Stalkers: Invasores del Espacio Interior

Lloyd Dobbler (John Cusack) en "Say Anything": El stalker más cool del mundo.

En fechas recientes (Okey, hace un chingo) sometí a votación el tema de un post a futuro. Ya no recuerdo si había más candidatos o si seguí una mecánica seria para determinar el tema ganador (casi seguro que no), pero lo que sí recuerdo es que la idea de hacer un largo y tedioso escrito sobre los stalkers me llamó la atención. Así pues, he escuchado las voces de los lectores. Para que luego anden diciendo que la democracia no funciona.

¿Y qué son los stalkers, preguntarán los más incultos entre ustedes? La definición simple: los stalkers (o acechadores) son aquellos individuos que buscan obsesivamente la atención y/o afecto de terceros, quienes a su vez no tienen ningún deseo de corresponderles.

Claro, la definición simple suele dejar muchas preguntas sin resolver. De acuerdo a esta concepción del stalker, yo podría argumentar que estoy siendo stalkeado por varias instituciones de crédito, quienes constantemente quieren oír de mi y suplican que les devuelva las llamadas y mensajes, pese a que yo les he ignorado en repetidas ocasiones y no tengo ningún interés en escuchar lo que tienen que decirme. Pero los psicólogos me dicen que no, eso no es ser víctima de un stalker. Eso es más bien ser un prángana infeliz que va a quedar recluido en el buró de crédito de aquí a que llegue el holocausto zombie. Y probablemente después, pues ningún banquero zombie que se precie de serlo me prestará ni un peso partido por la mitad. Es que los zombies son consistentes, vamos.

No, el stalker busca atención más en el terreno de lo personal, lo emotivo, sin móviles económicos. En el fondo, muchos stalkers suelen ser unos románticos. Ese es un gran problema, pues un escenario deseable de romance no suele incluir llamadas misteriosas y anónimas a altas horas de la noche, notas garrapateadas detrás de horribles fotos de uno tomadas con un telefoto o la misteriosa desaparición de los cabellos que suelen desprenderse de un cepillo. Y aquí estamos mencionando sólo a stalkers de fuerzas básicas. Los stalkers llamados a representarnos en un mundial de la especialidad son mucho peores.

El Disneylandia de los stalkers...

Una de las grandes broncas que nos ha traído Internet, además de hacernos perder valioso tiempo intentando adivinar contraseñas para sitios de pornografía brasileña, es el de facilitarles la vida a todos estos entusiastas cerebritos dedicados a insinuarse sin invitación alguna en nuestras vidas. De acuerdo a un estudio reciente, si has participado aunque sea casualmente en una red social hay un 99.9874367% de probabilidades de que hayas sido blanco de la atención de un stalker. De acuerdo a otro estudio reciente, el 87% de las estadísticas que se citan en blogs suelen ser invenciones sacadas de la manga de algún irresponsable. Ambas cifras son, sin duda alguna, alarmantes.

Twilight es como una oda al stalker chafa...

Dichas redes sociales, desde MySpace y Hi5 hasta Facebook y Busty Nymphoniac MILF Finder suelen atraer a seres que, al encontrarse amparados por el anonimato de la red, se dedican a recorrer los perfiles de conocidos y desconocidos por igual, tendiendo anzuelos en forma de invitaciones aparentemente inofensivas, o solicitando la amistad de sus eventuales víctimas mediante peticiones inocentes como “Hey, ¿te acuerdas de mi? Fuimos juntos a la escuela secundaria”, o “El collage con fotos de Robert Pattinson que tengo colgado en mi habitación me dijo en un sueño que debo morder tu cuello y convertirte en mi vampira para toda la eternidad”. Cualquier incauto puede caer así en las ingeniosas tretas de estos acechadores.

Y después la cosa se pone peor. El stalker puede tomar dos vías generales:

1. Desarrollar una idea de afecto concerniente a tu persona, pensando que ambos son grandes amigos o incluso amantes, y entrar en una espiral descendente donde pretenden engrandecer dichos sentimientos, sin importarles lo que uno tenga que decir al respecto. O, por otro lado…
2. Matarte.

Así es. El stalker parece no entender de un justo medio. Su comportamiento puede caer en el terreno de la infatuación o pasíón irracional, como la de Romeo por Julieta, algunas lectoras de este blog por John Cusack y Robert Downey Jr., o Arjona por la mediocridad. También se va al otro extremo del odio encarnizado, como John Hinkley (quien le disparó a Ronald Reagan para estar perpetuamente ligado a su stalkeada Jodie Foster), o el doble odio que Arjona despliega contra la poesía y la música cada vez que saca otro pinche disco. Lo que nunca ocurre es el stalker que te sigue “nomás por pasar el rato”. No, esta gente sí está plenamente comprometida con uno.

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