Hace unos años estaba conversando en un viaje de prensa con una amiga fotógrafa, especializada en retratos. Los dos nos encontrábamos profesando mutua admiración por nuestros respectivos trabajos, y ella me comentó que envidiaba a los editores de revistas, con su poder absoluto para determinar el rumbo de una publicación y alcanzar con sus palabras y contenidos compilados a cientos de miles, a veces millones de personas.
Me hizo sentir muy bien respecto a mi chamba, claro. Pero mi respuesta fue, según ella, mucho más gratificante. Simplemente le dije que un retrato en especial podía capturar toda la esencia de una persona, y convertirla en la única imagen que podemos evocar de ella en cuanto alguien siquiera menciona su nombre.
Esto viene al caso porque la semana pasada, y sin resonar mucho en los medios (para mi sorpresa), murió Jim Marshall. Marshall fue considerado por muchos como el máximo cronista visual de la historia del rock. Cuando uno recorre su catálogo de imágenes se sorprende de encontrar que estuvo en el lugar y en el instante preciso para captar docenas de eventos icónicos pertenecientes a una época en que la música era realmente la voz unificadora de una generación.
El único fotógrafo presente en el último concierto de Los Beatles, en el Candlestick Park de San Francisco, fue Jim Marshall. Ya era bien conocido por sus logros en fotografía periodística, pero de pronto comenzó a consolidarse como alguien siempre preparado para enfocar su Leica en los acontecimientos que estaban destinados a hacer historia. Si se trataba de capturar El Momento, Marshall era el adecuado. Y su familiaridad con la escena roquera terminó por consagrarle.
Marshall conoció a Jimi Hendrix en el Monterey Pop Festival, y tras las presentaciones de rigor, Hendrix le comentó que el fabricante de sus amplificadores también se llamaba Jim Marshall. “Lo sé”, respondió el fotógrafo, quien estaba bien familiarizado con la fama del genio creativo detrás de Marshall Amplification. “Pero seguro no sabes que yo también soy Jim Marshall”, reviró el guitarrista. “Mi nombre completo es James Marshall Hendrix. Jim Marshall!”. La imagen de Hendrix prendiendo fuego a su guitarra durante la culminación del concierto es uno de tantos clásicos.


