Reescribiendo el Menú

No soy muy fan de los restaurantes temáticos. ¿Se acuerdan de la oleada de los mismos, ocurrida hacia principios de los 90? De golpe y porrazo aparecieron por todo el mundo sucursales  de una gran diversidad de franquicias, todas con sus conceptos comerciales muy marcados y muchas veces amarrados a grandes nombres de supuestos “socios”: Planet Hollywood (Schwarzenegger, Stallone y Willis), All-Star Café (Gretzky, Shaq, Montana, Agassi), Bubba Gump Shrimp Co. (dedicados a la historia de Forrest Gump), House of Blues (Dan Aykroyd y Jim Belushi), Rainforest Café (bien ecológico… NOT!)Harley Davidson Café (para todos los devotos de las Hogs), NASCAR Café (Jeff Gordon, Rusty Wallace, et al), Fashion Café (Naomi Campbell, Christy Turlington y Claudia Schiffer)… Sólo nos faltó ponernos vivos a los mexicanos con una franquicia dedicada a nuestro máximo embajador cultural para estar a tono. Claro, expandir el menú de El Chavo del Ocho Café® más allá de las tortas de jamón hubiera sido un reto, pero la oportunidad estaba ahí.

La mayoría de esos changarros murieron, o sobreviven de sus viejas glorias. Algunos estaban predeterminados al fracaso, como el mentado Fashion Café. ¿A quién se le ocurre poner un restaurante amarrado a una profesión como el modelaje, donde provocarse el vómito o matarse de hambre constituye una práctica habitual? Y lo más impactante es que los menúes de todos estos sitios solían ser casi iguales. Claro, todos comenzaban por ofrecer una serie de especialidades únicas, pero a la larga acababan en el conformismo de ofrecer siempre la misma gama de nachos, alitas de pollo, hamburguesas, pastas sin imaginación y ensaladas césar con pollo a la parrilla.

El Hard Rock Café es el único de estos establecimientos que llego a frecuentar de vez en cuando, ya sea en México o en Miami. Nunca cuando visito otras ciudades, pues creo que comer en sitios únicos y no en franquicias con platillos que ya conocemos debe ser parte del propósito de viajar. Pero debo reconocer que el Hard Rock me late, pues en primer término soy un nerd de la memorabilia musical. Los tragos son bien servidos, la comida es bastante decente y las rolas que ahí suenan siempre ponen de buenas.

Lo que me extraña es que no hayan caído en la práctica cutre, cheesy y predecible de ponerle nombres “ingeniosos” a los platillos, consistentes con el tema del restaurante. Es, a mi modo de ver, una oportunidad desperdiciada para hacer el imbécil (una de mis actividades favoritas, por si es la primera vez que visitan este blog). Recuerdo un establecimiento en Guadalajara que tenía una admirable selección de antojitos ingeniosamente bautizados: el sope Wonderbra (chicharrón prensado), la torta Chabelo (de pierna), el taco Gobernador del Estado (pura lengua)… En fin, darle un poco de originalidad a la oferta culinaria.

Animado por esa idea y por la buena recepción (o sea que nadie me mentó la madre) al sugerir uno de estas confecciones gastronómicas en Twitter, comencé a armar un menú temático que le ofrezco desinteresadamente a los del Hard Rock, por si les interesan mis siempre brillantes ideas.

De entrada hay que expandir la variedad. No pueden conformarse con las cansadas opciones tradicionales. La variedad de Nachos puede incluir los Nachos Cano y los Nacho Pop. En vez de una aburrida sopa de brócoli con queso, ¿porqué no abrir boca con la Sopa de Frijol & Oates? El primer ingrediente es el bueno, el segundo es de mero adorno.

En cuestión de arroces la tenemos hecha, con el popularísimo Arrozsmith. O si ese arroz no te llama la atención, también puedes pedir un platillo doble llamado Guns Arroces: el primero te abre el apetito para la destrucción, y el segundo puede ser frito al estilo chino. Lo malo es que el segundo es tardadísimo, pero ahora que se está poniendo de moda el dichoso slow food movement, puede pegar. Y si andas muy internacional y en un ánimo pop-jazz, la PaElla Fitzgerald es la opción.

Las especialidades mexicanas no están bien representadas en los restaurantes temáticos de este tipo. Sí, hay quesadillas, pero nada que ver con la queca tradicional mexicana. El Hard Rock podría ofrecer QuesaDylans: La Jacob luce muy atractiva, pero es más bien ligera y ni te acuerdas de qué sabe una hora después de comer (ideal para las dietas). Ah, pero La Bob simplemente no te la acabas, de lo grande y magnífica que es. ¿Lo ven? Se puede lograr consistencia temática con los artistas en casi cualquier platillo.

El Taco Placebo puede ser la versión alternativa del taco placero. No sabes si es un taco bien machín o más bien medio jotón, pero en cuanto lo pruebas te das cuenta de que sí la hace. Las Gorditas de Abba pueden ser otra buena opción para diversificar las entradas: la Frida se hace de maíz prieto y la Agnetha de maíz blanco. Las EnchiGaGas son un platillo cuyo concepto también encaja a la perfección, pues los comensales siempre acaban preguntando si tienen chile o no.

Claro, no podemos dejar de lado los platillos internacionales clásicos, pero hay que darles un tono roquero. RavioLes Paul. Fettucinni AlFreddy Mercury. Rissottom Waits. Fleetwood Mac & Cheese. Un buen corte de Paul McCarne Asada no puede faltar, pese a su elevadísimo precio. También puedes ordena una Iron Maidenesa con Papas, opción más económica, pero que satisface más.

LangosTina Turner: suculento crustáceo.

En cuestión de pescados y mariscos también se puede ser creativo. La LangosTina Turner tiene buena porción de carnita en la cola, pero las piernas también tienen lo suyo. Oasistiones en su concha. Belle & Sebichetian. Pulp en su tinta. Pearl Jaiba

Y si quieren un plato fuerte mexicano, siempre pueden ordenar una especilidad de la cocina Paiki: el Möle Crüedo. O el Pipiánk Floyd. Hasta la Cochinita PiP.I.L. es buena opción.

En los desayunos todo es cuestión de poner una barra donde te preparen un Omelette Zeppelin a tu gusto. O de plano ordenar The ChilaKillers verdes o rojos.

¿Algo dulce? Estamos armadísimos. Flan Ferdinand. Muse de Chocolate. James Brownies. Los Pays Girls (del Chef Orozco) todavía están buenos, pese a ser un platillo entrado en añitos. Pero en cuestión de postres hay un Rey: Elviscocho.

Bueno, no he hecho más que escarbar un poquito la inmensa gama de posibilidades para los señores del Jarro Café. Ya soy su cliente. Ahora quiero ayudarles más allá de pagar los cuentones que me cobran. Y claro, mi oferta desinteresada se extiende a los Finísimos Miembros, quienes de seguro van a sugerir sus propias especialidades. Yo no pido nada a cambio, quizá una tarjetita de descuento del 15% por consumo.

¡Ah!, y que nunca incluyan la Ensalada César Costa

Lo que encierra un nombre…

McLovin Sempere: ¡Registro Civil, allá voy!

El día de hoy, la diputada Aleida Alavez (PRD) propuso una reforma al Código Civil para prevenir que los recién nacidos sean registrados con nombres ridículos (como Robocop, Masiosare, AnivdelaRev, Miguel Araluce, entre otros).

Por supuesto, la propuesta ya ha comenzado a generar polémica entre la sociedad civil. Y por “sociedad civil” me refiero a “el autor de este blog, que es el único que ha pelado esta propuesta”. Tranquilos, no voy a politizar Finísima Persona poniendo como lazo de cochino a la diputada Alavez, reclamándole que esté malgastando el tiempo de la Cámara en hacer valer propuestas que en nada ayudan al avance real que necesita nuestro país. Eso sería poco original, además de que insinuaría que me importa un bledo el avance del país. No, mi reclamo a la diputada es que esta iniciativa me negaría horas y horas de inmenso placer, así como invaluables fuentes de inspiración para este humilde espacio comunicacional y sus múltiples contenidos.

¿Y el bigotito?

De acuerdo, el pobre incauto al que le enjaretaron un nombre estúpido lo pasa mal, ¿pero qué culpa tenemos los demás? Además, hoy en día recibir el nombre de Anakin no es peor que ser conocido como Manlio, Sóstenes, Lisandro o Prócoro, todos nombres aprobados por el santoral y avalados por la historia misma. ¿Quién va a decidir qué nombre es apropiado y cuál no? ¿Los imbéciles del Registro Civil, incapaces de procesar una orden tan simple como un acta de matrimonio sin equivocarse 14 veces en las actas al transcribir el apellido del contrayente que están copiando de una credencial del IFE?

No, diputada Alavez, déjese de pendexadas. Mi vida es tan alegre porque he sabido extraer comedia de situaciones mundanas y vivencias triviales a simple vista. Y una de esas múltiples alegrías cotidianas se desprende de encontrar ese nombre surreal, inconcebible, sublime en su complejidad e hilarante en su resultado. Me hace recordar nombres como…

  • Enemorio, el velador de casa de mis abuelos en Acapulco. Me imagino que sus papás querían un nombre que empezara “con ‘ene’, pues”.
  • Marciano, Camerino y Primitivo, tres hermanos que trabajaban en conserjería del Colegio México.
  • Calzón del Buey Feliz. Sí, “Calzón” de nombre, con apellidos “del Buey” y “Feliz” por parte de padre y por pártanle la madre con el nombrecito al pobre iluso. El médico amigo de mi familia que nos relató la existencia del pobre Calzón siempre se preguntaba en qué estaban pensando los padres al bautizarlo, en especial a sabiendas de los apellidos con los que ya de por sí tenía que cargar.
  • Plutarco Tecanhuey, ex compañero de mi papá en una de las 14 escuelas que recurrió en su infancia y juventud. Aclaro, no es que a mi papá lo corrieran de la escuela por malas calificaciones. Lo corrían porque se agarraba a golpes con todo el mundo, maestros incluidos. Esto merece post aparte…
  • Una ancianita de 88 años, paciente del doctor antes mencionado, llamada Deliciosa. Habría que ver si a los 18, pero a los 88 ya era risible.
  • Los hermanos Napoleón y Hitler Pérez, quienes frecuentemente compraban boletos de avión (México – Tuxtla Gutiérrez) en la sucursal de Mexicana de Aviación donde trabajaba mi Tío Chopper (apodo, no nombre propio), quien compartía conmigo esa afición por los nombres ridículos y solía traer copias de las reservaciones de ciertos especímenes particularmente interesantes.
  • Esmileidy, cajera cubana del Target de Bird Road en Miami. Los cubanos se cuecen aparte. Dejando de lado la afición desmedida que tienen por los nombres con “Y” (Yumileidi, Yasel, Ysmil, Yonatán, Yunieski, Yanahé), es preciso resaltar que ellos popularizaron nombres como Onedollar y Usnavy. Sí, como los billetes y los barcos de la armada gringa. Mi vida en Miami ha sido una larga cadena de risas, sobre todo al leer las identificaciones de empleados en comercios varios.
  • Kevin Carrasco. Beto Rojas puede hablar de él a placer (creo que son parientes), pero es mi ejemplo clásico de quienes combinan nombres con apellidos que definitivamente no hacen juego. He conocido a Liam González, Camille Patiño, Douglas Feria, Etienne Zavaleta y al inmortal Ian Domínguez. Perdón, pero es como tomar un Scotch Single Malt 18 años y vaciárselo a un Pau Pau de fresa.
  • El día del sorteo de mi cartilla del SMN, un especimen de pithecanthropus erectus sentado a mi derecha se reía a mandíbula batiente con los nombres raritos anunciados por los militares. Cada vez que nombraban a algún Tiburcio, Anselmo, Régulo o Remigio, repetía el nombre entre carcajadas, llegando incluso a darme los amigables codazos de complicidad que me tocaban como vecino de banca. De repente, el sargento anuncia el nombre de “Rosalío Archundia Bonavides” y el muy imbécil grita “¡PRESENTE!”. Qué descaro…
  • Aquiles Brindis, director de la Sociedad de Alumnos de contaduría (creo) en la UIC.
  • Pioquinto Rodarte. Coincidí con él en un viaje de prensa. Peruano, el hombre. Me pregunto si sus diputados tendrán las mismas iniciativas estúpidas que los nuestros.
  • Por otra parte, también hay nombres desafortunados para personas que los superan en materia genética. Yo conocí a una chava que era una turbo-pompi calibre Ashley Greene, quien iba por la vida con el nombre de Rufina. Cosas veredes, amigo Sancho…
  • Podríamos hablar horas de los estúpidos nombres que las celebridades le ponen a sus hijos: Heavenly Hiraani Tiger Lily, Pax, Moxie Crimefighter, Tallulah, Pilot Inspektor, etcétera, pero esto, también, merece post aparte. O no, pues ya se ha hablado de ellos hasta el cansancio. El caso es que la moda la inició Frank Zappa con sus hijos Dweezil, Ahmet Rodan, Moon Unit y Diva, y se le perdona por ser Frank Zappa, punto. Lo que sí me intriga es que no haya más celebridades nacionales poniéndole nombres ridículos a sus desagradables descendientes. Y si me equivoco, vengan los ejemplos…

¿Visitará la ciudad que reseñó El Zorro en su post?

Hay más, claro, así que es probable que la lista continúe en los comentarios, donde seguro ustedes encontrarán foro para sus propios conocidos con apelativos interesantes. Pero en espera de estrechar algún día la mano de Eminem Ibarra, de Jardraiv Fuentes o de JeikSuli Pacheco, me retiro repudiando la iniciativa de la diputada Aleida. ¡Si no te gusta tu nombre, cámbiatelo y déjanos en paz, buena para nada!