Ya llegó el que andaba ausente…

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Ya me había hecho la firme promesa de no descuidar nunca más un blog por tiempo prolongado. Pocos espectáculos son tan tristes que el entrar a una página web donde esperas hallar algo de contenido nuevo (aunque por “contenido” entendamos “las sandeces del Toño”) sólo para descubrir que sigue apareciendo la misma imagen , el mismo texto vetusto y los mismos comentarios añejados en barrica que viste con anterioridad. Y más de una vez.

Así pues, voy a enumerar los pretextos que me han obligado a ausentarme de este espacio tan querido y de sus no menos queridos lectores, a manera de disculpas. Sí, son “pretextos” y no “razones”. ¡Honestidad ante todo, carajo!

  1. Me estaba mudando. No sólo de casa, sino de país. ¿Se acuerdan la última vez que se cambiaron de hogar y de la profuna güeva implícita en empacar todas sus cajas llenas de cómics, CDs, camisetas de Metallica, souvenirs sentimentales, tenis con olor a zombie, gafas oscuras adquiridas en tiendas de gasolinera, colecciones de botellas de cerveza de otros países, pornografía camuflada dentro de inocuos disfraces (la Hustler dentro de un Hola!, el DVD de Asian Debutantes en la caja de Los Mejores Goles de Francia ’98), docenas de gorras beisboleras, tarjetas de antros teiboleros, el balón de Americano, un curso de Francés en audiocassette, el Xbox 360, la calculadora científica que siguen sin saber usar, siete lociones a medias, la compu, la tele y el iPod? Multiplíquenlo por el número de regresos de Brett Favre, súmenle al subtotal el producto interno bruto de Suecia, alarguen el resultado a una distancia equivalente a recorrer el desierto de Gobi en monociclo sin asiento y ni así se acerca al xodido aquelarre que nos encontramos en estos últimos días transcurridos entre territorios estadounidense y mexicano.
  2. El Internet vale para puro chile. No me refiero al medio, sino a las velocidades de conexión. En tres semanas he ensayado con casi todas las opciones “Banda Ancha” en oferta para el mercado civil, y estoy a punto de meter la mano en la licuadora andando para ver si así se me distrae el coraje. Servicios que prometen 2Mb por segundo (de por sí lentón) y en la práctica no pueden rebasar la cuarta parte de esa cifra. Juramentos de que se pueden conectar simultáneamente hasta media docena de periféricos en red sin afectar desempeño, pero que en realidad provocan desconexiones temporales (de uno a 15 minutos) al accesar dos personas simultáneamente a la cuenta de Internet “familiar”. Atención al cliente proporcionada por débiles mentales incapaces de aconsejar entre hacer un buche de agua y uno de cianuro. Olvídense de la Supercarretera de la Información que se vaticinaba a mediados de los 90. México está firmemente instalado en el Camino Ejidal de Terracería con Deslaves Frecuentes, Cruce de Ganado, Estacionamiento en Triple Fila y Baches Tragavochos. De La Información. Y ya veo que la solución en puerta va a ser ponerle un segundo piso al Internet.
  3. Mi hija me distrae. Este es el lado bueno de toda la situación (para mí, obvio). El volver a trabajar desde casa me permite convivir con mi heredera universal (más madura que el padre a sus tiernos 5 años) durante mucho más tiempo que el que tenía en mis recientes días de trabajador “de nueve a seis”. Esto da pie a frecuentes concursos de eructos y otro gases nobles, prolongadas sesiones de Karaoke (ver punto 4) e intercambios como el que aquí reproduzco, mientras jugábamos a que Natalia tenía una pizzería:

ATENCIÓN: El siguiente diálogo es traducción del inglés original. No lo digo por mamón, sino para que se imaginen a mi hija con voz y acento como de Vikki Carr, hecho que aumenta el potencial cómico de la anécdota.

NATALIA: Buenas tardes, bienvenido a Pizza Hut, ¿qué va a ordenar?

TOÑO: Buenas tardes, quiero llevar una pizza que sea mitad de queso y mitad de aceitunas verdes con anchoas…

N: OK, mitad queso y mitad aceitunas verdes con anchoas. ¿Qué quiere tomar?

T: Una cerveza Guinness, por favor.

N: No tenemos cerveza.

T: Ginger Ale, entonces.

N: Tampoco hay (la imaginación de mi hija puede ser muy restrictiva).

T: ¿Qué hay de tomar?

N: Sólo tenemos vino y coca cola.

T: ¡Magnífico! Quiero un Calimocho, por favor. (ODIO esta bebida, pero ya estaba yo entrando en el modo “cliente difícil” para poner a prueba la paciencia de mi hija. Les advertí, soy un inmaduro).

N: No tenemos Calimocho.

T: Claro que sí.

N: Claro que no.

T: Claro que sí.

N: Claro que no.

T: Claro que sí. El Calimocho es vino Y coca cola.

N: (Duda un poco) No se lo puedo vender.

T: ¿Porqué no? Aquí está mi identificación, soy mayor de edad (un bluff, porque mi licencia de conducir está vencida, pero por suerte no se da cuenta de la fecha de expiración).

N: No puedo preparar Calimochos. Pida otra cosa.

T: Quiero hablar con su supervisor.

N: No está. Fue a comprar queso.

T: Entonces quiero hablar con el gerente. Este servicio chupa, grande tiempo (This service sucks, big time en el original, mucho más agresivo).

N: El gerente no está.

T: ¿Qué? ¿Cómo es posible? ¿Quién está a cargo de este inmundo negocio?

N: Yo.

T: ¿Usted? ¡JA! Yo no la pondría a cargo de separar piedras en un plato de lentejas, mucho menos de un establecimiento comerc…

N: OK, su pizza está lista. ¿Quiere queso parmesano rallado con su orden?

Como pueden apreciar, mi hija está más que preparada para el sector servicios. Tiene talento natural.  Y estos intercambios pueden consumir gran parte del día.

4. Estuve montando mi estudio de grabación casero. No sé si es el trauma de que en la universidad había que suplicar para obtener tiempo aire en las cabinas de radio para mal producir nuestros pininos radiofónicos, o la enorme facilidad que la era digital vino a traer a nuestro podcastero mundo, pero recuperé mi gusto por la radio de un par de años para acá, al punto de que me hice de una consola portátil USB de 5 canales, un par de micrófonos decentes y unos cómodos audífonos para monitoreo, y he estado ensayando con diversos proyectos que ustedes mismos ya han tenido oportunidad de sufrir (sí, el podcast que subí aquí hace un par de meses). Ya estoy en proceso de revivir viejas glorias con mis cuates de antaño en forma de nuevos podcasts, pero tuve que cargar desde el gabacho con toda la parafernalia que ya tenía montada de forma semi permanente. En fin, tomen este punto como un breve anuncio respecto a que pronto habrá nuevo contenido MP3 para este blog.

5. He estado comiendo nopales. A lo largo de casi 6 años de no visitar México hemos logrado superar, con mayor o menor éxito, la rara disponibilidad de nuestras muestras culinarias nacionales más representativas. Ya encontramos un lugar en Miami que vende tacos al pastor decentes. Mi cuñada nos lleva paquetes mariguanísticos con tacos de suadero del Charly, congelados. Mi mujer puede improvisar excelentes guacamoles, chilaquiles y hasta chicharrón en salsa acudiendo a los supermercados adecuados para procurar los ingredientes básicos. Pero los nopales, nel. No son lo suficientemente populares ente La Raza del otro lado como para garantizar su importación a los EEUU, ni han despertado la curiosidad del paladar gringo. Así que después de tantos años, me he estado pegando unos encuentros con la nopaliza más intensos que aquella vez que fui a ver a los Dug Dug’s en un antro de Insurgentes Norte. Ahórrense los chistes asociativos entre los nopales y la condición babosa. No van a mermar en nada mi entusiasmo por ese manjar de jade que alimentó a emperadores y espinó a penitentes. Hoy tocan en ensalada. Omaigod!

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6. Sufro de bloqueo de bloggero. No confundir con el bloqueo de escritor, mucho más serio. La verdad casi no hay excusa para no bloggear. Ni siquiera hay que ser cien por ciento original, pues basta comentar alguna pendejada acerca de otra pendejada para saldar la cuenta del día. O refritear un contenido enlatado más, como es costumbre en este mismo URL. Pero ya les he dicho que no me late esa clase de desperdicio de banda. Es por eso que mi Twitter se compone de falsos encabezados periodísticos (¡pero originales!) cortesía de Finísimas Personas Press ® o de cambios realmente drásticos en mi status personal. Jamás me van a descubrir actualizando mi situación con un “Estoy tragando Cheetos mientras veo un episodio de Viaje al Fondo del Mar” o “Me acabo de sacar un moco con sangre”. El bloqueo de bloggero que padecí hasta hace poco es la funesta combinación del punto 2 con el proceso engorroso de descubrir qué es lo que vale la pena compartir con la banda, y qué va a resultar reiterativo en vigor de que TODO EL MUNDO ya está tocando el tema a su manera y por sus medios. En esencia, he estado analizando lo que hay que hacer para mantener el interés (de ustedes y mío) por visitar la página.

7. Mis Pumas me mantuvieron ocupado/preocupado/sublimado. Ya llevaba un buen rato de no festejar campeonato con uno de mis equipos queridos. No estuve en México durante las pasadas coronaciones al mando de Hugo Sánchez, así que verlos triunfar de mano del Tuca fue un periodo memorable. Más aún porque se afeitó el mostacho.

8. Voy a ser Licenciado. De a devis. Tengo mis materias aprobadas, servicios, idiomas y hasta la experiencia profesional, pero no había estado en México el tiempo suficiente para obtener mi titulacho como Comunicólogo Dicharachero con Especialidad en Crítica de Arte, Espectáculos y Ropita del Prójimo. Ansío ver las caras de mis sinodales cuando se den cuenta de que sé escribir sin herrores de hortográfia.

9. Estaba acabando Fallout 3. Está bien chido. Y bien triste. Y bien chido otra vez.

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10. Házme Reír me ha robado mucho tiempo libre. Sí, por supuesto. Lo único que me hace soportar la lentitud del Internet mexicano es la ineptitud de la TV mexicana. Recontrachale. Jamás había visto una colección tan variada de individuos carentes de talento escarbando el fondo del barril de la mediocridad en afán de distraer al pueblo de cuestiones realmente necesarias de atención. Es fuera de serie. La mitad de los programas de noticias y/o divulgación recurren a You Tube para llenar tiempo aire (con las obvias limitantes de calidad de imagen y sonido). El resto sigue una fórmula complicada que pretende mezclar comediantes con informadores serios con viejas semi encueradas (apruebo este último punto, por cierto). Y no hablemos del renglón “entretenimiento”, como el ejemplo que cito arriba. Me he divertido más en mis endodoncias sin anestesia.

Podría seguirle, pero creo que ya estuvo bueno. Procuraré retomar el ritmo de antes con una renovada actitud y bríos, y que en breve pueda resolver siquiera uno de los puntos antes mencionados para que ya no me atrase más con este espacio de expresión expatriada. Se me hace que el punto 9 y el 5 son buenos candidatos, pues no pienso volver al Fallout 3 (tengo unos jueguillos en lista de espera) y ya se me están empezando a atragantar tantos nopales. ¡Provechín!