnifica idea de hacer pizza para venderla en honor a que su hija concursaba para reina de la primavera… craso error fue el comprarle por querer ayudar, el pan, frio, quemado y duro… creo que aun lo tengo como base de una de las macetas de mi mujer. no reconoci ninguno de los ingredientes que lleva una pizza, salvo la salsa de tomate, bueno… engrudo color rojo, creo que me comeria una pizza hecha de play-doh antes de aceptarle una pizza a mi vecina.

    Del peor hot-dog aun no tengo la experiencia..

  23. Acá en León, existe el siguiente podio de la infamia:

    Pizza: Little Caesar´s, Esta bien que son rápidas, ¿pero de verdad es necesario que sean taan malas?

    Tacos: El toro, es un Wey que cocina la carne antes (a veces algunos dias antes) y cuando le pides un taco de bisteck o lo que sea, calienta tortillas y carne al vapor (o sea carne frita recalentada al vapor), sin mencionar el hecho de que cuando le abre al vapor chorros de sudor gotean de su frente a la carne que esta picando, mm quiero unos.

    Hot Dogs: Cualquiera afuera de un antro, es pan viejo, salchichas súper corrientes y te los sirve un wey medio drogado/pedo que no se ve que tenga mas acceso al agua que un somalí promedio, así que hay que imaginar lo limpia que está la verdura.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s