La importancia de llamarse…

¿Qué hace Juanín Juan Harry en este post?

Un cortísimo post, porque el día ha estado ajetreado y mañana estará peor. Creo que es hora de reconciliarme, a esta edad avanzada, con el nombre bajo el cual fui conocido hasta la escuela primaria. Verán, ustedes me conocen mayoritariamente como “Toño Sempere”, que es mi firma habitual para iniciativas desmadrosas y poco serias. Algunos más saben que soy “Juan Antonio”, quizá por mis múltiples aclaraciones al respecto.

Pero un pequeñísimo grupo entre mis amistades me llama de otra forma. Yo fui un “Toño” hasta la Universidad, realmente. En la preparatoria me llamaban “Sem”, no precisamente inspirados por el hijo de Noé, de cuya descendencia proceden los bíblicos pueblos semitas. No, creo que más bien les daba fiaca decir las dos sílabas que completan mi apellido. Y en la secundaria, tratándose de un colegio masculino, fui conocido por el apellido, o por su romanceamiento hacia “Semperro”, o “Perro” a secas.

¡Ah, pero en la escuela primaria, en el ilustre Muppetssori del Pedregal, la cosa era distinta! Ahí privaba la filosofía de ensalzar y celebrar el individualismo del alumnado, así que todos se dirigían a uno por el primer nombre… o por el nombre por el que le llamaban a uno en casa.

Así mi amigo Eduardo pasó a ser conocido como “Lalito” (recuerden, estamos hablando de los inocentes tiempos de la primaria). Jaime era “Jimmy”. Teresa nunca existió para sus compañeros bajo otro nombre que el de “Tessie” (OMG!). Y yo… bueno… eh… yo… era “Juanín”.

El autor, prácticamente en estado larvario (1 año, 2 meses)

Me espero tantito a que se les pase la pinche risa para continuar, si quieren. ¿Ya? OK, otro poquito. Bueno, ya estuvo, ¿no? En efecto, en mi casa, desde que tengo memoria, siempre fui Juanín. No hay una versión definitiva del porqué de mi curioso hipocorístico (“¡Al Batidiccionario, Robin!”), ni de su autor intelectual. El origen más probable es a través de mis abuelos paternos, que distinguían a Juan Antonio padre (mi Finísimo Progenitor) de Juan Antonio hijo (el que escribe) usando la forma abreviada y familiar que se usa en algunas partes de España para los Juanes. Juanico o Juancho eran otras opciones, pero a mi me tocó ser Juanín.

Este nombre me acompañó durante toda la niñez, sin dar lugar a confusiones. Encontré Juanitos y Juanchos por todos lados, pero nunca otro Juanín. El mote se extendió a mi hermano Juan Manuel, quien pese a ostentar el celebérrimo nombre  eufemístico de “El Nel” durante TODA su vida, siempre fue parte de “Los Juanines”, que era como nos llamaban nuestros maestros, compañeros de clase y familiares.

Por supuesto, cargar con “Juanín” cuando se es todo un mozalbete que empieza a echar vellos en regiones corporales que el pudor calla sonaba ridículo, así que el ser conocido por mi apellido únicamente, a la usanza de las escuelas secundarias de ése entonces, resultó una bendición accidental. No obstante, un par de amigos cercanos de aquellos años (¡Saludos, Pepe y Roberto!) tuvieron la “fortuna” de estar en casa cuando mi mamá se dirigió a mi por el mofable “Juanín”, lo que les causó una felicidad fuera de serie durante un buen rato. Vamos, a cualquier amigo le gusta enterarse de algún dato avergonzante de tu niñez con el fin de utilizarlo para la masculina práctica de “echarle carrilla a la amistad”. Afortunados ellos, pues.

Pero el “Juanín” no trascendió más lejos de la secu. En la prepa y la universidad nadie llegó a llamarme por este nombre. El único que se enteró de él fue Alfredo Dávila “El Pollo” Monsiváis, creo que porque llamó por teléfono a la casa preguntando por mi y oyó a mi mamá gritarle a mi hermano “¡Dile que le hablan a Juanín!”. Gracias, jefa.

Hoy no me altera ni me apabulla que alguien me llame Juanín. Por principio de cuentas mi hija me dice así de vez en cuando, lo que resulta muy grato. Y además, el programa infantil 31 Minutos ostenta en su elenco a un carismático personaje que lleva ese mismo nombre. Así es, me place identificarme nominalmente con el célebre Juanín Juan Harry, floor manager de profesión y objeto de atención romántica por parte de La Gran Cachirula. Vean la muvi, no les voy a contar todo el rollo aquí.

De hecho, el mismo “Pollo” Dávila me mandó la canción de “Quiero a mi Juanín” extraída del soundtrack de 31 Minutos: La Película, concretando así mi aceptación total de ese histórico apelativo. Dicho sea lo anterior: Juanín, para servirles.

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40 comentarios en “La importancia de llamarse…

  1. Juanin Pestañas, cual Marcelino Pan y Vino.
    En primero de primaria me llamaban por el diminutivo mi apellido gracias(?) a mi famoso padre (maestro también) “Vianita” me decían, acompañado siempre con un “pero si es igualita a Viana”. Superaron eso en segundo de primaria y entonces pasé a ser simplemente Lety (a veces me dicen Leticia y siento feo, como que lo oigo muy fuerte).
    En la secundaria siempre me dijeron Tisha (de Letisha) que algún gracioso traspasó a Morticia y luego a Morti, nunca logró imponerlo, fiú.
    Y ya de un tiempo pa’ acá me dicen Letrushka, tal cual.

  2. Muy chida la serie chilena esa, Juanin no es nada, siempre he sido “el vic”, pero en la primaria mixta No 3 les encantaba llamarme por mi apellido paterno “Rejón” y por supuesto con todas las variantes que pueda tener tan raro apellido por acá en Guadalajara.

  3. Juanín pero que pestañas las vuestras!!! Espero que tu retoñita las haya heredado! Pues en el fondo de mi corazón deseaba que nunca hubiera un post como este pero el post ha llegado y he aquí mi mote del kindergarten que me duró hasta la universidad. Momis, a ver maten esa.

    Yo nací en Monterrey y en Monterrey a las Normas se les dice “Momis” a mi mamá le gustó tanto el nick que se puso a investigar cómo habría que llamarse para conseguir el mote de “Momis” y así dio con mi nombre, si hubiera sido Eutanasia, Eutanasia me llamaría.

    La verdad es que todo el mundo me llamaba Momis, hasta en la escuela y no exagero al decir que me enteré que me llamaba Norma por ahí de 3 de primaria y me sorprendí mucho.

    Luego en la universidad se me ocurrió contar esa misma anécdota y me llamaron Momis a lo largo de 4 años en la Ibero, y luego una amiga de la Unversidad comentó en este finísimo blog y me llamó Momis y ahora Juanín me llama Momis. Y esa es la historia del mote infantil jaja.

  4. Pues sí, mi estimado tocayo Juanín, algo así pasa conmigo:

    Desde pequeño y dado que en ese tiempo mi papa tenía una posición jerárquica en el Gobierno y yo era “el hijo del licenciado” yo era: JUANITO.

    Al mudarnos a Veracruz cuando tenía 6 años, todos los vecinos me conocieron como Juanito y después como “Juaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaan” puesto que era el nombre que más se escuchaba en la colonia cuando me salía a jugar con los vecinos quienes ya mayor, me identificaban como “El John”.

    En la prepa fué “el Juan” y en la Universidad salió “El JD”, “Juanelo” y “El pinche Juan de Dios”.

    Como nota curiosa, aún ahora que encuentro a gente de mi infancia y pre-adolescencia, aún me llaman: Juanito…

  5. ¿Entonces le podemos decir Juanín de ahora en adelante?
    No he visto la película de 31 minutos pero me chute la mayor parte de la serie y me da pena observar que hasta en algo que se podría considerar fácil de hacer, como es un programa infantil, las opciones de nuestros primos sudamericanos son infinitamente mejores que las nuestras.

  6. Tocayos.

    Usted mi querido autor, y éste, su seguro servidor somos tocayos del segundo nombre que por casualidad y una práctica común en la mayoría de las culturas del planeta, nos fué heredado por nuestro señor apá.

    Aunque mi nombre es Marco Antonio.

    Y desde que llegué a este mundo, hasta que mi mamá se dió cuenta de que para mi adolescente persona resultaba ya un martirio escucharlo en casa (que es tu casa y la de todos los finísimos lectoes) era:

    “Toñito”

    Toñito pa’arriba, Toñito pa’bajo, Toñito aquí, Toñito allá… Toñito 24/7

    La escuela era el refugio donde el tan sobado y canturreado “Toñito” no lo escuchaba ni por equivocación, aunque mis hermanos menores asistían a la misma institución educativa, los horarios y la abrupta invitación que recibió mi carnal a repetir el segundo de secundaria en otro lado, impidieron la propagación a escala viral del “Toñito”

    Claro, que como lo has señalado, no todo es miel sobre hojuelas y en un instante, la torcida imaginación de algún cuate te propine un apodo que se convierta casi casi en un estigma con el que tienes que lidear -como en mi caso-hasta la acualidad.

    “Toñito” se convirtió en Marco, para quienes forman mi círculo familiar cercano… pero para los amigos y compañeros de la escuela, mi augusto y latinísimo nombre… pasó a ser sencillamente “Wilbur”.

    Pero eso es otro cuento.

  7. A mi me decian Rosita y hace unos años cuando salio un spot del Infonavit o del gob del zorro, de una muchacha llamada Rosita que ya no vivia con su tía por que ya tenian casa, no me la acabe en la facu (sin albur), todos me cantaban la canción de Rosita tu sonrisa me ha robado el corazón!! jajaja BTW que pestañas, son un hiperwin!

  8. 31 minutos es la puta onda, necesito ver la película. Una ventaja de tener un nombre tan común como el mio (aunque no tanto como Juan) es que por la hueva de decirlo todo aunque solo sean cuatro sílabas, te dicen alex. Pero obviamente hay un chingo, y el apellido materno suena mucho, así que desde la secundaria siempre me han dicho ixtepan, al grado que muy pocos de mis amigos recuerdan como me llamo, siempre es buena pregunta cuando me da por andarlos chingado xD, cosa de decir, ¿haber cuate, como me llamo? y su cara de pendejo pensativo es grandiosa xD.

    Aunque hay una lado oscuro en la prepa. Durante la pokemanía (aquí un servidor solía ser entrenador pokemon) un amigo pensó que yo era muy parecido a Cyndaquil y varios amigos de la prepa me recuerdan por “Cynda” (misma hueva que con alejandro). Ahora, no se como trabaja/ba la mente de mi amigo y supongo que en su mente tuvo sentido, pero solo miren el bonito pokemon y díganme si pueden imaginarse a alguien que se parezca:

    Yo le doy 1/182 de razón porque solía peinarme con el copetito parado con harto gel…en fin.

    Saludos juanin xD

  9. Juanin??? (Risas ahogadas)

    Ejem… desde muy pequeño me llaman Alvarín o Alvarito, como siempre fui el junior, pues por eso Alvarito. Afortunadamente no heredé el mote con que algunos profesores de Taekwondo conocen a mi papá el “Florescitas” por nuestro apellido “Flores”

  10. Pues Kikín, a pase de la familia paterna para distinguirme de mi papá (Kike, el hijo menor de una camada cómo de 8). Mis primas, todas mayores que yo, aún me llaman así.

  11. Yo soy “coco” porquemi hermano queria decirme “gordo” y no podia.
    De ahi se derivbvbo a:
    Coquis
    Cokito
    Cocorron
    Pinche coco

    Me llamo Daniel, y ahora a mi mama le da por decirme “danae”

  12. En mi casa me dice Qki (que se pronuncia cookie) o simplemente Q porque mi segundo nombre es Enrique pero no me gusta Quique, entonces mi hermana me puso solamente la letra Q y para sonar más familiar o cariñoso se agraga la terminación ki entonces nació Qki.

  13. Yo me llamo Héctor y por alguna extraña razón mi papá de niño me empezó a llamar Neco. Este Neco fue derivando en algunas deformaciones (si es que Neco no la consideras como una)… si mi papá andaba con algunas copas encima pasaba a ser Neco-pomuceno (WTF). Y mis amigos me llamaban Chineco. Después fueron completamente diferentes y más relativos al físico que a modificaciones de mi nombre.

  14. Yo soy tocayo del beibi yisus por mi segundo nombre, y el primero es Ignacio. Recuerdo que en la prepa un maestro nos pidio que nos presentaramos y a cada uno le decia el significado de nuestro nombre, asi fueron desfilando uno a uno hasta que me llego mi turno.
    Pero antes de esto antes de que empezara la clase se me ocurrio poner un papel en la parte de abajo del asiento (que era de metal) de un compañero y le prendi fuego, la cuestion es que el asiento estaba caliente cuando mi compañero se sento, y empezo a preguntar quien habia sido y nadie le dijo nada.
    Continuando con los nombres, cuando me toco mi turno yo muy tranquilo le dije al maestro: me llamo Ignacio. Y dijo el maestro:
    Tu nombre viene de los vocablos Griegos -Ignis- que significa “fuego” e -icios- que significa “arrojar” entonces tu eres “el que arroja fuego”.
    En ese momento se voltea mi compañero que se habia quemado y me dice -o sea que tu fuiste-, y todo el salon se empezo a reir.
    Gracias a esta anecdota se me quedo muy grabado el significado de mi nombre.

  15. Pues si de salir del closet de los apodos se trata aqui voy: Maten este haber. Mi sobrenombre, mi a.k.a., mi alias, mi apodo, mi segundo yo (o primero) en toda la secundaria de 1er grado hasta el 3ero y sin importar si eras mi amigo, compañero, conocido o simple bandalo de la honorable Escuela Secundaria Tecnica 77 era: Nenuco. Aplausos.

  16. Pues algo que no puedo decir que comparto, porque me llamo Alfredo, así que hay pocos apelativos o manera de hablarle a alguien con este nombre, lo que si me revienta la madre es que crean que me pueden decir Fredy, lo hicieron una temporada en el trabajo hasta que le dije a mi jefe que dejara de hacerlo porque me molestaba(obviamente con mi cara de pocos amigos), pero igual Fredy no es tan malo, me pudieron haber dicho “Alfi”, como se les dice a los Alfredo de cariño.

  17. Empiezo a creer que este post es un elaborado plan del gobierno de Calderón para investigar el nombre de los finísimos miembros pues ya varios han salido del anonimato, como sea yo toda la puta vida he sido “cris”, lo cual se escucha súper varonil, por desgracia soy de los pocos que conozco que tienen un solo nombre, así que ni para dónde hacerme.

      • De lo que me di cuenta es que Toño poco a poco logra que opinemos, primero la gente que no había comentado ahora lo hace, ahora hemos dado nuestro nombre, en el siguiente post le estaremos dando nuestro números de tarjetas o de cuenta de banco, he descubierto el siniestro plan de Toño con tanto post reciente.

  18. Juanín Juan Harry es adorable, aunque ya en un post manifesté mi preferencia por Mario Hugo 😛

    Pues la familia siempre me ha dicho por mi segundo nombre que ha sufrido varios cambios ya que mis hermanos de pequeños no podían pronunciarlo, ahora mi hermana cuando quiere algo me dice “Nenis” y una de mis tías me dice “Nina” y yo ni sabía, hasta hace poco. En cuanto a Melisa he sido Mely, Mel, Mey o simplemente “Me”

    Lovely foto de baby toño, destacan las pestañotas.

  19. uhmmm pues yo como el sotorpe, siempre he sido Mickey para la familia, o miguelito en el peor de los casos… imaginense a mis tios diciendome Mickey (o miguelito) a semejante mostro de 1.82 mts y 90 – 95 kgs….

  20. Bien podrías haber sido la imagen de algún alimento o artículo para bebé en esos tiempos, you looked so cute 😉
    Pues a mí una tía me dice Yiyis y mi abue Didis, nada que ver con mi nombre, pero bueno 🙂

  21. Yo llevo por nombre Sergio Rodolfo, y solamente en los últimos dos años de primaria y dos de secundaria me han dicho Rodolfo. Nunca Rodo, ni Fofo, ni de ningún otro modo. Pero como Sergio he sido el Checo, Serch, Sergito, y una amiga me decía de cariño Sergiecito. No, mis nombres nunca van a estar a la altura de mis apodos, en especial los que yo mismo elija.

    Un saludo, Juanín Toñín Sinpirrín, jajaja. No te creas, se te respeta tan solo el poner y exponerte en un post tan carrilleable. 😉

  22. Pues yo conozco un Juanin en Argentina, pero el suyo es por Juan-NIN (nine inch nails) lo que lo haria mas cool? bueno, eso cree el porque no vive en Mexico por lo visto… en fin.

    Pues yo en 3o de primaria que me mude a la pintoresca Cd. Delicias tuve la fortuna de tener el mismo nombre que un ex-alumno de la monjita que nos daba clases y la santa madrecita dijo pues para no confundirte con el que va en 4o (Gracias Oscar Durán! hijoetupu…), a ti te voy a decir Rafael, mi segundo nombre. Y asi lo cargue durante el resto de primaria, secundaria y prepa y de hecho todo mundo que me conoce de Delicias me dice asi o Rafa, Rafita, Raffles y uno que otro mamon hasta LorenzoRafail. La verdad nunca me ha gustado el nombre, lo herede de mi papa que tampoco tuvo imaginacion y me puso los mismos dos nombres que el lleva. Por eso yo a mis hijos solo les pondre UN solo nombre, y tambien sera el de su padre: Brad o Jude (eso quisiera mi esposa).

    Era bien curioso porque cuando hablaban o tocaban a la casa preguntando por Rafa, mi mama gritaba “Oscaaaaar, te hablan/buscan!” uta pero ni asi agarraron nunca la onda y nadie, pero nadie fuera de mi casa me decia Oscar.

    Luego en el ’94 que me mude a Juarez pude recomponer el rumbo y aqui si soy Oscar, pero mis amigos de Delicias, con los que sigo en contacto ya sea en persona, telefono o por el Feis, me siguen diciendo Rafa y ahora hasta bonito siento chingao, de pura nostalgia *tear* =P

  23. pues eso de los nombres de niño son para que de grande te avergüences de grande, pero no te fue tan mal, mira que conoci un boni porque de niño era el niño “bonito”, jajaja ese si le dieron en la madre

  24. A mi me dicen Gil, aunque mi nombre completo, Gilberto, nunca fue del todo de mi agrado, sobre todo la parte de “berto”, gil-berrrrto, no sé no me gusta como suena.
    Afortunadamente tampoco han tenido a bien decirme “beto”, porque digo, betos hay muchos, alberto, humberto, roberto…
    Me gusta Gil, es corto, fácil de recordar, es agradable.
    Claro que cuando niño no podían faltar los “gilito”, y un primo me decía “gilbax”, este último no está tan mal…como nick para algún video juego o algo así.

    Me zurra que me digan, ya de adulto, “Gilillo”. Tiene algo que no me gusta, peor cuando lo dice alguien de la chamba…”oye gilillo, oye jefecito”. Me caga.
    Sí, cuando entré a trabajar aquí era un chamaco casi recién salido de la Uni. la mayoría de los “compañeros” eran más viejos. Pero digo, ya me casé, tengo una hija y que me digan “gilillo”, no mamar.

    Otra identidad, que es con la que firmo aquí es la de Pato, el 21 se lo agrego porque es mi número de jersey en el americano desde hace centurias.

    El apodo llegó en la secundaria, después de haber sido con poco éxito el “cuija” -esas lagartijas que, al menos en Tuxtla de los Conejos, coexisten con nosotros en nuestras casa, alimentándonse de insectos pequeños, mosquitos y demás. La cosa es que estos pequeños reptiles son de color blancuzco, casi transparente y “dicen” que mi color de piel se asemeja.

    La cosa es que no pegó…un par de chamacos golpeados y asunto arreglado, no pegó el apodo. Pero no contaba con que mis hermosas piernecitas un tanto chuequitas (yo digo que son como las del spiderman de Mark Bagley) llamaran la atención en las clases de deportes y mi andar característico ayudó a que surgiera el mote que ahora llevo con orgullo: El Pato.

    Me enchilaba un buen cuando me decían mi apodo.

    El apodo emigró a otra esfera cuando un wey de la escuela entró a jugar americano y ahí todos se enteraron. Hasta un coach me empezó a decir así y me re encabronaba.

    De pronto, un compañero de equipo me dijo: “oye tu apodo está chingón, es corto, fácil de recordar, no es agresivo” -había unos como “el trompas”, el “mampolín”, “la cochinilla”, “el gasparín”, “la araña”-

    Y sí, desde ese momento asumí mi identidad y acepté mi alter ego, llevando con orgullo el mote de Pato.

    El apodo no superó la barrera escolar y en la prepa nadie me conoció como el Pato. Surgieron otros, que no me agradaron tanto, pero que en la banda con la que me jutaba sí pegaron. Entonces fui “el metra”. Unos decían que porque a veces tartamudeaba…yo digo que no, que era por el formidable cañón que tenía por pierna derecha y que darle al fucho generaba tremendos disparos de enorme potencia…no así colocación.

    En fin que el apodo del Pato se quedó en el americano y ahí cobró renombre, importancia y reconocimiento.

    Poco a poco el apodo de “el metra” se ha ido diluyendo con el paso de los años, incluso algunos que me llamaban así ahora me dicen Pato. En la prepa no ayudó el hecho de que apodaran Patoaparato a otro cuate, generaba confusión.

    En la Universidad no hubo apodo, el de Pato no cuajó. Y fui simplemente “el gil”. Funcionó para mí.

    Hoy, años después de estos sucesos, puedo decir que estoy a gusto con mi nombre, la versión Gil, y mi apodo, Pato.

  25. Mi nombre es Brenda Alicia, los cuales no me desagradan, afortunadamente hasta ahora, nadie me ha llamado Licha (a Dios gracias) y solo dos personas me han dicho por mi segundo nombre, la mayoría me dice derivaciones de mi primer nombre como, Brendiux (el más común), Brendis, Bren, Brendicita y Brendastar.

  26. Pos yo no tuve la desgracia de no ser hijo del pueblo… Durante la primaria y secundaria, me llamaron por mi apedillo “Barrera”… en la prepa 4 de Tacubaya, cuando entré a la rondalla, y como siempre andaba cargando mi guitarra, me empezaron a decir “Juan Penas”, que rápidamente degenró en “Johnny Pain”, y finalmente, en “el Johnny”… Puf, hasta ahí la libré…

    Cuando me integré a una estudiantina, una personita, fijándose en mi robusta persona, me puso el tragicómico apodo de TOBI, por el personaje de “La Pequeña Lulú”… ha sido mi estigma, al grado de que mucha gente piensa que me llamo “Tobías”… Actualmente, y gracias a que espero en próximas fechas contraer esponsales (¿a donde le mando la invitación, mi estimado “Juanín”?) estoy en plena campaña de erradicación de este apodito… solo espero qu no me pase lo que cuenta Polo – Polo en el chiste del “Pedorro”… mándame un saludito cuendo puedas ¿ok? besos…

  27. “Juanin pestañin”, excelente foto Toño y que bueno que la conservas, para mí que he estado desde pequeña cambiando de casa en casa, sólo conservo 3 fotos de mi infancia y que hermosos recuerdos.

    “Mi madre eligió mi nombre por cuestiones medico-religiosas. Lo mejor es que Tom Jones. Regina S., KISS y Bob Dylan hicieron una canción” lo escribí en twitter, pero parece ser un nombre poco popular en mi zona; sin embargo, traé una historia que contar en la biblia, hay cancioncitas lindas con ese nombre, poemas y mucha carrilla durante toda mi vida; a mí me dicen Dali, Lila, Lali… alguno más no creo que exista y no me incomóda en lo más mínimo los diminutivos, sobre todo si vienen de las personas que quiero.

    PD: Tanto trabajo a veces no me ha dejado comentar en los demás POST pero te leo eh! 😉

    Saludos!!!

  28. Ah~ tantas memorias que llegan con algo asi xD

    Yo tengo 2 nombres: Jesus y Luciano y si como imaginaran el 2do es el mas carrilleable de los 2, tan solo el “Luci-prestas” me acompaño 1 año de secundaria y aunque se podria imaginar que tuve multiples albures con mi nombre ps no, ni siquiera en una colonia tan “popular” como la mia sucedio algo, siempre me llamaban Luciano “por que sonaba chido”, alguno que otro espontaneo me decia Chano, algunos Jesus, en la familia me dicen el aborrecible chucho y a veces y nomas por chingar “chu-chu” como me llamaba una tia que vive en España.
    De hecho, yo fui mas de apodos y los pongo por orden cronologico: el burro( Una ereccion involuntaria me etiqueto con este apodo xDD), yoshi ( este fue por que solo yo aguantaba al mas gordo del salon cargando de caballito ¿?) , Doriga (por que queria estudiar periodismo) y Koi (Un compa otaku me lo puso por un personaje de una serie) y esos han sido hasta ahora las formas en que me llama la gente.

  29. Que yo recuerde de mi niñez a mi no me llamaban por diminutivos: nunca fui Dianita y es rarísimo que alguien me diga Diani (solo si desea un favor jejeje). Desde siempre en mi casa fui Diana o Caro (por mi segundo nombre).

    Ahora gracias a mi sobrino Rubén (o Mumentri según la confianza) eso cambió. Sucede que cuando Mumentri balbuceaba sus primeras palabras dijo Ñañi, o Diani en su idioma, lo cual derivó en “Ña” así como con flojera y un día bien enojado porque le gané en Rock Band me dijo: eres una Ñata, no se si había alusión a mi subida de peso o que onda pero así se me quedó y en mi casa ahora y hasta que nazca mi próxima sobrina seré la Ñata.

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