El admirado Héctor García Quintana (escritor con toda la barba) reprodujo en su blog (lectura obligada) una lista publicada por la revista Forbes sobre los empleos que generan mayor felicidad, así como los trabajos más odiados. Ya hablé alguna vez de las actividades profesionales para las que tengo vocación, así que ahora me decidí a explorar mis cualidades y aptitudes para estas labores aparentemente gratas.
De acuerdo a la encuesta global de Forbes, estos son los empleos más felices, en orden descendente:
Sorpréndase, perros descreídos: yo sería un GRAN clérigo. Lo digo sin ninguna sorna. Verán, hasta mis amigos mochos coinciden en señalar que sí “les manejo lo que vienen siendo las Sagradas Escrituras”, pues mi tía Maru era mochila mayor y catequista renombrada, por lo que algo se le pegó al hoy hereje de su sobrino (¡PRESENTE!) a la hora de prepararlo para la Primera Comunión. Además siempre que escucho un sermón estoy pensando en cómo yo daría un mejor sermón, y puesto que me encanta hablar en público creo que las misas oficiadas por mi se cotizarían hasta con reventa de boletaje impreso por TicketMaster. No es egolatría, es la pura verdad. Fray Toño sería más popular que el Fried Chicken de Kentucky. Por si fuera poco, estoy a que salga un nuevo videojuego onda Mass Effect o de Fallout para calificar legítimamente como célibe forever alone, así que seguro me aceptaban en sus filas.
Tengo en contra: Todo el bagaje que acarrea ser sacerdote hoy en día, gracias al Padre Maciel y a ese puñado de curitas manoseadores de menores que hacen ver a Michael Jackson como un individuo mesurado y respetuoso en lo que a relacionarse con la niñez se refiere. Sigue leyendo














