Hace unos días tuve un bizarro episodio vía Twitter. Como soy medio maniático de los números redondos, comencé a prestar inusual atención a la inminencia de sumar mi follower número 1600. Si quieren interpretar este párrafo de apertura como una presunción de mi parte, por supuesto que pueden (y deben) hacerlo. Mi trabajo me ha costado inventar nuevas estupideces para captar la atención de la tuitósfera. Pero no nos desviemos…
Al fin llegó el momento: 1599 followers. Recibí una alerta en mi correo, informándome de que la persona (o entidad comercial disfrazada de bot) número 1600 había caído en las redes. Pero el nombre de esa persona fue el que me sacó por completo de la jugada, como a Carlos Vela. El nombre me era familiar, pero no se trataba de un amigo o de alguien enlazado a mi por parentesco. No, el nombre de mi follower 1600 es el de Lorena Meritano.
A lo mejor a muchos de ustedes ese nombre no les dice nada, y no me extrañaría. No son el demográfico, creo, que debería estar al tanto del apelativo en cuestión. Y yo tampoco. Seamos honestos, en toda mi vida no he visto más que cuatro telenovelas, y la última de ellas (Demasiado Corazón allá por 1996, creo) la agarré a medias durante una mala época en mi vida donde ni siquiera podía darme el lujo de tener servicio de cable básico. Y Lorena Meritano, por si no lo saben, se hizo famosa principalmente por salir en telenovelas. Sigue leyendo
